miércoles, 30 de noviembre de 2011

El libro de mi infancia: Don Camilo, de Giovanni Guareschi


Título original: Mondo piccolo. Don Camillo
Idioma original: italiano
Año de publicación: 1948
Valoración: Está bien

La librería de mi abuela tenía puertas y dos largos estantes reservados para mí a una altura que pudiera alcanzar. Cuando ella salía o estaba en la cocina, en el otro extremo de la casa, comprobaba si había echado la llave y me ponía a curiosear los libros que estaban fuera de esos dos releídos estantes. Así, entre montones de obras religiosas y teológicas (que intentaba descifrar siempre que no tenía nada mejor entre manos) y unas pocas algo más frívolas, descubrí Don Camilo que, supongo, leí con permiso porque me recuerdo sentada tranquilamente con el libro abierto sobre la mesa del comedor. La mayoría de los libros de aquella vitrina se han perdido con el tiempo pero éste me ha seguido a todas partes y ahora, mientras escribo, lo tengo enfrente de mí. Es pequeño, tiene un diseño antiquísimo, se mantiene entero gracias a un doble forro (y aún así precariamente), huele a viejo y sus hojas son del mismo tono que el papel de estraza que lo envuelve. Nada raro: en la última página informan de que el ejemplar se acabó de imprimir en Buenos Aires el 5 de octubre de 1955.

Imaginemos un comentario nuestro de cualquier novela leída no hace mucho. ¿Se parecería algo al que haríamos si la hubiésemos leído de niños? Aún me recuerdo sumergida en aquel piccolo mondo y ésa es la impresión que me gustaría conservar. Ya he dicho que el libro sigue cerca de mí, pero no tengo intención de releerlo.

Con ocho años, comprender lo que sucedía literalmente en la novela no tuvo ninguna complicación porque está escrita con sencillez y humor, muestra sucesos cotidianos y lo que pinta es un entorno rural. Además, y en un segundo nivel, me daba cuenta de que estaba ante un relato tierno, irónico y lleno de humor – aunque entonces no supiese expresarlo –, donde los personajes son tratados con cariño, y la convivencia se reduce a un pequeño círculo. Una vida muy distinta a la que yo conocía viviendo en Madrid, por eso era apasionante poder asomarme a un rincón del mundo donde todos se conocen, en el que de vez en cuando se produce un amago de pelea que añade emoción sin que nunca ocurra nada serio. La furia del gigante que era el cura Camilo, la ignorancia teñida de ideología de Pepón, la imagen del cristo a quien el primero pide siempre consejo y las peripecias que se van produciendo me interesaban muchísimo. También era una oportunidad para asomarse a un espacio reservado a los adultos y a contenidos no destinados expresamente a la gente de mi edad.

Probablemente intuía que se me escapaba algo. Ahora sé que ése algo era el tercer nivel: las alusiones políticas, la burla, no sólo hacia el personaje Pepón (el alcalde comunista, entrañable pero más bruto que un arado) sino al comunismo como ideología, en opinión del autor propia de pobres e ignorantes. Para mí, Guareschi – ultra católico, próximo a la democracia cristiana y anticomunista acérrimo – se burlaba de Pepón y de nadie más. La niña que yo era comprendía que Pepón era un poco simple, también que Pepón era comunista. Así, por separado. Pero eso no me hacía pensar que los comunistas fuesen ni tontos ni analfabetos. Tampoco podía saber que Guareschi hablaba por boca del cura – semejante a él incluso en su aspecto – y que procuraba suavizar sus defectos mientras a Pepón se le ridiculizaba abiertamente, ni que estuviese aprovechando (legítimamente) el reciente triunfo de su tendencia política y el correspondiente gran fracaso de la izquierda. No todo mensaje llega a su destino, cuando la ingenuidad protege de la demagogia puede ser una suerte.

La novela es divertida, tiene ritmo, picardía y un estilo agradable. Es cierto que se ha quedado anticuada pero se ha convertido en un documento histórico. Y en su día alcanzó tal popularidad que animó a su autor a escribir otros siete volúmenes, la mayoría publicados póstumamente. Basándose en ellos se rodarían al menos seis películas de producción francesa e italiana entre 1952 y 1983.

Secuelas aparte, Don Camilo supuso en mi caso una precoz lección de tolerancia, a pesar de todos los pesares y sin que nadie se lo hubiera propuesto.

martes, 29 de noviembre de 2011

El libro de mi infancia: Mi amiga Flicka, de Mary O'hara


Idioma original: inglés
Título original: My Friend Flicka
Año de publicación: 1941
Valoración: Recomendable

A mí, como a Yemila, me resulta en ocasiones difícil reseñar un libro que no haya reseñado ya alguno de mis compañeros de ULAD. Somos muchos, leemos mucho y nuestras elecciones suelen coincidir –aunque no lo hagan nuestros veredictos. Para reseñar el libro de mi infancia, yo –otra vez, como Yemila– habría escogido La historia interminable (y con esto no sé si Michael Ende era una máquina que nos impresionó a todos o si es que, por alguna extraña acción de marketing, toda una generación recibió este libro por Navidad), pero, al estar ya reseñado, pensé en otro libro que me marcó por muy diferentes razones: El horror de Amityville. Sí, amigos, me leí esa novela cuando no tenía edad suficiente y casi no dormí en un mes.

Como la historia de Amityville no es un buen ejemplo de "libro de mi infancia" (que yo entiendo que debe ser un libro que nos marcara para bien y no para recordarlo 20 años después y que se nos ponga la piel de gallina), buceando en mis recuerdos rescaté una obra que sí me había gustado mucho (y que era apropiada para los 10 u 11 años que yo tenía cuando la leí): Mi amiga Flicka.

