sábado, 31 de enero de 2015

Colaboración: La fragilidad de los cuerpos de Sergio Olguín

Idioma original: español.
Año de publicación: 2012.
Valoración: Recomendable para el público en general, muy recomendable para amantes del género.

Generalmente prefiero un mal libro a un buen programa de televisión, pero hace un par de años gracias a la caja boba supe de la existencia de Sergio Olguín, periodista argentino que presentaba en sociedad (literaria) su segunda novela, un policial que prometia. Dado lo casual de mi descubrimiento no pude saber como se llama el libro de marras y con los pocos datos que tenía de él decidí resolver el misterio para lograr mi objetivo: leer esa novela lo antes posible. No mucho tiempo después mis pesquisas dieron fruto y La fragilidad de los cuerpos llegaba a mí del modo menos pensado, de la mano de un bibliotecario más terco que yo, así que como todo detective que se precie, he aquí mi crónica.

Buenos Aires. Verónica Rosenthal lleva en su ADN el periodismo y cuando una noticia aparentemente insignificante como el suicidio de un maquinista de la línea Sarmiento y su enigmática carta se atraviesan en su camino, su olfato le dice que algo no está del todo dicho y propone a su jefa, la editora de Nuestro tiempo investigar la historia. Es así como esta treintañera de clase alta se involucra en un mundo marginal, violento, un mundo de hombres duros y peligrosos pero también de niños vulnerables y desprotegidos, porque el suicidio inicial va a conducirla a otras muertes; de cuerpos frágiles e inocentes. Su vida ya no será la misma luego de ese viaje nocturno en el ferrocarril y de ese beso arrebatado nacido de la más carnal de las pasiones y del terror que Verónica vivirá esa noche.

Lucio Valrossa, de tercer generación de maquinistas, casado y padre de dos hijos, será su fuente periodistica, el hilo que la conducirá a la salida de ese laberinto de vagones, porque las vías del tren la llevarán por los caminos de la muerte, lo clandestino, la locura y el amor; Lucio y Verónica sentirán una atracción avasallante y nada podrá impedir que se conviertan en amantes mientras deshacen los nudos de un negocio clandestino que goza jugando con la muerte, y se involucran en juegos sexuales donde el placer y el dolor van de la mano, afianzando y destruyendo una relación destinada a morir desde su nacimiento.

Los niños de la historía juegan un papel fundamental en la trama y sus necesidades económicas los llevan a poner en juego sus vidas, captados por un club de fútbol barrial que con intenciones non sanctas, los hace partícipes de un juego clandestino y macabro del que no todos saldrán ilesos. Afortunadamente para ellos aparecerá en las vidas de Dientes y el Peque "Superchica", que es como ellos llamarán cariñosamente a Verónica para rescatarlos de un futuro negro por su estado de indefensión y marginalidad.

Apuestas clandestinas, muertes de inocentes, marginalidad y complicidad de los poderosos, un hombre atormentado por la culpa y una mujer que solo quería contar una buena historia, tres niños que madurarán de golpe agradeciendo estar vivos, una historia de amor prohibido y oscuro le dan una vuelta de tuerca más que interesante a un policial que de por sí se deja leer de un tirón, imposible abandonar la lectura desde el principio, y agregan condimentos nuevos a un género tan clásico.

La fragilidad de los cuerpos es un planteo crudo y realista de un mundo que no conocemos pero que es muy probable que esté alli, ante los ojos de quien quiera verlo.

Firmado: Roxana Dorado

viernes, 30 de enero de 2015

Ramiro Pinilla: Los cuentos

Idioma original: español
Año de publicación: 2011 (1975 y 1977)
Valoración: recomendable

Al hablar de Verdes valles, colinas rojas decía que pocos autores (vascos o españoles) han conseguido crear un universo narrativo tan complejo, extenso y coherente como Ramiro Pinilla con su Getxo semificcional: un universo que tiene una mitología propia (con un mito de orígenes propio que se vincula con el presente), y un conjunto de personajes y anécdotas que constituyen una red de interreferencias entre las obras de Pinilla. Verdes valles es, en este sentido, la pieza central, el tronco en el que se insertan casi todas las demás ramas; en comparación, estos relatos son, si se me permite la comparación, com el Silmarilion de Pinilla: relatos más o menos extensos en los que se amplían algunos aspectos de este universo cerrado.

Conviene hacer una aclaración respecto a la fecha: aunque Los cuentos haya sido publicado por Tusquets, en volumen conjunto, en 2011, en realidad es la conjunción de dos libros de cuentos publicados por Pinilla en los años 70 (bastante antes de Verdes valles, por lo tanto): Recuerda, oh, recuerda (1975) y Primeras historias de la guerra interminable (1977). El primero consta de un conjunto de relatos que construyen la historia de Getxo, desde sus orígenes míticos (en la mitología propia del autor, claro) hasta la posguerra, con varios capítulos dedicados a la Edad Media. El segundo incluye cuentos referentes a la posguerra y el franquismo; llama la atención poderosamente la similitud del título con la de los "Episodios de una guerra interminable" de Almudena Grandes...

Lo que ambos libros tienen en común es que en ellos volvemos a encontrar a algunos de los personajes que aparecen en Verdes valles, y en otras novelas de Ramiro Pinilla: el maestro Manuel, los Altube, los Bascardo, los Baskardo de Sugarkea.... O incluso episodios enteros que después se repiten en otras novelas, como el ataque de las llamas traídas de América por un "indiano". Así, aunque estos relatos tienen entidad propia, serán sin duda mejor aprovechados y disfrutados por quien ya conozca a estos personajes y su mundo, ya que le ayudarán a completar algunos huecos dejados por las novelas del autor.

Hay un relato, sin embargo, que destaca en relación con el conjunto porque parece casi escrito por otra mano. Me refiero a "Euskera ez", un cuento en el que se representa la represión del euskera durante el franquismo a través de un ejemplo extremo. Breve, esquemático y trágico, no encontramos en él a los personajes propios del universo de Pinilla ni su espacio habitual; incluso el tono es más oscuro y más seco de lo habitual, sin asomo de ironía. Es, por ello, una excepción en el conjunto de la obra de Pinilla, lo que no sé si en sí mismo es bueno o malo...


jueves, 29 de enero de 2015

Günter Wallraff: Cabeza de turco

Idioma original: alemán
Título original: Ganz unten
Año de publicación: 1985
Traducción: Pablo Sorozábal
Valoración: muy recomendable

Ahí, tirado junto al contenedor, al lado de enciclopedias ilustradas de hace décadas, entre infumables novelas ganadoras o no de premios literarios orientados a vender como churros, junto a tochos de novela histórica a medida de bolsos de playa. Ahí, poderoso simbolismo, me encuentro el que fue número inaugural de la colección Crónicas de Anagrama. Una cuestión nada despreciable: elegir esta lectura para una colección que ha aportado maravillas como las de Ovejero o Carrión, o que ha incluido un buen número de obras de Kapuscinski.
Y puede ser que algunos ya hayan oído hablar de este Wallraff, señor que posa en la portada convenientemente aderezado con lo necesario para cambiar su semblante teutón hasta ese estereotipo: bigote, hirsuto pelo moreno, ojos oscuros, cara tiznada, casco de seguridad. Wallraff se llamará Alí, será, hace casi treinta años, un inmigrante turco en plena República Federal Alemana, la del Milagro Económico, la previa a la Caída del Muro, la de las mega-corporaciones industriales (vean el logo en su casco, logo que aún sobrevive). La que, pongámonos todo lo ibéricamente chulitos que queramos, ya nos ha invadido y nos gobierna sin pegar, esta vez, ni un solo tiro.
Lo que hace Wallraff es periodismo gonzo de denuncia, es plantar una semilla cuyos frutos aún hoy podrían ser visibles. Dónde empezó, si no, eso de camuflarse e infiltrarse para vivir en propia piel situaciones, para luego denunciarlas. Wallraff no tiene miedo aquí más que de ser descubierto y que eso dé al traste con sus planes. Trabaja en restaurantes de comida rápida, acepta toda clase de empleos precarios, mal pagados, en negro, en condiciones insalubres y sin el más mínimo derecho, a los que accede por una condición principal: creen que es un extranjero, un miserable inmigrante turco, y que hará lo que mejor les va a sus empleadores, trabajar mucho, por poco dinero, y sin rechistar. Todo el cúmulo de intermediarios desde su desempeño - tareas ingratas, horarios extenuantes, ausencia de documentos, riesgo para la salud - hasta el limbo inalcanzable de las grandes empresas -Thyssen, una de ellas, enough said- se dedica a lucrarse a costa de él y de miles como él. Sub-contratas que cobran y callan de empresas con problemas de mala solución que pagan y exigen silencio. Un periodista, en 1985, levantando testimonio en primera persona de ese trato vejatorio en todos los ámbitos (hilarantes las escenas en que acude a diversas iglesias para ser bautizado) que reciben las oleadas de inmigración que llegan a Europa (o dentro de Europa), una cuestión que, a ver si vamos a engañarnos, solamente ha cambiado en el perfil de sus protagonistas. Turcos esperando para limpiar tubería mugrientas de instalaciones industriales por cuatro cuartos o subsaharianos (toma palabro) esperando sobre una verja a que los señoritos acaben el último hoyo, para que llegue su oportunidad. Treinta años, casi, y de una actualidad que rabia. Bonito mundo, el nuestro.

