miércoles, 29 de febrero de 2012

Zoom: "El señor León, enamorado" y "La prometida del Tigre", de Angela Carter

Idioma original: inglés
Título original: "The Courtship of Mr Lyon" y "The Tiger's Bride"
Año de publicación: 1979
Valoración: recomendable

Agrupo bajo una misma reseña estos dos cuentos de la autora británica Angela Carter porque ambos son reescrituras -muy diferentes, eso sí- de La bella y la bestia.

Pertenecen al libro La cámara sangrienta y otros cuentos (The Bloody Chamber and Other Stories, en el original) publicado en 1979.

Llegué a esta autora a través de una amiga que me la aconsejó con fervor. Esperaba encontrar una vuelta de tuerca radical de los cuentos de hadas tradicionales, esperaba encontrar una visión feminista de esas historias que en los últimos tiempos Walt Disney terminó de edulcorar y machistizar -si me permitís inventarme la palabra- hasta niveles intolerables… y encontré más que eso.

Voy a empezar por lo malo: he de admitir que el primer cuento, "El señor León, enamorado", me decepcionó un poco -y así se lo transmití a mi amiga-. En mi humilde opinión solo actualiza la historia, la adecúa a nuestros días, y, sinceramente, ¿para qué reescribir una historia por todos conocida si no vas a apropiarte de ella y aportar tu propia visión? (Si alguno de vosotros lo ha leído y opina diferente ¡que se moje!). Sin embargo, la segunda versión de La bella y la bestia, "La prometida del tigre", sí consigue darle un giro al asunto: poco puedo deciros sin desvelar el final, que resulta verdaderamente sorprendente. En las escasas páginas de este cuento Carter da forma a unos personajes que nos resultan familiares pero que, no obstante, no reconocemos del todo; se adivinan recovecos, se perfilan dramas ocultos que el lector colorea con su sensibilidad personal.

Pronostico reseña completa del libro de aquí a un tiempo, porque -especialmente gracias al segundo cuento del que os hablo- promete: no solo coloca a la figura femenina protagonista en la posición que los cuentos de hadas le debían, sino que crea atmósferas oscuras y sugerentes donde estas historias nuevas se gestan de manera casi espontánea. Por lo que he podido ver, el estilo de Angela Carter es, en dos palabras, ágil y cuidado.

Me despido con palabras de la propia autora:

My intention was not to do 'versions' or, as the American edition of the book said, horribly, 'adult' fairy tales, but to extract the latent content from the traditional stories.

martes, 28 de febrero de 2012

Norman Mailer: La Canción del Verdugo


Título original: The Executioner's Song
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1979
Valoración: Muy recomendable


Cuando sucede algo espeluznante y la cháchara mediática llega a los informativos y a la llamada prensa seria – en lugar de reducirse a la sensacionalista – solemos olvidar que estamos, por fortuna, ante un hecho aislado en medio de la normalidad. Este tipo de noticias hace que nos preguntemos sobre la naturaleza de la mente humana, los límites de la cordura y cuestiones así. Quizá por ese motivo, y siguiendo los pasos de Truman Capote en A sangre fría, Norman Mailer se embarcó con esta novela en la doble aventura de analizar el hecho criminal y combinar las técnicas periodísticas con las de ficción. Las comparaciones son inevitables. Aunque no es fácil contrastar el estilo pues la traducción que propone Anagrama es un auténtico desastre: la mayoría de las expresiones no encajan en castellano, palabras como trasijado o frases como “el paisaje se le penetró a los ánimos”, aunque logremos entenderlas no las usaríamos nunca. Hay más: cantidades ingentes de erratas, errores sintácticos, de vocabulario, de concordancia, coloquialismos que al trasladarse literalmente pierden su sentido original, arbitrariedad en la puntuación, confusión de letras, género y número alterados, hasta algún cambio de nombre a veces. Imaginaos lo que supone leer nada menos que 572 páginas plagadas de lindezas así. A veces parece que el traductor nos da un respiro pero enseguida vuelve a las andadas para seguirnos torturando hasta el final.

Aún así, puede intuirse que A Sangre fría es más literaria en el estilo y la recreación de escenas. A pesar de que reproduce testimonios, más o menos exactos, recogidos por la policía, por el propio escritor o bien recabados durante el juicio, también recrea paisajes y momentos, su lenguaje es propio de la novela y aporta una visión más panorámica, explicando las circunstancias sociales y el contexto general de las víctimas. En cambio, el lenguaje y la concisión de Mailer, si bien no desvela sus fuentes de información, son más propios del reportaje escueto.

La Canción del Verdugo investiga un periodo de la vida de Gary Gilmore – delincuente habitual desde la adolescencia – que comienza cuando consigue la libertad provisional. El principal mérito de Mailer consiste en haber captado perfectamente a la persona, su carácter histriónico, su distorsionado concepto de la realidad y de sus relaciones con los demás, sus creencias (en particular su fe en la reencarnación) y, teniéndolo todo delante, – o casi todo – haber sabido pegar los retazos sin que apenas se noten las costuras. A medida que avanza la trama, podemos intuir el inevitable fracaso de Gilmore, la fuerza con que arrastra en su caída a los que más cerca tiene, las consecuencias (propias y ajenas) de la equívoca historia de amor que vive – o cree vivir – y la repercusión a que dan lugar los sucesos provocados por él, su carácter mediático, el enorme flujo económico que acarrea, pues invertir en su historia promete suculentos beneficios y da lugar a que el binomio vida-pena de muerte se convierta en un macabro juego en el que decenas de personas apuestan con una escalofriante frialdad.

El otro punto fuerte junto a esa sutileza psicológica es, en su fase final, la recreación de todo el entramado jurídico, periodístico-comercial que se produjo. Los detalles del proceso, las oscilaciones del personaje, así como la nube de ávidos profesionales que le rodearon y que están admirablemente descritos, atestiguan una minuciosa investigación. Se trata de la codicia más impúdica que pueda existir expuesta prolijamente con nombres y apellidos – tantos que a veces resulta difícil recordar quién es quién – de la bandada que, por unos meses, sobrevoló la prisión que albergaba al condenado.

Estamos ante una de esas historias que suscitan el interés desde el principio y consiguen aumentarlo paulatinamente. No sólo por la intriga que provocan necesariamente los hechos narrados sino por la variedad de las cuestiones que trata, la profundidad con que las aborda, la carga de crítica personal y social que va acumulando y por la galería de personajes que retrata, muy convincentemente por poco favorecidos que aparezcan. Un mérito más de la novela, y prueba de su indiscutible calidad, es que nos deje con ganas de saber mucho más de lo que se cuenta, tanto de lo ocurrido en la época en que tuvieron lugar los hechos como de lo que se produce más tarde. En realidad, podríamos hablar de varias novelas que se suceden pues cada fase del relato podría bastar por sí misma.

lunes, 27 de febrero de 2012

Herman Koch: La cena


Idioma original: holandés
Título original: Het Diner
Año de publicación: 2009
Valoración: está bien

Dos matrimonios cenan juntos en un restaurante de moda en Ámsterdam. Por un lado, Serge Lohman (conocido político) y su mujer, Babette; por otro, Paul (hermano pequeño de Serge) y su mujer, Claire. Lo que parece una simple velada en familia en realidad es una reunión para decidir qué van a hacer con sus hijos, dos jóvenes de 15 años que han cometido un delito por el que pueden ser condenados a prisión.

¿Cómo deben actuar? ¿Deben mantenerse leales a sus hijos, borrar las huellas de su crimen y alejarlos de las autoridades? ¿O, por el contrario, deben actuar de forma honesta –tal y como exigirían a cualquier otro ciudadano que estuviera en su lugar– y denunciarlos? ¿Están preparados sus hijos para pagar por lo que han hecho? O, mejor dicho, ¿están ellos preparados para soportar la vergüenza de haber criado a un par de delincuentes?

Amor paterno-filial, comprensión, traición, inmadurez, decencia, honradez, culpa, hipocresía... muchos son los temas que Koch plantea en esta obra a través de las palabras de Paul, quien, echando mano de sus recuerdos y de los acontecimientos que tienen lugar durante la cena en cuestión, intenta presentarnos el retrato de una clase media acomodada y pagada de sí misma más sórdido de lo que estamos acostumbrados a percibir. Pero, ay, Koch falla. Y lo que nos prometían como un ataque despiadado a la burguesía y a las mentes bienpensantes se queda a medio camino, en un "quiero y no puedo" regado con vino francés y conversación vacía.

Así, los personajes se pierden en elucubraciones sobre el racismo, la educación, la comida, el dinero, la violencia, etc., y hasta la mitad de la novela no sabemos qué ha pasado ni por qué han decidido cenar juntos. A partir de entonces, la situación se vuelve un tanto forzada, como si nos estuvieran prepararando para el intento del autor de sacarse un as de la manga que dé la vuelta a la situación y "justifique" la actuación de los jóvenes –y, como consecuenica, la de los padres.

No tengo nada en contra de los ases en la manga ni de ocultar información hasta el momento oportuno (eso puede convertir una historia en LA historia), pero sin duda es un recurso que hay que manejar con cuidado para que funcione. Y, en el caso de La cena, podríamos decir que Koch no ha jugado bien sus cartas (o bien que usó una sota en lugar de un as) y que, aunque el libro es entretenido, se lee rápido y ayuda a pasar la tarde o varios viajes de metro, no llega al nivel que pretendía –ni al que promete la publicidad–.

domingo, 26 de febrero de 2012

Ann Yeoman: Ahora o Nunca Jamás. Peter Pan y el mito de la eterna juventud

Idioma original: inglés
Título original: Now or Neverland. Peter Pan and the Myth of Eternal Youth
Fecha de publicación: 1998
Valoración: está bien

Cuando Peter Pan empezó a ser sometido a una crítica académica, esta echó mano sobre todo de instrumental freudiano. Y es que material hay de sobra. Por ejemplo: Peter dice sentir un visceral rechazo por las madres debido a que la suya supuestamente le abandonó, pero luego se dedica a proyectar el rol maternal sobre toda mujer que se le acerca. Si a esto le sumamos ciertos aspectos algo escabrosos de la personalidad de su autor, Barrie, pues tenemos el panorama perfecto para que un psicoanalista freudiano se ponga hasta las cejas de fijación materna, complejo de Edipo y demás.

