sábado, 22 de noviembre de 2014

Fabio Morábito: El idioma materno

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: Muy recomendable

Si alguien mira las etiquetas de esta entrada, leerá que he incluido a Fabio Morábito como escritor italiano, mexicano y egipcio al mismo tiempo. Esto es así porque no sé cómo catalogarlo, pues, aunque a menudo se le considera autor mexicano, él nació en Alejandría, se trasladó a Milán cuando tenía tres años (su familia es italiana) y a México cuando tenía quince. Como yo no sé cómo se considera él a sí mismo (que al final es lo que importa), yo decido no pronunciarme al respecto, pero incluyo aquí este dato porque creo que tiene mucho que ver con el libro que reseño hoy, El idioma materno.

La última obra de Morábito es una colección de ochenta y cuatro minirelatos o miniensayos en la que el autor nos habla no sólo de sus orígenes como escritor o de su relación con la literatura y con los libros, sino también del lenguaje, del idioma (del materno y de los idiomas que uno aprende a lo largo de su vida) y, sobre todo, de las relaciones que uno establece con todo lo literario. Sin ser una autobiografía en el sentido estricto de la palabra (aunque sí una obra absolutamente metaliteraria), Morábito realiza un interesante, divertido y realista retrato de lo que supone vivir de y para el lenguaje, de lo que nos limita y nos engrandece hablar un idioma en concreto y de lo que la pasión lectora puede producir en todos nosotros.

Cada uno de los textos tiene una extensión menor de dos páginas y, sin embargo (o gracias a ello), produce en el lector una impresión que pocos libros consiguen en cientos de ellas. Se nota que Morábito es poeta porque utiliza el lenguaje con gran maestría, pero lo que al final logra enamorarnos de sus textos es la ironía, el humor, la fuerza expresiva y la lucidez que todos ellos desprenden. El idioma materno, por tanto, no debería faltar en ninguna biblioteca, especialmente en la de los que se consideran amantes de los libros, conozcan o no de antemano la extensa y excelente obra anterior de este autor cuyo origen soy incapaz de determinar.

También de Fabio Morábito en ULAD: También Berlín se olvida

viernes, 21 de noviembre de 2014

Patrick Modiano: La hierba de las noches

Idioma original: francés
Título original: L'Herbe des nuits

Traducción: Mª Teresa Gallego Urrutia
Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable

Confieso que yo soy una de esas personas (y creo que no soy precisamente el único) que cuando le dieron el Premio Nobel a Modiano pensaron: "¿Por qué?". Hasta el día del Nobel solo había leído una novela suya, En el café de la juventud perdida, y coincido totalmente con la reseña que le hizo Montuenga: me pareció una sinsorgada llena de tópicos y con una imagen mitificada de la bohemia parisina que, la verdad, me pareció ya bastante pasada: cafés, mujeres misteriosas, paseos nocturnos... ¿No hemos leído ya esto mil veces antes, desde el siglo XIX hasta ahora?

Pero bueno, como le dieron el Nobel me sentí en la obligación de leer algún otro libro suyo, para poder hablar con conocimiento de causa, así que me compré este, uno de los últimos, La hierba de las noches, y la verdad es que me ha gustado más que En el café de la juventud perdida, que tampoco era difícil. Y ahora, voy a hacer como cierta revista de cine que resume "Lo mejor" y "Lo peor" de las películas, por variar un poco más que nada.

Lo mejor: Empezando por lo que cabía esperarse de un Premio Nobel: Patrick Modiano escribe bien, y no me refiero tanto al estilo sino a la construcción de la novela, autorreflexiva y consciente en todo momento del ritmo narrativo. La novela se desarrolla a través de los recuerdos más o menos fiables, más o menos deshilachados del autor sobre acontecimientos que ocurrieron casi cincuenta años antes; para reconstruirlos se ayuda de una pequeña libretita negra en la que anotaba casi arbitrariamente nombres, direcciones, frases, descripciones, y de un dossier policial que le entrega un funcionario jubilado.

Esa es una de las claves para que me haya gustado esta novela más que En el café...: que hay, aunque sea sutilmente, un cierto aire de misterio casi detectivesco en la novela. Relativamente pronto en la novela descubrimos que casi todos los personajes guardan algún secreto, que casi todos (solo se salvaría prácticamente el narrador) están envueltos en algo turbio, y tendremos que esperar casi hasta el final para descubrir de qué se trata. Es sobre todo el personaje femenino principal, Dannie, quien más evidentemente esconde algo, o mejor dicho, casi todo. (Aunque el desenlace, dicho sea de paso y sin querer hacer spoilers, no termina de responder a tantas expectativas).

