martes, 18 de diciembre de 2012

Eduardo Mendoza: Tres vidas de santos

Idioma original: español
Año de publicación: 2009
Valoración: Recomendable

Para no ser especialmente fan de Eduardo Mendoza, la verdad es que ya le voy leyendo bastante. Sigo dejando para el final La ciudad de los prodigios y La verdad sobre el caso Savolta (que leí hace demasiados años como para que sea recomendable hacer la cuenta), y ataco ahora estas Tres vidas de santos, un volumen de tres relatos de diferente extensión y temática. Como explica Mendoza en el prólogo, el concepto de "santo" al que hace referencia el título no es el del santoral católico, sino que se acerca más bien al de "persona que encarna una idea", aunque esta idea sea absurda o exagerada y aunque esta idea haga que estos personajes no encajen en el mundo real del resto de los mortales.

Los tres relatos, dice también Mendoza, corresponden a tres momentos distintos de su producción: la inicial, la intermedia y la "más reciente"; y esta evolución se nota. El primero de ellos, "La ballena" es un relato, aunque con aspectos hiperbólicos, anclado en la realidad de la Barcelona del Congreso Eucarístico Internacional de 1952. A él llega un obispo centroamericano de aspecto estrafalario y no muchas entendederas, que por motivos políticos se verá imposibilitado de volver a su país. Su llegada cambiará la vida de toda la familia del narrador, que se encarga de acogerlo.

El segundo relato, "El fin de Dubslav", abandona este realismo y se sumerge en el ámbito de la parábola: el protagonista, Dubslav, sufre dos ataques misteriosos que lo dejan al borde de la muerte, y decide abandonar la civilización para internarse en el continente africano en busca de un lugar que vio en un documental de la televisión. Un telegrama, en que se le comunica la muerte de su madre y la atribución (a ella, a la madre) de un premio por sus contribuciones a la oftalmología, lo sacará de su retiro y lo lleva a pronunciar un discurso que desnuda lo absurdo de la civilización y de la realidad en conjunto.

El tercer relato, "El malentendido, tiene una moraleja parecida, si es que se puede denominar así, aunque en este caso específicamente aplicada al mundo de la literatura. El protagonista es Antolín Cabrales, un recluso en un centro penitenciario que se aficiona a la lectura, y que a la salida de la cárcel terminará convertido en escritor de éxito. Solo que, explicará el propio Antolín a su antigua profesora, Inés Fornillo, en realidad se trata de un malentendido: la literatura que él escribe (¿toda la literatura?) es en realidad una farsa, un simple truco, pura técnica y prestidigitación, nada de arte ni de inspiración ni contacto con las musas.

Este último relato da que pensar, sobre todo reflexionando sobre la carrera del propio Eduardo Mendoza. Puede que sea solo un relato, irónico y burlesco como casi todo lo que ha escrito últimamente; pero también puede reflejar un descreímiento real hacia la literatura: el hastío de alguien que comenzó creyendo en la capacidad de la literatura para... para algo (y ese alguien escribió La ciudad de los prodigios o La verdad sobre el caso Savolta), y que llegado un momento decidió que prefería escribir cosas como Sin noticias de Gurb o El enredo de la bolsa y la vida). Pero a lo mejor estoy sacando las cosas de quicio, y este relato solo es una broma más de Mendoza...

Sea como sea, Tres vidas de santos es una obra interesante para conocer a su autor: con un toque humorístico aunque sin llegar a la "astracanada", siempre aficionado a los seres extravagantes y a las situaciones absurdas, Mendoza demuestra que sabe lo que hace con una narración, ya sea en forma de retrato realista o de parábola. Creo que ya no debería esperar más, y leerme sus primeras obras, a ver...

9 comentarios:

JeanP dijo...

De este bocazas que dijo que Kafka era un mal escritor sólo leí La verdad sobre el caso Savolta y no creo que vuelva a leer nada más. No me va el producto español, menos aun si se trata de la sequedad catalana, y ni que decir tiene si estoy ante un bocas. Este sujeto reúne todas las papeletas para que no lo lea en mi vida.

JeanP dijo...

..."ni qué (tilde) decir tiene..."

Francesc Bon dijo...

¿Sequedad catalana? Más ejemplos de sequedad catalana, por favor... ¿Monzó, Casavella, Vila-Matas, Juan-Cantavella, Amat, Calvo?. Todo un ejemplo, Jean P., empaquetar escritores por su origen. Todo un ejemplo.

Anónimo dijo...

Estoy con Francesc en que no se debe "etiquetar" a los escritores por su origen pero me gustaría recordar a Francesc que él sí que clasifica a los escritores por sus tendencias políticas y reconoció no querer leer a Cela por eso mismo. Bueno, yo lo respeto, por supuesto, pero que alguien que ama la literatura se pierda obras como la Colmena, por ejemplo, me parece una pena.

Anónimo dijo...

¿Alguien ha leído "la aventura en el tocador de señoras" de Mendoza? dicen que es muy divertida

Santi dijo...

Pues justo esa no la hemos reseñado, pero sí El misterio de la cripta embrujada o El enredo de la bolsa y la vida, que son de la misma serie. Son novelas entretenidas, con un humor absurdo, sin grandes pretensiones.

José M. Martínez dijo...

No sé, y o leí también este libro y me dejó completamente decpcionado. A ver si con 'La verdad...' hay mas suerte...http://viparnaso.blogspot.com/2012/11/otra-decepcion-de-eduardo-mendoza-tres.html?utm_source=BP_recent

Francesc Bon dijo...

Lo siento: los delatores pertenecen a una patria más mental que física y por ahí no paso: puede haber escrito lo que quiera, como Kazan pudo dirigir lo que quisiera: que les jodan a ambos.

Jonan dijo...

Eduardo mendoza es el mejor escritor español de los últimos cuarenta años y no sólo un graciosete que hace novelas de humor o que dice boutades sobre kafka (sean ciertas o no). Recomiendo a todos que lean "La verdad sobre el caso Savolta", "La ciudad de los prodigios" y "Una comedia ligera" (ésta, aparentemente menos ambiciosa que las otras dos perono menor). Aver si hay huevos de desir algo en su contra, después de leerlas.