También de Günter Wallraff en UnLibroAlDía:  El periodista indeseable

miércoles, 28 de enero de 2015

Colaboración: Temas de nuestro tiempo de Ernst H. Gombrich

Idioma original: inglés
Título original: Topics of our Times
Año de publicación: 2003
Valoración: Recomendable

Por lo que se ve, Gombrich –que confiesa responder al denostado tópico del erudito enclaustrado- agotó todo su ingenio en los ensayos que componen este volumen, y nada le quedó para pensar un título digno, que no pareciese un magazine de principios del XX. Pero mereció la pena, sin duda.

Que alguien empiece contando que su madre era pianista en Viena, que tocó con Schönberg y conocía personalmente a Bruckner y Mahler, es algo que casi nos hace levitar. Estas cosillas y muchas otras nos relata este intelectual de la historia y el arte en la ‘Nota autobiográfica’ que abre el libro, y sirve para situarnos ante un tipo cabal que conoce muy bien aquello de lo que nos va a hablar.

Aunque no todo es tan fácil. Quizá sea la falta de costumbre, pero los dos o tres primeros ensayos, que atacan temas como el relativismo cultural o la problemática de la enseñanza de las humanidades (bastante lejos, desde luego, de enfoques políticos maniqueos) o algunos aspectos de la historia de las ideas, se hacen bastante difíciles de digerir. Porque al autor, pese a sus largos años de actividad en ambiente británico, se le ve impregnado hasta los huesos de esa terrible inclinación germánica hacia lo abstracto, que nos pone las cosas muy cuesta arriba.

Sin embargo, superado este primer golpe, los trabajos posteriores se adentran en cuestiones más concretas y asequibles relacionadas con la historia del arte, y es aquí donde uno empieza realmente a disfrutar.

Sólo alguien que domina completamente la materia es capaz de seducirnos de esta manera con exposiciones sobre por ejemplo las relaciones (reales o supuestas) entre el cubismo y el neoplatonismo, o con un inesperado y emocionante recorrido histórico sobre el arte del dibujo, desde Leonardo hasta nuestros días. Igualmente interesante es el trabajo sobre Kokoschka (una de mis debilidades, reconozco) y las corrientes artísticas y culturales de Viena a principios del XX, o el original y exhaustivo examen de las relaciones entre la palabra y la imagen. Y como remate, el subyugante ensayo –el más subjetivo de todos- sobre la fotografía como arte, vía Cartier-Bresson.

A lo largo de toda la obra subyacen además algunas de las ideas-fuerza del maestro en torno al arte, singularmente, el énfasis en el artista como individualidad, en contraposición a su consideración como mero reflejo de una época o de una situación social.

Vale, un poquillo conservador parece el hombre, no sé si en lo político, pero sí cuando valora ciertos procesos creativos. Aunque, bien mirado, también se agradece alguna disonancia con el pensamiento rectilíneo.

En definitiva, una lectura vivificante por la que merece la pena el pequeño esfuerzo que requiere ponerse a la altura.

Firmado: Carlos Andia

martes, 27 de enero de 2015

Dave Eggers: El círculo

Idioma: inglés
Título original: The Circle
Año de publicación: 2013
Traducción: Javier Calvo
Valoración: recomendable (pero puede que el tiempo la convierta en imprescindible)

¿Ciencia ficción? ¿Cómo que ciencia ficción? Vamos, no jodamos. Pero si el Eggers que yo había leido yo hasta ahora, ese Zeitoun de conato de denuncia política era lo más alejado (si descontamos Waterworld) de la ciencia ficción que yo puedo concebir.
Y esa corporación que se nos presenta de inmediato, ¿Google? ¿Apple? ¿Microsoft? ¿El Santander en Boadilla? ¿Mango en Palau? ¿Amway? ¿Una mezcla de todas? Ya comprendo: la clásica novela distópica donde todo parece perfecto en una comunidad/empresa/sociedad hasta que, como en una película sobre un libro de Stephen King (no recuerdo cómo se llamaba), la gente se daba cuenta de que, bajo la apariencia de manzanas maravillosas, al morderlas solamente había gusanos y podredumbre.
Y Mae, protagonista, queda deslumbrada ante todo de lo que es capaz la empresa a la que su amiga Annie le ha ayudado a incorporarse. Gente joven, buen rollo, estética y pensamiento libre, entorno de máximo rendimiento. Nada a que poner pegas. Cualquier necesidad del empleado cubierta por El círculo con tal de que éste esté cómodo y eso desarrolle su mejor prestación profesional. Cincuenta páginas y, como lector bregado en esas tramas, uno piensa cuándo va a empezar a joderse todo. Cuándo vamos a descubrir el pastel.
Lo cual, aunque lógico y disculpable, puede que sea el pequeño gran pero de esta novela. Ya ha habido unos cuantos antes ahí, y ese esquema nos es familiar. La propia solapa ya nos habla de "comparaciones inevitables". Lo cual también nos advierte de que en El círculo el fondo puede que esté por encima de las formas. La narración de Eggers es vertiginosa, el libro se devora, sin floritura alguna, a toda velocidad como para dar esa sensación de intensidad que abruma y fascina a partes iguales a la protagonista, literalmente absorbida por la corporación a la que se ha integrado, rodeada de monitores, obligaciones laborales y sociales, sin un segundo de resquicio a nada que no sea productivo, post-productivo o para-productivo. El círculo es la antítesis del dolce far niente. Todos podemos imaginar perfectamente lo que es eso, ni siquiera imaginarlo sino hasta describir muchas situaciones reales. O no hemos tildado de anacoreta, ermitaño o rarito al conocido que haya renunciado a las redes sociales o a la presencia en Internet. Mae Holland puede parecernos una caricatura, fagocitada por un mortífero cóctel de trabajo, ideas, pantallas, exposición, sobreexposición, información y retroalimentación de esta información, nubes, encuestas, estadísticas, ránkings, formularios, y toda clase de experiencias agotadoras, tanto físicas como virtuales.
Eggers narra de primera, y sabe distribuir y dosificar los golpes de efecto, aunque El círculo se beneficiaría de un recorte de páginas que la dejase en lo que sería una idónea novela de cyber-suspense con coartada a medio camino entre la reivindicación del individualismo y la denuncia del monopolio encubierto al que parecemos estar encaminándonos. También despejaría la utilidad de algunos personajes, y quizás todos saldríamos ganando, pues ciertos remansos generan impaciencia por conocer su desenlace.
Si la novela de Eggers es capaz de trascender su condición de acto literario de ficción y pasa a ser una referencia adicional a todas las que muchos tenéis en mente, si el tiempo le hace ese regalo, no lo sé, realmente es temprano. Como entretenimiento y puesta en escena, a Eggers aún le falta algo que no soy capaz de definir, pero que tiene algo que ver con un concepto más elevado de la osadía. Pues la visión crítica de esa sociedad, perfectamente empaquetada, carece de un complemento idóneo, como sería el planteamiento de una alternativa o, ya que el autor se ha metido en harina (pues el propio Eggers es muy activo en la web), una pose más belicosa. Más de cuatrocientas páginas hubieran dado para ello.

