sábado, 30 de junio de 2012

Cómo publicar un libro. Basado en hechos reales (II)

Hace varios sábados publiqué una entrada en la que contaba mi experiencia con un manuscrito que, al final, logró convertirse en libro por obra y gracia de un editor receptivo y, es de suponer, un poco-bastante suerte. El texto terminaba en el preciso momento en que se cerraba el pacto para la publicación y, debido a los comentarios de otros compañeros ULADianos y de algunos lectores, decidí escribir en un futuro la narración de la experiencia posterior. Es decir, todo lo que sucedió a partir de que mi novela hubiera entrado en el circuito profesional. Como el libro lleva ya tres meses en la calle, y como hace mucho calor, y como es sábado y nuestros lectores están medio sopas, he pensado que era un buen momento para retomar esa idea.

Desde luego no sé cómo habrá sido la experiencia de otros escritores con otras editoriales: debemos pensar que hay de todo; pero yo viví unos meses alucinantes, divertidísimos y muy creativos, así que el resumen de mi relato es que todo fue cojonudamente bien. Al principio las cosas fueron despacio: mi editor me comentó que la novela saldría al cabo de unos meses, y que por tanto tendríamos tiempo de sobra para trabajar en ella. El concepto "trabajar en ella" era algo que a mí, por entonces, no me quedaba del todo claro. Por suerte, en la editorial fueron muy didácticos y todo comenzó con una serie de llamadas y unos cuantos emails: "¿Podríamos cambiar el título? ¿Crees que podrías darle algunas vueltas al final? ¿Podríamos reforzar a estos personajes con alguna escena extra?" Fueron semanas de lecturas en profundidad, de sugerencias de todo tipo y de extensos debates sobre el libro. Yo flipaba bastante, por tres razones:

1) Mi novela, que hasta entonces no era más que un archivo WORD en una carpeta de mi ordenador, se estaba convirtiendo en protagonista de numerosas conversaciones. Con personas humanas.

2) Todas las sugerencias y comentarios que venían de la editorial eran agudas y muy inteligentes, y estaban acompañadas de razonamientos puramente literarios. Esto solo podía significar que mis interlocutores habían leído el libro (¡ese WORD!) con mucha intensidad, varias veces, tomando notas y señalando las partes más y menos acertadas.

3) En todo momento se dejó claro que la decisión final, para cualquier apuesta o modificación, era mía. Por decirlo de otra forma: una serie de personas, que no conocía de nada y que no eran mis amigos, me estaban tratando "como a un autor".

Como os podréis imaginar, durante ese tiempo le di muchas vueltas al texto (más de las que ya le había dado) y sopesé cada idea nueva con emoción y tiento. La experiencia es un grado, y mis editores me demostraron que sabían lo que se hacían: hice caso de prácticamente todas sus sugerencias y aproveché para escribir alguna escena nueva, afinar algunas partes y reescribir otra, con un resultado final que me hizo sentir orgulloso. El libro estaba mejor, más redondo, más a mi gusto. Y todo fue fluido, amable, incluso cachondo, sin discusiones amargas, sin egos puestos en cuestión.

Luego llegó la propuesta de portada, realizada por Paco Alcázar. Recuerdo que yo estaba en una cafetería y me llegó un email del editor, que abrí en el móvil. Y ahí estaba: ese portadón rojo, perfecto, que condensaba (en mi opinión) el espíritu de la historia que yo quería contar. El editor me llamó y me preguntó si me gustaba, y yo apenas podía gritarle que sí, que era la hostia en verso, que Alcázar se había salido. Todavía deben de resonar mis gritos de júbilo en el barrio.

Con el manuscrito final en las manos, y tan cercana su publicación, llegó el momento de la corrección de estilo, que llevé a cabo mano a mano (es un decir: mano a mano "virtual") con dos pedazo de máquinas a quienes nunca podré estar suficientemente agradecido. Ellos me repitieron una y mil veces lo "limpia" que estaba la novela y el "escaso" trabajo que tuvieron que hacer, pero desde mi punto de vista aquello fue apoteósico: encontraron cada pequeña fisurita en la coherencia, cada repetición, cada machacona rima interna, cada palabra mejorable e incluso cada vicio literario que había en el texto. El proceso duró dos semanas de debates y toma de decisiones: cualquier mayúscula, cualquier cursiva, cualquier adverbio era susceptible de ser interrogado. Y lo que es mejor: esos dos trabajadores incansables no solo me ayudaron a dejar el texto "limpito", sino que me pusieron frente a un espejo y gracias a ellos pude descubrir algunos errores comunes que, como escritor, supongo que todo el mundo tiene y no se da cuenta. ¡Fue impresionante! Una iluminación, en todo el sentido de la palabra.

Y también unas risas: como la novela tiene ese espíritu canalla y gamberril, hubo momentos verdaderamente hilarantes con los editores. El manuscrito con los comentarios de la corrección de estilo, que guardo con mucho cariño, está salpicado de chistes, historias que nada tienen que ver con la novela y comentarios humorísticos. Sí: la mayor parte del tiempo, fue un trabajo muy divertido.

Cuando por fin consideramos que el texto estaba OK y que iba a la imprenta, llegó el desierto. El desierto de mi ansiedad, de la espera, de que todo fuera bien. Creedme que hubo días en que no lo tenía claro: pensaba que pasaría algo y el libro no saldría. Qué sé yo, esas tonterías, esas inseguridades. Pero no. Una mañana me llamaron y me dijeron que el libro ya estaba en la editorial, que había quedado estupendo. Y tres días más tarde lo recibí yo. Abrí la caja con calma, dándole a ese momento tan especial el sentido de una ceremonia, pero sobre todo porque me conozco y no quería romper ningún ejemplar, que soy de Bilbao y muy bruto. Efectivamente allí estaba, aquel archivo WORD de mi ordenador se había transformado en un libro, tenía mi nombre en la portada, y una foto mía en la solapa. El texto del interior parecía, sin duda, el mío. Solo en aquel momento me lo creí de verdad.

Os recuerdo que en ningún momento he comentado que "estuve" con mi editor. Y esto es porque, como podéis deducir, todo el proceso se llevó a cabo por teléfono y email. La leche con las nuevas tecnologías. En todo caso, con el libro ya en mi casa y llegando a los puntos de venta, el editor me llamó y me dijo que fuera a Barcelona, que ya era hora de que nos conociéramos y que tenía unas cuantas entrevistas de prensa preparadas, alguna sesión de fotos y otras movidas.

¿Entrevistas? ¿Prensa? ¿Sesión de fotos? ¿Otras movidas?

Eso, para la tercera parte. Feliz sábado a todos.


viernes, 29 de junio de 2012

Sándor Márai: Liberación

Idioma original: húngaro  
Título original: Szabadulás  
Año de publicación: 2000 (escrita en 1945)  
Valoración: está bien

Una de esas citas de periódico que aparecen ya en casi todas las contraportadas, dice: "Uno de los textos cardinales de la obra de Márai (Avvenire)"; y otra: "Una auténtica obra maestra (Corriere della Sera)". No estoy de acuerdo con ninguna de las dos, la verdad: a mí este texto me parece una obra menor entre las de Sándor Márai, uno de esos narradores centroeuropeos que en España solo estamos decubriendo en los últimos años.

Eso no quiere decir, claro, que no sea una obra interesante, pero más como testimonio que como ficción: presenta la vida en una Budapest ocupada por el ejército alemán, vigilado por los "cruces flechadas" y esperando la llegada inminente del ejército ruso (como quien espera a los bárbaros). La obra refleja muy bien la inquietud, la incertidumbre, el deterioro progresivo de la vida de sus habitantes; muestra también las distintas actitudes, no solo ante la guerra y ante el sitio de Budapest, sino también ante el nazismo y el antisemitismo imperantes (actitudes que incluyen el colaboracionismo, la resistencia y la pasividad).

Lo que pasa es que la carga narrativa de la obra es mínima, y parece poco trabajada; da la impresión de que la historia Erzsébet y de su padre no son más que la excusa, el marco mínimo de ficción que Márai necesitaba para retratar ese mundo oscuro en el que no se sabe si la llegada de los rusos es un motivo de esperanza o un nuevo peligro. Solo en dos momentos (el largo diálogo entre Erzsébet y su compañero paralítico de cautiverio; y el brutal encuentro final con el soldado ruso, cargado de simbolismo) se separa Márai de esta aparente voluntad de historiar los acontecimientos, para crear escenas de ficción que valen por sí mismas.

Liberación (el título es más polisémico de lo que cabría preverse) quedó inédita desde que fue escrita en 1945 hasta que fue publicada en 2000. Quizás Sándor Márai fuese consciente de que era un texto que exigía una revisión, o que no estaba a la altura de sus mejores obras. Para quien quiera conocer las circunstancias históricas que el propio Márai tuvo que vivir en una Budapest sucesivamente ocupada por unos y otros ejércitos, es sin duda interesante; pero para quien quiera conocer al Sándor Márai novelista, al narrador consumado, sigue siendo mejor empezar por El último encuentro.

También de Sándor Márai: Diarios 1984-1989; El último encuentro; La hermana; Los rebeldes

jueves, 28 de junio de 2012

Thomas Wolfe: Una puerta que nunca encontré

Idioma original: inglés
Título original: No Door
Año de publicación: 1933
Valoración: Muy recomendable

Resulta que no hay historia. O sea, sí la hay, pero tampoco hay mucho que contar al respecto, porque lo que tenemos entre manos es una novela... no, espera, una biografía... no, tampoco... será un ensayo... o quizá una mezcla de las tres cosas. Eso es, Una puerta que nunca encontré es una novela autobiográfica con forma de ensayo (casi nada) de Thomas Wolfe.

