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viernes, 23 de noviembre de 2012

John Fante: Llenos de vida

Idioma original: inglés
Título original: Full of life
Año de publicación: 1952
Valoración: Muy recomendable

Reconozco que tengo debilidad por John Fante, uno de los escritores que mejor consigue crear personajes perdedores pero simpáticos, desagradables pero entrañables al mismo tiempo; también, uno de los pioneros en el campo de la auto-ficción, un filón que han explotado (con éxito) muchos otros escritores estadounidenses, desde Bukowsky a Paul Auster, pasando or Henry Miller o Philip Roth. Porque los protagonistas de Fante son siempre variantes del mismo tipo: un escritor italiamericano infantil y pusilánime, que lucha por abrirse camino en el mundo de la literatura o el cine en Los Ángeles. A veces (en su teatralogía más famosa) este personaje se llamará Arturo Bandini; en Llenos de vida se llama directamente John Fante, aunque su vida no es exactamente la vida del John Fante real.

El título, Llenos de vida, es en sí mismo un chiste, puesto que es una referencia al embarazo de la mujer del protagonista, Joyce: un embarazo que a veces será motivo de alegría, y casi siempre de incomodidad o preocupación para el protagonista. A este matrimonio algo disfuncional se une el padre del protagonista y narrador, que aplicará toda su destreza en reparar la casa del matrimonio, toda su superstición en conseguir que su nieto sea varón, y toda su mala leche en amargar la vida de su hijo.

Las historias de John Fante suelen ser, si se piensa bien, bastante tristes (esta menos, porque el protagonista vive en una situación mucho más desahogada que los de otras novelas, y el tema, la paternidad inminente, no es que sea precisamente trágico); pero siempre abunda en ellas una ligereza y una fluidez que las hacen entretenidas y casi alegres. Da igual que se hable de la descomposición de una familia, del alcoholismo o las drogas, de la lucha por la supervivencia en un mundo hostil: siempre se hace en tono de broma y con una respuesta ácida preparada debajo de la lengua.

Fante no es, desde luego, un maestro del estilo: emplea esa técnica, también muy americana, de decir lo que quiere decir con frases cortas, un lenguaje directo, pocos rodeos, pocos adjetivos. De otra forma, probablemente, habría perdido parte de su naturalidad, de su frescura.

Probablemente hablar de Fante como de un "clásico estadounidense", sobre todo después de una reseña de Franzen, sea demasiado; pero desde luego que es un autor recomendable, y hasta muy recomendable, para casi cualquier tipo de lector. Que alguien se atreva a decir eso de Franzen, o de DeLillo. O de Pynchon.

También de John Fante: Pregúntale al polvoEl vino de la juventud

jueves, 7 de mayo de 2009

John Fante: Pregúntale al polvo

Idioma original: inglés
Título original: Ask the Dust
Fecha de publicación: 1939
Valoración: Imprescindible

Cuando Charles Bukowski, fundador y máximo exponente del “realismo sucio”, proclamó a John Fante como una de sus principales influencias, lo elevó instantáneamente a la altura de clásica contemporáneo. Así, Pregúntale al polvo, la novela más conocida (y probablemente la mejor escrita) de John Fante, se convirtió de repente en un best-seller de los ochenta, casi cincuenta años de su publicación original. En España, la recuperación de Fante debió esperar otros veinte años, hasta que la editorial Anagrama se decidió a publicar las obras completas de Fante.

Fante es por lo general un escritor ligero, con un toque humorístico importante, quizás algo misógino para los gustos actuales, pero también con un elemento humano. Es un escritor que practicó con abundancia lo que hoy en día se llamaría "autoficción", o casi: la mayoría de sus novelas están protagonizadas por aspirantes a escritores de origen italiano en la California de mediados de siglo, es decir, alter-egos poco disfrazados del propio escritor (una tradición muy fecunda en Estados Unidos, y que sigue utilizando frecuentemente por ejemplo Philip Roth).

Pregúntale al polvo está considerada como la obra maestra de Fante. Contiene muchos de los elementos que acabo de mencionar: el alter-ego de Fante, llamado Arturo Bandini, que protagonizó cuatro de sus novelas; el sentido del humor cínico y destructivo; la descripción de personajes perdedores pero soñadores; el estilo rápido, natural, sin complejos... Pero sobre todo donde destaca esta novela es en la humanidad de sus personajes: Bandini, enfrentado a los enemigos habituales (la falta de trabajo y dinero, su propia inseguridad, el rechazo o la indiferencia de los demás...), y además a una relación autodestructiva con una joven camarera mexicana, Camila, que le dará tanto como le quitará, o más.

