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martes, 7 de marzo de 2023

Reseña + Entrevista: La estatua que tiembla, de Tamara Romero

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable y curiosa en tanto que experiencia literaria. Está bien como ficción

La estatua que tiembla me ha gustado. Y es que Tamara Romero ha escrito una novela tan absorbente como fascinante. Aun así, mentiría si dijera que es perfecta; creo que tiene un margen de mejora (o, más bien, de refinamiento) bastante amplio.

¿De qué trata? Una estudiante de Bellas Artes asiste a las reuniones de una casa abandonada. Allí se discute, los viernes por la noche, sobre el documental Francesca camina hacia el volcán.

Dicho documental introduce uno de los muchos misterios que la obra de Tamara baraja: el retiro al bosque de la cantante "folk" Francesca Apollonia. Además de a tan extraña ermitaña, en estas páginas encontraremos pájaros que se lanzan en picado contra las ventanas, sectarios que visten de blanco, una escultura que emite una vibración casi imperceptible y varias fábulas siniestras. 

Permitid que liste las virtudes de la ficción de Tamara:

  • Hibrida correctamente géneros y registros dispares.
  • Ofrece una original aproximación al "bildungsroman".
  • Enfoca adecuadamente temas sugerentes, como el de las amistades ambivalentes.
  • Integra, en un mundo realista, ideas la mar de extravagantes.
  • Erige atmósferas inquietantes.
  • Su prosa, aunque sencilla y en ocasiones algo plana, funciona.
  • La voz de la narradora es convincente.
  • Marie, Fedora y Francesca resultan fascinantes.

Asimismo, estos son los defectos que, a mi juicio, lastran al conjunto:

  • Tamara hace un énfasis desmesurado en ciertos detalles, como si temiera que el lector no fuera a recordarlos por su cuenta. Por ejemplo, que la narradora se obsesiona a rachas, o que los personajes quieren hallar respuestas para volver a la normalidad.
  • No todos los enigmas presentan el mismo nivel de sofisticación. De hecho, un puñado de ellos se antojan artificiosos, forzadamente interconectados o tramposos en su planteamiento y resolución.
  • Intenta ser un libro sobre el misterio (igual que el extraordinario Picnic en Hanging Rock), pero lamentablemente se queda en libro de misterio. 
  • Su clímax decepciona, pues es demasiado abierto y, en determinados apartados, acusa falta de planificación.

Puede que esta reseña os sugiera que La estatua que tiembla es una novela sumamente irregular. Y, pese a que algo de verdad hay en eso, la recomiendo, al menos a aquellos a quienes atraiga su premisa. Porque si bien empiezas a verle las costuras una vez terminada, su lectura supone una experiencia única y hechizante a la que yo, personalmente, estoy agradecido de haberme entregado.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Tamara ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Ya he catado varias cosillas tuyas: un relato compilado en Bienvenidos al bizarro, la "novelette" Los dedos de la bruja, la antología Objeto ancla y la obra que hoy he reseñado. Los dos primeros textos te los han editado, mientras que los dos últimos los has autopublicado. Por lo general, ¿prefieres alguna de las dos opciones?

T.R.: Actualmente prefiero la autopublicación. Me gusta escribir a mi ritmo y en general conservar los derechos sobre mis historias. Tampoco dedico mucho tiempo a la promoción ni me interesan especialmente las redes sociales. Solo escribo la historia que me gusta y la publico. Luego me olvido de ella y me pongo con la siguiente. Colaboro con editoriales cuando me proponen proyectos concretos o me encargan algo que suponga un reto, pero sigo la estela de lo que yo misma leo. Casi todos mis autores favoritos, los que leo actualmente, autopublican sus libros. Creo que es muy factible combinar ambas vías.

ULAD: ¿Vives de la escritura?

T.R.: Ahora mismo no. Para vivir exclusivamente de ello tendría que autopublicar mucho más a menudo, o bien escribir dentro de un género más comercial.

ULAD: ¿Qué consejos darías a quienes se quieran dedicar a este oficio, vocación, "hobby" o cómo quieras llamarlo?

T.R.: Centrarse en lo esencial (escribir y publicar), seguir aprendiendo siempre y no distraerse mucho con lo que rodea a la escritura (promoción, redes o en general lo que hagan otros). También entender que tener lectores suele llevar tiempo (años). Dicho esto, cada uno tiene su propio camino y no acostumbro a dar más consejos que estos. Los «consejos para escritores» también son una industria en sí misma.

ULAD: ¿Crees que existe un público objetivo para tu literatura? Aunque a mí me parece bastante variada, le veo una voz, un registro, un estilo y unos temas muy parecidos.

