sábado, 14 de junio de 2014

Ramon Saizarbitoria: Martutene

Idioma original: euskera
Título original: Martutene
Año de publicación: 2012
Valoración: Muy recomendable

Voy a empezar a lo grande: Ramon Saizarbitoria es, para mí, el mejor escritor vasco (en euskera) vivo. ¿Mejor que Atxaga? Pues, aunque estas comparaciones sean siempre incómodas en innecesarias: sí, en mi opinión, mejor que Atxaga, aunque no haya tenido ni mucho menos la misma difusión o el mismo reconocimiento, fuera del País Vasco al menos. Ya he reseñado por aquí una parte importante importante de la producción de Saizarbitoria (Cien metros, Los pasos incontables y Guárdame bajo tierra), y ahora le toca el turno a su última novela, su obra más ambiciosa y probablemente su obra maestra, salvo que en los años próximos le quede todavía aliento como para intentar algo todavía de mayor envergadura. Que nunca se sabe.

Martutene es, como su nombre indica, una novela ligada a un espacio: el barrio donostiarra de Martutene. En él conviven dos parejas que se entrecruzan de maneras diversas: Martín (un escritor egocéntrico y algo ridículo, como suelen ser los escritores en las novelas de Saizarbitoria) y Julia (traductora), por un lado; Iñaki Abaitua (ginecólogo) y Pilar (neurocirujana) por otro. La vida de los dos matrimonios se ve sacudida por la llegada de Lynn, una joven socióloga estadounidense que se aloja en casa de Martín y Julia, pero que comienza una apasionada relación sentimental con Iñaki Abaitua.

Saizarbitoria intenta en Martutene (así lo entiendo yo, por lo menos) analizar los fracasos, frustraciones y culpas de su generación: culpas individuales (profesionales, sentimentales, artísticas) y colectivas, derivadas unas veces del Franquismo (los vencedores que se aprovecharon de los vencidos) y otras del "conflicto vasco", como cuando el escritor reflexiona sobre su papel (¿insuficiente?) como voz de las víctimas. (El propio Saizarbitoria, en un acto público no hace mucho pedía perdón y reconocía que "en los años ochenta, yo no veía el sufrimiento de las víctimas"; obviamente esta reflexión se traslada a Martutene).

Martutene es, por eso, una novela monumental, ambiciosa, exigente. Aunque la trama sentimental de Lynn e Iñaki Abaitu se impone como el eje argumental principal, no son menos importantes otras muchas tramas y temas paralelos como las reflexiones de Julia sobre su relación con Martín, o las páginas que se refieren a la burocracia hospitalaria o a los problemas de Pilar para mantener la clínica familiar; otros personajes secundarios, como Harri o Kepa, sirven para ampliar la gama de posturas vitales y políticas ante la realidad vasca, o ante la realidad universal. (Porque la preeminencia de la identidad vasca sobre otras identidades es también otro tema cuestionado por el propio texto).


Es imposible no referirse al intenso proceso de intertextualidad que Saizarbitoria construye entre su novela y Montauk, de Max Frisch (que espero reseñar en breve): en la obra del suizo la protagonista femenina, que también se llama Lynn, se ve envuelta en una relación con un hombre mayor y casado, y muchas de las situaciones y conversaciones se traspasan de una novela a otra de manera literal o casi literal. Después de leída Montauk, la proximidad parece casi excesiva; es, desde luego, totalmente deliberada. También el multilingüismo del texto, que Saizarbitoria ya había ensayado en

Solo algunos leves defectos, que no empañan en absoluto el conjunto, me llevan a calificar la obra como "Muy recomendable" y no como "Imprescindible". Algunas de las tramas narrativas me resultan poco atractivas, por no decir pesadas, molestas: es el caso de la historia de Harri, obsesionada con encontrar a un desconocido que conoció en un avión (mientras leía, cómo no, Montauk de Max Frisch). Y el desenlace, que no voy a destripar, me pareció demasiado melodramático, demasiado forzado. Innecesario, puesto que la mayoría de los hilos narrativos circulaban ya hacia un desenlace más natural y menos sentimental.

En cualquier caso, Martutene es una novela que merece la pena leer, porque representa lo mejor que ha dado la literatura vasca en los últimos años, sin duda; si hubiera sido escrita originalmente en español, habría recibido sin duda una atención mucho mayor; y no habría estado de más, sin quitar ningún mérito a José María Merino, que se hubiera alzado con el Premio Nacional de Narrativa de 2013. Quien quiera leerla en español, puede hacerlo gracias a la traducción de Madalen Saizarbitoria, revisada por el propio autor.


También de Saizarbitoria: Cien metros, Los pasos incontables, Guárdame bajo tierra

4 comentarios:

Il Gatopando dijo...

La tengo en la estantería esperando el momento de leerla.

En cuanto a una posible futura obra maestra por parte de Saizarbitoria no me parece necesario que haya de ser una obra de mayor envergadura. A menudo la excelencia y la brillantez se encuentra en la sencillez y la naturalidad. El secreto consiste en pulsar la tecla justa, a menudo sin el autor pretenderlo.

Paulo Kortazar B. dijo...

Otro que la tiene en estanteria. Por cierto, Santi, ya te ha costado.

Santi dijo...

Estuve un tiempo esperando a ver si cierta persona se animaba a escribir una reseña a cuatro manos, pero como esa cierta persona no se animó, al final la he escrito yo solo :P

Anónimo dijo...

Yo estoy viviendo actualmente en un pueblo de Holanda. La bibllioteca local tiene no más de cuarenta títulos en español y uno de ellos es... !Bingo!: "Martutene".
Así la cogí sin pensarlo en cuanto vie que había llegado algo nuevo y desde luego que no me ha defraudado en absoluto. Es lo primero que leía de Saizarbitoria y tampoco he leído a Frisch, pero me ha recordado, en su historia envolvente a "El mago" de Fowles.
Coincido contigo en que el final es demasiado... demasiado. No hacía falta dejarlo todo atado y bien atado porque en la vida no suele ser así y siempre quedan cabos sueltos.
Muy recomendable.
En cuanto a si es el escritor vasco más significativo o brillante o lo que sea, me sigo quedando con Pinilla, aunque es, por supuesto, de otra generación.