¿Por qué me había gustado mucho? Porque yo fui la típica niña "asilvestrada" (ventajas de haber pasado media infancia en un pueblo de 100 habitantes) que se pasaba el día subiéndose a (y, sobre todo, cayéndose de) los árboles y rodeada de animales de granja. Y claro, un caballo (algo que no había en mi pueblo) me parecía lo más.

Pero vamos al tema. Este libro cuenta la historia de Ken McLaughlin, un niño de 10 años que vive en un rancho de Wyoming con sus padres y su hermano mayor. A pesar de la difícil relación con su padre (porque, aunque es sólo un niño, se espera de él que se comporte y aguante la vida en el rancho como un adulto), éste le deja que se ocupe de Flicka, una potrilla aparentemente indomable.

Mary O'hara, que vivía en un rancho y adoraba los caballos, conocía muy bien cómo era la vida en el campo, donde el bienestar de los animales es la absoluta prioridad de los rancheros. Sabía lo que supone levantarse antes de las 6 de la mañana para ordeñar, limpiar, cepillar, alimentar, sacar a pastar, devolver a las cuadras, hacer de veterinaria, etc. y eso es algo que consiguió plasmar en este libro. A pesar de que la historia de la potrilla y el niño es bonita y tiene su punto de fantasía, lo que la rodea no lo es. La vida en el campo no se muestra como algo idílico y fantástico, donde uno se despierta con el trinar de los pájaros y se pasa el día paseando por el prado mientras las cabritillas brincan a su alrededor. Para nada. Aquí hay problemas de dinero, trabajo duro, dolor de espalda, sacrificio y la relación
de amor-odio que todos los que viven de la naturaleza tienen con ella.

Pero también muestra el lado bueno que tiene vivir con animales, lo mucho que se puede aprender de ellos y, sobre todo, la importancia de respetar la naturaleza. Por eso creo que es un libro muy apropiado para cualquier niño, porque enseña muchas cosas importantees, pero está tan bien escrito que apenas te das cuenta de que estás aprendiendo algo. Y eso, en mi opinión, es todo un logro.

lunes, 28 de noviembre de 2011

El libro de mi infancia: El príncipe de la niebla, de Carlos Ruiz Zafón

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1993
Valoración: Recomendable

El llevar varias centenas de libros reseñados en ULAD tiene un lado malo, ¿sabéis? Y es que a los que escribimos en este blog, en ocasiones (sobre todo cuando preparamos series especiales como la presente) nos cuesta escoger libros para reseñar que no lo hayan sido ya por algún compañero. Y bueno, éste ha sido uno de esos casos, no puedo evitar ser sincera.

Vamos, que cuando me preguntan por "El libro de mi infancia", quizás tendría más derecho a ocupar ese lugar La historia interminable, de Michael Ende, que ya ha sido reseñado en este blog, o alguno de los cuentos de hadas de los que también se habló por aquí al aludir a cierto libro que ahondaba en la psicología de este tipo de relato... (por cierto, mi preferido era La bella y la bestia, en una edición preciosa que casi robo de la biblioteca de la escuela). Y considero que tampoco es plan de volver con Sherlock Holmes o con alguna de las novelas de Agatha Christie, que ya hay varias que han protagonizado posts en ULAD... Y no sé, ¿"Alfred Hitchcock y los tres investigadores" o la serie de "Elige tu propia aventura" no es quedarse un poco escaso para un blog tan sólido como ULAD? Hummm...

En fin, que finalmente he escogido El príncipe de la niebla, de Carlos Ruiz Zafón, porque considero que de todos los libros de este tipo que devoré en mis años mozos, mi tipo predilecto (a saber: misterio, algún detalle macabro, romance con un punto trágico, héroes jóvenes e imperfectos, componentes sobrenaturales), éste fue el mejor escrito y el que más poso ha dejado en mi memoria.

La trama nos presenta a la familia Carver, padre, madre, hija pequeña, hija adolescente e hijo adolescente, que huyendo de la Segunda Guerra Mundial, se refugian un verano en una misteriosa casa en la costa atlántica con un peculiar jardín con estatuas de piedra (donde destaca la de un inquietante payaso), un reloj que marcha al revés y un gato negro. En esta misma casa murió años atrás Jacob, el hijo de la anterior familia ocupante, en extrañas circunstancias, así que uno se puede imaginar que no hablamos precisamente de la casita de Pin y Pon...

El héroe de la función es el hijo de los Carver, Max, de trece años, y el villano, un terrible mago conocido como el señor Caín que pude adquirir las más diversas formas y que le concede a uno lo que desea a cambio de una fidelidad absoluta. Y pobre de aquél que rompa el trato...

Por la historia desfilan, por supuesto, los imprescindibles secundarios (donde destaca Roland, un atractivo muchacho, nieto del farero del lugar, que inicia un romance con Alice, la hermana de Max), y factores atractivos y determinantes para la trama como un enigmático barco sumergido y el faro del abuelo de Roland.

Y bueno, concluyo diciendo que recomiendo este libro para adolescentes con el que Zafón ganó el Edebé de literatura porque lo recuerdo como un divertidísimo pasatiempo bien escrito y emocionante donde alguien entre los once y los dieciséis años aficionado a los libros de aventuras y misterio encontrará todo lo que desea con una buena dosis de calidad literaria.

