martes, 16 de junio de 2015

Fred Vargas y Edmond Baudoin: Los cuatro ríos

Idioma original: francés
Título original: Les quatre fleuves
Año de publicación: 2000
Traducción: Susana Andrés
Valoración: Muy recomendable

Como seguidor, incluso acérrimo, que soy de las novelas de la gran Fred Vargas y muy en particular de las del comisario Adamsberg, reconozco que estoy llevando ya un poco mal el "mono" hasta que se publique en España su último libro, Temps glaciaires (parece que en otoño... ¡me consume la impaciencia!). para quien le ocurra lo mismo, entretanto una buena manera de mitigar este síndrome de abstinencia -si no se ha hecho ya- es echarse al coleto este cómic escrito por Mme. Vargas y dibujado por el veterano Baudoin. Que no es lo mismo, pero casi.

Escribo cómic, como podría poner, claro está Bande Dessinée o novela gráfica... y nunca mejor dicho, puesto que en este libro el texto adquiere una importancia fundamental frente a la ilustración. Aunque tampoco es correcto presentar su relación como un enfrentamiento: la parte escrita y la parte dibujada colaboran y se potencian la una a la otra, en especial gracias a la excelente composición de la página y el uso de los enfoques del que hace gala Baudoin (más que de su trazo, cuya aparente brusquedad puede gustar más o menos, aunque yo considero que casa bien con las historias de Fred Vargas). No obstante, es evidente que aquí, el argumento, la hilazón narrativa, los diálogos, son de un nivel bastante superior al habitual en el mundo del cómic, y la personalidad creativa de Vargas acaba imponiéndose al conjunto, seguramente por acuerdo -tácito o no- entre los autores.

Aunque, como es lógico, esta novela no denota tanta complejidad como otras del comisario Adamsberg, pero sí están presentes muchas de sus características: personajes de lo más peculiar -en este caso, una familia compuesta por un particular escultor y sus cuatro hijos-, detalles del caso que pasan inadvertidos... a todos excepto a Adamsberg, la manera vaga y nebulosa que adoptan los razonamientos de éste, una mirada comprensiva y empática sobre todos los personajes -incluyendo al asesino-... en fin, que sólo faltan los habituales colaboradores del comisario (aunque sí está Danglard): Retancourt, Estalère, Noël... pero como esta novela gráfica se publicó en el año 2000, aún no se había constituido el grupo de investigación de la Brigada Criminal que dirige Adamsberg. Una lástima.

Para los seguidores de Vargas, un nuevo gozo, esta vez poniéndole rostro a los personajes; para los amantes de la novela negra, una muy apreciable muestra de que este tipo de literatura puede ser llevado a la historieta sin perder nada de su esencia (incluso ganando enteros). Para los amantes de las BDs o novelas gráficas, una obra que eleva y prestigia aún más el género, tanto por la calidad del guión como de las expresivas -y casi expresionistas- ilustraciones, siempre adecuadas. Desde luego, de lo más recomendable.


Otros libros de Fred Vargas reseñados en ULAD: Un lugar inciertoEl ejército furiosoTiempos de hielo, La tercera virgen

lunes, 15 de junio de 2015

Nere Basabe: El límite inferior

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable

Alguien debería estudiar la conexión que existe entre Salto de Página y los escritores bilbaínos, porque es uno de los fenómenos editoriales fundamentales de la literatura española (con perdón): Aixa de la Cruz, Nere Basabe, Jon Bilbao, Juan Carlos Márquez (que no vive en Bilbao pero a bilbaíno le gana poca gente)... Y casi podíamos añadir a Juan Gómez Bárcena, que es cántabro, pero porque los de Bilbao nacen donde quieren. Solo falta que Salto de Página fiche a Iván Repila, y el universo implosiona... en torno a Bilbao, que como todo el mundo sabe es su centro.

Bromas aparte, con este catálogo de escritores jóvenes -que sean de Bilbao y alrededores es algo anecdótico-, Salto de Página está haciendo una apuesta valiente, y creo que ganadora, por publicar nuevas voces narrativas que tienen solo una cosa en común: que escriben bien y que no se molestan en redactar manifiestos generacionales para demostrarlo. Nere Basabe es la última incorporación a este grupo (la última que yo he conocido, porque ya en 2008 publicó su primera novela, Clara Venus), con esta obra, El límite inferior, que ya ha sido comparada con En la orilla de Chirbes, lo que supongo que a estas alturas le tocará un poco las narices a la autora.

