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viernes, 10 de junio de 2022

Reseña a seis manos (+ entrevista): Carcoma de Layla Martínez

Idioma: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Bastante recomendable

 

Carcoma, de la ensayista, traductora y editora Layla Martínez, es una de las novelas que más parabienes ha recibido en los últimos meses, y también se puede decir que ha tenido un notable éxito editorial, a pesar de haber sido publicada en un sello independiente como Amor de Madre. Es también una de las obras más sorprendentes que podemos encontrar en la literatura española actual, y pese a su brevedad, una de las más complejas por la cantidad de planos -quizás sería mejor decir aristas- que posee. 

Para facilitarnos la tarea, los reseñistas hemos decidido abordarla a la manera más clásica, distinguiendo entre idea, forma y estilo (pero sin perder de vista que tal división no deja de ser más que una convención, pues cada uno de estos elementos resulta, en verdad, indistinguible de los otros):
 
-Idea: la novela trata de combinar, por medio de una historia de terror, el tema de la opresión y violencia hacia las mujeres, con el del conflicto de clases y el rencor derivado de la Guerra Civil española y la dictadura franquista, y que ha pervivido hasta hoy. También la marginalidad de ciertas personas dentro de las comunidades ​y la crueldad e hipocresía de que es capaz el ser humano, sin importar de dónde provenga y el estrato social que pertenezca. 
 
-Forma: una novela breve, de terror -un tanto sui géneris-, perteneciente al subgénero de "casa encantada", bastante en boga en los últimos tiempos en cine, series y literatura, así como el de las "brujas" (ídem). Quizás no sea descabellado decir que enlaza, aunque sólo sea en su adscripción a estas temáticas, con el "gótico latinoamericano" de escritoras actuales como Mariana Enriquez, Fernanda Melchor o Mónica Ojeda, o con Cometierra de Dolores Reyes, recientemente reseñada por aquí. La diferencia es que esta novela ambientada en un pueblo de Cuenca y en una casa de clase trabajadora. Esta aportación al género puede que sea lo más logrado del conjunto, al huir del tópico de la casa encantada como mansión señorial de una familia adinerada. Aunque, por otro lado, la estructura de la novela la lastra un tanto, ya que se muestra reiterativa en ciertos pasajes, dispersa en otros y no enfoca del todo bien algunas de las ideas más interesantes.
 
-Estilo: la obra está escrita en un estilo más o menos coloquial y en primera persona, pues se alternan los testimonios de la abuela y la nieta que viven en esa casa (aunque sin diferenciarlas de forma muy clara, lo que podría considerarse una limitación). Trata de expresar el habla de un pueblo castellano-manchego (los lectores de la zona sabrán si con suficiente verosimilitud), aunque resulta algo sorprendente que algunas veces se usen recursos para marcar el habla coloquial (como la abreviatura "p'a"), pero sin que sea un recurso constante o coherente. Aún así, expresan de manera excepcional la rabia, el odio y el rencor que envenena a las protagonistas. El aspecto fantástico de la narración oscila entre lo terrorífico y una suerte de realismo mágico. A destacar también el humor negro que rezuma el texto; que nadie se extrañe o se sienta impropio si hay páginas que le arrancan alguna sonrisa o incluso una carcajada...


Se trata en definitiva de una novela que tiene claros aspectos positivos y originales, como la combinación de conflictos de género y de clase con una trama fantástica o de terror, mostrando así la capacidad del género para ir más allá de los clichés. También es notable la capacidad para generar una cierta ambigüedad en la respuesta del lector, puesto que, si por una parte claramente empatizamos con las narradoras, víctimas de diversas opresiones, por otra parte tienen también aspectos desagradables, chocantes o incluso repulsivos. Se le podría reprochar, por otra parte, el que no haya ido más allá en la representación de la oralidad de los personajes, o en la diferenciación de las dos voces que alternan en el texto; o que deje algunas preguntas aparentemente sin respuesta (por ejemplo, ¿de dónde proviene ese oscuro poder o maldición de la casa, que parece ser anterior a los conflictos en los que se centra la novela?). Es, en todo caso, una aportación valiosa al género y a la narrativa española contemporánea que vale la pena tener en cuenta.

Firmado: Oriol, Santi y Juan


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Layla ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Buenas, Layla. Carcoma ha tenido bastante éxito entre crítica y público. Sobre todo teniendo en cuenta que es tu primera novela, que se aleja de temáticas excesivamente comerciales y que ha sido publicada por una editorial independiente de aún corta trayectoria. ¿Esperabas tanta repercusión?

L.M.: Para nada (risas). Ha sido una sorpresa; cada reimpresión o traducción siguen siendo una sorpresa. ¡Nunca hubiera imaginado que me leerían en, no sé, Grecia o Polonia!

ULAD: Tenemos entendido que el germen inicial de Carcoma es un relato, también tuyo, compilado en la antología Cuadernos de Medusa vol.III. ¿Qué te empujó a realizar este cambio de formato, a dilatar una narración originalmente breve?

L.M.: En efecto, Carcoma sale de un relato de unas diez páginas que se publicó en una antología de Amor de Madre, la misma editorial que después publicaría la novela. Cuando terminé de escribirlo me quedó la impresión de que muchas de sus ideas se podían desarrollar. Aun así, siempre tuve claro que la novela resultante debía ser cortita.

ULAD: El aspecto político de la novela tiene casi tanta importancia como el sobrenatural y, sobre todo, le proporciona un interesante transfondo a éste. ¿Esta era tu idea ya desde el primer momento de su concepción o fue cristalizando a medida que la escribías?

L.M.: La verdad es que el aspecto político de la novela no estuvo planificado. Yo no me había planteado, al escribir la novela o el relato, que hablaría de la opresión de clases o de las mujeres. Simplemente quería contar una historia atravesada por lo terrorífico, y como para mí la violencia de clases y la de género son algo terrorífico, surgió naturalmente. Además, el terror se presta a codificaciones y subtextos de este tipo.

ULAD: ¿Qué referentes, sobre todo literarios, aunque también del mundo de las ciencias sociales, has tenido presentes para Carcoma?

L.M.: Entre los literarios destacaría el terror anglosajón pero, sobre todo, el latinoamericano. Del mundo de las ciencias sociales, el catolicismo o las creencias y el culto a la muerte de la zona de Castilla-La Mancha.

ULAD: Parece que la ficción oscura está cogiendo fuerzas últimamente. ¿Nos recomiendas algún libro de este estilo que te gusten?

L.M.: Las voladoras, de Mónica Ojeda; Nuestro mundo muerto, de Liliana Colanzi; Sacrificios humanos, de María Fernanda Ampuero; Cometierra, de Dolores Reyes...

ULAD: Si se puede preguntar...¿Estás trabajando en algún otro libro? En caso afirmativo, ¿nos puedes dar detalles?