Lo peor: Que, como el propio Modiano ha declarado, en realidad siempre escribe la misma novela. Sí, esta me ha gustado más que En el café de la juventud perdida, pero hay tantos elementos comunes que no me extrañaría acabar confundiéndolas, con el tiempo: tenemos París, por supuesto, con sus barrios numerados, sus líneas de metro, sus bulevares y sus cafés noctámbulos; tenemos a una muchacha misteriosa que lleva al narrador de un sitio para otro como un perrito faldero; tenemos un ambiente entre bohemio y patibulario con un conjunto de personajes secundarios bastante sospechosos...

En fin, que si todas las novelas de Modiano van a ser así, con leer una o dos es suficiente. Escribe bien, faltaría más, tiene sensibilidad para crear personajes y ambientes; pero con eso no basta -no debería bastar- para que te den un Nobel. Para eso, que se lo hubieran dado a Murakami, y acabábamos...

También de Modiano en ULAD: En el café de la juventud perdida, Tres desconocidas, El lugar de la estrella, Ropero de la infancia, Catherine

jueves, 20 de noviembre de 2014

Rodolfo Walsh: Operación Masacre

Idioma original: español
Año de publicación: 1957
Valoración: Muy recomendable

Quiere la casualidad que hoy 6 de agosto, en que voy a la biblioteca a por este libro, una de las noticias del día sea que Estela de Carlotto, una de las abuelas de la Plaza de Mayo ha podido reencontrarse, gracias a las pruebas de ADN, con su nieto, tras 36 años. También se da la coincidencia de que el día que lo encargué, 2 de agosto, hacía dos años de la publicación de una de mis primeras reseñas en ULAD, la de A sangre fria de Truman Capote, a raíz de la cual un amable lector me comentó que Operación masacre era realmente la obra fundacional del nuevo periodismo. Ni siquiera fue mi primera reseña en ULAD, honor que cedí a Estrella distante, novela relacionada también con golpes de estado en Latinoamérica, y van tres coincidencias, escrita por Roberto Bolaño, fallecido a los 50 años, igual que Rodolfo Walsh (cuatro). Bueno, a Rodolfo Walsh lo desaparecieron a raíz de una fuerte crítica al régimen militar argentino. Pero ya sabemos qué significa desaparecer bajo el mandato de una dictadura asesina.

Todos sabemos lo incómodos que resultan para los totalitarismos conceptos como cultura, libertad de opinión, libertad de expresión, en general cualquier mecanismo del intelecto encaminado a ampliar el alcance del conocimiento, cosa que suele acarrear peligrosas consecuencias para el poder establecido, ya que a la gente le da por ponerlo todo en duda. Por ejemplo, en Operación Masacre, Walsh indaga sobre lo que acontece la noche del 9 al 10 de junio de 1956, noche fría de invierno austral en que doce ciudadanos argentinos coinciden para oír la retransmisión de un combate, son detenidos y, en función de una Ley Marcial aun no en vigor (por horas) condenados a muerte y fusilados en el curso de la madrugada, bajo la sospecha de estar relacionados con un fallido proceso conspiratorio contra el gobierno. Un fusilamiento tan injusto como chapucero: los supervivientes ayudarán a Walsh y a su ayudante en la reconstrucción y denuncia posterior de los sucesos. Muchos de ellos cuando aún son objeto de persecución con objeto de borrar los rastros de tan macabro suceso.
El tono testimonial pasa por encima de cualquier otra premisa. Hasta el incluir la mera transcripción de algunos de los documentos judiciales. Con lo cual Rodolfo Walsh, sin que este comentario sea en menoscabo de un estilo depurado y urgente y de una capacidad de atrapar al lector, opta por ser claro y por no entregarse a más hipótesis (alguna un poco obvia, pues siempre se preguntará el lector qué es lo que pudo unir a hombres tan diferentes bajo el mismo techo en una noche tan señalada). Pero Walsh no se aventura por esos vericuetos, lo cual no acaba de ser una elección algo sesgada. Walsh se centra en el acto injusto del fusilamiento y en su condición de acto vil y chapucero cuya orden final procede del poder. 
Walsh pagó con su vida su coherencia profesional y su compromiso con la verdad: un artículo particularmente crítico con el régimen golpista de Videla provocó que viviera en carne propia circunstancias parecidas a los desgraciados hechos que describió en este libro. Lamentablemente, nadie pudo levantar un testimonio tan valioso como el suyo. Leer su obra es la única manera de mantener vivo el suyo y otros muchos testigos del trabajo periodístico, cuando deja de ser una profesión para ser una opción vital de alto riesgo.

