domingo, 22 de junio de 2014

Álvaro Enrigue: Muerte súbita

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: Muy recomendable

A primera vista, el argumento de esta novela no parece sino una excentricidad, apenas más que una boutade: se trata de la narración de un partido de tenis que trascurre en 1599, en la Plaza Navona de Roma, entre nada menos que un pintor lombardo bastante macarra, conocido como Caravaggio y un joven poeta español, un tal Francisco de Quevedo. Si a alguien le resulta demasiado inverosímil tal argumento, que tenga en cuenta que además transitan por esta novela las figuras de Ana Bolena, Galileo, el rey Francisco I de Francia, Hernán Cortés, la Malinche, el emperador Cuahtémoc, varios obispos y cardenales de la época, un par de Papas y hasta un (futuro) santo de la Iglesia Católica. Esto, sin contar las varias prostitutas, rufianes, mercenarios, verdugos, artesanos, soldados y cocineras....

El caso es que, contra todo lo previsto, Enrigue consigue hacer encajar todo ese batiburrillo histórico y, aún más, hacerlo de una forma literariamente satisfactoria, cuando no excelente. En esa Piazza Navona acaban confluyendo todos los relatos que comienzan muchos años antes (y partiendo otros que concluirán muchos años después) mientras Caravaggio y Quevedo, resacosos y amnésicos (o no), se desfondan en un intenso partido de pallacorda, el tenis de la época, menos rudimentario de lo que cabría pensar. Y no sólo consigue hacer casar todos los elementos sin estridencias ni mixtificación alguna: incluso nos proporciona toda una serie de datos acerca de la historia del juego del tenis, de manera que este partido en 1599 nos acaba pareciendo no solo plausible, sino totalmente lógico y consecuente con la época.

Sin embargo, no me atrevería a decir que Muerte súbita es una novela histórica según los cánones establecidos del género (si es que queda alguno, a estas alturas), pero sí que resulta, aun de una manera oblicua, un retrato muy sugerente de un tiempo apasionante: uno de esos "momentos-bisagra" entre dos épocas con sus diferentes circunstancias, aspiraciones y paradigmas.

De igual forma, tampoco estoy del todo seguro de que esta novela se pueda encuadrar en lo que se conoce como "literatura posmoderna"; no estoy demasiado ducho en el tema. Ciertamente que muchos de los elementos estilísticos que por lo visto, caracterizan a este tipo de narración aparecen también aquí: narración fragmentada, saltos adelante y atrás en el tiempo, mezcla de perspectivas, argumento circular (en este caso centrípeto, diría yo), referencia a la cultura de masas (tenis o "prototenis"), inserción de lementos documentales... Ahora bien, la impresión que da es que el autor ha utilizado todos estos recursos más como una herramienta que como un fin en sí mismos, con el ánimo de abrir nuevos caminos al arte literario o, de manera más pedestre, simplemente de "epatar" al lector contemporáneo (lo que ya resulta harto difícil, a estas alturas).

Tampoco nos ahorra Enrigue alguna que otra mención a sus propias cuitas durante el proceso de documentación y redacción de la novela: esto es algo que, más que una moda, ya parece haberse convertido casi en una obligación en este tipo de libros que, aun de forma más o menos novelizada (y sin ser estrictamente biografías, claro)  utilizan como materia prima las vidas de personajes reales: LimónovHHhH, o, hace ya varios años, Soldados de Salamina. Por suerte, aquí el escritor evita hacerse con el protagonismo y éstas menciones parecen hechas más por compromiso que por otra razón. Y, desde luego, el resultado queda bastante lejos del "vicio solitario" de al autoficción, por suerte para todos...

En suma, una novela divertida, entretenida, incluso apasionante, en algún momento; en general, muy bien escrita (ese español mexicano resulta delicioso... aunque se podía haber ahorrado hacerle decir a Quevedo "ahorita" y alguna otra cosa por el estilo), que nos da una visión de la Historia y de sus hilos invisibles diferente, pero no por ello menos cierta. Y, si al final resultara ser todo falso... ¿qué más da? El juego habría merecido la pena, en todo caso.

2 comentarios:

jordim dijo...

Pues tiene buena pinta.

Juan G. B. dijo...

Y además de verdad, puedes creerme. gracias por pasarte por aquí