También de Carlos Ruiz-Zafón: La sombra del viento

domingo, 27 de noviembre de 2011

Sándor Márai: La hermana


Título original: A nővér
Idioma original: húngaro
Año de publicación: 1946 (en español: 2007)
Valoración: Recomendable

Esta novela tiene bastante en común con otras escritas en la primera mitad del siglo XX donde, con una prosa elegante y una mentalidad algo inmovilista, se muestran costumbres burguesas, personajes acomodados que habitan en balnearios y hoteles. Recuerda bastante a Thomas Mann, Moravia, Lampedusa, al hijo de buena familia que no podía evitar ser Zweig, a Fernández Flórez, incluso a Mercedes Salisachs, salvando las distancias que imponía ser mujer en aquella época.

La escritura elegante y el aplomo con que autor y personaje se mueven por el mundo fascinan desde la primera página. Pronto descubrimos una larga historia dentro del envoltorio de la primera y comprendemos que un segundo narrador, póstumo, es el verdadero protagonista. Él es quien nos muestra el momento en que el hombre se enfrenta consigo mismo, lejos de todo el atrezzo que suele acompañar una vida, y lo hace serena y sobriamente, sin dramatismos, con un poco de melancolía nada más, enfatizando la dignidad de su persona y el elogio constante de la belleza, de su degustación como proyecto de vida y como ayuda para superar los obstáculos.

Un personaje procedente del volcán centroeuropeo que busca alivio y consuelo en los suaves brazos mediterráneos pero lo hace cuando ya es demasiado tarde. Un argumento que, si bien no podemos considerar feliz, está resuelto con optimismo y lucidez: pase lo que pase, el ser humano siempre puede contar consigo mismo, con un pasado que quizá le enorgullezca si cree haber hecho bien las cosas, con una mente que sigue funcionando y la posibilidad de disfrutar de todo lo hermoso que ofrece la vida y el arte. Una obra enraizada en la circunstancia europea de la primera mitad del siglo XX, con sus peculiaridades culturales e históricas, la interacción de nacionalidades, sus enormes hallazgos y sus grandes conflictos, tal como se percibían en la época.

Pero puede que el entusiasmo del lector disminuya un poco cuando empiece a verse envuelto en una espiral de prejuicios propios de un pensamiento algo rancio (incluso para entonces), que nubla un poco aciertos como la sensibilidad del personaje, el hecho de que aborde los grandes temas eternos o el encanto que acompaña a las historias decadentes; a partir de entonces las expectativas van disminuyendo. La novela no deja de interesarnos aunque es cierto que esperábamos más.

También de Sándor Márai: El último encuentro, Diarios 1984-1989

sábado, 26 de noviembre de 2011

Primo Levi: El oficio ajeno


Idioma original: italiano
Título original: L'altrui mestiere
Año de publicación: 1985
Valoración: Recomendable

Primo Levi es, sobre todo, conocido por su trilogía de Auschwitz (formada por Si esto es un hombre, La tregua y Los hundidos y los salvados), en la que narra su experiencia en el tristemente famoso campo de concentración polaco, donde vivió durante diez meses. Pero, a pesar del valor (testimonial, sobre todo) de estos libros, son sólo una muestra de la totalidad de la obra que escribió el autor italiano. Libros de memorias, relatos... y la novela Si ahora no, ¿cuándo?, que fue galardonada con los prestigiosos premios Viareggio y Campiello.

En El oficio ajeno se han recopilado más de cincuenta escritos (que versan sobre literatura, ciencia, filosofía...) originalmente publicados en diversos periódicos italianos. Que conste que no los denomino "artículos" porque no creo que lo sean. En ocasiones, lo que nos encontramos en esta obra son digresiones filosóficas, ejercicios de observación, simples anécdotas o reflexiones morales, todos ellos planteados desde el punto de vista de un hombre que se reconoce ignorante y desea, ante todo, conocer y –sobre todo– comprender lo que lo rodea.

Con una prosa ligera y amena, los escritos del autor italiano se leen rápido (pocos, además, pasan de las cinco páginas), aunque sin duda son textos que necesitan rumiarse, pues a través de ellos nos ofrece Levi mucho más de lo que parece a simple vista. Prologado por Italo Calvino, es éste un libro que nadie debería dejar pasar. No sólo para conocer un poco más sobre la obra de Primo Levi, sino, simplemente, para poder disfrutar de un muy buen libro.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Mil reseñas y un sorteo


Pues sí, queridos amigos que nos seguís al otro lado de la pantalla: esta es la entrada número 1000 de "Un libro al día". 1000 días, 1000 reseñas (metaentradas incluidas), más de 400.000 páginas vistas y cerca de 250.000 visitantes, 2712 comentarios, 1299 seguidores en facebook y 1233 en twitter...

Y para celebrar todas estas cosas, y sobre todo para agradeceros vuestro apoyo, hemos decidido convocar un sorteo de libros en torno a nuestro blog.

Participar es muy sencillo: solo tenéis que decirnos, en un comentario en esta entrada, en nuestra página de facebook o en nuestro perfil de twitter, cuál es el libro de los que hemos reseñado en ULAD que más os ha gustado, y por qué. No hay extensión mínima ni máxima, con tal de que se responda a la pregunta que planteamos.

Entre todas las respuestas recibidas, seleccionaremos aleatoriamente tres ganadores, que recibirán un ejemplar de uno de estos tres libros (nuestro especial agradecimiento a sus autores y editores, que nos han cedido los ejemplares "graciosamente"):
  • Loca Novelife, de Elvira Rebollo (ed. Baile del Sol)
  • Belfondo, de Fusa Díaz (ed. Principal de los Libros)
  • Quédense dentro y cierren las ventanas. La sociedad de consumo y el apocalipsis zombi, de Iratxe Jaio y Klaas von Gorkum (ed. Consonni)
El plazo para enviar vuestras respuestas termina el viernes 16 de diciembre.