Nota final: Es cierto que, como tantas veces se ha repetido, Fante es un antecedente del "realismo sucio" de Bukowski; pero lo último que querría es que esa afirmación bastante tópica, y que no añade nada al original, alejara a ningún lector de sus novelas. Bukowski puede ser brutal, pornográfico y hasta vulgar -aunque también sabe encontrar perlas entre el fango-; Fante no huye de los aspectos escatológicos de la existencia, pero tampoco los convierte en el centro de todo.

También de John Fante en ULAD: El vino de la juventudLlenos de polvo

sábado, 23 de julio de 2022

John Fante: Hambre

Idioma original: Inglés
Título original: The Big Hunger. Stories 1932-1959
Fecha de publicación: 2000
Traducción: Antonio-Prometeo Moya Valle
Valoración: Recomendable

Hambre compila dieciocho textos de John Fante. Todos excepto uno se habían publicado con anterioridad, aunque a efectos prácticos eran prácticamente ilocalizables.

No encontraremos aquí nada que supere a las obras maestras del autor, ni tampoco toparemos con piezas que se alejen mucho de aquello a lo que éste nos tiene acostumbrados; sin embargo, recomiendo este volumen misceláneo, especialmente a los amantes de Fante.  

Y es que gracias a estas páginas gozaremos de su prosa, que pese a hacer gala de una economía de medios extrema resulta sumamente expresiva; gozaremos, también, de sus ya archiconocidos personajes, escenarios, registros y temática, de su humor, de sus dosis de autoficción, de su velada crítica social... 

Además, nos reencontrarnos con Arturo Bandini, el entrañable alter ego de Fante, y con ese filipino algo cínico que es Julio Sal; con niños que admiran a los tipos duros; con primogénitos a los que se exige madurar antes de tiempo; con jóvenes acomplejados por su procedencia, su altura y su empleo; con escritores llenos de ínfulas; con madres sufridoras; con patriarcas que tienen demasiadas bocas que alimentar; con albañiles alcohólicos; con familias de inmigrantes; con parejas tóxicas; con matrimonios disfuncionales; etc... 

En fin: de Hambre destacaría sobre todo el genial prólogo que Fante concibió para su novela Pregúntale al polvo, amén de los relatos (por listar algunos de mis favoritos) "La madre de Jakie", "El cine", "Una mala mujer", "El sueño de mamá" o "Los pecados de la madre".    


También de John Fante en ULAD: Pregúntale al polvoLlenos de vidaEl vino de la juventud

sábado, 17 de enero de 2015

John Fante: El vino de la juventud

Idioma original: inglés
Título original: The Wine of Youth
Año de publicación: 1985
Valoración: Muy recomendable


Un conjunto de relatos –tan ácidos como contundentes y a pesar de todo entrañables– que refleja las condiciones de vida de los inmigrantes, en este caso italianos, afincados en Estados Unidos allá por 1920. De fondo, la mentalidad que podemos imaginar en esa época. En primer plano, ambiciones, desencanto y ese simulacro de arraigo que algunos han de arrastrar toda la vida y que aspiran a remediar aunque en el fondo de sí mismos sean mucho menos optimistas.

John Fante -cuya genialidad acostumbra a disfrazarse de una sencillez que no es más que apariencia- nos muestra aquí las vicisitudes de una familia trabajadora, narradas por Jimmy, el hijo mayor, mediante episodios independientes que van desarrollando las seis vidas a través de los años de forma totalmente calculada aunque inconexa a primera vista. En cada uno de ellos, se amalgaman perfectamente la ironía más tierna, la sátira feroz y una reproducción fiel de la realidad. Y lo hace con tal desparpajo que apenas nos damos cuenta. En algunos de ellos, el adoctrinamiento religioso de la época es presentado por la mente infantil con tal naturalidad que conmociona al lector mucho más que cualquier ataque. En Monaguillo, por ejemplo, se aprecia la particular ética del chico, una divertida mezcolanza de las enseñanzas recibidas y su interpretación particular.