L.M.: Actualmente trabajo en dos proyectos: otra novela de terror (en fase de documentación) y un ensayo a cuatro manos con José Luis Rodríguez (que está a la espera de que le concedan una beca).

viernes, 20 de marzo de 2015

Miguel Ángel Ortiz: La inmensa minoría

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable (imprescindible para los residentes en Barcelona)

Me jode ser tan corcó. Corcó, que es la palabra catalana para la carcoma, es como llamamos en Catalunya a los tocapelotas: a esa clase de personas que, cuando uno evita un tema o anda tranquilo, se dedican a ir ahí, como la carcoma, taladrando, incordiando, recordando lo que a uno le incomoda.
Y he de hacer honor a ese apelativo. Porque no me extraña que a Kiko Amat le haya gustado tanto La inmensa minoría: es muy posiblemente parecido al libro que, si no se hubiera precipitado, él hubiera escrito en vez del fallido Eres el mejor, Cienfuegos. Una especie de cuaderno de bitácora de profundización de la crisis mezclado con un santilorenciano ejercicio de costumbrismo de barrio de extrarradio. Con momentos casi felices, pero con una tonalidad agridulce y desencantada que cala en el lector. Cala en cualquier lector, pero ya lo hace de una forma casi absoluta si uno conoce los parajes en los que esta novela se desarrolla. No en vano, y perdona que te vuelva a mencionar, Amat la incluye en una especie de relación de novelas definitivas de la Barcelona no-pija. Da la casualidad de que yo mismo atravieso en coche esos barrios en mi recorrido al trabajo. Sí, subo con el coche por Montjuïc y dejo a la derecha el barrio del Polvorín (barrio de antigua mala fama que dicen, debe su nombre a que fueron familiares de militares y policías destinados en Barcelona los primeros en habitarlo) y paso al lado del cementerio de Montjuïc, para tomar la calle Foc y recorrer unos pocos metros del propio Paseo de la Zona Franca. No veo tiendas de Inditex ahí, ni hordas de turistas con máquinas reflex balanceándose en sus cuellos. Y veo algunas casas como las que se describe y algunos badulaques y, si estuviera más atento (he de estar por el volante, sabéis) me hubiera fijado, seguro, en alguna peluquería o pequeño y modesto comercio que han cerrado sus puertas o han cambiado de dueños en los últimos cinco años.
La inmensa minoría retrata el día a día de cuatro chavales de barrio. Cada uno, con su mote a cuestas: Retaco (narrador circunspecto), Chusmari, Pista y Peludo. Les unen muchas cosas: la más poderosa es el barrio y la escuela a la que asisten. Está el futbol, el grupo de chicas con el que algunos de ellos empiezan a tener sus primeras experiencias, y está, poderosa y condicionando sus actitudes vitales, la falta de expectativas. Están los porros y las cervezas, cómo no, las tardes vagando por ahí, y lo que perciben de su entorno. Lo que oyen en el bar y en la calle, lo que ven que pasa en sus familias: paro, divorcios, precarias condiciones económicas, empleos que tardan mucho en conseguirse y poco en perderse. Porque claro, La inmensa minoría es una novela contemporánea y eso significa crisis y eso significa circunstancias nada halagüeñas. Qué hi farem. (catalán por "qué le haremos").
Ortiz usa a Retaco como narrador: lo convierte en una especie de paradigma del personaje que combina sentido común y estupor. Un adolescente que se pone un pendiente, que juega a fútbol sin ínfulas de estrellato, que duda en su relación con una novia que viene y va, que va a repetir curso porque parece que el miedo a afrontar las decisiones le haga dilatar el inexorable momento de llegar a la edad "adulta". Un lenguaje coloquial, una envidiable fluidez de diálogos, un puntual intercalado de expresiones en catalán, y la constante presencia de las letras de las canciones de Extremoduro, otro hilo conductor del libro, pues son la referencia cultural más presente en la vida de Retaco. Incluso hay quien recomienda a Retaco leer para poderlas apreciar en su justa medida.
He de decir que, como barcelonés conocedor de primera mano, la situación temporal de los hechos (desde julio de 2010, en el cual se celebra el Mundial de Sudáfrica que la selección española gana, hasta junio de 2011, con las acampadas del movimiento 15M en Plaça Catalunya) está algo alterada. Pues se hace mención a la presencia de estelades en los balcones, cosa que se produjo a raíz del primer Onze de Setembre reivindicativo, que fue en el 2012. Igualmente, se hace mención al whatsapp como modo de comunicación en un momento en que este todavía no se había arraigado como ahora. Pero son pejiguerías que atribuyo a mi manía perfeccionista. No sé si La inmensa minoría puede situarse ya, junto a las gloriosas novelas de Paco Candel, como una de esas obras que definen las grandes ciudades desde la perspectiva de sus zonas más desfavorecidas, aquellas que los ayuntamientos prefieren no enseñar. No lo sé: pero me gusta que ciudades como la mía estén vivas y presentes en brillantes novelas como esta.

lunes, 19 de diciembre de 2022

Lo mejor de 2022

Un año más nos obstinamos en ir contracorriente, en llegar de los últimos para desmentir a muchos de los medios cautivos de jamones, lotes de Navidad y transferencias a cuentas cifradas en paraísos fiscales. También aclaramos que estas son nuestras lecturas durante el año, y que si se nos cuela algún libro inencontrable de hace cuatro décadas, seamos o no conscientes de ello, no nos culpéis. Es el amor a la literatura, que nos ciega con sus fogonazos.

Dicho ello:

La lista de Juan

Año de muchas y buenas lecturas, aunque quizás pocas que hayan destacado del resto. Por eso, me vais a permitir que desgrane mis mejores lecturas a base de tríos...


La lista de Koldo

Curiosamente o no, pocas novedades de 2022 en mi lista de mejores lecturas del año:


La lista de Santi

Año de muy pocas lecturas, pero algunas que me han hecho disfrutar soberanamente:


La lista de Oriol


La lista de Marc

Un año irregular en cuanto a lecturas, que no contaría entre mis mejores. Mejor en ensayo que en ficción, en líneas generales. Aún así, hay libros y autores a destacar en todos los géneros:
Propósitos para el 2022: más poesía, (aún) más ensayo y más literatura infantil


La lista de Montuenga

Lo mejor

Lo peor


La lista de Carlos

Entre medio, algunas cosas que han quedado cerca de esta lista de destacados, y otras inevitablemente prescindibles, regulares o más o menos decepcionantes. Como siempre, vaya. Veremos lo que está por venir.


La lista de Nieves J.

Destaco dos novelas: Josefine y yo (intimista) de Hans Magnus Enzensberger y El tren de la última noche (género histórico) de Dacia Maraini

La lista de Francesc Bon

Confirmando que las situaciones personales afectan a las lecturas, no recuerdo año en que haya leído tan poco y peor. Así que mis referencias del año serán pocas y al ralentí:

Tostonazo, de Santiago Lorenzo, me confirmó en los términos que esperaba, más o menos, que sigue siendo, con su estilo naïf y pasota, de los pocos escritores locales capaces de definir una carrera. No me hagáis mencionar todos los que no, por favor.

Si digo que acusé la falta de munición de alto calibre en Aniquilación, igual soy un poco injusto, pero es que venimos de cotas muy altas (ejem, casi siempre) con Houellebecq. Sigue siendo un placer y un autor único, pero, a lo mejor, se nos está ablandando. Será como el del dicho. - ¿Cree Vd. en Dios? - Cuando estoy enfermo.

Demasiado terreno conocido: reseñar a Kapuscinski, Foster Wallace, Vila-Matas o Philip Roth (otra vez) es demasiado indicativo de que la cosa no ha ido como debía.