Recordad que debéis decir cuál es el libro que más os ha gustado de entre los que hemos reseñado. Para saber qué libros hemos reseñado, podéis bucear en el archivo del blog o usar el buscador (ambos en la columna de la derecha); o usar nuestro utilísimo y nunca suficientemente alabado Sistema Unificado de Etiquetas (por valoración: "Imprescindible", "Muy recomendable", "Recomendable", etc.; por país: "Escritores españoles", "Escritores franceses", "Escritores alemanes", etc.; por lengua: "Libros en portugués", "Libros en inglés", "Libros en italiano", etc.; por género: "Novela", "Teatro", "Poesía", etc.; o por época: "Siglo XXI", "Siglo XX, "Siglo XIX", etc.)

jueves, 24 de noviembre de 2011

Peter Shaffer: Amadeus

Idioma original: inglés
Título original: Amadeus
Año de estreno: 1979
Valoración: Muy recomendable

Que no os confunda la fama de la película: la obra de teatro de Peter Saffer fue antes. De hecho, Peter Shaffer colaboró en el guión de la película basada en su obra, e hizo algunas alteraciones sustanciales (y acertadas en varios casos, en mi opinión). Claro que también hay que decir que Shaffer no puede atribuirse el mérito de inventar el mito de que Salieri asesinó a Mozart por envidia: este rumor nació poco después de la muerte del propio Mozart, y fue introducida ya en una obra de teatro nada menos que de Pushkin, adaptada después por nada menos que Rimski-Korsakov (gracias, Wikipedia).

En todo caso, la película dirigida por Milos Forman en 1984 es una de mis favoritas, así que cuando fui a ver la obra hace algunas semanas iba con cierta prevención: ¿me decepcionaría? ¿Sería demasiado igual a la película? ¿Intentarían los actores del teatro imitar a los actores el cine, como pasó en la representación que vi de Un tranvía llamado deseo en el mismo teatro? Pero no: la experiencia teatral de Amadeus no solo fue distinta a la de la película, sino que fue incluso superior en algunos aspectos. Por ejemplo, la obra (o la representación que yo vi) utiliza espléndidamente recursos dramáticos (movimientos en escena, cambios de escenario, iluminación, vestuario) que la película, por imposición del propio medio, no puede emplear.

Sería absurdo criticar a la obra por no ser históricamente verídica, no solo porque la ficción no debe rendir necesariamente pleitesía a la realidad, sino porque el propio Shaffer introduce dos elementos que cuestionan la propia veracidad de la obra: en primer lugar, como en la película, toda la obra está narrada por el propio Salieri en sus últimos días, ya senil y demente, por lo que no es un "narrador fiable"; y además, otros dos personajes, a modo de marco narrativo, comentan la acción de la pieza y la cierran definitivamente repitiendo "No me lo creo, no me lo creo" ante las noticias de la autoinculpación de Salieri.

Hay dos elementos que en la obra me parecieron mucho más evientes que en la película: el humor, y el sexo. La obra es muy divertida, y está llena de personajes ridículos (Mozart, el emperador, el propio Salieri incluso), aunque en la segunda parte pierde ese tono ligero para hacerse cada vez más sombría. En cuanto al sexo, está constantemente presente en la forma en que Salieri mira el mundo: sexualidad reprimida o sublimada a través de la música, que se convierte en lujuria desatada después de la "rebelión contra Dios". Creo que hacer una lectura freudiana de la obra es tan fácil, que no tiene mérito.

Amadeus ha pasado a la cultura popular como una representación casi mítica de la envidia. Pero hay otro tema que me parece igualmente interesante: el misterio del genio creativo. Cómo nace. En qué consiste. Cómo se reconoce. Por qué ciertas personas están tocadas por el don magnífico (y a veces, terrible) del artista mientras que otras deben conformarse con ser meros "artesanos" de su oficio, con dignidad pero sin grandiosidad. Por supuesto, la oposición radical que plantea Shaffer es tramposa y simplista (entre otras cosas, porque Salieri era, en opinión de los musicólogos, un compositor notable), pero contiene el germen de una pregunta verdadera y muy contemporánea: ¿quién decide quién es artista y quién no lo es? ¿La posteridad, el poder, la moda, los críticos? ¿Es el genio algo innato o es fruto del trabajo (o no existe)? ¿Está en el creador, o en la creación?

Y todo esto, claro, con música de Mozart. Qué más se puede pedir...

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Orhan Pamuk: La casa del silencio


Título original: Sessiv Ev
Idioma original: turco
Año de publicación: 1983
Valoración: Muy recomendable

En una familia, igual que en un país, el silencio más profundo puede coexistir con una avalancha de palabras o con un enorme tumulto. Y lo que se omite suele ser lo más importante, pues abarca los conflictos sin resolver, los tabúes, las diferencias insalvables, los odios soterrados. Todo lo que no se nombra genera represión individual o colectiva y esto produce violencia.

