jueves, 10 de septiembre de 2015

E.L. Doctorow: Billy Bathgate

Idioma original: inglés
Título original: Billy Bathgate
Año de publicación: 1989
Traductor: César Armando Gómez
Valoración: Muy recomendable

Edgar Lawrence Doctorow falleció este pasado 21 de Julio, a los 84 años de edad, dejando, entre otras cosas, un buen puñado de libros escritos y una excelente reputación como novelista. Circunstancia que a mí en particular - y subrayo la primera persona del singular, porque es cosa exclusivamente mía- me suponía un pequeño "problema"... aunque quizás fuera más exacto decir "incomodidad": la única experiencia que había tenido hasta el momento con la narrativa de Doctorow no había sido demasiado satisfactoria; en efecto, hace años leí El arca de agua, novela ambientada en el Nueva York del siglo XIX, y recuerdo que la impresión que me dejó fue más bien tibia, por no decir decepcionante. Sin embargo, vista la aquiescencia general sobre la calidad de este escritor, me he pasado años pensando que debía darle otra oportunidad... pero con no muchas ganas de hacerlo. Y eso que a la novela de la que trata esta reseña le tenía echado el ojo desde hace tiempo -querencia personal por los temas gangsteriles-, pero aún así, ni por ésas... y hasta ahora. En fin, ya sé que me podía haber decidido antes, pero bueno, más vale tarde que nunca, no hay mal que por bien no venga, bien está lo que bien acaba... y cualquier otro recurso del refranero que venga a decir que sí, que por fin he leído Billy Bathgate.

Así que al grano: el protagonista y narrador de esta novela es un chaval del Bronx, que mata el tiempo haciendo el canelo por la calle, en la época de la Gran Depresión, como tantos otros... pero él se las ingenia para hacerse de notar por el ídolo del barrio (que también es el barrio de origen de Doctorow, por cierto), el legendario gángster Dutch Schultz (Arthur Flegenheimer de nombre auténtico), uno de los más violentos y, sobre todo, imprevisibles de aquellos turbulentos años. Billy entra a formar parte de su banda, que pasa entonces por una época difícil, primero como simple chico de los recados, y después tomando un papel cada vez más importante, siendo testigo además de sus crímenes y depositario de sus secretos. Conoceremos así a personajes peculiares, como el matón Lulú Rosenkratz, el supereficiente Irving o el "mago de los números" (también es de suponer que no hacía falta ser un John Nash para destacar en aquel ambiente) Abbadabba Berman, acuñador, según se dice, de la archiconocida frase "Son sólo negocios, no es nada personal...", que se convierte en el mentor de Billy. Destaca también, en mi opinión, el acertado retrato que Doctorow hace del propio Schultz, matizando al desquiciado personaje que suele aparecer en libros y películas, aunque sin ocultar -sería imposible- su aspecto más sanguinario.

En suma, el autor se sirve del conocido truco... quiero decir recurso, de colocar a un personaje imaginario junto a otros reales, para darnos una visión de la historia -quizás en este caso habría que hablar casi de leyenda- enriquecida por una visión desde un punto de vista secundario. Este libro es también una novela de aprendizaje -no digo iniciación porque el ta Billy ya venía bastante baqueteado de su barrio- e incluso, creo yo, una novela picaresca: si cambiamos el Nueva York de los años 30 por los caminos de la España del siglo XVI, o la banda del Holandés (así se ha traducido siempre al castellano Dutchman, pero al parecer, en el argot neoyorquino de la época significaba más bien "alemán") por la de Monipodio, la historia podría encajar con bastante verosimilitud en esa tradición narrativa tan española y que ha trascendido incluso los límites de la literatura para imbricarse en la realidad. Y que parece no ir a agotarse nunca, añado... Por ponerle un "pero", cabría decir que en algún momento la historia toma una deriva algo "hollywoodesca", por lo que tampoco es de extrañar que al poco de su publicación fuera llevada a la gran pantalla (con Dustin Hoffmann como un improbable, creo yo, Dutch Schultz), pero aún así, hay que reconocer que estamos ante una narración de alta calidad literaria.

En fin, un buen libro y un autor al que pienso retornar, aunque sea a título póstumo... ahora ya puedo decir, si alguien me pregunta por él -que no creo-: "Sí, Doctorow, qué gran pérdida para las letras... De él me gusta sobre todo Billy Bathgate; gran novela". Y quedarme tan ancho.

Otros libros de E. L. Doctorow reseñados en Un Libro al Día: Todo el tiempo del mundoHomer y Langley