miércoles, 8 de febrero de 2012

Antonio Orejudo: Ventajas de viajar en tren

Idioma original: español
Año de publicación: 2000
Valoración: Muy recomendable

Antonio Orejudo es un gamberro. Y que conste que lo digo como elogio: en un panorama narrativo tan (generalmente) aburrido como el español, se agradece que venga alguien sin pelos en la lengua a quitarle el polvo a los muebles -y que lo haga, además, sin las ínfulas del autoproclamado Apóstol de la Post-Poesía Nocilla Forever Yo Reescribí a Borges Fernández Mallo (que como notará el sagaz lector, no me cae muy bien, aunque Nocilla Dream me pareciera una propuesta interesante).

Pero volviendo al tema: Antonio Orejudo es un gamberro, y se le nota en la forma y en el fondo. En la forma, por la ironía llena de mala leche que destila, con puntadas a los escritores, a los críticos, a los psiquiatras, a los profesores universitarios... En el fondo, por esa fantasía desaforada que muestra y demuestra, jugando "a lo Auster" con los planos narrativos, las historias dentro de las historias, los equívocos de identidad.

En Ventajas de viajar en tren tenemos sobre todo la historia de Martín Urales de Úbeda, enfermo paranoico que construye un mundo de ficción a su alrededor, y de su psiquiatra, Ángel Sanagustín, que en un tren con destino a Madrid comienza a dialogar con Helga Pato, cuyo marido está ingresado en el mismo hospital. O a lo mejor no, es todo muy confuso. A esta historia principal (el primer capítulo ocupa prácticamente la mitad del texto) se unen luego historias fragmentarias, supuestamente extraídas de las anotaciones de Ángel Sanagustín sobre sus pacientes; algunas de ellas son magníficas, como por ejemplo el capítulo titulado "Trastorno paranoico de tipo somático".

Para mi gusto, como dije cuando reseñé Un momento de descanso (que me gustó mucho menos), a Orejudo le sobra a veces su gusto por el humor escatológico (mierda, vómitos, asquito, puaj). Pero supongo que es imposible tener una cosa sin la otra: no se puede querer un autor gamberro que te saque polvo a los muebles, y al mismo tiempo ponerle límites a sus gamberradas. En fin, habrá que quererle como es, a Orejudo. Que no es poco.


1 comentario:

bernik dijo...

Me aburrió. Después de haber leído Reconstrucción, lo abordé con unas expectativas que no se cumplieron ni de lejos.