domingo, 1 de junio de 2014

Ricardo Menéndez Salmón: Niños en el tiempo

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: Se deja leer

Me pasa con Menéndez Salmón una cosa curiosa: me gusta su obra en general, pero no me gusta tanto ninguno de sus libros en concreto. Quiero decir que me gustan sus temas, su actitud ante la literatura o su posicionamiento ante la realidad (a todo ello contribuye el que le conociera en persona hace un par de años, y me cayera genial). En cambio, si pienso en sus obras, en La ofensa (que es la que más me ha gustado por ahora) me decepcionó el final; El corrector me pareció un panfleto necesario políticamente, pero literariamente poco trabajado; y esta, Niños en el tiempo, bueno, me ha parecido fallida, en la mayoría de sus planteamientos.

Niños en el tiempo habla de niños. Concretamente, de tres niños (o cuatro, o cinco, si se quiere, pero los fundamentales son tres). En la primera parte de la novela, "La herida", el niño es el hijo muerto de la pareja protagonista; en la segunda parte, "La cicatriz", el niño es Jesucristo, cuya infancia se ve obligado a recuperar el escritor protagonista de la primera parte, quizás como medio para exorcizar la muerte de su propio hijo; en la tercera parte el niño es el hijo no nacido de Helena, una mujer que huye a Creta para decidir qué hacer con su vida, y allí conoce a un hombre maduro y misterioso con el que establa amistad (y que resultará ser, perdón por el spoiler, una versión envejecida del escritor que protagoniza la primera parte y escribe la segunda).

Ahora bien, el mayor problema de este libro es la afectación. Es un libro en el que el gesto estético (el querer escribir bonito) se sobrepone a cualquier otra consideración y llega a fagocitar cualquier otro posible interés del libro. Todo él está escrito en un estilo que pretende ser poético, lírico, profundo, y que no solo cansa bastante (y retarda interminablemente la acción), sino que contrasta, además, poderosamente, con el doloroso tema central del libro: la muerte de un hijo. Es obvio y radical el contraste con La hora violeta de Sergio del Molino, una novela sobre el mismo tema, pero con una opción estética prácticamente opuesta, y mucho más exitosa.

En fin, todo el libro da la impresión de un experimento fallido. Me duele decirlo, no solo porque como decía al principio me gusta Menéndez Salmón, o por lo menos la idea platónica de Menéndez Salmón; sino también porque creo que en la literatura española hacen falta, precisamente, más experimentos y menos conformismo. Pero claro, cuando uno se arriesga más allá de lo conocido, a veces se falla. Y eso es lo que le ha pasado esta vez a Menéndez Salmón.

También de Ricardo Menéndez Salmón: La ofensa, El corrector

4 comentarios:

Anónimo dijo...

De Menéndez Salmón sólo he leído la recopilación de cuentos "Gritar" y me dejó buen sabor de boca. En cuanto a este libro me dejas con dudas porque cada vez me gustan más los libros en los que se da más importancia al cómo se cuenta que a lo que se cuenta (ejemplo "Vidas Minúsculas" de Michon), aunque, a priori, la temática del de Menéndez no me atraiga. Tendré que darle una oportunidad.

Gracias por la reseña Santi.

Saludos.

Francesc Bon dijo...

En el fondo, Santi, es el problema de conocer a los escritores e intentar "empujarnos" a un juicio positivo sobre sus obras. O al revés, en lo que me reconozco más, que es la imposibilidad de aceptar que un tipo que te caiga mal sea capaz de ser un buen escritor. Muchas veces he tenido en las manos una de sus obras y la he vuelto a dejar ahí: me entra una repentina sensación de que aburren. Mira que me gustan escritores que suelen tender a aburrir (bueno, más que gustarme suelo ser comprensivo con ellos).

Anónimo dijo...

Me ha gustado tu reseña y concuerdo contigo, sin embargo, ese "pequeño spoiler" es el final del libro y así no se puede :c

Santi dijo...

Hola, Anónimo! Pues me alegro de que estés de acuerdo con la reseña. Respecto a spoiler, me pareció que en realidad esa información no era demasiado relevante para la experiencia lectora, y sin embargo sirve para explicar la unidad de la novela; si no, se trataría de tres relatos independientes...