Tenéis un Zoom en UnLibroAlDía hablando de un glorioso artículo de Walsh, Nota al pie
Otros libros de Rodolfo Walsh reseñados en Un Libro Al Día: Los irlandeses

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Richard Brautigan: La pesca de la trucha en América

Idioma original: inglés
Título original: Trout Fishing in America
Año de publicación: 1967
Traductor: Pablo Álvarez Ellacuria
Valoración: ¿Recomendable? Humm... ¡diablos, sí!

Inclasificable.

Este adjetivo es el que más veces leerá cualquiera que se dedique a buscar reseñas sobre este libro... yo lo he hecho y no voy a dármelas de original. Porque, ciertamente, este libro lo es: inclasificable.

No es una novela, aunque tampoco podemos decir que no lo sea (en cierto modo). No es un libro de relatos, aunque muchos de sus capítulos lo parezcan. No es un libro de viajes, aunque tiene mucho de "novela de carretera" -o "de arroyo", en este caso-, a través de insólitos rincones de Estados Unidos. No es un libro de pensamientos filosóficos o políticos, aunque éstos también estén presentes (o mejor, aún, sumergidos, comos las truchas a las que se hace referencia una y otra vez). No es un libro de poesía, aunque haya pasajes de un lirismo sorprendente (y algo lisérgico, hay que decir...). No es una autobiografía... o lo es de una manera peculiar, a partir de momentos que casi nadie consideraría representativos del transcurrir de su propia vida (quizás de eso se trate, en realidad). No es un libro de humor, y eso que éste abunda en muchas de sus páginas, pero es un humor que, o bien adopta forma de sarcasmo o en general resulta bastante sombrío, poco dado a provocar la carcajada (conociendo ciertos avatares de la vida de Brautigan, que se cuentan en el prólogo, se entiende este humor subterráneo). No es un libro sobre la naturaleza de su país, o lo es sobre la naturaleza que está dejando de serlo, cada vez más degradada por la mano del hombre. No es un libro sobre la pesca de la trucha en América, repleto de anécdotas de pescador... o, un momento, puede que eso sí que lo sea, a su manera... (supongo, además, que al autor pudo resultarle muy gracioso pensar en los pescadores domingueros, tocados con sus gorras de béisbol y armados de sus neveras portátiles, que compraran este libro esperando encontrar los secretos para pescar truchas en América).

En la contraportada de esta edición -muy bien editada, por cierto-, encontramos nombres, referencias como Dylan, Ginsberg, Hemingway, Mark Twain, Emerson, Thoureau... así como autores en los que parece haber influido Brautigan: Raymond Carver, David Foster Wallace (no en lo de las notas a pie de página, gracias a Dios), Murakami (!)... Puede que todo sea cierto, así como se podrían añadir, tanto en la lista de influencias recibidas como ejercidas, a Kerouac, Hunter S. Thompson, Bukowski... Por su época y actitud, Brautigan pertenece, ciertamente, a la generación de escritores beat -y del postmodernismo literario norteamericano-, aunque le llegó el éxito más tarde, en plena época del flower power... En todo caso, cualquier intento clasificatorio es vano: Brautigan se nos aparece como un autor personalísimo, de lo más original en sus imágenes, de un surrealismo escurridizo (cabe suponer que a la hora de redactar más de una de estas páginas, este escritor se había dejado abiertas las puertas de su percepción, para que nos entendamos).

El propio concepto de "la pesca de la trucha en América"  no deja de ser cambiante y huidizo... Por supuesto, es una metáfora que se repite en casi todo el libro -a veces, sin embargo, es literal y de lo que habla es de pescar truchas en América, sin más-, pero lo mismo se refiere a la felicidad que, según la Constitución de Estados Unidos, todo ciudadano americano tiene derecho a buscar (la referencia a Benjamin Franklin que se hace al comienzo es inequívoca); al éxito que, según se dice, aguarda a todo el mundo en la "tierra de las oportunidades", o a la libertad que, según se dice también, constituye la base sobre la que se cimenta tan gran país. De hecho, "la pesca de la trucha en América" también parece hacer alusión, en otras ocasiones, a la propia América (Estados Unidos de, se entiende), pero también a sus "enemigos" en aquellos años 50 y 60, como eran Vietnam o la amenaza del comunismo internacional... O sirve para denominar a una persona concreta, incluyendo el propio autor, o una organización o idea.... o se convierte en el propio marco en el que se desarrolla la metáfora de "la pesca de la trucha en América"... en fin, que más vale relajarse y no tratar de entenderlo racionalmente...