Como, a veces, la ficción se espesa en un cerebro algo angustiado, los ensayos o crónicas de corte investigador me han resultado (aunque acusé su extensión) muy útiles: El Imperio del Dolor o Solo la verdad obraban a distintos niveles su efecto: hay que controlar los poderes, manifiestos u ocultos, que nos rodean.
Y me han dicho que no tiene sentido comentar tanto abandono. Por este año, obedezco.



lunes, 8 de junio de 2026

Reseña + entrevista: Mal de bosque de Izaskun Gracia Quintana

Idioma original: euskera

Título original: Basokoa

Traducción: la propia autora

Año de publicación: 2026

Valoración: más que recomendable

Quien no haya pasado aún por el poco agradable trance de tener que vaciar la casa de algún familiar fallecido puede estar seguro/a de que, probablemente, antes o después le tocará hacerlo; se trata, por tanto, de una situación relativamente común, proclive a servir de marco para narraciones sobre dramas familiares más o menos melancólicos o catárticos. En principio, eso es lo que les ocurre a las dos protagonistas de esta novelette, cuando muere su abuela en su caserío junto al bosque y ellas acuden allí para llevar a cabo tan ingrata tarea. La historia, por tanto, podría transcurrir por los caminos más o menos trillados del drama familiar y, de hecho, lo hace, aunque no por los lugares comunes que cabría esperar, puesto que su familia guarda -"guarda" en el sentido más amplio del verbo- un terrible secreto que niega la felicidad a sus miembros. La primera frase de la narración (que remite, en cierto modo, a uno de los comienzos más célebres de la Historia de la literatura), lo deja bastante claro: "Todas las familias nacen de una mentira". A partir de ahi, el lector o lectora ya intuye lo que puede esperar...

Claro, que cualquiera que haya leído Lo que ruge, el anterior libro, de relatos de Izaskun Gracia Quintana, o, sin ir más lejos, muchas de sus reseñas en Un Libro Al Día (porque sí, amigas y amigos en este blog tuvimos el honor de que Izas fuera "una de las nuestras"... O lo sea aún, porque uno o una puede dejar ULAD, pero ULAD nunca le deja a una) conoce la querencia de esta autora por la literatura fantástica y, sobre todo de terror... Un terror que ya vamos intuyendo desde el comienzo de la novela, pese a que, en un principio, pueda parecer que nos hallamos, sin más (o sin menos) en un drama familiar al uso. El componente fantástico/terrorífico, no obstante, va escalando, avanzando de forma gradual hasta ocupar la mayor parte del espacio narrativo y alcanza su momento climático sin necesidad de recurrir a giros rocambolescos y ni tan siquiera sorpresivos, como suele ocurrir en tantaas obras de este género. El mérito de esta novela consiste en que, sin los consabidos plot twists, cliffhangers y demás viejas argucias con nombre modernete, consigue que quien comience su lectura no pueda despegar los ojos de sus páginas hasta llegar al final. Gracias, en buena medida, a una muy adecuada dosificación de la tensión narrativa, que también va incrementándose poco a poco hasta el clímax. 

Se agradece también, o, al menos, yo lo hago, que la novela no utilice ciertos componentes ya un poco tópicos, contra lo que cabría esperar... ¿Una historia de terror que se desarrolla en un caserío vasco al lado de un bosque impenetrable? Cualquiera esperaría un defile del basajaun, galtzagorriak y lamiak, pero no, por ahí no va la cosa y sí por derroteros más atávicos, si cabe, del acervo popular europeo y puede que universal. Algo parecido se puede decir sobre la utilización del espacio doméstico -aunque no exactamente en oposición al de la naturaleza-; cabría esperar la enésima versión de la casa encantada, y si bien, en cierto modo, lo es, el resultado es mucho más ambiguo y sutil de lo que se supone en un principio.

No quiero acabar esta reseña sin retomar la otra pata sobre la que se apoya la historia, junto con el componente fantástico y terrorífico; se trata de las, a menudo, escurridizas relaciones intrafamiliares, y en concreto entre mujeres de una misma familia -en el libro aparecen algunos hombres, pero como personajes secundarios e incluso contingentes-: hermanas, madres e hijas, abuela y nietas... Con seguridad no soy la persona más adecuada para analizar las sutilidades de las relaciones femeninas, pero sí puedo asegurar a quien esté más dotad... dotada, quiero decir, para ello que aquí encontrará suficiente material para la reflexión sobre el asunto. En todo caso, puedo asegurar que, independientemente de cualquier circunstancia, es ésta una lectura que no decepcionará a ningún lector o lectora, incluyendo a quienes no sientan especial atracción por el terror. Porque, sobre todo, esta es una novela corta muy bien escrita y, como ya he dicho, de lectura absorbente hasta su final. Lo que no es poco, hoy en día... O incluso se podría decir que ya es mucho.


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Izaskun ha tenido la gentileza y paciencia de responder a unas cuantas preguntas, me temo que bastante más abstrusas que sus respuestas, siempre interesantes: 

-Mal de bosque peertenece claramente al género fantástico y de terror, del que sé que eres devota, tanto en tu vertiente lectora (y reseñista) como en la de escritora. Lo interesante es cómo consigues utilizar, en una novela tan corta, varios tropos del género, desde la casa encantada o la brujería lo que podríamos considerar "horror lovecraftiano", de forma natural y sin que se atropellen unos elemntos con otros. ¿Este despliegue de componentes propios de la narrativa de terror era algo que tenías planeado antes de ponerte a escrribir o fue surgiendo a lo largo del proceso de creación de la novela?

-No lo planeé antes de escribir. No de manera consciente, al menos. Todo surgió de la escena final, que fue la primera imagen que tuve sobre esta historia en la cabeza. A partir de ella fui construyendo el resto, el «cómo hemos llegado a este desenlace», y esos elementos surgieron de manera natural. Puede que en parte se deba a que, como soy muy fan del terror, como bien has dicho, tengo todos esos tropos del género muy naturalizados y salen solos.

-También es una novela que se podría relacionar, en cierto modo, aunque derive en una forma harto diferente, con dos novelas españolas recientes escritas por mujeres y que comparten , más o menos, elementos como el espacio axfisiante de una casa, la nieta narradora/protagonista o la abuela casi bruja (o sin casi), como son Carcoma de Layla Martínez y Termita de Garazi Albizua. ¿Las has tenido en cuenta a la hora de plantearte esta historia? ¿En cualquier caso, qué influencias más o menos directas has tenido?

-Antes de empezar a escribir, había leído Carcoma, pero no Termita (creo que ésta se publicó poco antes de Basokoa, pero corrígeme si me equivoco). Todo lo que leemos (tanto si nos gusta como si no) nos influye cuando escribimos, todo deja su poso, pero no suelo tener ningún libro en cuenta a la hora de desarrollar una historia. Creo que me limitaría mucho, no dejaría que la narración fluyera como debe.

Uf, influencias... Recuerdo que, cuando escribía la novela, estaba leyendo a autores como Tananarive Due, Stephen Graham Jones, gemma Files... que, si bien escriben obras de terror, estas son muy diferentes a mal de bosque (los temas, el estilo, la extensión: todo es distinto), así que no sé... Como he dicho, todo lo que leemos nos influye, pero no sé cómo, exactamente.

