sábado, 26 de septiembre de 2015

Colaboración: Obabakoak de Bernardo Atxaga

Idioma original: euskera
Año de publicación: 1988
Valoración: imprescindible

Cuando redacto estas reseñas suelo preguntarme si no cabría conocer también la opinión que se ha hecho de nosotros el autor o incluso los personajes. ¿Qué imagen tendrán, sobre todo estos últimos, de sus lectores? ¿Cómo se sintieron tratados, imaginados?

Cuento esto porque un servidor se cruzó con los habitantes de Obabakoak hace casi tres lustros y en un ámbito académico. Por aquel entonces (imagino que también ahora) Bernardo Atxaga era uno de los autores más leídos por los alumnos de los euskaltegis  y algunos de los relatos que conforman el volumen sirven aún hoy para conseguir un perfil  lingüístico o circulan en numerosos manuales de texto de la materia.  Me sedujeron en aquel momento, pero por una comprensible falta de competencia lingüística no me hice una imagen exacta de ellos ni del Macondo que conformaban, pues me fueron presentados fragmentadamente y a algunos los despaché como una asignatura.
Volver sobre este título ahora en castellano, revisitar Obaba, me ha servido para detenerme en  los detalles y hacer un análisis más sosegado de sus rincones.

Creo, para empezar, que el título no refleja el contenido. Al lector se le recibe en Obaba  pero, pasadas las primeras páginas, se le destierra: el caso más evidente es el de "Nueve palabras en honor de Villamediana". Llama la atención el desparpajo con que el autor nos coloca relatos admirables  ("Una grieta en la nieve helada", "De soltera", "Laura Sligo") pero que poco o nada tienen que ver con lo que se nos promete en la portada. Llama la atención en este sentido la versión cinematográfica de Montxo Armendáriz donde tenemos la ilusión de permanecer siempre en el mismo sitio.

Con "Jóvenes y verdes" creemos regresar de ese exilio; de hecho volvemos a recuperar emocionados el mismo tono del primer apartado, "Infancias". Será un lagarto (en algunas ediciones es la imagen de portada) quien nos conducirá hasta la última página. Sobre sus escamas coloca el autor auténticas joyas como "El criado del rico mercader".

El tío que el protagonista tiene en ese pueblo le sirve también de coartada para tanto trasiego: es en su casa donde se leen y se comentan las extraordinarias historias que, sin embargo, no discurren por sus calles.

Mantiene una calidad muy alta durante todo su desarrollo pero tiene momentos especialmente deslumbrantes ("A modo de autobiografía", "Finis coronat opus"…). A menudo uno cree estar leyendo a Cortázar ("Margarete y Heinrich, gemelos") y a Borges ("Wei Lie Deshang").  No en vano la obra esconde además un acertado ensayo sobre la legitimidad del plagio y se apoya continuamente en la metaficción. 

Vamos…  que se le puede perdonar que tengamos que andar haciendo y deshaciendo maletas.  

Otras obras de Bernardo Atxaga en ULAD: El hombre soloEsos cielosSiete casas en Francia

Firmado: Aster Navas