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lunes, 7 de septiembre de 2026

Valeria Luiselli: Principio, medio, fin

 Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: imprescindible


Este libro es una maravilla. A partir de ahí, vamos a ver si consigo transmitirles el sentido de tan elevada valoración. Nos encontramos con un libro original, valiente, excelentemente narrado y exquisitamente cerrado. Y es que su autora, la escritora mexicana Valeria Luiselli, derrocha talento y nos presenta una obra enormemente ambiciosa que se sitúa a medio camino entre la novela, el ensayo y la autoficción, y tocando géneros tan diversos sale airosa de todos ellos.

La obra comienza con la llegada de una madre y su hija a Sicilia. La madre está escribiendo una novela, se acaba de divorciar y está buscando reorientar su vida. La hija es una adolescente que cuestiona, porque está en edad para ello, muchas de las decisiones de su progenitora. Asistiremos a lo largo de la novela a un continuo proceso de crecimiento personal, tanto de la madre como de su hija, que iremos comprobando a través de los  diálogos que sostienen. Porque como señala la protagonista, en este momento de su vida se encuentra en el medio: " Me queda claro lo que ocurre en el medio, a la mitad de las cosas: si la vida es una especie de arco y una está parada más o menos a la mitad por ahí de los cuarenta años, parada, pues, en su ápice, lo que se observa es, de un lado, a los hijos entrando a la vida, empezando su camino, y del otro lado del arco, a los padres, en su camino hacia fuera, retirándose. La mitad, entonces, es ese lugar difícil desde el que se observa como la vida se encuentra con la muerte, cómo la llegada se anuda con la partida. La mitad es el lugar donde el principio y el final se entrelazan de manera terrible e irremediable".

La idea del viaje a Sicilia no es casual. La bisabuela de la familia era siciliana y en un momento dado abandonó la isla buscando mejorar su vida. En esa huida se llevó consigo un mosaico robado de la Villa de Casale, donde trabajaba en las excavaciones,  que representa la cabeza de Proteo, un dios griego capaz de cambiar de forma y predecir el futuro, que dará pie a la autora para introducir en la trama una serie de elementos mitológicos y de cultura clásica.

La madre y la hija consideran que  el mosaico debe regresar al lugar al que pertenece y viajan por la isla para devolverlo. La inquietante presencia del Etna, de las tormentas, de los vientos que dan nombre a cada uno de los cuatro capítulos en que se divide el libro y los incendios que asolan la isla acompañarán a nuestras protagonistas que van transmitiendo por internet a su abuela, que vive en México, tanto su periplo por la isla como los avances en la novela de la madre. Estos correos a la abuela sirven a la escritora mexicana para realizar un ejercicio metaliterario, en el que se nos desvelan las relaciones entre la escritura y la vida: "Una novela sobre una madre y su hija, una hija y su madre, viajando a lo largo de alguna orilla hacia otro marco temporal. Una novela a la mitad, en el medio de la novela, a medio camino de las cosas. ¿O no es una novela sino un ensayo? Tal vez la mitad no quepa en la arquitectura apretada de las novelas, en el corsé de la trama. Tal vez la mitad, la parte de en medio, sea más afín al espíritu holgado, deambulante del ensayo. Tal vez tenga que ser un ensayo hasta que pueda volver a ser una novela. Un ensayo con un principio, un medio y un fin".

Luiselli va construyendo un mosaico en que, más allá del viaje de las protagonistas, se van relacionando las vidas de las cuatro generaciones representadas por la bisabuela, la abuela, la madre y la hija. La memoria y la maternidad son, sin duda, los ejes de la novela: "Pensamos que lo que les damos a nuestra hijas es algo así como una estafeta en una carrera de relevos. Les pasamos lo que tenemos para que ellas continúen su camino solas, pero con más herramientas, y tal vez gracias a eso puedan tener mejores vidas, tomar mejores decisiones".

Efectivamente, la hija tomará ese relevo y se convertirá en protagonista final de la novela en un giro inesperado que demuestra el enorme talento como narradora de Luiselli. Así escribe la hija a su abuela: "Yo sé que Mamá no te ha mandado nada todavía. No te ha mandado nada porque no ha terminado, es muy lenta. Escribió la primera parte y luego la parte de en medio, pero dejó toda la parte final vacía. Y ya no va a tener tiempo para escribirla. O tal vez nunca va a poder escribir el final, tal vez le da miedo o le da flojera o simplemente no sabe cómo es el final". Aquí debería citarles el maravilloso párrafo final del libro, tal como lo escribe la hija, pero sería un spoiler inexcusable. 

Al final del libro, a modo de epílogo, se incluye un anexo con 32 polaroids que recogen el itinerario de nuestras protagonistas  y un QR que contiene un archivo de sonidos recogidos en la isla.

Esta es mi mejor lectura del año. Una novela escrita con elegancia y naturalidad, con unos diálogos deliciosos y sugerentes entre las protagonistas, con referencias continuas a temas literarios y filosóficos, con reflexiones precisas sobre la vida, la memoria y el paso del tiempo  y con el telón de fondo de la maravillosa Sicilia. Imprescindible.

También de Valeria Luiselli en ULAD: Los ingrávidos, Los niños perdidos, Desierto sonoro

miércoles, 16 de febrero de 2022

Lo mejor de 2021: Lo que opinan nuestros lectores

Con cierto retraso y tal como avisamos, estas son las listas que nuestros lectores han enviado indicando sus lecturas favoritas del 2021.

En riguroso orden de llegada.

Os agradecemos vuestra colaboración y, ya que estamos, nos encanta la enorme diversidad de vuestras elecciones.

Salud y cultura, amigos.

