domingo, 31 de octubre de 2010

Alejo Carpentier: El reino de este mundo

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1949
Valoración: muy recomendable

El reino de este mundo. ¿No os parece uno de los mejores títulos de novela de toda la literatura en español? Es sonoro, solemne, conciso, lleno de evocaciones, y en cierto sentido exacto en toda su vaguedad, porque la novela trata siempre (desde su fundación) del "reino de este mundo". Magistral, vamos.

A esto hay que añadir además un sentido programático que Carpentier deja bien claro desde el prólogo. Introduce ahí el concepto de "lo real-maravilloso" para enfrentarlo al de "literatura maravillosa". La idea es que, mientras los escritores europeos (surrealistas, sobre todo) tienen que fingir extrañas fantasías con arduo esfuerzo de su imaginación, los americanos se encuentran con que la realidad misma que les rodea es ya fantástica de por sí. Hablar de lo maravilloso sería para ellos un realismo. En el fondo se teoriza aquí algo que engloba a muchos de los escritores del boom hispanoamericano y que acabará llamándose (quizá con menos fortuna) "realismo mágico".

El tema que escoge Carpentier para su literatura de lo "real-maravilloso" es en este caso de lo más adecuado. Narra un momento crucial de la historia de Haití: la rebelión de los esclavos contra Francia y su posterior conversión en súbditos del rey negro Henri I. Como digo, inmejorable para ilustrar la teoría de Carpentier, puesto que parece un hecho históricamente comprobado que fue una ceremonia de vudú lo que dio origen a la sublevación. Yo ignoraba por completo todos estos acontecimientos, y he disfrutado a lo grande de la narración de Carpentier, que es ágil en la trama y de estilo exquisito (sólo por momentos, quizá, demasiado barroco). De vez en cuando hay pasajes que son pura poesía en prosa y frases sin desperdicio, pura sentencia. No me resisto a compartir aquí un párrafo del final que me parece grandioso por contenido y expresión.

...el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse Tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandeza que consquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de Tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo.

sábado, 30 de octubre de 2010

100 años de Miguel Hernández

Hoy hace exactamente 100 años, el 30 de octubre de 1910, nacía en Orihuela Miguel Hernández, uno de los poetas fundamentales de la literatura española del siglo XX. Su vida fue de los campos oriolanos en los que era pastor, a los campos de batalla de la Guerra Civil, en la que fue uno de los más decididos cantores de la libertad y la República; murió en una cárcel, enfermo de tifus y tuberculosis, durante la represión de la primera posguerra, con tan solo 31 años.

Su poesía, que pasó por una etapa gongorina en Perito en lunas, se definió luego con un estilo muy personal, de raigambre clásica (como en los perfectísimos sonetos de El rayo que no cesa) y popular, cancioneril, en especial en su Cancionero y romancero de ausencias, una obra desgarradora por el contexto -escrito en plena Guerra Civil- y por la sinceridad y desnudez de la forma. Fue sin duda uno de los grandes creadores de "poesía de combate" (el otro sería, probablemente, Alberti), del bando republicano.

Cualquier homenaje que pudiéramos hacer a este magistral poeta del amor y del compromiso sería poco, así que lo dejamos a dos maestros: Pablo Neruda, amigo entrañable de Miguel Hernández, y Joan Manuel Serrat, quien con sus versiones musicales ha hecho más por mantener viva su voz, probablemente, que todos los trabajos académicos que se han escrito sobre él.

"Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!"

Pablo Neruda

viernes, 29 de octubre de 2010

Tennesse Wiliams: Un tranvía llamado deseo

Idioma original: inglés
Título original: A streetcar named desire
Año de estreno: 1947
Valoración: Recomendable

Hace años leí esta obra de teatro, y la verdad es que no le vi la gracia ni entendí muy bien por qué era tan famosa. Pero el mes pasado estuve en una representación, y aunque la adaptación en sí no me pareció gran cosa (porque se limitaba a seguir línea a línea el original con una escenografía de lo más tradicional), sí que me permitió apreciar algunos de los valores del texto; sobre todo, los personajes y las relaciones que se establecen entre ellos.

Temática y estéticamente, esta obra recuerda mucho a otras obras de Tennesse Wiliams (o incluso de Arthur Miller), como La gata sobre el tejado de cinc caliente o El zoo de cristal, por sus atmósferas opresivas, textos y escenarios realistas y personajes traumatizados, autoengañados o reprimidos. En este caso tenemos a Blanche y Stella Dubois, hermanas provenientes de una arruinada familia sureña; y el marido de la segunda, el "primitivo" Stanley Kowalsky. Los sueños de grandeza de Blanche, que esconden una realidad de abandono, miseria y alcoholismo, se entremezclan en la relación del matrimonio, marcado por el desprecio y la brutalidad de Stanley hacia su sumisa mujer, acentuando o desenmascarando sus conflictos públicos y privados.

Me da la impresión de que con una representación "clásica" como la que vi yo, la obra se ha quedado un poco pasada de moda, aunque es indudablemente un ejemplo acabado del teatro estadounidense de mediados del siglo XX. Su lenguaje verbal y visual es sencillo y directo, dejando todo el peso sobre los personajes y la trama. Así, solo unas actuaciones magistrales pueden crear una experiencia teatral excepcional (y esto no ocurrió esta vez). Es especialmente difícil (diría yo), por la dualidad entre simpatía y repulsión que despierta, el personaje de Stanley, un estereotipo de macho violento, egoísta y testosterónico; el de Blanche en cambio tiene el peligro de caer en lo melodramático.

Por supuesto, es inevitable hacer mención a la adaptación cinematográfica, con un jovencísimo Marlon Brando en el papel de Stanley, y Vivien Leigh en el de Blanche. No he visto la película entera, pero sí fragmentos, y las actuaciones me parecen (estas sí) excepcionales. Aquí va una de las escenas claves de la obra, la del primer encuentro de Blanche con el marido de su hermana. Nótese (como decían los manuales de literatura) el contraste entre los modales anticuados y afectados de Blanche, y la naturalidad brutal de Stanley; y nótese también (ídem) la tensión sexual de la escena...

jueves, 28 de octubre de 2010

Matias Faldbakken: Cocka Hola Company (Misantropía escandinava I)


Idioma original: danés
Título original: The Cocka Hola Company -Skandinavisk Misantropi I
Fecha de publicación: 2001
Valoración: Muy recomendable

Ayer, mientras leía sentado en el banco de un parque, escuché esta curiosa conversación entre una abuelita y su nieto. Ella, lectora contumaz, en el esplendor de sus setenta años, no podía entender cómo su nieto, cincuenta años más joven que ella, defendía tan apasionadamente un libro que a ella le había parecido detestable.

Abuela: Hijo mío, de verdad que no sé cómo te has podido leer ese... ese libro.
Nieto: Abuela, qué quieres que te diga, a mí me ha gustado. Y mucho además. Yo diría que es de lo mejorcito que he leído desde hace tiempo.
Abuela: En serio, no sé qué le ves a ese libro.
Nieto: Mira, pues entre otras cosas me encanta porque es provocador. Se burla con saña de la sociedad, sin tapujos.
Abuela: Entonces, ¿te gusta porque es provocador? ¿Sólo por eso?
Nieto: No, abuela, pero a veces se agradece el que surja una voz crítica, mordaz, descarada. Yo casi diría que a veces incluso se agradece el que surja una voz que insulta, sin cortarse un pelo.
Abuela: O sea, que un libro puede llegar a considerarse un gran libro sólo por poner a la sociedad pingando, sin siquiera guardar la mínima educación.
Nieto: No, no es eso, pero si te digo la verdad lo que más me gusta de este libro es que tiene mala leche, mucha mala leche. Me atrevería a decir que está escrito con rabia.
Abuela: Está claro que no nos gustan las mismas cosas. Yo ya me escandalicé con sólo ver la portada.
Nieto: Bueno, pero eso es lo que busca el autor. No dejar indiferente.
Abuela: No, si desde luego no te deja indiferente ni la primera escena. Para mí eso es literatura pornográfica pura y dura.
Nieto: Hombre, un poco de eso sí tiene, pero no me parece malo como recurso para remover conciencias. Ese primer trío en plena grabación de una película porno en el que uno de los actores rompe con una norma básica del porno, no introducir una escena homosexual entre dos hombres en medio de una escena heterosexual, me parece exquisito.
Abuela: Yo diría asqueroso, pero razoń tienes cuando dices que no te deja indiferente.
Nieto: A mí directamente me enganchó al libro y no fui capaz de dejarlo hasta llegar al final.
Abuela: Y luego, ese pobre niño que aparece de vez en cuando... En ese ambiente... No me extraña que haga lo que hace.
Nieto: A mí ese personaje infantil me llega a aterrorizar. Pero su padre me encanta. Es un malvado perfecto cuyo objetivo es siempre descomponer la sociedad burguesa y del bienestar en la que vivimos tan cómodamente instalados.
Abuela: Asqueroso...
Nieto: Y esos dos personajes cuya vida no es más que un experimento: uno perpetuamente borracho y el otro aislado del mundo y viendo y teorizando sobre la pornografía. Exquisito.
Abuela: Como ya te he dicho, asqueroso...
Nieto: ¿Pero te lo has terminado de leer?
Abuela: Claro que no. Después de unas cuantas marranadas, me cansé de leer.
Nieto: Yo ya estoy esperando a la segunda parte de la trilogía...