De Dave Eggers en UnLibroAlDía: ZeitounUn holograma para el rey

lunes, 26 de enero de 2015

Juan Carlos Márquez: Los últimos

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable para el público en general, muy recomendable para amantes del género.

Qué cabrón, Juan Carlos Márquez: ha escrito un libro que me habría gustado escribir a mí. Ya he dicho otras veces que el género post-apocalíptico me gusta, e incluso le dediqué una entrada monotemática hace unos años; pero es que además la forma de contar la historia (fragmentaria, elíptica, sintética) es probablemente la que yo habría elegido si algún día me hubiera puesto a escribir un libro de este género.

En realidad, Los últimos es al mismo tiempo una novela post-apocalíptica -en su primera parte- y una novela de ciencia-ficción espacial algo más clásica -en la segunda-, y por lo tanto sus referentes pueden buscarse en estos dos géneros: en las historias de "último hombre sobre la tierra", en particular aquellas que incluyen vampiros-zombis-infectados (por ejemplo, Soy leyenda y sus numerosas adaptaciones cinematográficas o 28 días después y sus secuelas), pero también las novelas y películas de exploración espacial, en particular las Crónicas marcianas de Bradbury. Es difícil decir si la relación que establece Márquez con estos textos es de homenaje o parodia en algunos casos, pero sea como sea el lector podrá reconocer muchos de sus tópicos fácilmente.

El argumento puede deducirse del género: un misterioso resplandor (como si fuera una bomba atómica de alcance planetario) mata a la práctica totalidad de la especie humana, y del resto de las especies, de hecho. Los pocos supervivientes intentan organizarse y sobrevivir con la ayuda de las autoridades, pero pronto deben enfrentarse a un nuevo enemigo además de la contaminación y la falta de comida y agua: la transformación de algunos de sus semejantes en bestias, seres de músculos hipertrofiados, uñas afiladas y mente de animal carnívoro. Un pequeño grupo, los protagonistas, consiguen escapar de su ciudad y llegar a Cabo Cañaveral (vía Disney World) para emprender un viaje de huida hasta Marte, donde transcurre la segunda parte de la novela.

Pero lo que distingue a esta novela no es su argumento (que es muy semejante, como se ve, al de muchas otras obras post-apocalípticas recientes) sino su técnica narrativa: la novela está compuesta por fragmentos breves, de una a tres páginas cada uno. A veces entre un fragmento y otro hay saltos temporales importantes; a veces un fragmento termina con un cliffhanger que no se resuelve inmediatamente en el siguiente; otras veces un fragmento comienza con una información que se da por supuesta pero que el lector no ha recibido hasta entonces.

El resultado es una novela muy ágil, de lectura rapidísima (una tarde o noche llega), y un lector que por una parte acepte llenar los abundantes huecos que deja el texto, y que por otra parte acepte también algunos giros algo más inverosímiles de la trama, como la facilidad con la que realizan el viaje a Marte y con que se adaptan a la vida en un nuevo planeta, o la rapidez con la que el ejército desarrolla y distribuye tuneladoras, bombas de oxígeno y pastillas de vitaminas para la población en medio del caos.

La mayor pega que le pongo al libro es su final, bastante abrupto y bastante poco conclusivo. Da la impresión (también al final de la primera parte) de que el autor, llegado un punto, dijo: "hasta aquí", no porque se hubieran acabado las posibilidades del material sino porque, bueno, porque le dio la gana. Como lector, me quedan muchas preguntas y también ganas de ver desarrollados en unos cuantos fragmentos más los conflictos que se han ido creando en las páginas anteriores.

Pero en fin, la novela que tenemos es la que tenemos, y, sí, me habría gustado poder escribirla yo.

También de Juan Carlos Márquez en ULAD: TangramLos maletines

domingo, 25 de enero de 2015

Nicholas Pileggi: Casino

Idioma original: inglés
Título original: Casino. Love and Honor in Las Vegas
Año de publicación: 1995
Traductores: Carme Geronés y Carlos Urritz
Valoración: recomendable


El escritor italo-americano Nicholas Pileggi es el autor de dos libros en los que se basó otro ilustre italo-americano, Martin Scorsese, para realizar dos de sus mejores películas. Una de ellos es The Wiseguys, sobre la vida del gángster Henry Hill, que dio lugar a la película Uno de los nuestros (en castellano). La otra es este Casino, en la que está basada la película del mismo título, aunque en este caso -y a diferencia del anterior- se cambiaron los nombres de los personajes reales que aparecen en el libro (supongo que por motivos legales). Así, Frank Rosenthal se convirtió en Sam Rothstein; su esposa Geri, en Ginger; el mafioso Tony Spilotro en Nicky Santoro, o el director Glick en Green, etc... (por lo demás, la película resulta bastante fiel al libro).

La historia, pues, es ya bastante conocida: estamos en Las Vegas -paradigma de la cultura postmoderna- en los años 70. La Mafia de Chicago (el célebre Outfit) y el medio Oeste se ha hecho con el control de varios casinos, inyectándoles el dinero del sindicato de transporte, que ellos controlan. Al frente -no de forma oficial, claro- del famoso Stardust colocan al jugador profesional "El Zurdo" Rosenthal, para que incremente sus ganancias (ganancias que luego, en buena parte, la propia Mafia sustrae para evitar al fisco y a los dueños nominales del casino). Y para "proteger", en principio, las actividades de Rosenthal, envían a Las Vegas a uno de sus hombres, el imprevisible y sanguinario Tony Spilotro. El lío está servido; Spilotro, lejos de cumplir estrictamente las órdenes de sus jefes, comienza a desarrollar sus propias actividades delictivas, por su cuenta, formando para ello una banda de extorsionadores, atracadores y asesinos. Con lo que se convierte más en un problema añadido -y gordo, dado cómo se acostumbraban a dirimir las diferencias de opinión en esos ambientes- para Rosenthal. Por si fuera poco, la hermosa mujer de éste, Geri -una antigua "buscavidas"- acaba liándose con Spilotro (dejando aparte que la propia esposa del mafioso, Nancy, también es guapa y de armas tomar). Aderecemos el plato con una buena dosis de crímenes, problemas legales y financieros, drogas, pistolas y sexo... El resultado es como contemplar el avance de una llama por una mecha que llega hasta un polvorín: es evidente lo que va a pasar y los propios protagonistas lo sabían. Pero nadie, por lo visto, podía dejar de mirar esa mecha... y soplar para avivar el fuego, cuando parecía que iba a apagarse.

El libro (novela-reportaje habría que llamarlo) está espléndidamente escrito, a base, en buena medida, de entrevistas con los propios personajes. Los que sobrevivieron a aquellos años, obviamente, porque más de uno acabó criando malvas o, en este caso, maíz... Constituye, además de un documentado muestrario de los métodos del hampa -algo que siempre resulta entretenido-, una fascinante crónica de la inmolación, del impulso centrífugo destructor que parece inherente al ser humano, allá donde se encuentre y cualesquiera que sean las condiciones en las que se desenvuelve, que ya pueden representar la plasmación de sus -de nuestras- vidas soñadas. Porque eso no las eximirá de acabar pulverizadas entre nuestras manos; Adán y Eva no mordieron la manzana por curiosidad o por desobediencia a su Creador, sino porque algo en su interior les impulsaba a destruir el Edén en el que estaban encerrados. Y lo mismo hicieron los protagonistas de Casino (aunque, en este caso, se tratase del Edén de lo gángsters, claro ). Como concluye Frank Cullotta, el secuaz de Tony Spilotro:

                  "Todo tenía que ir como una seda. Cada cosa estaba en su lugar.
                  Teníamos el Paraíso en la Tierra pero lo mandamos todo al infierno".