-Me resulta curioso que, tratándose de una historia ambientada, en el País Vasco y además escrita originalmente en euskera, no recurras, como se prodría esperar en un principio, a ciertos personajes propios de lo que conocemos como mitología vasca (estoy pensando sobre todo en el Basajaun) y recurras más bien a elementos del folklore británico como el Hombre Verde (aunque también podríamos hablar del Silvano romano o del dios Cernunnos de los celtas) y el mito del "bosque que se mueve", que aparece, en distintas formas, incluso en Shakespeare y Tolkien... Pretendías precisamente evitar lo más obvio o ha sido también una decisión más bien espontánea?

- Esto no fue algo espontáneo. Cuando le estaba dando forma a la historia en mi cabeza, antes de empezar a escribir, mi intención era utilizar a un personaje de la mitología vasca, pues hay unos cuantos que son verdaderamente terroríficos. Pero no hay ninguno que fuera exactamente lo que yo tenía en mente y que hiciese lo que la narración pedía, así que al final opté por crear mi propio “ser mitológico”, si es que se le puede llamar así.

-Enlazando con la pregunta anterior a la última, ¿cómo situarías tu novela (si es que te parece que es así) y también las otras que he mencionado dentro de cierta tendencia actual en la narrativa de terror (estoy pensando quizás más en el cine que en la literatura, lo admito) que pone en el centro de la trama las figuras femeninasm sus relaciones y sus problemas, y no sólo como víctimas propiciatorias del slasher de turno?,

-Es cierto que en la literatura en general, no sólo el terror, desde hace unos años se está dando más importancia a la figura femenina no sólo como autora, sino también como protagonista de la narración y no como mera acompañante, objeto de deseo o víctima del slasher. pero creo que lo que verdaderamente sucede es que ahora se nos ve más. Las autoras, las protagonistas, las tramas no centradas en lo masculino... siempre han estado ahí (no hay más que ver cuántas autoras de generaciones pasadas se están "recuperando"), pero se silenciaban o no se les hacía caso porque se salían de la norma. The Yellow Wallpaper, de Charlotte Perkins, ya sacaba a la luz, en el siglo XIX, temas que por desgracia, seguimos discutiendo hoy en día. Y no olvidemos que una de las obras pioneras del género de terror y ciencia-ficción es Frankenstein, escrito por Mary Shelley antes siquiera de que naciera Lovecraft o de que Poe empezara a escribir.
Por tanto, de mi novela diría simplemente que se sitúa  dentro de la narrativa del horror fantástico. No necesita otras etiquetas.

-Por otra parte, el terror en general es un género que ahora mismo está viviendo un cierto auge, tanto en lo que se refiere a la literatura como, sobre todo, al cine (y, por cierto, debo decirte que a mí Mal de bosque me parece una historia de lo más apta para ser adaptada a una película que lo pete en Sitges, sin necesidad de demasiado presupuesto, además... aunque seguramente habría que meter un  poco de CGI). Como, ya digo, conocedora y cultivadora del género, ¿a qué crees que se debe este auge y que, en todo caso, el terror esté dejando de ser algo propio de frikis macabros o, como mucho, de entretenimiento de serie B, para ser visto con más"respeto" (tampoco sé si es la palabra adecuada)?

- ¡Ojalá alguien te lea y Mal de bosque acabe en la gran pantalla! :) Es cierto que el género está recibiendo más respeto últimamente, lo cual es de agradecer, pero no tengo muy claro a qué se debe. Porque no creo que haya tenido mucho que ver que los fans llevemos toda nuestra vida exigiendo ese respeto, la verdad. En lo literario, creo que el reciente boom de escritoras hispanoamericanas (Mariana Enriquez, Samanta Schweblin…) ha hecho mucho por que las grandes editoriales se dignaran al fin a tomar en cuenta este género como válido y ha conseguido acercarlo a gente que hace unos años no habría comprado un libro de terror ni para calzar una mesa.

Sin embargo, los prejuicios siguen ahí (como muestra la etiqueta de “terror elevado”, que es de un absurdo y un clasismo que da ganas de llorar). El mercado está aprovechando el tirón y, aunque eso es bueno, nadie asegura que el género no vaya a volver a considerarse de segunda categoría en cuanto pase esta moda. Crucemos los dedos para que no sea así.

-Siento también curiosidad sobre cómo, siendo como ere, hasta donde yo sé, una persona urbanita, has afrontado la dicotomía Naturaleza/Espacio Humanizado, en este caso Bosque/Caserío. Y si lo has visto de forma distinta al escribir en euskera o al traducir al castellano, habida cuenta de que en la lengua vasca la diferencia no es tan grande, al decirse el caserío baserri o pueblo del bosque, por lo que no deja de formar parte de él...

-Me hace gracia que me consideres urbanita, porque yo me considero lo contrario, jajaja. Es cierto que he vivido en ciudades como Bilbao, Madrid y Barlín, pero hasta bien entrada la veintena pasaba mucho tiempo en el pueblo de mi madre (que tiene cien habitantes). me ha tocado ayudar a mi abuelo en la huerta, vendimiar... y me he pasado la infancia entre animales de granja. Así que la naturaleza y el mundo rural siempre han tenido mucho peso en mi vida.

No he visto diferencias a la hora de tratar el tema en euskera o castellano, Puede que haya tenido que narrar alguna cosa de forma diferente por una cuestión lingüística o de estilo, porque son idiomas muy distintos, pero la visión o el imaginario de ese ambiente no ha cambiado.

-En este sentido, no te voy a preguntar por las dificultades o matices de traducirse a una moisma, pero sí sobre el detalle del cambio de título, que mencionas en los agradecimientos,,, ¿Quizás se debe a que Basokoa supone un ciwerto espoiler?

-Uf, prefiero traducir obras ajenas, no me gusta nada traducirme a mí misma. Lo hago, de todas maneras, pero me da la sensación de que estoy siendo demasiado intransigente con el texto.

El cambio de título, más que a un espoiler, se debió a que la traducción literal no me gustaba nada, jajaja, «Lo del bosque» (o cualquier variación) me parecía muy sosainas, así que decidí que en castellano tenía que ser algo diferente.

-Me interesa también la extensión contenida de la novela, en la que, no obstante, hay un desarrollo completo de la trama sin necesidad de acelerar los hechos o de plot-twists forzados. ¿Esa longitud se debe a que te sientes más cómoda en ese formato, ya que has publicado libros de cuentos, a que te parecía el más adecuado para la historia que querías contar o a que Mal de bosque es un paso intermedio hacia, quizás, alguna novela más extensa?

-Como lectora, lo devoro todo, tanto relato como novela corta como tochos de mil páginas, no tengo ningún problema en ese sentido. Pero, como escritora, prefiero trabajar el género breve. Quizá porque también escribo poesía, estoy acostumbrada a decir mucho con poco y disfruto mucho de la economía de recursos que exigen los relatos y las novelas cortas, de sugerir y jugar con la narración para conseguir que el lector tenga toda la información que necesita casi sin que se dé cuenta.

