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lunes, 29 de julio de 2013

Iban Zaldua: La isla de los antropólogos y otros relatos

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2002
Valoración: recomendable

La primera vez que oí hablar de Iban Zaldua fue, de hecho, a causa de este libro de relatos: alguien, no recuerdo exactamente quién, mencionó su nombre en un curso de verano y resumió el argumento del cuento "La isla de los antropólogos", en el que los nativos de una isla de la Polinesia adquieren características y configuraciones sociales y antropológicas diferentes para cada nuevo visitante: primero son una sociedad patriarcal y militarista; después un paraíso del matriarcado; para un filólogo vasco, el idioma presenta claras relaciones con el euskera, mientras que otro antropólogo descubre que en realidad no dominan ni los hombres ni las mujeres, sino que es una sociedad fundamentalmente igualitaria...

Este relato es una buena muestra del estilo y las preocupaciones de Iban Zaldua: irónico, más reflexivo que emotivo, con un fondo borgiano en cuanto a los temas pero en absoluto en cuanto al estilo, que es siempre directo, casi conversacional. El volumen de relatos está poblado de archiveros, historiadores, cartógrafos, burócratas... En muchos casos, el argumento del relato consiste en una idea llevada hasta el extremo de forma implacable y obsesiva. Lo fantástico o sobrenatural también asoma en algunos relatos, aunque siempre tratado con la misma ironía que todo lo demás.

Destaquemos otros cuentos además del que da título al volumen: "Yo, ministro de" es una especie de opuesto de Nuestro hombre en La Habana: en este caso, un miembro del Partido (el texto no lo dice, pero se sobreentiende que es el Partido Comunista) se integra como quintacolumnista en el sistema de poder de una dictadura (el texto no lo dice pero se puede suponer que es la franquista); tanto se integra, que llega a ser ministro y a departir con el propio dictador, siempre a espera de una orden del Partido para reventar el sistema desde dentro (una orden, claro, que nunca llega).

Mis favoritos, por gusto personal, son los relatos más breves, de dos o tres páginas. "El examen del señor De Pauli" narra un examen especialmente cruel con los alumnos; "New Manchester" es una sátira del "cuanto peor, mejor" marxista; "Lucius" mezcla espiritismo y turismo de masas"; "Noche de Reyes" tiene algo de la crueldad de Roald Dahl, aunque no toda su capacidad de sorpresa...

En conjunto, La isla de los antropólogos es un volumen coherente (en técnicas y estilo, no tanto en temática) y generoso con el lector: con el mismo material, otros autores habrían publicado dos o tres libros. Si no todos los relatos son igual de ocurrentes, sí predominan los que intrigan, sorprenden y entretienen. En todo caso, personalmente me quedo con Euskaldun guztion aberria o Ese idioma oscuro y poderoso...

Nota: Por si alguien se lo está preguntando, este libro fue escrito originalmente en español; Iban Zaldua ha publicado obras tanto en español como en euskera...

También de Iban Zaldua en ULAD: Ese idioma raro y poderosoBiodiscografíasSi Sabino viviríaLa patria de todos los vascos

jueves, 14 de febrero de 2013

Iban Zaldua: La patria de todos los vascos

Idioma original: euskera
Título original: Euskaldun guztion aberria
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable

De Iban Zaldua reseñamos hace no mucho Ese idioma raro y poderoso, su muy personal y entretenido panorama de la literatura vasca actual. Esta novela, La patria de todos los vascos, aunque de género diferente, comparte con aquel libro algunas inspiraciones e intereses comunes (el propio Zaldua ha calificado al ensayo como un spin-off de esta novela): esencialmente, también habla de decisiones, de las decisiones que un escritor -o un profesor universitario- vasco debe tomar con respecto a sí mismo y a la situación política del País Vasco, terrorismo incluido.

Joseba Anabitarte, el protagonista de La patria de todos los vascos, es precisamente una persona agobiada por esta necesidad constante de decidir y de tomar partido. Es un indeciso, un hamlet, y por qué no decirlo, un cobarde. Cuando le conviene, se dice preocupado por la posibilidad de convertirse en objetivo de ETA; cuando le conviene, se hace el indignado por la detenciones y torturas de miembros de la izquierda abertzale. Es incapaz de elegir entre la visión nacionalista y la no nacionalista de la historia vasca; es incapaz de escoger entre su mujer Arantza y su amante Zuriñe; así que, ante la presión añadida que supone la última ruptura del alto el fuego de ETA, decide escapar, salir del País Vasco e irse a pasar un semestre como profesor invitado en Anchorage (Alaska): un lugar tan lejano que nada ni nadie le recordará a "Euskadi, Euskal Herria o Vasconia".

Una vez en Anchorage, y mediado el texto, llega la parte más divertida de la novela, ya de por sí claramente satírica: el profesor Anabitarte, aburrido ante la perspectiva de explicar otra vez el aburrido canon de la literatura vasca (los Etxepare, Axular y demás), decide inventarse una historia alternativa, mítica, en la que los vascos van siempre un paso por delante del resto de las literaturas mundiales, escribiendo, por ejemplo, el original en euskera del Cantar de Roldán; adaptando y mejorando el género de la novela pastoril ibérica, o inventando, antes que Sartre y compañía, la novela existencialista. Cada vez más entusiasmado con su propia invención, Anabitarte recrea toda la historia del pueblo vasco hasta convertirlo en una de las potencias internacionales más injustamente olvidadas del mundo.

Aunque la novela tiene como decía un tono satírico y un aire de entretenimiento ligero (sobre todo en los diálogos, que intentan reflejar el estilo oral coloquial de los personajes), es evidente su intencionalidad política. Uno de los epígrafes del texto, una cita de Orwell, resumen la "tesis" del libro: "Todo nacionalista está obsesionado por la creencia de que el pasado puede ser alterado". En efecto, aunque las divagaciones del profesor Anabitarte llegan a ser ridículas por hiperbólicas, su método (la adaptación, selección o manipulación directa de la historia) es habitual en todos los nacionalismos, periféricos o no. Se trata, por lo tanto, de una reducción al absurdo efectiva para sus objetivos, y entretenida de leer al mismo tiempo.

En definitiva, un nuevo ejemplo de que Iban Zaldua es uno de los escritores más certeros y más interesantes de la actual literatura vasca, en euskera y/o castellano, con una postura crítica digna de ser tenida en cuenta.

También de Iban Zaldua en ULAD: Ese idioma raro y poderosoBiodiscografíasLa isla de los antropólogos y otros relatosSi Sabino viviría

sábado, 15 de diciembre de 2012

Iban Zaldua: Ese idioma raro y poderoso

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Calificación: muy recomendable

Según afirma Iban Zaldua en el prólogo de Ese idioma raro y poderoso. Once decisiones cruciales que un escritor vasco está obligado a tomar, este libro –o panfleto, como él lo llama– es un intento de poner en orden sus ideas acerca de la literatura y de los escritores vascos. No sólo cumple ese deseo (o eso parece, al menos), sino que además escribe un excelente ensayo sobre las virtudes y defectos de una literatura que, desgraciadamente, se mira siempre con demasiados prejuicios (tanto desde un lado como de otro).

A pesar de que Zaldua habla de once decisiones que un escritor vasco debe tomar antes de ponerse a escribir, éstas giran en torno a tres realmente importantes: escribir en euskera o en castellano/francés (aunque esto vale sólo para los escritores bilingües, claro; los monolingües no tienen este problema), hablar de ETA o no y seguir una tradición literaria que no es como para tirar cohetes o las tendencias contemporáneas de la narrativa internacional.

Después de plantear las decisiones a tomar por los escritores, Zaldua (que publica tanto en euskera como en español) dedica las páginas de este libro a analizar la literatura y el sistema literario vascos (especialmente, de los últimos cincuenta años, que son los que más nos interesan) y, sobre todo, qué escritor ha escrito qué y por qué.

Pero también se pregunta si realmente todos los escritores deben plantearse estas decisiones antes de sentarse a escribir. ¿Acaso no hay quien escribe un libro sobre el tema que le apetezca utilizando el idioma quele apetezca (o que mejor domine)? Sin duda. Pero, por alguna extraña razón, siempre se da por sentado lo contrario.

