sábado, 10 de julio de 2010

Muriel Barbery: La elegancia del erizo

Idioma original: francés
Título original: L'élégance du hérisson
Año de publicación: 2006
Valoración: repugnante

Después del affaire Rayuela de hacer unas semanas, pensaba que iba a pasar mucho tiempo antes de que me decidiese a escribir una reseña negativa. Pero cuando un libro me cabrea tanto como me ha cabreado La elegancia del erizo, y me parece tan tramposo y tan falso, no puedo resistirme. Y sé que a mucha gente este libro le ha gustado, le ha parecido precioso, tierno y maravilloso, pero lo siento, yo no lo trago.

Voy a intentar razonar mi opinión, para que no me acusen de subjetivista. Empecemos por los personajes, que son inverosímiles, planos, plagados de tópicos y ni con mucho tan adorables como debe de pensar la autora: una portera de un elegante piso parisino, que esconde una cultura autodidacta deslumbrante; una niña inteligentísima y con tendencias suicidas; y un empresario japonés encantador que se traslada al edificio. Lo que pasa es que, sí, Renée (la portera) y Paloma (la niña) serán listísimos, pero también son increíblemente engreídos, pagados de sí mismos, con una actitud de superioridad moral e intelectual repugnante. Parece mentira que esos sean los personajes con los que tenemos que identificarnos y con los que, de hecho, la gente se identifica. Porque del resto de personajes no hay nada que decir: son los estereotipos más facilones y baratos del pijo burgués parisino seudointelectualoide, y aparecen tratados sin el menor rastro de humanidad ni simpatía; y que en este caso el estereotipo ataque a los de arriba en vez de a los de abajo (o los de afuera) no lo hace menos estereotipo, ni menos facilón. ¿Se puede ser más maniqueo que Barbery en esta novela? Lo dudo.

Respecto a la trama, qué decir: en la primera mitad de la novela apenas la hay. Y después, cuando comienza a avanzar, con la aparición del japonés Ozu, lo hace de manera tan forzada, tan brusca, tan poco natural, tan manipulada por la autora, que resulta increíble. No hay ni el más mínimo concepto de tensión narrativa, de suspense, de evolución (coherente) de los personajes. Las cosas pasan porque sí, porque Barbery necesita que pasen para conducirnos adonde quiere llegar, y pasan además en poquísimas páginas. Señora Muriel: para que dos personas conecten y se reconozcan no hace falta que les gusten exactamente las mismas novelas, películas, bebidas, canciones. No hace falta que uno se llame como el director favorito de la otra, o que sus gatos tengan nombres tomados de la misma novela. Y por si todo eso fuese poco, y por si tuviésemos poco nivel de glucosa, en el desenlace decide añadir dos nuevas dosis de kitsch: la confesión de Renée, y los dos capítulos finales (me los callo, por no destripar la novela, pero son verdaderamente tan empalagosos como innecesarios).

Termino con el estilo, en el que, claro, siempre nos puede quedar la duda de si se debe al autor o al traductor (aunque prefiero darle al traductor el beneficio de la duda). En primer lugar, la novela está escrita a dos voces: la voz de Renée, que cuenta lo que ocurre, y los escritos intercalados de Paloma; pues bien, las dos voces son exactamente iguales: no hay diferenciación estilística notable de ningún tipo. Una portera de cincuenta y cuatro años con callos en los pies, y una "niña bien" resabiada de doce escriben exactamente igual. Gran avance de la narrativa occidental. Por no hablar del tono pedante y la sintaxis enrevesada (por no decir torpe) que salpica la novela. Me permito poner dos ejemplos dos de este "lenguaje melodioso" (según la contraportada del libro):
...mi juventud escolar llegó hasta el certificado de estudios, antes del cual me había cuidado muy mucho de no llamar la atención -asustada por las sospechas que sabía que en el señor Servant, el maestro, había levantado el descubrirme devorando con avidez su diario, que no hablaba más que de guerras y de colonias, cuando apenas contaba yo diez años.
Como Kabuko Okakura, el autor de 'El libro del té', que se lamentaba de la revuelta de las tribus mongoles en el siglo XIII no porque hubiera traído consigo muerte y desolación, sino porque había destruido, entre los frutos de la cultura Song, el más preciado de ellos, el arte del té, sé como él que no es un brebaje menor.