Y así siguieron durante un rato, mientras yo me sumergía en la lectura de ese libro que a uno le apasionaba y a otra le horrorizaba.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Breve antología de libros inexistentes

Hay libros que no existen, pero que tienen un lugar importante en la literatura; libros que nunca han sido escritos, pero sí comentados, buscados, reseñados o invocados en otros libros. Son obras ficticias, que en algunos casos se hacen pasar por reales, y en otros son claramente parte del juego narrativo; libros basados en otros libros que sí existieron, o meras invenciones de autores con un especial sentido del humor.

Probablemente el libro ficticio más citado y conocido de todos sea el Necronomicon o "(libro de las) leyes de los muertos", inventado por H. P. Lovecraft, supuestamento compuesto por un poeta loco de Yemen, traducido posteriormente al latín y encuadernado en piel humana; además de contener conjuros y fórmulas malignas, tiene la facultad de enloquecer a cualquier persona que intenta leerlo. Desde que Lovecraft lo creó y lo hizo aparecer en una de sus historias, "The Hound", en 1924, se ha convertido en un tópico de la literatura y el cine de terror.

A veces la invención de libros ficticios se integra en la creación de universos y mitologías narrativas complejas. Es el caso de los libros ficticios mencionados en el mundo de El Señor de los Anillos (por ejemplo, el Libro de los Registros o el Pergamino de los Reyes); de la Biblia Católica Naranja de la saga Dune; de la Enciclopedia Galáctica de Isaac Asimov, dentro del universo de Fundación, o de su contrapartida cómica, la Guía del autoestopista galáctico inventada por Douglas Adams (no la novela real, que sí existe, lógicamente, sino el libro mencionado constantemente en ella, del que llegan a copiarse algunos fragmentos, y que lleva la inscripción "Don't Panic!" en la portada).

Hay autores que tienen especial predilección por inventarse libros. Uno de ellos, probablemente el más grande creador de libros ficticios de todos los tiempos, es Jorge Luis Borges, a quien le gustaba comentar, glosar o reseñar libros inexistentes. Especialmente importantes, por su significación, son "El jardín de los senderos que se bifurcan" (la novela mencionada en el relato del mismo título), ese "nuevo Quijote" escrito por Pierre Menard en pleno siglo XX; o, por qué no, esa edición desconocida y escurridiza de la Enciclopedia Británica que apareceen "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius". Otro gran inventor de libros ficticios fue Rabelais, quien en su Gargantúa y Pantagruel menciona obras tan sustanciosas como el Modo cacandi, de Tartaretus, o el Ars honeste petandi in societate, de Maitre Hardouin de Graetz (que cada lector traduzca los títulos con sus pocos o muchos conocimientos de latín macarrónico).

En otros casos, el invento de una obra ficticia es algo meramente puntual. Los ejemplos de autores y libros inventados para aparecer en una sola obra son innumerables. Umberto Eco jugó con la idea del "Segundo Libro" de la Poética de Aristóteles, perdido o quizás nunca escrito, en El nombre de la rosa; la Teoría y práctica del colectivismo oligárquico del mismísimo Goldstein, ocupa un lugar prominente en 1984; en La vida nueva, de Ohran Pamuk, el grupo de personajes principales ve alterada su vida después de leer un misterioso libro; un libro asesino es también el centro de Nana, de Chuck Palahniuk; novelas como Los papeles de Aspern, de Henry James, o Posesión, de S. A Byatt, que tratan de escritores ficticios, les inventan también, como es lógico, una amplia bibliografía ficticia; mención especial merece Si una noche de invierno un viajero..., de Italo Calvino, que se compone de una sucesión de libros inventados e interrumpidos.

Quién pudiera tener entre sus manos alguno de estos libros imposibles. Y qué gran biblioteca se podría formar con todos ellos...



Más información:
-"Una selección de libros muy interesantes que nunca podrás leer... porque no existen", en el Blog de la BNE
-"Libros malditos. Bibliotecas que nunca existieron", en Muy interesante.
-"Libros inexistentes" en Dalgrev, un blog argentino
-Fictional book y List of fictional books (Wikipedia en inglés)

martes, 26 de octubre de 2010

Zygmunt Bauman y Keith Tester: La ambivalencia de la modernidad y otras conversaciones

Idioma original: inglés
Título original: Conversations with Zygmunt Bauman
Fecha de publicación: 2001
Valoración: recomendable

En estas semanas hemos tenido un verdadero atracón de premios: el Nobel, el Planeta, el Premio Nacional de Ensayo y ahora los Premios Príncipe de Asturias. Ya no nos da para comentarlos todos, la verdad. Sólo los que acertamos;). Sin embargo, no quiero dejar pasar la ocasión para hablar de uno de los premiados en Oviedo de este año. Y no, no es Amin Maalouf, que es el más literario, sino Zygmunt Bauman, quien compartió el Premio de Humanidades y comunicación con el sociólogo francés Alain Touraine.

Quienes me conocen saben que tengo una pequeña debilidad sentimental por Bauman. Tuvo un papel muy relevante en los comienzos de mi tesis doctoral (luego, cada vez menos) e incluso tuve ocasión de encontrarme con él en cierta ocasión. Aquel fugaz encuentro no desmintió la sensación que se desprende de su obra; la de un ser humano discreto, humilde y honesto, empeñado en una búsqueda intelectual en la que cree.

En esta ocasión me gustaría recomendar un librito de conversaciones con él que funciona muy bien como puerta de entrada a su pensamiento. A lo largo de sus páginas se repasan sus referencias intelectuales, su trayectoria y sus principales temas. La conversación en torno a la ambivalencia de la modernidad, por ejemplo, resume con palabras sencillas sus ideas más importantes (y fructíferas) en torno a los modos modernos de construcción del orden social, mientras que la última conversación recoge su peculiar (por sensata) comprensión del compromiso político del teórico.

En su discurso de recepción del Premio Príncipe de Asturias afirmaba que vivimos en un mundo en que la única certeza es la certeza de la incertidumbre. Él se las ha ingeniado para teorizar estas extrañas condiciones de vida de un modo original y revelador. No son muchos los que pueden decir lo mismo.

Más de Bauman: Modernidad líquida.

lunes, 25 de octubre de 2010

Cormac McCarthy: No es país para viejos



Idioma original: inglés
Título original: No Country for Old Men
Año de publicación: 2005
Valoración: Muy recomendable


En un lugar indeterminado en la frontera entre Texas y Nuevo México, Llewelyn Moss encuentra el resultado de un sangriento enfrentamiento entre narcotraficantes: cadáveres, paquetes de heroína y dos millones de dólares en metálico. Sin pensárselo dos veces, decide coger el dinero y construir un futuro mejor para él y su mujer. Se inicia entonces una huída a contrarreloj en la que Moss es la presa con la que quieren hacerse varios cazadores: Wells, un exagente de las Fuerzas Especiales contratado por un cártel; Chigurh, un asesino a sueldo cuya misión (recuperar el dinero robado y devolvérselo a sus jefes) es sólo una excusa para matar de forma fría, implacable e indiscriminada; y Bell, un veterano sheriff al que, a pesar de estar de vuelta de todo, la situación a la que se enfrenta parece escapársele de las manos.

En este thriller (o western moderno o renovado ejemplo de novela negra; cualquier término es apropiado para definir esta obra), McCarthy vuelve a darnos una lección magistral de escritura. Además de la crónica de una persecución, el autor disecciona con precisión a los personajes, creando una red de historias perfectamente interrelacionadas en la que todo detalle es determinante y aporta un sentido a lo que sucede –y lo que está por suceder.

Como ya nos tiene acostumbrado, el autor combina su excelente narrativa lírica con diálogos cortos y precisos y trepidantes escenas de acción, que atrapan al lector y lo dejan sin aliento a cada página. Comentario aparte merecen los monólogos del sheriff Bell, narraciones de gran calidad que constituyen una obra aparte en sí mismas y suponen un excepcional broche de oro para este libro.

También de Cormac McCarthy: Meridiano de sangre, Hijo de Dios y La carretera

domingo, 24 de octubre de 2010

Sam Savage: El lamento del perezoso

Idioma original: inglés
Título original: The cry of the sloth. The Mostly Tragic Story of Andrew Whittaker, Being his Collected, Final, and Absolutely Complete Works.
Año de publicación: 2009
Valoración: Muy recomendable


Ese señor de barba que sale a la izquierda, de aspecto tan salvaje como su apellido, es Sam Savage, un escritor que saltó a la fama mundial gracias a su divertida novela Firmin, que narraba las aventuras de un ratón bibliófilo y bibliófago. En El lamento del perezoso, el protagonista es un ser humano (el escritor/editor/agente inmobiliario Andrew Whittaker), tratado con la misma simpática crueldad que si fuese un dibujo animado: un primo hermano de otros perdedores como Ignatius Reilly de La conjura de los necios, o sobre todo del inolvidable Arturo Bandini de John Fante.