Un libro -novela, ensayo o lo que sea- que quizá no sirva para trazar nuevos caminos para los escritores ni encontrar arroyos en los que practicar la pesca de truchas -literarias, quiero decir- para los lectores, pero que no se debería dejar de leer, aunque sólo sea para conocer una visión diferente, abierta y heterodoxa (y más bien triste, me temo), del mundo y sus circunstancias, incluyendo la literatura. Y la pesca, claro.

Otrostítulos de Richard Brautigan reseñados en Un Libro Al Día: Un detective en Babilonia, El monstruo de Hawkline

martes, 18 de noviembre de 2014

Colaboración: Galveston de Nic Pizzolato

Idioma original: Inglés
Título original: Galveston
Año de publicación: 2010.
Valoración: está bien.

Con el reconocimiento obtenido por ser el guionista de True detective, la serie producida y coprotagonizada por Matthew McConaughey y Woody Harrelson, Nic Pizzolato aterriza en el mercado editorial de España con su novela Galveston, publicada en 2010, cuatro años antes del estreno de la serie televisiva. Este es el contexto en el que se mueve Galveston y este es el contexto en el que se mueve esta reseña. Es curioso que a veces la lectura de una novela en el idioma original pueda restar información sobre los factores externos al texto. Uno puede imaginarse una serie de relaciones bastante explicitas entre productos, serie y novela, como modo de publicitar esta última.

Dejando de lado especulaciones sobre portadas, contraportadas y estrategias comerciales, hay que decir que si el lector se acerca a Galveston creyendo que encontrará un texto lleno de peroratas existenciales, como ocurre en True Detective, puede llevarse un chasco considerable. Y es que Galveston adolece de simplicidad en la trama, lugares comunes y una carga lírica un tanto irregular.

Uno tiene la impresión de haber visto a Roy, el protagonista, ese matón con tendencia a la reflexión retrospectiva y en plena crisis existencial, en la gama de tipos duros crepusculares que han pasado por el celuloide. Lo mismo ocurre con la trama: perdedor perseguido por malhechores sin corazón protege a una joven prostituta y decide buscar la redención en proveer de otra vida a la chica. Crepúsculo y redención son las coordenadas en las que se mueve la obra y serán también los fundamentos de las reflexiones de tipo lírico que proyecta el narrador-protagonista sobre el paisaje de Texas. Cuando habla de las refinerías de petróleo se trata del pasado del que se arrepiente, cuando habla del mar en Galveston se trata de la posibilidad de un futuro mejor y los campos de algodón son la infancia de un huérfano. Nada que cualquier lector no haya visto una docena de veces pero que en Galveston da cierto resultado.

Porque paradojicamente, son esas reflexiones sobre los paisajes los que aportan un factor diferenciador sobre una trama de género negro que resulta plana, predecible, que tiene poquísima complejidad y que incluso incluye alguna escena más cercana al videojuego que a la realidad. Con todo, Galveston es lo que es y no engaña: una novela sobre criminales embellecida por la estética del paisaje.


Firmado: Paulo Kortazar

lunes, 17 de noviembre de 2014

Harry Mulisch: El atentado

Idioma original: neerlandés
Título original: De Aanslag
Año de publicación: 1986
Valoración: está bien

El atentado narra la vida de Anton Steenwijk, quien, tras perder a toda su familia en un atentado durante la Segunda Guerra Mundial, decide llevar un vida simple y ajustada a las normas y de paso negar todo recuerdo de su infancia. Anton se muda a casa de unos familiares, estudia medicina, encuentra un trabajo, se casa... lleva una vida que aparentemente es de lo más normal, pero no puede disfrutarla plenamente porque, a pesar de sus esfuerzos para evitarlo, el pasado sigue llamando a su puerta.

Ésta es, a grandes rasgos, la historia que nos cuenta Mulisch en El atentado. Y, a pesar de que tiene todas las características necesarias para gustarme mucho (drama familiar e histórico, bildungsroman, estilo narrativo de gran calidad...), me ha dejado un poco fría. Reconozco que el autor desarrolla los personajes (especialmente, el protagonista) de forma lógica y creíble, que los viste de un sinfín de contradicciones y de virtudes y debilidades que los convierten en seres humanos y no arquetipos (algo que él mismo debió de vivir en su propia piel, pues su madre era judía y su padre era pro nazi), y que su prosa es exquisita. También hay que felicitar a Mulisch por la excelente recreación de la(s) época(s) en la(s) que se desarrollan los acontecimientos y por ofrecer al lector, de la mano de Anton, una interesantísima visión de la historia de Holanda desde la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1980, pero...