Pero es que algunas similitudes de ambientación y de temas son evidentes: El límite inferior se sitúa en La Solana, una ficticia localidad de la costa española, convertida en resort turístico para extranjeros y ancianos (y extranjeros ancianos). Es un pueblo que parece hecho a propósito para filmar una película de terror: despoblado en época baja, y ligado a tierra por un único puente que, como era de esperar, quedará cortado en un momento de la novela. En ese espacio muy poco paradisiaco coinciden cuatro personajes que cargan cada uno con su propia soledad: Víctor y Valeria son un matrimonio en el que ya queda muy poco de cariño y sí mucho resentimiento y desprecio mutuo; Brigitte es una mujer francesa que un día salió de Francia huyendo de sí misma, y que ahora se ocupa de cuidar de los jubilados franceses que van a La Solana; y Breogán, un artista bohemio que ahora trabaja creando souvenirs y dando talleres para personas con discapacidad.

Ninguno de los cuatro personajes es un héroe; ninguno es exactamente simpático, de esos que hacen que el lector se identifique inmediatamente con ellos. Todos tienen sus pecados, sus vicios, sus secretos, sus defectos. Víctor y Valeria son quizás los más estereotípicos (el marido corrupto, cobarde y mujeriego; la mujer superficial y vengativa); Brigitte, que al principio parece una arpía que no siente ninguna compasión hacia sus semejantes, ni hacia los vejetes de los que tiene que ocuparse, termina siendo quizás el personaje más complejo y mejor dibujado; a Breogán confieso que no he acabado de cogerle el punto, y no sé si sentir pena por él y por sus sueños de artista tirados por la borda, o si despreciarlo por cobarde y por autocompasivo. Hay en esta obra una cierta crueldad en el trato de los personajes que me recuerda a otra escritora de la lista de escritores bilbaínos que citaba antes: Aixa de la Cruz, aunque en su caso la crueldad adquiere una forma más física y más obvia (todavía me acuerdo del pobre gato de uno de sus cuentos).

El límite inferior tiene una estructura algo inusual: los tres primeros capítulos, titulados con nombres de vientos, serían una especie de primer acto, en que se establecen los personajes, las relaciones entre ellos, y el ambiente claustrofóbico en el que va a desarrollarse el resto de la acción; los cuatro últimos capítulos, titulados con nombres de mareas, adquieren un cierto aire de novela policiaca, cuando desaparece un chaval de La Solana y los cuatro personajes protagonistas se convierten en sospechosos. En ningún momento El límite inferior se adscribe completamente al género policiaco, pero esta subtrama de investigación le añade al conjunto un grado más de tensión que, la verdad, se agradece, e incluso hace desear que hubiera aparecido antes en el texto.

Hay un aspecto que me alejó de esta novela al principio, y que me impide darle un "Muy recomendable" (si no pusiera pegas, dejaría de ser yo mismo), y es el estilo, que alterna grandes aciertos y frases memorables ("Valeria es el jarrón de porcelana y es el balón que acaba de romperlo" me encantó como descripción sintética de un personaje), con cierta búsqueda de palabras que pueden ser exactísimas en su significado, pero resultan extrañas en el texto, y más aún en los diálogos (de la misma Valeria, por ejemplo, se dice que está "más cerca del climaterio que de su primera menstruación", que es una forma bastante rebuscada de decir que ya no era una chavala).

Si se ha comparado machaconamente este libro con Chirbes no es solo porque se sitúe en la costa española, claro, sino porque de alguna forma comparte con él la intención de radiografiar las causas y las consecuencias de la crisis (económica pero también cívica y moral) de finales del siglo XX y principios del XXI. Los paisajes de horribles apartamentos a pie de playa y urbanizaciones a medio construir han dejado también como resultado seres como Víctor, Valeria, Brigitte y Breogán: seres sin ilusión, sin futuro y sin esperanza que giran los unos en torno a los otros sin llegar a encontrarse. Y los cadáveres mientras tanto siguen apareciendo en la playa.

domingo, 14 de junio de 2015

Colaboración: Stanley Kubrick de Esteve Riambau

Idioma original: español
Año de publicación: 1990
Valoración: Recomendable

Esteve Riambau, aparte de prolífico traductor, es uno de esos tipos que parece respirar cine, y no sólo eso, sino que se nos aparece en lugares quizá inesperados: lo encontramos en una extraña edición del guión de Babaouo, de Salvador Dalí, que andaba por casa desde hace décadas, por ejemplo.

