Idioma original: inglésTítulo original: Harry Potter and the Cursed Child
Año de publicación: 2016
Traducción: Gemma Rovira Ortega
Valoración: imprescindible para potterheads, claro. Para el resto de muggles... que lean antes toda la saga.
La historia, de hecho, comienza exactamente donde acababa la última novela: en el andén 9 y 3/4 la estación de King Cross, cuando Harry y Ginny acuden para despedir a sus hijos, especialmente a Albus, que va a pasar su primer curso en Hogwarts. A diferencia de su hermano James, Albus es un chaval más retraído e inseguro y temeroso de lo que se puede encontrar en el colegio. Para más complicación, se hace amigo enseguida justamente del niño que, en principio, menos parece convenirle y según pasan los años, la relación con su padre se va volviendo cada vez más complicada. Como era de esperar, acaba metiéndose en follones con resultados inesperados e incontrolables (como es típico con los adolescentes, claro, pero con la diferencia de que los muggles díscolos se pueden emborrachar, pelear o fumar porros y los jóvenes magos, además de todo eso, liarla parda con sus poderes). En realidad, más que las propias aventuras que viven los personajes de la historia, el verdadero tema de la misma es lo espinosa que puede ser la relación paterno-filial, tanto por un lado como por el otro: la dificultad de acertar en lo de ser padre (algo que no se enseña en ninguna escuela de magia) y la no menos complicada carga de ser un hijo que hereda buena parte de las circunstancias, tribulaciones y hasta desgarros de tus progenitores. También trata de la imposibilidad o incluso inconveniencia de arreglar los errores del pasado; la necesidad de asumirlos, por dolorosos que sean, como una parte de nosotros mismos.
Pero no nos pongamos solemnes; lo importante aquí es la cantidad de disfrute que nos puede proporcionar este libro gracias al reencuentro con unos personajes muy queridos para tantos lectores y la continuación de sus aventuras en un mundo mágico, aunque tsmbién ominoso, que discurre en paralelo a nuestro infinitamente más pedestre mundo muggle. Pese a no tratarse de una novela, la lectura se hace de lo más amena y desenvuelta, debido a estar compuesta de multitud de escenas cortas y, como es lógico, a base de diálogos. Por cierto, he de reconocer que no soy un gran conocedor de las limitaciones o características del arte dramático (de hecho, ésta es mi primera reseña de una obra de teatro, lo que no deja de resultarme curioso), pero sospecho que tiene que haber resultado complicado llevar a las tablas una obra con tantas escenas, que se desarrollan en muchas ambientaciones diferentes. Casi se diría que se ha escrito pensando ya en el guión de una película que, sin duda, antes o después se realizará...
Da lo mismo; en cualquier caso, este libro, esta obra de teatro, no deja de ser ante todo una nueva fuente de deleite, una causa de enorme placer para los innumerables potterheads -y no potterheads, caramba, con un poco de buena voluntad- repartidos por el mundo. Y prestos a disfrutar de nuevo con las aventuras y desventuras de sus magos favoritos. Aunque, para ser sinceros... ¿hay otros que se les puedan comparar? ; )
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