viernes, 4 de septiembre de 2015

Stephen Vizinczey: Verdad y mentiras en la literatura

Idioma original: inglés
Título original: Truth and lies in literature
Año de publicación: 2001
Traducción: Pilar Giralt Gorina
Valoración: canónico

Perdonad lo excéntrico de la valoración. Pero libros como este consiguen, y bien que hacen, empequeñecer esta tarea amateur, caprichosa, sencilla y errática que es escribir en internet y sobre libros. Entonces, genuflexo (y agradecido a Álex Azkona por la recomendación) el aficionado que escribe esto que estáis leyendo piensa. Piensa cómo y de qué manera hacer justicia a un libro así, sin caer en los lugares habituales de las reseñas elogiosas, sin recurrir a las listas habituales de calificativos. ¿He escrito alguna vez boquiabierto? No, que recuerde. Pues empecemos con esa palabra. Porque esta retrospectiva de Vizinczey, escritor y crítico húngaro cuya relativa fama cabe atribuir a la novela En brazos de la mujer madura nos ofrece reseñas, artículos sobre escritores, reflexiones políticas, y, last but not least, el conjunto. Que debería ser lo que cuenta, si se trata de valorar. El conjunto es la sensación profunda que se apodera del lector sobre cómo Vizinczey acomete su función crítica. El guiño empieza en el título: Verdad - una - y mentiras - varias - en la literatura. Porque no es que esta sea una experiencia enfocada en el análisis de argumentos, sino que se extiende en todos los ámbitos alcanzables, de manera que, glups, qué complicado es declarar esto en este ámbito, quien lee queda con la sensación de que Vizinczey se impregnaba de lo que leía, absorbía y comprendía tan hasta el fondo el libro, la obra, el autor, y esa capacidad le investía de una autoridad absoluta para, luego, pertrechar esos textos que, por sí solos ya tienen valor literario, pero que tienen además ese poder de empujar a la búsqueda.
No es que Vizinczey no muestre alguna debilidad personal. Por encima de todas, su adoración por Heinrich Von Kleist, en segundo término Balzac, Stendhal, y algunas fobias no tan visibles ni en las que, con una discreción digna de elogio, se ensaña. Que yo recuerde, tilda a Kundera de inmaduro, critica el quiebro argumental de Billy Budd de Melville, y el objeto más claro de su crítica es el corporativismo de la prensa literaria de Nueva York, a la que tilda de actitudes chantajistas. Por todo lo demás, lo comentado, demostración de comprensión absoluta, de asimilación de cada obra en la que se sumerge. Capacidad de análisis brillante. Conocimiento mayestático. Descomunal cómo transmite su entusiasmo, combinando mesura, emoción, razonamiento. La cuestión, quizás, no es que uno pueda coincidir o no con lo que Vizinczey opine, sino lo estimulante que esta lectura resulta. Ya hablé de Bloom y hablé de Carrión y de Eduardo Jordà, recuerdo cada uno de esos libros como campos de minas para los pusilánimes. Cargaría con este libro, repleto de notitas marcando páginas y resaltando textos, y empezaría a encargar libros. Seguro que discreparía de muchas opiniones, seguro que diría que no es para tanto, puede que hasta llegara a conclusiones dispares o a considerar que Vizinczey se ha excedido en algún punto. Puede, incluso, que determinadas horas no sean las más adecuadas para sumirse en especulaciones sobre ciertas obras. No se trata de divertirse ni de saltar: se trata de captar el mensaje profundo que el libro desprende, la importancia de la literatura como bastión de la cultura.
Adicionalmente a las reseñas y artículos sobre literatura, el libro nos ofrece algunos ensayos de carácter más general, que entroncan en la realidad política que Vizinczey, húngaro que se exilió a EEUU en plena guerra fría, escribió sobre diversas temáticas. La Mafia, la dominación rusa, la Europa postguerra. Todos ellos, escritos de gran fuerza y valor. Más regalazos. Como si a este magnífico pastel le hiciera falta una guinda.

3 comentarios:

Carmen Joy dijo...

Siendo sincera, creo que me ha llamado más la atención el personaje de Stephen Vizinczey que su libro. No conocía al autor y en tu último párrafo me dan ganas de hacerlo. Buscaré a ver quién es.
Gracias por la reseña
Saludos

Anónimo dijo...

Señores: ¡Si este blog tuvo, tiene o tendrá alguna justificación es la de haber recomendado la lectura de este libro!!! Espero que no se ofendan. Se trata de una afirmación exagerada, falsa e injusta, pero no sé de qué otra forma destacar la importancia de este librito. Desde que lo he comprado (me costó conseguirlo porque la edición está agotadísima), lo he releído cuatro o cinco veces y lo seguiré haciendo. Lo tengo en mi mesa de luz como esos aparatitos de ozono que se suponen que limpian el oxígeno. Cada vez que me intoxico con alguna basura que leo o cuando los grandes autores me agotan o desorientan o cada vez que me veo perdido en la selva de libros, recurro a este autor para que me centre en la "realidad", en "la verdad" de la literatura, que es lo único que importa.
Nada en este autor me ha desilusionado. Implacable, veraz, justo, amante de la verdad y admirador de la verdadera literatura. No digo cada hoja, cada párrafo, cada línea es un extracto infinito de amor a los verdaderos autores, de amor a la literatura, de amor a la verdad, de amor a la vida.
Con Vizinczey podemos, si no evitarla, reconocer la mentira. Así como Virgilio guió al Dante por las catacumbas del Infierno, así nos guía este autor por la maraña de falsedades, autoengaños, desorientación y crímenes que existen en la literatura y que tanto mal ha producido y produce en el mundo.
El autor es políticamente incorrecto: su desprecio a los totalitarismos, en especial al comunismo y todas las formas similares ocultas bajo otro disfraz, es una brisa de aire fresco.
LIBRO OBLIGATORIO para todos los lectores de este blog.
Saludos
Alfredo
Buenos Aires.

Francesc Bon dijo...

Madre mía, Alfredo. Gracias por el extenso comentario y por ese entusiasmo, que espero contagie a muchos.
Abrazos mediterráneos.