En este caso nos disecciona al gran Kubrick, nada menos. Podría decirse que se trata casi de un manual, una sinopsis rápida sobre la trayectoria del insigne director desde sus comienzos como fotógrafo, que repasa variadas (y a veces ácidas) opiniones de algunos de sus colaboradores en distintas etapas, y termina, como no podía ser de otra forma, con interesantes reseñas de cada una de sus obras.

Desde los comentarios a sus primeros cortos, hasta el punto final de Eyes Wide Shut se va desgranando la peculiar personalidad del cineasta neoyorquino, sus búsquedas, su obsesión perfeccionista. Y página tras página se nos van pasando por la memoria innumerables imágenes de esas películas vistas una y otra vez, y vamos aprendiendo, entendiendo y encontrando claves, descifrando lenguajes… y topándonos con nuevos enigmas. Claro, sin ellos estaríamos ante obras planas, como tantísimas de consumo rápido que se nos ofrecen a cada paso, y el maestro era otra cosa muy diferente.

Trabajos memorables como Senderos de gloria, Dr. Strangelove, 2001, La naranja mecánica o Barry Lyndon nos van mostrando gracias a Riambau perspectivas insólitas, secretos sorprendentes que nos impulsan a disfrutarlos una vez más.

El libro de Riambau me parece consistente y suficientemente objetivo, compacto hasta resultar a veces escueto, como un aperitivo de algo que nos apetecería más sustancioso. Pero, ante todo, se le debe agradecer que no caiga ni en arrebatos apologéticos ni en las divagaciones supuestamente cultistas que tanto gustan a algunos críticos y ensayistas. Entiendo que precisamente aquí radica el mérito del libro: información coherente y directa para que conozcamos más sobre la materia, y nos llame a profundizar un poco más y a deleitarnos con el arte de uno de los genios de la historia del cine.

Lástima que por la fecha del libro (reeditado en 1999) nos quedamos sin un comentario sobre el proyecto que Kubrick preparaba cuando pasó a mejor vida, y por tanto, permanece sin resolver la duda de si el peñazo de A.I. es sólo atribuible a Spielberg, o el buen Stanley tuvo también algo que ver en ello.

Firmado: Carlos Andia

sábado, 13 de junio de 2015

Jorge Franco: Rosario Tijeras

Idioma original: español
Año de publicación: 1999
Valoración: muy recomendable

La puesta en escena es casi propia de teatro experimental. Antonio sentado en la sala de espera de un hospital en Medellín. Su única compañía, aparte de un reloj de pared que se ha parado marcando las cuatro y media, un anciano que, como él, tiene a alguien tiroteado. Al otro lado, los médicos se las ven y se las desean, intentando hacer algo por salvar la vida de Rosario Tijeras. Inmerso en la incertidumbre, en una madrugada que parece eternizarse, Antonio recrea su relación son Rosario, y empieza a componer su historia. Víctima de abusos cuando tenía ocho años, desamparada de una familia desarraigada, Rosario (no se sabe su apellido real en toda la novela) no tarda en convertirse en una sicaria. Lo hace casi como un juego donde las piezas son de carne y hueso y un sabor persistente de venganza es el plato del día. Hay hombres en su vida: hermanos, amigos, amantes, misteriosos hombres poderosos que, parece, son los que van encargándole trabajos y son los que facilitan que su vida sea desahogada y entregada a los excesos y los abusos. 
Antonio y Emilio son dos amigos, los dos de familias de buena posición, los dos pendientes de Rosario, de sus ausencias y regresos, y, como conocedores de su particular modus vivendi, siempre atenazados por el temor de que cualquier ausencia vaya a ser la definitiva. Su relación con ella queda definida de forma magistral en este párrafo:

"Emilio tenía razón. Pero él nunca tuvo la paciencia para sentarse a entender a Rosario. Tal vez porque la tuvo se acostumbró a lo inmediato, pero yo en cambio tenía que imaginarla, estudié cada paso para tenerla cerca, la observé con cuidado para no cometer alguna imprudencia, aprendí que había que ganársela de a poquito, y después de tanto examen silencioso logré entenderla, acercarme a ella como nadie lo había hecho, tenerla a mi manera, pero también entendí que Rosario había partido su entrega en dos: a mi me había tocado su alma y a Emilio su cuerpo. Lo que todavía no he podido saber es a cuál de los dos le fue mejor."

