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lunes, 19 de octubre de 2026

Salman Rushdie: La penúltima hora

Idioma original: inglés

Título original: The eleventh hour

Traducción: Luis Murillo Fort

Año de publicación: 2025

Valoración: Recomendable


Quizá la característica más sobresaliente de Salman Rushdie es su capacidad para contar historias. Al parecer Ursula K. Le Guin le calificó como ‘nuestro Sheherazade’ y, hay que reconocer que dio en el clavo. Rushdie ofrece narraciones en las que ocurren cosas, textos amenos, de prosa sencilla y clara, con sus gotas de ironía, de ternura, de magia, siempre muy medidas y distribuidas con naturalidad. Tiene ese don, como el del familiar que en una sobremesa se pone a contar viejas historias y en poco tiempo ha captado la atención de todos, que quieren escuchar más, interesados, divertidos, a veces conmovidos. Aunque esas cosas, lo de la sobremesa, digo, seguramente ya no se hacen. Pero Rushdie sí que está ahí, de momento.

De momento, porque el autor de origen indio, cerca ya de los ochenta años y cargando a la espalda con las complicadas circunstancias que le han tocado vivir, parece muy consciente de que el telón empieza a cerrarse, y además quiere dejarlo claro. Lejos de escritores cuyos últimos años de vida, libre de ataduras, hacen brotar cosas extrañas, la extravagancia o la osadía con la que no se atrevieron en su momento, Rushdie ofrece un libro crepuscular con el que parece querer mostrar cómo se siente ante el declinar de la vida.

Puede parecer oscuridad o pesimismo, pero no es lo que rezuman los cinco relatos de La penúltima hora. Rushdie sigue narrando sus pequeñas o grandes historias con el estilo diáfano y asequible de siempre, aunque rondando con frecuencia los temas que ahora le interesan. En el sur es la simpática relación de dos viejos siempre en disputa pero unidos por sus circunstancias, con la emotividad en apariencia enterrada bajo el mal humor; y la metafórica El viejo de la piazza dibuja desde la misma perspectiva todo un relato de nuestra historia reciente. 

En La intérprete de Kahani es donde el estilo ‘Mil y una noches’ se funde con una especie de relato ‘bollywood’, con historia galante y elementos mágicos, que también aparecen en Finado, tal vez con rasgos autobiográficos o auto-bibliográficos, que muestran al escritor al final de sus días, o más bien un poco más allá de ese final. El humor sobrevuela la narración sin esconder tampoco las heridas de un pasado trágico, no del todo cicatrizadas, por las que sigue siendo necesario reclamar justicia.

Dentro de un nivel general muy digno, Oklahoma me parece el relato más logrado, volviendo sobre los pasos del anterior, escritor en su declinar, con trayectoria interrumpida por algún suceso no desvelado, aunque en este caso con argumento algo más sofisticado y elementos de un relieve especial, como un intenso diálogo, tomando pie en el América de Kafka, entre Goya y El Bosco. Distintos puntos de vista desde los que mirarse, como escritor y como persona, confundidos en un argumento brillante, sin perder nunca de vista las obsesiones del autor en esta penúltima etapa: la muerte y la locura, vivir esos últimos años buscando en sí mismo, o simplemente persiguiendo lo que antes no se encontró: el sosiego, la verdad, la parcela posible de bienestar que la vida, quizá, puede finalmente conceder.


Otras obras de Salman Rushdie reseñadas en ULAD: La decadencia de Nerón Golden, Los versos satánicos, Dos años, ocho meses y veintiocho noches


viernes, 1 de noviembre de 2024

Biblio-necrophiliac Quiz 2024: MAKE ULAD GREAT AGAIN

¡Hola a todos los amigos y amigas de Un Libro Al Día! Os deseamos que paséis un feliz Día Internacional de Visitar las Tumbas de Parientes que No Vamos a Ver en Todo el Año... Bueno, aunque esta denominación ya no es del todo exacta, porque lo de visitar cementerios ha dejado de ser una cosa aburrida y cutre (cuando es por imposición familiar) o turbadoramente creepy (cuando se hace por gusto) para devenir en una tendencia cada vez más cool y apetecible, una alternativa de ocio asequible para todo el mundo y un must cuando viajamos a ciudades cosmopolitas o lugares suficientemente exóticos, aunque se trate de poblachos...  Ya que estamos en un blog de libros, debemos recordar que el auge de esta tendencia se debe también, o al menos en parte, al éxito de títulos más o menos recientes como Una tumba con vistas de Peter Ross o, cómo no, Alguien camina sobre tu tumba de nuestra nunca suficientemente admirada Mariana Enriquez (existe también al menos otro libro sobre el tema, aunque de hace más años, escrito por el neerlandés Cees Nooteboom).

Así pues, para todos aquellos y aquellas que vayáis a pasar vuestras vacaciones o cualquier otro momento de asueto visitando cementerios y, sobre todo, buscando las tumbas de vuestros autores y autoras favoritas y decesas, recuperamos hoy nuestro Bibilionecrophiliac Quiz dedicado a las últimas moradas de los y las juntaletras que ya han pasado a mejor vida. Bueno, mejor menos para los que eran unos borrachos, pichabravas, timadores y sinvergüenzas en general, claro, que de esos ha habido unos cuantos... ¿Todo el mundo listo? ¿Comenzamos ya? ¡Pues a jugar!


1- Empecemos con una facilita: este señor  que parece salir de un viaje al centro de la Tierra parando un taxi es, quién si no, el insigne Jules Verne (Julio para los amigos) y ésa es su tumba. Ahora bien, ¿en qué localidad francesa podemos visitarla y llevarle unas flores o una botella de armagnac o lo que sea?

            A/ Nantes.                         
            B/ Amiens.  
            C/ París.        
            D/ Nemours, de donde provenía la familia del Capitán Nemo.