Anónimo

Ficción

Libros que merecen mejor valoración en el blog

Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino

Tres tristes tigres de Cabrera infante


Libro que me gustaría que reseñaran nada más que para ver qué valoración le dan

La mano junto al muro/El falso cuaderno de Narciso Espejo de Guillermo Meneses


Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz de Bryce Echenique


Nada que decir, apuestas seguras

Pedro Páramo y el llano en llamas de Rulfo

Ficciones de Borges

Pantaleón y las visitadoras de Vargas Llosas


Imprescindibles en el blog pero no en mi corazón

Bajo el volcán de Lowry

La insoportable levedad del ser de Kundera


No ficción

Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

Sociología y pragmatismo de Wright Mills

La distinción de Bourdieu

La selva de los símbolos de Turner


Relectura necesaria

La imaginación sociológica de Wright Mills

Outsiders de Howard Becker

La zona gris de Auyero


Libro de método que parece un fastidio pero que puede ser grato para gente de otras áreas

Los trucos del oficio de Becker

Describir el escribir de Cassany

Decir casi lo mismo de Eco


Clásicos que faltaban

La rebelión de las masas de Ortega y Gasset

Técnica y civilización de Mumford


Libros de mi país o sobre mi país que me gusta releer

Adiós al socialismo de Del Búfalo

La renta y el reclamo de Bautista Urbaneja

El Estado mágico de Coronil


Conseguidos por sorpresa

Orientalismo de Said

La invención de Irlanda de Kiberd

Comunidades imaginadas de Anderson


Gabriel Diz

Les dejo una selección de lo que he leído en 2021. Son 13 libros en total, algo más de uno por mes. Estuve un rato largo intentando dejar la lista en 12 para que fuera un libro por mes pero no lo logré:


1)Jane Eyre (Charlotte Bronte)

2)El corazón del daño (María Negroni)

3)Años luz (James Salter)

4)2666 (Roberto Bolaño)

5)Las tres vanguardias (Ricardo Piglia)

6)La virgen cabeza (Gabriela Cabezón Cámara)

7)Nuestra parte de noche (Mariana Enriquez)

8)La hermana menor (Mariana Enriquez)

9)El sueño de los héroes (Adolfo Bioy Casares)

10)Prins (Cesar Aira)

11)La sangre manda (Stephen King)

12)La llamada del Cthulhu (H.P. Lovecraft)

13)Persecución (J.C. Oates)

Carlos Ávila:

El descubrimiento del año: la escritora mexicana Fernanda Melchor. De

todas formas ha sido un año prolífico en esto con Alejandro Zambra, Óscar

Martínez, Kent Haruf o Andrea Abreu entre otros.

Relectura de clásicos: Memorias de un europeo de Stefan Zweig.

Decepciones: Serge de Yasmina Reza y No tengo tiempo. Geografías de la

precariedad de Jorge Moruno.

Autores que no me fallan: Marín Caparrós y su Ñamérica, Leila Guerriero

con Frutos extraños y Carrère con Yoga.

Buenas investigaciones y muy bien contadas: No digas nada de Patrick

Radden Keefe y Laëtitia o el fin de los hombres de Ivan Jablonka.

Una autobiografía muy potente: Trilogía de Copenhague de Tove

Ditlevsen.

Libros para reírse con ganas y desconectar: Cualquiera de los tres de relatos

de Kenneth Cook.

Lecturas que dejan mal cuerpo pero que es necesario hacer: Antisocial de

Andrew Marantz y Extrema derecha 2.0 de Steven Forti.

Propósito para 2022: Seguir y seguir leyendo cada día y atreverme con

Guerra y paz.

Pablo GP

Libros Preferidos:

- Donal Ryan: Corazón giratorio.

- Fiódor Dostoyevski: Los hermanos Karamazov.

- Donald Ray Pollock: El diablo a todas horas.

- Albert Cohen: Bella del señor.

- Elizabeth Kolbert: La sexta extinción.

- Mario Levrero: La ciudad y El lugar, de la Trilogía involuntaria (París me pareció más flojo).

Libros Destacables:

- Marlon James: Breve historia de siete asesinatos.

- Alan Parks: Enero sangriento.

- Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa.

- Jeffrey Eugenides: Middlesex.

- Bruce Chatwin: Colina negra.

- Peter Kaldheim: El viento idiota.

Mención honrosa:

- Alan Parks: Hijos de Febrero.

- Natalia Ginzburg: El camino que va a la ciudad y otros relatos.

- D.H. Lawrence: El arco iris.

- Chriss Offutt: Kentucky seco.

- Emmanuel Carrère: Yoga

Decepciones:

- George Saunders: Lincoln en el bardo.

- Johnny Marr: ¿Cuándo es ahora? Memorias.

- William Gaddis: La carrera por el segundo lugar.

- Hubert Selby Jr: Última salida para Brooklyn.

Maqroll El Gaviero

Mis mejores lecturas del año (las dejo en 9):

- Los siete locos (Roberto Arlt)

- Limónov (Carrère)

- La mano izquierda de la oscuridad (UK LeGuin)

- Glosa (JJ Saer)

- Me llamo Rojo (Pamuk)

- Martin Eden (Jack London)

- Kokoro (Soseki)

- El idiota (Dostoievsky)

- La suerte de Omensetter (W Gass)


Si se pudiera meter poesía: mención especial a Basilio Sánchez (“He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes”) y a Alejandra Pizarnik (cualquier cosa suya).

Ángel Muñoz

El mejor,

No digas nada, Patrick Radden Keefe, minucioso, objetivo (hasta donde uno puede serlo) y muy esclarecedor, el conflicto del IRA explicado casi como si fuera un novela de acción, espectacular.

Me daba perezón pero mira…

Línea de fuego, Arturo Pérez-Reverte, guerra civil y el más famoso de los miembros de la RAE… de entrada lo último que pensaba coger, pero me parece que Arturo sabe dar ritmo a las novelas, sabe transmitir un escenario con verosimilitud, y se intenta alejar de maniqueísmos. Lo fulminé en un plis-plas (¿estará esta expresión reconocida por la RAE?)

Me arriesgué y no me decepcionó

64, Hideo Yokoyama, citando a los inmortales No me pises que llevo chanclas, “Japón, mía que está lejos Japón” Lejos física y culturalmente, y este libro me situó en una sociedad a la que me costaba entender, con una forma de narrar que se aleja de mi zona de confort, pero mereció la pena, novela redonda.

Qué necesidad tenía yo…

A ver, que es que uno es masoca, empezar una serie de libros y dejarlos… me cuesta, y pasa lo que pasa. Entre las sagas en los que mil veces pensé para qué te metes… destaco como horrorosas, Balada de serpientes y pájaros cantores, Suzanne Collins;  La sexta trampa, J.D. Baker y La hora de los hipócritas, Petros Markaris.

Decepción especial para La era de la supernova, Cixin Liu (absurda es decir poco).

Y en el apartado me importa cero lo que me cuentas, Boston. Sonata para violín sin cuerdas, Todd McEwen (recomendación de ULAD, pero yo es que no le veo la gracia) y Contemplaciones, Zadie Smith (¿dónde está la Zadie de Dientes blancos?)