Lo mejor de esta obra, sin embargo, es que Zaldua no se muerde la lengua y dice sin tapujos qué obras/escritores tienen calidad y cuáles han sido sin duda sobrevaloradas/os por un mercado ávido de novedades (o de nuevas caras, o de lo que quiera el mercado en cada momento). Pero también, eso sí, habla con respeto, sin caer en peleas personales y proporcionando sobrados argumentos (atendiendo sólo a lo estrictamente literario) para defender sus palabras.

Es éste, sin duda, un libro necesario para todo aquel que esté interesado en la literatura vasca, para descubrir que algunos de los escritores encumbrados ni son tan buenos ni se merecen estar en el lugar que ocupan y para acabar con muchos prejuicios que tienen, tanto quienes escriben/leen en español, como quienes escriben/leen en euskera.

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jueves, 22 de agosto de 2013

Iban Zaldua: Si Sabino viviría

Idioma original: español
Año de publicación: 2005
Valoración: está bien

Estimado Iban Zaldua,

permíteme que te escriba así, con cierta confianza. Ya sabes que en este blog somos fans tuyos, que hemos reseñado ya cuatro libros tuyos y a este paso para finales de año habremos reseñado tus obras completas. Por eso, con esa confianza y ese aprecio como punto de partida, déjame que te diga, Iban (¿puedo llamarte Iban?), que en Si Sabino viviría se te fue la olla, pero mucho. Pero mucho, mucho.

Pero mucho, mucho, mucho.

Como algunos de nuestros lectores no sabrán de qué va la cosa, déjame que resuma el argumento: en el siglo XXVI, un detective espacial llamado José Miguel López Belausteguieta, alias Cosmic Josemi, tiene la misión de recuperar los restos mortales de Sabino Arana, para que su ADN sea introducido en la gran inteligencia artificial que gobierna el planeta Nueva Euzkadi. Para ello deberá viajar a un postapocalíptico planeta Tierra (ahora conocido como "El Vertedero") e infiltrarse en el hostil planeta Tauro, en el que nunca se pone el sol y en el que se reproducen holográficamente diversas épocas gloriosas de la historia de España.

Este argumento, estimado Iban, es ya en sí una ida de olla; pero en eso estoy contigo: la sátira política puede adoptar casi cualquier forma. Que se lo digan a Jonathan Swift. Pero donde termina de írsete la olla ya completamente es en los detalles que adornan este argumento: la trinidad sexual del protagonista; un Bilbao arrasado por las aguas y bajo soberanía usamericana; el profesor universitario con la alumna haciéndole una mamada; el androide que adopta la forma de los más egregios maestros de la filología vasca (muy Eduardo Mendoza, esto, por cierto)...

Que imaginación no te falta, eso está de sobra probado. En cada página del libro hay una sorpresa, en forma de palabra inventada, animal fantástico o broma política. Lo que no sé, Iban, lo que no sé es si no habría sido preferible ser un poco más contenido en algunas cosas -y eso que Javier Goñi habla en Babelia de una "contenida novela satírica", pues menos mal...- para así acentuar la carga crítica e irónica del texto. O sea, su mala leche.

Porque esa es otra, y en eso sí que coincido con Javier Goñi: que no dejas títere con cabeza. Los que tuvieran el machete preparado (y seguro que los hay) para llamarte traidor a la patria por la manera en que representas el nacionalismo vasco, habrán tenido que enfundarlo al ver cómo retratas con la misma mala baba el nacionalismo español en tu recreación del planeta Tauro. O a lo mejor no enfundan nada, pero los de la acera de enfrente también desenfundan otra cosa... No se puede agradar a tirios y a troyanos, sobre todo cuando te mofas primero de los tirios y después de los troyanos.

Vamos, estimado Iban, que no sé qué te diga. Que me he reído un buen rato con la novela, pero no sé si no es, ¿cómo lo digo?, demasiado circunstancial y esperpéntica para ser alta literatura.

Claro que, me dirás, a la mierda la alta literatura, que hay cosas más serias en la vida. (He descubierto hace poco que eres profesor de Historia Económica y me he llevado toda una sorpresa).

Me despido ya, que ya empiezo a desbarrar yo también.

Atentamente,

Santi

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jueves, 26 de julio de 2012

Iban Zaldua: Biodiscografías

Idioma original: euskera
Título original: Biodiskografiak
Año de publicación: 2011
Valoración: está bien


Iban Zaldua (1966) es, además de profesor de historia, uno de los escritores vascos más prolíficos de la actualidad. Ha trabajado la novela, el ensayo y ha escrito numerosos libros de relatos, como éste que hoy reseñamos.

En esta ocasión, Zaldua ha reunido 39 relatos (38 dentro del libro y el último en la contraportada) cuyas primeras versiones se publicaron originalmente en la revista Nabarra y cuyo punto de partida es siempre un disco publicado en los últimos cuarenta años (aunque la mayoría son clásicos de la década de 1980).

Por las páginas de este libro (que tiene las mismas dimensiones que un CD, por cierto), pasan The Beatles, Nick Drake, Genesis, The Jam, Big Country, The Stone Roses, Elvis Costello, Radiohead, Los Planetas, Paul Weller... y otros tantos artistas que, aunque no sean objeto de nuestra admiración, sin duda somos capaces de reconocer. Pero que nadie piense que los relatos hablan de los discos en los que se basan. Para nada. Éstos últimos son sólo una referencia a la hora de enfrentarse a cada pieza narrativa, sin que aparezca (aparentemente, al menos) ninguna mención de los mismos en la narración.

Los relatos están bien escritos (Zaldua ya ha probado su valía como autor en múltiples ocasiones), pero creo que habría sido necesario desarrollar un poco más alguno que otro, pues, aunque en general ser breve les viene bien a las diferentes historias, hay ocasiones en las que terminamos de leer esperando algo más. A pesar de ello, sin duda encontramos en Biodiscografías relatos más que interesantes, que conforman un libro perfecto para la temporada estival, ligero y lleno de cultura pop, imprescindible para leer bajo una sombrilla.

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miércoles, 5 de octubre de 2022

Iban Zaldua: Panfletario

Idioma original: euskera y español

Año de publicación: como recopilación en este libro, 2021

Traducción: del propio autor

Valoración: recomendable 

Al escritor Iban Zaldua, conocido de sobra (creo) por los lectores españoles, conocido aún más (supongo) por los lectores vascos y archiconocido (espero, ya que hemos reseñado varios de sus libros e incluso entrevistado) por los lectores de este magnérrimo blog, le encantan las proclamas, los manifiestos y los decálogos, amén de cultivar el género de los relatos o cuentos, como demuestra su actividad literaria hasta la fecha -de hecho, uno de los artículos recogidos en este libro es un manifiesto en forma de casi-decálogo que se intitula Por qué nos empeñamos en escribir cuentos-; así, muchos de ellos, tanto de unos como de otros y ya publicados en diversos medios durante los últimos años, firman esta recopilación acertadamente llamada Panfletario y cuyo subtítulo no deja lugar a dudas (y perdón por la repetición): Manifiestos, decálogos y otros artefactos a favor (y en contra) de la literatura.

Un libro, por tanto, de temática "metaliteraria", lo cual, en principio, puede que eche para atrás a muchos lectores (confieso que incluso a mí mismo, según las circunstancias), poco interesados en el ombliguismo que se pueden traer escritores, críticos o simples reseñistas en blogs... Error. Porque Panfletario es, ante todo, un libro muy divertido. Zaldua ha recopilado aquí diversos textos referentes a la cosa literaria, en su más amplia concepción, que ha ido publicando  a lo largo de los años en diversos medios y en las dos lenguas que le son propias -aunque más en euskera y en medios vascos; de ahí las continuas referencias a su por fuerza, más exigua literatura-; el otro elemento común a todos los artículos, decálogo y hasta pequeños relatos seleccionados es, como ya digo, el humor.  Un humor que se despliega, en general, en forma de ironía, más o menos suave, más o menos ácida, aunque a veces derive hacia el sarcasmo y, sobre todo, no deja títere con cabeza... Porque el tono desenfadado no significa que el autor no suelte aquí las verdades del barquero, sin dejar incólume a casi ningún sector participante en esta cosa de los libros... (no confundir con la Cosa vasca, a la que dedica un capítulo... y no me refiero a uno de los 4 Fantásticos con txapela); si acaso, el de los lectores, y algún dardo que otro también hay. Sin ir más lejos, esto es lo que asevera Zaldua, conocido no sólo perpetrador, sino defensor acérrimo del relato corto, de sí mismo y de sus colegas que cultivan esta modalidad literaria:

"A fin de cuentas, ¿qué es un escritor sino un quejica? Pues un cuentista es un quejica al cuadrado,  o incluso al cubo. Es decir, el más escritor de todos los escritores..."