La casa del silencio, como crónica familiar y mosaico social que es, refleja toda la aspereza, el dolor, la energía, el idealismo y la rabia que se depositan en hogares y países. Cinco voces se van turnando para hablarnos de ellos mismos y de los otros, de los que tienen voz y de los que no, de los vivos y de los muertos, descubriéndonos deseos y obsesiones, grandezas y miserias, la razón por la que cada uno merecería vencer y el devenir que les acabará derrotando. Faruk, Recep, Fatma, Sadam y Metin hablan con tal veracidad que nos parecen viejos conocidos, lo que les ocurre y motiva es real y a la vez cada uno de ellos representa una parcela concreta de la Turquía de hace treinta años y quizá también de la más reciente.

La religión puede ser una barrera, como lo es la diferencia de fortuna, los abismos culturales, la estricta educación, las diferencias generacionales, la legitimidad y la bastardía. Una sociedad es el caldo de cultivo de los mejores y los peores instintos. Una familia también. A Fatma, educada en el mayor puritanismo, la casaron muy joven con un hombre culto y liberal con el que no llega nunca a entenderse. A causa de este desencuentro – y del machismo omnipresente – al señero tronco familiar se le añade una rama considerada menos honorable, una rama que, a pesar de su completo desamparo, se esfuerza por sobrevivir. La anciana, cuya dureza no excluye un gran dolor, personifica el sector más arcaico, encallecido por los golpes que el progreso ha asestado a una tradición que considera sagrada. A su vez Sadam, socialmente en las antípodas de Fatma y cuya existencia ella parece ignorar, es la versión actualizada de esa conciencia inamovible. En el otro extremo está el enano Recep, el mayor tesoro que Fatma ha recibido – tras haber tenido que vender tantas alhajas – y que nunca será capaz de apreciar, también el más afortunado a pesar de su desgracia pues su abnegación y sensatez le aportarán más equilibrio y fortaleza que al resto. Por último, Faruk y Metin, pertenecientes junto a Nilgün al clan legítimo, no merecen el resentimiento de los otros y si de algo son culpables es de no saber apreciar lo que tienen.

Intimista y melancólica pero fuertemente anclada en la realidad, esta novela presenta una sociedad en plena mutación, que lucha con sus complejos y a la que al deseo de evolucionar se opone su orgullo y la defensa de las costumbres de siempre. A veces ambos impulsos coexisten en el mismo personaje, otras les enfrenta entre sí. Cuando las tensiones que genera todo esto producen más dolor del que se puede soportar y la pasión, tan incontrolable como imprevisible, confunde el amor y el odio, la amenaza se gesta, permanece latente y, cuando menos se espera, acaba estallando.


También de Pamuk: El libro negro

martes, 22 de noviembre de 2011

Juan Benet: Volverás a Región

Idioma original: español
Año de publicación: 1967
Valoración: estoy confuso

Yo Lector: Venga, me voy a atrever a reseñar Volverás a Región de Juan Benet.
Yo Filólogo: ¡Enhorabuena! ¡Ya era hora de que la leyeras!
YL: No, si la leí hace algunos años, pero quería volver a leerla, y ahora por fin lo he hecho.
YF: Bueno, ¿y?
YL: Pues no sé qué decirte. Estoy confuso...
YF: Pues no sé por qué estás confuso. Es una de las obras maestras de la literatura española del siglo XX.
YL: No, si ya. Eso he leído en los manuales y en las historias de literatura, eso me han dicho muchas veces, y eso dice también Marías en esta bonita entrevista...
YF: ¿Entonces?
YL: Pues no sé, que me ha parecido una novela bastante aburrida...
YF: ¡Aburrida! No me digas que eres uno de esos lectores que solo espera que le entretengan y le diviertan. Para eso tienes a Dan Brown o a Reverte. Benet es otra cosa, algo distinto, una experiencia estética y humana distinta. Es una novela por momentos estática, sí, pero magníficamente construida y desarrollada hasta su más mínimo detalle, hasta el adjetivo o el giro verbal aparentemente más inocente.
YL: Si ya lo sé. Yo le reconozco sus méritos: el estilo laberíntico, poético, que da vueltas en espirales cada vez más profundas; la creación de personajes derrotados y atrapados por la vida y la historia; las largas introspecciones psicológicas en forma de diálogos eternos; la creación de un espacio mítico como Macondo o Yocknapatawpha...
YF: Y no te olvides de su importancia histórica. Veo que has sido lo bastante hábil como para relacionarlo con Faulkner y con Gabo, cosa que me sorprende. Es que Benet introdujo un modo distinto de escribir en una España dominada por el realismo social... pero sin escapar a reflejar la realidad histórica de la España de la Guerra Civil y la posguerra. Benet crea un universo trágico y misterioso, y lo puebla de personajes que no pueden escapar a su destino, geográficamente encarnado. Volverás a Región es una novela única, magnífica, monumental, constituye por sí sola prácticamente una literatura en sí misma, o una subliteratura dentro de la literatura española...
YL: Ya, ya sé. Y la novela tiene incluso partes muy entretenidas, como cuando se describen las escaramuzas bélicas para la conquista de Región durante la Guerra Civil, la inacabable partida de cartas con el Tiempo o la historia del Doctor y su mujer...
YF: Y dale con lo de "entretenidas", qué vulgaridad.
YL: Pero otras partes, como las descripciones cartográficas de Región, que se nota que Benet era ingeniero, no hay quien las trague. Te confieso que esas páginas las leí en diagonal. Por no decir que me las salté.
YF: ¡Herejía!
YL: Qué quieres que te diga, es uno de mis derechos como lector.
YF: Pero no como filólogo.
YL: Ya. Pero sabía que tú estabas leyéndote las páginas que yo me saltaba. Porque era así, ¿no?
YF: Esto...

lunes, 21 de noviembre de 2011

Herta Müller: Todo lo que tengo lo llevo conmigo


Idioma original: alemán
Título original: Atemschaukel
Año de publicación: 2011
Valoración: muy recomendable

En el verano de 1944, el dictador rumano Antonescu fue detenido y ejecutado. El pueblo rumano se rebeló y declaró la guerra a quien hasta entonces había sido su aliada: Alemania. En 1945, el general soviético Vinogradov exigió en nombre de Stalin que los alemanes que vivían en Rumanía contribuyesen a la reconstrucción de la Unión Soviética. Así pues, todos los hombres y mujeres de entre 17 y 45 años fueron deportados y obligados a realizar trabajos forzosos en campos de trabajo rusos.