En medio de esa especie de triángulo amoroso sin conflicto aparente, Jorge Franco es capaz de trazar la tenebrosa realidad de los asesinatos por encargo, la ausencia de escrúpulos y el hermetismo de las organizaciones criminales, la apariencia de normalidad de la sociedad en que los crímenes se producen, y la moral alternativa pertrechada en ese perverso decorado. Queda claro que el maestro Fernando Vallejo puede ser una referencia para hablar de esta novela, y eso es mucho decir. Porque Vallejo es mucho Vallejo y Franco hace muy bien en buscar otro registro. Tantear un tono resabiado hubiera sido un error colosal, y antes de forzar una similitud que hubiera sido jocosa, Franco opta, en la narración de Antonio, armada de esperanza y sentido común, por un tono menos acre, más joven, más proclive a considerar mejores opciones (la huida, el exilio, el abandono de las adicciones). Que la realidad se lo lleve a uno por delante ya es otra cosa. No tendrán derecho (qué hacemos aquí, por ejemplo, con la Guerra Civil) los autores colombianos a incidir en esa literatura del narcocrimen, la de los fierros, los cadáveres rebozados de plomo y las muertes en la temprana veintena. Rosario Tijeras es otra excelsa muestra de literatura a través de la cual la porquería de algunas sociedades sale a la luz. Quien piense que eso no es útil, con todos los respetos, por mí puede irse suscribiendo a cualquier revista de cotilleos.

También de Jorge Franco en UnLibroAlDía: El mundo de afuera

viernes, 12 de junio de 2015

Craig Russell: Lennox

Idioma original: inglés
Título original: Lennox
Año de publicación: 2009
Traductor: Eduardo Hojman
Valoración: más que recomendable

Esta es una novela repleta de gente dura, muy dura. Durísima. De personajes tallados en pedernal: un detective de vuelta de todo, acostumbrado a desenvolverse en los ambientes más turbios; gángters desalmados y matones brutales, policías de métodos expeditivos, bellas mujeres fatales... es decir, encontramos todos los convencionalismos del género negro reunidos en una narración del más puro estilo hardboiled. Sólo que esta historia no se desarrolla en el Los Ángeles de Philip Marlowe ni el Nueva York de Mike Hammer, sino en el Glasgow de comienzos de los 50, el corazón industrial del Imperio Británico -o de lo que quedaba de él-, una ciudad tan despiadada, sórdida y deprimente como la que más. O más aún, parece...

En ese alegre escenario se mueve nuestro protagonista, Lennox, un ex-oficial canadiense que se ha quedado encallado en Escocia tras la guerra y se gana la vida efectuando investigaciones privadas, muy a menudo a cuenta de alguno de los "Tres Reyes", los capos que se reparten el dominio sobre los bajos fondos de Glasgow. El asesinato de otro gángster, de menor estofa, amenaza con romper el equilibrio ente estos Tres reyes y de éstos con la susceptible policía local, así que Lennox interviene para averiguar lo que ha ocurrido. A lo largo de sus pesquisas vemos desfilar todo un pintoresco muestrario del mundo delincuencial de la época: prostitutas de lujo, proxenetas, pornógrafos, asesinos a sueldo, atracadores a mano armada... Lennox da y recibe más de uno y de dos mamporros mientras la investigación y sus giros transcurren a un ritmo y en un crescendo narrativo que obligan al lector -al menos al que aquí escribe ahora- a permanecer pegado a las páginas del libro, como hacía tiempo que no ocurría.

