viernes, 27 de junio de 2014

Claudio Magris: El infinito viajar

Idioma original: italiano
Título original: L’infinito viaggiare
Fecha de publicación: 2005
Valoración: Muy recomendable

Esta primavera tuve la suerte de escuchar en vivo y en directo a Claudio Magris, premio Príncipe de Asturias de las Letras 2004. Fue durante el festival literario de Bilbao, Gutun Zuria. Sabía de él gracias a artículos y entrevistas en publicaciones de todo tipo y me había dejado muy buen sabor de boca el prólogo que hizo a las Memorias de un antisemita de Gregor Von Rezzori, reseñadas por aquí entre Ian y yo. Con estas referencias, y aunque no hubiera leído aún ninguna de sus obras, daba por hecho que me iba a encontrar con un hombre muy culto y gran conocedor de la tumultuosa historia de Europa.

 Durante el encuentro bilbaíno, en el que Magris se sentó frente a Marisa Blanco, la directora de Gutun Zuria, el escritor se mostró como un hombre serio, sereno y sencillo, de pocas palabras y respuestas efectivas, ¿tímido?, y poco dado a desviarse del tema de turno para hacer públicas curiosas reflexiones o anécdotas personales. En fin, no me pareció para nada uno de esos autores que además de tener talento para la escritura se revelan como amenos y ocurrentes personajes públicos a los que uno no se cansa de escuchar. Pero eso no fue óbice para que yo encontrara muy interesante gran parte de sus ideas y análisis, que versaban sobre el tema “excusa” del festival de este año: “Relatos de frontera”, o lo que es lo mismo (según explicaban en el programa), “límites geográficos de las fronteras ideológicas, étnicas y religiosas”.

El libro de Magris que más citó Marisa Blanco durante el encuentro fue Danubio, y contaron tantas cosas atractivas sobre su contenido y sus estratos conceptuales que me dije que tenía que hacerme con él cuanto antes. Sin embargo, por un motivo u otro, aún no lo he hecho (prometo que lo haré y lo contaré por aquí), pero sí que he leído y disfrutado otro famoso libro de Magris: El infinito viajar.

El infinito viajar entra en la categoría “libro de viajes”, de eso no hay duda. Su autor recoge casi una cuarentena de experiencias suyas como viajero en lugares de los cinco continentes, pero tales crónicas están escritas de tal manera, que se puede afirmar que nos encontramos ante un híbrido del citado libro de viajes, novela y ensayo. El estilo del que Magris hace gala desde la primera página desconcierta y emociona por la calidad literaria y la humanidad que desprende, sus historias están perfectamente nutridas con datos de todo tipo, y las reflexiones que al autor le despiertan tal o cual lugar o ciertas personas, están muy bien  engastadas en el contexto. Y bueno, es difícil de creer la gran amalgama de conocimiento geográfico, étnico, histórico o artístico que uno se lleva consigo tras haber leído las apenas 285 páginas de El infinito viajar

Por las páginas de este libro, Magris reflexiona, entre otras muchas cosas, sobre lo diferente que es el viaje circular (como el de Ulises u Homero, que lo que quieren es volver a casa) del nietzschiano, que contempla el viaje como una marcha constante e inevitable hacia la muerte, un infinito viajar; la condición del viajero como sujeto siempre en movimiento y sin raíces condenado a pasar por lugares de los que nunca llegará a formar parte, o los nacionalismos totalitarios, divisores, fraticidas y atávicos.


Se puede decir, aunque parezca una locura, que los lugares por los que Magris se mueve a lo largo y ancho de este libro son lo de menos, o, dicho de otra manera, el pretexto para que el autor dé rienda suelta a su espíritu extremadamente observador y reflexivo. Así, en España invoca a la célebre sombra del eterno soñador enfrentado como un lunático a la realidad, don Quijote; en el corazón de Europa habla de pueblos desconocidos para el “gran público” y de cómo a día de hoy las nuevas generaciones siguen reivindicando sus rasgos de identidad; en el sudeste asiático reflexiona sobre el requete-citado choque Oriente/ Occidente con sensatez, y en Oceanía, en la misteriosa isla de Tasmania, se deleita con la idea de que se encuentra en el fin del mundo. Y todas estas aventuras en las que realmente no le pasa "nada" (no sufre cataclismos, ataques, ni secuestros), las narra conjurando seres del pasado, célebres o íntimos, destacando sobre todos ellos su difunta esposa, la escritora Marisa Madieri, y describiendo a personajes que se va encontrando por el camino, peculiares a sus ojos y también a los míos, su agradecida y deslumbrada lectora. 

2 comentarios:

Montuenga dijo...

Pues mira, hace exactamente nueve años, me lleve Danubio, y alguno más, de vacaciones a Mojácar. Es sencillamente impresionante, eso sí, también de los que se suelen considerar áridos, aunque yo estaba tan ocupada levitando que ni me enteré.

Ya es hora de que lea algo más suyo, este por ejemplo.

Anónimo dijo...

Gracias por el comentario, Montuenga. Algo me dice que me va a gustar mucho ese libro... Veremos.
Yemila