Sorpresas inesperadas

Esos libros que te llegan de algún modo raro y me han dejado impactado, La verdadera vida, Adeline Dieudonne (la violencia hacia la mujer contada de una forma distinta, sin guardar nada pero sin crudezas, obra de arte); El evangelio de la anguila, Patrick Svenson (un libro sobre anguilas, y que se queda corto… no hay mas que decir), Al final siempre ganan los monstruos, Juarma (miedo me daba la expectación creada, y merece la fama que tiene).

Me hicieron reír, mucho

Antes todo esto era campo atrás, Pablo Lolaso (solo para amantes del baloncesto), Subidón, Joaquín Reyes (solo para amantes… pues eso de la muchachada)

Para pasar un buen rato, con ciencia-ficción

Proyecto Hail Mary, Andy Weir (este autor tiene un don cuando habla del espacio) El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, Becky Chambers (exquisito, no es el qué les pasa, son los personajes los que hacen esta novela)

Zoila Blanco

ATRAPA LA LLEBRE (L.Bastasic)

Y LLOVIERON PAJAROS (J.Saucier)

VERA (E. von Armin)

ELS DICS (I.Solá)

LA DRECERA (M.Martin Serra)

LAS LEALTADES (De Vigan)

LA AVERIA (F.Dürrenmatt)

ELS PROSCRITS DE SANTA FE (J, Masanès)

EL RETORN DEL CATO (M. Asensi)

TSUNAMI (A. Pijuan)

LLUM DE FEBRER (E.Strout)

L'ANY QUE VA CAURE LA ROCA (P. Coll)

LA KLARA I EL SOL (I. Kazuo)

AMARILLO (F. Romero)

EL IMPERIO DE YEGOROV (M. Moyano)

LAS GRATITUDES (De Vigan)

Sergio Borao Llop

Ante todo, gracias por las reseñas diarias.

En segundo lugar, os paso la relación de lecturas destacadas de este año que termina (tal vez -mi memoria no es tan precisa- vaya también alguna del 2020). El orden es alfabético por apellido de autor

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler

Noir, de Robert Coover

Todo lo que muere, de John Connolly

La casa de hojas, Mark Z. Danielewski

Solo el silencio, de R. J. Ellory

X, de Percival Everett

Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau

Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James

El gran cuaderno, de Agota Kristof

El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri

Cuentos completos, de Mario Levrero

Ánima, de Wajdi Mouawad

Plop, de Rafael Pinedo

Las primas, de Aurora Venturini

Michi:

Mejor novela hispanoamericana: El día del Watusi - Francisco Casavella y Basilisco - Jon Bilbao

Mejor novela de lengua extranjera: Un mapa para un crimen - Collin Harrison y El club de los

mentirosos - Mary Karr

Mejor novela en galego: O paraíso dos inocentes - Antón Riveiro Coello 

Mejor libro de viajes: La frontera - Erika Fatland; Los sótanos del mundo - Ander Izagirre; El río de la luz - Javier Reverte 

Mejor ensayo sobre música: The Stooges: Combustión Espontánea - Jaime Gonzalo y Hotel California - Barney Hoskyns 

Mejor ensayo medioambiente: Sueños Árticos - Barry Lopez 

Mejor ensayo sobre cine: El otro Hollywood - Legs McNeil y Jennifer Osborne 

Mejor novela negra: La playa de los ahogados - Domingo Villar 

Mayor decepción: Desierto Sonoro - Valeria Luiselli y Temporada de Huracanes - Fernanda Melchor 



miércoles, 16 de diciembre de 2020

ULAD: Lo mejor que nos dejaron leer en 2020

Hagamos como en el popular juego de mesa: a ver si conseguimos omitir ciertas palabras que van a definir el 2020. Pero primero, una escueta explicación del título de nuestra entrada. "Nos dejaron" se refiere a las circunstancias: a las generales y a las de cada uno. Porque nos afectó de formas distintas. Algunos leyeron como nunca y a otros lo que sucedía (perdón: lo que aún está sucediendo, en un presente continuo que se transforma en futuro condicional) les impedía concentrarse, les acaparaba la atención hasta situarse en un primer plano incómodo y fascinante. Pero "nos dejaron" también puede interpretarse de otra manera: cuando se han necesitado vías de escape, se ha podido ir a cortarse el pelo, pero no a ver una obra de teatro, se ha podido adquirir tabaco, pero no trastear estantes de libros en librerías o bibliotecas. Y, sin negar lo demagógico de estas afirmaciones, sí que esos hechos son representativos de la sociedad en que vivimos y de sus prioridades. La cultura, en la cola de espera. Aquí no podemos, no debemos estar de acuerdo.

 

Beatriz Garza

Libro/ autora del año: El quinto hijo de Doris Lessing

Lectura revelación: Lectura fácil de Cristina Morales

Relectura provechosa del año: El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence

Lecturas "gallina de piel" del año: El color púrpura de Alice Walker y Las malas de Camila Sosa

Lectura sanadora del año: La ciudad de los arquitectos de Llàtzer Moix

Formato revelación: "miniensayo" o "minicrónica" como Un miércoles de enero de Bob Pop, Ofendiditos de Lucía Lijtmaer y Contarlo para no olvidar de Maruja Torres y Mónica G. Prieto

Buenos propósitos para el 2021: llegar cuerda al 2022

 

Carlos Andia

Mejor novela (2x1): Siglo XX: El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Siglo XXI: Corazón giratorio, de Donal Ryan

Microrrelato: Obras completas (y otros cuentos), de Augusto Monterroso 

Clásico: Tiempos difíciles, de Charles Dickens 

Teatro (ex-aequo): Aquí no paga nadie, de Dario Fo, y Anillos para una dama, de Antonio Gala 

Ensayo histórico-político: La estirpe del camaleón, de Julio Gil Pecharromán  

Un tocho interesante, de toda la vida: La democracia en América, de Alexis de Tocqueville

Un monstruo ingobernable (pero una lectura que nunca se olvidará): Finnegans Wake, de James Joyce

Libro de viajes: En las antípodas, de Bill Bryson

Relectura del año: El templo del alba, de Yukio Mishima

Diario de guerra: El abrazo de los muertos, de José de Arteche (en enlace no sale bien)

Y dejamos para el final lo más flojito:

Libro de relatos: Ninguno convincente, o sea, premio desierto

Y ni con un palo: nada de David Foenkinos (pongo el enlace de Hacia la belleza por si alguien quiere saber por qué)

 

Francesc Bon

Otro año más bien desastroso: escarbando en el baúl de los grandes clásicos del siglo, tras comprobar demasiado a menudo que las grandes novedades me siguen dando disgustos y pereza a partes iguales. Es mi culpa, seguro. Bueno, casi seguro.

