domingo, 16 de diciembre de 2012

Fred Vargas: El ejército furioso

Idioma original: francés
Título original: L'Armée furieuse
Año de publicación: 2011 
Valoración: recomendable

Los que sigan este blog desde hace un tiempito ya sabrán que me gusta la novela policiaca; es una especie de placer culpable, que sienta muy bien para descansar la cabeza de grandes profundidades y, simplemente, disfrutar del placer de la lectura. Eso es lo que pido a este tipo de novelas, y esto es lo que ofrece Fred Vargas: historias que enganchan, misterio, personajes sorprendentes y un final que cierra todos los hilos, aunque resulta algo traído por los pelos, en mi opinión.

El ejército furioso pertenece a la serie del "comisario Adamsberg", y continúa donde terminó Un lugar incierto, con el comisario compartiendo casa con su recién descubierto hijo Zerk; como en aquella novela, también en esta se mezcla la investigación de dos crímenes (se ve que eso es marca de la autora): por una parte, un multimillonario y archipoderoso empresario parisino ha sido quemado vivo en su coche y las sospechas recaen (injustamente, piensa Adamsberg) en un joven pirómano; por otro lado, en un pequeño pueblo normando se ha desatado una ola de asesinatos provocada por la Mesnada Hellequin, algo así como una Santa Compaña noreuropea, que persigue a las personas culpables para hacerles pagar por sus crímenes. Ah, y todavía hay un tercer misterio: descubrir a la persona que ató cruelmente las patas a una paloma enfrente de la comisaría. ¿Será capaz Adamsberg de resolver tanto misterio? Por supuesto, de eso y mucho más.

Como se puede ver por este resumen, y por la reseña que hice de Un lugar incierto, la autora reincide en ciertas características que pueden funcionar más o menos: me refiero a la sobrecarga de enredos, y al establecimiento de conexiones entre tramas aparentemente alejadas las unas de las otras; y la mezcla de lo meramente policiaco con un elemento fantástico y sobrenatural. A los fans del género detectivesco puro probablemente les ponga muy nerviosos esta mezcla, así como los métodos bastante anárquicos de Adamsberg, que nada tienen que ver con la estricta racionalidad de los modelos prototípicos del género.

Confieso que hay una cosa que me distraía un poco al principio, y que luego conseguí superar, aunque volviera a llamarme la atención aquí o allá. Me refiero a algunas elecciones de la traductora (la muy premiada y muy reconocida Anna-Hélene Suárez Girard), y a algunas erratas de la edición (así a bote pronto recuerdo una pregunta sin signo de interrogación de cierre; un "por qué" que debería ser "porque", un "mensajería saturada" cuando la opción más natural en español habría sido "buzón lleno" o "bandeja de entrada llena"...). En fin, son pequeñas cosas que en este caso no llegan a ser graves, pero que distraen.

Pero aparte de estas pequeñas menudencias, y volviendo a lo que decía al principio, El ejército furioso ha sido una lectura refrescante después de una buena temporada sin tiempo para leer novelas. Sigo pensando que no será la última novela de Fred Vargas que lea.

2 comentarios:

JeanP dijo...

Uy, no, no. No me va el género.

Ya que estás tan quisquilloso, decirte que "pequeñas menudencias" es una reiteración que chirría un poco. Lo sé, lo sé, las hay que embellecen la expresión, pero no es el caso.

Anónimo dijo...

Ya que estás tan quisquilloso, el término más preciso para ese fenómeno es "redundancia".