Casino es el Génesis, versión Las Vegas.



sábado, 24 de enero de 2015

Paco Roca: Los surcos del azar

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: Muy recomendable

Con algo de preocupación, me he dado cuenta de que en los últimos meses he reseñado en este benemérito blog varios libros pertenecientes a lo que hemos dado en llamar "literatura bélica". He escrito "preocupación" porque tal vez haya alguien que me pueda atribuir, a raíz de tal circunstancia, una ánimo militarista o belicista, y, desde luego, nada más lejos de mi intención (de hecho, creo que es algo que he dejado claro en las propias reseñas de las que hablo).

Ahora bien, como suele decirse, la falta de contradicciones es dogmatismo y yo, después de todo, fui un niño criado viendo en la tele los grandes clásicos del cine de guerra y jugando a las batallas con unos diminutos soldaditos que vendían en sobres, en los kioscos de mi infancia (tranquilos todos: el momento Yo también fui a EGB acaba aquí). Así que ruego que me perdonen mi particular momento "artúrico" (por Pérez-Reverte, no por el rey de la Tabla Redonda) y me permitan contarles que, en mi imaginario particular, yo también tengo unos héroes a los que admiro. Y no son otros que aquellos republicanos españoles que, después de haber estado combatiendo durante tres años contra el fascismo/franquismo en la guerra de España y tras pasar, en muchos casos por los campos de trabajo franceses -quien dice "trabajo", dice "concentración"-, acabaron combatiendo contra el Eje y liberando al resto de Europa del fascismo/nazismo. Aunque luego no pudieron -ni les dejaron- hacer lo mismo con su propio país.

Muchos lo hicieron encuadrados en el maquis y la Resistencia francesa, liberando departamentos enteros y ciudades de cierta importancia. Otros, alistados en los ejércitos soviético -comunistas- o norteamericano -no pocos nacionalistas vascos, por ejemplo-...  y sin olvidar nunca a los asesinados en los campos de exterminio nazis, por supuesto.  Pero en un lugar de honor de mi "mitomanía" personal están los que lucharon encuadrados en la división del general Leclerc, en la compañía del capitán Dronne, conocida como "la Nueve" y compuesta casi en su totalidad por estos republicanos españoles (donde había comunistas, socialistas y anarquistas): después de pegar tiros por el Norte de África y Normandía, fueron los primeros en entrar en el París liberado. E incluso, más tarde, en llegar al llamado "nido del Águila" de Hitler en Berchtesgaden.

En recuerdo de estos combatientes, el magnífico autor de cómics valenciano Paco Roca ha escrito y dibujado este Los surcos del azar (título tomado de un hermoso verso de Antonio Machado, a quien también se homenajea en esta historia. He puesto "autor de cómics" porque no estoy muy ducho en la reseña de este género (de hecho, me he metido en el territorio de mi compañera Izas, aquien pido disculpas desde aquí) y no sé qué parámetros hay que tener en cuenta para poder hablar de "novela gráfica", como se dice últimamente. En todo caso, creo que si algún cómic merece considerarse como tal, sin duda es éste. A destacar en el aspecto gráfico, en mi opinión, aparte del hermoso trazo abocetado de Roca, el montaje -en la mejor tradición de la narración visual- de las escenas de acción, a veces utilizando el recurso a la elipsis pero sin perder efectividad por ello; muy al contrario...

Por lo demás, el argumento que sostiene la historia no parece demasiado original: un guionista valenciano llamado Paco -qué cosas- localiza en una pequeña ciudad francesa a un antiguo combatiente de "la Nueve", un anciano bastante huraño que, sin embargo , acaba por relatarle sus recuerdos de la guerra... Sí, lo sé: yo también he leído Soldados de Salamina. Y, por suerte, Paco Roca nos ahorra todo el rollo autoficcional (aparte del personaje del guionista, claro) y tampoco se dedica a elaborar una mixtificación de una figura histórico-literaria controvertida... En esta novela gráfica, de todas formas, aparte del protagonista Miguel, del anarquista Fábregas o de la "camarada" Estrella, también se retrata a personajes reales, como los generales De Gaulle y Leclerc, el capitán Dronne o el burrianero Amado Granell, el primer soldado aliado que llegó al Hôtel de Ville parisino.

Pero que nadie piense que nos hayamos ante una suerte de "hagiografía republicana" o una apología del combatiente virtuoso: Roca no se amilana a la hora de tocar temas espinosos -también en los ejércitos aliados- como son el racismo, las tensiones ideológicas o incluso las ejecuciones, en pleno combate, de prisioneros enemigos... Cierto es que estos aspectos no suponen el aspecto primordial de la novela, pero ahí están y yo le aplaudo por ello.

En suma, una novela gráfica magnífica de uno de los mejores dibujantes de la actualidad. Y una obra que rescata, al menos para el gran público, una parte de lo que no deja de ser nuestra propia historia y que merece la pena conocer y recordar.

También de Paco Roca en ULAD: El invierno del dibujante

viernes, 23 de enero de 2015

Juan Carlos Méndez Guédez: Los maletines

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: está bien

Es sorprendente lo poco que conocemos de literatura venezolana. Sin ir más lejos, en este blog, que ya se acerca a sus seis años de reseñas diarias, solo un libro de un autor venezolano: Las lanzas coloradas de Arturo Uslar Pietri (que, por cierto, es un novelón). Después de eso, nada. Si comparamos con sus vecinos colombianos, muy bien representados -y no solo por García Márquez-, la cosa resulta doblemente llamativa.

Esta novela viene a paliar mínimamente esta desigualdad, porque es la obra de un escritor venezolano, y también porque se propone, sin dar demasiados nombres propios, describir el ambiente de corrupción, violencia y clientelismo político de la Venezuela chavista, adoptando para ello el ropaje del thriller de espías con un toque internacional.

El protagonista de la novela es Donizzetti, un hombre de nombre singular, divorciado, padre de un hijo y padrastro de una hija, que finge trabajar en una agencia de noticias pero que realmente se dedica a sacar de Venezuela maletines llenos de no se sabe qué, hacia diversos destinos internacionales. Cuando en una de sus misiones las cosas no salen como deberían, a Donizzetti empiezan a acosarlo desde todos los ángulos, y deberá encontrar la forma de huir, aunque sea hacia delante.

Probablemente lo más conseguido de la novela sea el trasfondo histórico venezolano: un sistema que premia la lealtad al régimen y la sumisión absoluta, pero que no tiene problemas en usar toda la violencia disponible cuando las cosas se tuercen. Algunos episodios históricos, como el asesinato con una bomba del fiscal Danilo Anderson, traslucen en la trama aunque sin convertirse nunca en el centro. El retrato de la Venezuela del siglo XXI es por lo tanto el de un país empobrecido, violento, en el que los posibles ideales políticos que llevaron a la revolución bolivariana han dado paso a los intereses particulares y de la casta militar.

El problema, como lector (e independientemente de la postura de cada uno sobre el chavismo) es que el ropaje de thriller en que se viste la novela no termina de atrapar. No le falta ritmo, evidentemente, pero es demasiado detallado y demasiado confuso por momentos, y le haría falta un personaje carismático con el que el lector pudiera realmente simpatizar. Ni Donizzetti (a medio camino entre el perdedor y el héroe épico) ni su amigo Manuel (antiguo amigo gay que decide ayudarle en su intento de huida hacia delante) son lo bastante atractivos, y a pesar de algunos episodios emocionantes, la novela se hace excesivamente larga.

Un recurso que el autor usa con inteligencia, pero que podía haberse desarrollado más, es equiparar la estructura del texto con la de la famosa pelea "Rumble in the Jungle", en la que Ali derrotó a Foreman. Esta es una buena idea, pero aparece relativamente tarde en el texto y nunca llega a alcanzar un desarrollo más amplio.