Propósitos de año nuevo: encontrar algún nuevo autor de ficción que me deje patidifuso (habiéndolo buscado previamente), aunque me veo probando otra vez con la obra de Philip Roth o William Faulkner, que me han dado grandes satisfacciones, de nuevo, y a lo mejor de eso se trata

Libro del año: Falso espejo, de Jia Tolentino (sin negar lo fresco y reciente de la sensación, una autora que no desperdicia palabrería en conceptos vacíos)

Tiempo desperdiciado: segundas oportunidades a quienes no lo merecen, como el plasta de Vilas o algunos que no merecen ser mencionados (Vilas sí, por prolongar su impostura)

Me lo imaginaba más grande: Exhalación, de Ted Chiang, al que encontré sobrevalorado.

Un poco hartito: de la literatura queer et al hacinándose en un rincón, refractaria a ser evaluada objetivamente.


Juan G. B.

Ensayo del año: El infinito en un junco, de Irene Vallejo.

Mejor novela histórica de Ciencia-Ficción: Proletkult, de Wu Ming.

Novela negra de fantasmas: La apariencia de las cosas, de Elizabeth Brundage.

Latinas Power: Ladrilleros, de Selva Almada; Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor; Las voladoras, de Mónica Ojeda.

Agradables sorpresas: La voz y la espada, de Vic Echegoyen y Matèria de Bretanya de Carmelina Sánchez-Cutillas.

Cierta decepción: El olor del bosque, de Hélène Gestern.

Aún no lo tengo claro: Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, Desierto sonoro, de Valeria Luiselli; Noche y océano, de Raquel Taranilla.

Libro que no me atreví a reseñar: Apocalipsis, de Stephen King.

Leeré en 2021: Algo de José Luís Peixoto, si encuentro una buena traducción, que es difícil...


Koldo CF

Relecturas: Los pasos perdidos, La marcha Radetzky o Nieve de primavera (3 libros imprescindibles).

Autoras rescatadas, ya sea para el público en general, como Sara Gallardo y sus magníficas Eisejuaz o Enero, o para mi en particular, como Svetlana Alexievich (no la había leído hasta este 2020) y el terrible Voces de Chernóbil. 

Novedades del año: Un debut, el de Ce Santiago con El mar indemostrable, y una novela "autobiográfica", el Porque ya no queda tiempo de Rafa Cervera

Año balcánico: Destacan Ismail Kadaré como "autor más leído este año" y la lectura de Un puente sobre el Drina de Ivo Andric.

Decepciones:  Tan malos que no merecieron ni reseña destroyer han sido "Sueños de trenes" de Denis Johnson y "Los cuadernos de Don Rigoberto" del amigo Vargas Llosa.


Marc Peig

Libro del año: «No digas nada», de Patrick Radden Keefe.

Ensayo políticosocial del año: «Como ser antirracista», de Ibram X. Kendi.

Librodenuncia del año:  «Sin más amigos que las montañas», de Behrouz Boochani.

Grandes debuts en narrativa: Xavier Mas Craviotto por «La mort lenta» y Carlota Gurt por «Cabalgar toda la noche».

Descubrimientos del año (autores): Saša Stanišić por «Los orígenes», Eduardo Lalo por «Simone»,  Claudia Rankine por «Ciudadana» e Ignacy Karpowicz por «Sońka».

Consagraciones del año: Eva Baltasar con «Boulder» y Han Kang con «Blanco».

Experimento exitoso del año: «El càstig», de Guillem Sala.

Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Stefan Zweig, Rebecca Solnit y Per Petterson.

Propósitos para el 2021: intentar evadirme de tanta novedad y volver a los clásicos (segundo intento). También hacer reseñas más breves ;-)


Montuenga

LO +

Ficción:

·       Una joya olvidada: La vagabunda de Sidonie-Gabrielle Colette.

·       Un clásico indiscutible: El color púrpura de Alice Walker.

·       Una maravilla más en la extensa obra de una autora excepcional (y cuyo premio Nobel la humanidad se va a perder por culpa de esos suecos imprevisibles): Qué fue de los Mulvaney de Joyce Carol Oates.

·    Un clásico revisitado (y convertido en thriller por obra de un maestro del género negro): Macbeth de Jo Nesbo.

·        La mejor novela histórica leída (y publicada) este año: Ni siquiera los muertos de Juan Gómez Bárcena.

·     La mejor primera novela que he leído en muchísimo tiempo: La vida verdadera de Adeline Dieudonné. (Aunque se trate de un texto intimista se lee como si fuera un thriller).

                                                                                                                                                No Ficción:

·       El mejor ensayo filosófico leído este año, riguroso, documentado y repleto de humanidad: La mujer molesta de Rosa María Rodríguez Magda. (Y con entrevista añadida).

·     Un ensayo científico muy adecuado para reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí: El cisne negro de Nassim Nicholas Taleb. (Hay sucesos que la ciencia puede prever y al ciudadano medio ni se nos pasa por la cabeza).

·     Un texto didáctico, elemental para según quién pero muy instructivo y necesario en los tiempos que corren: Querida Ijeawele de Chimamanda Ngozi Adichie. (Aunque dedicado a las jóvenes, lo deberían leer muchos/as adultos/as).

LO –

Ficción:

·       Sin comentarios: La hija de la española de Karina Sainz Borgo

·     El testamento, poco afortunado, de un clásico indiscutible del género negro (pero a él se le perdona todo): Km 123 de Andrea Camilleri

·       Una novela que aburre a las ovejas (en mi opinión, naturalmente): El verano sin hombres de Siri Hustvedt.