2- Conocida es la costumbre de dejar cositas sobre las tumbas de escritores famosos (o celebridades en general)y sobre todo, por alguna razón que se me escapa, de los enterrados en París: libros, mensajes o cigarrillos en la tumba de Cortázar, bolígrafos y rotuladores en la de Marguerite Duras o besos con pintalabios en la de Oscar Wilde. Por otra parte, muy cercana a ésta, por cierto, ¿qué se acostumbra a dejar sobre la de Marcel Proust? 

            A/ Obvio, magdalenas.                                            
            B/ Relojes rotos, por lo del "tiempo perdido".
            C/ Cera para las guías del bigote.  
            D/ Nada, porque si os ve dejar basura el guarda del Pére Lachaise, os corre a gorrazos por todo el cementerio.

3- ¿De qué tiene forma la tumba que comparte J.R.R. Tolkien con su esposa Edith, en el oxoniense cementerio de  Wolvercote?

            A/ De anillo gigante, con su nombre y el de su esposa grabados en lengua élfica.
            B/ De libro abierto por la página donde está dibujado el mapa de la Tierra Media.
            C/ Reproduce fielmente la tumba de Balin, hijo de Fundin, Señor  de Moria.
            D/ De jardinera donde plantar hierba de los medianos... digo, flores, quizá en homenaje al oficio de Samsagaz Ganyi.


4- Sus cenizas reposan debajo de un almendro... es decir, de este olivo, por lo que si esperáis a que salgan las aceitunas y te comes alguna, estaréis ingiriendo un cachito de este insigne escritor... y cometiendo, en cierto modo, antropofagia (ojo cuidao, que las olivas no se pueden comer directamente del árbol, hay que apañarlas o curarlas antes). ¿De quién estamos hablando?

            A/ José Saramago.
            B/ Curzio Malaparte.
            C/ Naguib Mahfuz.
            D/ Danilo Kiš.

5- Como todo el mundo sabe, la tumba del poeta Antonio Machado es un lugar de peregrinación para muchos españoles -y no españoles-, que la han convertido casi en un museo de banderas republicanas al aire libre. Pero decidnos, en qué hermosa localidad del Rosellón la podemos encontrar?

            A/ Couilles.
            B/ Collier.
            C/ Colliure.
            D/ Perpignan.

6- ¿Cuál fue el fin de los restos mortales de la escritora Ursula K. Le Guin, fallecida hace pocos años?

        A/ Fue sepultada en el mausoleo del Salón de la Fama de la Ciencia Ficción, situado en Henderson (Nevada), junto a Ray Bradbury y Arthur C. Clarke.
        B/ Fue incinerada y sus cenizas arrojadas al espacio en el primer vuelo comercial de la compañía SpaceX, por gentileza de su propietario, Elon Musk.
        C/ Su cuerpo fue donado a la ciencia, como ella había dejado establecido.
        D/ Sus restos fueron dados de comer a los buitres, como se acostumbra en la religión zoroastrista, de la que era fervorosa creyente..

7- Hasta su caída hace un par de años, el árbol de la fotografía (un fresno, para más señas) se encontraba en el cementerio londinense de St. Pancras, rodeado de lápidas desde que se hizo la reforma del cementerio en 1877. Se dice que una de las lápidas pertenece al autor de El vampiro, Lord By... quiero decir John William Polidori. Ahora bien, al árbol se le conoce con el nombre de otro escritor británico del XIX que trabajó como ayudante del arquitecto encargado de la remodelación. ¿De quién se trataba?

        A/ Thomas Hardy.
        B/ Lewis Carroll.
        C/ Anthony Trollope.
        D/ Robert Louis Stevenson.

8- El insigne Dante Alighieri, padre de las letras italianas, tiene dos tumbas, aunque una en Florencia, vacía, y la otra, en Ravenna, ocupada (por sus restos, se entiende... o al menos la mayor parte de ellos). Pero, dejando aparte aquel episodio en que desde Ravenna enviaron un ataúd vacío para trolear a los florentinos, el poeta tampoco es que haya tenido un descanso eterno, puesto que sus restos han estado en diferentes sepulcros e incluso ocultos durante bastante tiempo, por no mencionar que una parte de sus cenizas se perdieron durante 70 años, guardadas en una bolsa en un estante de la Biblioteca Central de Florencia. Por lo que respecta a sus huesos, durante el último año de la II Guerra Mundial los tuvieron escondidos para preservarlos de un posible saqueo en...

A/ Un cofre impermeabilizado, en la cripta inundada de la basílica de San Francesco de Ravenna, junto a su mausoleo.
B/ El obrador del Caffé Pasticceria Palumbo, cerca de su mausoleo.
C/ Bajo un túmulo de tierra cubierto de hiedra, al lado de su mausoleo.
D/ Una granja del pueblo de Coccolia, junto a la carretera de Forlí.

9- Uno de los escritores más emblemáticos del sur de EE.UU., Mark Twain, murió, sin embargo, en Connecticut y fue enterrado en Elmira, estado de Nueva York. Aún así, hay que recordar que el cementerio donde se encuentra tiene otra conexión indiscutible dixie:

A/ En ese terreno hubo un campo de prisioneros confederados, durante la guerra civil.
B/ Allí se encuentra también enterrado el trompetista de jazz Louis Armstrong.
C/ En ese terreno tenía una fábrica Eli Whitney, empresario e inventor de la desmotadora de algodón.
D/ En una vivienda cercana estuvo residiendo una temporada Carson McCullers, antes de que tuviera que trasladarse al hospital de Nyack, también en el estado de N.Y. por sus problemas de salud.

10- Los muchos admiradores de Roberto Bolaño (varios de ellos escribimos en este blog) no podemos ir a presentar nuestros respetos en la tumba de Roberto Bolaño, porque este gran escritor fue incinerado. Ahora bien, ¿qué ocurrió con sus cenizas?

