domingo, 29 de junio de 2014

Guy Debord: La sociedad del espectáculo

Idioma original: francés
Título original: La société du spectacle
Año de publicación. 1967
Traductor: Rodrigo Vicuña Navarro
Valoración: Imprescindible

El filósofo francés Guy Debord (1931-1994) fue la figura más conocida del Movimiento Letrista, primero, y de la Internacional Situacionista, movimiento éste primero artístico y luego filosófico y político que tuvo su culminación, al parecer, con las famosas revueltas de mayo del 68 en París. Y La sociedad del espectáculo es, precisamente, el texto más conocido del mal llamado "situacionismo" y una obra cuyo eco e influencia se extiende hasta nuestros días, casi 50 años después de su aparición. Dividido en 221 parágrafos (alguno más extensos pero con  otros que apenas pasan del aforismo, casi taoísta a veces), agrupados a su vez en nueve capítulos temáticos, se trata de un libro no demasiado largo pero sí de una cierta densidad...

Lo siento, no puedo proseguir esta reseña sin hacer una confesión: éste es el típico libro-que-uno-nunca-ha-leído-pero-lleva-toda-la-vida-fingiendo-que-sí (bueno, que no había leído entero, debo aclarar). Sé que ninguno de los que siguen este blog habrá caído nunca en un comportamiento tan vil como el mío, pero perdónenme: hago aquí público acto de contricción y propósito de enmienda. Y como penitencia, me he leído por fin La sociedad del espectáculo.

Además, leer este libro me ha supuesto, creo yo, una doble recompensa: por un lado el enriquecimiento personal al conocer al fin de primera mano una obra fundamental para el entendimiento de nuestro tiempo. Por otro, el darme cuenta de la cantidad de gente que, igual que yo hacía, fingen haberlo leído y lo interpretan, además, de una manera errónea. Porque el espectáculo al que se refiere Debord no es simplemente, como puede (y suele) suponerse, cualquier exhibición mediática a la que los ciudadanos contemporáneos asistimos de manera continuada. Ni siquiera la conversión de cualquier acontecimiento social y/o político en un suceso mediático. Según Debord: "El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas  mediatizada por imágenes" ("sura" nº 4); el espectáculo no es sólo el marco en el que se mueve el sistema, es lo que constituye el propio sistema al que pertenecemos. Es "el capital a un grado de acumulación tal que éste deviene imagen" (nº 34).

Aunque no pensemos que este concepto de espectáculo define solamente a la sociedad capitalista de consumo. Para el autor francés, la supuesta alternativa que existía en aquel momento (hablamos de los años 60 del pasado siglo, no lo olvidemos) constituye la otra cara del mismo sistema espectacular: por una parte, tendríamos el "espectáculo difuso" de la sociedad occidental capitalista; y por otra, el "espectáculo concentrado" del "capitalismo burocrático" soviético.

De hecho, Debord, preconizador de una revolución continua en la que teoría y praxis no sólo vayan de la mano sino que se retroalimenten la una a la otra, dedica todo un capítulo (el IV: "El proletariado como sujeto y como representación") a analizar los pros y contras del resto de teorías revolucionarias desarrolladas hasta ese momento (la competencia, para entendernos): marxismo, socialismo utópico, anarquismo, bolchevismo, leninismo, stalinismo, trotskismo... para acabar exponiendo su propia propuesta revolucionaria (por medio de los consejos obreros). Esto es reflejo de una controversia que, sin duda, era del máximo interés en su momento; no tanto hoy en día, me temo (el propio Debord concluye: "La teoría revolucionaria es ahora enemiga de toda ideología revolucionaria y ella sabe que lo es").

También aprovecha otro capítulo, el VIII, para "darle leña" a diferentes disciplinas de las Ciencias Sociales (más competencia, supongo): la Historia del Arte (y, de paso, las vanguardias artísticas), la sociología, el estructuralismo (corriente tan en boga en Francia en aquellos momentos) o a explayar sus argumentos sobre disputas filosóficas apasionantes... para los propios filósofos. Porque eso sí, advierto que no es un libro fácil de leer (al menos, para el que esto escribe): al metalenguaje filosófico post-hegeliano hay que sumarle el metalenguaje revolucionario post-marxista y el propio metalenguaje "situacionista" del autor, que tampoco es moco de pavo (añadámosle la traición de toda traducción, por fiel que pretenda ser).

No obstante, su lectura merece más que la pena. En lo que se refiere al análisis de la sociedad contemporánea (que ya era como ahora hace 50 años, por lo que se ve), Debord nos clavó: La sociedad del espectáculo, más que un mero retrato o incluso una radiografía del mundo al que nos despertamos cada día, supone un vivisección en toda regla. Y la imagen que nos devuelve el espejo en el que nos obliga a mirarnos una vez abiertos en canal, resulta cuando menos desazonante. Nos enseña lo que somos, lo que creemos que somos y lo que pretendemos ser, de una manera que, por muy abstruso que llegue a ser el lenguaje empleado, al final resulta cortante y precisa como el bisturí de un cirujano:

Parágrafo o sura 14: "La sociedad que descansa sobre la industria moderna no es fortuita o superficialmente espectacular, es una sociedad fundamentalmente espectacularista. En el espectáculo imagen de la economía reinante, la finalidad no es nada, el desarrollo es todo. El espectáculo no quiere llegar a ninguna otra cosa que a sí mismo".

O, como dice la cita más conocida del gran Debord (sura nº 9): "En el mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso".

Lo dicho: que nos clavó, el tío.



2 comentarios:

Milena Albanese dijo...

http://depajaritosycolores.blogspot.com.ar/

Gracias.
(Un conjunto de palabras en un abrazo eterno que te callan de amor y ausencia).

Juan G. B. dijo...

De nada, pues.