Muy bien, hasta ahí, todo más o menos claro. ¿Y entonces? Entonces descubrimos que estamos ante un libro que habla de la soledad, en concreto la que aparece cuando el escritor pierde a su padre. Es una soledad vestida de castigo, de desesperación, para curarse de la cual debe escribir y dejar escapar sus demonios. Para entender esta acción, el autor también nos habla de su proceso formativo, es decir, de su crecimiento (o nacimiento, depende de cómo lo veamos) como narrador y como persona.

Así, gracias a esta escritura "curativa", el autor construye un libro de gran lirismo, donde las emociones se desbordan a través de su pluma y de las voces de los numerosos personajes que nos encontramos en sus páginas (el niño perdido, un millonario harto de su vida, un misterioso personaje que observa el mundo a través de su ventana...) y donde, a pesar de la angustia, es la belleza del lenguaje de Wolfe lo que queda en nuestro recuerdo.

miércoles, 27 de junio de 2012

Cristina Fernández Cubas: Parientes pobres del Diablo

Idioma: español

Fecha de publicación: 2006
Valoración: Recomendable

Hacía tiempo que quería hacerme con algún libro de Cristina Fernández Cubas ya que he leído por ahí varias veces que se trata de una de las mejores cuentistas de este país, y que sus relatos, con argumentos hermanados con lo sobrenatural y lo inquietante, tienen ecos de monstruos de la talla Poe o Lovecraft, y un largo etcétera de buenas palabras… O sea, que siempre he tenido la idea de que Fernández Cubas es una mujer que no escribe precisamente sobre hipotecas basura, señoras de mediana edad atormentadas, cuernos en matrimonios cuarentones o jóvenes urbanitas asqueados de ser becarios hasta el infinito y más allá. Vamos, algo no demasiado habitual en el panorama literario de ésta nuestra Hispania.

Por todo ello, cuando me encontré el otro día en mi querida biblioteca del casco antiguo de mi ciudad con Parientes pobres del Diablo, me dije, “¡Ian, justo lo que estabas buscando, diablillo!”. Porque ante mis halagados ojos se presentaba aquel libro que era algo de una autora que quería probar desde hacía tiempo, algo más bien corto (tres nouvelles reunidas) y algo, probablemente, fácil de leer. Y el título…, oh, el título. Sugerente es decir poco. Me encantó y me intrigó sin piedad. Así que me lo llevé avec moi… Y como me imaginaba, no me decepcionó en absoluto.

Como acabo de afirmar, son tres los relatos largos que forman el libro. Y como no quiero destriparlos, mencionaré de forma sucinta sus argumentos… El primero es la “La fiebre azul”. En él, Fernández Cubas nos presenta a un hombre que se dedica a comprar e importar reliquias exóticas falsas durante su estancia en cierto lugar de África, a la espera de que llegue uno de sus contactos. Allí se aloja en un misterioso hotelucho donde todas las habitaciones tienen el número 7 y sobre el que, según rumores, pesa una maldición llamada “Heliobut” que sólo afecta a los blancos. No diré más, sólo que este tipo caerá, como no podía ser de otra forma, en las garras de ese extraño Mal llevado al lugar, al parecer, por una familia anglosajona con críos… Y que el Mal ataca más a la identidad de su víctima que a sus órganos vitales.

El segundo es el que da título al libro y el que más me ha gustado. Una mujer de mediana edad de viaje por Sudamérica se encuentra con el joven pero clónico hermano de un antiguo compañero de facultad. Y ambos inician una extraña relación (nada de romance, más de peculiar amistad) que gira en torno a la obsesión de él: afilar y enriquecer su lunática teoría de que en el mundo existe cierta logia conformada por seres infernales expulsados de su hogar y condenados a vivir pobremente entre humanos. Y me vuelvo a morder los dedos para no seguir tecleando y desentrañar las teorías del chico y dar pistas sobre el desenlace de la historia. De nuevo, volvemos a la identidad y al Mal en forma poco definida. Más Lovecraft que nunca, Fernández Cubas me ha encantado en este relato.

Y el último, el más peculiar y donde la escritora deja más claro que nunca que tiene mucho talento, es “El moscardón”. Se trata de uno de esos cuentos en los que las líneas se consumen con insistencia y cierta ansiedad, temiendo el portazo en la cara que sabemos que nos van a dar de un momento a otro. Y eso que su heroína/¿villana? es una viejecita adorable e irónica que está perdiendo la cabeza, pero no tanto como para ignorar que sus sobrinos y su cuidadora la tratan con desdén y condescendencia. Pero su curiosa acepción del término “Anticristo”, el poder que le otorga a cierto a moscardón que la visita en su bonito piso y el recuerdo de cierto romance frustrado de su juventud, hacen que la adorable viejecita haga que el lector tiemble pensando de lo que es capaz…

En fin: que me ha gustado mucho lo que he leído. Y espero volver a coger uno de los libros de esta escritora de estilo limpio e insinuante.

El Mal nunca fue tan estilísticamente higiénico y contenidamente divertido como con la señora Fernández Cubas.

También de Cristina Fernández Cubas: Cosas que ya no existen

martes, 26 de junio de 2012

Amílcar Bettega: Los lados del círculo

Idioma original: portugués
Título original: Os lados do círculo
Año de publicación: 2004
Valoración: Muy recomendable

Reconozco que no habría leído este libro si no hubiera conocido personalmente a Amílcar Bettega, a través de mi amigo Everton Machado, en Lisboa. Pero también digo que este libro merece ser leído, independientemente de que se conozca personalmente a su autor. Porque es un gran libro, que demuestra una maestría y una audacia técnica muy poco usual hoy en día.


Los lados del círculo ha sido clasificado como libro de relatos, aunque está, de hecho, en la barrera entre el libro de relatos con marco, y la novela episódica. El primer texto, titulado "El puzzle (fragmento)" -que enlaza obviamente con el último, titulado "El puzzle (suite e fin)"- nos presenta a un grupo de personajes, incluido el propio narrador, que se reúnen en la playas de Porto Alegre para hacer esculturas circulares formadas por objetos varios. El resto de los relatos nos muestran los destinos (algunos de ellos trágicos) de estos personajes, lo que da unidad a un conjunto por lo demás muy variado, en cuanto a tramas y técnicas.

Respecto a las tramas, hay cierta tendencia a reflejar seres solitarios o desquiciados (como en "Teatro de muñecos" o "La aventura práctico-intelectual del señor Alexandre Costa"), e historias amorosas más o menos convencionales (en "La próxima línea" o "The end"); la violencia social o sobrenatural se hace presente en relatos como "Círculo vicioso" o "Verano". La propia escritura también se convierte en tema en relatos como "A/A Editor cultura sigue resp. Cf. Solic. Fax" o "Coartada", o a través de la pregunta, repetida como un estribillo a través de todo el libro: "¿Estás escribiendo?". De hecho, la última frase del libro es "Voy a escribir".

Pero como decía, lo que destaca sobre todo en este libro es la maestría técnica del autor, que hace casi un muestrario de maneras de narrar: el monólogo interior, la narración en primera persona, la autoficción, el seudo-informe, permitiéndose también algunas experimentaciones formales (textos a doble columna, representaciones tipográficas del espacio, textos fragmentarios...) a las que la mayoría de los escritores parecen haber renunciado, aunque no hayan dejado de ser efectivas.

Creo que es imposible hablar de Los lados del círculo sin mencionar a Julio Cortázar, y no solo porque aparezca como personaje en uno de los relatos. El mundo de Amílcar Bettega es muy cortazariano, aunque con menos elemento fantástico. Incluso el estilo de algunos relatos recuerda un tanto al de Cortázar, así como el viaje final a París (no se puede leer la expresión el "lado de acá" sin pensar en Rayuela). Pero esto no quiere decir que Bettega sea un simple imitador de Cortázar, sino que comparte con él inquietudes que van del contenido a la estructura al estilo, o del estilo a la estructura al contenido; que traspasan toda la obra, vamos.

Los lados del círculo es, en todo caso, la obra de un escritor que ya ha sido reconocido en su país, y que merece ser más conocido "en el lado de allá", o sea, en el nuestro. Os recomiendo buscarlo, comprarlo y leerlo; ya no se escriben muchos libros como este, por lo menos en España.

lunes, 25 de junio de 2012

Colaboración: Sombras en la noche de Ferran Torrent

Idioma original: catalán
Título original: Ombres en la nit
Año de publicación: 2011
Valoración: se deja leer

El escritor valenciano Ferran Torrent lleva publicando, en promedio, una novela al año desde 1983. La estadística no es exacta, y obvia algunos pequeños baches en la producción torrentina, pero bueno, a nivel cualitativo no podría ser más exacta. Ferran Torrent es uno de los tantos arquetipos posibles del escritor de una novela al año que uno puede encontrar. Habida cuenta de que se trata de un creador que ha publicado casi toda su obra en catalán, tal situación no puede ser más que meritoria.

La última novela de Ferran Torrent, publicada simultáneamente en Cataluña por Columna Edicions y en la Comunidad Valenciana por Bromera, trata la historia de un grupo de supervivientes del Holocausto, casi todos judíos y uno un gitano de Valencia, Santiago Cortés, que conforman una célula del Nakam, grupo extremista judío, de existencia histórica real, cuyo objetivo era vengar el Holocausto y cuyo proyecto más ambicioso, abandonado a la postre, habría sido el de asesinar 6 millones de alemanes —un porcentaje mucho menor de alemanes en relación a la población de la época que el porcentaje de judíos asesinados por los nazis, pero una cifra muy contundente, en definitiva—. Es una novela, por tanto, histórica y de temática que bordea las de epopeyas judías, como Oh, Jerusalén (Lapierre, Dominique; Collins, Larry), Éxodo (Uris, Leon) o la Biblia (Moisés et al.). En ambos casos uno supondría que Ombres en la nit debería ser un mamotreto de, al menos, 400 páginas y no, son algo más de 200 páginas en mi edición de tapas duras, las cuales podrían leerse en un fin de semana (si la parienta o el pariente se encarga de cocinar y lavar la ropa y los platos; o si uno no vive en pareja y deja que la tierra del vano de la ventana facilite la germinación espontánea de semillas traídas por el viento).