T.R.: Debe haberlo, no estoy segura. Escribo estas historias para mí misma y comparto la mayoría de ellas porque en los últimos años soy consciente de que hay bastante gente que las lee. Siempre me ha sorprendido que la mayoría de mis lectores sean hombres, pues mis protagonistas suelen ser mujeres poco convencionales. En realidad, lo que más me interesa es conformar un «cuerpo de obra», una colección de novelas y relatos que tengan sentido también en su conjunto. Es decir, que si alguien lee una historia, pueda encontrar otras similares que le gusten. Que una de mis historias le lleve a otra.

ULAD: ¿Te gusta que te encasillen dentro del bizarro? Personalmente, creo que es una etiqueta que no siempre se ajusta a tu producción, tan heterogénea como personal.

T.R.: La primera novela corta que escribí se publicó en una colección dedicada al bizarro. Pero de eso hace más de diez años. A partir de ahí creo que he transitado más hacia el terror. Yo lo llamo «terror tranquilo». Pero las etiquetas me cuestan, me incomodan un poco. Si son útiles para el lector o para un editor, adelante con ello, pero yo rara vez las uso para referirme a mis historias.

ULAD: Tienes una imaginación portentosa. Sin embargo, y ya que casi todo está inventado, ¿alguna vez has leído un libro y pensado: mierda, se parece mucho a esa idea que tuve el otro día?

T.R.: ¡Gracias! No me ha pasado, pero supongo que nadie es tan original. Las ideas y los temas ya están ahí; el estilo es lo personal e intransferible y el motivo por el que volvemos a leer a un escritor en concreto. Es la manera de usar esas ideas la que conforma un estilo, y la que crea lectores, así que eso no es algo que me preocupe mucho. 

ULAD: A quienes no te conozcan, ¿qué obra propia les recomiendas? Y a aquéllos a los que nos gusta tu rollo, ¿qué títulos de autores afines compartirías?

T.R.: Recomendaría las últimas, La estatua que tiembla o su hermana espiritual: Respiración de fuego. Objeto ancla si prefieres leer relatos. 

Con respecto a otros autores me cuesta hacer recomendaciones, pues leo mucho en inglés y no todo el mundo está por la labor. Me encanta Tanith Lee, que apenas está traducida al castellano. También Andersen Prunty, Jon Athan, C.V. Hunt, Jeff Strand o Amy Cross.

Recomiendo Las cosas han empeorado desde la última vez que hablamos de Eric LaRocca (Dilatando mentes) o algunas obras publicadas por La Biblioteca de Carfax, como Cero de Kathe Koja. En general me interesan mucho los autores que exploran tabús. Los que se arriesgan.

Respecto a autores nacionales, Colectivo Juan de Madre, con quien he colaborado en algunos proyectos, Pilar Pedraza (La fase del rubí es de mis novelas favoritas de siempre) o la última novela de Beatriz García Guirado, Los pies fríos. ¡Pero siempre ando buscando recomendaciones yo también!

ULAD: ¿Cómo definirías La estatua que tiembla?

T.R.: Es la historia de una secta que se forma en torno al visionado constante y compulsivo de un documental sobre una cantante que desapareció sin dejar rastro, y de cómo se abre el camino hasta llegar a ella. Me encantó escribirla. Y luego, en el fondo, habla sobre las amistades que dejamos en el camino. Las que un día, sin que pase nada concreto, se terminan y se quedan en el (buen) recuerdo.

ULAD: ¿Cómo urdiste esta novela? ¿La escribiste sobre la marcha o siguiendo un esquema planificado? ¿Qué referentes empleaste?

T.R.: Escribí la novela en verano de 2019, si no recuerdo mal, y la terminé bastante rápido. No sigo esquemas ni guiones para escribir, solo parto de una idea o de un personaje y a partir de ahí avanzo según me lleve la historia. Me fascinan las historias de gente que desaparece sin dejar rastro y dejan una estela incomprensible a su espalda; como la de Francesca, la cantante desaparecida que se convierte en un mito. Me gustan los artistas que no se exponen, sino que hacen lo contrario, se ocultan. Ese fue mi punto de partida. Y a partir de ahí añadí mis obsesiones recurrentes y habituales: sectas, ermitaños, "found footage" y, en general, hechos que no tienen ningún tipo de explicación lógica.


También de Tamara Romero en ULAD: Los dedos de la bruja, Objeto ancla, La momia y la niñera

lunes, 19 de diciembre de 2022

Lo mejor de 2022

Un año más nos obstinamos en ir contracorriente, en llegar de los últimos para desmentir a muchos de los medios cautivos de jamones, lotes de Navidad y transferencias a cuentas cifradas en paraísos fiscales. También aclaramos que estas son nuestras lecturas durante el año, y que si se nos cuela algún libro inencontrable de hace cuatro décadas, seamos o no conscientes de ello, no nos culpéis. Es el amor a la literatura, que nos ciega con sus fogonazos.