Lo cierto es que ya había leído antes un par de novelas del escritor escocés Craig Russell, pero de la serie dedicada al inspector de la policía de Hamburgo, el frisio-escocés (!) Jan Fabel, novelas bien escritas y con especial atención al detalle (de hecho, este autor ha sido condecorado por la policía de esa ciudad alemana, en atención a su fidelidad y respeto, supongo)... una atención al detalle quizás excesiva, sobre todo cuando se llegaba a las escenas más sangrientas.  En Lennox, a pesar de que no faltan los momentos violentos y la descripción de sus consecuencias, todos los detalles, diálogos y situaciones se ven supeditadas del todo a la evolución de la trama y a una adecuada narración de la misma, de manera que no hay desequilibrio entre los distintos elementos (acción, intriga, color local, retrato de los personajes y sus peculiaridades, introspección del protagonista-narrador...) y el resultado adquiere una complejidad y una redondez que no había en las novelas de Fabel, creo yo. Si a ello añadimos los frecuentes comentarios humorísticos del protagonista -que recuerda bastante al Bernie Gunther de otro escritor escocés, Philip Kerr-, a menudo acerca de la particular idiosincrasia escocesa, el resultado es que la novela se devora y además, con un manifiesto y casi culpable placer.

En todo caso, una novela negra de lo más recomendable, que hará sin duda las delicias de cualquier aficionado al género. Y si alguien lo considera un simple bestseller. que no lo desdeñe: le aseguro que, cuando menos, le costará encontrar otro tan adictivo y electrizante como este Lennox. Para mí, eso ya es una virtud.

Otros libros de Craig Russell en Un libro Al DíaEl beso de Glasgow

jueves, 11 de junio de 2015

Colaboración: La condición humana de André Malraux

Idioma original: francés
Título original: La condition humaine 
Año de publicación: 1933
Valoración: Se deja leer

Tengo que reconocer que ‘decepcionante’ era la primera calificación que me venía a la cabeza a la hora de comentar este libro. O quizá, como suele ocurrir, es que esperaba demasiado, en atención a la propia personalidad del autor, o movido por el sugestivo escenario en que nos sitúa la acción desde el principio, la revolución china, lugar y momento histórico nada habituales en el mundo literario.

En este aspecto, nos encontramos sin embargo con que el telón de fondo nos queda un poco vacío, y el escaso flujo de información sobre tales convulsiones sociales da lugar a que el escenario pierda casi toda su razón de ser, resultando perfectamente intercambiable con cualquier otro: pudo haber sido la Guerra civil española (que Malraux conocía bien), la revolución rusa, o un simple conato huelguístico de la Inglaterra de principios de siglo. Los datos que debieran ponernos en situación son pocos y confusos, y apenas sirven para enterarnos de cuál es el papel de cada uno de los personajes.

Así que son estos –un elenco que nos hace pensar en un modelo narrativo coral, o de personaje colectivo- los que deben sostener la acción. Pero tampoco por este camino terminamos de verle el atractivo al relato. Ninguno de los protagonistas consigue emocionarnos, implicarnos en su historia, hacernos pensar… Exceptuando a Chen (el terrorista) y a un ‘secundario’ como Hemmelrich, los personajes parecen planos y arquetípicos, lineales y previsibles, simples figuras que se van quemando, cada uno a su manera, en medio de una sacudida histórica de la que tampoco nos estamos enterando bien.

En definitiva, muchas palabras, demasiadas páginas, todo parece hojarasca que uno debe ir apartando para descubrir algo en el fondo… algo que sólo se llega a intuir, la ‘condición humana’ sometida a situaciones límite, personajes que responden con sus limitaciones, sus fortalezas o debilidades… Buenas intenciones y un escenario apasionante, todo ello devaluado por un argumento endeble y confuso, unos personajes más bien pobres. Hay, sí, algunos momentos sobresalientes, como la larguísima discusión sobre el desarme de los comunistas (que evoca las interminables disputas con los anarquistas durante la Guerra civil), el tira y afloja emocional de Kyo y su mujer cuando aquél se dirige a su previsible captura, o el ‘descenso a los infiernos’ del citado Hemmelrich. Pero poco más.

Quizá el libro nos pide una segunda oportunidad, quizá una relectura. Quizá por eso le ponemos un ‘Se deja leer’.