Sin embargo, esta no es la única interpretación sobre Peter Pan que puede ofrecer el psicoanálisis. También tenemos a Jung, el alumno díscolo, y su teoría de los arquetipos, que son imágenes que pueblan el inconsciente colectivo y afloran a la conciencia del sujeto a través de sueños y creaciones artísticas para encarnar ciertas tensiones psíquicas. Pues bien, uno de ellos es lo que Jung llamaba el puer eternus, es decir, el niño eterno. Un arquetipo que simboliza en todos nosotros la vitalidad, espontaneidad y el júbilo unidos a la juventud. Poco tardaron los críticos junguianos en ver en Peter Pan un perfecto puer eternus. Ann Yeoman es quien lo ha explicado con mayor empeño y profundidad.

En el libro hace primero una breve revisión sobre lo que se ha dicho acerca del arquetipo del niño eterno, para repasar después diversas encarnaciones del mismo; dioses clásicos, sobre todo: Dioniso, Hermes, Pan. Y es que parece que no, pero no son pocas las coincidencias del personaje de Barrie con estas divinidades. El apellido, para empezar. Pero también la capacidad de volar, o de manifestarse en sueños, por ejemplo. Yeoman hace un pormenorizado análisis de la novela original a la luz de las ideas de Jung. Consigue así ofrecer una lectura reveladora de Peter Pan, aunque, claro, inevitablemente ligada a una teoría psicológica que a mí, al menos, me parece que tiene sobradas debilidades.

Tengo la sensación de que la ambigüedad esencial de los arquetipos junguianos es la excusa perfecta para torcer la interpretación hasta que coincide con lo que uno quiere decir, reclamando además para la misma un carácter trans-histórico que no se sostiene. Eso sí, a Yeoman hay que agradecerle que fuera una de las primeras críticas que decidiera dejar de lado el morbo que acompaña al autor y centrarse sólo en su obra.

sábado, 25 de febrero de 2012

Truman Capote: Otras voces, otros ámbitos

Título original: Other voices, other rooms
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1948
Valoración: Recomendable

"No conocía a nadie que escribiese y a poca gente que leyese. Pero el caso era que sólo me interesaban cuatro cosas: leer libros, ir al cine, bailar claqué y hacer dibujos. Entonces, un día, comencé a escribir sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo", Truman Capote dixit. Porque sí, señores y señoras lectores y lectoras de ULAD. Hoy, de nuevo, un show de Truman... En este caso, su primera obra, publicada cuando el autor contaba con apenas veintitrés años. Y si es cierto lo que dice la frase que encabeza este post (y estoy convencido de que lo es), tiene bastante mérito que un muchacho sureño abandonado por sus padres y criado por parientes vetustos, superdotado autodidacta y espabilado a base de los palos que le dio la vida, escribiera esta digna primera novela publicada.

¿Argumento? Pues se trata de una historia iniciática. La protagoniza Joel Knox, un joven pueblerino del Sur de los Estados Unidos que abandona su hogar en busca de su esquivo y bohemio padre, que le dejó. Por el camino conocerá a todo tipo de personajes que prefiero no describir para que sea el lector el que alucine en colores con la benigna hasta agotar Amy, el brujeril negro Jesús Fever, o las irrepetibles gemelas Florabel e Idabel, monstruos ejemplares de esta historia tierna y nostálgica en la que a veces lo onírico se entremezcla con lo real.

El joven Capote utilizó su propia (y ya de por sí gótico-sureña) biografía para tejer las páginas de esta novela que se lee en un suspiro y que le deja a uno muy buen sabor de boca si ya conoce el estilo y el mundo del autor. Sí, ya sé que puede parecer extraño lo que afirmo, pero en mi humilde opinión Otras voces, otros ámbitos es una de las piezas más flojas de Capote, al que considero mucho mejor cuentista que novelista por mucho que revolucionara a medio mundo con ese reportaje novelado que fue A sangre fría.

De todos modos, háganme caso y, si pueden, lean este librito. Es agradable, es curioso, es gótico-sureño (cómo me gustan este par de palabrejas escritas juntitas) , posee una galería de personajes excéntricos como pocos y, en fin, lo escribió el padre de Holly Golightly antes de que la Gran Manzana lo pervirtiera del todo al ritmo que marcaba la marchosa Studio 54.





viernes, 24 de febrero de 2012

Gabriel García Márquez: El general en su laberinto


Idioma original: español
Año de publicación: 1989
Valoración: Recomendable

Esta es ya la sexta reseña que hacemos en este blog de una novela de Gabo: han pasado ya por aquí algunas de sus obras maestras, como Cien años de soledad o Crónica de una muerte anunciada; obras preciosas como El coronel no tiene quien le escriba o El amor en los tiempos del cólera, y ese truño infumable que es El otoño del patriarca. Vamos, que nos hemos ventilado ya las obras "mayores" de García Márquez...

El general en su laberinto es una novela histórica en el sentido más riguroso del término: narra los últimos meses de vida del "Libertador" Simón Bolívar (ese es el "general" del título), en su viaje terrestre y fluvial desde Bogotá hasta la costa venezolana, con intención de embarcarse luego para Europa en un viaje trasatlántico que nunca llegó a realizar. El que se nos presenta no es ya el Bolívar conquistador y heroico que aparece (veladamente, eso sí), en Las lanzas coloradas de Uslar Pietri, sino un hombre anciano derrotado políticamente, traicionado por su propio cuerpo, asediado por las conjuraciones, la enfermedad y la muerte.

Gran parte de lo que se cuenta en la novela es histórico: el viaje de Bolívar, las divisiones entre facciones en la recién independizada Gran Colombia; sus enfrentamientos políticos y personales, o incluso su proverbial gusto por las mujeres hermosas. (De hecho, a veces hay hasta demasiada historia: da la impresión de que, en mucho menor medida que Vargas Llosa en El sueño del celta, eso sí, Gabo a veces tampoco ha podido de reprimir la tentación de incluir en la novela un dato histórico, simplemente para demostrar que lo conoce.) Pero a partir de toda esa documentación histórica, consigue construir una visión íntima del personaje, como si lo hubiera conocido o lo hubiera creado.

El general en su laberinto es una novela peculiar, para ser de García Márquez, me refiero: en ella no hay realismo mágico; no hay (tantos) alambicamientos narrativos como en Cien años de soledad, ni la perfección técnica de Crónica... Incluso el estilo parece más llano, menos elaborado, con menos adjetivaciones y menos efectismo que en otras obras de Gabo. Probablemente no está ni siquiera entre sus obras maestras. Pero aun así, García Márquez siempre deja frases magistrales, hallazgos verbales o episodios memorables. Bueno, menos en El otoño del patriarca.


También de Gabriel García Márquez: Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba, El amor en los tiempos del cólera, El otoño del patriarca y Cien años de soledad

jueves, 23 de febrero de 2012

Chimo: La voz de Lila

Idioma original: francés
Título original: Lila dit ça
Año de publicación: 1996
Valoración: Recomendable

Me gustan mucho las novelas cortas. Y me interesan aquellos libros que, más allá del texto, están rodeados por una historia editorial, por un misterio, por un suceso. La voz de Lila reúne ambas condiciones: según cuenta Ignacio Vidal-Folch en el prólogo, y como se explica brevemente en la nota del editor francés, el manuscrito llegó a la editorial de manos de un abogado y literalmente de forma manuscrita: dos cuadernos rojos escritos con bic, con tachones, faltas de ortografía y textos en los márgenes. El autor: un desconocido, un tal Chimo, a su vez protagonista de la novela, seguramente de origen árabe, residente en los suburbios, la banlieue, de piel oscura, alguien que nunca ha escrito una línea. ¿Foto? No: desea permanecer en el anonimato. Resultado: un éxito en el país vecino. Análisis posterior: mucha gente cree que en realidad Chimo no existe, que es el alter ego de un conocido escritor. A día de hoy, el misterio sigue sin resolverse.

En serio, estas cosas me encantan.

La novela está muy bien, es una gozada de lectura. El narrador, Chimo, cuenta en primera persona su vida en el suburbio a través de la relación que establece con Lila, una golfilla de cuidado, hermosa, hermosísima, que básicamente se dedica a hablar de sexo, ponerle cachondo y enfrentarle, según avanza la novela, a sus propios miedos, a sus carencias emocionales, a su manera de "estar" en el mundo. ¿Literatura erótica? Desde luego. Pero es más que eso.

Soy de los que creen que Chimo no es tal, sino que hay un gran escritor detrás de la novela. La voz del narrador, que bascula entre momentos poéticos (sobre todo cuando trata de describir a Lila, y cuando intenta averiguar lo que siente hacia ella), momentos de realismo cruel en el retrato del suburbio, o idas de olla narrativas cuando se pierde, suena muy real, demasiado real; es la voz de un joven de 19 años del suburbio que quiere sonar exactamente como un joven de 19 años del suburbio. Y vaya si lo consigue: si el refrán dice que la reina no solo debe ser casta sino parecerlo, esta novela sin duda parece el texto de Chimo. Y es ahí donde, creo, el misterio queda resuelto: el autor repite, muchas veces, lo perdido que se encuentra a la hora de escribir, lo mucho que le cuesta sumar palabras, los mecanismos de memorización que emplea para poder transcribir, a posteriori, todas las escenas que vive con Lila. Para mi espíritu de investigador, son demasiadas explicaciones. Apuesto por un pedazo de escritor. (añadiré aún que mi lectura anterior ha sido X, de Percival Everett, y que su trama me ha influido, casi seguro, en la toma de partido por esta opción.)

La voz de Lila es una historia de amor, de iniciación al amor, pasada por el tamiz de un mundo sórdido, triste, sin esperanza. Las escenas de sexo son imaginativas, detalladas; contrasta su luminosidad con la oscuridad del suburbio en el que vive el protagonista. Umbral definió a Lila como "una Lolita porno y tercermundista", y me parece una descripción acertada. En todo caso, detrás de la historia de amor, cuando la novela se acerca al final, hay otra cosa: un hachazo a la sociedad, una crítica demoledora al mundo mezquino, patético y sin remedio que hemos construido, y es precisamente a través de Lila que notamos este golpe. Comprendemos que toda la novela, toda, está escrita con esa luz indirecta, y que la historia de amor ha sido un mecanismo, una fórmula para atraparnos y, llegados a las últimas páginas, recibir la hostia con la guardia baja, desnudos e impotentes.