Dicho ello:

La lista de Juan

Año de muchas y buenas lecturas, aunque quizás pocas que hayan destacado del resto. Por eso, me vais a permitir que desgrane mis mejores lecturas a base de tríos...


La lista de Koldo

Curiosamente o no, pocas novedades de 2022 en mi lista de mejores lecturas del año:


La lista de Santi

Año de muy pocas lecturas, pero algunas que me han hecho disfrutar soberanamente:


La lista de Oriol


La lista de Marc

Un año irregular en cuanto a lecturas, que no contaría entre mis mejores. Mejor en ensayo que en ficción, en líneas generales. Aún así, hay libros y autores a destacar en todos los géneros:
Propósitos para el 2022: más poesía, (aún) más ensayo y más literatura infantil


La lista de Montuenga

Lo mejor

Lo peor


La lista de Carlos

Entre medio, algunas cosas que han quedado cerca de esta lista de destacados, y otras inevitablemente prescindibles, regulares o más o menos decepcionantes. Como siempre, vaya. Veremos lo que está por venir.


La lista de Nieves J.

Destaco dos novelas: Josefine y yo (intimista) de Hans Magnus Enzensberger y El tren de la última noche (género histórico) de Dacia Maraini

La lista de Francesc Bon

Confirmando que las situaciones personales afectan a las lecturas, no recuerdo año en que haya leído tan poco y peor. Así que mis referencias del año serán pocas y al ralentí:

Tostonazo, de Santiago Lorenzo, me confirmó en los términos que esperaba, más o menos, que sigue siendo, con su estilo naïf y pasota, de los pocos escritores locales capaces de definir una carrera. No me hagáis mencionar todos los que no, por favor.

Si digo que acusé la falta de munición de alto calibre en Aniquilación, igual soy un poco injusto, pero es que venimos de cotas muy altas (ejem, casi siempre) con Houellebecq. Sigue siendo un placer y un autor único, pero, a lo mejor, se nos está ablandando. Será como el del dicho. - ¿Cree Vd. en Dios? - Cuando estoy enfermo.

Demasiado terreno conocido: reseñar a Kapuscinski, Foster Wallace, Vila-Matas o Philip Roth (otra vez) es demasiado indicativo de que la cosa no ha ido como debía.

Como, a veces, la ficción se espesa en un cerebro algo angustiado, los ensayos o crónicas de corte investigador me han resultado (aunque acusé su extensión) muy útiles: El Imperio del Dolor o Solo la verdad obraban a distintos niveles su efecto: hay que controlar los poderes, manifiestos u ocultos, que nos rodean.
Y me han dicho que no tiene sentido comentar tanto abandono. Por este año, obedezco.



domingo, 16 de octubre de 2022

Beatriz García Guirado: Los pies fríos

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable

Los pies fríos, tercera novela de Beatriz García Guirado, es un eficaz "noir" ambientado en una América ilusoria. Su estructura fragmentada y su narración basada en el ensamblaje de diversas fuentes provocan que leerla cueste un poquito; aun así, el esfuerzo merece la pena.

A mi juicio, estos son sus apartados más conseguidos:

  • Los personajes. Todos aquellos a los que se da un mínimo enfoque tienen un nivel de caracterización bastante elevado. 
  • La autenticidad. Pese a que Beatriz es catalana, logra sumergirnos en su escenario, repleto de  pueblos desérticos y parques de caravanas.
  • La prosa. Tan cuidada como visceral, sólo le reprocharía que a veces peca de cierta pretenciosidad y emplea anglicismos (especialmente juramentos e intersecciones) que en inglés quedan bien, pero no en español. 
  • El ritmo. Uno nunca se aburre, pues cuando no hay sectas religiosas hay incendios, peleas en un bar o palizas callejeras. 
  • Sus pasajes conmovedores. Adecuadamente dosificados, ayudan a balancear un conjunto tirando a fatalista. 
  • Sus reflexiones. Gravitan en torno a la culpa, la responsabilidad y el "true crime".
  • Sus referencias. Evocan a las mejores obras del gótico sureño, del realismo sucio y del terror sobrenatural.

En fin: recomiendo Los pies fríos. Los únicos defectos que le he encontrado (por ejemplo, que algunas subtramas despiertan más interés que el meollo principal de la historia) son bastante discretos y para nada lastran el regusto global. 