No me extenderé demasiado sobre el contenido de los diferentes capítulos, porque lo mejor es que cada cual los lea y disfrute de la ironía e incluso del puntito picante de cierta maldad  (sin ánimo de molestar) que convierten esto artículos en trasuntos del pintxo vasco por excelencia: las deliciosas gildas. Para abrir boca (y demostrar, que, en efecto, el autor reparte estopa a diestro y siniestro), algunos de sus títulos:

  • Guía para prologar adecuadamente.
  • Los siete pecados capitales de la poesía.
  • Texto para leer en la entrega de un premio literario.
  • Decálogo de consejos para el perfecto organizador de eventos culturales.
  • Tridecálogo del escritor amargado.
  • Contra la crítica (y también un poco a favor de ella).
  • Argumentos en contra de la novela (ese género menor).
  • Cómo llenar una contraportada.
No obstante, no puedo resistirme a reproducir aquí el comienzo de uno de mis capítulos favoritos (huelgan las explicaciones) el Manifiesto contra la autoficción. Con vuestro permiso y del autor:
"Un fantasma recorre el mundo literario: el fantasma de la autoficción.Todas las fuerzas de la República de las Letras se han unido en santa cruzada para azuzar a ese fantasma: la academia y la crítica, la FNAC y las librerías hípsteres,los clubes de lectores y los talleres de escritura, Alberto Olmos y Ana Rosa Quintana, las editoriales "soi-dissant" independientes y el complejo Penguin Random House.

¿Dónde están los escritores o los críticos que le harán, por fin, frente?¿Qué partido de oposición lanzará, tanto a los representantes más avanzados de la autoficción como a los más reaccionarios, los epítetos que merecen para así denunciar la literatura selfi?"

Simplemente GLORIOSO.

Otros títulos de Iban Zaldua reseñados en Un Libro Al Día: Ese idioma raro y poderoso, La isla de los antropólogos y otros relatosLa patria de todos los vascosSi Sabino viviríaBiodiscografíasComo si todo hubiera pasado, Nuestras guerras. Relatos sobre los conflictos vascos

viernes, 2 de febrero de 2024

Iban Zaldua: A escondidas

Idioma original: euskera

Título original: Inon ez, inoiz ez

Año de publicación: 2014

Traducción: el propio autor y Mikel Iturria (en el caso de uno de los cuentos)

Valoración: entre recomendable y está bien 

Último libro publicado en castellano del prolífico escritor Iban Zaldua, el estajanovista de las letras vascas, el taylorista de la narrativa breve, el fordista que saca libros de relatos  como antaño salían coches de las factoría de la Motor Town, a ritmo de soul... (no tengo ni idea de lo que significa nada de lo que he escrito, pero supongo que él sí, así que lo suelto por si se da la casualidad de que lee esta reseña). El libro, en cualquier caso, es una traducción del publicado hace algunos años en su original vasco, Inon ez, inoiz ez, aunque ignoro si ha habido algún cambio o añadidura en el transvase de una lengua a la otra.

En este libro Zaldua vuelve a mostrar su querencia por el regate corto, salvo por un par de cuentos más extensos -y quizás de los mejores de la compilación-; la mayoría son relatos bastante breves, lo cual, junto con la impecable prosa y el humor suavemente irónico, en absoluto agresivo, que recorre todo el libro, contribuye a una lectura fácil y placentera. A grandes rasgos, por su temática, se pueden dividir esos cuentos en tres grupos, lo que no es óbice para que algunos de ellos muestren más de una de las características clasificadoras. De hecho, un elemento común a casi todas las narraciones es la inclusión en ellas de algún elemento fantástico:

  • Por una parte, los cuentos que podríamos considerar como "específicamente vascos", no sólo por su ambientación en el País Vasco -puesto que hay otros que también lo están, pero de forma más superficial, ya que cambiando los nombres de los personajes o lugares podrían convertirse en, qué se yo, cuentos suecos o italianos-, sino porque tratan, de una manera u otra, sobre el mal llamando "conflicto vasco" (mal llamado porque ya Lendakaris Muertos explicó en una canción de hace tiempo cual era el verdadero conflicto vasco), al que este mismo autor, en Como si todo hubiera pasado, denominaba, simplemente "la cosa". Se trata, en este caso, de Discutiendo conmigo mismo, Guerras civiles y su extensión Extracto del informe de la Ertzaintza... y Entrevista. Curiosamente, el primero, quizás el más inherentemente vasco o, al menos, el más difícil de entender fuera de Euskal Herria, tiene el final más inherentemente español o, al menos, más difícil de entender fuera de España. Por su ambición, sin embargo, el mejor de todos éstos me parece Guerras Civiles; también puede que el más irónico.
  • El segundo grupo estaría formado por los cuentos que se pueden denominar "metaliterarios", puesto que tratan sobre otros libros, escritores y juegan o especulan sobre ellos, sobre el acto tanto de escribir como de leer y la relación entre literatura y realidad. Se trata de Cuando me prohibió leer en la cama, El traductor de Kafka y "La Côte Basque" revisited. Excelentes los tres, en especial los dos primeros.
  • Por último, el grupo más extenso, compuesto por relatos de los que se podrían llamar "costumbrismo fantástico", en el sentido de que ellos se introducen elementos fantásticos en realidades cotidianas de lo más comunes -hay un par de ellos, no obstante, Las moscas y Como los chorros del oro en los que ocurre a la inversa, creo yo: se trasladan a contextos costumbristas historias propias de la Ciencia-Ficción... de momento-; en ellos encontramos desde zapaterías que funcionan como la máquina del tiempo de Dr. Who, a llamadas telefónicas de la propia conciencia o una especie de body horror de lo más doméstico en Gusanos de seda. No voy a mencionar aquí todos, sino sólo los dos cuentos que más me han gustado: Madre, una visión diferente -y divertida, cosa que parece difícil de creer- sobre un tema tan espinoso, a la par que trillado, como es el alzheimer o la demencia senil, y Muerte por Twitter, cuento especialmente chanante, sin dejar de ser angustioso, para todos aquellos adictos a la citada red social que ahora tiene, por capricho del cenutrio de su dueño, nombre de género cinematográfico para adultos.
Por último, está el incómodo asunto de la valoración; se me puede acusar, seguramente con razón, de ser un tanto jesuítico con la valoración "entre recomendable y está bien". La razón no es que haya una calidad dispar entre los relatos del libros -no hay ninguno malo, en verdad-, sino que, por simple comparación, al lado de los que me han gustado más otros me resultan digamos más "pedestres", sin que eso suponga que no se disfruten y tengan todos su punto de originalidad. Así que propongo inaugurar una nueva categoría: "Entre recomendable y está bien porque el reseñista es demasiado gilipollas tiquismiquis, pero tirando más hacia recomendable, sin duda".

Bastantes reseñas de libros de Iban Zaldua (+ una entrevista) se pueden encontrar: aquí

sábado, 29 de diciembre de 2018

Reseña + entrevista: Como si todo hubiera pasado de Iban Zaldua

Idioma original: del libro, español; de los relatos, mayoritariamente euskera
Año de publicación: 2018
Valoración: recomendable

A Iban Zaldua se deben algunos de los artículos sobre literatura vasca que más he recomendado en los últimos años: aquellos dos (este y este) en que hizo un repaso bastante exhaustivo por la literatura vasca sobre el conflicto (vasco); o este otro en el que analiza y critica (de forma minuciosa y en mi opinión, acertadísima) la novela Patria de Fernando Aramburu. Pero también se le debe un ensayo interesante y ameno sobre la literatura vasca (Ese idioma raro y poderoso), una estupenda novela humorística sobre el mismo tema (Euskaldun guztion aberria / La patria de todos los vascos), y otra novela, Si sabino viviría, también política-humorística, aunque menos lograda que la anterior. Sin embargo, donde quizás se sienta más cómodo el autor es en el relato, un género en el que ha publicado ya una docena de títulos, mayoritariamente en euskera. El último, Sekula kontatu behar ez nizkizun gauzak, ha salido este mismo año.