Ombres en la nit es una novela que se lee fácil y rápido. Es claro que Ferran Torrent, en tanto escritor de una novela al año, la escribió con la punta de la polla, como quien dice. Si algo bueno tiene esto de escribir novelas históricas es que lo único que no importa en ellas (entiéndase esta afirmación como atendiendo, otra vez, únicamente a lo cualitativo, que no a lo cuantitativo) es el estilo. La redacción de una novela histórica puede ser, perfectamente, redactada en la lengua más neutra posible, y a nadie deberá molestarle. Desde el momento en que los personajes, en realidad, no hablan en la lengua en que acaban siendo reflejados sus parlamentos, un enorme suspiro de alivio puede escaparse entre los labios del escritor, que sabe que no deberá jugar el complicado baile de consonancias y disonancias que se juega cuando el personaje habla la misma lengua que el lector. Quiero decir, mucho más fácil es escribir El sueño del celta que escribir Conversación en la Catedral, no sé si me explico. Nada de todo esto es una crítica, sólo una descripción que pretende ser certera y ocurrente: jeje.

En casa, que yo recuerde, además de Ombres en la nit tengo un ejemplar de 1995 de Gràcies per la propina (Bromera) y otro, de 1989, de la colección l'ham (3i4), de No emprenyeu el comisari (esta última acabo de empezar a leerla hace unos días, y realmente es muy entretenida; la influencia de Donald Westlake se me antoja evidente, y es de agradecer. Conversando con los compañeros de trabajo, valencianos ellos, concordaron en que No emprenyeu el comisari había sido una de esas novelas que habían acabado leyendo con placer a pesar de que formaba parte de las lecturas obligatorias). No estoy en una época de mi vida en que me motive especialmente leer policiales negros, el único tipo de policial que alguna vez me gustó leer. No soy ni un especialista ni un mero aficionado a la obra de Ferran Torrent. Lo más parecido a una novela policial en catalán que he leído nunca fue Joc brut, de Manuel de Pedrolo (otro escritor de una novela al año, dicho sea de paso). Puedo afirmar, por tanto, que si escribo que Ombres en la nit se lee fácil y rápido no me mueve a hacerlo una predisposición positiva para con su obra. Y sí, las páginas pasan y uno no se aburre ni se cansa.

Si me preguntan si es cierta la afirmación de que he leído una novela de esas que enganchan desde la primera página, tengo que contestar que no. El primer capítulo no está escrito para enganchar al lector. Es una introducción que en vez de llevar el título de Introducción, lleva el de capítulo 1 (“1”, en realidad). Es probable que fuera escrito al finalizar la redacción principal de la novela o que es una reestructuración de uno o más apuntes biográficos y estructurales del novelista. Si no es nada de esto, se lo parece. Pero tampoco he pretendido criticar en forma destructiva, sólo pretendo describir lo que veo. Pero sí, molesta un poco la mala decisión tan parecida a obcecación que uno intuye en eso de que la Introducción sea el capítulo 1, igual a la que sentí, tiempo ha, cuando el Epílogo de San Manuel Bueno, Mártir, no llevaba por nombre Epílogo sino nada. Nada, quiero decir. Que no tenía ningún nombre ni número de capítulo. O sea: nada (y debía llamarse Epílogo).

Es de agradecer que el escritor no cargara demasiado las tintas con las descripciones del horror fascista en la Alemania Nazi o la España franquista. Hay pocos momentos, generalmente necesarios, que la historia nos muestra la calaña de sus personajes o momentos históricos más tenebrosos, pero el escritor suele utilizar el estilo indirecto libre para tomar distancia de las afirmaciones que, es claro, también son propias de él en cuanto persona. ¿Si se nota el fastidio y el asco? A veces. Difícil que sea de otra forma.

¿Y quién es el protagonista de Ombres en la nit? No puedo estar de acuerdo con la contraportada.  Santiago Cortés, el gitanocomunistaespañolsobrevivientedelHolocausto no es el protagonista de la novela. De hecho, pasan alrededor de 150 páginas de la novela y casi ni nos enteramos de qué hace o siente Santiago Cortés. Y esto nos lleva a definir, también, a Ombres en la nit como una novela río. Como en las anteriores etiquetas que ensayé colocarle a Ombres en la nit, tampoco ahora puedo afirmar taxativamente mis etiquetaciones. Pero bueno, la novela va permitiendo el protagonismo de unos y otros sin centrarse demasiado en ninguno hasta casi el final, cuando Santiago Cortés se vuelve uno de los pocos actores con el cual el lector puede sentirse identificado emocionalmente casi al completo. Y esto no me parece un dato menor, la elección de Santiago Cortés. Porque los judíos no están de moda, siempre que se habla o se lee de los judíos se piensa en Israel y en los palestinos, y el lector de Ferran Torrent no toleraría sentirse identificado con los verdugos de los palestinos. Santiago Cortés es el personaje que permite al lector volver a tomar aire y no sentirse incómodo, traicionando vaya uno a saber qué.

Santiago Cortés no es el protagonista de esta novela río. Acaba siéndolo de las últimas páginas, pero no más. Los protagonistas van cediendo protagonismo unos a otros a medida que sus historias se truncan. Y Santiago Cortés acaba siendo, quizás, el único personaje medianamente “redondo” de toda la historia.

¿Y qué pasa con la estructura de Ombres en la nit?  La narración comienza In media res, y no veo bien por qué. Y acaba en forma más o menos abrupta. La verdad, es que si no me hubiera enterado de que el escritor presentaba la novela en Godella quizás no habría podido descifrar el sentido de cómo y porqué acaba como acaba; Ferran Torrent da en su charla sobre el libro información que en el mismo libro no está del todo claramente sugerida.

Cuanto más medito acerca de la estructura de la novela, más arbitraria me resulta. Seguir ahondando en el tema me haría meter las patas aún más en el lodazal del spoiler, por lo que prefiero dejarlo ahí, pero bueno, sin demasiado detallismo puedo afirmar sintéticamente, que las decisiones estructurales no me resultan nada justificadas. Eso no puedo pasarlo por alto. Lo que sí, esto no es óbice para poder afirmar que Ombres en la nit se deja leer. Yo me sentía casi obligado a leerla por la conexión de su temática y personajes con mi propia persona. Lo que sí, no podría recomendar a nadie que eligiera esta novela como la primera para leer de su autor.

Firma: Ferbr1

domingo, 24 de junio de 2012

Alessandro Baricco: Emaús

Idioma original: italiano
Título original: Emmaus
Año de publicación: 2009
Valoración: Muy recomendable

Mi primer encuentro con Baricco, como el de muchas otras personas, supongo, fue Seda, una novela preciosa, poética y minimalista; luego me leí Océano Mar y Novecento, si no recuerdo mal, y bien, me gustaron, aunque ya sin la sorpresa ni el nivel de perfección de Seda. En Sin sangre me pareció, como a Izas, que Baricco intentaba copiarse a sí mismo, con escaso éxito, y después de eso le perdí algo la pista a Baricco: llegué a comprarme Esta historia, pero no llegué a leérmelo: está en casa en la balda de los libros pendientes. Luego supe que Baricco había reescrito la Iliada y pensé que se le había ido la cabeza. Pero aun así cuando vi este Emaús en la estantería decidí darle una oportunidad. Y no me arrepiento. No me arrepiento para nada.

Da la impresión de que Emaús es una novela más madura, como era de esperar, que las primeras de Baricco. Conserva algo de ese aire de irrealidad abstracta, casi de fábula de sus anteriores novelas (no se nos dice, por ejemplo, dónde ni cuándo sucede la acción, aunque podamos suponer que es en Italia a finales de los 60 o en los 70), pero la trama es más oscura y más profunda, también. Los personajes ya no viven en un mundo de fantasía lleno de excentricidades felices, sino en un universo confuso, complejo y muchas veces agresivo, al que intentan dar un sentido, antes de ser consumidos por él.

La novela se centra en cuatro adolescentes: Luca, Bobby, "El Santo" y el narrador, que viven en un mundo cerrado y armónico cimentado sobre sus creencias religiosas, sus actos de caridad y sus relaciones amistosas y familiares; en este mundo todo lo que es oscuro o peligroso es negado o ignorado, lo que no significa que los cuatro jóvenes sepan que exista un mundo "al otro lado", formado por gentes de otras clases sociales, con otras ideologías, con problemas serios y amenazantes. Ese mundo cerrado, aparentemente ideal aunque carcomido de hipocresía, se verá sacudido por la influencia de Andre, una joven hermosa, independiente y desinhibida que atraerá uno a uno (voluntaria o involuntariamente, es difícil saberlo) a los cuatro chicos, desequilibrando sus vidas, sus creencias, sus seguridades.

Baricco consigue recrear lo que tantas veces se ha contado en "novelas de aprendizaje" semejantes: el paso de la inocencia a la consciencia, paso que viene muchas veces acompañado o provocado por un evento traumático. Será el caso del narrador, de Luca, de Bobby, del Santo. De los cuatro, solo el narrador conseguirá salir adelante del proceso de crisis y construir una nueva vida, más sincera aunque más dolorosa. Todo ello consigue contarlo Baricco a través de la voz de un narrador con personalidad propia, que mantiene un fondo poético al que Baricco no puede renunciar, pero que es al mismo tiempo más entrecortado y elíptico de lo que es habitual en él.