El lamento del perezoso es una especie de novela epistolar, aunque con varias diferencias. En primer lugar, solo tenemos una parte de la correspondencia (las cartas que Andrew Whittaker, Andy, envía a todo bicho viviente), aunque las respuestas del resto del universo hacia el pobre Andrew pueden deducirse muy fácilmente. Por otra parte, esta correspondencia es de lo más variopinta, y nos muestra al protagonista en un avanzado estado de descomposición mental, psicológica y social: como escritor en estado de bloqueo; como editor de una diminuta revista literaria, Soap; como agente inmobiliario que nunca consigue cobrar el alquiler a sus inquilinos; como hijo, y marido, y hermano fracasado.

Pero todo esto se hace con un sentido del humor desbordante: dado que el protagonista no siente pena de sí mismo (bueno, a ratos), y que mantiene, pese a su aislamiento, una capacidad verborreica asombrosa, la novela resulta divertidísima y muy fácil de leer (a pesar de que su título en inglés hable de mostly tragic story). Por supuesto, podemos plantearnos lo de siempre: ¿nos encontramos ante un clásico, ante uno de esos libros que aquí denominamos "imprescindibles"? Pues probablemente no, pero sí estamos ante una de las lecturas más amenas y agradables que he tenido la suerte de llevarme a los ojos en mucho tiempo: sin las pretensiones grandilocuentes de La elegancia del erizo, por ejemplo, y con mucha mayor inteligencia y humanidad. A mí, personalmente, me ha gustado más que Firmin.

sábado, 23 de octubre de 2010

Dostoievsky: Crimen y castigo


Título original: Преступление и наказание
Idioma original: ruso
Fecha de publicación: 1866
Valoración: imprescindible

Aquí tenemos uno de los imprescindibles más claros que podemos reseñar. Crimen y castigo no se trata tan sólo de un clásico universal o de una de las obras literarias más influyentes, sino que nos encontramos ante todo un estudio de la psicología humana llevada al límite.

Dostoievsky tuvo una vida nómada, trágica y marcada tanto por la enfermedad, como por la miseria y la pobreza. Su padre tiránico fue torturado y asesinado por sus propios campesinos, Fíodor estuvo a punto de morir fusilado por pertenecer a un grupo nihilista, varios de sus hijos murieron al poco tiempo de nacer, jugador empedernido que arrastró deudas por toda Europa. Y después cristiano, escritor de prestigio en algunos momentos, y precursor del existencialismo. Ahí es nada.

Sobre esta base se asentaron varios de los hechos que nos relata, de marcado carácter autobiográfico. Por ejemplo, en la obra cumbre que presentamos hoy, el protagonista, Rodion Raskolnikov, un joven estudiante, comete un crimen que marcará toda la acción. Se siente culpable, al igual que el propio Fíodor se sentía culpable por haber deseado la muerte de su padre en varias ocasiones.

Pero dejemos la psicología barata para centrarnos en este tocho impresionante. Personajes complejos, y tocho complejo. Los sucesos son claros y se muestran, desde una voz en tercera persona, tal y como ocurren. Pero los pensamientos del personaje principal inundan el texto y lo dificultan y enrevesan, tal y como nos pasa en la realidad. Magistralmente escrito, y descrito, llegas a sumirte en una atmósfera agobiante, donde el drama está en todos los rincones. Sientes como crujen los escalones que suben a la habitación de Raskolnikov, sientes su odio, su culpa, su arrepentimiento. Tanto el antagonista como los personajes femeninos aportan otros puntos de vista que complementan la ideología del autor y los sucesos del libro. Algunos diálogos son imprescindibles por sí solos.

Leí esta obra hace años, y me cautivó desde la primera página. Es oscura y te hace tambalearte, plantearte cosas, reflexionar...

Genial. Existencialista. Profunda. Trágica.

Perfecta.

viernes, 22 de octubre de 2010

Edward Gorey: Amphigorey


Idioma original: inglés
Título original: Amphigorey
Año de publicación: 1972
Valoración: Muy recomendable


Pues sí, aquí me tienen. Mi nombre es Amphigorey y soy un libro de historias. Mejor dicho, soy un libro de historias ilustradas. ¿O tal vez un libro ilustrado de historias? Qué más da. Soy un buen libro, de eso no cabe duda. Quizá sea debido a que mi autor, mi adorado Edward Gorey, era un bicho raro. Sí, sí, nada de excéntrico. Bicho raro con todas las letras. Fue ilustrador (para sí mismo y para otros autores), escenógrafo, creador de tipografías... y fue muy conocido por su gran afición al ballet y a los gatos (algo que cualquiera puede adivinar, una vez que me lea). ¡Si incluso tuvo que crear su propia editorial para poder publicar las historias que contengo! Y no hablemos de cómo murió... Eso ya es harina de otro costal y tendréis que comprarme y leer mi prólogo para saberlo.

Si he de decir algo más de mí, diré que contengo unas cuantas narraciones de las muchas que escribió (muchas de ellas en verso, además) e ilustró mi querido Gorey. Todas se ambientan en la época victoriana, hablan de seres oscuros y torcidos y cuentan historias retorcidas en las que son omnipresentes la soledad, la maldad y la muerte, pero caracterizadas por un exquisito humor negro (ahora entendemos por qué nadie quería publicarlas, ¿verdad?).

Su obra es tan interesante que influyó a infinidad de autores contemporáneos, como Tim Burton, y tan inclasificable que nadie sabe realmente cómo catalogarla. Pero hacedme caso, es una GRAN obra, imprescindible en la literatura del siglo XX. Si queréis más pruebas, consultad a mis hermanos Amphigorey también y Amphigorey además. No os arrepentiréis.

jueves, 21 de octubre de 2010

José Luis Sampedro: La sonrisa etrusca


Idioma original: español
Fecha de publicación: 1985
Valoración: Muy recomendable

Un anciano ex partisano viudo y calabrés se hace unos análisis cuyo resultado supondrá la peor de las noticias posibles: padece un incurable mal que no tardará demasiado en llevárselo. El enfermo, hasta entonces un austero hombre de campo, pasará sus últimos meses de vida en la cosmopolita, fría y pija Milán, junto a su hijo, su nuera y su nietecito.

La expuesta anteriormente es una trama que dependiendo de qué escritor se haga con ella, puede acabar condensada tanto en un bodriete empalagoso de tomo y lomo, como en una lacrimógena obra maestra llena de análisis psicológicos y flashbacks históricos, y hasta en un best-seller horrendo para lectores poco exigentes (pero que luego se creen que han leído una obra de arte).

Gracias a Dios, la tarea de desarrollar esta breve sinopsis corrió a cargo de un hombre sensible y humilde, pero enormemente talentoso llamado José Luis Sampedro, un barcelonés emigrado durante su infancia a Tánger, que en el panorama de las letras españolas brilla con luz propia gracias a su conciencia política, su compromiso con los valores y derechos humanos, y su envidiable capacidad para poner las lágrimas a punto de caramelo sin caer en lo tópico o en lo baboso...

Salvatore, el anciano de La sonrisa etrusca (título que surge a raíz de un impagable encuentro del protagonista con cierta reliquia funeraria antigua que le deja boquiabierto), vivirá la última etapa de su apasionada vida entregado hasta la médula a dos grandes amores: su nietecito y una increíble mujer madura de nombre Hortensia. Las relaciones que establecerá con estas dos tiernas y valiosas personas constituyen la sangre y savia de esta novela que, pese a haber sido leída por servidor hace cientos de años, perdura en mi recuerdo como una deliciosa obra llena de amor, sentimiento y humor.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Julia Leigh: Inquietud

Título original: Disquiet
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 2009
Valoración: Se deja leer
Con esta novela corta me ha pasado lo mismo que con otras tantas de autores jóvenes: como me he quedado helado tras leer su última página, he tenido que recurrir a opiniones y críticas ajenas para hacerme una idea de si mis impresiones son compartidas por más personas. Y una vez más, mi búsqueda me ha lanzado un chorretón de agua fría en mi jeta ejemplar: la australiana Julia Leigh no es que guste, es que apasiona...
Leigh, una lánguida y pálida dama de cabellos oscuros e inquietante mirada (a juzgar por las foticos de Google), escribió su primera novela, El cazador, hace nueve años amadrinada por la famosa Toni Morrison (por no sé qué historia de escritor consagrado-ayuda-a-joven, patrocinada por Rolex), y vamos, que encantó encantó encantó...La compararon con Coetzee y la propia y joven debutante confesó su admiración por Coetzee y que sí, que claro que estaba influída por él.

El libro éste no lo he leído, pero después de Inquietud, pocas ganas hay...
El argumento de Inquietud: una mujer vuelve al castillo de estilo francés de la campiña donde se crió con sus dos insoportables retoños a cuestas. Allí, aparte de su anciana mother y el servicio, está su tampoco muy normal hermano con su esposa velando el cadáver de su pobre bebecita recién nacida, al que no se les ocurre otra cosa que meter en el congelador para que se conserve...Y ya está, ¡no hay más argumento! Sólo un puñado de escenas duras y desagradables de esta gente tan rara-rara-rara en un entorno goticuno inglés y francés... Punto pelota.
Yo no veo por ninguna parte a la "gran hechicera" que la crítica ve en Leigh, la cual (esto ya me interesa más) ha dirigido este año una versión cruel y morbosilla de la Bella Durmiente (está ambientada en el mundo de la prostitución, no les digo más). A ver cuándo la estrenan...Será en plan Tim Burton, supongo, pero vamos..., si dirige como escribe, no le llegará al padre de Eduardo Manostijeras ni a la suela del zapatito...

martes, 19 de octubre de 2010

Umberto Eco: Apostillas a El nombre de la rosa

Título original: Postille a "Il nome de la rosa"
Idioma original: italiano
Fecha de publicación: 1983
Valoración: muy recomendable

"Tenía ganas de envenenar a un monje." Así confiesa Umberto Eco en este libro el afán homicida que le llevó a escribir su más célebre novela: El nombre de la rosa. Es un alivio esto de que la cultura sirva para canalizar los anhelos más torcidos que nos tientan. En este caso, al menos, debió de ser un alivio para varias comunidades benedictinas del norte de Italia...