“Pecar otra vez, cometer el pecado de vengarme, no suponía mucha diferencia en aquel momento, ya que había cometido un pecado mortal al desearle el mal a un sacerdote. Es tan malo cometer un pecado mortal como cometer veinte. Es decir, si cometes uno vas al infierno tan aprisa como si hubieras cometido veinte. Eso dice el catecismo. Yo sabía que había una botella de tinta roja en un cajón, así que fui allí y me hice con ella. Nadie miraba, así que la vertí en la botella de vino hasta llenar aproximadamente la quinta parte y luego llené el resto con zumo de uva.”

Son tretas acordes con la forma de interpretar la religión como un contrato para obtener beneficios, y con un código de conducta que se basa en la letra y no en el fondo, de forma que permite las trampas. Nuestro protagonista se enfada porque san José, al no concederle la bicicleta de sus sueños, rompe el supuesto pacto establecido entre ambos. Pero su propio padre tiene una mentalidad parecida. En El dios de mi padre acepta confesarse obligado por la insistencia del cura, pero con la condición de hacerlo por escrito y en italiano, idioma que el otro ignora por completo a pesar de que ambos tienen los mismos orígenes.

A Jimmy, el sometimiento en que vive su madre, su sacrificio y rápida decadencia, le aflige y la llena de preguntas. En relación con ese padre albañil que va acumulando amargura página tras página, se empieza a gestar en él una enorme rabia; latente en un principio y explícita en cuanto crece lo suficiente para dejar de admirarle. Ambos son casi tan despiadados como su entorno pero también víctimas de él.   

Solo las dos últimas piezas están al margen de esa otra narración más amplia. Esta vez se trata de argumentos independientes pero relacionados por un asunto común. Tanto el Julio Sal de El soñador como la señora Flores en Helen, tu belleza es para mí son inmigrantes, ella mejicana, él filipino, ambos aman a alguien que no les corresponde. Y aunque lo que se cuenta en cada una es muy diferente y los desenlaces también, existe cierto paralelismo en el clima opresivo de ambas, en la sensación de inconsistencia de los protagonistas, en las catástrofes presentidas e incluso en cierta sordidez del ambiente. Pocas veces la sensibilidad se une al talento, al esfuerzo y a una visión crítica de la vida para producir joyas como estas.

En 1940, se publicaron los primeros trece relatos en un volumen titulado Dago red. Los demás, dispersos en publicaciones diferentes, fueron reunidos en su día y añadidos al resto integrando la sección denominada Últimas historias.


También de John Fante: Llenos de vida, Pregúntale al polvo

domingo, 24 de octubre de 2010

Sam Savage: El lamento del perezoso

Idioma original: inglés
Título original: The cry of the sloth. The Mostly Tragic Story of Andrew Whittaker, Being his Collected, Final, and Absolutely Complete Works.
Año de publicación: 2009
Valoración: Muy recomendable


Ese señor de barba que sale a la izquierda, de aspecto tan salvaje como su apellido, es Sam Savage, un escritor que saltó a la fama mundial gracias a su divertida novela Firmin, que narraba las aventuras de un ratón bibliófilo y bibliófago. En El lamento del perezoso, el protagonista es un ser humano (el escritor/editor/agente inmobiliario Andrew Whittaker), tratado con la misma simpática crueldad que si fuese un dibujo animado: un primo hermano de otros perdedores como Ignatius Reilly de La conjura de los necios, o sobre todo del inolvidable Arturo Bandini de John Fante.

El lamento del perezoso es una especie de novela epistolar, aunque con varias diferencias. En primer lugar, solo tenemos una parte de la correspondencia (las cartas que Andrew Whittaker, Andy, envía a todo bicho viviente), aunque las respuestas del resto del universo hacia el pobre Andrew pueden deducirse muy fácilmente. Por otra parte, esta correspondencia es de lo más variopinta, y nos muestra al protagonista en un avanzado estado de descomposición mental, psicológica y social: como escritor en estado de bloqueo; como editor de una diminuta revista literaria, Soap; como agente inmobiliario que nunca consigue cobrar el alquiler a sus inquilinos; como hijo, y marido, y hermano fracasado.