Estamos, creo, ante una obra sólida e inteligente; no atrapará a los lectores como Seda (es desde luego un libro mucho menos "regalable"), pero dejará muy satisfechos a los seguidores de Baricco; incluso a los que lo hubieran dado por perdido, como yo...

También de Baricco: Novecento, Sin sangre, Tierras de cristal y Seda

sábado, 23 de junio de 2012

E. L. Doctorow: Todo el tiempo del mundo

Idioma original: inglés
Título original: All the Time in the World
Año de publicación: 2012
Valoración: muy recomendable

E. L. Doctorow es uno de los autores estadounidenses más respetados del momento. Y no es para menos. Ha trabajado la novela (Ragtime, El lago, La ciudad de Dios...) y el relato, y ha recibido numerosos y prestigiosos premios (entre ellos, el Pulitzer y el Faulkner) que certifican que estamos ante un autor más que interesante.

Pero, independientemente de los premios que haya ganado o del apoyo casi incodicional de la crítica que suelen recibir sus obras, he de decir que a mí me gustan los libros de este autor porque los personajes que nos presenta en ellos y sus vivencias se alejan de lo común. Nunca veremos en sus novelas o en sus relatos personajes anodinos que llevan una vida "normal". Ni mucho menos. Como él mismo se encarga de explicar en el prefacio de Todo el tiempo del mundo, los protagonistas de sus historias son siempre seres que no siguen las normas establecidas. Y aún más interesante: son los perdedores, los apartados de la sociedad, los que cargan con una pena tan pesada que no pueden vivir como el resto de los mortales, aquellos con los que no queremos mezclarnos, los "raros".

Así, en esta compilación de relatos podemos leer la historia de un hombre que abandona a su familia pero se esconde en el desván, para poder observar lo que hacen en su ausencia, la de una joven que se pasa la vida saltando de una relación desastrosa a otra, la de un joven que acompaña a su madre (una viuda negra experta en hacerse con el dinero de sus fugaces maridos) en un viaje hacia la perdición, la de un matrimonio que descubre que hay un hombre que les observa cada día desde su coche...

Y, como no podía ser menos, en esta constelación de personajes, épocas y lugares (que van de una punta a otra de los Estados Unidos), Doctorow decide vestir cada cuento (y a cada personaje) de una voz particular. De esta manera, nos encontramos en este volumen con relatos narrados al uso (es decir, con un narrador omnisciente), a base de diálogos, como si fueran el testimonio de alguno de los protagonistas... todo un ejercicio narrativo que, unido a la crítica (sutil pero omnipresente) que realiza de la sociedad en la vivimos, hace que éste sea un libro de los que no hay que dejar pasar.



También de E. L. Doctorow: Homer y Langley

viernes, 22 de junio de 2012

Victoria Camps: El gobierno de las emociones

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2011
Valoración: Recomendable


La filosofía nunca está de más. Si, además, acerca los postulados más importantes a los problemas cotidianos, el interés es doble. Este ensayo habla de emoción y pensamiento, la posible primacía de uno sobre otro y los resultados prácticos que, según sea su manejo, pueden obtenerse, tanto en el ámbito privado como en la vida en común. Cuestiones todas que pueden interesar al lector medio, no sólo a los expertos, si, como es el caso, se ponen a su alcance despojando los argumentos de tecnicismos e introduciéndole en las nociones básicas para que siga el hilo hasta el final.

Desde la Ilustración, el raciocinio había reinado sobre el resto de facultades humanas sin que nada le hiciera sombra, en cambio ahora el factor emocional parece haber tomado el relevo. Estas oscilaciones, según Victoria Camps, proceden de un error conceptual: considerarlos aisladamente sin tener en cuenta su estrecha conexión. Además, se da por hecho que los sentimientos caen sobre nosotros como una fiebre sin que sea posible modificarlos, pero podemos actuar sobre ellos siempre que tengamos motivos y sepamos cómo hacerlo: ahí es donde interviene la razón. Los antiguos griegos explicaron la función de la mente en la construcción de las emociones y la influencia de éstas en el comportamiento. En opinión de Camps, el fallo de algunas teorías éticas se debe a que están sustentadas en la llamada falacia socrática, consistente en suponer que el simple conocimiento de la virtud garantiza su puesta en práctica. Sin embargo, incluso los criterios morales surgen por una combinación de ambos. Los argumentos de Aristóteles, Spinoza y Hume sirven a la autora para adoptar el enfoque que desea. A continuación analizará las principales emociones humanas, su doble faceta positiva-negativa y su repercusión en la vida social.

La vergüenza adecuada es la que surge como reacción a un mal comportamiento objetivo, no basado en prejuicios, y resulta indispensable en la convivencia. Sin embargo, cualquier limitación a la, hoy intocable, libertad del individuo se entiende como coacción, y hay muy pocas en la sociedad actual que estén bien vistas. Se admiten las coacciones (o persuasiones) publicitaria y sanitaria porque persiguen beneficios evidentes, la educativa, no tanto. Si las sociedades actuales lograsen inculcar a sus individuos la emoción del sentimiento moral, la vigilancia policial y administrativa podría ser mucho menor. Pero una sociedad que mantenga la libertad como valor exclusivo no podría funcionar correctamente.

De igual forma va analizando la compasión – a quien debe complementar la justicia –, la ira – que considera una emoción ciega y por tanto nociva – y la indignación – que necesita de un criterio ético, es desinteresada y la origina la vulneración del bien común, aunque hay que evitar su persistencia para que no se convierta en resentimiento que puede dar lugar a la venganza. Podríamos considerar a la justicia como la venganza domesticada, es decir, la forma en que una sociedad se defiende de las transgresiones de sus individuos. El miedo no conduce a nada bueno y debe compensarse con su opuesto: la confianza (en el progreso, la libertad, la justicia). Esa era la idea hasta finales del siglo XX, ahora todo eso parece haber desaparecido sin ser sustituido por nada. La confianza basada en la responsabilidad propia y ajena es uno de los principios básicos de la vida en común, pero también en este aspecto se ha ido generando una actitud defensiva, poco adecuada para satisfacer cualquier objetivo que nos hayamos propuesto. La autoestima no es posible sin unas condiciones vitales dignas y se construye con las cualidades que la colectividad considera valiosas. Cuando se carece de ellas, el individuo puede reaccionar integrándose en grupos que reivindican esa identidad discriminada. Lo difícil es recurrir a este medio sin perder autonomía, asumir identidades distintas de la del grupo, trazar una ruta propia, pero el que quiera reconocerse como individuo no tiene más remedio que intentarlo. La tristeza es un sentimiento que paraliza y como tal debe evitarse, pero constituye una fase natural, y hasta saludable, como reacción a alguna situación dolorosa. No hay que dramatizarla recurriendo a fármacos sistemáticamente como ocurre demasiado a menudo, tanto por influjo de la industria farmacéutica como por simple comodidad del que la padece. Si es posible gestionar el resto de las emociones, la tristeza, salvo en casos extremos, no tiene por qué ser una excepción.

Sabemos por experiencia que cualquier discurso dirigido a las emociones antes que a la razón será mucho más convincente. De ahí su utilización en los discursos políticos, de ahí también el papel de la literatura y del arte en general. Proponiendo la introspección, el autodominio y la solidaridad, sugiriendo la forma de conducir cada emoción, la autora nos enfrenta a las contradicciones humanas y nos invita a reflexionar.

jueves, 21 de junio de 2012

Colaboración: Arrancad las semillas, fusilad a los niños de Kenzaburo Oé

Título original: Memushiri kouchi  
Idioma original: Japonés  
Año de publicación: 1958  
Valoración: recomendable

Parece que Japón se ha puesto de moda en este blog. Ya se sabe: lo importante es que hablen de uno. Pero obviamente hay más escritores que Murakami. Pobre Santi, si no. Kenzaburo Oé fue premiado con el Nobel en 1994. Publicó esta, su primera novela, con 23 años. Arrancad las semillas, fusilad a los niños se ambienta en el Japón de la Segunda Guerra Mundial, en los últimos días del conflicto con Estados Unidos. Los poblados apagan las luces por la noche para evitar los bombardeos. Los soldados dan por perdido el conflicto. Un grupo de niños y adolescentes internos en un reformatorio es trasladado a un pueblo de campesinos, que está siendo asolado por una epidemia. Los niños son inmediatamente confinados en un cobertizo, en el que quedan encerrados sin comida ni agua cuando los habitantes salen huyendo de la epidemia. Allí los niños toman consciencia de su situación, e intentan sobrevivir, con la ayuda de un coreano, llamado I, y con la compañía de un cadete desertor.

Esto no es El guardián entre el centeno, ni La comedia humana. El punto de vista del niño narrador no se permite ni siquiera un pequeño resquicio de humor negro. Todo es acre y yermo y dramático. Nada bueno crece en la tierra, y ésta solo es capaz de acoger cadáveres de personas y de animales. Conviviendo a la fuerza, niños sucios, enfermos, despojados de cualquier atisbo de ilusión. Apenas menciones a difusos recuerdos familiares. Oé consigue reflejar esas sensaciones, desde la primera línea. Su prosa es precisa y su dominio del tempo digno de mención, más en una primera obra escrita a tan temprana edad. Hay muy poco margen a la esperanza en ese planteamiento inicial, pero Oé no nos precipita hacia el morbo o hacia el cúmulo de desgracias en cadena. Puede que en el fondo esta novela sea una fábula: los campesinos desconfían de unos niños a los que consideran peligrosos; se comportan con el mayor de los desprecios hacia ellos, y los convierten en víctimas, sin plantear oportunidades ni otra actitud que la crueldad sin contemplaciones.