Lo dicho: una gozada de lectura, aunque te deje ese sabor a sangre en la boca.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Max Blecher: Acontecimientos de la irrealidad inmediata y La guarida iluminada


Idioma original: rumano
Título original: Întâmplări în irealitatea imediată y Vizuina luminată
Año de publicación: 1936 y 1971
Valoración: Imprescindible

A pesar de su temprana muerte y de los muchos años que su obra estuvo censurada en su país natal (durante el régimen comunista, primero, y durante el ceausista, años después), Max Blecher es uno de los autores rumanos de referencia del siglo XX, lo cual, teniendo en cuenta que sólo llegó a escribir un pequeño libro de poemas y tres novelas (además de alguna colaboración para alguna revista literaria de la época, como Billetes de papagayo y Les Feuilles Inutiles), sin duda es mucho decir.

Pensaba escribir dos reseñas para estas obras que comento hoy, pero, así como me parece una buena idea que aparezcan reunidas en un solo volumen, también creo necesario hacer una reseña conjunta, pues encuentro estas dos novelas como entidades complementarias, y por supuesto ganan mucho si se leen como un todo y no como obras independientes.

Así, en Acontecimientos de la irrealidad inmediata (su primera novela), Blecher narra, utilizando la primera persona (como es habitual en sus obras), la forma en la que él ve el mundo que lo rodea. ¿Son sucesos reales los que nos cuenta? No lo sabemos. Pero no importa. Importa aquí ese intento de responder a la pregunta ¿quién soy yo? ¿qué hago aquí? mientras se presenta como niño, como adolescente, como una persona a la que la enfermedad todavía no ha postrado para siempre en un camastro y que tiene una curiosidad enorme por desentrañar el mundo en el que vive.

En La guarida iluminada, sin embargo, lo que nos cuenta Blecher es muy diferente. En su tercera y última novela (publicada póstumamente), el autor recoge el testigo de la narración de Corazones cicatrizados (la crónica de su paso por la ciudad sanatorio de Berck-sur-Mer) y vuelve a hablar de su vida en un sanatorio, de la gente que conoce allí y de su experiencia con la enfermedad. Porque el texto de Blecher no es el testimonio de su lucha contra su dolencia, sino una descripción de todo aquello por lo que pasa. Cada cura, cada molestia... pero también cada momento alegre y cada cosa hermosa que ve está en este libro, y su forma de narrar es la misma en todos los casos.

Blecher no se lamenta ni autocompadence, simplemente constata un hecho. Y para ello utiliza una prosa serena y poética, donde cada párrafo es una pequeña obra de arte que nos hace disfrutar, a pesar de lo terrible y lo triste que es lo que estamos leyendo. Puede que ninguno de estos libros sea lo más recomendable cuando alguien está con el ánimo bajo, pero sin duda la obra de Blecher es un must.


También de Max Blecher: Cuerpo transparente y Corazones cicatrizados

martes, 21 de febrero de 2012

Thomas Laqueur: La construcción del sexo

Idioma original: inglés
Título original: Making Sex. Body and Gender from the Greeks to Freud.
Fecha de publicación: 1990
Valoración: muy recomendable

Ya me voy dando cuenta, no creais que no. Que sí, que todos muy amigos y tal. Pero como aquí a un servidor le tira más el ensayo que otros géneros, resulta que todos pasáis de mis reseñas. Sí, sí, como lo estáis leyendo: que me he catado. Y no digo yo que no esté feo decirlo así en público, que sí que está, pero qué queréis que os diga: está uno ya un poco harto de tener fama de reseñar sólo chapas y tostones. Así que he decidido escuchar las lecciones que la televisión ofrece al mundo. Si quieres éxito, habla de sexo.

Y aquí estoy, dispuesto a que mi audiencia suba como la espuma. No es sólo que este libro hable de sexo, es que también tiene dibujos. Dibujos sobre sexo, se entiende. El que os pongo arriba, sin ir más lejos. ¿Alguien podría decirme qué es lo que se representa? Venga, ya que os ponéis tímidos, lo digo yo. Es un pene, ¿no? O, mejor dicho, dos penes. Algo raros, también es cierto, pero se trata inconfundiblemente de genitales masculinos. ¡Ja! Pues nada de eso.

La ilustración está extraída de la que fue durante mucho tiempo la Biblia de la Anatomía: De humani corporis fabrica (1543) de Vesalio. El libro se hizo famoso por sus minuciosas imágenes que incorporaban el saber de las disecciones, ya entonces frecuentes. Bueno, pues con disecciones y todo, Vesalio se obstina en recoger una vieja convicción de la medicina, presente desde lo griegos: que la mujer no es más que un hombre imperfecto. Así, los genitales femeninos serían casi idénticos a los masculinos, sólo que, claro, interiores.

Como se aprecia arriba los anatomistas representaban la vagina como un pene interior, cuyo glande serían los labios mayores y menores. El útero, por su parte, no era más que un escroto interior, y los ovarios, evidentemente, testículos femeninos. Todo esto nos suena hoy de lo más extraño: ideas rarísimas de gente antigua que han quedado refutadas por una observación empírica rigurosa. Pues aquí está quizá la mayor aportación del libro de Laqueur, en demostrar que la observación empírica no tuvo nada que ver en que se creyera durante mucho tiempo que hombres y mujeres tenemos los mismos genitales, y tampoco en que se dejara de creer. La cuestión no está en mirar, sino en cómo mirar. Y hasta el siglo XVIII no empezaron a mirarse los genitales de hombres y mujeres con el firme propósito de demostrar lo diferentes que son.

En fin, qué más queréis. Esta vez os hablo de un libro increíblemente bien documentado, que destruye unos cuantos mitos sobre el modo en que avanza la ciencia y que, además, está lleno de dibujos de penes y vaginas y cuenta un montón de impagables anécdotas sobre porquerizas que se convierten en hombres y viceversa. Si es que lo tiene todo. Si de ésta no me quito la fama de chapas, ya no sé qué hacer.

lunes, 20 de febrero de 2012

Colaboración: Compro oro de Harkaitz Cano

Idioma original: castellano.
Año de publicación: 2011.
Valoración: está bien.

Compro Oro es diferente. Diferente porque es el primer libro en castellano de un autor que escribe en euskera. Y diferente respecto a sus anteriores poemarios. Queda lejos el estilo surrealista y la tendencia barroca a recargar el lenguaje de Kea behelainopean bezala (1994). Respecto al realismo sucio de Norbait dabil sute-eskaileran (2001), es verdad que Harkaitz Cano no ha agotado del todo esa vía si bien se mueve en otros parámetros: más distanciado de la visión de lo cotidiano. En Compro oro puede constatarse una muy pequeña presencia de estos dos libros anteriores: el poema “Volver” en el caso de Kea behelainopean bezala y “Encendida” en el caso del segundo. Pero sin duda la expresión que emplea el autor es mucho más sencilla en este libro que nos ocupa, donde predomina la descripción y la sucesión de imágenes sobre la metáfora. Como consecuencia, se repite la tendencia al aforismo y a lo que él denomina ‘falsos haikus’.

Las citas que prologan los poemas revelan la importancia de la ventana como símbolo que articula el discurso del libro. Para empezar, la ventana física o la idea del poeta como voyeur que comprime lo sublime del instante en el poema: "Busco en ventanas incandescentes/ una sugerencia salvadora" (“La ventana discreta”). Como esta última, el segundo uso que hace Cano de la ventana es recurrente en su literatura. Se trata, como bien apunto Izas en su reseña sobre La voz es la cocina de los hombres, de la importancia de las referencias al mundo del celuloide en el imaginario del autor. La ventana como pantalla y la realidad hecha cine (que no grabada): "Ella descorría las ventanas y empezaba el espectáculo/ 'Es la Metro, es la Goldwyn, es la Mayer'" (“Llegar y besar el santo”). Habría que añadir que Harkaitz Cano acaba de participar en un libro de artículos sobre teleseries titulado Telezailak. Nork esan zuen telebistak tontotu egiten duela? (2011).

El tercer significado del símbolo de la ventana aparece como el más novedoso: la ventana como pantalla de ordenador. De este modo, Cano presenta un ejercicio de reflexión en torno a la poesía en la era digital. Principalmente, formula la pregunta sobre la durabilidad de los sentimientos, de lo poético, ante el excesivo número de textos y su obsolescencia (“Compro Oro 3”). Pero también subyace el problema de un cambio en los referentes de la hermenéutica (“Chéjov vs. Yahoo”), la intromisión del spam (“Promiscuidad”) o la inclusión de índices en la poesía (como ocurre con “Introducción al mundo cárnico”, una enumeración de temas que emulan un curso a distancia de carnicería). También cabe destacar una meditación sobre el proceso de construir una expresión poética, incluso sobre el yo-lírico, a través del procesador de texto (“Trazabilidad de los tachones”).

La profusión de referentes cinematográficos, la apuesta por la sencillez de la expresión y la reflexión sobre lo digital me llevan a considerar Compro Oro como un ejercicio de poesía-pop. Como proyecto, las unidades que lo componen se muestran muy cohesionados. La intención de Harkaitz Cano no ha sido crear un poemario con mucho peso lírico, más bien presentar una escritura y reflexiones novedosas, y ahí es donde radica su valor. Ahora bien, hay que dejar claro que si bien Compro Oro no es su obra más importante, Cano no es un autor ligero como ha demostrado con Twist (2011), su última novela.

