jueves, 12 de junio de 2014

Colaboración: Sinuhé, el egipcio de Mika Waltari

Idioma original: finés
Título original: Sinuhe egyptiläinen
Año de publicación: 1945
Traducción: Manuel Bosch Barrett
Valoración: Imprescindible

Egipto ha sido siempre una nación llena de secretos, de misterios que penden de las pirámides para desplazarse a la silenciosa esfinge, secretos que recorren las paredes cubiertas por jeroglíficos. Las eras duermen en las columnas de los templos de Amón y nadan imperecederas en el delta del Nilo. La fascinación que ha ejercido el Antiguo Egipto se da por su imperturbable monumentalidad, los milenios recorren esa nación sellada bajo la promesa de la eternidad y pocas novelas la han abarcado como Mika Waltari en Sinuhé, el egipcio.

Nos encontramos al final de la XVIII dinastía durante el reinado de Amenhotep III. En las periferias de la ciudad de Tebas llega a las orillas del Nilo un canasto trenzado y dentro escondido yace un niño de misterioso origen, su nombre será Sinuhé. La novela narrada en primera persona por el propio protagonista nos cuenta la vida de un médico que vive uno de los períodos más convulsos en la historia de la nación de Amón.

Es difícil resumir las aventuras de Sinuhé, más aún puesto que son cientos los destinos que se cruzarán con el del héroe. Nos encontramos con la figura endeble y soñadora de Akhenatón que proclama el culto exclusivo de Atón,  la deslumbrante belleza de Nefertiti, la fugacidad del reino de Tutankamón o la imponente figura de Horemheb el faraón militar comandado por el vuelo de Horus. 

Sinuhé lleva sobre su destino el estigma de un origen ignoto, su búsqueda no sólo será espiritual, sino también espacial, su deseo constante de sabiduría lo hará viajar por los reinos de Siria, de Mitani, Babilonia, Katukash y la mítica isla de Creta, todo en compañía de su inseparable esclavo tuerto Kaptah, el cual tiene mucho de Sancho Panza y que proporciona un gran humor a la narración como contrapeso al excesivo  pesimismo del narrador.

Sinuhé, el egipcio fue la primera novela de Waltari y también la más exitosa, llegando a convertirse en un referente del canon de la novela histórica. Y pese a que el contexto nos resulte por demás lejano o extraño, encontramos en sus páginas todos los tópicos recurrentes que caracterizan a la gran literatura. Nos damos cuenta que incluso los grandes hombres están revestidos de carne, que su destino ya está sellado en cuanto tienen deseos de inmortalidad, leemos a través de las palabras del solitario héroe la paga de la ambición, del poder, los imperios pasan y se  desvanecen en la Historia, se erigen dioses nuevos y el clamor de las grandes batallas se pierde en cientos de batallas idénticas. 

Leer a Waltari es invocar la antigua épica de Homero, los relatos de viaje de Marco Polo, todo ello ceñido bajo una estricta exactitud histórica que en su tiempo sorprendió a los mismos egiptólogos, el autor le dedicó diez años a la investigación histórica. Y toda esta investigación que en otros autores puede volver el texto un tanto soporífero, en esta obra no sucede,  la intriga no decae, mantiene un ritmo constante porque ante todo Waltari se esfuerza por crear seres vivientes, en sus páginas, como diría Tolstoi “late la vida misma”.

Firmado: Emanuel Bravo Gutiérrez

3 comentarios:

Unknown dijo...

Como es posible que nadie haya comentado aun sobre este libro!
Si bien consideró mucho mas versátil y agradable la lectura de Robert Graves, Waltari es un maestro en la ambientación y en lograr que uno se sienta parte del viaje de toda una vida de Sinuhé.
Lo leí hace 15 años y es una de mis novelas históricas favoritas.
Gracias Emanuel por reseñarla.

Enrique Jaramillo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Enrique Jaramillo dijo...

Como es posible que nadie haya comentado aun sobre este libro!
Si bien considero mucho mas versátil y agradable la lectura de Robert Graves, Waltari es un maestro en la ambientación y en lograr que uno se sienta parte del viaje de toda una vida de Sinuhé.
Lo leí hace 15 años y es una de mis novelas históricas favoritas.
Gracias Emanuel por reseñarla.