También de Juan Carlos Márquez en ULAD: Los últimosTangram

jueves, 22 de enero de 2015

H. P. Lovecraft: El caso de Charles Dexter Ward

Idioma: inglés
Título original: The case of Charles Dexter Ward
Año de publicación: 1927
Traducción: Miguel Temprano García
Valoración: recomendable

Hace muchos años, me dediqué a reunir una extensa colección de libros de Lovecraft. Importante: ya sabemos que a veces reunir es diferente que leer. No contento con ello, y por esa especie de extendida obsesión que nos da a algunos por indagar hacia adelante y hacia atrás aquello que nos fascina, añadí a mis adquisiciones algunos de los libros de los autores como August Derleth o Arthur Machen. La cosa remitió y, normal cuando uno se aleja del centro del círculo en que se suscitó el interés, la obsesión se desvaneció y, a estas alturas, dudo que vuelva.
Lo curioso fue lo que lo disparó todo: la mención a los mitos de Cthulhu en el título de la cara B de un single (Groenlandia) de los Zombies, entrañable combo raro-pop de la movida capitaneado por el desaparecido Bernardo Bonezzi. Ya ha llovido.
Si la influencia de Lovecraft calara de nuevo en mí, puede que ahora mirara intrigado si mi apellido y el de Bonezzi no manifiestan algún vínculo enterrado en la noche de los tiempos. Diría esta frase y soltaría una carcajada de esas que hacen estremecer a los vecinos hasta el espinazo y me pondría a mezclar productos químicos (orgánicos o no) hasta conseguir una pócima inmunda y pestilente que aseguraría la presencia de los bomberos ante las puertas de mi piso en no menos de treinta minutos.
Perdonadme: pero leer a Lovecraft tiene eso, ese punto de fascinación, pero, perdonarán los incondicionales, ese otro punto de tierna admiración por la pátina de ingenuidad que desprenden hoy sus obras. No puedo especular si también cuando se publicaron. Admirado por personajes tan diametralmente opuestos como Michel Houellebecq, Stephen King o Roberto Bolaño, e indudable poderosa influencia en la narrativa reciente de terror (La casa de hojas es un escandaloso ejemplo), Lovecraft consiguió eso tan meritorio y recurrente de la creación de un universo propio.
Y El caso de Charles Dexter Ward es un ejemplo paradigmático. Están muchos de los resortes de ese universo: personajes oscuros, misteriosos, esquivos, seres también misteriosos de especies no identificables. Cementerios, experimentos, ruidos, tenebrosas cavidades en las que nada bueno puede ser encontrado. Una historia, la de Dexter Ward, de un joven que, fascinado por el misterio que rodea la omisión de un antepasado en sus círculos familiares,y que abandona sus estudios para ir tras las huellas de esa omisión, descubriendo que un ocultista, Joseph  Curwen, formaba parte de sus ancestros, y que su trayectoria vital está repleta de circunstancias y hechos inexplicables. Relacionados con desapariciones de personas, con ritos e invocaciones por medio de pregarias del Necronomicón, con oscuras casas de las que surgen gritos, luces y olores que horrorizan a quienes los perciben. En la búsqueda de esas raíces, enloquece. Y lo dejo ahí. En Lovecraft, el camino (ese perfecto desarrollo de la investigación, ese dejar siempre al lector pendiente de qué o quién es lo que horroriza y enloquece y transforma a quién se cruza en su camino) es importante. Pero también el desenlace. Un desenlace, lo siento, incondicionales, que decepciona, un poquito, por su simpleza y obviedad. Como una especie de duelo en el OK Corral. 
Traducción brillante, dado el elevado nivel literario del texto, siempre tenso, contenido y elegante.

También de H. P. Lovecraft en ULAD: Dagón y otros cuentos macabros"Aire frío" y "Celefais",  "La dulce Ermengarde o el corazón de una campesina"Los mitos de Cthulhu

miércoles, 21 de enero de 2015

Pedro Ugarte: El país del dinero

Idioma: castellano
Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable

El escritor bilbaíno Pedro Ugarte ha ido construyendo una sólida carrera literaria cimentada en una serie de novelas y, sobre todo, en el relato corto, formato que ha cultivado con singular fortuna. Y además, lo que me parece especialmente meritorio: lo ha hecho sin recurrir -al menos de forma evidente- a lo que conocemos como "literatura de género", que tan socorrida resulta para muchos escritores (me refiero a la novela negra, el género fantástico o el histórico...). Las historias de Ugarte, en cambio, se suelen ambientar en el tiempo presente y en una ciudad fácilmente reconocible como su Bilbao natal. Y suelen dedicarse a retratar y a veces desenredar, la madeja viscosa que sirve para tejer las relaciones personales, las familiares o las interclasistas, cuyos nudos y tortuosidades oscilan entre lo brutal y lo leve; lo obvio y lo tan sutil que resultan en ocasiones inapreciables para los propios individuos envueltos en la maraña.

Así es el escenario en el que se desarrolla ésta su hasta ahora última novela, el mismo que pueden reconocer los lectores de otras obras anteriores de Ugarte, como Los cuerpos de las nadadoras o Pactos secretos. Sin embargo, la historia que nos cuenta El país del dinero no sólo transcurre en una ciudad vasca dividida en dos -y no sólo geográficamente- por una ría que llega hasta el mar. También, y sobre todo, se desarrolla en el país que menciona el título y que se superpone a todos los demás: aquél por el que el dinero no sólo campa a sus anchas, sino que constituye la medida de todas las cosas, la savia vital de todo organismo, el lubricante universal y, ante todo, lo que determina la valía de un individuo o su clan en la urdimbre social que les rodea. El dinero como sustituto -y  tenor de una metáfora- de la patria, la religión , de la identidad... de cualquier valor o principio que parezca trascender a los demás,

Es el país al que aspira pertenecer Jorge, el protagonista y narrador de la historia: el último vástago de una familia de posibles venida a menos, que se ha criado junto a los cachorros de la oligarquía local, pero sabedor de que no disfruta de los privilegios -en algún momento, diríase que superpoderes- que otorga el dinero. Sólo consigue emprender el asalto a ese esplendoroso país merced a la ya casi lejana burbuja inmobiliaria (de la que se hace un retrato exacto y descarnado, con todos sus pormenores, pasteleos y corruptelas), junto a su amigo Simón, éste sí que super-pijo invulnerable y fatuo como él solo... El trío de personajes principales los completa Sharon, la hermosa e inaccesible hija de un barrio obrero que trata de huir de su entorno escalando el desnivel económico y social. Precisamente esta circunstancia y el que Jorge sea, hasta cierto punto, un desclasado, le permiten a Ugarte atribuirle una serie de observaciones, casi costumbristas pero también analíticas, sobre las diferentes clases sociales, sus entramados e interrelaciones, etc... observaciones que sustentan y enriquecen en buena medida  todo el transcurso de la novela.

(De todos modos, que nadie se llame a engaño y espere encontrar en esta novela un panfleto "perroflaútico-marxista-bolivariano"... o algo similar, por más que algunas reflexiones del protagonista podrían parecerlo. Sospecho que no eran ésas las intenciones del autor).

Ese "país del dinero", en cualquier caso, se nos presenta poblado por habitantes que guardan algún tipo de deformidad, no física pero sí moral... unos monstruos incapaces de empatizar con sus semejantes, a los que sólo consideran cuando están mediatizados por las relaciones económicas (casi feudo-vasalláticas, en algún caso) que se establecen entre ellos. Simón López de Chávarri aparece como un tipo absolutamente insoportable, desde cualquier punto de vista -incluso el suyo propio- y Sharon, como la enésima encarnación de la mujer fatal, gélida y manipuladora... (el único personaje, aunque no principal, que, pese a todo, parece conservar algo de su humanidad es Nuestro Hombre, el corrupto alcalde de una localidad de la Margen izquierda). Aunque quizás el más monstruoso de todos sea el propio narrador, Jorge, tan obsesionado por pertenecer al país del dinero y dominar las dinámicas que se establecen en él que es incapaz de reconocer en los defectos de sus acompañantes los signos inequívocos de la debilidad y el sufrimiento. Tal es su ceguera que quizás -sólo quizás- su curación únicamente pueda lograrse a través del amor y de la renuncia a su incapacitante egocentrismo.