Estas y otras confesiones dan a este librito un aire como de strip-tease intelectual. Sí, ya sé que la imagen de Umberto Eco contorsionándose en torno a una barra en pelota picada no es algo precisamente atractivo, pero es que en realidad el libro tiene poco que ver con Eco-el hombre, y todo con Eco-el autor. Quiero decir que tiene el sentido común de dejar atrás todas las anécdotas personales que pudieron llevarle a la novela, o sucederle mientras la escribía, y centrarse en lo que podríamos denominar, trucos del oficio. Y esto no deja de tener su interés (incluso su morbo, si me perdonais la perversión).

Por ejemplo. Resulta que una de las cosas que estuvieron claras desde al principio fue el vínculo entre la trama de crímenes y el Apocalipsis (¿os acordáis? las siete trompetas, etc.). Bueno, pues por eso mismo necesitaba zambullir a uno de los monjes muertos en una tina de sangre (porque al toque de la segunda trompeta el mar se convertirá en sangre). ¿Cómo hacer verosímil la presencia de una tina de sangre? Fácil: la época de la matanza. Ahora bien, los cerdos se matan cuando hace frío, y Eco no podía ir más allá de noviembre, porque en diciembre del año elegido, 1327, uno de sus personajes (Michele da Cesena) se hallaba ya fuera de Italia, en Aviñón. ¿Solución? Instalar la abadía en una montaña, para que en noviembre haya ya nieve y frío suficientes como para proceder a la matanza.

Lo interesante de todo este tipo de pequeñas revelaciones es que Eco sabe unirlas con una sabia reflexión sobre la creatividad, mucho más artesanal y menos extática de lo que suele pretenderse. Son muy interesantes también sus opiniones sobre la relación entre obra y lector. Las grandes obras, dice, son aquellas que pretenden crear sus propios lectores, y no las que se conforman de antemano a los hipotéticos gustos del público. Eco aquí reflexiona con el sentido común que suele usar, pero además sobre la base de su propia experiencia. Esto convierte a una obra claramente menor e incidental en toda una lección de teoría de la literatura.

(Nota: Claramente este libro es un "libro sobre libros" (como aclara la etiqueta de abajo), porque Eco habla de cómo escribió una novela. Pero es que, si habéis pinchado en el vínculo de arriba, veréis que en su día Sonia publicó su reseña de El nombre de la rosa dentro de la serie "libros sobre libros", puesto que, en efecto, toda la trama gira en torno a un libro prohibido de Aristóteles. Así que en puridad éste del que yo hablo es un "libro sobre libros sobre libros". Todo se complica aún más si recordamos que en su novela Eco utiliza el recurso del manuscrito hallado: para llegar desde el narrador -Adso de Melk- al autor -Eco-, hay otras dos figuras interpuestas -filólogos que estudian el manuscrito-. A esos cuatro planos se añade el quinto en Apostillas, que es Eco reflexionando sobre su escritura. Yo añado con la reseña el sexto, y el séptimo con esta nota, que es en realidad una apostilla a la reseña sobre Apostillas a El nombre de la rosa.)

lunes, 18 de octubre de 2010

Ramiro Calle: 101 cuentos clásicos de la India


Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 1995
Valoración: muy recomendable

“Un buscador occidental llegó a Calcuta. En su país había recibido noticias de un elevado maestro espiritual llamado Baba Gitananda. (...)” Este es el comienzo de uno de los pequeños cuentos indios que presentamos hoy. Y, como buscadores occidentales, nos acercamos a esta pequeña obrita llena de sabiduría popular de la India.

Se trata de una recopilación de cuentos tradicionales hecha por Ramiro Calle, un maestro de yoga, pionero en España, que goza de gran reconocimiento en Europa, aunque hace poco ha tenido algún malentendido con la embajada India. Pero a lo que vamos: este hombre, que dirige un importante centro de Yoga, ha viajado muchísimas veces a la India. Allí, ha conocido a grandes maestros indios y ha ido transcribiendo y escribiendo los numerosos relatos y cuentos que le han ido comunicando. Después, los ha adaptado a una forma de escribir más occidental para que nos resulte más fácil su lectura y el llegar a las enseñanzas o moralejas que transmiten.

Así, podemos leer 101 pequeñísimos cuentos en un contexto indio, ya busdista o hindú, y todos con la finalidad de provocar en el lector una reflexión. Esta puede ser más o menos profunda, más o menos ligera, pero seguro que nos hace pensar un rato sobre ciertas actitudes o hechos que hemos tenido a lo largo de nuestra vida. Son muy sencillos pero, por eso mismo, nos transmiten más que cualquier otra cosa. Y, por si acaso no hemos comprendido el mensaje, Ramiro Calle nos añade una especie de explicación de cuál es la moraleja en una frase encabezada con: “El maestro dice”.

Hay un cuento en concreto que, a pesar de los años transcurridos desde su lectura, me sigue surgiendo en algún que otro momento. Es el titulado: “Ni tú ni yo somos los mismos”. De hecho, este semana he recurrido a este cuentito mentalmente y ahora, mientras escribo esta reseña, se lo he pasado a mi novio (se lee en cuatro minutos) y le he explicado cuándo lo he utilizado hace poco (no con él, eh? No seáis malignos) y me ha dicho que ojalá todos pensásemos así. Vaya, creo que ese es uno de los propósitos de esta recopilación de sabiduría popular de la India.

Bueno, ahora os toca leerlo a vosotros!

domingo, 17 de octubre de 2010

Julio Cortázar: Cartas a los Jonquières

Idioma original: español
Año de publicación: 2010
Valoración: ¿Repugnante?

Hoy me voy a permitir cometer un delito como crítico: reseñar un libro que no he leído, o mejor dicho, un libro del que solo he leído fragmentos: Cartas a los Jonquières, una recopilación de cartas de Julio Cortázar a un amigo de toda la vida, Eduardo Jonquières, que abarcan más de 30 años, de 1950 a 1983, y ocupan más de 600 páginas en su edición actual. Pues bien, el motivo de que hable de esta obra sin haberla leído, y sin tener de hecho ninguna intención de leerla, es que este tipo de publicaciones me producen siempre una incomodidad abismal: me parecen, por decirlo claramente, un alarde de voyeurismo obsceno y necrofílico, y una invasión injustificable a la intimidad del escritor. Como no soy jurista, no sé si el derecho a la privacidad caduca cuando estiras la pata, pero en todo caso, el derecho moral a que no revuelvan tus intimidades debería ser inquebrantable...

"El Cortázar más privado", titula el País el artículo-anuncio publicado hace unos días (no hay que olvidar que Alfaguara y El País forman parte del mismo grupo empresarial). Y tan privado: como que estás publicando sus cartas personales, no escritas con intención literaria sino simplemente comunicativa. No estamos hablando de las epístolas de Cicerón, sino de la posibilidad de que algún día alguien publique esos emails cachondos, depresivos o confesionales que le acabas de mandar a tu mejor amigo, porque, en opinión del crítico futuro "informan con esmero y puntualidad casi semanal sobre un período del que apenas sabíamos nada". Va a resultar que al final todo escritor necesita una María Kodama que le cubra las espaldas después de muerto.

Ya digo que este tipo de publicaciones me revuelven el estómago, por motivos humanitarios. Pero es que además, como crítico, me parece que parten de un interés erróneo y excesivo por la figura, la personalidad y la vida de los escritores, como si con ello se nos fueran a aclarar todos los misterios de su obra (un mecanicismo biografista peligroso y ya desacreditado hace tiempo). Mi admiración por Cortázar, que es mucha, aunque a veces parezca lo contrario, nunca me llevaría a revolver en su armario, escarbar en su papelera y publicar sus recibos del supermercado. No solo eso: llegar a conocer las entretelas de nuestros escritores favoritos puede incluso ser contraproducente. No sé quién dijo aquello de que la mejor manera de dejar de admirar a un escritor es conocerlo en persona (o algo parecido), pero me temo que sea verdad.

Y lo que yo me pregunto es, dado que Julio Cortázar falleció hace apenas 25 años, ¿quién tiene los derechos de esas cartas? ¿A quién corresponde la potestad para decidir que se publiquen? Y también, ¿quién se está lucrando con toda esta retahíla de "papeles encontrados" de Cortázar que está saliendo a la luz en los últimos años?

sábado, 16 de octubre de 2010

Bernlef: Entre brumas


Idioma original: neerlandés
Título original: Hersenschimmen
Año de publicación: 1984
Valoración: Muy recomendable


Maarten Klein no ha tenido una vida fácil. Sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, emigró a Estados Unidos, trabajó duro para sacar adelante a su familia... pero ahora que está jubilado y que sus hijos se han ido de casa, disfruta de una vida tranquila junto a su mujer. O eso parece, porque de repente el Alzheimer hace su aparición y convierte en jirones todo lo que lo rodea.