Oriol Vigil

-Mejor novela: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

-Otras novelas destacables (por citar sólo unas cuantas): Personajes desesperados, de Paula Fox, Tennessee, de Luis Gusmán, El quimérico inquilino, de Roland Topor, El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Le Guin, Bubu de Montparnasse, de Charles-Louis Phillipe, Ethan Frome, de Edith Wharton

-Mejores antologías: La condena, de Franz Kafka, El séptimo caballo, de Leonora Carrington, Acostarse con la reina y otras delicias, de Roland Topor

-Lo mejor en no ficción: La canción de las máquinas, de Sherwood Anderson, El mercado y la globalización, de José Luis Sampedro 

-Tochazos: Sexual Personae, de Camille Paglia, Los mandarines, de Simone de Beauvoir 

-Libros decepcionantes: El lado de la sombra, de Adolfo Bioy Casares, Barbazul, de Kurt Vonnegut, The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson, Reinas del abismo, de varias autoras

-Autores descubiertos: Isaac Asimov, Roland Topor, Mijaíl Bulgákov, Ursula K. Le Guin

-Empacho de: Literatura decimonónica, narrativa juvenil y fatalismo

 

Santi 

Dentro de lo poco que he conseguido leer este año, por falta de tiempo y de ánimo, afortunadamente ha habido algunas grandes lecturas que me han salvado el año:

  • Panza de burro de Andrea Abreu: creo que es para mí la lectura del año, por sorprendente y rompedor, este relato canario (muy canario) del proceso de crecimiento de dos niñas;
  • Basilisco de Jon Bilbao: esta no es una sorpresa, porque Jon Bilbao es un escritor consolidado, pero esta es probablemente su mejor obra. Y ni siquiera sé en qué género se clasifica;
  • Casas vacías de Brenda Navarro: una dura aproximación a la (no) maternidad, algo tremendista pero muy poderosa también.
  • La cresta de Ilión: un acierto más de la editorial Tránsito, esta reedición o revisión de un texto de la mexicana Cristina Rivera Garza sobre la identidad, los desaparecidos, el lenguaje....
  • El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Ţîbuleac, una historia cruda y poética, otra aproximación diferente a la relación entre un hijo y su madre;
  • Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan: la madre francesa de la autoficción (el padre francés sería Carrére) ofrece un relato autobiográfico centrado en la relación de la autora con su madre

Otras lecturas interesantes (ya digo que este año no han sido muchas) incluyen géneros como la crónica (El peón de Paco Cerdá), la ciencia ficción nacional e internacional (36 de Nieves Delgado, Bionautas de Cristina Jurado o El apagón de Connie Willis, aunque esta última la dejé a medias), el cómic (Los puentes de Moscú de Zapico), y cómo no, algo de literatura portuguesa, como El retorno de Dulce Maria Cardoso o De la naturaleza de los dioses, del "inevitable" Lobo Antunes. También di mi opinión sobre el "fenómeno Sally Rooney", y me hizo especial ilusión reseñar la primera novela de una buena amiga, Penínsulas rotas de Magdalena López.

Hubo otras lecturas incompletas o que me gustaron menos, pero bastantes cosas malas ha tenido ya 2020 como para terminarlo recordando lecturas decepcionantes...

 


martes, 31 de marzo de 2020

Álvaro Enrigue: Ahora me rindo y eso es todo

Idioma: español

Año de publicación: 2018

Valoración: recomendable


Hace ya algún tiempo (demasiado, lo sé, pero el tsundoku es lo que tiene) coincidieron en las mesas de novedades de las librerías españolas dos novelas históricas que, curiosamente, se desarrollaban en la misma parte del mundo pero en épocas diferentes, aunque más o menos consecutivas (*): una de ellas es Comanche, de Jesús Maeso de la Torre, novela de cubierta ferrerdalmauesca y hálito un tanto rocabareano (el que quiera, que me entienda...) que narra la lucha de los soldados de la caballería española del siglo XVIII, los llamados "dragones de cuera", contra los pérfidos indios comanche en el territorio que hoy es el Sudoeste de los Estados Unidos y en aquella época, parte del Imperio Español. Una lucha que tenía por objeto, además, proteger al pueblo apache, mucho más buenecitos por entonces (al menos, los lipán). reconozco que, de momento, no he sido capaz de terminar esta novela, y dejémoslo ahí... La segunda novela, que ocupa la reseña de hoy, es del mexicano Álvaro Enrigue y tiene un vuelo literario un poco más elevado: en este caso nos habal de la guerra de los últimos apaches libres -aquí su papel ha cambiado-, liderados por el legendario Gerónimo, contra las tropas tanto mexicanas como gringas, en ese inmenso territorio que se abría, casi desienrto entonces, a ambos lados del río Grande o Bravo del Norte, y que en este libro y en aquella época se concía como la Apachería.

En verdad, la trama de la novela se extiende desde los comienzos de la república mexicana, cuando Gerónimo era aún un niño llamado Goyahkla (Bostezo) y todos esos territorios formaban aún parte del recién nacido (o renacido) México, hasta su muerte en un campamento militar de Oklahoma en 1909, con un mayor detenimiento en la rendición en 1880, de los últimos apaches chiricahuas que, liderados por él y por el jefe Naiche, habían estado peleando contra los ejércitos mexicano y estadounidense, poniéndoles en jaque pese a la increíble desproporción de fuerzas: los apaches eeran unos 27, entre guerreros, ancianos, mujeres y niños. Todo está contado no tanto desde el punto de vista de los indios -aunque si que nos da un repaso a las figuras más destacadas de estas guerras apaches, como fueron, además de los jefes ya mencionados, otros como Victorio, Nana o el casi mítico Cochise- como de quienes les combatían o fueron espectadores de su lucha y posterior rendición; de hecho, la mitad del libro narra las vicisitudes del teniente coronel Zuloaga, de Chihuahua, para dirigir una improvisada y harto peculiar partida de rescate de una mujer mexicana secuestrada por el jefe Mangas Coloradas y sus bravos. También una buena parte está ocupada por el testimonio de los militares artífices de la rendición de Gerónimo. Y por último (y aquí tenemos el tributo, ya casi obligatorio, a la moda autoficcional que aún nos atormenta), el autor nos cuenta ciertas aventurillas de su propia vida durante la concepción de este libro, en especial el viaje que, junto a su familia, hizo desde Nuevo York, donde reside (ya se sabe que es condición muy recomendable para ser un escritor latinoamericano no vivir en Latinoamérica), hacia los estados del sudoeste de USA, pasando por el campamento militar que fue la última morada y tumba -en parte- de Gerónimo y otros célebres apaches. De este viaje volveré a tratar en breve, porque tiene cierta miga.