Vaya, pensándolo bien, creo que el tema del que trata esta novela no es el dinero: es la redención.

También de Pedro Ugarte en ULAD: Nuestra historia

martes, 20 de enero de 2015

Colaboración: El paralelo 42 de John Dos Passos

Idioma original: inglés
Título original: The 42nd Parallel
Año de publicación: 1930
Valoración: Muy recomendable

Fainy, un irlandés al que todos llaman Mac, se busca la vida como puede mientras sueña con la revolución que no llega. John W. Moorehouse encuentra el camino del éxito después de un extraño matrimonio de conveniencia. Eleanor conoce a Eveline, con quien compartirá el descubrimiento de un mundo diferente…

La América de principios de siglo XX es una escenario que rápidamente nos resulta familiar, porque el cine yankee nos ha dejado numerosas obras, algunas excelentes, ambientadas en ese entorno. Vidas hechas a sí mismas, espíritus aventureros a la fuerza en busca de la subsistencia, mucho de desarraigo, de sueños más o menos abstractos en una sociedad individualista, áspera y todavía amorfa.

Todo ese ambiente lo materializa el autor de Manhattan Transfer en el primero de los volúmenes de la trilogía USA, con la objetividad del cronista que trenza relatos sencillos, discursos independientes que se suceden guiados por un mismo e invisible hilo conductor. Y, en la voluntad explícita de retratar una época, la narración se salpica de condimentos externos, titulares de periódicos, noticias a veces irrelevantes, pequeñas historias que no trascienden lo doméstico, simples canturreos o flashes cinematográficos. Pinceladas dispersas que, gracias a un montaje inteligente y a la perspectiva que se va adquiriendo página a página, van conformando la panorámica que constituye realmente el objeto de la obra.

En definitiva, esta técnica del collage que Dos Passos maneja como pocos deja un mosaico espléndidamente ensamblado, formado por pequeñas historias narradas con sobriedad y fluidez, que a cambio sólo exige un mínimo esfuerzo de continuidad para no perder el hilo. Pero, aun si se fracasa en la tarea, poco importa, porque las situaciones, las historias y hasta los mismos personajes no son más que elementos de un gran lienzo en el que el conjunto impera sobre el detalle.



Firmado: Carlos Andia

lunes, 19 de enero de 2015

Don DeLillo: Ruido de fondo

Idioma original: inglés
Título original: White noise
Año de publicación: 1985
Traducción: Gian Castelli
Valoración: imprescindible

Mi experiencia previa con DeLillo no hacía presagiar nada bueno. Dos intentonas fallidas, una con El hombre del salto (unánimemente calificada como un gran fracaso en su intento de aproximación al 11-S) y la otra con Body art, que hizo que me preguntara que a mí qué coño me importaba la vida de dos ancianos). En ninguna de ellas superé las 60 páginas.
Y, claro, Cosmópolis, que reseñé aquí y que me pareció un tostón de enormes dimensiones, incluso para lo corto de su extensión.
Entonces, ahora voy y califico Ruido de fondo como imprescindible. Pero es que parece escrita por otro tipo. De verdad. Todo lo que era cargante y ampuloso en Cosmópolis aquí resulta preciso, suntuoso en su desarrollo, como si cada detalle que parece superfluo se convierta en necesario una vez incorporado a la lectura. Todo ayuda, desde la estructura en cortos capítulos que se van disponiendo como piezas de un juego de construcción (NO como un puzzle) hasta los hábiles contrapuntos que permiten esa visión conjunta. Visión conjunta que se proyecta a gran escala: la de los Estados Unidos de la gente madura que ha pasado por unos cuantos matrimonios y que tiene hijos de algunos de ellos, la de profesionales de la enseñanza, la de adolescentes o jóvenes con desorientación perenne, en fin, si somos un poquitín maliciosos, la descrita en novelas de Franzen o de Foster Wallace... quince años después. Sí. DeLillo lo hizo primero, y sin la necesidad de un recurso de que sí dispusieron ellos más tarde, como la cuestión de la sociedad de la información. Así, lo que podía contarse en 1985 sobre un profesor universitario especialista en la figura de Adolf Hitler no podía contar con la coartada de un planeta unido por cables de banda ancha. El profesor se llama Jack Gladney, y su esposa Babette. Los dos se profesan una sinceridad muy incómoda. Los dos están muy pendientes de cómo las nieves del tiempo hacen más que platear sus sienes. Y entregados a la logística de su dispersa y numerosa prole en una pequeña ciudad universitaria, por si esto no fuera complicado, va y se presenta una nube tóxica, de un gas extraño, proveniente de una fuga provocada en un accidente. Que les obliga a evacuar su hogar hasta su dispersión, pero que contamina a Jack, hecho que acaba dando paso a Dylarama, extraña tercera parte que concluye la novela entre situaciones que van de lo grotesco (el amigo de uno de los hijos, encabezonado en batir un futil récord que involucra una jaula y serpientes) a lo trágico (no me hagáis incurrir en spoiler). 
Pues no: no compenso como un árbitro, al que han informado en el descanso de que el penalty que pitó en la primera parte fue un piscinazo. Ruido de fondo (por cierto, no sé porque su título no es Ruido blanco en su traducción al castellano) es una novela ejemplar por su efecto osmótico sobre el lector. No solamente por lo impoluto de su estilo, donde todo está en su sitio exacto. Esa sociedad que DeLillo retrata, conforme y hasta complacida con el acoso de la oferta comercial, tan conforme y complacida con la vida que solamente la expectativa de la muerte (coda que marca el ritmo de un modo grave y sordo, subsónico, como ruido blanco) empaña su felicidad. Retratar eso y de esa manera no está al alcance de cualquier escritor.
Su parte final, rara, ajena, casi pynchoniana en esa búsqueda extraña del medicamento, de la piedra filosofal que permite entregarse al disfrute animal  y, por tanto, desinhibido de la existencia, contribuye, con su persistente sabor, a corroborar la enorme importancia de una novela así. Esta es una novela a poseer para acudir de vez en cuando a sus frases, para vernos retratados en la madurez de esa pareja tan convencional discutiendo sobre sus miedos. Y así leer a DeLillo trazando caminos por los que mucha narrativa posterior (añadan a Richard Ford, ya puestos) ha encontrado, aún encuentra hoy, muchos de sus tesoros.

También de Don deLillo en ULAD: Aquí

domingo, 18 de enero de 2015

VV.AA.: Zgodbe. Antología del nuevo cuento esloveno

Idioma original: esloveno
Año de publicación: 2009
Traducción: Simona Škravec
Valoración: recomendable

La literatura de Eslovenia es, lamentablemente (y si obviamos a autores como Slavoj Žižek o Aleš Šteger, las caras más internacionales del panorama literario (bueno, en el caso de Žižek, filosófico) esloveno), poco conocida en nuestro país. Para combatir esto, la editorial Páginas de espuma ha publicado Zgodbe. Antología del nuevo cuento esloveno, un compendio de ocho cuentos escritos por varios de los autores más respetados de la actualidad.

Como Simona Škravec se encarga de explicar en el prefacio, estos relatos han sido reunidos en este volumen porque no fueron entendidos en el momento de su publicación o porque supusieron un escándalo, y sobre todo porque muestran el cambio que se produjo en la forma de pensar de la población eslovena desde la Segunda Guerra Mundial hasta el presente. A partir de los años 90, los escritores eslovenos rompieron con el realismo socialista y se volcaron en escribir historias caracterizadas por un hiperrealismo que, al mismo tiempo, nos guían a través de los cambios que ha experimentado este país en los últimos cincuenta años. Estos relatos, por tanto, nos ofrecen una realidad triste y angustiosa, en la que nadie termina por saber cómo salir adelante en un mundo dominado por el constante cambio y la incertidumbre.