Firmado: Paulo Kortazar

domingo, 19 de febrero de 2012

Arturo Uslar Pietri: Las lanzas coloradas

Idioma original: español
Año de publicación: 1930
Valoración: Muy recomendable

La literatura puede hacer muchas cosas con la historia: puede tomarla como fuente de inspiración, puede complementarla con pequeñas historias cotidianas, puede usarla como simple motivo narrativo... Puede respetarla y someterse a sus dictados sobre la "verdad histórica" (no vamos a entrar a discutir si eso existe o no), o puede manipularla y someterla a la "verdad poética", o dicho en otras palabras, modificar los hechos para conseguir el efecto estético deseado (y tiene todo el derecho a hacerlo, precisamente porque, como ya dijo Aristóteles, la literatura no es historia).

Eso es precisamente lo que hace Arturo Uslar Pietri en Las lanzas coloradas: partir de un episodio fundamental de la historia de la Independencia de Venezuela (la Batalla de La Victoria entre "realistas" -favorables a la corona española- y "patriotas" -favorables a la independencia-), y tomarse las libertades factuales que considera necesarias para construir una trama literaria acabada y redonda; la más importante de estas licencias es situar a Bolívar en un campo de batalla en el que nunca estuvo, consiguiendo así un efecto narrativo final que se habría perdido de seguir al pie de la letra el dictado de los hechos.

Pero al margen de estas licencias históricas, lo que Uslar Pietri escribió es una gran novela, una novela magnífica. A través de dos planos superpuestos (el público-histórico y el privado), consigue ofrecernos una visión completa de la sociedad venezolana en el momento de sumergirse en el torbellino de la guerra. Boves (cruelísimo general "godo") y sus siete mil lanceros, y Bolívar (el Libertador deseado) son los polos en el plano histórico; Fernando Fontas (abúlico terrateniente de provincias que solo se decide a apoyar a los republicanos cuando lo ha perdido todo) y Presentación Campos (su brutal mayordomo, esclavo ahora autoliberado y enrolado en las tropas españolistas) lo son en el privado.

La novela va creciendo a medida que avanzan las páginas: va creciendo en ritmo, en intensidad, en fuerza. Tras unos primeros capítulos sosegados y casi costumbristas, la acción se desboca desde el momento en que Presentación Campos decide rebelarse y entrar de cabeza en la guerra, empujando a Fernando Fontas a hacer lo mismo. Los dos últimos capítulos tienen la fuerza y la emotividad épica de una sinfonía romántica: las cargas de caballería, los cañones disparando constantes, lo individual armónicamente entrelazado con lo colectivo, la sangre volando por todas partes. (Me vienen a la cabeza, no puedo evitarlo, las imágenes de las escenas bélicas de las películas de El señor de los anillos).

Las lanzas coloradas es una grandísima novela, quizás injustamente ensombrecida por la enorme cantidad de grandísimas novelas que se escribieron en Hispanoamérica durante el siglo XX. Pero merece la pena, sobre todo para ver lo que es una "buena" novela histórica, y no muchas otras que pasan por ello hoy en día.

sábado, 18 de febrero de 2012

Sándor Márai: Los rebeldes

Título original: A zendülok

Idioma original: húngaro
Fecha de publicación: 1930
Valoración: Recomendable



Qué voy a decir del gran Sándor Márai que no hayamos dicho ya en ULAD. El talentoso húngaro, varias veces reseñado en nuestro blog, es uno de esos autores que aunque puedan gustar más o menos a los lectores, siempre es descrito utilizando las gloriosas palabras, sustantivo plus adjetivo, que salvan a un escritor de las malas críticas: calidad literaria. Porque la obra de Márai la tiene. Y en grandes dosis.


En esta novela, escrita por el autor cuando contaba con treinta años y revisada por él mismo muchos años después, nos encontramos con un catálogo de personajes típicamente sandorianos: seres introvertidos aunque de vez en cuando tengan arrebatos desconcertantes; atormentados aunque aún no les haya pasado nada especialmente malo; moderadamente oscuros tengan la edad que tengan, y actores perfectos de todo una ristra de neuras, obsesiones, comportamientos y costumbres que a los que no hemos vivido en esas tierras complejas y latientes del corazón de Europa, nos resultan chocantes, casi raros, y en ocasiones, incluso desagradables.

Y que de qué va la cosa en esta ocasión...


Pues Los rebeldes cuenta la historia de cuatro jóvenes húngaros, Tibor, Ábel, Erno y Béla, unos meses antes del final de la Primera Guerra Mundial. En pocas semanas los pobres imberbes serán llamados a filas, es decir, serán precipitados a los brazos de la Muerte por esos adultos de los que tanto recelan y a los que tan poco aprecian. Y bueno, tampoco se puede decir que ninguno de los cuatro cuente con lo que se dice una familia ejemplar: la vida de cada uno está repleta de episodios turbios y progenitores y parientes un tanto inhumanos o rancios. Sólo un "mayor", un avieso y peculiar actor de teatro de personalidad tumultuosa, se convertirá en su amigo y mentor y les llevará por vericuetos descontrolados, llenos de juegos y travesuras muy poco infantiles, hasta llegar a un dramático final...


En fin: Márai del bueno, aunque Márai, ¿alguna vez no lo es? Y sí, calidad literaria. Mucha.




También de Sándor Márai: Diarios 1984-1989; El último encuentro; La hermana

viernes, 17 de febrero de 2012

Cormac McCarthy: El Sunset Limited



Idioma original: inglés
Título original: The Sunset Limited
Año de publicación: 2006
Valoración: Muy recomendable

El Sunset Limited es un tren de pasajeros que pasa por Nueva Orleans, Luisiana y Los Ángeles, y también es el título de la segunda obra de teatro escrita por Cormac McCarthy (aunque muchos afirman que es una novela –y, de hecho, en la cubierta del libro se puede leer "una novela en forma dramática"–).

En esta obra de teatro/novela la acción transcurre en una habitación y sólo hay dos personajes, dos hombres maduros cuyo nombre no conocemos y a los que McCarthy llama Negro y Blanco (como cualquiera puede imaginar, debido al color de su piel). La historia comienza cuando ambos llegan a la casa de Negro, después de que éste le haya salvado la vida a Blanco, que planeaba suicidarse lanzándose al paso del Sunset Limited. Nada más llegar y tras sentarse a la mesa, comenzarán una conversación mediante la cual Negro (ex-convicto, ex-alcohólico y profundamente religioso) trata de convencer a Blanco (profesor de universidad y ateo) de que cambie de opinión y no vuelva a intentar quitarse la vida.

Ante tal argumento reconozco que creía que, o bien iba a leer una perorata sobre lo malo que es el suicidio y lo bueno que es creer en Dios, o bien todo lo contrario. De cualquier modo, me daba bastante pereza enfrentarme a esta lectura (no tengo nada en contra de nadie que piense de una manera u otra, pero me suelen molestar bastante las novelas "con mensaje", sea del tipo que sea). Sin embargo, lo que me he encontrado en este libro (por suerte) no es ni una cosa ni la otra.

Lo que McCarthy nos cuenta en El Sunset Limited es, simplemente, la historia de dos hombres que se conocen en las más extrañas circunstancias y de cómo uno de ellos intenta salvar al otro, aunque éste no desee ser salvado. Pero también es un fantástico relato en el que los dos personajes hablan del sufrimiento, del sentido de la vida y de las relaciones humanas. Como sus nombres (o los nombres con los que el autor los distingue), Blanco y Negro encarnan dos visiones opuestas de la vida, dos formas contrarias de ver el mundo que, aunque coexistan, difícilmente pueden llegan a entenderse.

McCarthy se descubre en este libro (para mí, pues no he leído la primera obra de teatro que escribió) como un buen autor de teatro, construyendo un universo tan complejo como sencillo, tan esperanzador como desesperado, y consiguiendo mantener la tensión durante toda la historia. No hay un solo instante en que la acción decaiga o en que las palabras de uno u otro nos permitan despejar los ojos del papel, pues en ningún momento somos capaces de imaginar qué va a ocurrir a continuación.


(Se ha rodado una película basada en esta obra y ha sido protagonizada por Tommy Lee Jones (quien también la ha dirigido) y Samuel L. Jackson. Y aunque éste no es un blog sobre películas, os recomiendo que la veais. Como esperaba, es simplemente estupenda)




También de Cormac McCarthy: Meridiano de sangre, Hijo de Dios, La carretera y No es país para viejos

jueves, 16 de febrero de 2012

Bernardo Atxaga: Esos cielos

Idioma original: euskera
Título original: Zeru horiek
Año de publicación:
Valoración: Recomendable

Se pueden decir muchas cosas de Bernardo Atxaga (y muchas de ellas, buenas), pero no que sea un escritor cobarde (ni literaria ni políticamente hablando). Lo digo, sobre todo, porque otro en su situación podría haber decidido acomodarse en la tranquilidad del éxito, haber seguido escribiendo novelas del ciclo de Obaba, con esa fantasía tan suya (algo así como un realismo mágico a la vasca), o haberse dedicado a la literatura infantil y juvenil en euskera, que le aseguraría ventas y tranquilidad. Pero no: llegó un momento, a principios de los 90, después del boom de Obabakoak (a lo mejor a causa del boom de Obabakoak) en que decidió dar un giro a su carrera, y cambiar de temas, de estética y de escenarios: tratar temas de la realidad vasca contemporánea e histórica que implican meterse en charcos en los que nadie le obligaba a meterse.

En esa nueva línea se sitúa precisamente Esos cielos, que relata el viaje de vuelta de una ex-etarra arrepentida, desde su salida de la cárcel hasta su llegada a Bilbao, en autobús. Ese autobús, precisamente, se convierte en un microcosmos abigarrado (monjas, policías, una mujer enferma, las azafatas) que retiene y oprime a Irene, la protagonista. Todo está en su contra: la policía (que quiere obligarla a cooperar como informante), la organización (que la considera una traidora), su familia (que le reprocha sus elecciones vitales), incluso ella misma, que duda y se reprocha constantemente. Los años pasados en la cárcel, con sus compañeras de celda, casi parecen apetecibles en comparación con lo que espera fuera. Solo la solidaridad femenina (humana) de las monjas y de la mujer enferma parecen ofrecerle cierto tipo de cobijo.

