sábado, 18 de febrero de 2012

Sándor Márai: Los rebeldes

Título original: A zendülok

Idioma original: húngaro
Fecha de publicación: 1930
Valoración: Recomendable



Qué voy a decir del gran Sándor Márai que no hayamos dicho ya en ULAD. El talentoso húngaro, varias veces reseñado en nuestro blog, es uno de esos autores que aunque puedan gustar más o menos a los lectores, siempre es descrito utilizando las gloriosas palabras, sustantivo plus adjetivo, que salvan a un escritor de las malas críticas: calidad literaria. Porque la obra de Márai la tiene. Y en grandes dosis.


En esta novela, escrita por el autor cuando contaba con treinta años y revisada por él mismo muchos años después, nos encontramos con un catálogo de personajes típicamente sandorianos: seres introvertidos aunque de vez en cuando tengan arrebatos desconcertantes; atormentados aunque aún no les haya pasado nada especialmente malo; moderadamente oscuros tengan la edad que tengan, y actores perfectos de todo una ristra de neuras, obsesiones, comportamientos y costumbres que a los que no hemos vivido en esas tierras complejas y latientes del corazón de Europa, nos resultan chocantes, casi raros, y en ocasiones, incluso desagradables.

Y que de qué va la cosa en esta ocasión...


Pues Los rebeldes cuenta la historia de cuatro jóvenes húngaros, Tibor, Ábel, Erno y Béla, unos meses antes del final de la Primera Guerra Mundial. En pocas semanas los pobres imberbes serán llamados a filas, es decir, serán precipitados a los brazos de la Muerte por esos adultos de los que tanto recelan y a los que tan poco aprecian. Y bueno, tampoco se puede decir que ninguno de los cuatro cuente con lo que se dice una familia ejemplar: la vida de cada uno está repleta de episodios turbios y progenitores y parientes un tanto inhumanos o rancios. Sólo un "mayor", un avieso y peculiar actor de teatro de personalidad tumultuosa, se convertirá en su amigo y mentor y les llevará por vericuetos descontrolados, llenos de juegos y travesuras muy poco infantiles, hasta llegar a un dramático final...


En fin: Márai del bueno, aunque Márai, ¿alguna vez no lo es? Y sí, calidad literaria. Mucha.




También de Sándor Márai: Diarios 1984-1989; El último encuentro; La hermana