Ya sea para disfrutar de buena literatura o para aprender un poco acerca de una de las literaturas europeas menos conocidas, merece mucho la pena leer este libro. La única pega que le pongo (aunque quizá no lo sea) es que deja al lector con la miel en los labios, deseando conocer más sobre este país y sobre su legado literario.

sábado, 17 de enero de 2015

John Fante: El vino de la juventud

Idioma original: inglés
Título original: The Wine of Youth
Año de publicación: 1985
Valoración: Muy recomendable


Un conjunto de relatos –tan ácidos como contundentes y a pesar de todo entrañables– que refleja las condiciones de vida de los inmigrantes, en este caso italianos, afincados en Estados Unidos allá por 1920. De fondo, la mentalidad que podemos imaginar en esa época. En primer plano, ambiciones, desencanto y ese simulacro de arraigo que algunos han de arrastrar toda la vida y que aspiran a remediar aunque en el fondo de sí mismos sean mucho menos optimistas.

John Fante -cuya genialidad acostumbra a disfrazarse de una sencillez que no es más que apariencia- nos muestra aquí las vicisitudes de una familia trabajadora, narradas por Jimmy, el hijo mayor, mediante episodios independientes que van desarrollando las seis vidas a través de los años de forma totalmente calculada aunque inconexa a primera vista. En cada uno de ellos, se amalgaman perfectamente la ironía más tierna, la sátira feroz y una reproducción fiel de la realidad. Y lo hace con tal desparpajo que apenas nos damos cuenta. En algunos de ellos, el adoctrinamiento religioso de la época es presentado por la mente infantil con tal naturalidad que conmociona al lector mucho más que cualquier ataque. En Monaguillo, por ejemplo, se aprecia la particular ética del chico, una divertida mezcolanza de las enseñanzas recibidas y su interpretación particular.

“Pecar otra vez, cometer el pecado de vengarme, no suponía mucha diferencia en aquel momento, ya que había cometido un pecado mortal al desearle el mal a un sacerdote. Es tan malo cometer un pecado mortal como cometer veinte. Es decir, si cometes uno vas al infierno tan aprisa como si hubieras cometido veinte. Eso dice el catecismo. Yo sabía que había una botella de tinta roja en un cajón, así que fui allí y me hice con ella. Nadie miraba, así que la vertí en la botella de vino hasta llenar aproximadamente la quinta parte y luego llené el resto con zumo de uva.”

Son tretas acordes con la forma de interpretar la religión como un contrato para obtener beneficios, y con un código de conducta que se basa en la letra y no en el fondo, de forma que permite las trampas. Nuestro protagonista se enfada porque san José, al no concederle la bicicleta de sus sueños, rompe el supuesto pacto establecido entre ambos. Pero su propio padre tiene una mentalidad parecida. En El dios de mi padre acepta confesarse obligado por la insistencia del cura, pero con la condición de hacerlo por escrito y en italiano, idioma que el otro ignora por completo a pesar de que ambos tienen los mismos orígenes.

A Jimmy, el sometimiento en que vive su madre, su sacrificio y rápida decadencia, le aflige y la llena de preguntas. En relación con ese padre albañil que va acumulando amargura página tras página, se empieza a gestar en él una enorme rabia; latente en un principio y explícita en cuanto crece lo suficiente para dejar de admirarle. Ambos son casi tan despiadados como su entorno pero también víctimas de él.   

Solo las dos últimas piezas están al margen de esa otra narración más amplia. Esta vez se trata de argumentos independientes pero relacionados por un asunto común. Tanto el Julio Sal de El soñador como la señora Flores en Helen, tu belleza es para mí son inmigrantes, ella mejicana, él filipino, ambos aman a alguien que no les corresponde. Y aunque lo que se cuenta en cada una es muy diferente y los desenlaces también, existe cierto paralelismo en el clima opresivo de ambas, en la sensación de inconsistencia de los protagonistas, en las catástrofes presentidas e incluso en cierta sordidez del ambiente. Pocas veces la sensibilidad se une al talento, al esfuerzo y a una visión crítica de la vida para producir joyas como estas.

En 1940, se publicaron los primeros trece relatos en un volumen titulado Dago red. Los demás, dispersos en publicaciones diferentes, fueron reunidos en su día y añadidos al resto integrando la sección denominada Últimas historias.


También de John Fante: Llenos de vida, Pregúntale al polvo

viernes, 16 de enero de 2015

Andrea Camilleri: La muerte de Amalia Sacerdote

Idioma original: italiano
Título original: La Rizzagliata
Año de publicación: 2008
Traductor: Juan Carlos Gentile Vitale
Valoración: Muy recomendable

En la Palermo contemporánea, aparece asesinada una joven en su apartamento. Se trata de Amalia Sacerdote, hija de un político conservador de la isla. Y el principal sospechoso, para complicar el asunto, es su novio, hijo a su vez del líder del principal partido de la izquierda. Con lo que el crimen y cualquier información que se dé sobre su investigación adquieren, de forma inevitable, un carácter altamente... delicado.

Así, en este caso la investigación no se nos cuenta desde el punto de vista de un policía, detective o letrado, sino del director de los servicios informativos de la RAI en la región, Michele Caruso, quien decide qué y cómo se cuenta en esa cadena de televisión. Y quién y cuando lo hace. De hecho, Caruso no es un simple observador imparcial de los acontecimientos, sino un actor en los mismos -secundario, pero a veces determinante-, que toma sus decisiones según sus propios intereses y los de quién le protege. Porque, para enredar aún más las cosas, resulta que es el yerno (aunque se encuentre separado de su esposa) de un importante senador, dirigente -qué casualidad-, del partido del padre de la víctima... La trama se va complicando, pues, hasta llegar a una enrevesada colisión de intereses -y colusión de interesados- de diversa naturaleza: políticos, familiares, periodísticos, financieros... nada nuevo bajo el sol siciliano, supongo (porque hay qué ver cómo son estos italianos; algo así no podría suceder en España, por ejemplo... ¿verdad?).

Camilleri nos va contando la historia con su maestría y claridad habituales. y no resulta fácil, en este caso: en un tour de force formal, como los que le gusta poner en juego al escritor siciliano, la narración se articula casi en exclusiva a través de diálogos y no siempre entre los personajes centrales del caso. pero eso no es óbice para que consiga transmitir toda la sutileza, cinismo y sobreentendidos que componen la partida de ajedrez que se disputa alrededor del crimen. En algún  momento, llega incluso a recordar alguna de las más emblemáticas novelas de Sciascia (cuando Camilleri, por lo general, resulta más expeditivo).

Un par de aclaraciones sobre las etiquetas que le he adjudicado a esta novela: he puesto la de "novela histórica" atendiendo a lo que argumenta el propio Camilleri en su nota al final del libro; me acojo también a la ironía que él gasta para justificarlo. En cuanto a la valoración, he de decir que si no he calificado esta novela como "imprescindible", es sólo porque no lo juzgo necesario: todo lo que escribe Camilleri lo es.

También de Andrea Camilleri en ULAD: Aquí

jueves, 15 de enero de 2015

Colaboración: El libro sin nombre, anónimo

Idioma original: inglés
Título original: The Book with no name
Año de publicación: 2000
Valoración: Recomendable (si te gustan las escenas de acción estilo “Tarantino”)


El libro sin nombre es el primer tomo de una trilogía inicial (actualmente elevada a cuatro libros ya) de novelas cortas que nos presenta los sucesos ocurridos en una ficticia ciudad llamada Santa Mondega que podríamos localizar en algún lugar fronterizo entre México y Estados Unidos.