Pero ojo, Como si todo hubiera pasado no es la versión española de este último libro de relatos (como yo mismo pensaba antes de tenerlo entre mis manos). Es, en cambio, una autoantología temática: la reunión de todos los relatos que el autor ha dedicado al conflicto vasco o, como a él le gusta llamarlo, La Cosa. Son más de cuarenta relatos, publicados entre 1999 y 2018, con una extensión que varía entre las dos y las diez páginas, todos ellos (salvo dos, si no me equivoco) publicados originalmente en euskera y traducidos ahora al español. El libro cuenta también con un breve prólogo de Edurne Portela, que lo sitúa en el contexto del actual interés por la memoria del conflicto, pero también destaca la originalidad propia de este autor.


La mayor pega que se le puede poner a una antología monotemática como esta es que resulta, en fin, monotemática: leída de un tirón, y sin cuentos de otros temas que sirvan de distracción y alivio, la acumulación de historias sobre La Cosa puede llegar a saturar. Esta sensación, sin embargo, se ve disminuida por la variedad de perspectivas y técnicas narrativas empleadas por Iban Zaldua. Porque en sus relatos hay todo tipo de personajes: policías, terroristas, políticos, familiares de víctimas y de presos, torturadores, chivatos, y también miembros de la "sociedad civil", o sea, personas normales a las que el conflicto afectó sin que fueran agentes en él. Y también porque sus historias se cuentan en todas las formas imaginables: en primera y en tercera persona, a través de diálogos, de escenas fragmentarias, de perspectivas múltiples y entrelazadas...

De hecho, leer todos estos relatos sobre el tema vasco seguidos permite percibir algunos temas recurrentes, casi obsesivos, que se repiten como varaciones musicales (y la música, como en otras obras de Iban Zaldua, también ocupa un lugar importante en este volumen, en relatos como "Tres conciertos", "A89, La Transeuropénne" o "Nostalgias"). Así, por ejemplo, el tema de la identidad escondida (el topo, el policía de incógnito, el falso militante); el de los universos paralelos o los hilos cronológicos alternativos, que se activan o no en función de las decisiones de los personajes (como en "Línea temporal", "Lo único que cambia" o "El doctor Iriarte"), o el tema del paso del tiempo y el abandono de los ideales, que se manifiesta repetidamente a través de personajes que se reencuentran después de mucho tiempo y comprueban que sus perspectivas, sobre el conflicto vasco o sobre la vida (no) han cambiado con los años. [Comentario marginal: este es también el tema de "Karma", un relato de Aixa de la Cruz incluido en Modelos animales].

También se puede percibir, leyéndo los relatos así, todos seguidos, la evolución del autor en su relación con el tratamiento del tema: mientras que muchos de los primeros relatos son casi sketches (pequeñas escenas aisladas e independientes, casi teatrales o cinematográficas), y predomina la estética y las tramas realistas, a medida que el volumen avanza se van mezclando otros ingredientes, otros géneros literarios como el fantástico o la ciencia ficción, sobre todo. Y el humor, un humor seco y oscuro, que es uno de los rasgos más definitorios de la obra de Iban Zaldua, se va introduciendo con cada vez mayor frecuencia y claridad. Probablemente el mejor ejemplo de todo esto sea "Itinerarios", el relato que cierra el volumen, y que es personalmente mi favorito; en él nos situamos en una Donostia futura y distópica, en que se ofrecen "rutas de memoria" que recuerdan episodios del conflicto vasco a través de diversos lugares del centro histórico de la ciudad (y es difícil contar más sin destripar el cuento).

En el contexto del actual interés editorial por la memoria del conflicto vasco, Como si todo hubiera pasado se sitúa en un lugar particular. Al ser una recopilación de relatos, no propone (no puede ni quiere proponer) una visión unívoca del conflicto, ni una única perspectiva privilegiada; por ser un texto, o un conjunto de textos, cargado de distancia irónica, resulta particularmente escurridizo para quienes busquen respuestas tranquilizadoras o soluciones morales sobre la violencia y sus diversas manifestaciones. Al haber sido escritos a lo largo de un periodo extenso de tiempo, durante la actividad de ETA y después de su cese definitivo, ofrecen un panorama único de la vida durante el conflicto, y desde dentro del conflicto, así como sobre su evolución a lo largo de las últimas dos décadas. Seguramente no será un best-seller, pero sí una aportación de mucho interés para la reconstrucción de la memoria de estos años estúpidos y sangrientos.


Entrevista con Iban Zaldua

-¿Qué te llevó a reunir todos los relatos sobre La Cosa en un volumen, y en español? ¿Hay un nuevo interés en el público por el tema del conflicto vasco?
Creo que todos los que nos dedicamos al cuento tenemos una pulsión compiladora, de echar la vista atrás y reunir las mejores piezas de nuestra producción, desperdigadas por diferentes libros y revistas, o de agruparlas temáticamente, como es el caso; yo ya lo había hecho una vez en euskera, en el volumen Ipuinak. Antologia bat que publicó la editorial Erein en 2010. Creo que había una nueva ocasión de echar la vista atrás, esta vez en castellano, aprovechando que algunas de mis colecciones de relatos en euskera, como Traizioak o Itzalak, no se habían publicado nunca en español. Y, por otra parte, como apuntas, es posible que exista un interés mayor por parte del público: se están editando más novelas y obras en torno al asunto, como las de Edurne Portela o Aixa de la Cruz, y la buena e inmediata disposición de Galaxia Gutenberg a hacerse cargo del proyecto también me pareció una señal alentadora. Pero no sé si ese interés es tan profundo, o va a ser duradero. Aunque da lo mismo: esté de moda o no, yo creo que los escritores vascos vamos a seguir escribiendo, bien, regular y mal, sobre el tema. Exactamente como hemos hecho hasta ahora.

-Se ha hablado mucho de "la batalla por el relato" en el País Vasco. ¿Quizás sería mejor hablar de "los relatos", en plural? ¿Es posible llegar a un relato de consenso o solo a una constelación de relatos a veces contradictorios?
Yo creo que sería bueno llegar a un mínimo común denominador, al esqueleto de un “relato civil” más o menos unitario sobre la cuestión. Algo en lo que tendrían que colaborar las instituciones estatales y autonómicas, los distintos institutos de la memoria –oficiales y no–, la academia –a partir sobre todo de la labor de historiadores, sociólogos, documentalistas, periodistas etc.–, las principales fuerzas políticas… A nivel local se están dando pasos interesantes en ese sentido, como podrían ser las iniciativas del ayuntamiento de Rentería, o las de la Fundación Buesa. Pero que eso sea lo deseable no quiere decir que vaya a producirse; yo hay días que soy muy pesimista a ese respecto. Y pienso que, si no hemos conseguido llegar a un mínimo común denominador sobre la Guerra Civil y el franquismo, por ejemplo, ¿cómo vamos a hacerlo con este tema, que tenemos aún tan cercano?

-¿Qué papel le correspondería a la literatura en este proceso?
Yo creo que su función debería ser más bien complementaria, de ir a lo micro, a lo que la “gran historia” suele olvidar o dejar de lado, de rellenar con grises y con detalles la “versión oficial” –o las diferentes “versiones oficiales”, si no se llegara a ese mínimo consenso–, de ser la lente que nos acerque, más allá de las cifras y los fríos relatos documentas, lo que le pasó a la gente en esas épocas, en esas circunstancias. La literatura, y las artes en general, deberían ser el espacio para los “diferentes relatos”, esta vez sí que en plural.  Y el peligro de que no lleguemos al relato único-mínimo del que hablaba en mi anterior respuesta sería el de situar en el centro del debate –en el centro del combate– a la literatura o a las artes. Me da la impresión de que existe esa tentación, y que caer en ello puede ser malo para la salud de la literatura como tal.