Varios familiares de Herta Müller, así como vecinos o amigos de éstos, fueron deportados y sufrieron la pesadilla de trabajar de sol a sol en condiciones infrahumanas. La autora decidió investigar el tema a fondo en el año 2001, realizando entrevistas a las personas de su pueblo que habían sido deportadas. Entre la gente a la que entrevistó se encontraba Oskar Pastior, célebre poeta rumano con quien trabajaría durante tres años. Aunque habían decidido escribir este libro juntos, Pastior falleció y la autora decidió escribirlo sola. Y éste es el resultado.

Todo lo que tengo lo llevo conmigo es el testimonio de Pastior, lo que vivió en uno de esos campos de trabajo en los que el ser humano deja de comportarse como tal. Pero también es la voz de tantas y tantas personas que vivieron las mismas penurias que el poeta. Que cargaban sacos de cemento que pesaban más que ellos, que pasaban hambre, que sufrían todo tipo de enfermedades, que soportaban el duro invierno ruso con apenas una camisa y un pantalón de algodón... y que llegaban a olvidar quiénes eran o si tenía sentido aguantar y esperar volver a casa algún día.

Como es habitual en los libros de Herta Müller, estamos ante un texto impresionante, inquietante y dramático, alejado de toda sensiblería y victimismo fácil. Porque no es un libro sencillo que se lea en una tarde. No. Es un libro que nos costará terminar, que nos perseguirá durante días, porque no queremos creer que se pueda vivir así, como ella nos cuenta. Y porque sí, porque nos lo creemos y necesitamos seguir leyendo y saber qué ocurre, puedo calificar este libro como Muy recomendable o A evitar a toda costa. Porque literariamente su calidad es incuestionable, pero anímicamente nos deja hechos polvo. Estais avisados.

También de Herta Müller: La piel del zorro y El hombre es un gran faisán en el mundo.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Mara Malibrán: Todavía no es mañana

Idioma original: español

Fecha de publicación: 2011

Valoración: Se deja leer


La primera aclaración que quiero hacer es que el libro que hoy reseño me ha parecido malo, pero como el adjetivo "repugnante", la etiqueta que utilizamos para suspender a un libro en ULAD, lo considero algo excesivo y agresivo para este caso, me limitaré a decir que Todavía no es mañana "se deja leer".


Y dicho esto...., ¡al ataqueee...! Y al grano, que la cosa no da para mucho más...


Todavía no es mañana es obra de la reconocida periodista Mara Malibrán, que debutó en el mundo literario escribiendo una biografía de una célebre pariente suya, la soprano María Malibrán. En novela, Todavía no es mañana es lo primero que ha escrito, y aunque la autora no escribe mal y sabe darle a la narración ritmo y algunas logradas descripciones a algunos de sus personajes, considero que la obra naufraga por completo.


A ver... La trama no está mal. Tres son las protagonistas, y el presente de las ahora adultas cede la mayor parte del libro al pasado de las mismas. Las tres se conocieron en un colegio de monjas de Madrid en plena, triste y gris posguerra. Una era Begoña, la fría y rígida hija de un temible hombre del régimen y una dulce y misteriosa mujer. Otra, su única amiga, Carmen, risueña, cariñosa y tolerante. Y la tercera en discordia, la pobre (pobre de no tener dinero) Matilde, largirucha pero digna y enérgica hasta límites insospechados, amiga de Carmen y odiada por Begoña, y perteneciente al grupito de niñas sin medios que las monjas del colegio educaban a cambio de trabajos domésticos en el centro.


La cosa es que en esta historia casi todos los personajes tienen mucho que ocultar. ¿Por qué la madre de Matilde, una fregona viuda que pertenece al bando de los perdidos, hace tan buenas migas con la madre de Begoña cuando entra a trabajar en su casa? ¿Qué le pasó al padre de Matilde? ¿Por qué el apuesto hermano de Matilde mantiene durante toda la trama una relación de amor/odio con Carmen? ¿Es cierto que la madre de Begoña termina suicidándose lanzándose por la ventana o es que su marido tiene algo que ver? ¿Y es en realidad la pequeña Begoña la cuasi psicópata maquinadora que la autora nos insinúa que es desde que la presenta?


En fin... Creo que con estas preguntas uno se puede hacer una idea de qué va la cosa, pero no está bien. No, qué va...


Una vez más, veo que este libro adolece de muchos errores que hacen que muchas novelas contemporáneas españolas se conviertan en artefactos de forzada melancolía pero enclenque osamenta y nula calada en lectores algo exigentes. No sé, es que hay tantas cosas de este libro que no me creo... Como por ejemplo, una pareja cuya formación bebe de las relaciones sadomasoquistas torturador/torturada que tan bien ilustran películas como Portero de noche o La lista de Schindler pero que aquí resulta inverosímil. Y está la manía de los libros malos de dar por hecho que muchos de sus personajes están solos en la vida tengan la edad y el origen que sea (¡cómo empobrece este vicio una novela! No es plan de hacer un árbol genealógico de cada personaje, pero dejarles tan "aislados" en mitad de la trama, bufff...). Y bueno, por supuesto, los buenos son muy buenos y muy dignos, y los malos psicopáticos y fríos como el invierno nuclear.