La idea de Enrigue era, sobre todo en la segunda mitad del libro, ir trenzando todas estas voces e hilos literarios para construir una narración coral y, desde luego, no lineal, sobre el destino final de los apaches chiricahuas, que él identifica con el proceso -por no decir guerra más o menos abierta- que comenzó con el descubrimiento y conquista del continente americano, hasta que, desde luego en Norteamérica, los pueblos indígenas quedaron arrinconados definitivamente por los de origen europeo, los "ojos blancos". También encontramos una cierta reivindicación del orgullo patrio mexicano e incluso de la mexicanidad de Gerónimo y compañía (lo que no deja de ser cuestionable, puesto que con quienes más se batieron el cobre los apaches, y a quienes más odiaban, en consecuencia, fue con el ejército mexicano, justamente). Todo esto está muy bien; el problema es que, salvo que hay algún momento en que esta combinación de voces o hilos narrativos funciona como supongo que pretendía el autor -al final, sobre todo-, pero también una parte del libro en el que esta forma de novelar resulta bastante confusa y sólo la salva el hecho, de que Enrigue es muy buen escritor: cuando toma una de estas líneas narrativas y la sigue sin interrumpirse a sí mismo, es capaz de llevar a cualquier lector por donde quiere, con su mezcla de cotidianidad histórica, épica trufada de ironía y humor (y, por cierto, qué delicia leer ese "castilla" de México, recreado, además, con una buena cantidad de arcaismos para al ocasión, o eso supongo).

Lo del viaje: resulta que Álvaro Enrigue está casado con la también escritora Valeria Luiselli y este viaje desde Nueva York es el mismo que inspiró el libro Desierto sonoro (ya reseñado en ULAD, por supuesto). Sin meternos a comparar ambas novelas, resulta curioso comprobar como una misma experiencia puede dar lugar a dos obras literarias diferentes, aunque quizás complementarias, en cierto modo.

(*) Por si a alguien le interesa, entretanto ha sido publicada la novela de Ignacio del Valle Coronado, sobre la conquista española de estos mismos territorios en el s. XVI, con muy buenas críticas.

Otros libros de Álvaro Enrigue reseñados en Un Libro AL Día: Muerte súbita, La muerte de un instalador

lunes, 30 de diciembre de 2019

Varios autores: ALTAÏR magazine. Contar(nos) el mundo


Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: muy recomendable

Dejadme que empiece primero por dejar paso a mi reprimida vena fetichista. Este libro es un objeto precioso. Con su tapa dura, su maquetación, lleno a reventar de ilustraciones y detalles gráficos de todo tipo, que revelan el mimo empleado en su confección. Con ese olor a tinta que tanto nos gusta a algunos, con una primorosa presentación pendiente de cada detalle. Ya la gente de Altaïr hizo que me saltara hace tiempo una norma (con su número sobre el desierto de Sonora), pero aquí me lo han puesto más sencillo aún: aunque ponga magazine hablamos de un libro, de 200 páginas en gran formato, y como su portada proclama recoge 32 miradas sobre la cultura y el viaje. Y estas 32 miradas incluyen a Martín Caparrós, a Jorge Carrión, Leila Guerriero, Jon Lee Anderson, Ander Izagirre o Rodrigo Fresán. Poca broma, entonces, y tened la completa seguridad de que no solo tenéis en las manos algo objetivamente bello, sino el resultado de un planteamiento muy serio y muy respetuoso, no solo con el concepto de la revista, la crónica, sino con su resultado en términos literarios. 
Y aquí hay textos de mucho valor. Crónicas en el término canónico del término, ejercicios más despojados de una estructura clásica. Con el pretexto del viaje, con la presencia del escritor en entornos que en principio le son ajenos, aquí nos encontraremos interesantes aportaciones con mayor o menor aporte visual, más extensas y bordeando la ficción algunas, otras puros textos de denuncia sobre situaciones particulares y, aunque se haya escapado algún texto algo escorado hacia la modalidad "perfil de destino de vacaciones", en la mayoría de los casos los autores van más allá del puro detalle de andanzas en viaje, indagan, informan, detallan, toman ese papel tan fascinante del ojo objetivo que muestra las cosas para que cada lector adopte su visión subjetiva.
Aquí se habla del Irán de la decidida apertura, de Irlanda, del Perú amazónico, de Tenerife, de las duras condiciones de extracción del azufre en Indonesia, de Venecia, de las reservas indias en Estados Unidos, de Alaska, y diría yo que es una lectura particularmente apropiada para aquellas personas que recortarían un reportaje interesante pero se olvidan y acaban tirando la revista. Echo de menos a autores que encajarían perfectamente aquí como Juan Villoro, Álvaro Colomer o Valeria Luiselli, pero el nivel es desde luego muy notable, esto, queridos lectores, es un libro con todas las de la ley, una obra consistente, cohesionada, tan homogénea en el fondo como heterogenea en la fonda, un disfrute lector y visual de mucho valor, y os recomiendo, si os interesa, que le echéis un vistazo, si lo tenéis en las manos no os vais a poder resistir.
Porque encima queda la mar de bien sobre la mesa de centro.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Reseña a cuatro manos. Valeria Luiselli: Desierto sonoro


Idioma original: inglés
Título original: Lost Children Archives
Año de publicación: 2019
Traducción: Daniel Saldaña y Valeria Luiselli
Valoración: recomendable (para lectura discontinua)