Y si es (según yo mismo) una novela tan horrible, ¿cómo se explica su éxito? Pues hay varios motivos: primero, porque es una novela de esas que en inglés se llaman feel-good: te hace sentir bien al hacerte identificarte con tres personajes diferentes, inteligentes, cultos (y lectores), de manera que el lector también se siente miembro de una secta especial de gente especial. Porque recurre al tópico (topiquísimo) de los personajes solitarios que por fin consiguen comunicarse con alguien (ah, Murakami). Si a eso le añadimos una pátina de erudición -la mayoría de las veces, forzada-, el libro adquiere además el prestigio de lo serio. Y si para terminar metemos en el cóctel unos cuantos detalles melodramáticos y sentimentaloides, sobre todo hacia el final, para que el lector llore a gusto, ya tenemos montado el best-seller.

En fin, que por si no ha quedado claro, La elegancia del erizo me ha parecido una novela falsa, tramposa, pretenciosa, maniquea, manipuladora, inverosímil y mal escrita. Que no me ha gustado, vaya.

22 comentarios:

Ensada dijo...

¡Amén!

Montuenga dijo...

¡Lo sabía, lo sabía! Se huele de lejos.

Orlando dijo...

Por Dios, cualquiera se atreve a discrepar, jaja. Yo la leí cuando fue publicada y no la recuerdo tan terrible, pero...

Esta misma mañana he acabado "El fin de la aventura", de Graham Greene. El amor, el odio por lo que se ama sin remedio, los celos, Dios, la falta de fe, la necesidad de la fe... Os la recomiendo.

Ian Grecco dijo...

Jejeje...Muy buena reseña, muy bien argumentada.

Esperemos que los seguidores de la Barbery no sean tan fieles como los de otros/as que yo me sé, porque vamos a tener otra nueva Grande Polémique...

Paula dijo...

¡Parece que te has quedado a gusto!

No creo que nadie pueda tacharte de "subjetivista": tus opiniones están perfectamente argumentadas.

Una estupenda reseña "repugnante".

Arrate dijo...

Alguien me dijo una vez que la niña le recordaba mucho a mí :(

Ensada dijo...

Alguien que no te quería bien, supongo.

Anónimo dijo...

Sal de mi cabeza, sal de mi cabeza!!

Anónimo dijo...

Sal de mi cabeza, sal de mi cabeza!!!

Anónimo dijo...

Estoy completamente de acuerdo que es aburrido y que no pasa nada. Pero si fuera tan fácil que un libro fuera best-seller dime como hacerlo o mejor si quieres escribe uno o dos para forrarte y luego te dedicas a escribir lo que más te guste.¿No crees?
Eso me parece arrogante por tu parte.

Santi dijo...

Hombre, está claro que si tuviese la receta mágica para escribir un best-seller, me habría puesto a ello :) La verdad es que es difícil explicar por qué unos libros arrasan en las librerías y otros no. Sigo diciendo que me sorprende el monumental éxito de la trilogía Millenium, que no son precisamente novelas fáciles de leer (ni de llevar en el bolsillo). Más bien lo que he intentado hacer es explicar, a posteriori, qué elementos de La elegancia del erizo creo que contribuyen a hacerlo un best-seller, o por lo menos un candidato a best-seller. Y sí tengo claro que, si fuese una novela tan "rompedora" y "ácida" como cree ser, no habría vendido ni la mitad de la mitad de la mitad. El hecho de que haya sido aclamada por público y crítica por igual prueba, diría yo, que su supuesta crítica a la sociedad francesa es de lo más inofensiva...

Ensada dijo...

Es que a mi me gustaría saber en qué critica a la sociedad francesa. O si vamos más lejos, en donde critica algo.

Carla dijo...

Qué reseña más divertida.....y más lúcida. A mi tambien me pareció la novela tramposa y poco interesante, las protas me parecieron dos bobas que no viven la vida pero se permmiten el lujo de poner a caldo al resto de la humanidad porque...oh! no leen a Tolstoi. Lo que más me mosquea es que me lo recomendó mi pareja.

beatrix kiddo dijo...