Así que, esto es lo que creo: Todavía no es mañana se puede leer de la misma forma que se puede leer un premio Planeta, pero desde luego, su lectura no nos aportará nada del otro jueves, ni siquiera datos y anécdotas estomagantes de una época de la historia española que es aún caldo de cultivo generoso para numerosos libros y películas.















sábado, 19 de noviembre de 2011

Ödön von Horbáth: Juventud sin Dios


Idioma original: alemán
Título original: Jugend ohne Gott
Año de publicación: 1938
Valoración: recomendable


La vida de Ödön von Horváth es, cuando menos, curiosa. Cambió tantas veces de residencia en su corta vida que solía decir: "Si me pregunta cuál es mi patria, respondo: nací en Fiume, crecí en Belgrado, Budapest, Bratislava, Vienna y Múnich, y tengo pasaporte húngaro, pero no tengo patria. Soy una mezcla muy típica de la antigua Austria-Hungría: al mismo tiempo magiar, croata, alemán y checo; mi país es Hungría; mi lengua materna el alemán." Ahí queda eso. Si luego contamos que murió en París, alcanzado por un rayo, a los treinta y siete años, y que en tan poco tiempo escribió más de veinte libros (la mayoría, obras de teatro), no podemos menos que descubrirnos ante él.

Uno de los libros que escribió es esta novela, Juventud sin Dios, que narra los pensamientos de un profesor de secundaria mientras éste da clase, analiza a sus alumnos (que, todo sea dicho, dan bastante miedo) y se va de acampada con ellos, momento en el que ocurre un incidente cuyas consecuencias pondrán en entredicho la integridad y el honor de los alumnos y del profesor.

Narrado en primera persona, Horváth utiliza al protagonista de esta historia para mostrar qué daño puede causar que una persona (en teoría, honrada y sincera) no se comporte como debe, bajo la presión de la mayoría. A pesar de que esta novela no tiene la típica moraleja final, sí podemos ver en ella la postura antifascista que defendió el autor durante toda su vida y una reivindicación de hacer siempre lo correcto en todo momento (lo cual, permitidme el apunte, es taaaaaan típicamente alemán...).

Es una novela interesante (sobre todo, por las digresiones a las que se abandona constantemente el protagonista) y entretenida, con la que podemos aprender mucho acerca de las relaciones entre los adolescentes de la época y sus mayores (ya sean profesores, padres o militares), y más aún de las luces y sombras que hay en cada uno de nosotros.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Cesário Verde: El Libro de Cesário Verde

Idioma original: portugués
Título original: O livro de Cesário Verde
Año de publicación: 1887
Valoración: Muy recomendable

El libro de Cesário Verde fue publicado póstumamente tras la muerte de su autor (claro, si no, no sería "postumamente") con tan solo 31 años a causa de la tuberculosis, enfermedad que también mató a su hermana y a su hermano. Es la recopilación de los poemas publicados en vida por Cesário Verde, recopilados por su amigo Silva Pinto, y organizados de acuerdo al criterio personal del editor. A pesar de su brevedad, que es también reflejo de la brevedad de la vida de su autor, esta antología, casi unas "Obras completas" (solo casi) sirven para colocar a Cesário Verde en un lugar destacado en la historia de la poesía portuguesa del siglo XIX.

Por su estilo, el Libro es un puente que abarca la transición del (post-)Romanticismo al Simbolismo, atravesando también los territorios del Realismo. Su estética resulta sorprendentemente híbrida, con arrebatos sentimentales casi becquerianos, que contrastan con otros poemas irónicos, humorísticos y decadentistas, especialmente los que retratan la vida en la ciudad (Lisboa), frecuentemente identificada con la suciedad, la enfermedad, la pobreza o el vicio. Así, junto a versos sobre "dalias que lloran en brazos de los jazmines", o idílicas descripciones campestres, encontramos otros sobre muelles, trenes, accidentes laborales, costureras, floristas, cafeterías, paseos, luz de gas, Lisboa y el Tajo... Quizás uno de los poemas más emotivos del libro sea "Contrariedades", en el que el sufrimiento del poeta al no poder escribir se contrasta con el de una mujer tísica, arruinada y agotada, a la que ve planchar en la ventana de enfrente.

Es también interesante la visión que Cesario Verde da de las mujeres, idealizadas y ridiculizadas a partes iguales. Hermosas, sofisticadas, intocables, crueles y frías como modernas belles dames sans merci urbanas, el poeta parece no saber a qué atenerse: las desea y las desprecia, y parece sufrir por ambos motivos. Ejemplos de esta ambigua actitud son los poemas "Cabelos", "Responso" o el humorístico "Impossível", que termina con uno de esos raptos de coloquialismo que sorprenden aquí y allá en la poesía de Cesário Verde:
Eu posso amar-te como o Dante amou,
Seguir-te sempre como a luz ao raio
Mas ir contigo à Igreja, isso não vou
Lá nessa é que eu não caio!
Que podría traducirse aproximadamente como:
Yo puedo amarte como Dante amó
Seguirte siempre como la luz al rayo
Pero ir contigo a la Iglesia, eso no,
¡Por ahí sí que no paso!