Una novela árida. Un autor capaz de dibujar paisajes desolados con muy pocas palabras: el frío, el hambre, la injusticia, la suciedad. En medio de bosques y nieve, aislados del conflicto bélico por valles o montañas, no hacen falta enemigos que vengan de fuera, pues estos están ahí: hablan el mismo idioma y tienen los mismos rasgos. En el fondo, los tres libros de Oé que he leído acaban versando de lo mismo, en distintas situaciones: la capacidad de las personas para, dadas las circunstancias, pasar de la máxima confianza a la máxima desconfianza.

Firmado: Francesc Bon

miércoles, 20 de junio de 2012

Fred Vargas: Un lugar incierto


Idioma original: francés
Título original: Un lieu incertain
Año de publicación: 2008
Valoración: está bien

Podemos ser fans de los artilugios narrativos de Faulkner, degustadores de las humoradas de Joyce o paladeadores del lirismo estilístico de Virginia Woolf, pero qué bien sienta a veces meterse entre pecho y espalda una lectura realmente entretenida, que nos coja de la mano en la página 1 y solo nos suelte después de unas cuantas horas sin poder separarnos de un libro, algo así como un BigMac literario en medio de comidas nouvelle cuisine. Bueno, pues eso me ha pasado con Un lugar incierto, de Fred Vargas, la primera novela que leía de esta autora de novela negra, de la que seguramente voy a leer varias más en el futuro.

Aunque en este caso decir que la novela me enganchó "desde la página 1" es una exageración: tardé aproximadamente 30 páginas (hasta que aparece el primer crimen de la novela) en sacudirme el aturdimiento inicial que provoca el universo algo irreal creado por Fred Vargas, destinado a "epatar" (del francés, epater) al lector. Luego ya, sí, aparecen no uno sino dos crímenes, a cual más truculento (una colección de pies cortados abandonados en la puerta de un cementrio londinense; y un anciano periodista francés brutalmente descuartizado en su mansión), y la novela entra en los moldes reconocibles del género: intuitivo y excéntrico detective Adamsberg investiga crimen, descubre pistas, es acosado por enemigos, establece conexiones, recibe ayuda, tiros, visitas inesperadas, etc.

Pero como yo no sería yo si no pusiera algún "pero", aquí va: el argumento de la novela resulta demasiado recargado, demasiado "barroco". Se mezclan demasiadas cosas y hay demasiadas coincidencias. Por si la rareza de los dos crímenes (uno en Inglaterra y otro en Francia, recordemos) no fuera suficiente, resulta que los dos están relacionados, como el lector sospecha muy pronto -porque esto es una novela, al fin y al cabo-. Y aún hay más: casi todos los personajes de la trama (el asesino, las víctimas, los policías...) terminan teniendo alguna relación entre sí, como si en el mundo solo hubiera un centenar de familias y los grados de separación que unen a las personas no fueran seis sino dos. ¿He dicho ya que hay vampiros? Pues sí: por detrás de la trama policiaca asoma una trama fantástica (que es tratada con una cierta ambigüedad, algo así como "si quieres creértelo te lo crees") que une los dos crímenes con un lejano pueblecito serbio habitado por chupasangres, y con una maldición familiar que se remonta al siglo XVIII.

En fin, un poco demasiado para mí; yo me habría conformado con algo más convencional, y con unas cuantas interrelaciones casuales (¿causales?) menos. Pero a pesar de todo, ya digo, la novela me ha entretenido, me ha enganchado y me ha sorprendido; que no es poco, la verdad.

martes, 19 de junio de 2012

Carlo Padial: Erasmus, orgasmus y otros problemas

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: está bien

Es por todos conocido el verdadero significado de las becas Erasmus: nada de aprender otro idioma u otra cultura mientras se estudia la carrera. Nada de eso. Lo que realmente uno hace cuando está de Erasmus es emborracharse, drogarse, pasarse el año haciendo el salvaje y, si se puede, acostándose con todo lo que tenga un par de piernas y respire. O así, al menos, es como nos lo pinta Carlo Pardial.

En Erasmus, orgasmus y otros problemas, el autor utiliza la estructura de una novela fragmentaria para presentarnos una galería de personajes que son todos para dar de comer aparte: nórdicas cachondas que sólo piensan en acostarse con todo hombre que se cruce en su camino, profesores obsesionados con el porno, mendigos que gritan que el mundo se acaba, voyeurs, hermanos que parecen modelos de Tommy Hilfiger que se dedican a grabar a novios cornudos después de haber practicado sexo con sus novias... y todos, claro, haciendo gala de las aspiraciones pseudoartísticas y la actitud "estoy muy por encima de los que me rodean" de todo artista-moderno-hipster que se precie.

El único "pero" que le pongo a este libro es que, a pesar de los diferentes carácteres que muestran los personajes, sus voces son demasiado parecidas. Así, al no haber casi ninguna diferencia entre la forma de narrar de unos y otros, el juego que podría haberle sacado el autor a esta novela coral se pierde un poco.

Pero Erasmus, orgasmus y otros problemas, a pesar de ello, se puede leer y disfrutar, pues no es sino una crítica en clave de humor (aunque en ocasiones se torne inquietante, y hasta desagradable) de la sociedad en la que vivimos, de esta Europa de apariencia civilizada y culta a la que parece que le queden dos telediarios para desmoronarse y mostrar su verdadera cara, ese aspecto salvaje, sucio y absurdo que a nadie le gusta ver.

lunes, 18 de junio de 2012

Ramiro Pinilla: Aquella edad inolvidable

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: está bien

Estoy últimamente en uno de estos periodos en que leo varias novelas y ninguna me emociona: La cola de la serpiente de Padura, El ayudante de Robert Walser (habrá reseña... a lo mejor) o este Aquella edad inolvidable de Ramiro Pinilla, todas ellas son novelas correctas, pero... sin más. Así que me pregunto: ¿seré yo, maestro, seré yo?

Con respecto a Aquella edad inolvidable de Pinilla, coincido con lo que dice Senabre en su reseña: "esta es una novela menor... de un novelista mayor". En las primeras páginas ya se resume toda la historia, que es muy prometedora: un jugador (ficticio) del Athletic de los años 40 vive un episodio de gloria fugaz cuando marca el gol definitivo en la final de Copa contra el Madrid; pero poco después cae gravemente lesionado por una entrada brutal y debe abandonar el fútbol. La lesión lo destruye no solo físicamente, sino también anímicamente: rompe su relación con su novia, se encierra en casa y un tiempo después se ve metiendo cromos en sobres, y entre esos cromos, el suyo propio, el de Souto Menaya, el héroe de la final de Madrid.

El problema es que la novela consiste en una repetición ampliada de esas primeras páginas, ampliando los detalles pero con pocas sorpresas para el lector. La imagen más poderosa de la novela (la del héroe que se ve obligado a enfrentarse con su propia gloria, plastificada e irrecuperable) ya nos ha sido desvelada; cuando llega por segunda vez, ya ha perdido parte de su fuerza. Cabe preguntarse por qué ha decidido Pinilla hacer ese resumen inicial, ni qué habría sido de la experiencia de la novela sin él.

Otro problema que le encuentro a Aquella edad inolvidable es que el personaje principal no resulta simpático -aunque otros lectores pueden no estar de acuerdo conmigo-. Souto Menaya es un personaje que se compadece de sí mismo y parece decidido a vivir una vida infeliz rechazando los esfuerzos de quienes le rodean (a diferencia, por cierto, del Rogelio Cerón de La higuera, que acepta estoicamente su condena autoimpuesta). Al final, uno siente más compasión por Cecilio, Socorro o Irune, que por el protagonista.

No sé qué impresión causará esta novela en alguien que no sea del Athletic, o incluso en alguien a quien no le guste el fútbol. Pinilla (que aparece en la solapa fotografiado de chaval con la camiseta del Athletic) hace un esfuerzo por introducir al profano en esa religión mezclada de política que es el fútbol. A mí, personalmente, me ha parecido una novela menor, aunque bien escrita. O sea: sí; pero no.

domingo, 17 de junio de 2012

Yukio Mishima: El sol y el acero

Idioma original: japonés
Título original: Taiyō to Tetsu
Año de publicación: 1968
Valoración: recomendable

Este es un libro extraño, desasosegante, iluminador y provocativo. Como el propio autor manifiesta en la primera página, se trata de una "crítica confidencial", una reflexión sobre el propio yo y su relación con el mundo y con la escritura. La vida del escritor explica y es explicada por esta obrita, que resume, a través de tres conceptos contrapuestos (la palabra, el sol, el acero) la evolución personal y hasta estilística del autor.

El texto comienza con una idea sugerente: el lenguaje como producto corrosivo de la realidad. No se trata solo de que el lenguaje sea incapaz de explicar la realidad, sino que el lenguaje imposibilita el acceso a la realidad, la oculta, la deforma, la corroe. Mishima propone, en cambio, el acceso al cuerpo ("el espacio que ocupa el yo") como forma de auténtico conocimiento. El siguiente descubrimiento del autor es el sol; y aquí entra ya el elemento biográfico: el padre de Yukio Mishima no le permitía salir al sol durante su infancia, de manera que, efectivamente, el descubrimiento de la luz y el calor solar debió resultar revolucionario para el escritor.