Pero todo esto se hace con un sentido del humor desbordante: dado que el protagonista no siente pena de sí mismo (bueno, a ratos), y que mantiene, pese a su aislamiento, una capacidad verborreica asombrosa, la novela resulta divertidísima y muy fácil de leer (a pesar de que su título en inglés hable de mostly tragic story). Por supuesto, podemos plantearnos lo de siempre: ¿nos encontramos ante un clásico, ante uno de esos libros que aquí denominamos "imprescindibles"? Pues probablemente no, pero sí estamos ante una de las lecturas más amenas y agradables que he tenido la suerte de llevarme a los ojos en mucho tiempo: sin las pretensiones grandilocuentes de La elegancia del erizo, por ejemplo, y con mucha mayor inteligencia y humanidad. A mí, personalmente, me ha gustado más que Firmin.

También de Sam Savage en ULAD: CristalFirmin y El lamento del perezoso.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Charles Bukowski: La senda del perdedor

Idioma original: Inglés
Título original: Ham on Rye
Traducción: Jorge Berlanga
                           Ernesto Giménez-Caballero
Año de publicación: 1982
Valoración: Recomendable

Releer La senda del perdedor me deja un mejor sabor de boca que hacer lo propio con las otras cuatro novelas dedicadas al álter ego de Charles Bukowski. A fin de cuentas, esta obra es mucho más variada que el resto de entregas de la saga.

Narra la infancia, adolescencia y juventud de Henry («Hank») Chinaski. Aborda multitud de temas: la pobreza, el mito del Sueño Americano, la violencia, los abusos domésticos, la crueldad, el alcohol en tanto que válvula de escape, la sexualidad precoz y el desencanto por la vida. Como telón de fondo tenemos la Gran Depresión primero y la participación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial después.

Llegados a este punto, querría destacar los apartados que más me han gustado de La senda del perdedor.

  • Su estilo. Es austero (salvo por algún alarde poético), pero funciona de maravilla.
  • Su humor. Ácido y mordaz a la par que fruto del nihilismo más profundo.  
  • Sus reflexiones. Para muestra, un botón: «Todo lo que necesitaba una persona era una oportunidad. Siempre había alguien controlando quién podía tener una oportunidad y quién no.»
  • El narrador. Es un "underdog" que siempre quiere tener la última palabra, pero se le cuestiona diegéticamente. 
  • El padre. Personaje muy humano retratado con sus contradicciones. Es una caricatura del norteamericano de clase baja que, según la famosa cita, se ve a sí mismo como un multimillonario temporalmente avergonzado. Pobre diablo. 
  • Ciertas escenas, bien descritas y bastante memorables.
  • Los guiños que Bukowski hace a su admirado John Fante. 

Por otro lado, me gustaría resaltar los aspectos más flojos de esta obra.

  • Su estructura un tanto deslavazada. 
  • La repetición estéril de situaciones que involucran peleas, masturbación o alcohol. 
  • Su prosa. Ya he dicho que el estilo me gusta, pero la prosa es algo burda. La transición de un párrafo a otro no siempre fluye orgánicamente. También hay frases cuya formulación no tiene sentido. Por ejemplo: «Al día siguiente (...) busqué un gran cuaderno que destinaba para las tareas del instituto. Estaba en blanco.» O: «Ya no temía en absoluto a la aguja. Además, nunca la había temido.» Aunque le daremos el beneficio de la duda a Bukowski y asumiremos que están mal traducidas.

Porque la traducción de esta edición es pésima. No sólo repite palabras innecesariamente, sino que siente un apego excesivo por el idioma original del texto. Así pues, nos obsequia constantemente con anglicismos: juramentos, interjecciones y estructuras lingüísticas propias de la jerga norteamericana.

En definitiva, La senda del perdedor es una novela recomendable, pese a no ser redonda. Sobre todo si eres un adolescente, ya que conseguirás empatizar fácilmente con su protagonista y su mensaje. Ojalá el resto de la saga de Henry Chinaski hubiera mantenido el nivel de esta primera entrega. 


 También de Charles Bukowski en ULAD: Aquí

sábado, 15 de junio de 2024

Alberto Moravia: Cuentos romanos

Idioma original: Italiano 
Título original: Racconti romani
Traducción (al catalán): Anna Casassas
Año de publicación: 1954
Valoración: Entre recomendable y está bien

Aprecio muchísimo a Alberto Moravia. Y eso que, mientras que sus novelas Los indiferentes, El conformista o La campesina me entusiasmaron, escarceos posteriores en El hombre que miraLa mujer leopardoAgostino o El tedio me dejaron un regusto agridulce. 