A/ Fueron esparcidas en el Océano Pacífico.
B/ Fueron esparcidas en el Mar Mediterráneo
C/ Fueron esparcidas entre el río Bibío a su paso por Los Ángeles (Chile), el desierto de Sonora, en México y la playa de Blanes (Girona).
D/ Fueron guardadas por su última pareja sentimental hasta el momento en que puedan ser enviadas al espacio para convertirse en una estrella distante.
            

BONUS TRACK (sólo para muy frik... letraheridos):

11- Sabemos que hay muchos "escritores fantasma" (ahora queda mejor que llamarlos "negros") y también escritores que creían en los fantasmas o, cuando menos, que podían comunicarse con los espíritus (caso de Víctor Hugo o Arthur Conan Doyle). No obstante, también ha habido algún escritor/a que tras su muerte, según se dice, se ha convertido en fantasma y se aparece en lugares donde transcurrió algún episodio de su vida. Sería el caso de un/a muy célebre escritor o escritora latinoamericano/a...

        A/ Juan Rulfo
        B/ Alejandra Pizarnik
        C/ Horacio Quiroga.
        D/ Gabriel García Márquez.

  Respuestas correctas:

1- B; 2- D; 3- D; 4- A; 5- C; 6- C; 7- A; 8- C; 9- A; 10- B; 11- C; 

-Entre 0 y 3 aciertos: Incluso un reloj parado da la hora correcta dos veces al día, ¿verdad? Anda pa casa a leer, alma de cántaro...
-Entre 4 y 7 aciertos: No está mal, pero aunque no hace falta que seáis expertos en la vida y milagros de los escritores (o en su muerte, en este caso), no estaría de más salir un poco de los premios Planeta y las novelas románticas de highlanders,  por adictivas que puedan resultar....
-Entre 8 y 10 aciertos: Muy bien, ya sólo os falta pedir ahora las vacaciones en el curro, y aprovecharlo que los modernos llaman la spooky season para ir a visitar cementerios, aunque sea el de vuestro pueblo...
-11 aciertos: Algo me dice que si os tocara la lotería invertiríais el premio en un mausoleo con forma de pirámide en el cementerio de St. Louis, nº 1 en Nueva Orleans, como Nicolas Cage, para estar cerca de la tumba de Anne Rice... (Pues habríais malgastado el dinero, porque está enterrada en el de Metairie).


martes, 15 de agosto de 2023

Munir Hachemi: El árbol viene

Idioma original:
español
Año de publicación: 2023
Valoración: entre recomendable y muy recomendable

Hay una frase, atribuida unas veces a Fredric Jameson y otras a Slavoj Žižek (aunque no sé quién la dijo en realidad) que afirma que "es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo". Bueno, pues podemos decir que Munir Hachemi se ha animado a intentar lo imposible: imaginar un mundo fuera del capitalismo, aunque para ello haya tenido que viajar a otro planeta. Y no solo el capitalismo: la sociedad mulai, en la que se centra la historia, también ha abolido el sistema sexo/género, la propiedad privada, la monogamia o tabús relativos al sexo orgiástico o la defecación en público. (En cambio, el sexo vaginal se considera algo vulgar, obsceno, nauseabundo).

Porque, efectivamente, El árbol viene es una obra de ciencia ficción, o de "ficción especulativa" como dice la contraportada, situada en un lugar y en un tiempo ajenos, aunque no muy lejanos. En este lugar y en este tiempo, un antropólogo recibe la misión de escribir un informe sobre los mulai, una comunidad humana, aunque desgajada de sus orígenes terrestres, que ha creado una sociedad con unas reglas, unas creencias y un lenguaje radicalmente diferentes de los nuestros. Así, la novela se estructura con tres (o cuatro) hilos: el informe del antropólogo (y su diario, que vienen a sustituirlo o complementarlo); la historia de Fluke, una mujer que realizó la primera "travesía" hasta el templo y fundó la creencia en "Dog"; y por otra parte la historia de Sheipa y Faida, otras dos mujeres que, aproximadamente 124 años más tarde, inician juntas otra travesía que continúa, o se superpone, o anula a la de Fluke, según cómo se vea.

En realidad, en El árbol viene la acción (que se concentra en los capítulos dedicados a Fluke, Sheipa y Faida) ocupa un lugar bastante secundario. Lo fundamental es la reconstrucción "antropológica" de la sociedad mulai por parte del autor del informe que, progresivamente, va contaminándose también de la cosmovisión de los seres a los que observa. Esta obra se sitúa así en un espacio entre géneros, como muchos de relatos de Borges como "Tlön, Uqbar, Urbis Tertius" (de hecho Munir Hachemi hizo su tesis sobre la recepción de Borges en la narrativa española), o también a novelas de Ursula K. Le Guin como Los desposeídos, o incluso a El entenado de Saer, en que también se presenta una labor antropológica semejante, aunque en condiciones bastante diferentes.

Otro elemento fundamental en la novela es el lenguaje (y aquí se podría decir que se integra en una línea de ciencia ficción "lingüística" de la que Ted Chiang es un representante destacado). Una vez abandonados los conceptos de propiedad y autoridad (los mulai son una comunidad quasi-libertaria), el lenguaje se convierte, por una parte, en una entidad proteica que se transforma rápidamente y de forma impredecible; y, por otra parte, se transforma también en un objeto estético, en algo que, en un lenguaje no mulai, llamaríamos arte. La única finalidad del lenguaje mulai es el propio lenguaje, no servir como herramienta de comunicación. Esto permite al autor toda una serie de reflexiones y juegos con la propia idea de lenguaje, con las posibles etimologías del idioma mulai, o también con la idea de traducción, ya que uno de los personajes de la novela encuentra un libro escrito en alfabeto y lengua "terrícola", digamos, y se dedica fervorosamente a traducirlo al mulai.
 
