sábado, 12 de septiembre de 2015

Don Carpenter: Dura la lluvia que cae

Idioma: inglés
Título original: Hard rain falling
Año de publicación: 1966
Traducción: Ramón de España
Valoración: muy recomendable

Debe funcionar el filón de The Wire: porque lo de poner que el prólogo es de George Pelecanos bajo el título de esta novela es una obvia llamada para atraer a cierto público. Funciona, por eso. Y si esa es la razón que lleve a un número de personas a leer Dura la lluvia que cae, pues bien está lo que bien acaba. Porque esta es una novela excelente, una narración, como algún amable comentario anotó hace unas semanas, a la altura de No hay bestia tan feroz, en ese ejercicio duro pero fascinante de ponerse en la piel del delincuente de largo recorrido, e intentar experimentar sus actitudes hacia la vida. A Jack Levitt, protagonista, no le han dado demasiadas opciones. De orfanato a correccional, de correccional a cárcel, y cada nueva etapa una vuelta de tuerca en una existencia difícil, lejos de lo convencional, pero con una encomiable disposición a mantener la dignidad y a tirar hacia adelante. Sin planes a largo plazo, por supuesto.

Las cosas le suceden a Levitt con enorme naturalidad, y él, que insiste en ocasiones que no hace plan alguno, va tirando adelante como puede. Dura la lluvia que cae se divide en tres partes claramente espaciadas en el tiempo. La primera nos muestra a Levitt, abandonado por su padre, fallecida su madre a temprana edad, desenvolviéndose en su adolescencia en ambientes poco aconsejables. Garitos con mesas de billar, bares, burdeles. Con sus amigos, buscándose la vida en un día a día que no les plantea más dificultades que el obtener dinero para la siguiente cerveza, la siguiente comida o la siguiente noche en pensiones u hoteles cutres. Las amistades de conveniencia van y vienen, la picaresca de las apuestas en las partidas de diversas modalidades de billares, los pequeños y casi ingenuos escarceos con delitos de poca monta. En la segunda, el paso adelante está dado. Delitos con armas, golpes a licorerías, violencia, cárcel, condenas en convivencia con nuevos y antiguos compañeros de correrías. Sin opciones, con escasa expectativa de mejora, Levitt es trasladado y se reencuentra con Billy, colega de la infancia, bien dotado para el billar, otro buscavidas que, en un episodio memorable, demostrará hacia Levitt algo de lo que ha estado falto toda su triste existencia: alguien que se preocupe de él, alguien que le demuestre sentimientos. Su corta historia de amor homosexual, en la celda del condado de Balboa que comparten, resulta constituirse en el único conato de romanticismo de esta novela. Fuera de la cárcel, Levitt se intenta reintegrar en la sociedad. En medio de un tenso incidente, conoce a Sally, adinerada ex esposa de un actor de éxito, amor fou inmediato, cómplice sexual, por la que abrazará lo más parecido a una vida convencional, toda la que pueda tener un ex-presidiario. Un hijo, al que llamará Billy, un trabajo. facturas que pagar.

Dura la lluvia que cae es casi una bildungsroman de recorrido alternativo, donde Levitt, a través de la narración, me recuerda algo al Stoner de Williams: cede solo, en circunstancias especiales, ante su voluntad, pero casi siempre deja que sea un destino inexorable el que tome sus decisiones. Su instinto de supervivencia prevalece y cree que eso será suficiente para llegar a buen puerto. Todo lo bueno que su dura condición pueda tenerle reservado.

Una narración potente, por momentos brillante y en alguno ligeramente previsible, Carpenter es uno de esos autores, como Bunker, que merece la pena descubrir. Camuflados entre la nutrida escena literaria norteamericana del siglo XX, quizás condicionados por temáticas menos ambiciosas a priori que algunos coétaneos que les sobreviven (DeLillo, Roth), Carpenter murió a los 64 años, se quitó la vida, dicen, a causa de su deteriorada salud.

También de Don Carpenter en ULAD: Los viernes en Enrico´s

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Stoner, ese libro sobrevalorado..

No entiendo qué le ve la gente.

anton corderí dijo...

Coincido con el comentario anterior.

anton corderí dijo...

Coincido con el comentario anterior.

Anónimo dijo...

Merece mas la pena no hay bestia tan feroz?

Saludos.

Francesc Bon dijo...

Buenas: contestando al anónimo y confirmando cierta conversación que sostuve ayer, diría que en la obra de Bunker se nota que él ha vivido esas situaciones, que parece que Carpenter no. Una diferencia mínima, pero detectable. Por eso Bunker es imprescindible. Gracias por los comentarios.