Ahora llevaba bastante tiempo sin leer nada del escritor italiano. Y qué mejor oportunidad para darle otro sorbito a su ficción que con algunos de sus Cuentos romanos, traducidos al catalán por Comanegra. Aunque en su momento ya había devorado dos antologías en español que compilaban un buen puñado de estos cuentos, apenas recuerdo nada de ellos, más allá de que, pese a gustarme, me parecieron un tanto pedantes, densos y serios.

Nada pedantes, densos ni serios son, en cambio, los cuentos seleccionados por Comanegra; al contrario, los considero asequibles, entretenidos y amenos. Y me pregunto si eso se debe a que estos en concreto evocan a Natalia Ginzburg (registro coloquial, prosa sencilla, premisas humildes, intenciones modestas...) o a la desenfadada traducción de Anna Casassas.

En fin, hablemos de los Cuentos romanos de Comanegra. Todos son sumamente breves, de como mucho diez páginas de extensión. Todos transcurren, obviamente, en Roma, salvo "La vida al camp", que va de un joven que abandona temporalmente la capital italiana. Todos los protagonizan hombres que, asimismo, son de clase baja y casi siempre actúan como los narradores en primera persona de la historia.

Los protagonistas de estos Cuentos romanos no son particularmente memorables, pero tanto su voz como su manera de pensar están perfectamente delineadas. Además, el autor les otorga en cada cuento un arco de personaje, básico pero arco de personaje a fin de cuentas, a realizar (o a fracasar realizando, como sucede en "El pensador", "La ruïna de la humanitat" y "Mira'm i no em toquis").

El sentido del humor de estos cuentos es delicioso. Engañosamente amable, en el fondo es bastante negro pero nunca cae en lo cínico. Algo que me hizo esbozar una sonrisa, por ejemplo, es que en "No dic que no", durante dos discusiones conyugales (la primera en plena noche de bodas sobre el número de asistentes a la ceremonia, y la segunda más entrada el matrimonio sobre la cantidad de hijos que tiene un camarero), ambos contendientes tuvieran, técnicamente, razón.

Me han seducido algunas de las meditaciones que cuelan estos cuentos. Nunca subestiman a los temas en torno a los cuales giran, pero se presentan con humildad. Aquí tenéis una de ellas: «Suposo que la cara de cambrer és la cara que agrada als clients, que no cal que tinguin cara de clients perquè ells no han d'agradar a ningú, mentre que els cambrers, si volen continuar fent de cambrers, han de tenir justament cara de cambrers.» (pág. 54) Otra: «L'únic que tenia alguna cosa a dir era jo, justament perquè, a diferència d'ells, a mi els negocis m'anaven malament i això em feia reflexionar, i la reflexió, si bé no omple la panxa, en canvi omple el cervell.» (pág. 75)

Otra cosa de estos Cuentos romanos que destacaría es mi reencuentro con la maestría de Moravia para las descripciones. Sobre todo las físicas de los personajes, cuyo aspecto e indumentaria el autor perfila siempre con trazos contundentes, precisos y expresivos, pero también las de la naturaleza o los paisajes. Una de estas últimas que me ha cautivado es la de Roma vista de noche desde una terraza, pues la ciudad se transforma en «un pastís negre cremat, amb tot de clivelles de llum, i cada clivella era un carrer.» (pág. 110)

Mi cuento favorito del conjunto es, de lejos, "El terror de Roma". Sin alejarse del costumbrismo tragicómico que caracteriza al resto, recuerda poderosamente al realismo sucio de John Fante.

Resumiendo: los Cuentos romanos seleccionados por Comanegra son tan básicos como efectivos. A sus modestas intenciones los eleva el oficio de Moravia, un acabado de lo más meritorio y un pulso narrativo envidiable. Los recomiendo sobre todo a personas que amen la sencillez (que no simplicidad) de autores como Natalia Ginzburg y gusten de un humor negro a la par que amable.

Por último querría dar una opinión muy personal: el catalán no me parece una lengua con un repertorio léxico adecuado para escribir o traducir textos groseros. En los Cuentos romanos de Comanegra hay algunas escenas en las que los personajes usan insultos, pero éstos son casi siempre, al menos a mi juicio, bastante ridículos; pienso, por ejemplo, en esos proferidos en la página 177 («animal», «desgraciat», «mitjamerda», «canalla», «malparit», «pendulari», «pocavergonya», «tarambana» y «enze»).