También la escritura glífica, un acto público y lúdico, contribuye a este aspecto estético de la lengua. Este es un ejemplo de escritura mulai, tal y como la presenta el antropólogo (y como la imagina su autor):



Sin duda lo más notable de El árbol viene es su invención (utópica) de una comunidad post- o pre-capitalista, pretendidamente libertaria (aunque pronto crean sus propios mitos, ritos y creencias que acaban por resultar, también, opresoras en ciertos sentidos), con todo un evidente andamiaje teórico, que "supura", se podría decir, en ciertos momentos del texto más allá, quizás, de lo verosímil. No todos los aspectos (algunos sorprendentes, otros chocantes, otros absurdos) de la sociedad mulai se explican en el texto, aunque a medida que avanza la novela y conocemos más sobre el origen de los mulai muchos de ellos van cobrando sentido. En cambio, el aspecto narrativo del texto, las tres ramas que lo sustentan (antropólogo, Fluke, y Sheipa y Faida) parecen en cierto modo embrionarias, sobre todo las dos últimas, que quizás podrían haber ganado mayor dimensión y significado.
 
Se trata, en cualquier caso, de una lectura muy original y sugerente, una propuesta de ciencia ficción (o ficción especulativa) que acierta al huir de clichés e ideas comunes sobre civilizaciones extraterrestres, aunque no todas sus propuestas o decisiones resulten igualmente satisfactorias (por lo menos a este lector concreto que soy yo...). Habrá que esperar con atención a la siguiente novela del autor, que por lo que he leído en entrevistas, ya está en el horno...

lunes, 19 de diciembre de 2022

Lo mejor de 2022

Un año más nos obstinamos en ir contracorriente, en llegar de los últimos para desmentir a muchos de los medios cautivos de jamones, lotes de Navidad y transferencias a cuentas cifradas en paraísos fiscales. También aclaramos que estas son nuestras lecturas durante el año, y que si se nos cuela algún libro inencontrable de hace cuatro décadas, seamos o no conscientes de ello, no nos culpéis. Es el amor a la literatura, que nos ciega con sus fogonazos.

Dicho ello:

La lista de Juan

Año de muchas y buenas lecturas, aunque quizás pocas que hayan destacado del resto. Por eso, me vais a permitir que desgrane mis mejores lecturas a base de tríos...


La lista de Koldo

Curiosamente o no, pocas novedades de 2022 en mi lista de mejores lecturas del año:


La lista de Santi

Año de muy pocas lecturas, pero algunas que me han hecho disfrutar soberanamente:


La lista de Oriol


La lista de Marc

Un año irregular en cuanto a lecturas, que no contaría entre mis mejores. Mejor en ensayo que en ficción, en líneas generales. Aún así, hay libros y autores a destacar en todos los géneros:
Propósitos para el 2022: más poesía, (aún) más ensayo y más literatura infantil


La lista de Montuenga

Lo mejor

Lo peor


La lista de Carlos

Entre medio, algunas cosas que han quedado cerca de esta lista de destacados, y otras inevitablemente prescindibles, regulares o más o menos decepcionantes. Como siempre, vaya. Veremos lo que está por venir.


La lista de Nieves J.

Destaco dos novelas: Josefine y yo (intimista) de Hans Magnus Enzensberger y El tren de la última noche (género histórico) de Dacia Maraini

La lista de Francesc Bon

Confirmando que las situaciones personales afectan a las lecturas, no recuerdo año en que haya leído tan poco y peor. Así que mis referencias del año serán pocas y al ralentí:

Tostonazo, de Santiago Lorenzo, me confirmó en los términos que esperaba, más o menos, que sigue siendo, con su estilo naïf y pasota, de los pocos escritores locales capaces de definir una carrera. No me hagáis mencionar todos los que no, por favor.

Si digo que acusé la falta de munición de alto calibre en Aniquilación, igual soy un poco injusto, pero es que venimos de cotas muy altas (ejem, casi siempre) con Houellebecq. Sigue siendo un placer y un autor único, pero, a lo mejor, se nos está ablandando. Será como el del dicho. - ¿Cree Vd. en Dios? - Cuando estoy enfermo.

Demasiado terreno conocido: reseñar a Kapuscinski, Foster Wallace, Vila-Matas o Philip Roth (otra vez) es demasiado indicativo de que la cosa no ha ido como debía.

Como, a veces, la ficción se espesa en un cerebro algo angustiado, los ensayos o crónicas de corte investigador me han resultado (aunque acusé su extensión) muy útiles: El Imperio del Dolor o Solo la verdad obraban a distintos niveles su efecto: hay que controlar los poderes, manifiestos u ocultos, que nos rodean.
Y me han dicho que no tiene sentido comentar tanto abandono. Por este año, obedezco.



jueves, 23 de junio de 2022

Octavia E. Butler: Hija de sangre y otros relatos

Idioma original: inglés
Título original: Bloodchild and Other Stories
Traducción: Arrate Hidalgo en castellano, para Consonni
Año de publicación: 1971-2003
Valoración: recomendable


Cuando hablamos de un campo literario como el de la ciencia ficción, nos vienen a la cabeza nombres legendarios como Philip K. Dick, Isaac Asimov, Ted Chiang, Ursula K. Le Guin y muchos otros, aunque principalmente autores masculinos. Pero tras leer no pocas novelas de la autora, queda claro que Octavia E. Butler merece estar entre los grandes a pesar de ser desconocida por gran parte de un público poco acostumbrado a ver una voz femenina y negra en un campo tan poblado y dominado por autores blancos como el de la ciencia ficción.