Narrada desde el punto de vista de Maarten, esta novela nos hace testigos de la progresiva degeneración de la mente de su protagonista, en la que los pequeños olvidos o confusiones van dando paso a una de(con)strucción absoluta de la realidad. Increíblemente realista y sin nombrar ni una sola vez la enfermedad responsable de ese estado mental en el que todo se desdibuja, donde pasado y presente se confunden y sentimientos como el miedo, la incomprensión o la desorientación se vuelven omnipresentes, este monólogo interior nos guía hacia un trágico final en el que la oscuridad y el olvido terminan por devorar al protagonista una vez que el abismo entre su conciencia y el mundo que lo rodea se vuelve insalvable.

Desde su cada vez más desestructurada pero increíblemente lógica narrativa, Bernlef también nos hace testigo de la reacción de la esposa de Maarten y de sus intentos por ayudarle, así como de la incomprensión y el temor ante su comportamiento y su progresiva degeneración que llega desde el exterior, lo que confluye en una descripción terriblemente real y completa de lo que supone tanto sufrir Alzheimer como intentar hacerse cargo de alguien que lo padece.

Cabe preguntarse, sin embargo, si no es esta novela una muestra más de la desconexión que la enfermedad produce entre las personas que la sufren y el resto de la sociedad, si no estamos ante un análisis más profundo de lo que parece de la psique humana o si, en definitiva, lo que hace Bernlef con esta obra no es sino preguntarse qué ocurre cuando uno de nosotros se aparta del camino marcado.

viernes, 15 de octubre de 2010

José Cardoso Pires: El delfín

Idioma original: portugués
Título: O Delfim
Año de publicación: 1968
Valoración: Muy recomendable

El Delfín, de José Cardoso Pires, está considerada como una de las mejores novelas portuguesas del siglo XX, sin contar a los omnipresentes Lobo Antunes y Saramago. Y con razón, diría yo. Es una novela inteligente, irónica, corrosiva y magistralmente escrita. No es una novela sencilla, pero en eso radica buena parte de su atractivo: en su complejidad y en su constante burla de los cánones literarios e ideológicos dominantes.

El argumento toma la apariencia externa de una novela de misterio o de suspense: tras un año de ausencia, el narrador vuelve a la Gafeira, una aldea ficticia de Portugal, para cazar patos, y descubre que el "cacique" del pueblo, el Ingeniero Tomás Manuel da Palma Bravo (el "delfín" del título), ha desaparecido, poco después de la muerte de su mujer y de su criado Domingo. En un ambiente casi sobrenatural, con una niebla constante que rodea la laguna cercana, la historia se desarrolla entre esos dos planos temporales (las dos últimas visitas del narrador a Gafeira) y con una cierta estructura de novela policial, en torno al misterioso doble crimen.

Son muchas las cosas que me han gustado en esta novela: el modo irónico y despreocupado con que está escrita, el constante juego de voces, planos, textos y versiones que se mezclan en ella; también son estupendos los personajes principales (el Ingeniero, María das Mercês, el propio narrador o su posadera, cuya descripción es magníficamente hiperbólica); pero sobre todo el ambiente de hipocresía y decadencia que lo envuelve todo, como una atmósfera rancia que los críticos han identificado con la del Portugal del último salazarismo.

Hay una versión cinematográfica, que no he visto pero que me propongo ver, y un estupendo (y bastante extenso) reportaje de la RTP sobre la obra, accesible en Youtube (pongo la primera parte, quien esté interesado solo tiene que seguir después los enlaces relacionados):

jueves, 14 de octubre de 2010

Victor Klemperer: LTI. La lengua del Tercer Reich

Título original: LTI. Notizbuch eines Philologen
Idioma original: alemán
Fecha de publicación: 1947
Valoración: muy recomendable

Siempre he pensado que el lenguaje condiciona en gran parte nuestro pensamiento, hasta el punto de que a veces llega a pensar por nosotros. Antes de leer este libro ni me imaginaba con qué concreta eficacia puede suceder esto. No se trata en absoluto de una metáfora: el uso de unas palabras nos delata, nos hace decir cosas que ni siquiera sabemos que queremos decir. En realidad, lo que documenta este libro es la enfermedad de un idioma, entendida no como síntoma, sino como causa del delirio de un pueblo. En casos menos extremos, su lección no deja de ser valiosa.

Victor Klemperer era un filólogo alemán, felizmente dedicado a la investigación de la literatura francesa del XVIII en la universidad de Dresde. Todo esto, hasta enero de 1933. A partir de entonces, tras el ascenso del partido nazi al poder, Victor Klemperer pasó a ser una única cosa: un judío. Afortunadamente para él, su esposa no era de origen judío, lo que no les ahorró miserias y humillaciones a ninguno de los dos, pero a él, al menos, lo salvó de la cámara de gas. Pronto le privaron de su ciudadanía y sus labores académicas, y poco después de sus bienes y su casa, pero lo que no pudieron arrebatarle fue su inquietud de espíritu y su sentido crítico. Sólo seguir siendo, ante sí mismo, el filólogo que era, le ayudó a no abandonarse a la fatalidad.

Desde el mismo año de 1933 Klemperer empezó a tomar notas sobre las transformaciones que el idioma alemán padecía bajo influencia nazi. Les atribuyó un rótulo secreto que sólo él entendía: LTI, Lingua Tertii Imperii, la lengua del Tercer Reich. Después de la guerra pudo reunir todos estos apuntes en un libro que no sólo es un diario de la tiranía, sino un minucioso diagnóstico cotidiano de la degeneración del idioma. Porque ésta fue la principal arma en el asalto nazí al poder: una decidida manipulación del lenguaje que se inflitraba sutil e implacablemente en el pensamiento de todos, víctimas y verdugos.

El idioma nazi fue una extraña mezcolanza entre arcaísmo y modernidad, connotaciones orgánicas y jerga técnica, que buscaba en todo momento la exaltación emocional y la confusión deliberada. Mientras el lenguaje burocrático se inundaba de siglas, los padres se devanaban los sesos buscando un nombre lo suficientemente étnico ("völkisch") para sus hijos. El adjetivo "fanático" adquiría un aura heroica que nunca había tenido, y toda referencia al Führer o al Reich se teñía de misticismo. Como contrapartida obligada, Einstein, por ejemplo, era siempre "el judío Einstein". Algunos de estos tics, u otros similares, siguen repitiéndose hoy, en circunstancias bien distintas. El de Klemperer es todavía un mensaje de imprescindible lucidez.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Fabrice Colin & Laurent Cilluffo: World Trade Angels


Idioma original: francés
Título original: World Trade Angels
Año de publicación: 2006
Valoración: Se deja leer


Meses después del ataque a las Torres Gemelas, los habitantes de Nueva York viven sumidos en una especie de shock perpetuo donde nada tiene sentido. El trabajo, la familia, las relaciones personales... todo está envuelto en una bruma de miedo e incertidumbre en la que es imposible vivir y de la que uno no puede zafarse tan fácilmente como le gustaría. Así vive el protagonista de esta historia, atrapado en un stand-by y sin saber si sigue viviendo porque no tiene más remedio o porque realmente así lo desea, mientras intenta reconstruir la historia de aquel fatídico día y los que lo precedieron.

Así, los autores presentan al lector un puzzle en el que debe intentar encajar las piezas que constituyen el pasado y el presente del protagonista, al mismo tiempo que le ofrecen una visión deprimente de la sociedad moderna y de la vida en general en una ciudad grande y despersonalizada. Algo que ya hemos visto/leído cientos de veces y que necesita algo más que un acontecimiento histórico reciente en el que enclavarse para resultar de interés. Porque sí, la novela está bien estructurada, pero en el rompecabezas se vislumbra enseguida un final más que previsible y nos deja con una historia no demasiado original ni en la forma ni en el fondo.

Salvaría la parte gráfica de la novela, pues el estilo de Cilluffo, extremadamente frío y conciso, tan geométrico que a veces incluso molesta, resulta perfecto para la historia que se pretende contar. Aunque en conjunto no creo que sea una novela gráfica que merezca la pena leer. Sirve como entretenimiento, sí, pero una vez acabada aporta poco más que indiferencia. Y así, mal vamos.

martes, 12 de octubre de 2010

Walt Whitman: Canto a mí mismo


Título original: Song of Myself
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1855-
Valoración: imprescindible


Hoy, 12 de octubre, me dedico esta reseña a mí misma, por mi cumple. Que si el Nobel a no sé quién, que si metaentrada a no sé cuánto...pues nada, hoy es para mí, y para Whitman, un IMPRESCINDIBLE así, con mayúsculas.

El gran poeta nos transporta, a través de una única obra que fue creciendo con el tiempo, hacia un viaje de autoconocimiento y exaltación positiva de la existencia. Es un poeta básicamente transcendental, que abre una puerta hacia una nueva forma de concebir la poesía. Pionero del verso libre, este pequeño poemario ni siquiera tenía título cuando comenzó su andadura. Y no le hace falta, pues el tema central, el gran título de su obra, es el ser humano.