Para finalizar, agradecer de nuevo su amabilidad a esta escritora que nos resulta tan cercana y desearle suerte, tanto con Basokoa/Mal de bosque como con sus proyectos futuros que seguro que sertan tan sugestivos como éste. Mila esker!


Más libros de esta autora reseñados en Un Libro al Día: Artikoa/ÁrticaCrónicas del encierroLo que ruge

lunes, 4 de abril de 2022

Ave Barrera: Restauración

Idioma original:
español
Año de publicación: 2021
Valoración: Muy recomendable

El tema de la casa abandonada y maldita (en sentido más o menos literal) ha dado origen a infinidad de obras, literarias y cinematográficas, en los últimos años. Netflix está lleno de películas sobre "jóvenes parejas que se mudan a una mansión en el campo sin saber que en el pasado en ella se cometieron horribles crímenes (chanchacháaaaaaan)". Y dentro de este subgénero, una posibilidad interesante, y que ha dado lugar a algunas de sus producciones más novedosas, es la de releerlo o reconfigurarlo desde una perspectiva de género (en sentido gender, no genre). Usar el cliché de la casa maldita para hablar de la forma como las casas han sido, en muchos casos, lugar de encierro y tortura para las mujeres, a manos de sus propios maridos y familiares. Hace un tiempo reseñé aquí Gótico [Mexicano] de Silvia Moreno García, en el que este tema, entre otros, aparece problematizado; en breve espero que salga también una reseña de Carcoma de Layla Martínez, escrita a cuatro manos con Juan G. B.; y si nos fuéramos más atrás podríamos encontrar antecedentes como "El empapelado amarillo" de Charlotte Perkins Gilman, o incluso, por qué no, Jane Eyre con su "mujer loca encerrada en el ático". 

A este género pertenece, aunque de una forma muy peculiar, Restauración, de Ave Barrera. 

Pero, vamos a ver, ¿es Restauración una historia de terror o de fantasmas? Pues no exactamente. En una lectura literal, es la historia de Min, restauradora de muebles e inmuebles, quien acepta el encargo de su crush, Zuri, para restaurar una vieja mansión perteneciente a su familia. A medida que Min va abriendo las puertas de las habitaciones, barriendo el polvo y ordenando los objetos, se van despertando las memorias de los antiguos habitantes de la casa: el matrimonio infeliz formado por Eligio y Gertrudis, marcado por la diferencia de clase y las infidelidades del marido. Así, hacia el final de la novela los dos planos temporales se confunden, alternan en los breves capítulos que componen el texto, se multiplican los paralelismos entre ambos y por momentos el lector no sabe si la voz que habla es la de Min o la de Gertrudis, o la de otra mujer o mujeres maltratadas y abandonadas por sus maridos. 

"Restaurar es fabricar un bello fantasma", se nos dice, y también: "Un fantasma es un fragmento de memoria olvidado de sí". 

Así que no, Restauración no es una novela de fantasmas si lo que esperamos son sustos, espectros desfigurados, apariciones sobrenaturales; pero sí lo es si leemos al fantasma como una materialización de lo reprimido, de las memorias silenciadas, de aquello que hemos olvidado o que alguien ha querido (hacer) olvidar. 

Y en este caso, como ya se ha ido avanzando, esa memoria, esa voz silenciada, es la de las mujeres, sometidas, humilladas, agredidas por sus maridos o por otros hombres; inferiorizadas, usadas como objetos ("yo soy la caja de cereales", piensa la narradora mientras Zuri le saca una fotografía). Se trata también de una violencia de nivel social y educativo: el que separa al elegante fotógrafo Eligio de la vulgar "ranchera" Gertrudis; y también el que separa al (nuevamente) elegante fotógrafo Zuri de la restauradora Min, hija de un ebanista.

No es casualidad que uno de los subtextos más evidentes con los que dialoga Restauración es el cuento de "Barba Azul", recopilado por Perrault y mencionado explícitamente en el texto (con el famoso grabado de Doré como representación icónica). Min, como la mujer de Barba Azul, va abriendo una por una todas las puertas de la casa con su manojo de llaves; pero, como ella, tiene prohibida la entrada en un único cuarto de la casa. Abrirlo sería un acto de rebeldía, de insubordinación, de libertad; sus consecuencias podrían ser terribles, o conducir a la liberación de la princesa, como en el cuento.
 
Otros subtextos son menos evidentes pero igualmente esenciales para entender algunos aspectos de la trama. El principal es Farabeuf, una novela experimental de Salvador Elizondo en la que se mezclan el deseo y la violencia, el placer y el dolor. Farabeuf aparece en el único epígrafe de la novela y también, ya más escondida, como esa "novela en la que no pasa nada" en la que se inspiran las fotografías de Zuri; y el propio Elizondo se esconde detrás del personaje de Chava, amigo de Eligio, artista seductor y violento, cruel y cosmpolita. (Confieso que yo no habría reconocido la referencia, porque la desconocía; la he encontrado al buscar información para esta reseña). Y a través de Farabeuf llegamos todavía a otras referencias sutiles pero relevantes: los tratados de cirugía de Louis Hubert Farabeuf, que da título a la obra de Elizondo; el I Ching, libro de sabiduría o adivinación chino, o a una fotografía de la "muerte por mil cortes" (o leng tch'e), una forma de tortura china que fascinó, entre otros, a Georges Bataille. En cierto modo, podría decirse que Ave Barrera hace con Farabeuf lo que Jean Rhys con Jane Eyre en Ancho mar de los Sargazos, dando voz y trayendo a primer plano lo reprimido, silenciado u olvidado.

Como ya se habrá podido ir deduciendo, Restauración me parece una gran novela, no solo por la forma como reimagina el género y las referencias en las que se basa, sino también por la inteligencia con la que está escrita y estructurada. Este es un texto, sin duda, que gana con una segunda lectura, porque ya desde las primeras páginas se van encontrando pistas, detalles o hilos argumentales que solo encuentran su resolución o su reflejo en el desenlace de la novela. También es magistral (como corresponde al tema de la novela) la descripción de espacios: cada habitación de la casa que se abre tiene su historia y su personalidad, y Ave Barrera las presenta con minuciosidad y precisión. 
 
Quizás, por poner una pega, el desenlace resulta algo acelerado y confuso, después de la meticulosa preparación que nos lleva hasta allí; en todo caso, su título, "Restauración" (como la propia novela) añade nuevos significados a la palabra: restaurar no es solo devolver el brillo a los muebles o a una casa, sino también volver a colocar a alguien en el lugar que le corresponde. Una recuperación de la memoria, en este caso, que es también un acto de justicia o, no lo sé, tal vez, de venganza.

miércoles, 23 de octubre de 2024

David Mitchell: La casa del callejón

Idioma original: inglés

Título original: Slade House

Año de publicación: 2015

Traducción: Laura Salas Rodríguez

Valoración: está bien

Clasicazo de la narrativa de terror es el recurso de las casa encantadas, de las que podemos encontrar para todos los gustos, desde la de la clásica y consabida La maldición de Hill House, hasta ejemplos más recientes, como la que aparece en Carcoma o, rizando el rizo irónico, la de Cómo vender una casa encantada de Grady Hendrix. En La casa del callejón encontramos también una, Slade House, situada, qué sorpresa, en el escurridizo Slade Alley, un callejón en los suburbios de Londres o alguna localidad cercana. Una casa encantada habitada por ¿fantasmas? ¿Vampiros? ¿Brujos? Bueno, pues digamos que todo eso a la vez y ninguna de esas cosas... De hecho, ni siquiera podemos afirmar que Slade House sea una casa encantada sensu stricto, sino más bien se trataría de una ¿casa?¿Espacio? ¿Ente? que ofece a quien se qaventura tras sus muros aquello que más está ansiando, ya sea un niño algo rarito y solitario, un policía tirando a viva la Virgen, una joven acomplejada por su peso u otra que busca a su hermana desaparecida. Todos, y algún personaje más, enredados en una trama enrevesada y que se dilata alo largo de diferentes momentos en el tiempo, que ocupan a su vez diferrentes capítulos. 