Esta obra recopilatoria consta de siete relatos cortos (algunos escritos en el inicio de la carrera literaria de la autora y otros añadidos posteriormente) así como de un par de ensayos sobre el acto (y la necesidad) de escribir; ya la propia autora abre con un prefacio donde ella misma confiesa que «odio escribir relatos. Intentar escribirlos me ha enseñado más sobre la frustración y la desesperación de lo que jamás querría saber» y añade afirmando que «yo soy, en esencia, novelista. Las ideas que más me interesan tienden a ser grandes (…) Y aun así, algunos de mis relatos son relatos de verdad». Quizá es por ello por lo que, de manera acertada aunque poco común, la autora añade al final de cada uno de los relatos un epílogo para poder hablar sobre ellos, para contar su motivación y su intención al escribir cada uno de estos cuentos.

Estilísticamente, ya en el primero de los relatos, «Hija de sangre» (que también da nombre al libro) desborda en impacto con un relato ganador de varios premios de ciencia ficción como Nebula, Locus y Hugo, situándonos en un mundo donde las tlic, unos seres provenientes del exterior (de tres metros de altura, con muchas extremidades y cola con aguijón), controlan los terranos, poseyéndoles o reclutándolos como símbolo de estatus, pues «T’Gatoi nos repartía entre los desesperados y nos vendía a ricos y poderosos a cambio de apoyo político (…) T’Gatoi supervisaba la unión de las familias». En este relato, Butler narra con crudeza y de manera bastante descarnada una situación en los que los humanos son utilizados por parte de una colonia invasora como cuerpos recipientes para su procreación y continuidad como especie mientras nos sitúa, en otro plano igualmente interesante, en una relación de amor (sic) posesivo y sumiso.

De manera parecida al anterior relato, en «La tarde y la mañana y la noche», la autora juega también con la violencia y los detalles escabrosos para tejer un relato en torno a una enfermedad que se transmite genéticamente que causa una gran falta de autocontrol en aquellos que la padecen pero que, a su vez, esa falta de control bien gestionada puede ejercer como elemento disruptivo para desplegar un potencial que de otra manera quedaría adormecido. Esta violencia se pone nuevamente de manifiesto en «Sonidos de habla», donde la narración nos ubica de lleno en una escena violenta en medio de un autobús. El relato nos sitúa en un mundo donde una extraña enfermedad provoca la pérdida de habla y, en casos extremos, la muerte, pues para quienes la padecían, «el lenguaje se perdía por completo o quedaba grave mente deteriorado. Nunca se recuperaba. A menudo, también producía parálisis, discapacidad intelectual o muerte». Así, a través de la voz de la protagonista que ha perdido la capacidad de leer y escribir, Butler nos habla de la incapacidad de la humanidad en comunicarse, en la facilidad de caer en la envidia y dejarse llevar por la ira. Y como toda una sucesión de situaciones parecidas se encarnan en un mal de daño irreversible.

Más allá de los relatos cortos, igualmente interesantes son los dos ensayos incluidos en el libro, el primero de los cuales («Obsesión positiva») trata sobre cómo la literatura la ha acompañado durante toda su vida y cuando, a sus diez años, se decidió a dar el paso a la escritura, pues «había decidido escribir algunas de las historias que me habían estado contando aquellos años. Cuando no tenia historias que leer, aprendí a inventármelas. Ahora estaba aprendiendo a dejarlas por escrito». Un paso adelante no vacío de dudas pues la autora confiesa que a sus trece años de vida dijo a su tía que quería ser escritora, quien le respondió afirmando que «los negros no pueden ser escritores». Tras esta inesperada respuesta la duda la asaltó puesto que «en los trece años de vida no había leído una sola palabra impresa que, por lo que yo supiera, hubiera sido escrita por una persona negra», aunque afortunadamente no cesó en su empeño. También es igualmente interesante (y ligado al hecho de escribir) el segundo de sus ensayos («Furor escribendi») donde la autora da consejos sobre qué hay que hacer para llegar a escribir un escrito que sea publicable y que se podría resumir constando que hay que «leer. Lee el tipo de libros que te gustaría escribir y aprende con ello», ir a talleres de escritura porque «escribir es comunicar. Necesitas que otras personas te digan si estás comunicando lo que tú crees y si lo estás haciendo de maneras que sean no solo accesibles y entretenidas, sino también tan cautivadoras como te permita tu habilidad»; de igual manera, la autora es directa al afirmar que hay que practicar sin pausa, pues es la única opción («Escribe. Escribe todos los días. Escribe tanto si tienes ganas como si no») y con ello pone de manifiesto la necesidad de la autoexigencia («revisa tu escritura hasta que sea tan buena como te permita tu capacidad» (…) «si encuentras algo que hay que arreglar, arréglalo, sin excusas. Ya habrá suficientes cosas que estarán mal y que no verás») así como la perseverancia, pues «del mismo modo que el hábito es más fiable que la inspiración, el aprendizaje constante es más fiable que el talento. Nunca dejes que el orgullo o la pereza te impidan aprender».

Ya volviendo a los dos últimos relatos (añadidos posteriormente a los escritos al principio de su carrera), vemos como en «Amnistía» la autora utiliza un escenario parecido a «Hija de sangre», pues lo protagoniza un conjunto de seres en forma aparentemente de plantas que invaden un territorio y utilizan a los humanos como trabajadores, no sin antes haberlos torturado hasta conseguir establecer una vía de comunicación entre ambas especies. De manera similar a como vimos en «Hija de sangre», las comunidades envuelven a las personas y las someten hasta que pierden toda esperanza, todo anhelo de cambio y, del mismo modo que en su anterior relato, sus personajes terranos se encuentran envueltos en algún momento por esas criaturas, mezclando miedo y afecto de una manera que nos inquieta y nos altera afirmando que «cuando una Comunidad te envuelve es como si te contuvieran en una especie de… camisa de fuerza cómoda» (…) «por alguna razón, después de la primera vez ya no da miedo. Es tranquilo y agradable». La autora consigue transmitir angustia al imaginar cómo los personajes pueden aceptar y asumir su nueva condición y encontrarla a su vez placentera acostumbrándose a los abusos y a los castigos, porque tal y como afirma Noah, «a algunos dejó de importanos, dejamos de luchar». 

Finalmente, en «el libro de Martha», la autora nos plantea una conversación entre Dios y la protagonista, a quien Dios ha traído para darle el poder de idear y aplicar un cambio en la humanidad para así poder salvarla, «algún modo de hacer que la humanidad no fuera una especie tan autodestructiva». El relato gira en torno a la dificultad de encontrar una única causa (y por tanto solución) a nuestros grandes males. Asimismo nos plantea la responsabilidad de asumir tal tarea sin saber si somos capaces de salir airoso porque, de lo contrario, se la podrían encomendar a alguien con fines perversos. El relato nos sitúa ante una terrible coyuntura pues ¿seríamos capaces de asumir la responsabilidad de encontrar y aplicar un cambio a nivel global sin saber a ciencia cierta si podría acarrear consecuencias perjudiciales que podrían empeorar incluso más la situación a largo plazo?

Por todo ello, y visto a nivel global, el libro que nos ocupa merece una lectura, pues de los siete relatos y dos ensayos que comprende la mayoría son recomendables, destacando por encima de todos «Hija de sangre», «La tarde y la mañana y la noche», «Sonidos de habla» y los dos ensayos. Butler sabe cómo mantener la tensión a lo largo de los relatos, cubriendo su obra con una prosa rodeada de violencia, en algunos casos física, pero también psicológica. La autora sabe cómo insuflar sus relatos de agonía y miedo y cierto punto de sometimiento y aceptación de la humanidad ante unas adversidades que nos vienen de fuera de nosotros mismos, pero a las que no sabemos cómo hacerles frente. 

Recuerda la propia autora en uno de los ensayos incluidos en libro una anécdota en la que, en una de las charlas que daba, una joven negra le dijo que «siempre he querido escribir ciencia ficción, pero no creía que hubiera ninguna mujer negra haciéndolo». Por eso, es muy destacable la figura de Octavia E. Butler, ya no únicamente por la calidad más que evidente de su prosa, sino por abrir un camino difícil, arduo y para mucha gente inexistente hacia la ciencia ficción con mirada femenina, con mirada negra. Cómo con los relatos de su obra en los que imagina escenarios en apariencia ficcionales pero posibles, ella imaginó un mundo inexistente, un mundo donde las mujeres negras podían escribir ciencia ficción, y lo hizo posible. Y de manera muy destacada.

También de Octavia E. Butler en ULAD: Parentesco, La parábola del sembrador, La parábola de los talentos

lunes, 13 de junio de 2022

Ursula K. Le Guin: Quienes se marchan de Omelas

Idioma original: Inglés
Título original: The Ones Who Walk Away from Omelas
Traducción: Maite Fernández
Año de publicación: 1973 
Valoración: Muy recomendable

¿La felicidad y prosperidad de una ciudad justifican el sufrimiento de una criatura? Esta es la paradoja a la que nos enfrenta Quienes se marchan de Omelas, cuento de Ursula K. Le Guin plagado de reflexiones morales. 

Le Guin nos incita a imaginar una utopía para, inmediatamente después, subrayar que no puede existir tal cosa. La escritora afirma que, para que unos sean felices, otros deben ser desgraciados. 

Le Guin cuestiona, a través de Quienes se marchan de Omelas, las problemáticas que acarrea la felicidad, pero no por ello romantiza el sufrimiento. Y es que, según ella, «tenemos la mala costumbre, alentada por gente pedante y rebuscada, de considerar la felicidad como algo bastante estúpido. Solo el dolor es intelectual, solo la maldad es interesante. Esa es la traición del artista: la negación a admitir la banalidad del mal y el terrible aburrimiento del dolor.»

Llegados a este punto, dejad que liste algunas de las virtudes de esta ficción:

  • Su memorabilidad.
  • Su ya mentada profundidad reflexiva.
  • Las múltipes interpretaciones que suscita.
  • La grisalla que sus mensajes contemplan. 
  • Sus logrados contrastes.
  • Sus astutas transiciones.
  • Sus descripciones, sensoriales y exhuberantes pero deliberadamente abiertas a que el lector las complete.
  • Su potente clímax.
  • Su síntesis de la filosofía taoísta. 
  • Su crítica al pensamiento utilitario.
  • Su negativa a entregar respuestas fáciles y complacientes. 

En fin: Quienes se marchan de Omelas es muy reivindicable. Más todavía en los tiempos en que un niño tercermundista debe trabajar en condiciones deplorables para que la ropa nos salga barata, un repartidor debe entregar un capricho en día festivo o un pollito debe vivir en cautividad para acabar en nuestro menú. 

Le Guin no se disfraza en estas páginas de moralista que vende soluciones mágicas, pero tampoco pretende aliviar consciencias. Igual que los habitantes de Omelas tienen que saber que su dicha proviene de la miseria de un infante, nosotros debemos ser conscientes de que nuestro (relativo) bienestar tiene consecuencias desastrosas para otros. 

Por cierto, antes de terminar esta reseña querría alabar la edición de Nórdica. El libro que han publicado es una auténtica maravilla: encuadernación en cartoné, tipografía generosa, ilustraciones a color... 

Y ya que saco a colación las hermosas ilustraciones de Eva Vázquez, dejad que me detenga en ellas unos instantes. Su factura, composición y cromatismo merecen todos mis elogios. Si acaso remarcaría que traicionan (como lo haría cualquier otra imagen, dicho sea de paso) la vocación abstracta del texto de Le Guin; mas insisto en que son preciosas y funcionan a la perfección en tanto que interpretación personal de Vázquez.  



También de Ursula K. Le Guin en ULAD: Aquí

miércoles, 30 de marzo de 2022

Angélica Gorodischer: Trafalgar

Idioma: español

Año de publicación: 1979

Valoración: recomendable

No sé hasta qué punto es conocida para el público lector, en general, la escritora, recientemente fallecida (a los 93 años, que no está nada mal) Angélica Gorodischer. Quiero pensar que si lo es en su Argentina natal y también para los aficionados de habla hispana a la fantasía y la ciencia-ficción, puesto que se la considera una figura fundamental de la misma. Por mi parte, confieso que no supe de su existencia hasta que leí, paradójicamente, la noticia de su fallecimiento, por lo que esta reseña bien podía haber formado parte de nuestra última semana de "Ilustres olvidados" (y, de hecho, a punto estuvo de hacerlo).

Vaya por delante, antes de meternos en harina , que el título Trafalgar de este libro no tiene que ver ni con el cabo gaditano, ni con la batalla naval ni con la plaza londinense del mismo nombre, sino que se refiere a su personaje protagonista, Trafalgar Medrano, un comerciante rosarino, compulsivo fumador y cafeadicto , pero además consumado narrador de historias, que, a la vuelta de sus viajes, se dedica a contar sus aventurillas a sus amigos, que, entre tanto, han proseguido sus vidas apaciblemente convencionales en Rosario -también puede que no sea más que un simpático chiflado al que éstos siguen la corriente, aunque para el caso, da igual-; de esta forma, cada capítulo del libro corresponde a un relato de un viaje diferente, relatados a distintos interlocutores, pero que forman parte de la misma pandilla de amigos de clase media y de mediana edad (muy parecida, supongo, a las que se pueden encontrar entre la burguesía de cualquier ciudad de provincias del ancho mundo). Claro, que los viajes de Trafalgar Medrano no se limitan a ir a Salta, Buenos Aires o Tucumán y ni siquiera a otros países de América o de Europa, sino que los realiza a otros planetas, en las galaxias más alejadas -donde vende y compra mercancía bastante pedestre... o terrestre, por lo demás-; se ve que en el universo alternativo y setentero que habitan los personajes, viajar al espacio es algo relativamente común y asequible, como si uno fuera un Jeff Bezos cualquiera...

Como digo, Trafalgar le cuenta sus viajes a sus amigos y conocidos y por eso cada capítulo viene a ser un relato independiente de un viaje a algún planeta de por ahí; así, conocemos un mundo regido por bellísimas mujeres que sólo practican el sexo con máquinas, otro en el que sus habitantes han renunciado a todo conocimiento y manifestación cultural salvo el baile. Uno más en el que los muertos no acaban nunca de estarlo del todo. U otro planeta que parece el reflejo simétrico de la Tierra, pero con 500 años de retraso, por lo que Trafalgar acaba en la España de los Reyes Católicos... Porque, eso sí, que nadie piense que en estos relatos va a encontrar batallas entre naves espaciales o alienígenas verdes con tentáculos... Los extraterrestres con los que trata nuestro héroe son -o al menos no se especifica otra cosa- asombrosamente parecidos a los terrestre, e incluso él tiene sus frecuentes affaires con bellas damiselas que encuentra en sus viajes. Porque los mundos alternativos que describe a sus amigos parecen más que nada excusas de Angélica Gorodischer para hablarnos de nuestra especie y civilización humanas, y valorar los pros y contras de  algunas alternativas -o utopías si se quiere-; en ese sentido, se suele relacionar la obra de esta autora con la de Ursula K. Le Guin, aunque a mí me ha recordado, sobre todo, a la de Stanislaw Lem, aunque me refiero al Lem de los Diarios de las estrellas, más que al de Solaris. Trafalgar Medrano, en efecto, sería una especie de Ijon Tichy, pero argentino y canchero.

Otro punto en común con Lem sería el humor, en este caso, suave y con un tono costumbrista, pero presente, en mayor o menor medida, en todos los relatos. En esto podemos enlazar el libro de Gorodischer con la obra de otro escritor fantástico/utopista; el clásico Jonathan Swift y sus Viajes de Gulliver, aun siendo éstos más fantásticos, en realidad, que los de Trafalgar Medrano. Pero en ambos casos, lo que buscan sus autores es ponernos ante unos espejos que, deformantes y todo, nos permitan vernos tal y como somos, con nuestros defectos humanos aunque también, aunque sólo sea por comparación, nuestras virtudes, que alguna tendremos...

miércoles, 10 de marzo de 2021

Ursula K. Le Guin: La mano izquierda de la oscuridad


Idioma original:
inglés
Título original: The left hand of darkness
Traductor: Francisco Abelenda
Año de publicación: 1969
Valoración: imprescindible

Los escritores de lo que a veces se denomina "ficción imaginativa" (como si hubiera alguna ficción que no requiriese imaginación), y que incluye a la ciencia ficción, la fantasía o ciertas ramas del terror, tiene un trabajo extra, en oposición a los escritores de ficción realista. Porque si sitúas tu narración en el Madrid actual, o en el Londres victoriano, hay una serie de referentes (geográficos, culturales, lingüísticos, políticos, etc.) que el lector asume y que por lo tanto no hay que explicar explícitamente (salvo que se desee hacerlo, claro). 
 
En cambio, si sitúas la acción en Mperg, o en Plazg X del Norte, o en Chemporg, todas esas cuestiones dejan de ser obvias y hay que explicitarlas: ¿dónde se sitúa ese lugar? ¿Es el mismo universo que el nuestro, y con la misma cronología? ¿Ese lugar tiene la misma atmósfera que la Tierra? ¿La misma gravedad, las mismas leyes físicas? ¿Cómo es el clima, la geología, la geografía, su fauna y su flora? ¿Tiene habitantes humanos o humanoides? ¿Cómo es su lengua, su cultura, su organización social y política, su economía, su alimentación, su religión si la tienen...? De hecho, un error muy común que se comete en estos casos, es introducir al comienzo del libro (o de la película) un tocho indigesto de exposición donde se intenta condensar todos los datos relevantes para poder comprender la acción: dónde se sitúa, cuáles son las características del lugar, de sus habitantes, algo de su historia previa, y después de un fundido a negro o un salto de página empieza la acción propiamente dicha.
 