-¿No crees que esta literatura sobre La Cosa se lee de forma muy diferente dentro y fuera del País Vasco? Pienso, por ejemplo, en la acogida de 'Patria'... ¿Desde fuera se buscan relatos más simplistas de buenos buenísimos y malos malísimos, que en Euskadi "no cuelan"? 
Supongo que es inevitable que se lea de una manera diferente aquí que fuera: en principio, aquí ha habido más "versiones oficiales" en disputa, y el grado de conocimiento sobre las vicisitudes del conflicto, aunque sólo sea a nivel periodístico, es mayor; si a eso le añadimos la experiencia vital de cada uno, y la de su entorno, ya ni te cuento. Pero, por otra parte, tampoco podemos olvidar que Patria también ha tenido éxito dentro del mismo País Vasco, que ha habido mucha gente que, siendo incluso nacionalista vasca, ha leído y le ha gustado un montón la novela. Evidentemente, ha habido gente que la ha rechazado por motivos políticos, a veces sin leerla siquiera, pero en el País Vasco también ha pasado lo contrario, eso no se puede negar. De manera que, en parte sí, el hecho de que Aramburu haya entregado una historia muy esquemática, que se adapta al "relato oficial" que más se ha vendido fuera del País Vasco, ha tenido que ver, pero no explica todo el fenómeno. Creo que otra de las claves está en el tipo de producto que es Patria: una lectura fácil, clara, comercial, o como mucho, midcult. Una novela para los que no leen habitualmente literatura: la única manera de vender tantísimo hoy en día es llegando a ese tipo de público. Porque, no nos engañemos, Martutene, de Ramon Saizarbitoria, es una obra mucho más compleja y profunda, y aborda la cuestión del conflicto vasco desde una posición mucho menos cómoda y evidente que Patria. Pero la hemos leído cuatro, tanto en español como en euskera -vale, en euskera quizá unos cuantos más, pero no tantos tampoco...-. A mí no me preocupa tanto el contenido de Patria -mucho de lo que cuenta es verdad, y duele, vaya que si duele, porque lo que ha pasado aquí, lo que hemos dejado que pasara aquí ha sido muy fuerte-, como la manera que tiene de contarlo, que es por donde yo creo que hace aguas la novela. Una manera que es, paradójicamente, una de las razones que la ha llevado a ser tan vendida, aparte de un impulso político muy determinado, claro está.


-En tus relatos hay protagonistas de todo tipo: ertzainas, terroristas, víctimas, torturadores…. ¿Es una estrategia consciente para mostrar la complejidad del conflicto? ¿No te da miedo que te llamen equidistante, que es uno de los insultos de moda?
No sé hasta qué punto se puede acusar a un cuentista de algo como “estrategia consciente”, ja ja; eso es más de novelistas, me temo. De hecho, cada relato es una novela en miniatura, y surge y se agota en sí mismo, de alguna manera: todos han aparecido en colecciones de relatos junto a otros de muy diversa índole, y sólo ahora los he “juntado” en un volumen temático; la mayoría son cuentos escritos muy en tiempo real, con mucha vocación de contemporaneidad, no hay tantos que partan de una mirada “histórica”, no sé si se me entiende. Diacrónicamente puede parecer que sí, que he intentado darle a todos los palos, pero no creo que fuera así mientras los iba escribiendo. Aunque tengo que confesar que me gusta el efecto de “novela coral” que, de alguna manera, adquiere el libro leído en su conjunto. Y que dentro de ese conjunto destacan los relatos cuyo eje vertebrador se apoya no tanto en los protagonistas directos del conflicto, sino en los testigos, en la gente que convivió con el problema y sufría sus consecuencias de una manera más indirecta. Quizá porque es la posición que está más cerca de la que yo ocupaba, pienso. Que no tiene que ver, necesariamente, con la que adopto como narrador, por otra parte. En ese sentido, no me preocupa mucho lo de la acusación de “equidistante”, porque tengo bastante clara cuál es mi postura ética y política, y, además, diría que no ha cambiado mucho en los últimos veinte o veinticinco años, quizá más. Y te puedo asegurar que no la veo para nada como equidistante. Pero mi posición como narrador sí que puede ser muy otra, sin embargo.

-A lo largo del volumen creo ver una evolución: los primeros son más esquemáticos, y también más realistas. Después se añaden o mezclan otros géneros: lo fantástico, la ciencia-ficción... ¿Por qué sentiste esa necesidad (si se puede decir así) de ir más allá del realismo?
Puede ser. Quizá al principio estuviera más envarado, y no me atreviera a abordar el tema más que desde esa especie de red de seguridad que proporciona el realismo. A mí me costó afrontar literariamente el tema, durante años ni se me ocurrió que pudiera ser un tema que pudiera abordar por medio de mis ficciones. Quizá porque estaba saturado de esa misma realidad en la vida cotidiana, en la misma militancia, y la literatura fuera para mí, precisamente, otra cosa. Pero el hecho de que obras de autores como Bernardo Atxaga, Ramon Saizarbitoria, Jokin Muñoz, Arantxa Urretabizkaia o Xabier Montoia me ayudaran a pensar sobre el tema supongo que me animó; también la necesidad de decir algo sobre el tema, y de hacerlo en euskera, que era la lengua en la que había leído todas aquellas novelas o relatos. Aunque en alguno de mis primeros relatos como “El escondite” ya es claramente fantástico, supongo que un uso más abundante de ese tipo de tramas llegó cuando me sentí más seguro escribiendo sobre el asunto, porque yo diría que mi tendencia “natural” es hacia eso, hacia el fantástico. Un fantástico, por otra parte, que no pretende ser escapista o quedarse en mero artificio: como decía Julio Cortázar, “la fantasía, lo fantástico, lo imaginable que yo amo y con lo cual he tratado de hacer mi propia obra es todo lo que en el fondo sirve para proyectar con más claridad y con más fuerza la realidad que nos rodea”. Evidentemente, no sé si lo logro en mis relatos: eso lo tendrá que decidir el lector.

-Y el humor, que es una de las características de tus obras, ¿puede ser una herramienta para afrontar la memoria del conflicto?
Creo que sí, o al menos me gustaría. El mío es un humor bastante resignado, y no todos mis cuentos hacen uso del mismo ni mucho menos; lo señalo no vaya a ser que algún lector despistado se piense que se va a encontrar con un festival de la comicidad… Pero pienso que es natural que aparezca, tanto en mi caso como en el de otros autores como Luistxo Fernandez o Juan Bas: me da la impresión de que a partir de cierto punto, y más en un conflicto que ha durado tanto como el que nos ocupa, las tramas más habituales, como la trágica y sobre todo la épica, se agotan, y dejan un espacio que la ironía o el humor pueden ocupar, al menos en parte. Soy de los que no cree que haya temas sagrados que no puedan abordarse –también– desde el humor. Siempre que el humor, como bien señalaba Edurne Portela en su ensayo El eco de los disparos, no sea un vehículo para blanquear el pasado o lograr una sonrisa fácil, satisfecha: el humor tiene que ser como la sal, tiene que escocer cuando se lo aplicas a la herida, y si gusta a todo el mundo, señal de que no ha cumplido su objetivo; el humor que a mí me interesa tiene que sentarle al menos un poquito mal a alguien. Eso implica riesgos, claro: que te pases en la apuesta y la cagues, porque la intención humorística puede ser la que sea, pero si no alcanza al receptor no hay nada que hacer. Pero es un riesgo que hay que asumir. La literatura, sin riesgo, tiene menos interés, me parece a mí.