Esos cielos es una novela valiente en la trayectoria de Atxaga, pero no especialmente original en cuanto a su forma o estructura. La narración incluye sueños intercalados que, sin embargo, son más bien flashbacks que Atxaga utiliza para mostrarnos capítulos de la vida pasada de Irene que le han llevado a la situación actual. Parece mentira en una novela de Atxaga, pero se echa de menos algo más de fantasía, de imaginación, incluso (o sobre todo) en los fragmentos supuestamente oníricos. O sea: es Atxaga, nunca está mal leerle, pero yo me quedo con sus obras pre-Obabakoak, para qué nos vamos a engañar.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Colaboración: Boxeo sobre hielo de Mario Cuenca Sandoval

Idioma original: castellano.
Año de publicación: 2007
Valoración: Muy recomendable.

Mario Cuenca Sandoval resultó ganador del Premio Andalucía Joven de Narrativa en el año 2006 con Boxeo sobre hielo. Fragmentos de la misma serían incluidos en la antología Mutantes: narrativa española de última generación (2007). Pese a que Cuenca Sandoval cuente con un libro posterior (El ladrón de morfina, 2010) al que aquí nos ocupa, estamos ante una novela notable que merece ser tenida en cuenta.

Pese a su título y los capítulos iniciales sobre el boxeador Loco Larretxi, lo que parecía una historia sobre boxeo pronto se convierte en un relato alucinado de los últimos años del Franquismo. A ello contribuye el ambiente psicodélico y underground en que el autor enfrasca a sus personajes: internacionales del partido Trotskista, música de los 60 y ácido lisérgico con sus respectivos manifiestos alentando al consumo. Como ya declaró el autor en su día, el deporte en cuestión no le interesa más allá de su aspecto estético y por ende pasa a segundo plano en la novela. Lo realmente importante en Boxeo sobre hielo son los descensos al infierno que experimentan sus personajes, cayendo constantemente como si luchasen sobre el hielo. La locura de ‘el Loco’ Larretxi es extravagante y mesiánica. La de Margot, mujer del Loco y pianista, es una locura introvertida, no por ello menos brillante.

El collage narrativo es el recurso utilizado para canalizar la demencia. Esto sirve a su vez para introducir las divagaciones filosóficas y artísticas del narrador, Mikel Larretxi, hijo del Loco y Margot. Aunque del mismo modo en que resulta un aliciente, también se convierte en una de las fallas. Si bien los capítulos sobre el explorador Heyerdahl o el filólogo Milman Parry se asemejan a las dinámicas demenciales de los personajes – debido a lo absurdo o lo elevado de sus proyectos –, la sensación es que no están totalmente ensamblados con la narración. Me confieso fan del cut-up, pero en Boxeo sobre hielo ciertos fragmentos no logran superar la categoría de anécdota y pasar a integrarse en el paisaje propio de la novela.

La última locura a la que asiste el lector es la del narrador. Ya en la época actual, Mikel Larretxi se embarca en un viaje por Europa en busca de su madre y acaba confeccionando una anti-guía de las ciudades de Europa, en lo que constituye una reflexión sobre la decadencia de la cultura y sociedad occidental (“No visiten París. No es la ciudad del amor, sino de la violencia y la soledad”, pág. 144). He de decir que esta obra me ha recordado algunos elementos de la literatura de Paul Auster. Aunque soy consciente de que tratándose de motivos recurrentes en la literatura bien podrían atribuirse a otros autores. Por ejemplo, el esquema psicológico ‘crisis-decadencia-salvación’ que se sucede en bucle (como en Moon Palace, 1989) o la inmersión, y subsiguiente vaciado identitario, del individuo en la ciudad (como en The New York Trilogy, 1985-1986). Del mismo modo, como lectores, la fuerza de la narración consigue hacernos experimentar, previa rendición incondicional, una inmersión forzosa en la novela.

Firma: Paulo Kortazar

martes, 14 de febrero de 2012

Libros para San Valentín en ULAD

Que no, hombre, que no. Que en Un libro al día somos gente amable y amorosa. Otra cosa no, porque al fin y al cabo somos críticos, y ya se sabe que los críticos descreen de todo un poco. Pero en el amor, ¡cómo no vamos a creer en el amor! El amor está en la cuna misma de la literatura: el amor de Paris y Elena, el amor de Dante por Beatriz, el amor del Cantar de los cantares con sus pechos como gacelas y sus cabellos como rebaños de cabras...

Sin ir más lejos, le acabamos de dedicar una serie al amor. Sí, vale, Otelo es más bien la personificación de unos celos torturadores y autodestructivos, pero mira lo de C.S. Lewis y su esposa, qué bonito. Ya, hombre, sí que está muerta, pero tampoco hay que ponerse quisquilloso... De todas maneras, si nos ponemos a hacer memoria, seguro que nos acordamos de un montón de historias de amor, rubicundas y felices como perdices de cuento.

Por ejemplo, tenemos a Florentino Ariza y Femina Daza, que acaban bastante bien. Aunque también es verdad que eso es después de una larga y achacosa existencia de dolorosa separación... Pero, oye, no todo ha sido deshacerse de pena en la distancia. Hace no mucho recordamos las alegrías que se regalaban una moza soltera y su amante el oficial. ¿Romántico? No, muy romántico no era, a no ser que tu concepto de romántico incorpore abuelas y lavativas. Pero es que tampoco podemos estar siempre a vueltas con los pájaros y las flores, ¿no? Hemos hablado de unos cuantos amores que no sé si serán románticos, pero desde luego son reales, hasta crudos diría yo. Tenemos a Frederik y Cati, por ejemplo, y a Paul y Marijana. Aunque es curioso que justo me hayan salido casos en los que la medicina anda metida de por medio, y para mal. Vaya por Dios.

Pero es que, también, qué le vamos a hacer si los escritores sólo parecen inspirarse cuando tienen enfrente un amor trágico de tomo y lomo. ¿O es que tengo que recordarte que nuestra primera entrada la dedicamos a Laura Avellaneda y Martín Santomé? Poco después vinieron Pedro Páramo y Susana San Juan o incluso, sí, el Principito y su rosa. ¿Que en esa historia ni siquiera los dos son humanos? Ya, bueno, es que parejas disímiles tampoco nos han faltado. Ahí tienes al profesor Aschenbach y a Tadzio, a Sarah y Benoît o a Michael y Hannah. Veeenga síiii, la voy a poner también: a Bella y Edward. Pero es que una pareja más convencional tampoco es garantía de nada. Mira si no a Juan Pablo Castel, la que lió con María Iribarne...

En fin, que no lo podemos negar. Somos gente sensible, sentimental, ¡sensiblera incluso! Nos pasamos el día leyendo sobre tortolitos, carantoñas y cucamonas. Qué le vamos a hacer.

lunes, 13 de febrero de 2012

Libros para San Valentín: Otelo de William Shakespeare


Título original: Othello: The Moor of Venice
Idioma original: inglés
Escrita en: 1603
Valoración: imprescindible

En cuanto surgió la idea de hacer una serie de libros para San Valentín pensé en esta obra al momento. Pues es el amor el eje central de la historia, aunque se convierta en tragedia. Una tragedia a lo Shakespeare que no permite un instante de respiro a lo largo de sus cinco actos.

Otelo es un general moro al servicio de la república de Venecia que se enamora de Desdémona, hija de Brabancio, senador veneciano. Y consigue conquistarla y ser correspondido, llegando a casarse en secreto. Hasta aquí, una historia de amor de las que superan todos los obstáculos, no importan la raza, la religión, el nivel social...son dos almas que se enamoran perdidamente y que consiguen partir a Chipre, juntos, y con Brabancio ya enterado de lo ocurrido. No voy a desvelaros ni cómo se desvela el casamiento, ni porqué parten a Chipre recién casados, eso es ya tarea del propio Shakespeare, pero sí puedo mencionaros a Yago, uno de los personajes más interesantes de toda la obra del dramaturgo inglés.

Yago...encarna tanta oscuridad...inteligente, mezquino, manipulador, rencoroso y vengativo...es él el que cambia por completo el rumbo de una historia almibarada para convertirla en una absoluta tragedia. Ciertos asuntos que no salen como él esperaba, y deseaba, hacen que transforme con engaños y mentiras a un hombre como Otelo que es definido continuamente como hombre de honor, en un ser destruido por los celos. Porque el eje de la historia que es el amor se convierte en un amor tortuoso y destructivo. Los celos, los celos consumen todo lo romántico, ingenuo y positivo de la obra hasta erigirse en un demonio que logra acabar con todo.

Hay varios personajes que participan en la trama y que son utilizados como meras marionetas por Yago para conseguir sus fines. También persiguen alcanzar el amor y no dudan en creer a su amigo cuando les insinúa cómo tienen que actuar y qué tienen que pensar. Les mueve un fin más puro y no se dan cuenta de que, lo que realmente está haciendo que se desenvuelva su destino, es la venganza.

La habilidad del autor para describir a Yago, sus conversaciones, sus manipulaciones, cómo lleva a los personajes hacia dónde él quiere, sin ningún tipo de piedad, ni escrúpulos, que arremete contra todo y lo consigue, es espectacular. Y poder ver cómo Otelo, enamorado y honorable, termina cayendo en sus trampas, consumido absolutamente por los celos, no deja indiferente.

Una obra con un tema central que no pierde actualidad, que trata sobre los sentimientos humanos, cómo se desarrollan, cómo evolucionan, como pueden acabar consumiéndonos hasta la muerte...una tragedia enorme, una trama apasionada...un Shakespeare brillante.

Eso sí, quizá no la mejor historia para leer un día como al que le dedicamos esta serie.

(Hay varias versiones cinematográficas de la obra. Yo recomiendo la versión de Kenneth Brannagh, en la que él mismo interpreta a Yago y Laurence Fishburne a Otelo)

domingo, 12 de febrero de 2012

Libros para San Valentín: Una pena en observación de C. S. Lewis

Idioma original: inglés
Título original: A Grief Observed
Año de publicación: 1961
Valoración: Muy recomendable

Este es un libro que trata sobre el amor; y por lo tanto es un libro romántico, e incluso podría decirse que bonito. Pero también es un libro que trata, y mucho, muchísimo, sobre la muerte, y es por lo tanto un libro triste. Y es al mismo tiempo un libro que trata sobre Dios y es, en ese sentido, reflexivo y casi místico. Es un buen libro para San Valentín, pero solo para quienes quieran plantearse lo que puede ser la pérdida del ser querido.