Novela, pues, con un gran componente fantástico, quizás más que de terror puro y duro, aunque sí que nos puede proporcionar algún que otro momento bastante inquietante. La explicación final sobre lo que sustenta toda la trama me resulta, sin embargo, demasiado prolija y, por tanto, poco satisfactoria, pues siempre he considerado que en este género es conveniente mantener el misterio en todo aquello que se pueda y dejar cierto margen para la sugestión y la imaginación del lector. Cierto es que esta novela corta está, al parecer, emparentada con otra bastante más extensa del mismo autor, Relojes de hueso y tal vez (pues no la he leído) haya querido hacer aquí un epílogo para la misma-o de ambas-; en todo caso, lo mismo que hay detalles muy interesantes y sugerentes, creo que hay otros elementos que juegan en contra del efecto que se pretende conseguir. Por ejemplo, la dinámica entre cierta pareja de gemelos, que recuerdan al Team Rocket de los dibujos de los Pokémon...

En resumen y conclusión: estamos ante una novela fantástica o de terror "suave" que, por las  características de su trama y estilo -más que correcto, pero sin muchas complicaciones- creo que puede ser sobre todo del agrado de los lectores más juveniles (esos que ahora llaman "jóvenes adultos") o de cualquiera que guste de pasar un rato entretenido y algo asustado, pero no mucho. Adictos a las emociones más fuertes, mejor abstenerse.

Otros títulos de David Mitchell reseñados en Un Libro Al Día: Black Swam Green, Escritos fantasma, El atlas de las nubes

domingo, 29 de diciembre de 2019

Henrik Ibsen: Los pilares de la sociedad

Idioma original: noruego
Título original: Samfundets Støtter
Traducción: Cristina Gómez-Baggethun
Año de publicación: 1877
Valoración: recomendable

Considerado uno de los grandes dramaturgos que ha dado la literatura, no únicamente noruega, la obra de Ibsen destaca por el cuestionamiento y debate que suscita respecto a los valores tradicionales de su época. Y bien es cierto que se conoce al autor principalmente por otras obras publicadas como Un enemigo del pueblo, Casa de muñecas o El pato silvestre, pero sería un error dejar de lado el resto de sus obras, pues su calidad bien vale una lectura, pausada, como demanda el teatro.

En esta obra teatral, el autor noruego sitúa toda la acción en una casa de gente acomodada e influyente, donde se desarrollan y entretejen dos principales hilos argumentales inicialmente desvinculados entre ellos: por una parte, está la controvertida construcción de una nueva línea de ferrocarril, que se encuentra proceso de discusión pues no está claro que favorezca a toda la región sino únicamente a unos pocos, a pesar de lo que sus acaudalados defensores afirman. Esta sería la parte política de la obra. Por otra parte, se narra una historia de chismorreos y tensiones amorosas entre miembros de la alta sociedad, que arrastran decisiones tomadas en el pasado y que no están del todo subsanadas. Y, por si fuera poco, la visita inesperada de alguien conocido que causó tiranteces en el pasado en la familia (y, por extensión, en la comunidad) acaba de tensar una situación ya de por sí compleja por la necesidad que tiene el cónsul de convencer a la población de la idoneidad del ferrocarril y lo pone en un apuro justamente «ahora que necesito un clima tan favorable y sin fisuras, no sólo en la ciudad, sino también en la prensa».

Con este contexto, en esta obra, partiéndo inicilamente de estas dos premisas básicas, Ibsen refleja un dilema moral en una sociedad con diferencias de clase totalmente diferenciadas (propio de la época), desplegando un tapiz sobre el cual retratar una historia de intereses, enredos y mentiras, de afirmaciones sostenidas a lo largo del tiempo, faltando a la verdad, de apariencias y subterfugios realizados para el beneficio particular y con la mirada y mensaje puestos en la reputación, pero con los actos puestos en el propio interés. Tal es así, que el autor lo expone claramente en el siguiente diálogo:
«Capataz Aune: Lo hago para reforzar los pilares de la sociedad.
Pasante Krap: ¡Qué curioso! El cónsul opina que los está derribando.
Capataz Aune: ¡Mi sociedad no es la misma que la del cónsul, señor pasante!»

De esta manera, Ibsen analiza, de manera crítica, la élite que dirige la comunidad y que, por medio de manipulaciones y mentiras se erige como estandarte de los valores y de la rectitud y la preocupación por la sociedad. Así, los pilares morales sobre los que se edifica la sociedad, se muestran en clara estado de carcoma y debilidad. Ibsen es contundente en este aspecto, afirmando que «mira en el interior de cualquier hombre y descubrirás, como mínimo, un punto oscuro que necesite ocultar». Y es en ese análisis y en el desarrollo de la acción donde se pone de manifiesto que los grandes pilares, que deben construirse y mantenerse firmes, pulcros e impolutos para sostener una sociedad a costa incluso de uno mismo, no es sino un espejismo y un ejercicio de maquillaje que oculta los intereses reales de quien utiliza precisamente la sociedad que dice y proclama proteger, para que alimenten y engrandezcan el beneficio propio de unos particulares regidos únicamente por el valor de la avaricia y el egoísmo.

Siempre habrá una justificación que eluda una responsabilidad o una disfrace mentira, siempre habrá una causa por la que eludir la carga emocional de una decisión, siempre habrá motivos para convencerse de que uno actúa de manera correcta. La cuestión no es si se puede justificar una acción, sino ver, no a quién beneficia, sino a quien realmente perjudica. Es condición humana e Ibsen sabe perfectamente cómo denunciarlo, como poner de relieve las contradicciones inherentes en cada una de nuestras decisiones y hacernos ver que siempre hay intereses de por medio que minan y degradan nuestra sociedad, como afirma uno de sus personajes al decir que «las grandes sociedades lucen un aspecto brillante y dorado, pero ¿qué hay debajo del maquillaje? Superficialidad y podredumbre, si me permiten decirlo. Carecen de suelo moral bajo sus pies. En dos palabras, estas grandes sociedades de hoy son sepulcros blanqueados».

Y, desgraciadamente, esto es válido tanto para la sociedad de finales del siglo XIX como la de nuestros días. Es por este motivo que es bueno volver, de vez en cuando, a los clásicos y ver que puede que el mundo haya cambiado en apariencia, pero sigue siendo regido de similar manera. Lamentablemente.