La capacidad se este ser humano como parte activa de la vida es uno de los ejes que llevan a Whitman a guiarnos hacia la fluidez de una hoja de hierba que se deja mecer por el viento. Libertad, tanto creadora como espiritual, que nos lleva a adentrarnos en los versos y leer a ritmo vertiginoso poema tras poema. Positivo, colectivo, invita a alzar el espíritu y ver las cosas en toda su amplitud, no somos únicos en el universo, no estamos solos, formamos parte de una existencia común que no ha de ser dolorosa, sino vivificante.

Es un poeta que despierta, aviva y apuesta por el aprendizaje. No en vano creía en el valor de la literatura como motor de un cambio que propiciase un destino humano más libre, solidario y placentero. En fin, se nota que me gusta, no? Ay, es que hoy cumplo un año más, y ante ciertas crisis de edad un poco de verso positivo y profundo nunca viene mal. Nos despedimos con uno de los poemas de este genial humanista.


1
Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

Vago... e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.

Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.
Y con mi aliento puro
comienzo a cantar hoy
y no terminaré mi canto hasta que muera.
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Sé cuál es su misión y no la olvidaré;
que nadie la olvide.
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,
dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de para en par las puertas a la energía original de la naturaleza
desenfrenada.

lunes, 11 de octubre de 2010

Lois Lowry: Un verano para morir

Idioma original: inglés
Título original: A Summer to die
Fecha de publicación: 1977
Valoración: Recomendable

Dos motivos han sido los que, hasta ahora, me echaban para atrás cada vez que me proponía reseñar este libro: el primero, que se trata de una novelita corta pensada para un lector más bien juvenil, adolescente diría yo; el segundo, que no sabía muy bien cómo ponerme a analizar y desmenuzar con detalle sus páginas, a las que no les falta ni les sobra nada.

Pero como el recuerdo que me ha quedado de Un verano para morir, obra que saqué de la biblioteca de la escuela cuando contaba con trece años, ha sido tan bueno, he decidido que quizás merezca la pena descubrírselo a otros lectores. Así que, aquí estamos.

La novela, escrita por la americana nacida en Hawaii Lois Lowry (autora de numerosos títulos destinados a la masa lectora juvenil), está basada en una experiencia similar que vivió esta señora. Su pluscuamperfecta hermana, esa clase de hermano que todo lo hace bien y con el que a uno le comparan sin pudor continuamente, murió de cáncer cuando sólo era una adolescente, y semejante suceso hizo que sentimientos encontrados provocaran toda una revolución interior en la escritora. Debió de ser para ella traumático presenciar cómo ese ser bonito e ideal al que le unía una extraña relación mezcla de amor fraternal y ciertos celillos, desaparecía de la faz de la tierra en apenas un verano, cuando los síntimas de su mal se acrecentaron mortalmente.

En el libro, Meg es la hermana pequeña e imperfecta (incluso despierta burlas entre sus compañeros), y Molly, la guapa, popular y simpática hermana mayor. La primera, tímida e introvertida; la segunda, el merengue de toda tarta festiva que se precie. Ambas son hijas de un escritor que se traslada durante un verano a una casa un poco apartada con toda la familia pero con la intención de escribir sus cosas. En ese verano tan hermoso como triste, Meg conocerá en sus paseos solitarios a personajes de lo más curioso y también verá cómo su linda hermana va poco a poco siendo arrastrada hacia las tinieblas de la eternidad.

Lógicamente, tras esos meses de estío, descubrimiento y lágrimas, Meg no volverá a ser la misma.

Así, Un verano para morir se trata de un libro para adolescentes, pero sólo en teoría, porque a mí, tantos años después de haber abandonado la adolescencia, esta novelita se me sigue apareciendo en la cabeza con frecuencia como algo duro y hermoso.

domingo, 10 de octubre de 2010

Kirmen Uribe: Bilbao-New York-Bilbao

Idioma original: euskera
Título original: Bilbao-New York-Bilbao
Año de publicación: 2009
Valoración: Recomendable

No sé por qué, esta reseña me está costando más que otras. La tenía pendiente hace tiempo, pero no termino de ponerme a escribirla, y cuando lo hago, escribo un párrafo, medio párrafo, dos líneas, borro más de lo que escribo, busco dos o tres datos biobibliográficos (que ganó el Premio Nacional de Narrativa, por ejemplo, o que el primer libro de poemas de Kirmen Uribe, Bitartean heldu eskutik, fue también un éxito de crítica que lo situó entre los más reconocidos escritores en euskera), los elimino, vuelvo a empezar. La cosa tiene gracia, porque resulta que ya he escrito otra reseña de esta novela, larga, académica, sesuda, para una revista especializada, y en cambio esta, corta, ligera, informal, no termina de salirme.

Para documentarme, claro, he leído lo que dicen otros. Dos de los grandes gurús literarios de este país, José María Pozuelo Yvancos y Jon Kortazar (a los que además conozco y aprecio personalmente) la han saludado y aplaudido como una renovación ("revolución tranquila") en el canon de la literatura vasca, que sin perder sus raíces, se abre a la modernidad narrativa. Desde luego, el libro está lleno de autoficción, metaficción, fragmentarismo, cosmopolitismo. Lo más nuevo de lo nuevo en la literatura universal del momento, pero combinado con barcos de pesca en Ondarroa, figuras de la cultura y la política vasca del siglo XX o con reflexiones sobre el lugar de una "literatura menor" (en el sentido de Deleuze y Guattari) como la escrita en euskera en el concierto de las literaturas mundiales.

El libro me lo leí en un viaje de Bilbao a Londres (algo muy propio, porque la novela habla de un viaje que el autor hace de Bilbao a Nueva York) y al principio no me estaba gustando demasiado: como es un collage narrativo sin demasiada hilazón narrativa -más allá del personaje principal, el propio Kirmen Uribe-, me parecía que la cosa no iba a ninguna parte. Pero a medida que iba leyendo, me empezó a gustar más, sobre todo por dos motivos: el lirismo de algunas de las escenas, y la carga metaficcional que va asumiendo un papel más importante. Así, nos vamos enterando de que la novela que Kirmen Uribe (el personaje) dice estar intentando escribir, contando la vida de su familia pero sin contarla al modo decimonónico, es en realidad esta novela que tenemos entre manos: este collage informe donde, sí, aparece la familia de Kirmen Uribe, pero también Aurelio Arteta y Ricardo Bastida, Indalecio Prieto, poetas, directores, profesores universitarios, y hasta los jugadores del Athletic; Resurrección María de Azcue y la Wikipedia, el iPod y una perdida isla del Mar del Norte, dos barcos y un avión con destino a Nueva York.

Y a pesar de todo esto, cuando me pongo a escribir la reseña, no me sale. Me siento delante del ordenador, releo lo que he escrito, y no me gusta. Y lo borro y vuelvo a empezar. Así que a lo mejor debería renunciar a escribir esta reseña, y pasar a otra cosa. ¿No?

sábado, 9 de octubre de 2010

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010

A estas alturas, oh lector, sin duda sabes que Mario Vargas Llosa es el último Premio Nobel de Literatura. De hecho, es muy probable que hayas llegado aquí introduciendo en un buscador alguna combinación de las palabras de la frase anterior. Si quieres saber algo más sobre el premiado o regodearte con la noticia o mentarle la madre a la Academia Sueca, has venido al sitio indicado.

Nacido en 1936 en Arequipa (Perú), Vargas Llosa pasó los primeros años de su vida siguiendo los avatares de la carrera política de su abuelo materno, que le llevó primero a Bolivia, luego a la ciudad peruana de Piura, para establecerse finalmente en Lima. Allí comenzaría su vida literaria con Los jefes (1957). Se mudó entonces a Madrid con una beca para cursar estudios de posgrado en la Complutense. Bueno, por eso, y porque se había casado con una tía política suya, 10 años mayor, y esto, digamos, no sentó muy bien en casa. Después de Madrid vino París, y luego, en 1963 el primer éxito literario: La ciudad y los perros, novela con la que ganó el Premio de la Crítica Española.

Las siguientes obras del escritor están marcadas por la experimentación formal. En La casa verde (1965) el autor juega con los ritmos de la narración a través de la mezcla de tres historias principales que tejen una telaraña de tiempo y espacio. Al principio la lectura resulta complicadapues se superponen diálogos y momentos temporales distintos, pero enseguida se le coge el tranquillo y se siguen fácilmente los sucesos de esa casa que construyó El arpista cuando llegó al pueblo y pintó totalmente de verde, fundando el primer burdel del lugar, para placer y escándalo de todos. En 1969 publica Conversación en La Catedral, considerada una de sus obras maestras, y en 1967 Los cachorros, novela breve igualmente experimental y compleja, sobre la vida de un grupo de niños/adolescentes/jóvenes peruanos.

En Pantaleón y las visitadoras (1973) construye una divertida sátira contra la hipocresía y la doble moral. Narra cómo un obediente y meticuloso militar pone en marcha un plan disparatado -siempre cumpliendo órdenes- para elevar la moral de la tropa gracias a la incorporación de un batallón de prostitutas. El mayor mérito de la novela consiste en la incorporación de prosaicos documentos que se integran perfectamente en la historia conservando su significado, continuidad, amenidad e ironía. La tía Julia y el escribidor (1977), basada en su primer matrimonio con su tía política, es también una novela con grandes dosis de humor.