En él vamos a conocer a un antihéroe llamado Kid Bourbon, un ¿adolescente? que tiene la capacidad de sacar a su Mr Hyde particular cuando se excede ingiriendo alcohol convirtiéndose en un asesino despiadado, una verdadera leyenda viva dentro y fuera de Santa Mondega. Bourbon se encontrará inmerso en la búsqueda de un artefacto mágico denominado "El ojo de la luna" y alrededor de él irá conociendo a los diferentes actores de la historia, cada cual más irreverente: dos monjes budistas pardillos pero letales, la atractiva Jessica y sus problemas de amnesia, el grotesco barman Sánchez y un largo etcétera. ¡Hasta tenemos a un obeso imitador de Elvis!

En primer lugar lo que más nos llama la atención de la fachada de la publicación es el aviso que aparece en contraportada. "¡Hagas lo que hagas no leas este libro!", todo un aviso de intenciones de lo que vamos a presenciar a continuación: Personajes estereotipados, humor zafio, sexo y violencia gratuita, etc.
Un aviso similar encontramos en la primera hoja del texto, por si el gancho anterior no hubiera realizado el efecto deseado. Se nos cuenta la historia de un libro cuyos lectores acaban irremediablemente muertos, y se nos añade también (de agradecer el detalle) que justo es ese libro que tenemos en nuestras manos el maldito ejemplar. Pero ¿Qué podemos encontrarnos en su interior?

La obra se identifica claramente con algunas de las técnicas narrativas y visuales que han encumbrado a dos grandes directores de la gran pantalla. Podríamos asegurar sin equivocarnos lo más mínimo que la primera referencia que hace cualquier lector de esta novela es su cercanía a las películas de Quentin Tarantino y Robert Rodriguez. Es complicado dar por aquí ejemplos claros de lo que queremos expresar sin desvelar todo el libro pero bastaría con mencionar que la mayoría de los diálogos, la apariencia física de los protagonistas, la forma de actuar de los mismos... podrían encontrar similitudes con los que podemos encontrar en películas como Kill Bill o Machete.

Pese a todo parece que estamos intentando criminalizar la saga y tampoco es la intención. Si nos concienciamos de lo que nos vamos a encontrar hay que reconocer que la trama, pese a lo sencilla que pueda parecer, es adictiva y divertida. Además está desarrollada de una manera muy superficial, con una escritura ágil y muy sencilla haciendo que las páginas vayan fluyendo sin remedio. Es fácil empezar a leer y complicado dejar la lectura ya que es una novela que literalmente puede ser devorada por el lector.

Como se ha mencionado la narración es ágil, con un léxico muy vulgar, sin fastuosas descripciones ni vueltas de tuerca, va directa al grano con diálogos sencillos (llenos de expresiones malsonantes, todo hay que decirlo). La acción es constante y apenas quedan minutos para respirar. La elección del autor de distribuir la trama en capítulos cortos centrados en los diferentes personajes, una técnica muy utilizada en los best sellers, hace que avanzar en la lectura sea tan sencillo como atractivo.

Por todo ello, no parece que el libro tenga otra intención que no sea la del mero entretenimiento y que no va a aportar absolutamente nada al mundo de la literatura es algo que casi podríamos asegurar.
Que haya sido escrito por un autor que prefiere permanecer en el anonimato (aunque paradójicamente sea un asiduo a aparecer en ferias de libros siempre con una máscara negra para ocultar el rostro) y que ya en la primera página nos esté avisando de los “peligros” de leer la novela parece ser, a todas luces, una forma muy poco honorable de vender un producto de dudosa calidad literaria llevado a la cúspide del éxito gracias a una política de merchandising que, como poco, parece estar teniendo gran resultado.

Firmado: Rbn

miércoles, 14 de enero de 2015

Charles Bowden: La ciudad del crimen

Idioma original: inglés
Título original: Murder City
Año de publicación: 2009
Traducción: Jordi Soler
Valoración: muy recomendable

John Kennedy: sí, un alto mandatario, claro, un presidente de los USA. Venga, saquen un libro que venga a aclarar algo más sobre el misterio de su muerte, otórguenle la promoción adecuada, y a vender.
Entonces: ¿cuantas muertes de trabajadoras de las maquiladoras son necesarias para generar un impacto equivalente? Millares, quizás, incluso así, igual ni eso. Ay. Vidas humanas de distintas categorías. Pero no todo es vender y obtener difusión. Y Charles Bowden lo sabía. Periodista a la vieja usanza, reportero de viajes, poderosa imagen de melena canosa y sempiterno chaleco multiusos cuyos bolsillos imaginamos llenos de cualquier cosa útil para su profesión. Libretas, bolígrafos, carretes, tarjetas de memoria, herramientas básicas, tarjetas de visita de contactos de todo el mundo. Charles Bowden, fallecido hace unas semanas sin gran repercusión. Que se aventuró, conocedor de los riesgos en que incurría, donde todo un Bolaño solo había osado chapotear tímidamente cambiándole el nombre a todo. Porque La ciudad del crimen no es la letanía forense que era La parte de los crímenes en 2666. Para nada: distinto, porque Bowden denuncia, sí, pero ante todo quiere aportar algo, aunque sea desesperación para ser compartida. Quiere sumar, pero quiere dividir esa realidad que le abruma y le agobia. Sabe que ello entraña riesgos, convive con ellos, usa de hilo conductor la triste historia de Miss Sinaloa, una desgraciada víctima que acaba ingresada en una especie de internado psiquiátrico regentado por un particular personaje llamado El Pastor.
Eh.
Estremeceos. Nada de aquí es ficción. Todo es real. Reales los personajes y sus vidas y muertes atormentadas. Reales las fotos que acompañan el texto. Real la sangre y reales los tiros, las violaciones, las torturas, los ametrallamientos. Real la impunidad y real el silencio que enturbia cualquier intención de acercarse a la verdad, de desenmascarar qué hay detrás, no solo de los célebres crímenes, los de las maquiladoras, sino de todos los demás (cientos): cualquiera que investiga, cualquiera que no colabora, cualquiera que no acepta sobornos, es una víctima potencial. Muertes a diestro y siniestro, relatadas, además, en un apéndice que requiere paciencia, y estómago, que es una proeza de minuciosidad y detalle, detalle escabroso, claro, por supuesto, pero a la vez espeluznante por la frialdad de la narración, aquí convertida en mera lista, de los crímenes constantes, y la indiferencia absoluta ante nada parecido a la denuncia de la injusticia. No sólo 2666 es una referencia: lo es Huesos en el desierto y lo es El poder del perro. O lo son productos visuales de impecable factura como Traffic o Breaking Bad.
Y el tono de Bowden es preciso pero también es frío y contundente: fríamente contundente en su conclusión. No hay apenas resquicio a la esperanza, los crímenes lo son porque forman parte de la industria paralela, más productiva y eficiente que la oficial, y donde cualquier pieza influyente está involucrada por acción o por omisión: policía, ejército, gobernantes locales y nacionales, medios de comunicación. La industria de la droga no tiene reparos en deshacerse de grandes piezas que le molesten, cómo va a tenerlos con las pequeñas. Y parece que no hay misterio: las mujeres de Juárez son seguramente jóvenes que cayeron en manos de cualquier individuo de bragueta y puñal fácil que sabía que no pagaría por ello, que sus actos no tendrían castigo. Los debe haber a cientos. Pero son los mismos individuos, o algunos de ellos, los que caen ajusticiados, ejecutados, liquidados, desaparecidos. La sensación es la de la existencia de un enorme pacto de silencio que cubre cualquier pequeño desliz, que impregna de normalidad cualquier comportamiento criminal (aplastantemente lógico: cuando el medio de vida es el delito, cualquier conducta delictiva se relativiza) y que vela por que la perfectamente engrasada maquinaria del narcotráfico (con volúmenes de negocio que ridiculizan una industria que, encima, siempre tiene las maletas hechas para deslocalizarse) no se pare ante nada. Cualquiera que represente ya no un obstáculo sino un mero contratiempo a su funcionamiento eficaz es aplastado, y lo de la impunidad ni se pone en tela de juicio. ¡Cuántos Bowden hacían falta en este mundo!