En Una pena en observación, C. S. Lewis (sí, el mismo de Las crónicas de Narnia) reflexiona, con un tono sorprendentemente contenido, sobre la muerte de su esposa, la también escritora Joy Gresham (H. en la obra), a causa de un cáncer. Son páginas de una clarividencia y de una sinceridad desarmantes: Lewis evita caer en las fáciles frases hechas consolatorias ("ella está ahora en un lugar mejor"; "sigue viva en nuestra memoria"; "la muerte no es el final", etc.) y rechaza decididamente los lugares comunes de la literatura romántica (la idea de que el dolor por la pérdida es mayor en los lugares que se han compartido, por ejemplo), para aplicarse con minuciosidad implacable a describir sus propios sentimientos: la soledad, la ausencia, el dolor, pero también el miedo a que el recuerdo de la mujer se transforme en una ficción, en algo radicalmente distinto a la mujer real.

En las páginas de esta confesión descubrimos un amor adulto, maduro, pero no por ello menos intenso -para quienes creen que el amor romántico es solo cosa de jóvenes. El encuentro de dos personas no iguales, pero sí compatibles y complementarias, que comparten una felicidad casi plena. "En estos breves años pasados, H. y yo festejábamos el amor, en cualquiera de sus modalidades: la solemne y alegre, la romántica y realista, tan dramática a veces como una tempestad, otras veces tan confortable y carente de énfasis como cuando te pones unas zapatillas cómodas. No había fisura del corazón o del cuerpo que quedara insatisfecha".

Junto al amor y la muerte, Dios es el tercer gran pilar de estas reflexiones. Lewis, además de un escritor de novela fantástica, era un conocido apologista cristiano. En esta obra, sin embargo, la idea de Dios atormenta más que consuela al escritor: ¿cómo es posible que exista un Dios que prive de la vida a sus criaturas, que provoque dolor, soledad, muerte? ¿Cómo podemos tener seguridad de que Dios, y la vida después de la muerte, significan realmente algo? Y si significan algo, ¿qué es? Esas preguntas atormentan al escritor casi tanto como la propia ausencia de la mujer amada (aunque a un lector que no comparta esas inquietudes teológicas le puedan parecer demasiado abstractas o retóricas).


Hay adaptación cinematográfica, titulada Tierras de penumbra, con Anthony Hopkins en el papel de C. S. Lewis y Debra Winger en el de Joy Gresham.

sábado, 11 de febrero de 2012

Libros para San Valentín: El mar, el mar de Iris Murdoch


Idioma original: inglés
Título original: The Sea, the Sea
Año de publicación: 1978
Valoración: Imprescindible



Charles Arrowby, protagonista de esta novela, es uno de los personajes más odiosos que puedo recordar. Aclaro que todo lo que conocemos de él es de primera mano ya que
estamos leyendo sus palabras. Autor teatral de éxito, inmerso en la agitada vida social londinense dónde seguía brillando a sus anchas, a sus sesenta años más o menos decide retirarse a una casa solitaria, al borde mismo de la costa y a cierta distancia del pueblo más cercano, con la pretensión de escribir sus memorias, de confesarse la verdad a sí mismo. Pero el presente se va imponiendo con fuerza demostrando que ni el personaje es capaz de adaptarse a la vida retirada ni los fantasmas del pasado le permiten llevar a cabo su proyecto. El contacto con la naturaleza, el descanso, la meditación, la soledad productiva parecen ser los motivos que le han llevado a tomar esa decisión pero enseguida queda claro que, pese a las apariencias, Arrowby no puede vivir sin la gente, sin someterla y dominarla. Por eso, de la forma más caprichosa, irracional y cruel se dedica, desde allí mismo, a destrozar parejas, alimentar la ilusión de alguna dama incondicional para decepcionarla poco después, comprometer a sus amigos y molestarles todo lo posible. Consciente del enorme poder que ejerce sobre ellos y del atractivo, que aún conserva, para seducir a sus conocidas, no duda en poner en marcha toda clase de artimañas a cual más retorcida y perversa para fortalecer su ego y, de paso, burlarse de la buena fe de sus víctimas. Entre estos, el coro que le da la réplica, la mayoría muy inferiores a él en su opinión, encontramos a Lizzie y Gilbert, Perry y Pamela, pasando por el primo James, único al que Charles parece respetar realmente, hasta Hartley (su amor de juventud) y los miembros de su familia.

Haciendo de su antigua profesión su vida, ejerce de director de escena de todos ellos. Al menos hasta cierto momento, porque todo tiene un límite. La frialdad, la falta de empatía, el mecanismo mental que inspira toda clase de estratagemas es de lo más refinado y se refleja con toda precisión. Los enredos se suceden. Los disgustos de unos y la sonrisa de triunfo del otro también. Tras haber acompañado al personaje durante bastantes páginas creemos conocerle a fondo, nada le conmueve, es el correlato humano de un témpano. Entonces, cuando el lector menos se lo espera, convencido de que la novela continuará exactamente en el mismo tono, el ser desalmado que creíamos conocer a fondo se enamora como un tierno infante de una recién descubierta primera novia. La mujer, tal como la pinta Murdoch, no está en absoluto a la altura del refinamiento a que está acostumbrado Arrowby. Ni se ha cuidado ni se ha cultivado ni tiene mundo ni conoce a nadie relevante. Después de una vida dedicada al hogar, presenta el aspecto y tiene las reacciones que serían de esperar. Naturalmente, al ser Arrowby una celebridad, está al corriente de sus andanzas, pero ni se siente halagada ni tiene mayor ambición que continuar con su vida matrimonial como hasta entonces. Este desprecio es algo que la soberbia de Arrowby es incapaz de soportar. Le resulta sencillamente inaceptable que alguien – tan vulgar para colmo – no caiga rendido a sus encantos. El motor de tanto desvarío probablemente no sea amor real sino vanidad, extrema resistencia a la frustración y todo lo que conlleva la egolatría. Charles Arrowby ha de engañarse a sí mismo para mantener su autoestima íntegra, pero los vaivenes de la trama – continuas vueltas de tuerca que divierten enormemente al lector a la vez que le enfrentan con lo engañoso de las apariencias – además de mantener la tensión, dan lugar a que, olvidando la repulsión que nos provoca el protagonista, no tengamos más remedio que apiadarnos de él.

¿Cómo se resuelve este embrollo? Lo de menos es si consigue o no su objetivo. Importa, y mucho, la agonía psíquica que padece cada uno de los personajes, marionetas cuyos hilos sostiene Arrowby, el constante flujo y reflujo de sentimientos, la violencia (soterrada o evidente), la refinada maldad frente a la inocencia – a veces pura majadería – y aparente nobleza de alguno de sus antagonistas.

Ni que decir tiene que la penetración psicológica, la sutileza y la habilidad narrativa de la señora Murdoch son admirables, que se pinta sola para crear una personalidad compleja, contradictoria y llena de matices, capaz de ocupar por sí sola una novela de 730 páginas manteniendo la intriga hasta el final.

Me arriesgo a vaticinar que gustará a casi todo el mundo, en especial a los interesados en los repliegues de la mente humana y a los poco amigos de argumentos empalagosos e inverosímiles. Esto no es amor ni desamor, es todo lo contrario.


También de Iris Murdoch: El príncipe negro

viernes, 10 de febrero de 2012

Libros para San Valentín: Shirley de Charlotte Brontë

Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1849
Valoración: Recomendable

En estas fechas tan señaladas (a pocos días de San Valentín), me llena de orgullo y satisfacción reseñar una novela romántica pero de calidad, nada de ñoñeces que animen a los lectores a poner candaditos en puentes italianos, ni best-sellers de medio pelo que narren romances descacharrantes entre niñas raras y muertos vivientes y/o licántropos.

No. No hablamos de nada de eso. Les aseguro que Shirley, una de las cuatro grandes novelas que escribió la mayor de las Brontë, no decepcionará a los lectores exigentes que busquen disfrutar de un buen libro romántico pero sin empalagar y que, por supuesto, no frunzan el morro al escuchar eso de "literatura decimonónica". Porque sí, vale, Shirley es una novela de amor decimonónica, pero para nada puede ser tildada de tostón machista y predecible: no se merece en absoluto estos descalificativos que suelen acompañar a las de su clase.

Narra una historia de amor pero también de amistad y rivalidad entre dos mujeres: Caroline Helstone, una joven rubia, introvertida, delicada y bondadosa, y la Shirley (Shirley Keeldar) que da título al libro, morena, enérgica y un tipo de fémina muy avanzado para su época gracias a su espíritu independiente y sus ideas progresistas. El objeto de deseo de ambas es el joven y atractivo Robert Moore, primo de Caroline, que por culpa de los tiempos combulsos en los que discurre la trama, ve peligrar la próspera marcha de su fábrica textil y teme una revuelta de sus trabajadores. Y aunque en un primer momento parezca que Caroline es la mujer de sus sueños, la arrolladora Shirley lo revolucionará todo. Pero también andará por allí Louis, el reservado hermano de Robert, para añadir áún más emoción al artefacto...

Y de folletín, nada. Las reflexiones personales que atesora, la entrañable amistad que cultivan sus dos mujeres protagonistas (condenadas a odiarse), el suave feminismo que destila, la digna punzada social que da, los hombres aparentemente de hierro pero íntimamente sentimentales que presenta, y el suave giro que da la historia de enamoramientos que le capitanea, hacen de Shirley un libro de alta calidad literaria y sólida textura humanista.

Curiosidades: al parecer, la dulce Caroline Helstone de Charlotte Brontë estaba inspirada en su hermana pequeña Anne, y la indomable Shirley era una recreación de la mediana, Emily, de haber tenido ésta mejor salud y prosperidad. Mientras escribía este libro, Charlotte vio morir a las dos, víctimas de la tisis.

También dicen que a partir de la novela, el nombre de Shirley, hasta entonces cosa de hombres, comenzaron a ponérselo a las mujeres.

Vamos, que amor pastelón no es lo que encontrarán en las páginas de este buen libro.