Firmado: Carlos Andia

miércoles, 10 de junio de 2015

Jose Serralvo: El niño que se desnudó enfrente de una webcam

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable (pero no para todos los estómagos)

Esta reseña viene con un disclaimer: Jose Serralvo fue (es) colaborador de este blog; de hecho, Un libro al día aparece mencionado en la solapa del libro, lo cual, por cierto, me ha hecho mucha ilusión. Así que existe cierta circularidad en el hecho de que ULAD reseñe un libro en el cual se menciona a ULAD, pero aun así intentaré ser ecuánime...

Así que no es por amiguismo por lo que digo que El niño que se desnudó enfrente de una webcam es una novela bien escrita. Tiene un narrador-protagonista creíble, con personalidad y voz propia y que presenta una cierta ambigüedad bastante bien conseguida y mantenida a lo largo del texto (después volvér sobre este asunto). Lo que también tengo que decir es que el tema del libro, y en particular algunas de sus escenas, no son para todos los estómagos: la novela habla de un niño/adolescente que se ve metido en el mundo de la pornografía infantil, y se convierte en el objeto de deseo y de explotación por parte de pedófilos de todo el mundo.

Hay en ENQSDEDUW (hasta el acrónimo es largo) referentes diversos. Uno de ellos es real: Justin Berry, un chico americano que, como el protagonista, se introdujo en la pornografía infantil como objeto, pero también como "empresario", controlando varias páginas web en las que participaban otros menores. Aquí entra la parte de la ambigüedad de la que hablaba antes: ¿hasta que punto David Timberthirdleg, el protagonista, es una víctima, o un cómplice de sus abusadores, o incluso un abusador él mismo, puesto que recluta a otros menores para sus páginas web pornográficas? ¿Debemos creerle cuando dice que no sabía que su reclutador, Ron, había matado al chico que le acosaba en el recreo, o al amante de su madre? El epílogo, que personalmente me parece innecesario porque hace obvio lo insinuado, intenta deshacer esa ambigüedad, aunque el texto creo que ya le daba al lector suficientes pistas para sacar conclusiones.

Pero también hay referentes claramente literarios, algunos explícitos y otros (si creemos al autor) inconscientes -o inexistentes-. Me refiero, por ejemplo, a David Foster Wallace, que aparece mencionado y citado en el texto varias veces, e incluso aparece en la portada del libro, aunque desde el punto de vista formal o de contenido los parecidos sean mucho menores; Nabokov, en particular Lolita, con la declaración de Humbert Humbert ante el jurado, también es un intertexto evidente; el de Dickens, que aparece mencionado en la contraportada, lo veo menos, por mucho que el protagonista sea un niño pobre y el tono sea ligeramente humorístico.

Y el referente que a mí me parece clarísimo, aunque el autor dice que no lo ha seguido, al menos conscientemente, es el de la picaresca: es verdad que David Timberthirdleg no es un "mozo de muchos amos" (o a lo mejor sí, según cómo se mire), pero todo lo demás está ahí: el origen ignominioso (nacido en la mesa camilla en que su madre daba masajes "con final feliz"), la narración autoexculpatoria -que nos se nos olvide que también El Lazarillo es una larga carta que Lázaro escribe exculpándose de la acusación de ser un cornudo consentido...), la utilización de la astucia para triunfar en un mundo hostil, el supuesto ascenso social o por lo menos económico...

En fin, como novela, ENQSDEDUW está bien narrada, bien construida, mantiene el interés y la coherencia del personaje, en ese margen de ambigüedad ética que lo hace literariamente mucho más interesante que si fuese una mera víctima, aunque éticamente provoca algunos reparos. No es un libro que regalaría a cualquier persona, porque no es una lectura agradable, así en general; pero sí es un libro que consigue tratar un tema muy escabroso sin ser morboso ni buscar la lágrima fácil. Y ya eso tiene mérito.

Una palabra final sobre el título: no me gusta el título. Creo que ya se ha abusado del tipo de títulos El X que Y, espoleados por Stieg Larsson, y en este caso además es demasiado largo y demasiado explícito. Yo le sugerí al autor, antes de que la novela fuese publicada, un título más en la tradición picaresca, algo como Aventuras y desventuras de David Timberthirdleg. Pero no me hizo mucho caso...