También de Henrik Ibsen en ULAD: Juan Gabriel BorkmanUn enemigo del pueblo, Casa de muñecasEspectrosEl pato salvaje

sábado, 22 de marzo de 2025

Padres de libro: Crisálida de Fernando Navarro

Idioma original: Español
Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable

Crisálida es la primera novela de Fernando Navarro. Su éxito inmediato (creo que el primer mes de su publicación ya iba por la segunda reimpresión) me recuerda mucho al de Carcoma, de Layla Martínez. Ciertos rasgos de su factura también, en cierto modo.

Está narrada desde el punto de vista de una niña internada en un sanatorio, quien cuenta cómo su padre paranoico, alcohólico y drogadicto (apodado el Capitán) obligó a su madre, sus cuatro hermanos y ella a abandonar Granada para irse a vivir en las profundidades del bosque. Allí, el frío, el hambre, el miedo y quizá incluso cierto elemento sobrenatural llevan a toda la familia a la locura, la depravación y la violencia.

Los capítulos de Crisálida son contundentes y breves (pocos superan las tres páginas y, si no recuerdo mal, apenas tres rebasan las cinco). En todos hay, comprimida, mucha información, y aunque a ratos puede parecer que reiteran en demasía algún detalle, aportan siempre, pues logran que el argumento avance, los personajes ganen consistencia, el tono de la novela se defina y los temas barajados se desarrollen.

La prosa es magnífica. En primer lugar, porque por lo general resulta verosímil al fundirse con la edad, personalidad y registro oral de la narradora en primera persona. También porque es, como no podría ser de otra manera en una historia como esta, cruda, descarnada, feroz incluso, pero al mismo tiempo sensible, bella y lírica. A continuación adjunto un pasaje que lo demuestra (y a quienes conocemos el contexto nos impactará el doble): 

«El cielo está negro negrísimo y se llena de estrellas que se mueven como los cometas de un lado a otro. Las estrellas son luces muertas, vasos de leche cósmica derramada en un mantel, nos dijo el Capitán. / Mis hermanos son igual que eso, estrellitas, gotas, fragmentos. / Mis hermanos duermen enrollaos como gatitos. Abandonados por la madre gata que vete a saber dónde anda. Metidos en una bolsa de plástico verde lanzada al río, con el nombre de un supermercado superdescuento. Cinco animales con el pelo sucio y hambre, apretujaos los unos contra los otros pa darse con la calor en la corriente que no se detiene.» (pg. 194).

Todos los personajes de Crisálida tienen rasgos reconocibles, aunque el Capitán es probablemente el más detallado, complejo y magnético. No es de extrañar, pues, que la protagonista sienta una particular fascinación por él. A mí me ha cautivado que sea tan odioso como tragicómico, tan creíble como literario.

Hay un elemento sobrenatural en Crisálida. Al principio desdibujado, apenas una insinuación, un toque enrarecido, hostil, inquientante, lo justo para espesar el tono y la atmósfera de la historia. Pero poco a poco va cogiendo cuerpo, y aunque de vez en cuando recurre a ciertos clichés (una mujer decrépita con garras, luces que parpadean...), nunca se llega a sentir formulaico. Además, en el clímax justifica un par de las mejores escenas de todo el libro.

Las únicas pegas que le pondría a Crisálida son dos. La primera es que la novela es un pelín más larga de lo que la historia requeriría. Pese a esto, en ningún momento me aburrió ni me pareció pesada, y la antes mencionada brevedad de sus capítulos permite que la lectura sea generalmente intensa y satisfactoria. El segundo defectillo que le encuentro a la obra de Navarro es que su estilo, aunque a todas luces efectivo y expresivo, no siempre es consistente. Y es que tanto la puntuación como el habla granadina de Nada se toman de vez en cuando licencias a mi juicio arbitrarias.

Sea como fuere, Crisálida es un estupendo "bildungsroman" en el que el horror no viene de los bosques ominosos y de las criaturas que en ellos moran, sino del hombre, del padre, de aquel que supuestamente debe protegerte y acompañarte en tu crecimiento pero que hace todo lo contrario.

Ah, la edición de esta novela es exquisita, incluso para los ya de por sí elevados estándares de Impedimenta. Tapa dura, cubierta con acabados, encuadernación en cartoné... Una delicia de objeto, vamos; una bella crisálida para una historia tan terrible como hermosa, tan fascinante como perturbadora.

lunes, 4 de diciembre de 2023

NOVELAS PIRAÑA #1: Acércate de Sara Gran

Idioma original: inglés

Título original: Come Closer

Año de publicación: 2003

Traducción: María Pérez de San Román

Valoración: recomendable, sobre todo si no esperas una historia de (mucho) terror

Ante todo, lo más importante: ¿Qué es eso de una NOVELA PIRAÑA (La Voz de Galicia dixit)? Pues dícese de las novelas pequeñas pero matonas, cortas pero intensas, de aire inofensivo pero con mordiente. Que pueden parecer inocentes pececillos pero que más si te atrapan entre sus afilados dientes, ya puedes dar por hecho que no te vas a soltar. Con más peligro que una piraña en un bidé, vaya... En Un Libro Al Día ya hemos reseñado muchas novelas de este tipo (se me ocurren, por mencionar ejemplos de publicación más o menos reciente, Carcoma, Panza de burro o El caballo ciego) pero nunca está de más dedicarle una semana temática a un subtipo narrativo (que no subgénero) que tantas alegrías y momentos de felicidad lectora nos dan y, esperemos que por mucho tiempo, nos seguirán dando. Porque las pirañas, otra cosa no, pero resultan duras de pelar...

Vamos, en este caso, con uno de los hypes del género de terror del año... bueno, del año 2003, porque en España no se ha traducido y publicado hasta veinte años más tarde, algo realmente incomprensible para cualquiera que lea la novela. O novelita, debería concretar, puesto que se trata de un libro no demasiado largo, con capítulos más bien breves y que, además, se lee en un suspiro porque la historia que cuenta y, sobre todo, cómo se cuenta le hace sumergirse en ella al lector (y no sólo a mí, es lo que repiten todos los que reseñan esta novela) de una forma absoluta. Y eso que, en principio, no es más que una variación de un tema ya manido en este género, el de las posesiones demoníacas. En este caso, la poseída no es una niña que acaba vomitando líquido verde y bajando escaleras haciendo el pino-puente, ni una novicia de un convento o demás sujetos clásicos (o sujetas, porque como bien señala nuestra admirada Mariana Enriquez en el prólogo, quienes sufren, aparentemente, estas posesiones son en su inmensa mayoría mujeres), sino una arquitecta de treinta y tantos años llamada Amanda, satisfecha con su vida, que si bien puede no resultar perfecta del todo, sí que  aparenta un aire cool y feliz que puede ser la envidia de cualquiera: cero problemas, cero dramas, éxito profesional y sentimental... en fin,  que no es de extrañar que atraiga a un demonio -o demonia, para ser exactos- que decide entrar en su vida y divertirse un poco -bastante- a su costa.