También de Alberto Moravia en ULAD: Aquí

sábado, 25 de marzo de 2017

Colaboración. Ben Hamper: Historias desde la cadena de montaje

Idioma original: inglés
Título originalRivethead: Tales from theAssembly Line
Traducción: Lucía Barahona
Año de publicación: 1.998
Valoración: Muy recomendable
  
Para los que no lo conozcan, Ben Hamper es un icono de las letras en la reciente literatura norteamericana. Desciende de una dinastía de trabajadores de la General Motors. Su padre, su abuelo y él mismo trabajaron durante más de 30 años en la producción de automóviles en la creciente industria norteamericana del siglo XX. Una dinastía de ratas de fábrica, según el propio Hamper. Antes de la llegada a la fama a través del presente libro, Hamper tenía una columna muy leída en La voz de Flint, que era editada por Michael Moore, con el que tuvo muy buena relación, siendo el que prologa esta edición, donde se dieron a conocer sus historias en la cadena a través del personaje Cabeza de remache.
A través de una narración sencilla y sin florituras, nos acerca a la problemática del obrero: la tiranía del reloj que les impide salir escopeteados al bar más cercano, la relación directamente proporcional entre los trabajadores de las fábricas con la cerveza, las resacas y el alcoholismo de los propios trabajadores, que están presentes día sí y día también. Todo narrado en el estilo característico que nos recuerda a Bukowski, a John Fante, a Hunter S. Thompson, y a toda la crew del realismo sucio.

Ben Hamper nos mete de lleno en la cadena de montaje; el olor a sudor, el aire asfixiante, la repetición de la repetición, la camaradería de los trabajadores, la verdadera libertad que da el dinero fácil y la vida sencilla de necesidades del alcohólico. Y no solo eso, además de la cadena, destripa su vida de obrero, las broncas con su pareja y el jefe, las anécdotas de los compañeros de trabajo cuando salen dispuestos a beberse una piscina, las intentonas de Ben y sus colegas de formar una banda de rock.
Las ganas de huir se leen entre líneas, su frustración al hacer un trabajo repetitivo, repitiendo los trabajos de sus progenitores y sus repetidos destinos. Pero todo ello desde la fortaleza del trabajador incansable capaz de aguantar horas y horas a destajo, que se emborracha con cerveza barata para no perder la cabeza.

El estilo de Hamper es directo, mordaz y, sobre todo, veraz. No narra sus penurias y su destino truncado con ningún atisbo de pena, sino con el orgullo obrero por delante, como si su vida fuera la mejor de las vidas posibles. Una tragicomedia moderna, entre restos de aceite entre las manos y parachoques. Un canto a la vida obrera, perra, mal pagada y de la que solo te queda el recuerdo del dolor de costillas de cargar todo el día con la maldita pistola remachadora.


Firmado: Guzmán García

lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo mejor del 2017, ULAD dixit

Marc Peig dice:

Juan G. B. dice:

Koldo CF dice:
  • Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
  • Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
  • Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
  • Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
  • Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
  • Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
  • Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti) 
  • Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
  • Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
  • Propósito 2018: Apuntarme al gimnasio y sacar a Marc del lado oscuro knausgardiano

Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
  • Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
  • Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
  • Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
  • Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
  • Mejor libro de relatos'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
  • Peor libro de relatos'Alevosías', de Ana Rossetti
  • Mejor libro de historia/pensamiento/política'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
  • Mejor libro de arte/estética'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
  • Descubrimiento del año'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
  • Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
  • Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.

Oriol Vigil dice:
    • Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
    • Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
    • Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    • Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
    • Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
    • Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
    • Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
    • Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
    • Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
    • Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
    • Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.

      Beatriz Garza dice:
      • Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
      • Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
      • Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
      • Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
      • Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
      • Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
      • Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
      • Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica. 

      Carlos Ciprés dice:
      • Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
      • Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
      • Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
      • Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
      • Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
      • Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
      • Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
      • Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.

      Santi dice:

      Francesc Bon opina:
      • He tenido años mejores
      • No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
      • Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
      • Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno":  La uruguaya de Pedro Mairal
      • Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
      • Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
      • Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
      • Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
      • Lista de deseos: tiempo 
      Montuenga dice:

      FICCIÓN:

      NO FICCIÓN: