Idioma original: español
Año de publicación: 2002
Valoración: Muy recomendable
Aviso importante: el libro cuya crítica están a punto de leer no ha sido "escrito", tal y como indico en el título, por un tal Gonzalo Armero, sino que éste es el nombre de su editor, ya que
Vida y hechos de Arthur Rimbaud es un compendio de toda clase de documentación, materiales gráficos y escritos del poeta francés y su entorno, cuya recopilación quizás haya corrido a cargo de una servil horda de becarios y "negros" esclavizados por una pérfida editorial sedienta de trabajadores jóvenes a los que maltratar y malpagar. Sólo quizás...¡no acuso a nadie!
Crítica propiamente dicha: tras varias reseñas escritas y publicadas en este blog, aún no me he atrevido con Rimbaud, alguien más que mi poeta preferido (es que decir "X es mi Y preferido" suena a confesar un color/plato/animal preferido): es mi poeta adorado; mi profeta de las letras; mi oasis en áridas épocas de confusión existencial; el príncipe de los simbolistas franceses; el eterno y tormentoso amante de Verlaine; el que escribía en latín siendo un mocoso; el que dejó los versos a los veinte años, y el mundo de los vivos, a los treinta y siete.
Mi problema es que no sé cómo adentrarme desde la orilla de la crítica en la obra de Rimbaud.
Para empezar, me negaría a destrozar tan mágica textura desmenuzándola a base de palabrejas secas y sesudas como "ritmo", "rima" o "endecasílabo".
Pero dejando a un lado el punto de vista técnico del análisis de una obra poética, me pasa que me siento incapaz de explicar por qué desde que
Una temporada en el infierno, su poemario más célebre, cayó en mis manos fui otro, aunque parezca una exageración. Porque hasta entonces, hasta que Rimbaud entró en mi vida, no sabía que era posible crear algo tan bello y lúcido a base de semejante torbellino de imágenes, proclamas y anhelos en apariencia febriles y demenciales.
Arthur Rimbaud logró enternecerme, fascinar mi sentido de la estética y hacerme sentir comprendido en el lado más incomprensible de mi persona cuando leí cosas como: "una noche senté a la Belleza sobre mis rodillas, y la encontré amarga, y la injurié", o "no se es serio a los diecisiete años", o "¿tuve alguna vez una juventud amable, heroica, fabulosa, como para ser escrita en páginas de oro?".
Fascinaciones personales aparte, he de decir que
Vida y hechos de Arthur Rimbaud constituye un documento excepcional para todo aquel que desee conocer la apasionante obra de un rebelde adelantado a su tiempo que, tal como indican unas palabras de Paul Verlaine en el lomo trasero del libro, "fue fiel a su deseo perfectamente formulado de independencia y a su absoluto desprecio por cualquier compromiso con todo aquello que no le gustara hacer o ser".
Aunque, si he de ser sincero, al leer esta obra también se puede llegar a odiar a ese guapo y soberbio chaval de diecisiete años que llegó a París desde su Charleville natal dispuesto a comerse el mundo después de recibir halagos sobre sus versos provenientes de personas tan autorizadas en la materia como el propio Verlaine, con el que mantuvo cierta relación epistolar que acabaría cuajando en lo que cuajó. Rimbaud pronto se introdujo en la bohemia parisina y se convirtió en uno de sus malditos preferidos, codeándose sin complejos con los grandes nombres de las letras francesas de la segunda mitad del siglo XIX.
Pero no nos distraigamos...Volvamos a lo que iba a decir: que es fácil que el lector coja ojeriza a Rimbe (como le llamaban cariñosamente sus íntimos) o A.R (¡no confundir con Ana Rosa Quintana!), cuando conozca detalles, de todo tipo, de cómo el adolescente invadió como un malévolo diablo el matrimonio de Paul Verlaine con la joven Mathilde Mauté, ambos padres de una criatura de corta edad. Lo hizo hechizando como hombre y como creador al poeta, y abusó sin límites de su hospitalidad y gentileza.
Las cartas y testimonios escritos que este libro recoge de la pobre y resignada Mathilde contando parte de los atrevimientos del caradura de Rimbaud, dejan claro el fatídico papel que el chico jugó en la vida del hasta entonces sereno matrimonio; un chico que, pese a su juventud, era una maligna influencia para Verlaine. Le llevaba sin esfuerzos por el mal camino (a saber: absenta, relaciones homosexuales, vida desordenada, deficiente higiene) y terminó por precipitarle a un abismo de desencanto y confusión que culminó con una pistola en la mano de un enajenado Verlaine y un balazo en la muñeca derecha de Rimbe, durante una acalorada discusión en Londres.
Pero como procuro hacer cuando escucho cosas poco bonitas sobre un escritor, actor o músico que admiro, para continuar amando a Rimbaud, he decidido separar al Creador del Hombre y centrarme en el primero. De lo contrario, apenas leería libros, no pisaría el cine, y quemaría el noventa por ciento de mis discos.
Personalmente, creo que lo más atractivo de este libro es que permite conocer la vida del Rimbaud de más de veinte años, es decir: del Rimbaud muerto ya como poeta.
Al final, les contaré a modo de chascarrillo, Rimbe dejó tranquilo a Verlaine y viajó por buena parte de Europa en busca de una ocupación decente hasta que finalmente recaló en Harar, Etiopía, donde dejó la pluma y se obsesionó con algo mucho más material y práctico: hacer dinero a base de negocios; a veces, de dudosa legalidad. Incluso, algunos años más tarde, llegó a confesar en una carta dirigida a su madre sus deseos de casarse y procrear. Pero la conocida relación que mantuvo con una joven abisinia no dejaría descendencia al que una vez había vivido un apasionado y tórrido romance con alguien de su mismo sexo.
Arthur Rimbaud vivió en África hasta que llegó su Horror: primero, la enfermedad; después, la amputación de su pierna, y finalmente, su dolorosa y costosa vuelta a Francia.
Siendo un treintañero, comenzó el descenso irremediable hacia la muerte, escalofriante trance que agotó siempre ayudado por sus abnegadas madre y hermana, testigos de cómo la cercanía de la Dama de la Guadaña puede transformar tanto a un hombre; prueba de ello, el testimonio de un cura que visitó a Rimbaud (el otrora rebelde, nihilista y ácido poeta) antes de morirse, que confesó que nunca había visto a un hombre con una fe religiosa tan apabullante.
Se dice que sus últimas palabras fueron una jaculatoria en árabe.
Y me gustaría seguir escribiendo y escribiendo sobre este hombre, pero creo que ya es hora de terminar. Sólo un par de cositas más:
-para los devotos de
Blade Runner: se dice que el monólogo final de Roy Batty se basa en "El barco ebrio", poema de Rimbaud. Yo, personalmente, estoy convencido de ello.
-increíblemente, Leonardo DiCaprio borda el papel de Rimbaud en una película que narra la relación de éste con Verlaine,
Vidas al límite.
Y que ya termino, "¡Oh, brujas, oh, miseria, oh, odio!"