También de Charlotte Brontë: Jane Eyre

jueves, 9 de febrero de 2012

Frigyes Karinthy: Viaje en torno a mi cráneo


Título original: Utazás a koponyám körül
Idioma original: húngaro
Año de publicación: 1937
Valoración: muy recomendable

Frigyes Karinthy (1887-1938) fue poeta, periodista, novelista y traductor (ahí es nada), un firme defensor del esperanto (aunque nunca llegó a hablarlo) y el primero que propuso la teoría de los seis grados de separación. Además, fue el padre de Gábor (que llegaría a ser un conocido poeta) y Ferenc Karinthy (cuya obra Metrópolis reseñamos aquí).

Entre las muchas obras que escribió destaca ésta, que describe de forma novelada lo que vivió desde que descubrió que tenía un tumor cerebral hasta que fue operado en Estocolmo. Así, Karinthy comienza su novela situándonos en el momento en el que experimenta los primeros síntomas de su dolencia –escuchando asombrado el sonido de un tren que sólo él puede oír– y desarrolla su obra a través de lo que él siente, lo que le dicen sus allegados –que su letra se vuelve indescifrable por momentos, por ejemplo, algo que él no es capaz de percibir– y del sinfín de médicos que visita y las interminables e innumerables pruebas médicas de las que es objeto.

Lo curioso de este libro es que en ningún momento el autor teme por su muerte ni se encuentra preocupado por el tumor que amenaza su existencia (lo que, obviamente, sería lo normal). Más bien al contrario, Karinthy describe todo lo que le ocurre con una increíble serenidad, como si la persona que tuviera el tumor fuera otra. Así, muestra una gran curiosidad y un incansable deseo de conocer –y, sobre todo, entender– lo que le ocurre, lo que le hacen y las consecuencias que todo ello puede tener en su salud.

Gracias a esa distancia, nos encontramos ante un libro que tiene mucho de científico y poco de sentimental, pero también ante una obra excelentemente escrita, con pasajes llenos de la ironía que también habita en sus otros trabajos. Aunque en ocasiones se enreda en digresiones más extensas de lo necesario, en mi opinión, es éste sin duda un libro que puede enseñarnos mucho sobre uno de los mejores autores del siglo pasado y, a su vez, de lo mucho que ha avanzado la medicina desde entonces.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Antonio Orejudo: Ventajas de viajar en tren

Idioma original: español
Año de publicación: 2000
Valoración: Muy recomendable

Antonio Orejudo es un gamberro. Y que conste que lo digo como elogio: en un panorama narrativo tan (generalmente) aburrido como el español, se agradece que venga alguien sin pelos en la lengua a quitarle el polvo a los muebles -y que lo haga, además, sin las ínfulas del autoproclamado Apóstol de la Post-Poesía Nocilla Forever Yo Reescribí a Borges Fernández Mallo (que como notará el sagaz lector, no me cae muy bien, aunque Nocilla Dream me pareciera una propuesta interesante).

Pero volviendo al tema: Antonio Orejudo es un gamberro, y se le nota en la forma y en el fondo. En la forma, por la ironía llena de mala leche que destila, con puntadas a los escritores, a los críticos, a los psiquiatras, a los profesores universitarios... En el fondo, por esa fantasía desaforada que muestra y demuestra, jugando "a lo Auster" con los planos narrativos, las historias dentro de las historias, los equívocos de identidad.

En Ventajas de viajar en tren tenemos sobre todo la historia de Martín Urales de Úbeda, enfermo paranoico que construye un mundo de ficción a su alrededor, y de su psiquiatra, Ángel Sanagustín, que en un tren con destino a Madrid comienza a dialogar con Helga Pato, cuyo marido está ingresado en el mismo hospital. O a lo mejor no, es todo muy confuso. A esta historia principal (el primer capítulo ocupa prácticamente la mitad del texto) se unen luego historias fragmentarias, supuestamente extraídas de las anotaciones de Ángel Sanagustín sobre sus pacientes; algunas de ellas son magníficas, como por ejemplo el capítulo titulado "Trastorno paranoico de tipo somático".

Para mi gusto, como dije cuando reseñé Un momento de descanso (que me gustó mucho menos), a Orejudo le sobra a veces su gusto por el humor escatológico (mierda, vómitos, asquito, puaj). Pero supongo que es imposible tener una cosa sin la otra: no se puede querer un autor gamberro que te saque polvo a los muebles, y al mismo tiempo ponerle límites a sus gamberradas. En fin, habrá que quererle como es, a Orejudo. Que no es poco.


martes, 7 de febrero de 2012

Philippe Ariès: El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen

Idioma original: francés
Título original: L'enfant et la vie familiale sous l'ancien régime
Fecha de publicación: 1960
Valoración: muy recomendable

¿Os acordáis de los Picapiedra? Toda la gracia de la serie estaba en la manera en que presentaba la Prehistoria con todos los rasgos del american way of life de los 60 (triturador de basura y autocine incluidos). Si uno lo piensa, en realidad tenemos una tendencia peligrosísima a hacer eso de continuo: proyectamos nuestra forma de vida a cualquier cultura y cualquier época. Es peligroso no sólo porque nos haga ignorar lo específico de otras formas de vida (ignorancia con la que puede vivirse bastante bien), sino porque nos empuja a creer que las cosas son como son porque siempre han sido así y no pueden ser de otra manera. Y ahí es donde el asunto se pone peligroso.

Pues bien, este libro es uno de los mejores antídotos que conozco contra el "síndrome Picapiedra". Lo que hace Philippe Ariès es dedicar sus esfuerzos a mostrarnos que la infancia tal y como la conocemos es el producto de un conjunto de procesos sociales relativamente recientes. Durante la Edad Media los niños pasaban a mezclarse con el conjunto de sus contemporáneos a partir de los siete años, más o menos, de modo que hablaban y vestían como los demás, participaban en los mismos juegos y fiestas, y aprendían enseguida el oficio que les correspondiera. No había asuntos que debían ocultarse de los niños por vergüenza o pudor, ni puede decirse que ocuparan un lugar privilegiado en el seno de la familia.

Esta situación fue cambiando lentamente a medida que surgía un sentimiento de la infancia en los siglos XVI y XVII. Ariès ilustra este proceso con una avalancha de testimonios textuales e iconográficos. Una de las fuentes más curiosas es el diario del médico personal del futuro Luis XIII, que se preocupó de registrar las monerías del príncipe. Así, por ejemplo, sabemos que a nadie le escandalizaba que la niñera durmiera con su marido en el mismo cuarto que el Delfín, ni que este se metiera en la cama de aquellos (en una época en la que todos dormían desnudos) nada más despertarse. Y es que tenemos que imaginarnos unas casas repletas de gente, muchos de ellos no unidos por lazos de sangre, en las que era casi imposible estar solo. El concepto que hoy tenemos de la familia, un lugar por excelencia de la intimidad donde los hijos ocupan el centro, tardó varios siglos en imponerse.

Estoy seguro de que todos vosotros, fieles lectores del blog, estaréis ahora recordando una reseña mía de agosto del año pasado (¿a que sí, a que os acordábais? ¿a que todas nuestras críticas dejan una huella imborrable en vuestras mentes lectoras?). Hablaba entonces de un libro titulado La desaparición de la niñez, con argumentos bastante parecidos. La explicación es sencilla: el ensayo de Ariès es ya todo un clásico en la historiografía de la vida cotidiana y no le faltan defensores ni detractores. Entre los primeros probablemente debiéramos contar a Michel Foucault, y es que muchas de las ideas que este desarrollaría en Vigilar y castigar, por ejemplo, aparecen preludiadas aquí. Luego me he enterado (gracias a Wikipedia) de que Ariès intercedió para que la tesis de Foucault se publicara, y de que este acabaría escribiendo la necrológica de Ariès. Espero que le devolviera también el favor de alguna manera menos póstuma.

(La imagen de arriba es un cuadro de Philippe de Champaigne, de 1649, titulado Les enfants Habert de Montmor.)

lunes, 6 de febrero de 2012

Colaboración: Libertad de Jonathan Franzen

Idioma original: inglés
Título original: Freedom
Año de publicación: 2010
Valoración: Muy recomendable

En los EE.UU. Libertad supuso el evento literario de la segunda mitad del 2010 y parte del 2011, y aquí se ha convertido en una de las novedades más importantes de este otoño. Jonathan Franzen, quién ya se hizo con el National Book Award por su novela The Corrections, vuelve a utilizar la historia de una familia de clase media – en este caso la familia Berglund – como parábola del tiempo y los acontecimientos políticos de la nación. Existen elementos exteriores por los que se ha convertido en un acontecimiento literario, por ejemplo, que Barack Obama haya confesado ser un admirador o las recientes declaraciones del autor respecto a la utilidad y el perjuicio (agárrense) que causan a la sociedad los e-books.

Respecto al primer dato, no es de extrañar la opinión de Barack Obama: la novela lo legitima a él política, social y culturalmente. Es más, Libertad puede considerarse como “el relato” de los años de la administración George W. Bush, desde la óptica demócrata, claro está. De ahí, una de las razones para el título: el concepto neoliberal de ‘libertad’, la libertad del usuario. Ya que la economía – la implosión de la desregulación – y la política, sobre todo la política exterior, de los EE.UU. son los leitmotiv de la obra.

Tan importantes son que incluso una segunda interpretación del título está muy ligada a la primera. Y ahí es donde Franzen habla de cómo la libertad del usuario en el plano sentimental produce consecuencias desastrosas. Corren en paralelo la decadencia de la familia Berglund y la degradación moral de la nación, tal vez en una crítica velada hacia la madurez política de la clase media durante el periodo comprendido entre los años 2000 y 2008. Fenómeno que se refleja asimismo en el cataclismo familiar por medio de infidelidades, tensiones y falta de comunicación.

