lunes, 26 de diciembre de 2011

Ricardo Menéndez Salmón: La ofensa

Idioma original: español
Año de publicación: 2007
Valoración: Recomendable

Menéndez Salmón se ha convertido en los últimos años en uno de los escritores jóvenes de moda, al menos entre la crítica especializada: sus obras han ganado premios de todo tipo, y varias de sus novelas han sido elegidas entre las mejores publicadas en lengua española en sus respectivos años. Aquí en ULAD ya reseñé El corrector (que, como dije entonces, no me emocionó demasiado), pero como ya entonces vi que la crítica no la consideraba la mejor obra de su autor, me prometí leer alguna más. Y la siguiente que ha caído, y no será la última, es La ofensa.

Y bueno, me ha gustado mucho más que El corrector. Esta sí que es una buena novela, e incluso diría que una gran novela. Comienza con un tono lírico y pausado, como de obra intimista con cierto aire a Seda, de Baricco (de quien, aunque puedo equivocarme, diría que Menéndez Salmón ha aprendido mucho). Pero luego el contexto histórico en que se sitúa (la Segunda Guerra Mundial, vista desde el lado alemán) la transforma necesariamente en otra cosa: una novela simbólica o, como se dice en el propio texto, una Metáfora de la relación del hombre (y Europa en su conjunto) con el horror.

La historia se centra en Kurt, un humilde y sensible sastre alemán que se ve recultado por el ejército nazi y llevado al frente de guerra a bordo de un sidecar. Allí, ya en la Francia ocupada, presencia una matanza cruel y sanguinaria, y como consecuencia pierde la sensibilidad. La novela tiene de todo: amor, guerra, muerte, algún elemento casi-fantástico, reflexiones del narrador sobre la culpa, la conciencia, la historia y un estilo conciso y ajustado que sirve perfectamente a la narración.


El único motivo por el que no le he puesto a La ofensa un "Muy recomendable" es que en la última parte se nota un cierto decaimiento en la tensión narrativa, en el pulso de la historia: decrece el ritmo, abundan más las reflexiones del narrador, se olvidan líneas argumentales prometedoras y todo se subordina a una última escena, eso sí, de una poderosísima carga simbólica. El sastre Kurt se transforma, mediante ese último gesto (suyo y del comandante nazi) en una personificación de esa Europa, insensibilizada por el horror (¿o acaso ya era abúlica antes?) y consumida por una ofensa irreparable e inolvidable.

También de Menéndez Salmón: El corrector

5 comentarios:

Paulo Kortazar B. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Paulo Kortazar B. dijo...

Santi, a mí el estilo intimista que comentas no me gustó. Reconozco que fue una novedad, pero me parecio un poco cursi, demasiado 'ñoño'.

En lineas generales cuando se publicó tuve la sensación de que la novela estaba sobrevalorada por los suplementos culturales. La reflexión del horror que plantea es demasiado obvia. Y el libro da la sensación de ser muy ligero.

Por no comentar un error de bulto hacia el final del libro donde un personaje compra un vino reserva (o muy caro, no lo recuerdo) en plena época de racionamiento de postguerra (fact).

Santi dijo...

Bueno, a mí me estaban gustando las dos primeras partes, muy al estilo de Seda también en esa mezcla de pequeñas realidades cotidianas y grandes hechos históricos. La tercera parte ya se me cayó.

No creo que estemos ante la gran novela española del siglo XXI, pero sí diría que es una novela bien hecha, bien contada y en general bien escrita. Que es más de lo que se puede decir de la mayoría...

Libros Gratis dijo...

Me gusta el libro sobre todo el estiolo intimista... continua con estas grandes reseñas... te dejo una web donde colgaron sus libros Libros gratis

Anónimo dijo...

Los libros en cuya portada figura el nombre de ese señor (me he leído tres ya incluyendo el último, Niños en el tiempo) me parecen cualquier cosa menos arte ni literatura mínimamente decorosa (sí decorativa). El narrador solo sabe poner adjetivos e invitar a las lágrimas fásiles y pasivas. Lo que si me parece lograda es la foto y lo que dicen los críticos, toda una obra de arte de las adulaciones al editor y a la editorial. Bueno, hay cosas peores en esta vida!

Javier