-¿Y ahora, qué? ¿Vas a seguir explorando el tema de La Cosa, o sientes que lo has agotado con estos relatos? Y si lo sigues explorando, ¿en qué direcciones crees que lo harás?
Bueno, desde que he publicado el libro he escrito tres o cuatro relatos nuevos en torno al asunto, alguno de los cuales he llevado como bonus track a las presentaciones del libro, de manera que… No sé seguiré dándole mucho o poco al tema; antes tampoco lo hacía siempre, de hecho los de La Cosa suponían solo un porcentaje dentro de mis colecciones de cuentos… Pero, por los que he escrito estos últimos años, si siguiera haciéndolo, me da la impresión de que irían en dos direcciones. Por una parte, aunque para mí siga siendo historia presente, contemporánea, supongo que empezarán a ser más abundantes los que conlleven algún tipo de visión histórica –sin caer, espero, en las rutinas de la llamada “novela histórica”, que me suele dar un poco de repelús como género–. Y, por otra, por lo que estoy viendo en algunos de los últimos, como “Itinerario”, que es el que cierra el volumen, el tema, más que La Cosa en sí, está derivando hacia “el relato de La Cosa”, esa “batalla por el relato” sobre la que hablábamos al principio de la entrevista. Porque esto sigue, no se ha acabado de ninguna manera, aunque, por fortuna, ETA y su violencia se hayan convertido en cosa del pasado.

sábado, 27 de agosto de 2016

VV. AA.: Nuestras guerras. Relatos sobre los conflictos vascos

Idioma original: inglés (aunque los textos antologados fueron escritos originalmente en euskera)
Título original: Our Wars
Año de publicación: 2011
Valoración: interesante

En 2011, después de recoger un premio en la Feria del Libro de Guadalajara (de México), Fernando Aramburu hizo unas polémicas declaraciones en las que afirmaba que "los autores vascos no escriben sobre ETA". Ese mismo año, como para llevarle la contraria, Mikel Ayerbe publicaba en inglés, en Nevada, la antología Our Wars. Short Fiction on Basque Conflict, adaptada al español en 2014 y publicada por Lengua de Trapo.

Como indica su título, esta es una antología de relatos sobre los conflictos vascos, en plural. Y estos conflictos son la Guerra Civil, y el más habitualmente llamado "conflicto vasco", o sea, el terrorismo de ETA. Esta elección de estos dos conflictos, que personalmente me parece bastante cuestionable, no es casual, sino que responde a una determinada narración de la historia vasca que establece una continuidad entre la Guerra Civil y la represión de la posguerra, y la aparición de ETA a finales de los 50. (Hay incluso quien va todavía más atrás y relaciona estos conflictos con las guerras carlistas, un despropósito histórico del que parece burlarse Iban Zaldua, siempre tan ácido, en su relato "Guerras civiles").

Personalmente, unir en un mismo volumen relatos sobre la Guerra Civil y sobre el "conflicto vasco" me parece un error, no solo porque no comparto esa narración que establece una relación casi-causal entre la Guerra Civil y ETA, sino sobre todo porque se trata de conflictos distintos, y con los que los autores tienen relaciones diferentes: ninguno de los escritores antologados estaban vivos en 1936-9, y en cabio todos han tenido una experiencia de primera mano de la violencia de ETA, lo que sin duda condiciona su forma de escribir sobre los dos "conflictos".

De ahí que haya leído con algo menos de interés los primeros cuentos del volumen, en particular aquellos que pertenecen a autores más reconocidos, como Bernardo Atxaga o Ramon Saizarbitoria. No es que sus cuentos sean malos, ni mucho menos, pero no aportan gran cosa novedosa, y su extensión mayor que el resto (ocupan casi la mitad del libro) les concede un lugar preemiente que condiciona la lectura del volumen. "Dos piedras", de Inazio Mujika Iraola, es un relato interesante, pero que apunta en una dirección que siguen muchos otros autores: la despolitización del conflicto, su transformación en algo personal, individal (un triángulo amoroso, en este caso).

Tras el relato de Iban Zaldua ya mencionado, que funciona como bisagra de la antología, los siguientes relatos tratan ya, estos sí, del conflicto vasco, el terrorismo de ETA, el terrorismo de Estado, etc. Naturalmente, hay algunos relatos más conseguidos que otros (me han gustado "Actualidad política", de Eider Rodríguez, por su ambiente claustrofóbico, o los de Harkaitz Cano o Ur Apalategi, por su tono irónico y su visión metaliteraria del conflicto); también hay relatos que tratan más directamente el tema de la violencia, mientras que en otros es casi una nota tangencial, y cabe preguntarse si se justifica su inclusión en el volumen (caso de "Heredera" de Xabier Montoia, "Recuerdos" de Karmele Jaio o "El tipo", de Ainguer Epalza).

Siempre es muy fácil criticar a un antólogo, por supuesto: es mucho más fácil criticar una antología que organizarla. Mi conocimiento de la literatura vasca en euskera tampoco me permite enmendarle la plana a Mikel Ayerbe: no sé si hay relatos mejores sobre el conflicto vasco o no. La sensación que sí tengo, después de terminar el volumen, es que se trata de un libro sorprendentemente exento de sangre, y de política. La violencia, cuando ocurre, casi siempre ocurre fuera de plano; las motivaciones de los personajes, cuando se explicitan, son vagas o personales, y no ideológicas. Quizás sea esta la forma en la que se está escribiendo sobre el conflicto vasco (aunque no es así en obras como Martutene, por ejemplo), pero en ese caso creo que a la narración de estos años de plomo todavía le quedan muchos capítulos por llenar.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Wladimir Kaminer: Viaje a Tralalá

Idioma original: alemán
Título original: Die Reise nach Trulala
Año de publicación: 2002
Traducción (al portugués): Helena Araújo
Valoración: Muy recomendable

Los que sean seguidores fieles de este blog (y me refiero a seguidores-fieles-desde-el-inicio-de-los-tiempos) quizás ya conozcan a Wladimir Kaminer; in illo tempore Izas reseñó por aquí varias de sus obras: Mis vecinos rusosMúsica militar o Desde Alemania con amor. En estas reseñas se presenta la información básica sobre el escritor, que yo solo voy a resumir: autor ruso, emigrado a Berlín en 1990, instalado en la ciudad y convertido en una especie de celebrity local, gracias a sus relatos, novelas, guiones radiofónicos y sus actuaciones como DJ, todos ellos caracterizados por su sentido del humor y su visión de "extranjero en tierra extraña". 

En esta misma línea se sitúa Viaje a Tralalá, con el que termino (por ahora) mi incursión en la narrativa de viajes. Narrado en primera persona, y basado una vez más en las experiencias del propio Kaminer como emigrante ruso en Berlín, este libro se compone de capítulos con títulos tan reveladores como "Desencuentro de París", "Desencanto de América", "Desaparecido en Crimea", "Desviado en Dinamarca" o "Desencaminado en Siberia". En resumen, este libro trata de viajes que no llegan a su destino, de viajes que no cumplen las expectativas del viajero o que se frustran antes incluso de comenzar.

El relato más largo y quizás también el más entretenido del volumen es el primero. En él, el narrador sueña con llegar a un París idealizado y casi imposible (estamos hablando de 1990, recién caído el Muro); Berlín se convierte en una etapa intermedia de este viaje hasta occidente, que por un motivo o por otro nunca llega a realizarse: a veces hay trabas burocráticas, otras veces económicas, en otras ocasiones son los relatos desencantados de quien ya estuvo en París y no encontró allí lo que esperaba los que hacen que Kaminer desista de emprender el viaje. "Como no podíamos viajar a París, fuimos al cine", dice el narrador, y en este continuo aplazamiento del viaje y en su sustitución por otros entretenimientos está buena parte de la gracia del libro.

Aunque la crítica fundamental del texto esté dirigida contra la Unión Soviética y su autoritarismo, no es difícil encontrar también una irónica visión del turismo y el efecto que tiene en el viajero y en su lugar de destino. En uno de los pasajes más divertidos del libro se cuenta cómo los rusos crearon, en las fronteras de sus dominios, una ciudad que en verano hacían pasar por París y en invierno por Londres, para que sus súbditos pudieran viajar a Occidente sin el peligro de verse contaminados por el capitalismo; en otro capítulo se narra la historia de un aviador ruso desaparecido en Crimea, y cómo los pueblos de la región se adaptan para ofrecer reliquias del aviador y su aeroplano (chapas, cazadoras, relatos) para "vendérselos" a los turistas que vienen buscándolos. 

Es difícil no ver en estos capítulos en concreto una visión desencantada, y muy actual, de los efectos del turismo en ciudades como Barcelona o Lisboa, disneyficadas para responder a las expectativas de los viajeros, por no hablar del efecto que el turismo puede tener en regiones más "exóticas" en las que los locales se adaptan para responder, precisamente, a esa mirada exotizante del turista occidental. Recuerda, por eso, al relato "La isla de los antropólogos", de Iban Zaldua, sobre una isla en la que cada antropólogo que la visita encuentra exactamente lo que esperaba encontrar para confirmar sus teorías.