No vamos a negar que cierta puesta en contexto previa a la lectura de Desierto sonoro haya podido influir en nuestra opinión. Saber que la autora ha redactado esta novela a la vez que desarrollaba el ensayo Los niños perdidos, una certera denuncia sobre la cruel y esperpéntica situación a que se somete a los menores que ingresan en Estados Unidos sin la pertinente autorización, en especial procedentes de países como Honduras o Guatemala. Ver su entrevista en Página 2 y descubrir a una persona joven y decidida, generando una enorme expectativa. Saber, también, lo de la cuantiosa beca que se le ha otorgado para que pueda centrarse en su carrera literaria sin las consabidas interferencias de las facturas a pagar. Todos esos elementos nos hacían presagiar una obra muy cargada en lo social (que no debería, pero es una posición ideológica) integrada en una estructura narrativa de ficción más o menos generada y empujada hacia la denuncia.
Cuestión que sitúa a la novela en esa fina línea (apenas una desinencia) entre lo oportuno y lo oportunista.
Ese matiz se ha tambaleado durante sus 450 páginas, en las que, por un lado, nos hemos encontrado con un planteamiento ambicioso y bien ejecutado en lo formal, pero por otro esta ambición condiciona un poco el conjunto de la novela, que plantea muchas cuestiones, casi de forma simultánea, algunas de ellas de corte más doméstico, otras de alcance global, y –quizás sea malinterpretada nuestra opinión– el argumento sería más eficaz en la obtención de sus resultados (la conmoción del lector, su toma de partido) si sus premisas no resultaran algo contradictorias, pura consecuencia de algunos descuadres.
Lo que se nos cuenta es un viaje que parece no tener fin, desde Nueva York hasta el sur de Estados Unidos, de un matrimonio al cual cada uno ha aportado un hijo y que comparte perfil profesional concienciado socialmente: él obsesionado con lo sucedido en el pasado con las tribus indias diezmadas en el proceso de la conquista del territorio USA, ella obsesionada con lo que sucede en el presente con las corrientes migratorias, cuestión que le ha tocado de cerca: no localizan a las dos hijas de Manuela, una conocida, que están en proceso de deportación. En el transcurso de esa diáspora, -que, como suele suceder, no les alejará del todo del origen ya que arrastrarán el equipaje que todos llevamos dentro y que resulta imposible abandonar– se irán fabricando los mitos que atesorarán los pequeños y acabarán convirtiéndola en una experiencia inolvidable con la que establecerán su futura escala de valores.
Paralelamente, se abre otro de los espacios narrativos: el que alude a la crisis de pareja. A medida que se acercan a su destino, un territorio indio (reserva) situado en Arizona, el desencuentro entre el matrimonio en presencia de sus hijos en los asientos posteriores parece materializarse de forma lenta e inexorable. La protagonista y narradora manifiesta desolación por el fin de un estado de cosas idílico, por un distanciamiento progresivo y silencioso que tiene lugar dentro de un coche –el cubículo más reducido posible– y por la incertidumbre, más o menos consciente, del que no es quien decide y al que se niega toda posibilidad de diálogo. Las continuas alusiones (“mi marido”, “mi esposo”) reflejan muy bien el hermetismo de él y la impotencia resignada de ella. Pero las mayores catástrofes suelen producirse de puertas para dentro y nuestro mayor enemigo suelen ser nuestras creencias. Todo ello amenizado por canciones de fondo: Bowie, Kendrick Lamar. El niño mayor, diez años, tomando polaroids que guarda entre las páginas de un libro que obsesiona a la madre. Son las elegías por los niños perdidos, cruel letanía del triste y trágico recorrido de muchos de los niños que entran en búsqueda del sueño americano, texto que se inserta en todas las partes del libro. Pero este matrimonio no puede preocuparse por quienes están lejos y descuidar lo cercano. Es un planteamiento obvio y fantasioso a la vez que la odisea en que se sumen sirva para unir sus voluntades y separar sus existencias. Algo nos ha rechinado ahí y todas esas reflexiones críticas a las realidades sucesivas del país que atraviesan (el genocidio indio, la esclavitud, los votantes elevando a Trump hacia el poder para que construya muros) simplemente parecen generar demasiados acercamientos al clímax sin alcanzarlo. Claro que nos indignamos cuando comprendemos lo muy real de muchas de las situaciones que se muestran. Pero indignarse, no vamos a andarnos con ejemplos, a veces es simplemente insuficiente.
Otro protagonista no humano, además del viaje en sí, son los sonidos, el lenguaje articulado y cualquier otro, de toda índole y procedencia. Resulta curioso encontrar tantísimo dato sonoro en ese santuario de la incomunicación que es la propia novela. El lector se pregunta si realmente tanto registro, fichas, anotaciones, etc. sirve a los personajes para descifrar el mundo o, por el contrario, les sumerge en un amasijo informe que los mantiene cada vez más confundidos.
Falta la capa más profunda, el mensaje ético transmitido por la historia pasada y presente, que se divide en los dos relatos a los que aludíamos más arriba, claramente diferenciados en el mundo adulto y asimilados como uno solo por ese misterio que son las mentes infantiles. El de la madre, que concienciada por la pérdida de las hijas de su amiga, investiga el destino de los niños migrantes, solos y perdidos en algún lugar indeterminado a este lado de la frontera estadounidense; el del padre que, como hemos dicho, pretende cubrir lagunas sobre lo ocurrido a los últimos nativos que se opusieron al poder invasor. De paso se abordan nuevos códigos morales: vegetarianismo, rechazo al GPS y al plástico, qué supone hoy ser padre o la demagogia retórica del poder. (“La normativa estadounidense permite expulsar inmediatamente a los menores mexicanos capturados en la frontera” (…) es como si el autor del artículo intentara ofrecer algún consuelo diciendo: No se preocupen, al menos no nos quedamos con los niños mexicanos…) a través de la acción en sí misma o por medio de reflexiones impagables. Y el elemento metaliterario apoderándose del texto.
Por el camino, vamos conociendo retazos de eso que solemos llamar la América profunda, apenas entrevista pero reconocible, y bastante similar a lo que muestran las películas autóctonas, tanto en los comportamientos como en ciertos párrafos descriptivos que destacan por su lirismo.
Y, abarcándolo todo, la derrota. La de la pareja como tal, pero también la que sufren los vencidos por la Historia: ausencia de libertad, violencia, miseria, aislamiento, muerte.
Finalmente, durante la lectura hemos ido salvando –y admirando– esos párrafos brillantes, inspiradísimos, que compensaban de alguna forma tanto tiempo muerto, para acabar enterándonos (gracias al Apéndice final) que Luiselli ha practicado la intertextualidad por doquier. Es decir, se ha apropiado de los hallazgos de Elliott, Pound, McCarthy, a medida que le iba conviniendo. Quizá no se pueda hablar de estafa, pero trampa sí podemos llamarlo.
De plena actualidad, tanto por los asuntos que trata como por su posmoderno carácter fragmentario, Desierto sonoro podría haber sido el gran retrato de una época si su autora hubiese decidido omitir muchos párrafos prescindibles, olvidarse de demasiados tiempos muertos dejando solo alguno que considerase representativo y si su afición por las listas ofreciese un contenido menos anodino, más simbólico. Diría que Luiselli se ha perdido en un bosque demasiado repleto de árboles que, no obstante, merece la pena atravesar, porque su estilo desenfadado y aparentemente espontáneo simula mantener una conversación con los lectores, regalarnos una extensa confidencia mediante una prosa trabajada a fondo y una estructura irreprochable que transmiten mensajes tan vigentes como necesarios.