La guerra del fin del mundo (1981) es la primera incursión de Vargas Llosa en la novela histórica. Basada en acontecimientos reales, retrata una revuelta anti-republicana del campo brasileño, liderada por una especie de nuevo mesías. Contiene imágenes brutales de la completa sumisión de la voluntad al líder, como cuando sus seguidores van pasando por la alcoba en que agoniza y comulgan de sus heces líquidas. Puaj. La siguiente novela reseñable viene mucho más tarde, en 2000, y es La fiesta del Chivo, de la que ya hablamos aquí.

El motivo de este parón de años está en la actividad política de Vargas Llosa. En 1990 se presenta como candidato a la Presidencia del Perú, y de hecho logra superar la primera ronda, pero es vencido en la segunda por Alberto Fujimori. Después de la derrota marcha a Madrid, donde solicita la nacionalidad española al ser amenazado por su antiguo rival con la pérdida de la peruana. En los últimos años, en España, ha tenido también momentos de importante protagonismo político, siempre desde una ideología (neo)liberal, como cuando apoyó la fundación del partido Unión, Progreso y Democracia, en 2007.

Sus últimas novelas son El paraíso en la otra esquina (2003), dedicada a la historia de la abuela del pintor Paul Gauguin, y Travesuras de la niña mala (2006); este mismo año se publicará El sueño del celta, sobre la historia de un aventurero y diplomático irlandés en el corazón de África. Aparte de su obra como novelista, Vargas Llosa ha ido publicando diversos ensayos, muchos de ellos sobre temas literarios. El más célebre, por el morbo que lo acompaña, es el que dedicó a García Márquez, subtitulado "historia de un deicidio"; también son reseñables los que dedicó a Madame Bovary o a Tirant lo Blanc.

Un escritor, en fin, prolífico y exigente, polémico y magistral, parte insoslayable del llamado "boom" de la literatura latinoamericana, que llevaba mucho tiempo apareciendo en las quinielas del Nobel. Dicen que precisamente este año no estaba entre los favoritos, y que esto le ha favorecido, pero qué queréis que os digamos: nosotros ya lo previmos.

Foto tomada de aquí

viernes, 8 de octubre de 2010

Grandes villanos literarios en el archivo ULAD

Durante esta semana hemos hablado de algunos grandes villanos literarios de hoy y de siempre (Satán, Daniel Quilp, Heathcliff, Briony), pero sería injusto no hacer mención a otros, a los que no hemos dedicado una entrada por el simple hecho de que ya hemos hablado de los libros en los que aparecen. Estos son algunos de nuestros "malos favoritos":

-El Capitán Garfio, en Peter Pan, de James Barrie. Uno de esos villanos a los que es imposible odiar. Torturado por Peter Pan y sus Niños Perdidos, perseguido por el cocodrilo y su reloj, el Capitán Garfio es un malvado carismático que despierta nuestra simpatía y nuestra comprensión; sobre todo por contraposición con el niño-eterno, que es sencillamente insoportable.

-Jean-Baptiste Grenouille, en El Perfume de Patrick Süskind. Con su nariz todopoderosa, su espíritu de supervivencia y su absoluta falta de escrúpulos, este perfumista/asesino es uno de los personajes más originales e inquietantes de la narrativa del siglo XX.

-Domingo, en El hombre que fue jueves, de G. K. Chesterton. Pero ¿es Domingo verdaderamente un villano? ¿Es un héroe? ¿Es un diablo? ¿Es un semidiós? Es necesario leer la novela para poder contestar a esa pregunta. E incluso, después de leerla...

-Eso en It, de Stephen King. No sabemos qué es, cómo nació, de qué está hecho. Lo conocemos sencillamente como "eso", o, en su encarnación de payaso, como "Pennywise". Lo que sí sabemos es que nos da miedo. Mucho miedo. Ah, y que aquí todos flotamos.

-Annie Wilkes, en Misery, por seguir con Stephen King. Una voraz lectora de ideas fijas e higiene difusa: alguien que no quisiéramos tener como vecina. La gran pantalla ha hecho célebres algunos de sus peculiares métodos de enfermería.

-Dorian Gray, en El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. El perfecto dandy inglés seducido por la tentación de la eterna juventud, cuya degeneración moral y física se van reflejando en su retrato y no en su cuerpo, es ya un mito moderno de la literatura universal. Y además, con el incomparable estilo de Wilde.

-Dexter Morgan, en El oscuro pasajero (y los demás de la serie), de Jeff Lindsay. Porque antes de ser una serie de éxito, Dexter fue un personaje literario.

-El Coronel Kurtz en El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Otro de esos villanos enigmáticos, complejos, hipnóticos, capaz de dominar una novela en la que solo aparece en el último tercio, y de despedirse con una de esas frases memorables y mil veces repetidas y parodiadas: "¡El horror! ¡El horror!".

-Sauron, en El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien. Como no necesita presentación, pasemos al siguiente.

-El padre de Kafka, en Cartas al padre, o lo que es lo mismo, esa forma inaprensible y opresiva del poder que torturó al pobre Franz toda su vida, y sin la cual nunca habríamos tenido obras maestras como La metamorfosis, El castillo o El proceso. (Vale, igual es un poco excesivo llamar villano al pobre hombre, pero ya se entiende...)

-Voldemort en la heptalogía de Harry Potter, de J. K. Rowling. El reverso tenebroso del héroe, el lado oscuro de la magia, el-que-no-debe-ser-nombrado, que fue adquiriendo relevancia (y poder) a medida que los libros avanzaban y la serie iba volviéndose más adulta y más oscura. Hasta el gran enfrentamiento final...

Seguro que nos hemos olvidado de muchos otros, pero así os dejamos opción a vosotros, los lectores, para que nos habléis de vuestros "villanos de cabecera". Así que adelante, los comentarios son vuestros: ¿quiénes son vuestros malos favoritos?

jueves, 7 de octubre de 2010

Grandes villanos literarios: Briony en Expiación de Ian McEwan

Idioma original: inglés
Título original: Atonement
Año de publicación: 2001
Valoración: Muy recomendable



Mi querida Briony,

Sí, ya lo sé, a ti no se te puede llamar mala persona, pero reconoce que hace muchos años fuiste una adolescente malcriada que se creía más lista que nadie cuando aún no sabía nada de la vida. Actuaste por tu cuenta y eso perjudicó a mucha gente. Aún así, perdóname por llamarte villana, no olvido que tu maldad fue circunstancial y, por tanto, no se te puede colocar en el mismo nivel que a otros malos literarios. Pero me inspiras tanta ternura y, a la vez, me subleva tanto releer los incomprensibles hechos que protagonizaste, que no he podido resistirme a traerte aquí. Eres inteligente, me consta, por eso no dudo que vas a entenderme muy bien.
Porque Briony, mi niña, ¿en qué estabas pensando? ¿Cómo podías creer con tanta firmeza que entendías de qué iba el amor verdadero mejor que los adultos? Y más en una época en que a los niños se les convertía en sordos y ciegos, se les mentía y mantenía apartados de lo que se denominaban las cosas de la vida. Tu concepto del amor servía muy bien para llevar a cabo esas obritas dramáticas que construías para entretener a tus familiares, nunca para situarte a su nivel y suponer cosas. No estabas madura para ello. Sí, ya sé que es muy tarde para hacer reproches, pero tienes que entenderme: tus lectores desearíamos poder parar el reloj, poner los pies en la famosa escena y colocarte una mordaza para que reflexionases el tiempo necesario. Es verdad que entonces nos hubiéramos perdido una estupenda y complejísima novela ambientada casi toda en la primera mitad del s. XX con Guerra Mundial incluida, pero como eso sucedería después de haberla leído, nos podríamos quedar con lo uno y con lo otro. ¿Qué no es posible obtener dos cosas opuestas, dos realidades que se contradicen entre sí? ¿Qué hay que elegir entre ambas? Es verdad, tienes toda la razón. Esta es, probablemente, una de las enseñanzas que has sacado del gran drama que viviste. Sé que todo aquello te enseñó mucho pero estoy segura de que no te compensó. Es más, imagino que toda tu vida estuvo marcada por aquel incidente y eso no se lo deseo a nadie.
Con estas líneas, Briony, te mando todo mi afecto, no puedes imaginar cuánto te admiramos todos los que conocemos tu historia. Sí, a pesar de todo. Tú ya sabes por qué. Sin embargo, la película basada en tu vida no te hizo justicia en absoluto pues, al tener que simplificar una trama tan larga, prescindió de toda tu grandeza y te dejó a la altura del betún. Algo que se puede remediar en parte recomendando, tanto a los que la han visto como a los que no, que lean la novela. Y, con esto, ya sólo me queda despedirme con un gran abrazo y desearte de todo corazón que descanses en paz.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Grandes villanos literarios: Heathcliff en Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë

Idioma original: inglés
Título original: Wuthering Heights
Fecha de publicación: 1847
Valoración: Muy recomendable

El villano que protagoniza mi reseña dedicada a los malos malotes de la literatura no es otro que el legendario Heathcliff, el inolvidable galán vengativo de la famosa novela Cumbres Borrascosas, un huérfano de orígenes inciertos acogido por los bien situados Earnshaw, que se come al resto de los personajes.