Aunque es posible que esto sea leer demasiado, y que haya que quedarse solo con un conjunto de historias divertidas, curiosas y bien contadas, sobre viajeros y sus viajes imposibles en los límites entre Europa y Asia. El libro también funciona así, y muy bien.

P.D.: En español solo se ha traducido, que yo sepa, un libro de Kaminer, Yo no soy berlinés. Guía para turistas y vagos. Esperemos que pronto otras editoriales se animen a seguir este camino y pronto podamos leer más obras suyas.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Ramón Saizarbitoria: Guárdame bajo tierra

Idioma original: euskera
Título original: Gorde nazazu lurpean
Año de publicación: 2000
Valoración: Muy recomendable

Pertenece esta novela a la segunda etapa novelística de Ramón Saizarbitoria, después del parón que se produjo entre Ene Jesus (1976) y Hamaika pauso (1995); son casi veinte años fundamentales para el sistema literario vasco (en euskera): prácticamente inexistente en la década de los noventa, está ya en franco crecimiento y consolidación a finales de los noventa, con un número creciente de escritores, un entramado editorial y, sobre todo, un público receptor para esta nueva literatura.

Así, como si Saizarbitoria diese por cumplida su labor como modernizador de la narrativa en euskera, en las cinco narraciones que componen Guárdame bajo tierra Saizarbitoria se dedica, simplemente, a contar buenas historias bien contadas: se atenúan hasta desaparecer las influencias (no del todo digeridas) del nouveau roman francés, tan evidentes y reconocidas en sus primeras obras, y se da mayor peso a los personajes, a los narradores, a la propia trama.

Las cinco historias (más que relatos, casi son novelas breves en algunos casos) que componen el libro tienen un elemento en común: la inhumación y/o exhumación de restos humanos. En "La guerra perdida del viejo gudari", un soldado de los batallones nacionalistas que intenta sin éxito cobrar una pensión, busca los restos de su pierna amputada por un obús. De fondo, el recuerdo de la guerra, con especial atención para el infame "pacto de Santoña", por el que las milicias nacionalistas se rindieron tras la caída de Bilbao y renunciaron a seguir luchando en el bando la República.

"La paternidad negada de Marcel Martin" se basa en una historia real: la del cantante italo-francés
Yves Montand, que fue exhumado para poder realizar una prueba de paternidad, una historia que se vuelve peligrosamente paralela con la relación del protagonista. También "La obsesión de Rosetti" entrelaza dos historias paralelas: la del pintor Dante Gabriel Rosetti, que mandó exhumar el cadáver de su amada para rescatar los manuscritos de sus poesías, y la del narrador-protagonista, que intenta recuperar una nota erótica con la que sedujo a una mujer, para reutilizarla con otra.

"Dos corazones en una tumba" es quizás el relato menos conseguido del volumen: con un tono irónico burlesco, cuenta la historia de un hombre (lo que vulgarmente se conoce como "un calzonazos") que miente a su mujer sobre el destino final de los restos mortales de sus padres. Por último, "El huerto de nuestros mayores" recupera la temática política del primer texto, hablando de la exhumación y traslado de los restos de Sabino Arana, una anécdota histórica que también aparece en la novela de ciencia-ficción paródica Si Sabino viviría, de Iban Zaldua.

En conjunto, como decía, se nota cierta irregularidad en el libro, aunque la estructura simétrica y el tema común ayudan a considerarlo como un texto con una cierta unidad y no como un recosido de relatos. No deja de ser significativo, también, que los textos transcurran en escenarios vascos (principalmente Donostia y sus alrededores) pero también europeos (Madrid, París, Londres...). Esto, que no deja de ser perfectamente normal en cualquier literatura, en el caso de la narrativa vasca fue también una conquista lograda por la generación de Saizarbitoria.

La traducción de F. Eguia Careaga consigue que la lectura sea fluida, y sale también airosa de la cuestión de que los personajes se expresen a veces en euskera, a veces en español, o incluso en otras lenguas (no sé cómo aparecerá en el original, pero en la traducción no resulta forzado).

También de Ramón Saizarbitoria en ULAD: Cien metrosLos pasos incontablesMartutenePorque empieza cada día

martes, 6 de febrero de 2018

Nicolas de Crécy: Diario de un fantasma

Idioma original: francés
Título original: Journal d'un fantôme
Año de publicación: 2007
Traducción: Ana Millán
Valoración: interesante para interesados

Aclaremos algo antes que nada: lo de "fantasma" aquí no se refiere a un espíritu más o menos atormentado, como el de Canterville, o a uno de esos de la peli aquélla de Bruce Willis... y ni siquiera al típico cuñado que todos tenemos y que dice hacerse Madrid-Bilbao en dos horas, parando a comer en Aranda de Duero... No, en esta novela gráfica el fantasma es un ente globular y blancurrio, con ojos y boca y manos, pero nada más, que representa a una idea abstracta, a un gráfico o, mejor aún, a un gráfico en potencia, un dibujo que aún no ha sido pergeñado. Se trata de un posible dibujo o diseño que aún no ha encontrado su forma  -pongamos por caso, la de una mascota olímpica o el logo de una marca de chocolatinas- y por eso se ha trasladado, en busca de inspiración a Nagoya, ciudad japonesa donde abundan los grafismos chachis de todas las formas y colorines... En efecto, parece ser que Japón, además de la cuna del hentai y otras modalidades de erotismo extremo (gráfico o no), es el país con más mascotas de estas por metro cuadrado: las hay para casi todo, como puede verse aquí.

Allí en Japón, este fantasma, ente, ser o cómo se le quiera llamar se reúne con su representante francés -que es, precisamente, su antitético: un tipo de lo más carnal, zafio y más salido que el pico de una plancha-, conoce a peculiares personajes y trata de dilucidar sus dudas existenciales. Luego, durante el viaje de regreso a París (y perdón por el SPOILER o ESTROPEAMIENTO, pero es necesario para seguir con la reseña), se encuentra a un tipo que, ¡oh, misterio!, parece conocerle a la perfección y que... uy, un momento... esa cara-...¡caramba, pero si es el mismo autor del libro, el afamado dibujante Nicolas de Crécy! (no es que yo tenga siempre presente su careto, es que lo he buscado en Google). Este creador/compañero de vuelo se dedica a darle la barrila contarle al "fantasma" un viaje de trabajo que hizo a Brasil -a Recife, en concreto-, y los problemas, dudas y reflexiones que le suscitó la obligación de reflejarlo en ilustraciones -por cierto, esta parte del libro está bañada en sepia o nogalina para causar la sensación de ser un recuerdo, mientras que el resto está trazado en lo que parece una enervante plumilla o incluso, como se sugiere en algún momento, un boli de punta fina-; sin duda, estas confesiones parecen ser un reflejo de aquellos problemas conceptuales que tenía el pobre fantasma (recordemos, un diseño en potencia), pero, para qué negarlo, la impresión que que da en el lector (en mí) es que el señor de Crécy ha aprovechado para desbarrar un rato sobre los asuntos que le preocupan respecto a su profesión (un poco como esa tendencia de algunos periodistas a darnos la matraca con reflexiones sobre la práctica periodística).

Aún así, es cierto que esta novela gráfica (¿ensayo gráfico, se podría decir?) trata ciertos temas no exentos de interés: sobre todo, las cuitas de la creación artística, ya digo; las dudas y exploraciones de cualquier proceso creador. También la vacilación de la mirada, ya sea , de nuevo, la del creador o la del simple turista. Y la necesidad, el apremio, incluso, de encontrar y, aún más, de buscar la autenticidad en lo que se mira (significativo que el autoficcionado e introspectivo Nicolas sólo se acabe sintiendo emocionado en Brasil al descubrir la escultura naïf del artista popular Mestre Vitalino).

Llegamos, pues, al fin al espinoso fastidioso jodido asunto de la autoficción, esa lepra literaria del siglo XXI... ¿Exagero? Pues el cuerpo me pide lanzar exabruptos, juramentos y reniegos hasta quedarme, sino a gusto, al menos un poco más desahogado. Ahora bien, resulta que mi digestión de esta novela gráfica ha coincidido con la publicación en CXTX del manifiesto sobre el tema del siempre lúcido Iban Zaldua, al que me remito, suscribo de cabo a rabo y me adhiero sin dudar. Es más, en mi opinión, los muros (y no hablo de los de Facebook, aunque también) deberían llenarse de este lema, coreado por todos los que estamos ya hasta las narices de tanta pamplina juntaletras:

¡AUTOFICCIÓN AL PAREDÓN!

