
Año de publicación: 1930
Valoración: Recomendable
Miguel Ángel Asturias es conocido por obras como ‘El señor presidente’, novela centrada en la figura de un dictador –asunto sobre el que en Latinoamérica tienen un filón, aunque aquí también sabemos algo- y caracterizada desde el punto de vista estilístico por un cierto grado de experimentación, lo que hace de ella una obra sumamente interesante, aunque de lectura algo fatigosa (al menos es la impresión que tengo, después de transcurridos muchos años). ‘Leyendas de Guatemala’ fue la primera obra publicada por Asturias y, aunque el parentesco con la anterior resulta muy lejano, presenta también alguna dificultad para disfrutarla sin un cierto esfuerzo.
Se trata de una colección de relatos que entroncan absolutamente con tradiciones orales de aquel país centroamericano, sin duda bajo la influencia de los estudios que el autor desarrolló sobre la cultura maya y las civilizaciones precolombinas. El primer texto, titulado precisamente ‘Guatemala’, es una especie de presentación del escenario que enmarca el resto del libro. Ahí están, en forma casi siempre simbólica, algunas claves de lo que se nos presenta más adelante. Resulta significativa la descripción que Asturias hace de la capital guatemalteca como una ciudad construida sobre otra: la superposición de culturas es uno de los elementos fundamentales de la obra, que continuamente abunda en el mestizaje cultural, la confluencia de la colonización con la civilización indígena, de cuyo sincretismo nace la identidad misma del país. En este sentido el libro tiene un cierto aspecto ensayístico, lejano pero perceptible.
El primer cuerpo de relatos es una reinterpretación de media docena de leyendas, casi todas situadas en la primera época colonial. Al hilo de esas viejas historias se nos presentan dioses, demonios y guerreros, personajes animales que a veces evocan el tono de la fábula; pero también otros tan sugerentes como ‘maestros-magos que enseñan la fabricación de las telas y el valor del cero’ o ‘montañas que movían los párpados’, el hombre-volcán y el hombre-adormidera. Todo un repertorio de seres misteriosos, formidables, que habitan un país exuberante en el que la naturaleza es igualmente protagonista y nada se entiende sin ella. Un entorno abrumador de selvas, volcanes, ríos, flores, animales y montañas, que a veces adoptan cualidades humanas, y señalan el entronque esencial, inevitable, del hombre con la tierra, algo que por cierto es una constante en el imaginario cultural en todo el mundo.
Asturias no hace concesiones, no parece tener ninguna intención de facilitar el trabajo al lector que podríamos denominar occidental acomodado, de ‘traducir’ las leyendas a formas literarias amables. Al contrario, su estilo resulta atronador, rítmico hasta adentrarse en lo poético, y siempre cargado (hasta saturado) de imágenes y sensaciones poderosas. Esa intensidad de los colores, los aromas y los sonidos alimenta la densidad del texto y a veces, si se me permite la osadía, toda esa sensualidad me hace pensar en su casi vecino Rubén Darío.
La segunda parte del libro es en realidad una obra de teatro incluida en ediciones posteriores. Dedicada al dios maya Cuculcán, y con una escenografía que recuerda un poco al kabuki japonés (máscaras, de nuevo colores intensos, la necesidad de una lectura más allá de lo que declaman los personajes), se cuentan las maniobras del pájaro Guacamayo para cuestionar al dios-rey, valiéndose de uno de sus guerreros. La obra se desarrolla en una clave simbólica que no es nada fácil desentrañar, y admite diferentes perspectivas. Ya que estamos en plan atrevido, diría que tiene momentos en que el ambiente hace recordar tragedias griegas en torno a héroes semidioses, y desde luego resulta muy potente visualmente.
De manera que tenemos una buena colección de relatos que, en formatos diferentes, transmiten con gran intensidad esas viejas tradiciones ('leyendas-sueños-poemas', como lo describía Valéry), entre las que creemos ver desde la distancia el alma de aquel pequeño país.
Otras obras de Miguel Ángel Asturias en ULAD: El señor presidente