martes, 29 de septiembre de 2015

Anna Starobinets: La glándula de Ícaro. El libro de las metamorfosis

Idioma original: ruso
Título original: Икарова железа. Книга метаморфоз
Traductor: Fernando Otero
Año de publicación: 2013
Valoración: Muy recomendable

Esta reseña es especial, en cierto modo: es nuestra forma de unirnos a la campaña de solidaridad que ha organizado la editorial Nevsky para apoyar al marido de Anna Starobinets, Sasha Garros. No voy a explicar los detalles, que podéis leer en la web de la editorial; el resumen rápido es que todo lo que se compre en la página de Nevsky hasta final de mes (o sea, hasta mañana) será donado íntegramente a Sasha Garros para un tratamiento médico que necesita urgentemente. Me habría gustado programar esta reseña antes, pero solo ahora he podido recibir y leer el libro de Anna Starobinets.

Dicho esto, no me gustaría que se pensase que estoy siendo generoso con el libro de Starobinets por compasión o por caridad: La glándula de Ícaro es un gran libro de fantasía, terror, ciencia ficción o, usando un término de moda, "literatura weird". Los relatos que componen el volumen parten siempre de un planteamiento en el que hay por lo menos un elemento extraño, exagerado o grotesco, y lo desarrollan hasta su culminación lógica (teniendo en cuenta que esta lógica no es la de nuestro universo, sino la de otro muy parecido pero en el que operan leyes diferentes).

En "La glándula de Ícaro", los hombres (varones) pueden someterse a una operación que les extirpa una glándula vestigial culpable, se dice, de la violencia, la competitividad o las infidelidades conyugales; en "El parásito" se somete a un chico a un proceso hormonal para permitir que se produzca una metamorfosis semejante a la que sufren las mariposas; "La frontera" habla de medios de transporte que permiten viajar al pasado o al futuro; "Delicados pastos", sobre la posibilidad de "transmigrar" la conciencia a nuevos cuerpos para escapar de la muerte; en "Spoki", unas consolas de viodejuegos se extiende por todos los hogares, estableciendo con los niños un vínculo tan estrecho que sustituye el que tienen con sus padres o amigos.

En estos relatos se puede reconocer un patrón: la ciencia (o la tecnología), asociada con la ambición, la debilidad personal o la avaricia comercial, intenta alterar la naturaleza humana, con consecuencias terribles. No se diferencian mucho, en ese sentido, de muchas otras obras de ciencia ficción que representan miedos contemporáneos muchas veces asociadas al progreso y a su subordinación a intereses religiosos, políticos y sociales por encima de cualquier consideración ética o humanista.

Querría destacar sin embargo dos relatos que, en cierto modo, escapan a este patrón, y que son los que más me han gustado. En "Siti" se nos presenta a un escritor de Europa del Este que ha sido por fin aceptado para viajar a la ciudad de Siti (imposible no pensar en Nueva York, aunque el relato es acertadamente ambiguo a este respecto). Siti es una ciudad cruel, hermosa, maravillosa, terrible; todo el mundo quiere entrar en ella, aunque realmente no la conocen; y una vez dentro, todo el mundo es feliz, obligatoriamente feliz.

El otro relato es "El Lazarillo", el más onírico y grotesco de todos. En él, un guionista de películas y series de televisión es contactado por un productor y un director para un proyecto que no sabe exactamente cuál es. Pero la entrevista, que tiene lugar a la una de la mañana en un apartamento de lujo, comienza a torcerse cuando a uno de los entrevistadores se le empiezan a caer los dientes y al entrevistado le entran unas ganas terribles de comer frutos del bosque...

En estos dos relatos, creo, es donde Anna Starobinets se muestra más original y más perturbadora, donde deja mayor poso en el lector. Se trata, en cualquier caso, de una escritora muy interesante, y que merece ser seguida; yo creo que voy a comprarme otro libro suyo, antes de que termine el mes...

También de Anna Starobinets: Una edad difícil

1 comentario:

Pablo G dijo...

Me gustó bastante más una edad difícil, que por cierto, en la reseña de ULAD resultó menos entusiasta la opinión que en esta que nos ocupa.
Jon Bilbao, Samanta Schweblin y Starobinets han escrito los mejores relatos cortos que se han publicado recientemente de relatos. Y todos ellos con un nexo en común; el horror oculto de los gestos cotidianos y familiares.
Un saludo.