También de Beatriz García Guirado en ULAD: El silencio de las sirenas

domingo, 28 de febrero de 2016

Beatriz García Guirado: El silencio de las sirenas

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: decepcionante

Esta reseña me ha tenido bloqueado unos días, la verdad. Ya sabéis que en este blog no solemos escribir muchas reseñas negativas, y menos cuando se trata de libros de escritores jóvenes, y no de seres como Coelho o Nicholas Sparks o, ejem, Murakami. Pero es que este libro, simplemente, no me ha gustado, y eso que lo compré con muchas ganas, porque reunía dos elementos que me suelen gustar: el género fantástico, y ser publicado por Salto de Página. Pero no, esta vez no, y después de pensármelo bastante he decidido que lo mejor era explicar por qué, para mí, no.

El planteamiento de la historia es atractivo: por motivos desconocidos, miles de ballenas aparecen varadas en las playas de todo el mundo; un buceador sueco llamado Oless Svalbard se sumerge en la zona, y durante una inmersión que dura algo más de lo debido, antes de desmayarse cree ver una sirena. A partir de entonces se dedicará a buscar evidencias de avistamientos semejantes, en un viaje que le lleva a encontrarse con una serie de personajes enloquecidos, y también con los fantasmas de su propio pasado: su mujer, muerta en un tsunami; una mujer con la que tuvo un hijo al que después abandonó (¿o no?)...

Sin embargo, la autora elige para el texto una estructura elusiva, que escapa de la narración lineal, y que se acerca más a los juegos de espejos pynchonianos de La subasta del lote 49: el narrador muta continuamente, manteniendo solo la primera persona del singular pero siendo al mismo tiempo el buceador / operador telefónico Oless (Ulises) Svalbard, y también Kevin Smith, marine de Missouri con un hijo abandonado en la Baja California... Y varias otras refracciones de una personalidad fragmentada y paranoica. Esta forma de narrar es ambiciosa, arriesgada sobre todo para una primera novela, y por eso me parece digna de elogio, aunque pueda hacer más trabajosa la lectura y pueda llegar a desanimar a algunos lectores.

¿Y por qué, entonces, no me ha gustado el libro? Pues por el estilo; eso que para muchos es el gran valor de El silencio de las sirenas, para mí es su gran fallo. Porque queriendo ser un estilo cuidado y poético, para mí falla el blanco y cae en lo exagerado, en lo pretencioso. Sin querer hacer sangre, sí creo necesario mencionar algunos ejemplos.

Un problema del estilo de la novela es la adjetivación excesiva, y no siempre original: un pecho es "prominente"; también una barriga es "prominente"; unas almorranas son dolorosas, de hecho son "dolorosas almorranas"... Lo mismo ocurre con las comparaciones y metáforas, algunas originales y bien escogidas, y otras innecesarias o tópicas ("Se marchó como las olas en retirada", "...los peces payaso, que siempre se me antojaron los vendedores a puerta fría de los mares..."). La elección léxica de palabras "elevadas" como "abstruso", "ignoto", "narcosis", personalmente (y sé que esto es una cuestión personal), me resulta desagradable. Lo que ya no es una cuestión personal es que determinadas palabras se empleen mal, y en esta novela el verbo "aducir" se utiliza al menos tres veces con el sentido de 'deducir' o 'suponer', que no es el correcto.

Otras veces, lo que ocurre es que el deseo de crear una frase memorable se vuelve en contra de su significado. Por ejemplo, creo que es equívoco decir que "Se observan cambios retráctiles en el ADN de las morenas": una pata o una cola pueden ser retráctiles; una modificación del ADN puede producir un miembro retráctil, pero decir que una modificación del ADN es retráctil es bastante confuso. Y la frase "Cuando la ciencia se hermana con la religión, alguien acaba ardiendo en la hoguera", simplemente me parece errónea: que yo recuerde, quien ha encendido las hogueras históricamente ha sido la religión contra la ciencia; de hecho, me cuesta recordar un caso en el que la ciencia y la religión se hayan aliado para quemar a nadie.

Es verdad que estos problemas (o lo que a mí me parecen problemas) de estilo se concentran en las cincuenta primeras páginas; quizás se corresponden con dos etapas diferentes de escritura, o a lo mejor es que yo me habitué al estilo a partir de esa página y dejé de verlas. Por otra parte, la novela tiene valores innegables, en cuanto a la contrucción narrativa y a una ambición simbólica (los mares, las sirenas, la maternidad/paternidad) que otros podrán desanudar mejor que yo. Es una pena que, en mi caso, el estilo me haya alejado tan enormemente del disfrute de la novela.


También de Beatriz García Guirado en ULAD: Los pies fríos