Pero sin duda la metáfora fundamental del texto es la que equipara el descubrimiento del acero, con el nacimiento del músculo, el redescubrimiento del cuerpo desprovisto de palabras. Efectivamente, después de la Segunda Guerra Mundial, en un Japón derrotado y desorientado, Mishima diseñó un proyecto a contracorriente: "revivir el viejo ideal japonés de combinar las letras y las artes marciales, el arte y la acción". Para ello inició un régimen de ejercicio físico constante; se alistó brevemente en el ejército, y fundó la Sociedad del Escudo, una especie de guerrilla destinada a proteger al Emperador y a despertar los antiguos ideales y valores de los samurais. En algunos pasajes de El sol y el acero (los que hablan de la actitud a adoptar ante la muerte, o del deseo de una muerte heroica) se intuye casi el final que Mishima eligió para sí mismo: el golpe de estado fracasado (según algunos, realizado para fracasar), y el posterior suicidio ritual por seppuku o harakiri.

El sol y el acero es como decía al principio un libro iluminador, pero también desasosegante: ayuda a comprender mejor el complejo mundo interior de Mishima, pero también hace que nos sintamos alejados de él, de su exaltación fascistoide de la fuerza física, de la comunión grupal en su sentido más militar. En cualquier caso, sin duda es Mishima una de las figuras fundamentales y más atractivas de la literatura japonesa; y sin duda, también, su personalidad ocultaba muchas más contradicciones de las que deja ver en este ensayo.

También de Yukio Mishima: El marino que perdió la gracia del mar

sábado, 16 de junio de 2012

Jorge Luis Borges: Discusión

Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 1932
Valoración: recomendable

En 1932 Borges está ya inmerso en una época de rápida maduración de su escritura. Ha dejado atrás los primeros excesos juveniles (o lo que luego juzgará como primeros excesos): no se empeña ya en escribir como un poeta de vanguardia, ni hace en cada línea profesión de fe en los argentinismos. Un año antes empieza su colaboración con la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo, que cumpliría una enorme labor cultural en toda la América hispanohablante. Quizá animado por sus crecientes colaboraciones en revistas y semanarios, en las que trataba de un modo ameno y original los temas más diversos, se atreve en 1932 con su segundo libro de ensayos. El primero, Inquisiciones (1925), le acabaría pareciendo demasiado barroco y afectado, y no permitiría en vida su reedición. Los temas de Discusión son los del núcleo mismo del universo borgiano: la metafísica, Whitman, las traducciones de Homero o las paradojas lógicas.  Quizá estos motivos se ven acompañados todavía de una mayor presencia de temas argentinos -como la poesía gauchesca- que más adelante perderán peso.

A mí hay uno de estos ensayos que me parece especialmente iluminador. Se titula "El arte narrativo y la magia", y en él Borges une dos de sus principales virtudes: su increíble agudeza para detectar los trucos, las técnicas de la escritura (y hacernos admirarlas) y su capacidad para unir cuestiones que parecen lejanas. Aquí, a través de un buen número de ejemplos, hace ver cómo un narrador se ve obligado a un tipo preciso de causalidad, basada en los detalles reveladores, en las nimias simetrías del relato. Fuera de estos juegos, cualquier intento por plasmar la caótica causalidad natural tal y como la experimentamos en la realidad, llevaría a que el lector descreyera de la trama. Pues bien, este mismo procedimiento lo descubre Borges (como siempre, a través de más libros: La rama dorada de Frazer) en la magia simpática. También el hechicero que quiere propiciar la lluvia o la caza la prefigura con mínimos detalles rituales, como hace el escritor. Todo esto, genialmente explicado, claro, le sirve a Borges para condenar, una vez más, el realismo y el psicologismo en la novela.

Otra pequeña delicia de este libro: leer una reseña borgiana de la película Luces de la ciudad (1931), de Charles Chaplin. Parecen dos personajes tan opuestos de la cultura del siglo XX que uno casi se resiste a pensar que fueran contemporáneos... Y en cierto sentido no sé si lo fueron. Aquí lo que sentencia Borges sobre la película en cuestión: "Su carencia de realidad sólo es comparable a su carencia, también desesperante, de irrealidad." Qué buena es la mala intención cuando se dice con elegancia.

También de Borges: El hacedor, Antología de la literatura fantástica, Ficciones, Atlas, Otras inquisiciones, El Aleph, Historia universal de la infamia, Qué es el budismo, Siete noches, Historia de la eternidad, Autobiografía, Arte poética, El informe de Brodie y Fervor de Buenos Aires.

viernes, 15 de junio de 2012

Leonardo Padura: La cola de la serpiente

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: se deja leer

Pues ya tenía yo ganas de hincarle el diente al cubano Leonardo Padura y serie de novelas protagonizadas por el detective Mario Conde (sin relación con el banquero); pero me he quedado un poco defraudado. A lo mejor es que esta novela no es la mejor forma de empezar; a lo mejor debería haber empezado por su tetralogía Cuatro estaciones (Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras y Paisaje de otoño). Porque La cola de la serpiente, como novela policiaca, me ha parecido flojilla.

El argumento es el típico de casi cualquier novela policiaca: se ha cometido un crimen, en este caso el asesinato de un chino inmigrante en Cuba, y el detective Mario Conde, a petición de la explosiva chino-mulata Patricia Chion, debe descubrir quién lo ha cometido y por qué. Para ello, y con la ayuda del padre de Patricia, el Conde deberá recorrer el antiguo "barrio chino" de La Habana (ya decadente y casi despoblado), empaparse de la cultura de sus habitantes más allá de los cuatro tópicos superficiales e indagar en una trama de drogas, santería, mafias y secretismo.

Lo que pasa es que la novela resulta, al final, demasiado plana y unidireccional: pasa A, luego B, luego C, luego D y ¡chás!, ya tenemos al culpable. Le falta intriga, complejidad e incluso profundidad. No salgo de la novela con la sensación de haber aprendido casi nada sobre los chinos de La Habana, y tampoco con la sensación de habérmelo pasado como un enano con una novela de acción. Y cualquiera de las dos cosas me habrían servido. El propio Padura cuenta en una nota final que La cola de la serpiente comenzó siendo un relato, ahora ampliado y retocado; y creo que se nota este origen, precisamente en la ausencia de complicaciones y ramificaciones en el argumento, que es probablemente uno de los rasgos de las grandes novelas policiacas.

Nota final: Llama la atención (por lo menos, a alguien que no ha leído nada más de Padura) la muy caribeña obsesión de Mario Conde por los traseros. No hay mujer que salga a escena cuyas nalgas no sean descritas con mayor o menor nivel de deseo. Las de Patricia Chion, por ejemplo, forman "uno de los culos más exultantes del Caribe". No me imagino al bueno de Kurt Wallander, ni siquiera al bueno de Montalbano, usando términos semejantes...

jueves, 14 de junio de 2012

Hans Fallada: Solo en Berlín

Idioma original: alemán
Título original: Jeder stirbt für sich allein
Año de publicación: 1946
Valoración: recomendable


Hans Fallada (pseudónimo de Rudolf Ditzen) fue uno de los escritores alemanes más apreciados del siglo XX. Durante la época nazi, agobiado por los problemas económicos y por ser considerado non grato para el régimen, se mudó a una pequeña finca en Mecklenburg, donde escribió Solo en Berlín en apenas 24 días. Esta novela se publicó pocas semanas después de su muerte, debida a una sobredosis de morfina, y tuvo un gran éxito, lo que le valió una adaptación teatral y otra cinematográfica. Sin embargo, tardó poco en caer en el olvido. Así, han tenido que pasar sesenta años para volver a verla publicada y reconocida como se merece.

Los protagonistas de esta novela son Otto y Anna Quangel, un matrimonio berlinés que intenta sobrevivir como puede (esto es, sin llamar la atención, llevando una vida sencilla y cumpliendo con sus tareas) en pleno régimen nazi. A pesar de que siempre han cumplido las normas imperantes y nunca se han enfrentado a la autoridad, la muerte de su único hijo en el frente hace que cambien completamente de actitud y pongan en marcha un sencillo plan de resistencia contra el gobierno. Así que comienzan a escribir y repartir por toda la capital alemana tarjetas postales contra Hitler, con la intención de que sean leídas por gente sencilla como ellos, que pasen de mano en mano y que cambien la mentalidad de todos aquellos que aún viven engañados y/o atemorizados y apoyan al Führer.

Basada en la historia real protagonizada por el matrimonio Hampel (cuyo expediente llegó a manos de Fallada y le afectó tan profundamente que decidió escribir una novela en la que contara su experiencia), Solo en Berlín es algo más que la aventura de una pareja contra el régimen nazi: es un excelente retrato de la sociedad de la época, de cómo la ciudad de Berlín vivía dominada por el miedo y la desconfianza. Para ello, Fallada presenta una serie de personajes que reflejan el sinfín de maneras en las que el ser humano puede responder a las adversidades: jóvenes idealistas que coquetean con la resistencia, granujas que se aprovechan de la situación para sobrevivir a costa de los demás, sinvergüenzas que se alistan en las SS para prosperar, caiga quien caiga... Y, además, describe con detalle el funcionamiento de la Gestapo y sus tácticas para "cazar" a los disidentes.

Puede que no estemos ante la GRAN novela del siglo XX, pero sin duda merece la pena leer Sólo en Berlín. Por la calidad de su prosa, por su valor histórico y, sobre todo, porque nos muestra que hubo más gente de la que creemos que, como buenamente pudo y aun sin haber pasado a la historia, se opuso al régimen nazi.

miércoles, 13 de junio de 2012

VV.AA.: Juego de tronos

Idioma original: inglés y castellano
Fecha de publicación: 2012
Valoración: recomendable para fans de la saga

Si algo no puede negársele a la editorial errata naturae es agilidad. Son capaces de adaptarse con sorprendente cintura a los temas más actuales, ofreciendo respuestas editoriales no sólo interesantes en el fondo, sino muy cuidadas en la forma. Dicho esto aclaro que no tengo acciones de la compañía ni me mandan jamones en Navidad: simplemente soy un lector que agradece los buenos acabados y los detalles, y en eso errata naturae sobresale.