Cumbres Borrascosas fue la única novela de Emily Brontë, la mediana y más misteriosa de esas tres hermanas escritoras de Yorkshire a las que les costaba horrores armonizar los dos mundos en los que vivían: el interior y el exterior. Sucedía que las tres mujeres, hijas de un severo pastor protestante viudo, y hermanas de un bala perdida llamado Branwell, fueron desde bien pequeñas aficionadas a resguardarse de la húmeda y triste realidad de su entorno a través de los libros y la escritura. Ellas mismas se crearon sus propios seres y mundos imaginarios, y los plasmaron en decenas de cuadernillos en blanco, soportes que más tarde serían sustituídos por cuidadas ediciones bien acogidas por público y crítica. Pero sus vidas personales no fueron tocadas por la fortuna: todas murieron jóvenes y Charlotte, la única que se casó, lo hizo embarazada.

Emily, como se ha dicho, la más solitaria y peculiar de las tres, con Cumbres Borrascosas armó una buena. Los personajes del libro, que viven en unas tierras tan húmedas, oscuras y solitarias como el páramo que las Brontë habitaban, sucumben sin reparos a las violentas pasiones que les agitan, las cuales incluyen amores clandestinos, relaciones incestuosas, venganzas retorcidas, bofetadas y empujones. Y en la época, un libro así era poco menos que un poemario en honor a Belcebú. Sin embargo, los años han hecho que esta intensa novela haya sido reconocida como un magistral atrevimiento de la señorita Emily, y algo mucho más meritorio que las obras más formales y contenidas de sus hermanas.

Y bueno, ¿argumentamos un poco? En esta trama decimonónica encontramos un amor salvaje y prohibido entre el asilvestrado y maltratado Heathcliff y la caprichosa y hermosísima hija de sus padres adoptivos, Catherine, la cual, finalmente, escogerá para casarse a un vecino lechuguino. La elección de la joven desata la furia de un ya de por sí enfadado con el mundo Heathcliff, y tras duros y trágicos eventos, el muchacho desaparece unos cuantos años para volver transformado en un adinerado hombre dispuesto a ejecutar su venganza: aunque sea, contra los descendientes de los que le hicieron tanto daño...

Por todo esto he escogido a Heathcliff como mi villano predilecto: porque posee una dualidad impecablemente mostrada. Y ello constituye un gran mérito por parte de Emily Brontë, escritora que en ningún momento juzga a sus criaturas borrascosas y nos enseña cómo cierto contexto provoca que un huerfanito asustadizo y primario acabe transformándose en un enamorado entregado primero, en un millonario hecho a sí mismo y deseoso de vendetta después.

La obra ha sido llevada al cine en varias ocasiones. Ninguna versión de las que he visto me ha gustado especialmente. Se habla de una nueva, con Natalie Portman como Catherine.

PD: el gato Isidoro, en su versión anglosajona, se llama Heathcliff...

martes, 5 de octubre de 2010

Grandes villanos literarios: Daniel Quilp en Almacén de antigüedades de Charles Dickens


Título original: The Old Curiosity Shop
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1840-1841
Valoración: muy recomendable

Cuando comentamos el tema de esta serie, los villanos, me puse a pensar en cuál de ellos me había parecido más malicioso. Y al poco tiempo caí en uno que, a su vez, me había parecido un ser sumamente repugnante, retorcido y maligno: Daniel Quilp. El más villano de los villanos de Dickens, y ya es decir, porque escribió y describió a muchos.

La descripción que de él hace Dickens es tremenda, pues nos lo muestra como enano, deforme, jorobado, feo, de aspecto sucio y con una mirada malignísima. Vamos, que es el vivo retrato del retrato de Dorian Grey, pero sin marco.

A Daniel Quilp lo podemos encontrar persiguiendo a la joven y virtuosa Nell y a su abuelo por media Inglaterra. El abuelo, del que no se nos dice su nombre, posee una tienda de antigüedades en Londres. Desea ganar más dinero para poder legárselos a Nell, pero lo pierde en el juego. Desolado, le pide un préstamo a Quilp que este no duda en hacérselo pagar, con creces. Después de varias vicisitudes que no vamos a desvelar, nos encontramos con una persecución que implica a los protagonistas y al villano y que termina...Bueno, se trata de una novela publicada por entregas, y los lectores estaban tan enganchados a la trama que en la bahía de Nueva York llegaron a apiñarse para preguntar a gritos a los barcos que traían la última entrega por el final de la novela.

Charles Dickens es uno de los grandes y describe en sus obras personajes profundos y elaborados de toda índole, pero frente a los personajes virtuosos se me han quedado grabados los villanos. Descritos con precisión y haciendo partícipe al lector de los gestos y tics que los acompañan, haciéndolos más reales y terroríficos. Aún recuerdo con repelús cómo uno de sus villanos se retuerce las manos una y otra vez, llenas de dedos nudosos y nerviosos.

Vamos, que hay que leer esta obra, en su momento seguidísima y con ese buen final que los grandes escritores saben aportarnos.

lunes, 4 de octubre de 2010

Grandes villanos literarios: Satán

Ya que vamos a hablar de villanos, hablemos de villanos, pero en serio. ¿Y quién es el más malo de todos, el villano que da origen a todos los villanos? Pues el demonio, Satán, Satanás, Belcebú, Lucifer, Luzbel, Mefistófeles, el diablo, la serpiente, el dragón, Leviatán, la encarnación suprema del Mal, en una palabra. Un personaje, por otra parte, de lo más literario...

Las primeras apariciones de Satán -aunque seguro que sería posible encontrarle parentesco con otras (semi)deidades malignas anteriores- las encontramos, claro, en la Biblia. Por ejemplo, en el enigmático libro de Job, Yahvé y Satán se juegan a los dados la salvación del pobre Job, poniéndole a prueba con todo tipo de calamidades. En cambio, no encontraremos en la Biblia la conocida historia según la cual Lucifer es un arcángel caído por rebelarse contra Dios y pretender sustituirle (a no ser que se interprete así un pasaje de Isaías en que se refiere a la caída de un rey Babilónico). En el Nuevo Testamento, el demonio/Satán aparece en varias ocasiones como el "adversario" de dios, pero sobre todo adquiere forma casi corpórea en la escena de las tentaciones de Jesucristo (Mt 4, 1-11).

La literatura occidental se apropió de la figura de Satán ya desde la Edad Media, y le dio una relevancia y una significación de la que carecía en los textos bíblicos originales. El ejemplo más evidente es el Paraíso Perdido de Milton, en el que Satán es el personaje central, carismático, arrogante y seductor. El Romanticismo byroniano retomó y reinterpretó la figura del demonio y la convirtió en una de sus figuras fundamentales: el supremo rebelde, el outcast por antonomasia, la encarnación del vitalismo y el irracionalismo. Con esta carga trágica o simbólica reaparece también en la obra los "poetas malditos" franceses: son memorables las "Letanías de Satán", de Charles Baudelaire, con su estribillo casi litúrgico: "¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!".

La literatura (y el cine y la música y el cómic) del siglo XX y XXI han seguido recurriendo a la figura de Satán, aunque en muchos casos en una visión simplificada y fácilmente digerible, desprovista de sus implicaciones teológicas, trágicas o simbólicas: un ser con cuernos, cola puntiaguda y un tridente que vive entre llamas (véase South Park). En las obras de Stephen King, por ejemplo, siempre suele haber alguna forma de mal absoluto que en algunos casos (pienso por ejemplo en La tienda) se identifica con el diablo. Parece claro que la figura de Satán va a seguir reapareciendo en la literatura contemporánea, pero convertido en un cliché inofensivo.

Nota: imagen de la Estatua del Ángel Caído, del Retiro de Madrid, tomada de aquí, con licencia GNU

domingo, 3 de octubre de 2010

Isaac Asimov: La enciclopedia galáctica


Fecha de publicación: 1993
Valoración:
imprescindible para frikis

Hoy publicamos una reseña un tanto especial, pues el libro reseñado también lo es. En realidad, no es una publicación del propio Asimov, sino una recompilación de los extractos de la Enciclopedia galáctica que aparecen en la saga de Fundación, principalmente; la presentación del libro, por Alejo Cuervo; una breve biografía de Asimov, de Charles Brown y Frank Robinson; y un artículo titulado “Pensamientos peligrosos” de David Langford.

Ya lo sé, es una recomendación muy friki, pero para los seguidores de la saga se convierte en un complemento divertido y muy entretenido para pasar una tarde recordando la saga, aprendiendo más cosas que pueden pasar desapercibidas al leer los libros, y estudiando para futuros test y concursos sobre Asimov de fiestas frikis y partys informáticas (y existen, yo he participado) ;-)

Recordemos que la Encicopedia galáctica es el “compendio de la totalidad del saber humano. Para su elaboración, promovida por Hari Seldon, se exiliaron veinte mil familias a Terminos, que pasaron a convertirse en la Fundación Número Uno. La Fundación estaba dirigida por la Junta de Síndicos del Comité de la Enciclopedia y su misión era compilar la Enciclopedia Galáctica evitando que se perdieran los conocimientos acumulados durante los milenios de existencia humana.” (Extracto de la Enciclopedia)

¿Y dónde encontramos esta Enciclopedia? Pues en la cabecera de cada capitulo de la saga, donde Asimov introduce un fragmento de la Enciclopedia. Escrita con su estilo impecable, podría pasar por una de cualquiera de las enciclopedia actuales,sino fuese por la tecnología hiperavanzada.

Bueno,lectura perfecta para un domingo como hoy. Y, claro, que para los que no habéis leído la saga, ¿a qué estáis esperando?