miércoles, 5 de diciembre de 2012

Semana de literatura mexicana: Juan Villoro: Arrecife

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: está bien

Esperaba más de este libro: aunque no sé definir bien el qué, diría que la expectativa ante su lectura incluía ciertas cualidades en dosis más elevadas de las que me ha procurado. Creía que iba a encontrar más visceralidad, más acción, más surrealismo, más claridad narrativa, más trama. Y no es que estas cualidades estén ausentes; lo están todas, pero simplemente en cantidades que alejan esta obra de lo memorable. Villoro escribe bien, es de esa escuela de escritores, muchos de ellos fuera de sus países (Villoro vive en Barcelona) que tratan magníficamente el lenguaje, que disponen de un muy notable background cultural, lo cual convierte el libro en una lectura entretenida, salpimentada de citas y menciones a la cultura contemporánea.

¿Qué falla, entonces?.

Pues, primero, que el primer planteamiento, el escenario más presente de la novela, la instalación hotelera donde acuden personajes excéntricos a exponerse a situaciones de alto riesgo (una especie de mezcla entre un hotel sadomasoquista y una de esas atracciones donde hay actores disfrazados de Freddie Krüger), acaba sonando un poco visto. De hecho, leer este libro me ha hecho decidir releer cierta novela de cierto reputadísimo escritor francés.
Luego, los personajes, empezando por los componentes de un ya extinto grupo de rock, y siguiendo con huéspedes y empleados del hotel; también, algo estereotipados en esa vida de excesos propia de sus perfiles. La irrupción de un cadáver; otro componente común a este tipo de historias. Uno lee esas primeras páginas, en las que se traza, demasiado extensamente, esa situación, y acaba dibujando un escenario como el de los capítulos de CSI Miami. Cuando esperaba, aunque quizás deba culpar a las notas de la contraportada, encontrarme sofisticados paisajes ensangrentados como los de El poder del perro, en su lugar, tengo eso, CSI Miami. Lo cual igual no sea para quejarse: el problema es que uno sabe de la calidad de Villoro, de su amistad literaria con Roberto Bolaño, uno quiere pensar en ése y en otros escritores como una especie de corriente compacta de influencia, y ese deseo no se cumple. O sea, queda claramente frustrado.
Para empezar, creo que a esta novela le irían muy bien una estructura en capítulos, una sustancial rebaja de páginas, y un planteamiento de la trama con algo más de acción física. Pues todo el libro se estructura en constantes diálogos de los cuales muchas veces incluso desconocemos el escenario. No digo lo de la estructura en capítulos sólo para justificar que yo muchas veces me haya sentido confuso y desorientado. Creo que ayudaría mucho a la gran mayoría de lectores que no leen libros de un tirón. Creo también que uno no se aturdiría pensando en si se dejó de leer alguna frase pues parece que el diálogo haya cambiado de emplazamiento.
El mencionado complejo hotelero "La Pirámide", el recuerdo difuso de un grupo de rock, un amago de relación con los cárteles del narcotráfico, y un final, algo acomodaticio, de familia (familia, por cierto, de curiosa composición) feliz. Esos mimbres podrían haber dado un mejor resultado recurriendo a una estructura más convencional. Igual en medio hubiéramos perdido esa especie de continuidad de la prosa de Villoro, que intercala menciones a músicos, a películas que optan a los Óscar, a hechos globales del siglo XXI, a cuestiones de actualidad. Pero acabo con él sin que me abandone cierta desangelada sensación de que, a falta de otras cosas, a falta de una firme mirada a los ojos, su autor ha optado por estarnos haciendo guiños todo el rato.

2 comentarios:

María Cecilia Longa Álvarez dijo...

Coincido contigo Francesc, la novela se queda corta en asuntos que resultan fundamentales para la historia. Por ratos hasta me pareció que pecaba de conformismo.
Esperaba otra cosa de Villoro, escribe muy bien, pero esta historia no la contó tan bien.

Francesc Bon dijo...

Gracias por el comentario: que quede claro que considero a Villoro un gran escritor y la posibilidad de errar en algún momento es parte de la grandeza. Posiblemente esa expectativa acaba condicionando mi juicio personal sobre el libro.