El empaque de la obra, su progresión, su modo de narrar, las descripciones de la naturaleza y la complejidad de sus personajes son el producto de un autor excelente. Destaca la profundidad del personaje de Patty Berglund – que a través de su diario hace participes a los lectores de sus altibajos personales – y la complejidad del abogado ecologista y antihéroe Walter Berglund y de su hijo, el neocon, Joey. Pero volviendo a la narración, pese a ser la de un escritor de peso, la propuesta estética queda un tanto deslucida al imponerse la tercera persona omnisciente y una diégesis que no permite otros artificios más allá del diario mencionado con anterioridad. Y ahí radica el problema de esta obra, ya que para tratarse de la disección de un periodo histórico, su estilo es demasiado tradicional. En un contexto donde abundan las vanguardias estéticas que intentan explorar el espacio más allá de la postmodernidad, Jonathan Franzen ha escrito una novela del siglo XX sobre el siglo XXI. No desentonan, por tanto, sus declaraciones acerca del soporte digital y la literatura.

La conclusión es que Libertad es una de las novelas más importantes de la actualidad literaria. Se trata de una revisión política muy certera y ejecutada con precisión. Aunque esto no oculta que sea un tanto partidista ni adolezca de una falta de innovación en el plano estético – imprescindible, a mi entender, para dejar huella en el tiempo. Su longitud tampoco está totalmente justificada, aunque se suple con la brillantez de su prosa.

Firmado: Paulo Kortazar

domingo, 5 de febrero de 2012

Harvey Pekar, Joyce Brabner y Frank Stack: Nuestro año de cáncer


Título original: Our Cancer Year
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1994
Valoración: recomendable

A pesar de que Harvey Pekar (1939-2010) fue un estupendo crítico de libros y de jazz, ha pasado a la historia por ser uno de los más conocidos autores de cómics underground del pasado siglo, gracias a su obra American Splendor. Aunque en esta serie de cómics se dedicó a contar su vida y su peculiar manera de ver el mundo (acompañado de excelentes dibujantes, como Crumb), la obra que reseño hoy poco tiene que ver con ella.

En este libro –escrito a cuatro manos entre Pekar y su mujer, Joyce Brabner–, el autor relata cómo fue 1991, el año en el que descubrió que tenía cáncer. Así, en plena Tormenta del Desierto (algo que afectará sobremanera a Joyce) y mientras sufren apuros económicos para pagar la casa que se acaban de comprar, Harvey y su mujer tienen que hacer frente a una enfermedad para la que no están preparados. Mientras las pruebas médicas, las sesiones de quimioterapia y los bombardeos de medicinas se suceden, ambos tienen que luchar contra el cuerpo cada vez más débil y depauperado de Harvey y su negativa visión del mundo, que empeora cada día que pasa.

Con absoluta crudeza y sin un atisbo de autocompasión, la pareja cuenta el día a día de una enfermedad que cada vez está más presente entre nosotros y que, sin embargo, nos aterroriza como ninguna. Para llevar a cabo esa tarea han contado con la ayuda de Frank Stack (conocido, sobre todo, por ser responsable del primer cómic underground de la historia, The Adventures of Jesus), quien, con un dibujo sencillo –en apariencia– y sumamente expresivo, consigue que el lector se introduzca de lleno en la historia y se contagie de ese malestar general que la narración desprende.

Harvey y Joyce dejan constancia en este libro de que la gente que nos rodea (amigos, familiares...) es imprescindible para poder seguir adelante en una situación como ésta, pero también, desgraciadamente, de que al final cada uno tiene que vivir su propia lucha solo. Y, a pesar de lo que pueda parecer, no lanzan un mensaje negativo. Simplemente cuentan las cosas como ellos las vivieron. Como son, en definitiva. Quizá por eso nos asusten tanto.

sábado, 4 de febrero de 2012

Ana María Matute: Primera memoria


Idioma original: español
Año de publicación: 1959
Valoración: Muy recomendable


La literatura femenina del siglo XX en España ha producido unas cuantas joyas, no muchas, pero suficientes para enorgullecernos y disfrutar con ellas durante bastante tiempo. Lo malo de las obras excepcionales es que se estudian. Sí, no es ninguna tontería, forzosamente han de llegar a los libros de texto y eso les presta un aura injustamente soporífera. Pero como lo aburrido, que yo sepa, nunca ha pasado a la historia, lo que hay que hacer es dejarse de prejuicios, y darles una oportunidad. Pensemos que si llevan años mencionándose por aquí y por allá, evidentemente, es por algo. Otra recomendación, que me parece obvia, es que se lean a la edad conveniente. Nada hay más efectivo para arrinconar las mejores creaciones que obligar a los chavales a leerlas cuando sus intereses todavía son otros. Yo opino que no hay que darles libros sino páginas hábilmente elegidas (de Cervantes, de Galdos, de Matute…) de lo contrario sólo conseguiremos que, si llegan a leer algo, se conformen con productos de cuarta.

Las mujeres entraron en la historia de la literatura, como en todo lo demás, de puntillas y muy despacio. Hasta el s. XX no encontramos nombres de primera fila. De esa categoría, yo no conozco más que tres: Ana María Matute, Rosa Chacel, Mercè Rodoreda; y precisamente ahora, cuando abundan los nombres de ambos sexos, no hay tiempo para cocinar a fuego lento los guisos literarios.

En mi opinión, lo mejor de Ana María Matute, hay que buscarlo antes de 1973. A partir de entonces transcurre un largo trecho, veinte años, sin ninguna producción novelística y con apenas publicaciones: algo de literatura infantil y unos pocos relatos para adultos. Primera memoria, que forma parte de la celebrada trilogía Los Mercaderes junto con Los soldados lloran de noche y La trampa, ganó en 1959 el, entonces más que prestigioso, Premio Nadal. Lo que nos cuenta en ella es el descubrimiento de la maldad humana por una adolescente que se ve obligada a contemplar la realidad con ojos adultos por primera vez. Y lo que ve, tanto en los demás como en ella misma, no resulta muy agradable.

El verano en que la guerra civil española acababa de estallar muchos tuvieron que quedarse en el lugar que la casualidad quiso ya que no había posibilidad de moverse, algunos forzosamente inactivos o con sus proyectos congelados, lo que podía resultar desesperante por muy afortunados que se sintiesen porque la contienda no hubiera llegado hasta ellos. A nuestros personajes les alcanzan sólo los ecos de la guerra. El lenguaje que emplea Matute, el paisaje y el clima, los caracteres y los sentimientos están entrelazados con tal maestría que el lector se ve envuelto en un torbellino que le arrastra, junto a los personajes, al pozo sin fondo de la envidia, la traición, la violencia, la cobardía, el afán de dominar, la venganza, la abulia y la soberbia. Metáfora y realidad son una sola cosa: la isla simboliza el aislamiento – que genera el odio – el sol abrasador encarna ese odio, los árboles y las pitas amenazan, el periquito simboliza el amor que se deposita en el elemento equivocado, indiferente, el gallo amenazante, las palomas invasoras… Todo ello inequívocamente vivo gracias a esa prosa, magnífica, embrujadora, tan pavorosa como lo demás, como un rodillo que empuja y hace rodar nuestros pensamientos hasta el mismo borde de la tragedia.

Lo que se nos cuenta puede referirse a cualquier época, a otros conflictos bélicos, otras desigualdades, otros odios. Se nos introduce en un ambiente a punto de estallar, no por los tiros ni los bombardeos sino por la tensión que se percibe en las personas y hasta en el reino animal y vegetal. La tierra, el mar, el sol, la temperatura, los objetos, los gestos, las costumbres, van precipitando un drama que terminará cebándose, como siempre, sobre el más débil e inocente. La mano maestra con que la joven Matute nos va conduciendo hacia el desastre convierte esta novela en una de las joyas de la literatura contemporánea.


También de esta autora: Olvidado rey Gudú, La torre vigía

viernes, 3 de febrero de 2012

Charles Bukowski: El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco

Idioma original: inglés
Título original: The captain is out to lunch and the sailors have taken over the ship
Año de publicación: 1998
Valoración: Recomendable

¿Me estás diciendo en serio que llevamos casi tres años de blog, y que todavía no hemos reseñado nada de Charles Bukowski? ¿Pero qué clase de desaprensivos somos? ¿Quién manda aquí? ¿Qué clase de garito es este? Bueno, pues voy a reseñar yo este libro, aunque ya advierto, queridos lectores, que este probablemente no es el mejor libro para empezar a conocer a Bukowski; no, si no habéis leído nada de él, os recomiendo más bien que empecéis por Pulp o por algunas de sus recopilaciones de relatos (La máquina de follar o Escritos de un viejo indecente, por ejemplo).

En cambio, si ya has leído a Bukowski y le tienes cariño (de lejos, claro, porque de cerca tiene pinta de que debía de ser insoportable), entonces te gustará leer esta obra, publicada póstumamente y compuesta por algunos fragmentos de sus diarios ilustrados (para mi gusto, horriblemente) por Robert Crumb. En él encontrarás al mismo Bukowski de toda la vida, pero ya viejo (los diarios los escribió entre 1991 y 1993, es decir, cuando ya pasaba de los 70) y con una vida de lo más acomodada que se reparte entre el hipódromo y su casa, con ocasionales fiestas hollywoodienses. Nada que ver, como él mismo reflexiona, con el escritor despreciado por casi todos que dormía en la calle y comía cuando podía y lo que podía.

Es curioso, sí, ver a este Bukowski, tan antisocial y tan misántropo como siempre, hablar de cosas como su jacuzzi, sus nueve gatos o su ordenador Macintosh (que uno de sus gatos llena de semen en una de las escenas del libro, por cierto). Pero hay algo que no cambia con respecto a cualquiera de sus obras anteriores, y es lo que salva este libro: me refiero el estilo brutal, absolutamente libre de artificios y de correcciones políticas, de Bukowski. Cuánto podrían (podríamos) aprender los escritores de hoy, que demasiadas veces nos la cogemos con papel de fumar, de un escritor como él, por mucho que personalmente fuera un borracho, un misógino, un misántropo o lo que quiera que fuese, qué más da.

"Lo primero que debe hacer la escritura es salvar tu propio pellejo", dice. "Lo terrible no es la muerte, sino las vidas que la gente vive o no vive hasta su muerte", dice. "Que te den por culo, compañero", le responde a un lector que le reprocha que no admire a Shakespeare: "¡Y tampoco me gusta Tolstoi!". Qué envidia escribir así, con esa libertad absoluta.