Francesc Bon y Montuenga

También de Valeria Luiselli en ULAD: Los ingrávidos, Los niños perdidos, Principio, medio, fin

lunes, 16 de octubre de 2017

Valeria Luiselli: Los niños perdidos

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable

Son ciento y pico páginas y se leen en algo más de una hora y media. Certifican que los residentes en los USA, de forma legal o de forma ilegal, ya empiezan a resignarse a vivir en lo que llaman Trumplandia y ya empiezan a concienciarse que la cosa va para largo o algo muy gordo ha de suceder para que esto no sea así. Aunque no culpan solamente al pasado más reciente. Alguna de las normativas que se mencionan a lo largo de estas páginas ya refieren al periodo Obama y no sería justo olvidarlo, mejor, sería muy injusto optar por eso tan correcto de culpar a Trump de todo la malo y a Obama de todo lo bueno.
El subtítulo de este libro es Un ensayo en cuarenta preguntas. Y esas cuarenta preguntas son las que integran un formulario que los niños que cruzan ilegalmente la frontera mexicana y se introducen en los USA han de responder, y sobre esas respuestas la autoridad de inmigración de la land of the free decide qué hacer. Valeria Luiselli, a su vez una inmigrante pero ya con su green card y todo, usó. para escribir este texto que puede ser considerado fríamente como revelador pero podría calificarse, según el día, de "escalofriante", su experiencia como entrevistadora y posterior traductora de las respuestas de los menores . Respuestas en función de las cuales los menores podrían ser repatriados o acceder al status de refugiados. Preguntas que parecen las de esos complejos tests de personalidad en que se pregunta básicamente lo mismo reformulado una y otra vez, pero que vienen a delatar la enorme aura de superioridad (y por tanto desconfianza hacia lo ajeno) de las autoridades de USA, cuestión que, aunque sea comprensible, pasa a un nivel paranoico cuando se habla ya de cuestiones religiosas. Las preguntas no es que vulneren el principio de privacidad y el derecho a la intimidad. Es que no puedo deciros por donde se pasan ese derecho, que me echan del blog. Formuladas a un menor, que puede ser de 5 o de 16 años pero que puede incurrir en un terrible error al contestarlas y que ello, acompañado de poca pericia en algún abogado que ha tomado el caso porque no había otro, acarree con su deportación y con su colocación en el sitio de donde ha escapado, y de su futuro no me hables que no me importa y que pase el siguiente. Los menores huyen de la injusticia o de la pobreza o de las bandas que los coaccionan para que se integren en ellas, a veces han tomado un tren o un autobús (La Bestia) y sus familias se han endeudado no para que persigan un sueño sino para que se alejen de una pesadilla. A veces van a unirse a sus padres que han hecho de avanzadilla. Pero son menores y normalmente han pasado un tiempo expuestos a riesgos ("escalofriante": que el 80% de las menores sean violadas en ese trayecto y que ya tomen anticonceptivos antes de emprenderlo, como pura medida de precaución para que la cosa no "pase" de eso), han recorrido kilómetros a miles y han traspasado más de una frontera.
En fin, el libro nos pone al corriente, con corrección y oficio, de un enorme drama del que la mayoría somos ajenos, y que parece que irá a peor. Como digo más de una vez, muy libres todos de seguir mirando hacia otro lado, por supuesto. Cómo no.

También de Valeria Luiselli en ULAD: Los ingrávidos, Principio, medio, fin, Desierto sonoro

sábado, 14 de enero de 2012

Valeria Luiselli: Los ingrávidos

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2011
Valoración: Se deja leer

Definitivamente, tengo un problema con los jóvenes escritores en lengua castellana y sus maneras literarias. Y por esto, para no aburrir a los lectores de ULAD con reseñas dedicadas a despotricar sobre novelas escritas por jóvenes escritores en lengua castellana, me he impuesto a mí mismo una suerte de dieta literaria: durante una temporada sólo voy a leer "clásicos", y con esto me refiero a libros que tengan, al menos, cuarenta años de vida y una osamenta estándar (a saber: introducción, nudo y desenlace bien definidos y conformados), que estén tejidos con un lenguaje cuidado pero no pedante, que no adolezcan de omisiones que empobrezcan la asimilación de la historia, y que presenten un plantel de personajes bien definidos, armados y coherentes. No sé si me explico...


Y bueno, después de esta mini-chapa que algunos acusarán de reaccionaria, vamos con el libro de hoy, obra de la joven (1983) mexicana Valeria Luiselli.

A ver, la novela de Luiselli no está mal escrita, todo lo contrario. La chica tiene un estilo que denota que se trata de una gran lectora y una persona muy sensible que presta atención a detalles que el común de los mortales pasará por alto, y que adora perderse en fantasías e hipotéticos sobre lo que pudo ser y no fue y elucubrar sobre los límites dentro de los cuales un escritor puede experimentar con elementos básicos de la novela (tiempo, narrador, realidad/fantasía) sin perderse por el camino. Pero lo siento, su libro no me ha gustado en absoluto y me ha costado leerlo pese a que sea una novela corta.

De todos modos, casi todas las críticas que he leído sobre esta novela son muy positivas, por eso creo que el problema es mío...

¿La trama? Pues la novela está compuesta por dos voces. Una, la de una joven editora mexicana, casada y con dos hijos, que cuenta sus años de trabajo en Nueva York cuando (ya empieza la locurilla) ve al fantasma del poeta Gilberto Owen en el metro. La otra, la del propio Owen, ya moribundo, recordando su vida en la Gran Manzana (finales de los años 20, en el barrio de Harlem) cuando tenía como compañeros de fatigas a figuras como Lorca o Louis Zukofski.

Y eso, que las dos voces se van superponiendo y complementando y sabemos cosas de la editora mexicana (en su pasado reciente tuvo una gran vida sexual, amigos raritos, mucha bohemia) y de Owen, pero no, bueno, no sé, no... Creo que la cosa no funciona. En primer lugar, porque no me creo ni a la editora ni a Owen; en segundo lugar, porque los personajes secundarios aparecen y desaparecen sin cobrar forma jamás (sabemos que son calvos o que se llaman Dakota y se parecen a Edith Piaf, pero ¿qué? ¿Qué se les pasa por la cabeza? ¿Qué pasado, afciciones, familia tienen...?); y en tercer lugar, la trama, una trama narrada a base de párrafos en los que las dos voces se van pasando la pelota, está llevada de tal forma que marea y aburre... Bueno, más bien, me marea y me aburre a mí.

Y como yo soy el que escribe esta reseña, no me queda más remedio que confesarlo: no me ha gustado este libro que tanto ha gustado a tanta gente importante (incrédulos, consulten Internet).

Y acabo poniendo un link a un blog cuya presentación podría haberla escrito yo mismo si hubiera sabido encontrar las palabras adecuadas: http://literaturabasura21.blogspot.com/

Ahora, a por los clásicos...

También de Valeria Luiselli en ULAD: Los niños perdidos, Principio, medio, fin, Desierto sonoro