Y que me venga a buscar la Fiscalía, si quiere...



Más títulos de Nicolás de Crécy reseñados en Un Libro Al Día: Período glaciar

jueves, 8 de diciembre de 2016

Edurne Portela: El eco de los disparos

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: muy recomendable

ETA dejó de matar en 2010, aunque ya desde la tregua de 2003-6 su final parecía inminente e inevitable. Desde entonces, el País Vasco (y no solo) ha entrado en una nueva fase histórica, política y también cultural: es el momento de construir la narración de los años de plomo, de revisar las últimas cuatro décadas y decidir qué les vamos a contar a nuestros hijos. ¿Fueron años de locura transitoria? ¿La culpa de todo la tuvo Franco? ¿Hicimos, como sociedad, lo que pudimos en medio de una situación difícil y peligrosa?

Esta es la pregunta fundamental que intenta plantear (más que responder) Edurne Portela: cómo se está creando el discurso sobre los años de violencia, en los productos cultuales vascos. Y su propuesta es crítica, incómoda y dolorosa: defiende que en la sociedad vasca dominó la complicidad, el miedo y el silencio, y que el secuestro del lenguaje por parte de ciertas ideologías (sobre todo de la denominada "izquierda abertzale", pero también el nacionalismo tradicionalista español) ha dificultado la creación de discursos complejos, matizados y profundos.

Conviene recordar que lo que Edurne Portela analiza son, como digo, producciones culturales (literarias y cinematográficas, fundamentalmente); no es una socióloga que pretenda radiografiar a la sociedad vasca, sino una investigadora de Estudios Culturales que trata con representaciones y creaciones ficcionales. Su forma de evaluarlas, por otra parte, es decidida y explícitamente ética e ideológica: no evalúa su calidad formal, sino su valentía, su capacidad para huir del maniqueísmo pero también de la tan temida "equidistancia".

E estos juicios, salen bien paradas obras como la película Tiro en la cabeza; la obra del fotógrafo Clemente Bernad (quien quiso exponer en el Guggenheim la radiografía de la cabeza tiroteada de Miguel Ángel Blanco, provocando una enorme polémica), los relatos de Jokin Muñoz o de Iban Zaldua. Algo peor quedan en la foto la novela Twist de Harkaitz Cano, o los cuentos de Fernando Aramburu. Y la obra que recibe las críticas más duras (junto con las producidas por creadores próximos a la izquierda abertzale con fines casi-propagandísticos) es la película Ocho apellidos vascos, a la que Portela acusa de banalizar la violencia sin antes haber llegado a analizarla o expiarla.

Una de las grandes virtudes del libro es que no está escrito desde fuera, proyectando un juicio moralmente superior sobre los malvados vascos: Edurne Portela se presenta (a través de una serie de capítulos que, sin decirlo, se adivinan autobiográficos) como una vasca más, que vivió los años más duros de la violencia, de la kale borroka, de los pelotazos de goma y de cantar "Sarri, Sarri" en las fiestas del pueblo. A lo largo del libro conocemos a una Edurne Portela con un rechazo visceral a los batasunos y a su retórica, pero que insiste en la necesidad de incluir en el cuadro el terrorismo de estado o la violencia policial, sin que eso suponga hacer tabula rasa y equiparar todas las víctimas y todos los discursos. Se opone a la equidistancia cómplice, pero también a la utilización política de las víctimas del terrorismo, realizada a veces por las propias asociaciones de víctimas.

El libro tiene algunas limitaciones; por ejemplo, excluir del análisis obras de los "grandes" escritores de la literatura vasca tiene ventajas, porque ayuda a ampliar el canon establecido, pero también es cuestionable, porque voces como la de Ramon Saizarbitoria han dicho mucho, y muy bien, sobre la forma en la que podemos enfrentarnos como sociedad a los hechos del pasado. Tampoco comparto (ni falta que hace, claro) todos los juicios que hace Edurne Portela: me parece que es demasiado crítico con Twist, y que exagera en su rechazo de Ocho apellidos vascos, que no pasa de ser una txotxolada inferior a Vaya Semanita, aunque de la misma familia.

Pero en todo caso, El eco de los disparos es una obra que abre un camino (y lo quema parcialmente, también): el del análsis de los discursos culturales sobre los años de plomo. Afortunadamente, los escritores, cineastas, artistas, solo están empezando ahora a producir este tipo de reflexiones, por lo que el trabajo de Edurne Portela exigirá futuras actualizaciones (suyas o de otros). Quizás la mejor noticia sea de hecho que estas producciones culturales existen, y que son variadas, complejas y producen narraciones divergentes sobre el conflicto vasco. En el momento en que se imponga una narración única, libros como este dejarán de ser posibles, y el olvido habrá triunfado sobre la memoria.

También de Edurne Portela en ULAD: Formas de estar lejosMejor la ausencia

lunes, 19 de diciembre de 2022

Lo mejor de 2022

Un año más nos obstinamos en ir contracorriente, en llegar de los últimos para desmentir a muchos de los medios cautivos de jamones, lotes de Navidad y transferencias a cuentas cifradas en paraísos fiscales. También aclaramos que estas son nuestras lecturas durante el año, y que si se nos cuela algún libro inencontrable de hace cuatro décadas, seamos o no conscientes de ello, no nos culpéis. Es el amor a la literatura, que nos ciega con sus fogonazos.

Dicho ello:

La lista de Juan

Año de muchas y buenas lecturas, aunque quizás pocas que hayan destacado del resto. Por eso, me vais a permitir que desgrane mis mejores lecturas a base de tríos...


La lista de Koldo

Curiosamente o no, pocas novedades de 2022 en mi lista de mejores lecturas del año:


La lista de Santi

Año de muy pocas lecturas, pero algunas que me han hecho disfrutar soberanamente:


La lista de Oriol


La lista de Marc

Un año irregular en cuanto a lecturas, que no contaría entre mis mejores. Mejor en ensayo que en ficción, en líneas generales. Aún así, hay libros y autores a destacar en todos los géneros:
Propósitos para el 2022: más poesía, (aún) más ensayo y más literatura infantil


La lista de Montuenga

Lo mejor

Lo peor


La lista de Carlos

Entre medio, algunas cosas que han quedado cerca de esta lista de destacados, y otras inevitablemente prescindibles, regulares o más o menos decepcionantes. Como siempre, vaya. Veremos lo que está por venir.


La lista de Nieves J.

Destaco dos novelas: Josefine y yo (intimista) de Hans Magnus Enzensberger y El tren de la última noche (género histórico) de Dacia Maraini

La lista de Francesc Bon

Confirmando que las situaciones personales afectan a las lecturas, no recuerdo año en que haya leído tan poco y peor. Así que mis referencias del año serán pocas y al ralentí:

Tostonazo, de Santiago Lorenzo, me confirmó en los términos que esperaba, más o menos, que sigue siendo, con su estilo naïf y pasota, de los pocos escritores locales capaces de definir una carrera. No me hagáis mencionar todos los que no, por favor.

Si digo que acusé la falta de munición de alto calibre en Aniquilación, igual soy un poco injusto, pero es que venimos de cotas muy altas (ejem, casi siempre) con Houellebecq. Sigue siendo un placer y un autor único, pero, a lo mejor, se nos está ablandando. Será como el del dicho. - ¿Cree Vd. en Dios? - Cuando estoy enfermo.

Demasiado terreno conocido: reseñar a Kapuscinski, Foster Wallace, Vila-Matas o Philip Roth (otra vez) es demasiado indicativo de que la cosa no ha ido como debía.

Como, a veces, la ficción se espesa en un cerebro algo angustiado, los ensayos o crónicas de corte investigador me han resultado (aunque acusé su extensión) muy útiles: El Imperio del Dolor o Solo la verdad obraban a distintos niveles su efecto: hay que controlar los poderes, manifiestos u ocultos, que nos rodean.
Y me han dicho que no tiene sentido comentar tanto abandono. Por este año, obedezco.