A estas alturas supongo que todo el mundo conoce Juego de tronos, ¿no? Bueno, pues aunque ese es en realidad el título del primer libro de un conjunto de siete, tiende a conocerse así toda la saga escrita por George R. R. Martin bajo el nombre oficial de Canción de hielo y fuego. Sonia ya lo reseñó aquí hace algún tiempo. Yo seguí su recomendación y puedo asegurar que es una de las cosas más adictivas que me he echado entre pecho y espalda en mi vida de lector. Pues bien, resulta que ahora Juego de tronos está adquiriendo cotas de popularidad inéditas. Al fin ha salido el esperado quinto libro (Danza de dragones) y ha finalizado ya la segunda temporada de la serie que adapta las novelas a la televisión. Y he aquí que errata naturae aprovecha para sacar un librito de ensayos al respecto. Bien hecho.

El subtítulo no puede dejar de hacer sonreír a los fans de la saga: "Un libro afilado como el acero valyrio." No sé si llega a ser taaan afilado, pero la verdad es que se disfruta leyéndolo. Los editores han cogido textos diversos, algunos originales y otros traducidos, que indagan en la saga desde distintas perspectivas. Uno, por ejemplo, comenta las peripecias que rodean la escritura misma de las novelas. El bueno de Martin lleva escribiendo desde el 96, es decir, 16 años, y asegura que faltan dos libros más... Este ritmo ha hecho que proliferen las páginas que incluso amenazan al autor para que se ponga a escribir como un loco.

Pero la mayoría de los ensayos lo que hace es relacionar personajes o situaciones de Canción de hielo y fuego con diversas teorías políticas o morales. Si uno conoce por encima lo que dicen Hobbes o Maquiavelo y además ha leído las novelas, estos ensayos quizá no le sorprendan mucho. Eso sí, le harán pasar un buen rato y, sobre todo, le permitirán regodearse unas páginas más en el mundo de los Siete Reinos. Que no es poco.

martes, 12 de junio de 2012

Christos Tsiolkas: La bofetada

Idioma original: inglés
Título original: The Slap
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable


Hector cumple 43 años y organiza una barbacoa para celebrarlo con su familia y amigos. Así que, después de llenar la mesa del jardín de comida y la nevera de alcohol, su casa se llena de hermanos, primos, amigos suyos, amigos de su mujer... y niños. Y entre esos niños está Hugo, un pequeño de tres años al que sus padres le permiten hacer lo que quiera y que consigue sacar de quicio a todo el que asiste a la fiesta. Hasta que se pasa de la raya y uno de los invitados, primo de Hector para más señas, le da una bofetada. Nada será igual a partir de entonces. Los padres del niño denuncian al primo de Hector y todos los presentes en la barbacoa deben escoger un bando: ¿apoyarán a los padres del pequeño o le quitarán hierro al asunto porque el crío se merecía el sopapo y, como se suele decir, una bofetada a tiempo previene muchos problemas?

Además de plantear –de forma clara y directa– si es admisible darle una bofetada a un niño cuando éste se porta mal (atención, estamos hablando de darle UNA bofetada, no una paliza) o si hay que aplicarle otro tipo de castigo (o mejor, educarlo correctamente desde un principio), Tsiolkas utiliza esta novela para analizar las relaciones que mantenemos con los que nos rodean: ¿puede nuestra familia entrometerse en nuestro matrimonio (o al revés)? ¿Mantenemos a nuestros amigos a lo largo de los años porque realmente esa amistad merece la pena o porque nos sentimos cómodos? ¿Tenemos hijos porque queremos o para esconder esos problemas con los que no sabemos lidiar?

Sin duda, son los protagonistas de esta novela su mayor acierto. El autor nos presenta a una serie de personajes (la mayoría rondando los 40 años) que aparentemente disfrutan de la vida y de sus familias, pero que en realidad están tan perdidos y se sienten tan inseguros como los adolescentes a los que contratan para cuidar de sus hijos. Ni siquiera sus padres, ya ancianos y con mil y una vicisitudes a la espalda, parecen saber qué rumbo tomar y cómo deben reaccionar ante la adversidad, por pequeña que ésta sea.

En esta historia nadie (o casi nadie, al menos) es bueno o malo, culpable o inocente. Aquí todos tienen que cargar con sus aciertos y sus errores, y no parecen muy capacitados para hacerlo. Utilizando la voz de un narrador lejano, testigo de todo pero absolutamente imparcial y neutro, Tsiolkas consigue que a lo largo de esta novela nos hagamos unas cuantas preguntas incómodas, aunque sólo sea para comprobar que estamos muy lejos de conocer sus respuestas.

lunes, 11 de junio de 2012

Stefan Zweig: ¿Fue él? y Las hermanas

Idioma original: alemán
Título original: War er es? y Die gleich-ungleichen Schwestern
Año de publicación: 1937 y 1987
Valoración: Está bien, Recomendable


En nuestro (aparente) afán por reseñar la obra completa de Stefan Zweig (una tarea en la que todavía nos falta Momentos estelares de la humanidad, por cierto), hoy ofrecemos un 2x1 que nadie podrá rechazar: dos novelitas cortas (tan cortas que casi podrían calificarse de relatos largos) unidas no solo por su extensión, sino también por su tono casi fabulístico, como de aplicación de una idea más que de representación de una realidad.


¿Fue él? es algo así como un relato de suspense psicológico (aunque en realidad el suspense se desvanece bastante pronto, diría yo): en la primera página sabemos que ha habido un asesinato, y sobre él planea la pregunta del título: ¿quién es el culpable? A partir de aquí, la trama se centra en John Charleston Limpley, un hombre excesivo en todos sus ímpetus y en todos sus afectos, su mujer y su perro, Ponto. La tensión del relato dirigiéndose hacia su final casi inevitable (en todo caso, previsible) está bien conseguida, como no podía ser menos siendo Zweig el autor, pero la narración es de una sencillez extrema; tan extrema, que parece que le falta algo.


Las hermanas (subtitulado "conte drolatique", o sea, "cuento humorístico") tiene el aspecto de una fábula moral, o mejor dicho, inmoral. Más que seres humanos, sus personajes parecen alegorías. Las dos hermanas del título, significativamente nombradas Helena y Sofía, son dos muchachas hermosas e inteligentes, pero también temendamente competitivas y envidiosas. En su afán por superarse la una a la otra, eligen caminos opuestos: el del vicio y el placer, Helena; el de la virtud y la contención, Sofía. Una vez más, la narración es sumamente esquemática, como de parábola más que de relato, pero el conjunto lo salva el humor irónico y algo malvado de Zweig.

Las dos novelitas están bien, sin llegar a ser obras maestras, y dada su brevedad se leen en una tarde, o menos. De hecho, muchas de estas novelitas de Zweig podrían publicarse agrupadas en un volumen único, y no pasaría nada (bueno, lo que pasaría probablemente es que el editor ganaría menos dinero). Entre las dos, ¿Fue él? me ha parecido más floja, con menos chispa; Las hermanas, a pesar de su idealismo casi abstracto, es más divertida y más agradable, aunque tampoco sea especialmente sorprendente. En cualquier caso, son dos obritas entretenidas y curiosas, que no desmerecen del resto de la obra narrativa de Zweig, aunque tampoco creo que nadie las incluya entre sus obra maestras.


También de Stefan Zweig: Mendel el de los libros, Veinticuatro horas en la vida de una mujer, Novela de ajedrez, El mundo de ayer, Fouché. Retrato de un hombre político y María Antonieta.

domingo, 10 de junio de 2012

Carlos Granés: El puño invisible

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: Imprescindible para los que quieran entender algo del arte actual.



¿Cómo hemos llegado a esto? me preguntaba delante de algún cuadro o performance en alguna icónica galería, o recorriendo algún emblemático museo de arte contemporáneo. También leyendo en prensa las vertiginosas cifras que se pagan por… ¿nada?

Desde Duchamp, que al exponer aquel orinal hace poco menos de un siglo, abrió las puertas a la relativización de los criterios proclamando que todo vale en el ámbito del arte siempre que lo avale el propio artista, el subjetivismo más absoluto se ha extendido sin límites. Nadie discute ya que el valor artístico radica en el propio criterio, y eso ha conducido a la banalización. Artes plásticas y literatura, debido a las diferencias en la fisonomía de sus respectivos circuitos económicos, han seguido caminos diferentes para llegar al mismo resultado. Las primeras, salvo muchas y honrosas excepciones, lo que pretenden es escandalizar todo lo posible para entrar en los museos y poner los precios por las nubes, la segunda baja sus exigencias para llegar a un público, más y más conformista a medida que se le exige menos esfuerzo.

Una obra extraordinariamente bien documentada, argumentada con precisión y claridad utilizando una prosa concisa y enérgica que obtuvo el año pasado el Premio Isabel Polanco. Su autor, sin guiarse exclusivamente por criterios cronológicos, distingue entre un primer y un segundo tiempo artísticos. Éste es la madre de todos los desmanes, aquél – que ocupa la mayor parte del libro – engendró los movimientos que contribuyeron a eliminar el academicismo excesivo y renovaron los lenguajes considerados hasta entonces inamovibles. Hay que tener en cuenta que Granés se refiere, en primer lugar, a aquellas obras o acciones que supusieron una transgresión total en su época y, en tiempos más recientes, a aquellas cuya calidad es, como poco, discutible. Por eso no menciona a Picasso ni a ningún creador plástico que merezca recuerdo, o pone en tela de juicio a los Sex Pistols y a ninguna otra figura del rock, o se refiere a ciertas representaciones escénicas, nunca al teatro de Darío Fo o de Samuel Beckett. Su análisis se centra en el sector que, en su opinión, ha conducido al arte a un callejón sin salida. A las obras que, transgrediendo las acartonadas normas de un momento dado, abrieron el camino a un arte distinto o fueron ellas mismas materia artística, no tiene nada  que oponer.