Por eso, a cualquier futuro/a escritor/a que se proponga crear un mundo ficcional para su obra le recomendaría que leyera La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin, y que tomase notas, porque es toda una lección de lo que en inglés se llama world building o "creación de mundos" (entre otras cosas). Ursula K. Leguin hace lo opuesto del tocho expositivo incial: lanza la acción desde la primera página, provocando en el lector (deliberadamente) una cierta sensación de desorientación, y a partir de ahí, lentamente, magistralmente, va introduciendo más y más datos sobre el mundo en que nos encontramos y sobre sus habitantes. Y de hecho no dejará de hacerlo hasta literalmente la última página del libro, dando la impresión de que nos encontramos ante una novela que es también una enciclopedia del planeta Gueden (también conocido como Invierno) y de todo lo que contiene, pero al mismo tiempo consiguiendo que eso no interrumpa ni oculte la narración. La alternancia de capítulos narrativos con otros que conforman la mitología del planeta (algunos de ellos de una belleza abrumadora), o con fragmentos de los informes previos recogidos sobre el planeta ayudan a componer todo este mosaico de información compleja.

En cuanto a la historia propiamente dicha, viene a corresponder en cierto modo con el tópico del "extranjero en tierra extraña", lo que facilita la presentación progresiva del mundo. El protagonista y narrador de la mayoría de los capítulos es Genly Ai, enviado por el Ecumen (una especie de confederación pacífica de planetas) para convencer a los habitantes de Gueden de que se unan a ella. Primero lo intenta en Karhide, uno de los países del planeta, y cuando sus intentos resultan infructuosos, hace una nueva tentativa en Orgoreyn, el país rival de Karhide. En el desarrollo de estos esfuerzos diplomáticos, su camino se cruza con el de Estraven, consejero del rey de Karhide, con el cual establece una relación de progresivo descubrimiento y confianza mutua, y cuyo diario también se transcribe parcialmente en la novela.

Y, en realidad, creo que esa es la historia fundamental que se narra en La mano izquierda de la oscuridad: no tanto las relaciones y tensiones entre Karhide y Orgoyen, sino el proceso por el cual dos seres humanos, de planetas, culturas y hasta fisiologías diferentes, pueden aprender a reconocer su humanidad mutua, vencer el miedo y la desconfianza y aprender a comunicarse de la forma más pura y directa. Eso implicará que Genry Ai asimile y acepte la diferencia de Estraven, y viceversa, hasta convertirse en un sistema complejo de dos seres que se complementan y orbitan el uno alrededor del otro. Esta capacidad humana, esa empatía, parece ser el reverso luminoso de ese miedo o esa suspicacia con la que los poderosos de Karhide y Orgoyen pretenden regir sus vidas y destinos, con una complementariedad que remite para el ambiguo título de la novela y para la poesía tradicional de Gueden que le da origen (y que tiene indudables semejanzas, como el propio Genly Ai reconoce, con el Yin y el Yang taoísta):
 
La luz es la mano izquierda de la oscuridad, 
y la oscuridad es la mano derecha de la luz. 
Las dos son una, vida y muerte, juntas 
como amantes en kémmer, 
como manos unidas, 
como el término y el camino

Uno de los aspectos que dificulta, al menos inicialmente, la comprensión mutua entre Genly Ai y Estraven (y es también uno de los aspectos más estudiados de la novela) es que los habitantes de Gueden son andróginos, tienen características masculinas y femininas, y durante la mayor parte del tiempo no sienten deseo sexual. Solo una vez al mes entran en una especie de celo llamada kemmer, durante la cual pueden adoptar el rol masculino o femenino en función de las circunstancias, tener relaciones sexuales y, eventualmente, quedarse embarazados. Esta indefinición sexual, que lleva aparejada la inexistencia del género como tal, tiene otras consecuencias en la organización social y cultural de Gueden: la guerra no existe, como no existe la competitividad o la división de roles sociales, y la vida se organiza en torno a los ciclos lunares de veintiséis días (divididos en dos series de trece) entre cada kemmer.

Y como ya se habrá ido viendo en la reseña, el lenguaje es otro de los elementos importantes en la comunicación (o falta de ella) entre Genly y Estraven: no solo el desconocimiento de ciertas palabras, sino sobre todo la equivalencia imperfecta de los conceptos entre lenguas diferentes, sobre todo cuando responden a diferencias sociales o culturales profundas. Es el caso, por ejemplo, de shifgrethor, un término intraducible que viene a referirse a un sentido del honor o de la lealtad personal, un orgullo propio que debe ser protegido y defendido, pero que puede también ser puesto de lado en determinadas situaciones. La incomprensión de shifgrethor por parte de Genly producirá una serie de malentendidos que solo con el tiempo y la progresiva confianza permitirán la apertura a conocer al otro.

Por si no ha quedado claro en los párrafos anteriores, lo digo aquí más claramente: La mano izquierda de la oscuridad es una obra maestra, no solo por la forma de sostener un mundo de ficción complejo, coherente y lleno de capas de información y sentido, sino también por la construcción de los personajes y su evolución; por la estructura compleja y rica de la novela; por la maestría técnica con la que es capaz de mantener la tensión durante páginas y páginas en las que, rigurosamente, apenas pasa nada; o por la belleza poética de aquellos fragmentos místicos con los que nos aproximamos a la visión del mundo de los guedenianos. Cualquier buen lector, sea aficionado a la ciencia ficción o no, debería hacerse con este libro, y degustarlo.

Nota sobre la edición: la copia que yo he leído de La mano izquierda de la oscuridad es de la edición cuya portada coloco al inicio, una edición especial limitada que Minotauro sacó hace unos años, y que se agotó, creo. Por suerte, actualmente hay disponible otra edición, también de Minotauro, y creo que con la misma traducción, y a un precio algo más asequible...