... Pero el libro me ha dejado una sensación un poco vacía, la verdad. A pesar de todos sus aciertos, me da la sensación de que el personaje (o el autor) se pierde demasiado en elucubraciones estériles que no sirven sino para alargar la novela sin que lleguen a decirnos demasiado. Puede que esto sea problema mío (ya digo que no puedo hablar de fallos garrafales en la narración ni de prosa chapucera), por supuesto, no lo sé. Quizá me habría gustado más si hubiese tenido la mitad de páginas, o quizá debería darle otra oportunidad y volver a leerlo más adelante. Puede ser.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Ramiro Pinilla: Cadáveres en la playa

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable

Esta entrada sirve no solo para recomendar un libro, sino para recordar a un escritor, el getxotarra Ramiro Pinilla, fallecido recientemente con 91 años. Quienes siguen este blog, y otros blogs en los que colaboro ocasionalmente, ya sabrán que Ramiro Pinilla me parece un escritor admirable, que después de pasar una larga travesía en el desierto de casi treinta años, en los últimos diez años, a partir de la publicación en Tusquets de su trilogía Verdes valles, colinas rojas ha recibido el reconocimiento y la atención que su obra merece.

Y estos últimos diez años de vida han sido, de hecho, los de una segunda juventud creativa para Ramiro Pinilla, con la publicación de varias novelas que completan su particular universo narrativo, y una peculiar serie de novelas detectivescas (Solo un muerto más, Los cementerios vacíos y esta), protagonizadas por el quijotesco Sancho Bordaberri / Samuel Esparta, que "enloquecido" por tanto leer a Dashiel Hammett y Raymond Chandler decide encasquetarse una gabardina y salir a resolver crímenes por el Getxo de la posguerra, ayudado por una ayudante, Koldobike, reconvertida en femme fatale por exigencias del guión.

A esta serie policiaca pertenece, precisamente, Cadáveres en la playa, la última novela publicada por Ramiro Pinilla: en Cadáveres en la playa volvemos a encontrar todos los elementos clásicos de la novela policiaca: un crimen (cometido durante la Guerra Civil, pero nunca investigado), un universo cerrado con un grupo de sospechosos limitado (una cuadrilla de cinco personas, en este caso) y un detective que, como escritor que es, al mismo tiempo que resuelve el caso transforma a todos sus interlocutores en personajes novelescos.

En Cadáveres en la playa volvemos a encontrar una cierta ligereza y humor que se echaba de menos en Los cementerios vacíos: aunque no está ausente la alargada figura de la posguerra y de los falangistas, la fecha en la que se desarrolla la acción (1972) contribuye a que el ambiente en que transcurre la novela sea menos opresivo que en las anteriores. Los diálogos entre Sancho/Samuel y Koldobike, cargados de tensión sexual no resuelta (y que me temo que ya nunca se resolverá) son de lo mejor de la novela, y casi diría que de la serie.

Con esta novela, y con las anteriores de la serie, Ramiro Pinilla no solo homenajea al Quijote con esta creación póstuma, sino que se inscribe en las corrientes más actuales de la novela policiaca europea y americana (en sentido amplio, continental), desde Vázquez Montalbán a Leonardo Padura, pasando por Andrea Camilleri. Me queda la duda, de hecho, de si la reiterada descripción de las comidas que se zampa Sancho Bordaberri en la novela será un homenaje directo a Pepe Carvalho o a Salvo Montalbano.

Está claro que las novelas de Sancho Bordaberri no son lo más destacado de la obra de Ramiro Pinilla, si las comparamos con la monumentalidad de Verdes valles, colinas rojas o con la densidad de Las ciegas hormigas o La higuera. Pero sí son buena literatura policiaca, con un toque irónico y metaliterario que se agradece. La mejor de la serie seguirá siendo probablemente la primera, Solo un muerto más, en parte por su originalidad y la sorpresa que provocaba en el lector; esta, Cadáveres en la playa, se sitúa en segundo lugar para mi gusto, y sigue siendo, sin lugar a dudas, una lectura recomendable, y una buena forma de recordar a ese chaval de 91 años que era Ramiro Pinilla.


La obra casi completa de Ramiro Pinilla en ULAD: Seno, La higuera, Verdes valles, colinas rojas 1,Verdes valles, colinas rojas 2 y 3, Aquella edad inolvidable, Solo un muerto más, Huesos, El cementerio vacío, Las ciegas hormigas, Los cuentos