En arte, por el trillado (sí, trillado) camino de la transgresión, lo hemos visto absolutamente todo: objetos cotidianos expuestos y pagados como genialidades gracias a interesadas justificaciones retóricas, basura, excrementos, animales muertos, mutilaciones y automutilaciones, mediocridades de grupos en alza. La revolución de las costumbres y el derecho a divertirse son producto de aquellas primeras conquistas, hoy no tiene sentido justificar determinadas obras con el pretexto de que están reivindicándolas. Sólo queda innovar de verdad con productos surgidos, como él mismo señala, del talento y del esfuerzo, emprender de nuevo el camino creativo, abandonado en líneas generales hace tanto tiempo, cotizar al alza los auténticos valores, diferenciarse de la telebasura. En suma, volver a conectar con la sensibilidad del ser humano y no sólo con las cuentas corrientes.

Granés es valiente. Siguiendo el ejemplo de los representantes de las primeras vanguardias  – esos aguerridos polemistas que se negaron a aceptar sin más los pesados esquemas de la cultura oficial – piensa que, para dar un vuelco a todo esto, lo primero que hace falta es no callarse. Son pocos los que se atreven a decir lo que piensan por miedo a quedar en ridículo. Y porque, además, ellos son los que saben. Pero ¿quiénes son esos ellos que gestionan el mecanismo del alza en la cotización de las obras, que comercian con prestigios y desprestigios, que fabrican, según convenga, criterios de calidad? En lo que Granés define como primer tiempo, los propios artistas, en la actualidad los conservadores y comisarios. En cualquier caso, ninguna mano inocente. Por mi parte, no tener en cuenta lo que he aprendido y lo que el sentido común me indica, tras años de lecturas, reflexiones y debates, para creer ciegamente lo que los actuales gurús proclaman a los cuatro vientos es algo que ni puedo ni quiero hacer. Este ensayo, por la información que aporta y, sobre todo, porque facilita la contextualización de datos dispersos, demuestra que ni deciden los más competentes ni los elegidos para elevarse a las alturas poseen necesariamente más meritos. He aquí sus últimas palabras:
"... me atrevo a decir que el engaño del arte contemporáneo no va a durar mucho más. Quienes invirtieron grandes sumas en tiburones, mojones y fluidos corporales, acabarán perdiendo su inversión y se quedarán con materia orgánica en descomposición, sin valor económico ni artístico. En cuanto a la literatura, resulta más difícil especular, pero me niego a pensar que la historia consagre a contadores de trivialidades o a falsos profetas de lo cool, esa bruma inocua que lo recubre todo de banalidad multicolor. ¿Puede la civilización vivir sin artistas ni escritores que escarben en sus entrañas? Tal vez por un tiempo, pero no indefinidamente. La única forma de no ser un pesimista cultural es confiar en que así sea."

sábado, 9 de junio de 2012

A vueltas con Murakami

Idioma original: japonés
Valoración: así en conjunto, se deja leer

Me van a perdonar los lectores y compañeros de este blog por esta entrada, que se sale de nuestra línea habitual por su tono y por su contenido, pero es que necesito desahogarme. Si no lo digo, exploto:

Odio a Haruki Murakami.

Por supuesto, estoy exagerando: no le odio, ni como persona (no le conozco de nada) ni como escritor. De hecho, me parece que no escribe mal (sus novelas se leen con facilidad y por momentos incluso sorprenden); Tokyo Blues fue la primera que leí, me entretuvo, y me dejó con ganas de leer más cosas de este autor. Y de hecho debo de haber leído cinco o seis obras suyas (Tokyo Blues, Kafka en la orilla, After Dark, La caza del carnero salvaje, De qué hablo cuando hablo de correr...).

Pero...

Mi odio a Murakami tiene dos partes. De la primera parte tiene la culpa el propio Murakami; de la segunda no, o no directamente.

La primera parte es que Murakami se repite más que el ajo. Sus personajes casi siempre parecen sacados por el mismo troquel: seres sensibles, algo alternativos, simpáticos, tímidos... Historias de búsqueda personal y/o romántica en un Japón casi abstracto. Algo de "realismo mágico" aquí o allá. Unos toques de novela de aventuras... Tengo comprobado, además, que es muy habitual que la novela que más gusta de Murakami es la primera que te lees de él. ¿Y por qué? Porque leída una, leídas (prácticamente) todas.

La segunda parte que ya no es culpa de Murakami propiamente, es su entronización como un "clásico vivo". Por favor. Que el nombre de Murakami aparezca en las listas de candidatos al Premio Príncipe de Asturias y, sobre todo, al Nobel, me parece un ejemplo de banalización o comercialización de los estos premios. Del Príncipe de Asturias uno ya espera cualquier cosa, pero ¿del Nobel? Yo a un Premio Nobel no le exijo solo que "no escriba mal"; sino que rompa barreras, en cuanto al uso del lenguaje, en cuanto al conocimiento del mundo, en cuanto a lo que los seres humanos conseguimos hacer con eso que llamamos "literatura".

¿Consigue algo de esto Murakami? Pues como ya os imaginaréis, yo creo que ni de lejos. Murakami me parece un autor superficial, fuegos de artificio narrativos sin contenido humano digno de tal nombre; un conjunto de juegos bastante vacíos por muy atractivos que sean, y por mucho que vendan. La diferencia con Philip Roth, con quien "compitió", según dicen, por el Premio Príncipe de Asturias, es tan evidente que debería hacer que Murakami se encerrase una temporada en su casa a replantearse su vida.

Esto no quiere decir que uno no se lo pueda pasar bien leyendo a Murakami (sobre todo, como decía, cuando se lee por primera vez una novela suya); ni que no pueda gustarte Murakami, faltaría más.

Pero para mí, Murakami es el Paulo Coelho japonés.

Si a pesar de esto quieres leer algo de Murakami, puedes empezar por After Dark
o Kafka en la orilla

viernes, 8 de junio de 2012

Perihan Mağden: Dos chicas de Estambul

Título original: İki genç kızın romanı
Idioma original: turco
Fecha de publicación: 2002
Valoración: Recomendable

Dos chicas de Estambul, novela de la escritora turca  Perihan Mağden, es uno de esos libros que no soy capaz de decir si me han gustado o no pero que sí puedo afirmar sin dudarlo que me han sorprendido.

Una vez más, lo rescaté de la biblioteca que frecuento sin tener ninguna clase de información previa sobre él, pero con la curiosidad abierta de par en par gracias a la insinuante ilustración de la portada. Y también ayudaron algunos comentarios gloriosos de su contraportada, entre ellos, uno del mismísimo Orhan Pamuk, nobelizado autor turco venerado en su país y buena parte del planeta, y otro que decía algo así como que desde El guardián entre el centeno nadie había descrito tan bien la confusión y el dolor de esa época tumultuosa que es la adolescencia. Así que, “para la saca”, me dije.

Y lo cierto es que no me he arrepentido en absoluto de gastar unas cuantas horas para leer esta novela ágil y no demasiado extensa que habla de cómo a Behiye, una adolescente del Estambul del siglo XXI, estudiante brillante pero borde e introvertida y con varios kilos de más, y que odia en silencio a su familia (formada por un hermano con ideas atrabiliarias, una madre depresiva y un padre ausente), le cambia la vida cuando conoce a la dulce y bellísima Handan.

Handan es una chica de la edad de Behiye pero completamente diferente a ella. Es todo inocencia y hermosura y vive con una madre muy joven, alocada y atractiva que se gana la vida a base de ligarse a hombres mayores y con mucho dinero, casi siempre casados y que se cansan de ella a los pocos meses.

Behiye verá a Handan como una salvación, y al poco de conocerla se instalará en su casa con la disculpa de ayudarla con sus estudios, cocinar para ella y, en fin, cuidarla. Pero lo que Behiye quiere realmente es que Handan suponga para ella una puerta de entrada a su nuevo Yo, y para estar junto a ella no dudará en prácticamente dejar de comer, robar, mentir y guiarse por sus más íntimos anhelos, inclusive rechazar ferozmente que Handan se relacione con muchachos de su edad atraídos por ella... Y la intensa, casi asfixiante, relación que las dos chicas de Estambul inician, coincide con una serie de violentas y misteriosas muertes en la ciudad…

En fin, que si recomiendo esta novela es porque aunque en ocasiones parezca que lo que ahí dentro sucede es poco creíble (Behiye tiene conductas muy raras pero casi siempre se sale con la suya…), y que el lenguaje y las expresiones que utilizan las protagonistas sean, en mi opinión, un poco cargantes y melosas (estilo “dulce gatita bebé handanesca”), creo que es un soplo de aire diferente más que fresco, en el panorama literario del tercer milenio. De todos modos, y volviendo a lo de la sensación de falta de credibilidad y de edulcoración en las expresiones, hay que recordar que el libro habla de dos chicas de Estambul, y que Oriente es Oriente, y que hay que tener en cuenta las diferencias que puede haber en la forma de vivir y hablar de un país a otro, de un continente a otro. Aún así, no puedo ocultar mi admiración por el traductor de esta novela, ya que doy por hecho que ha hecho un brillante y dificilísimo trabajo.

Ah, y me he enterado de que hay peli. Multipremiada, además. Me apetecería mucho verla, la verdad. Las fotos que he encontrado sobre ella en Internet prometen (las protagonistas están muy bien escogidas). Pero tal y como está la televisión en este país, como no la localice por mis medios, voy lista…