Ya lo comenté en otro blog jaja, que este libro ni me lo terminé,me pareció de una pedantería gratuíta que sobraba en muchas ocasiones… demasidas florituras innecesarias a veces, como si la autora quisiera vomitar todo lo que sabe de una… pero, pa gustos colores…

Ah! y Murakami me gusta, aunque ya sepas qué tipo de personaje va a ser su protagonista ;-)

Juan A. Secas dijo...

No leí esto, pero Rapsodia gourmet me ha parecido realmente un mal libro.

pequenia alesita dijo...

pensé exactamente lo mismo... me la recomendaron mucho, y me pareció de un desborde de pedantería y snobismo. literalmente me hizo enojar y todavía no me animé a devolverlo para no tener que decirle a la persona que me pareció una porquería.

Anónimo dijo...

Leo vuestras críticas, y aunque no he leído muchos de los libros que tildáis de repugnates -no entro a valorar si son buenos o malos libros- repugnate resulta más bien esa calificación en sí misma. También me parece poco elegante la manera en que hacéis esas críticas negativas de los libros que, con más o menos razón, consideráis malos, así como los comentario de tipo moral o político que dejáis caer a veces en las críticas, fuera de lo estrictamente literario.
Imagino que la idea no es molestar a nadie, pero seguro que podéis hacer críticas igualmente justas sin resultar tan soeces.
Gracias por las muchas referencias de libros.
Saludos

Lourdes dijo...

Yo lo acabo de leer y opino que pone la filosofía pura al alcance de todos. Es difícil de leer porque el análisis de ciertos conceptos como el arte, la belleza, el sentido de la vida, son difíciles de explicar, no? Si además hubiera una trama sería complicado de seguir. Aunque coincido en que sobra el final, No es tan malo!

Y ahora, después de este, qué me recomiendas?

Saludos!!!

Anónimo dijo...

Yo reconozco haberme reído con ciertos detalles relativos a la vida de los pijos parisinos, en especial los comentarios acerca de la madre de una de las dos protagonistas. Pero sí, la división es maniquea y simplista y el final de la novela, junto a la historia de amor, es lo más melodramático y azucarado que imaginarse pueda.
Me la regaló mi hoy mujer cuando empezamos a salir y por eso guardo un buen recuerdo de ella...

Anónimo dijo...

Coincido totalmente en vuestras criticas y añado que considerar filosófica a esta porquería es poner la filosofía a la altura del betún.

galgata dijo...

JAJAJA. ¡Qué excelente reseña! Yo lo leí y me gustó, aunque también lo encontré presuntuoso... El análisis sociológico de los lectores te quedó buenísimo. A veces es tan cierto. Leer algo especial, para ser especial también. No deja de ser dulce, en su ingenuidad.

Alf- Buenos Aires dijo...

No me gustó el libro: pretencioso (las disquisiciones filosóficas de la autora, ay!), desparejo (los pocos y malos párrafos que relatan la relación entre la protagonista y su marido son de una chatura tan decepcionante que casi me hacen dejar el libro) y poco creíble (¿una portera cultísima, hija de campesinos analfabetos, escondida en una triste casa de departamentos de París y que enamora a un millonario japonés? uhm...). Curiosamente la "modesta" y gris portera tiene la postura de una intelectual soberbia y quisquillosa mirando (ocultamente, eso sí) sobre el hombro a esos burgueses ricos a los que les atribuye (injustamente?) una cultura superficial.
¿Acaso la portera, a su modo, no es tan arrogante, fatua, nimia e intrascendente como sus criticados vecinos?
Además, esa persistencia en separar tajantemente pobres de ricos (más propio de la literatura de finales del siglo XIX ), no me parece sino un forzado recurso literario para dar más efectividad a la trama.
Solo el final (pocas hojas) redime el libro.
A todo esto los lectores hispanoamericanos debemos sumar una mediocre y provinciana traducción española que nos obliga a leer barbarismos como "clochard"?? (¿se usa esa palabra en España?), antiguallas como "zafia", enigmas como "guerrera de tres al cuarto"(??), errores como "la Universidad" y "el Arte" con mayúsculas, etc, etc.