Lo más interesante de esta novela es que la narradora es la propia Amanda y nos va contando cómo se produce esta posesión, de forma gradual y hasta podríamos decir que suave; de hecho, en un principio los signos son tan sutiles que la protagonista -e incluso los lectores- piensa que tal vez se trate tan sólo de algún trastorno psicológico, hasta que, claro, las putaditas jugarretas a las que le somete el demonio se vuelven de tal calibre que no dejan lugar a dudas. Esta suavidad en el desarrollo de la trama hace que tampoco nos encontremos con grandes sobresaltos e incluso el ambiente inquietante en el que se va sumergiendo cada vez más profundamente Amanda resulta bastante soportable (para el lector/a, me refiero, no para ella), por más que inequívoco. de ahí lo que he puesto en la valoración del libro: se trata, por supuesto, de una novela de terror, pero no de mucho terror (aunque es cierto que eso es algo bastante subjetivo; por tanto, tómese mi subjetividad como mera indicación). 

Lo que queda claro, en todo caso, es que lo más destacable de la novela es cómo asistimos a una carrera cuesta abajo hacia el desastre -o un proceso de entropía, como queda más guay decir ahora-; una debacle que parece irrefrenable, sin que nada de lo que haga la protagonista consiga -en apariencia, insisto: no quiero "spoilear" la trama a nadie- evitarla. En esto  reside el verdadero terror de la historia, más que, ya digo, sustos, apariciones sobrenaturales y demás tropos habituales del género. En eso y en que Gran nos consigue meter en la piel de Amanda de una manera no sólo verosímil, sino fascinante, casi adictiva. Espero que, además de para el disfrute de quien la lea, esta novela, corta pero absorbente, sirva para que prestemos más atención a esta excelente escritora (algo que, por cierto, y pido disculpas por el autobombo, ya expresé hace años, en una reseña anterior).

También de Sara Gran y reseñado en Un Libro Al Día: Claire De Witt y la Ciudad de los Muertos

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Silvia Moreno-García: Gótico [mexicano]

Idioma original:
inglés
Título original: Mexican Gothic
Traductor: Alexander Páez García
Año de publicación: 2020
Valoración: recomendable, interesante

Hace poco vi una película de Netflix, Nadie sale con vida, que sin ser nada espectacular le daba algunas interesantes vueltas de tuerca al subgénero de terror de la casa maldita: a diferencia del clásico tantas veces repetido, no se trataba de una casa señorial habitada por una familia aristocrática, sino de un bloque de rooms for rent cochambroso habitado mayoritariamente por inmigrantes desesperadas en un Cleveland desolador. También hace poco había visto las dos series de Mike Flanagan, The Haunting of Bly Manor y The Haunting of Hill House, y había estado tentado de comprarme dos novelas, Carcoma de Layla Martínez y Restauración de Ave Barrera (que igual acabo comprándome en cualquier caso), y que también parecen revisitar el tópico de la casa opresora y maldita. 

En fin, que estaba en el estado mental adecuado para adentrarme en Gótico [mexicano], la exitosa novela de Silvia Moreno-García, de la que había oído hablar por Twitter y que me había llamado mucho la atención. En ella nos encontramos también una casa maldita, High Gate, el hogar de los aristocráticos Doyle, dueños de unas (ahora extintas) minas de plata situadas en medio de las montañas de un rincón de México. La protagonista, Noemí Taboada, tendrá que acudir al rescate de su prima, Catalina, recientemente casada con el primogénito de los Doyle, quien ha enviado una desesperada carta pidiendo auxilio desde la mansión. Una vez allí, más elementos clásicos del género: la oscuridad, el silencio, las reglas rígidas, los rumores y recuerdos de asesinatos, pestes e incestos pasados... Una atmósfera en la que cualquier fan del género de terror se sentirá cómodo, aunque por momentos pueda pecar de algo efectista (solo le falta en jump scare de las películas de terror hollywoodiense).

De hecho, Gótico [mexicano] se integra y se vincula con toda una tradición del terror, lo inquietante, lo oscuro, que va desde los cuentos infantiles (Blancanieves y la Bella Durmiente son mencionados varias veces en la novela) a Cumbres borrascosas (en las que también hay una dama encerrada), el relato gótico de origen decimonónico con sus castillos, criptas y mazmorras, pero también, creo, relatos clásicos como "La aída de la casa Usher" o "El papel de pared amarillo", un relato de Charlotte Perkins Gilman que me sorprendería mucho que no hubiera sido una inspiración directa para esta novela. El tema de la mujer secuestrada, forzada, encerrada, enloquecida por el aislamiento aparece de hecho como una constante tema con variaciones a lo largo de la novela, sugiriendo lecturas de género bastante interesantes, y es, por lo menos a mi ver, uno de los aspectos más intersantes y sugerentes de la novela.
 
Tenemos así muchos de los tópicos del género, reconocibles por lo tanto para el lector (o espectador, cuando hagan la adaptación televisiva ahora en curso): la casa antigua y señorial; el paraje remoto, oscuro, casi inaccesible; la familia aristocrática, disfuncional y endogámica; la virginal joven en peligro encerrada en su torre (Catalina)... pero también tenemos algunas interesantes inversiones, comenzando por la de la protagonista, Noemí, que es mucho más una Buffy Cazavampiros independiente y seductora (un rasgo en el que se insiste mucho en el texto, quizás incluso demasiado) que una Princess Peach esperando a un fontanero que la salve. Quizás caiga a veces en algún exceso de clichés, pero es en todo caso eficiente en la creación de atmósferas y en el lento desvelamiento de los conflictos.

La otra gran inversión, la más original y la que da en cierto modo sentido a la novela, tiene que ver con la geografía del relato, o incluso se podría decir, con su geopolítica. Porque el gótico clásico (el de El castillo de Otranto, Drácula o El misterio de Udolfo), pero también mucho terror fílmico contemporáneo, nace del miedo del "centro" (Inglaterra, los Estados Unidos) a las periferias, a lo salvaje, a lo que queda fuera de la civilización (la Europa católica, atrasada y fanática, en el primer caso; México, América Latina, el "Tercer Mundo" en el segundo). En cambio, en Gótico [mexicano] son los ingleses los que traen consigo el horror al Nuevo Mundo; de hecho el patriarca Doyle, al igual que el Conde Drácula en su novela homónima, hace trasladar tierra de su patria, un elemento indispensable para que ese horror pueda germinar... Se trata, como la propia autora ha mencionado, de una parábola o metáfora sobre la colonización (da igual que se trate de los españoles, de los ingleses, de los estadounidenses...) que extraen las riquezas del lugar sin importarles el efecto que ello pueda tener en la población local...

Por eso me resulta todavía más chocante que la editorial española, Minotauro, haya decidido eliminar la palabra "mexicano" del título, cuando este elemento es esencial para la comprensión de la obra; que haya traducido el texto a un español neutro que hace que la acción parezca transcurrir en Valladolid y no en un pueblo perdido de México; e incluso que, como la autora denunció en Twitter en su día, la editorial pretendiese mantener el título inglés en la traducción española, o que no pidiese a la escritora (que habla español) ningún tipo de ayuda, consejo o aclaración sobre la traducción castellana. Borrar lo mexicano de este Mexican Gothic parece querer borrar también una parte del potencial de la novela, sea en su vertiente meramente literaria y política. 

Por eso para mí Gótico siempre será Gótico mexicano, diga lo que diga la editorial. Una novela recomendable para aficionados al género, e interesante para sus estudiosos.