jueves, 17 de noviembre de 2011

Robert Crumb y David Zane Mairowitz: Kafka


Idioma original: inglés
Título original: Kafka
Fecha de publicación: 2007
Valoración: muy recomendable

Reconozcámoslo, todos sabemos quién es Franz Kafka. Bueno, ése igual no. Pero Kafka sí, claro, el del relato de la cucaracha. Hasta decimos "kafkiano", cuando nos queremos referir a algo raro. Claro. Sí, lo conocemos. Nos compramos una camiseta en la que salía su cara cuando estuvimos de vacaciones en Praga. Lo más seguro es que no hayamos leído sus libros (ni siquiera el relato de la cucaracha, que en realidad no es tal) ni sepamos cuántos escribió ni el mínimo detalle sobre su vida. Ni en qué idioma escribía. Pero sí, claro, conocidísimo. Lectura de cabecera, por supuesto. Al ladiiiito de El Quijote.

Como todos sabemos quién es Kafka (sí, ése que siempre sale con cara de agonía en las fotos), no nos hace falta leer el cómic de Crumb y Mairowitz. No, ¿para qué? ¿Para saber cómo era la Praga en la que vivió y cómo influyó en su personalidad y sus escritos? ¿Para saber cómo era la relación con su padre? ¿O qué tipo de relación ambigua tenía con los judíos de Praga, siendo él judío? ¿Eso es importante, en serio? Me da igual, la verdad. No me interesa saber nada de su vida ni de las cartas o los cuentos o novelas o lo que fuera que escribiese.

Tampoco me apetece saber qué relación tenía con las mujeres o con el sexo, ni que estuviera enfermo, ni en qué trabajaba cuando no escribía, ni cómo refleja esto en sus historias. Ni me importa que Crumb y Mairowitz hayan creado un cómic sensacional (¿sensacional, en serio? ¿De alguien que escribe que se convierte en bicho?) en el que la biografía de este autor se entrelaza con sus escritos, desvelando secretos y aportando al lector claves para desentrañar y comprender mejor sus historias. No, no me importa en absoluto.

Aunque parece que hay un gran trabajo de investigación detrás de estas páginas y que el análisis final del propio Kafka, de su obra, de cómo fue ésta tratada y de lo que supone hoy en día es sobresaliente, no creo que éste sea un motivo suficiente para leer este cómic. Sí, claro, puedo aprender cosas que no sabía, hacer un repaso a su obra (lo que puede hacerme querer leer algún libro suyo) y darme cuenta –una vez más– de la hipocresía que rodea el mundo de la política y la literatura, pero, ¿realmente me apetece? ¡Que estamos hablando de alguien que dice que se convierte en bicho! Va a ser que no.


Como no es interesante, tampoco hace falta leer otras reseñas de Franz Kafka: Dibujos, América (El desconocido), Sueños, Carta al padre y Un médico rural

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Wakefield, de Hawthorne, y La mujer de Wakefield, de Berti

Idioma original: inglés / español
Título original: Wakefield / La mujer de Wakefield
Año de publicación: 1835 / 1999
Valoración conjunta: recomendable

Después de haber leído Wakefield y La mujer de Wakefield, me resulta imposible reseñar por un lado el cuento de Nathaniel Hawthorne y por otro, la novela de Eduardo Berti: la segunda es, respecto al primero, la bolita de papel que uno coloca bajo esa pata rebelde que hace cojear a la mesa o a la silla. "Ahora sí. Ahora todo tiene sentido".

Supe de la existencia de Wakefield y su mujer durante una charla que dio en la universidad el escritor argentino Eduardo Berti, en la que nos explicó lo mucho que le había impresionado cuando la leyó la historia de ese hombre que, en el Londres del siglo XIX, decide dejarlo todo... incluyendo a su mujer. Contrariamente a lo que uno podría pensar, el buen hombre no se larga a dilapidar sus ahorros en una vida de excesos junto al mar Caribe, sino que se asienta un par de calles más allá y se dedica a observar la vida sin él. Así, porque yo lo valgo. Y a mi mujer, que le zurzan.

Berti se preguntó -y no lo culpo por ello- qué habría sido de su mujer durante los veinte años en los que Wakefield vive otra vida antes de decidir volver al hogar familiar para retomar la de siempre. Nathaniel Hawthorne se centra únicamente en las egoístas motivaciones del protagonista masculino (y tampoco lo culpo por ello: un autor tiene todo el derecho del mundo a elegir la perspectiva que le dé la real gana a la hora de contar sus historias). Pero, precisamente por eso, la novela de Eduardo Berti se perfila casi como una necesidad; da voz a un personaje silenciado no solo por el autor, sino también por la sociedad en la que vive.

Como digo, no soy capaz ahora mismo de separar Wakefield de La mujer…, y no sabría decir de qué modo habría juzgado la novela de no haber conocido y leído antes el cuento que la motivó. Quién sabe: quizá no hubiera tenido ningún interés para mí y la habría calificado con un insípido "está bien". Lo que importa es que leí ambas piezas juntas y, por tanto, recomiendo el combo completo. Un derroche de generosidad en estos tiempos de crisis: una reseña por el precio de dos. Y que ustedes la disfruten.

martes, 15 de noviembre de 2011

Umberto Eco: El cementerio de Praga

Idioma original: italiano
Título original: Il cimitero di Praga
Año de publicación: 2010
Valoración: está bien

Este es uno de esos libros sobre los que se pueden hacer (y se han hecho) dos tipos de crítica: la propiamente literaria, y la ideológica. Nada más publicarse, efectivamente, provocó ataques desde diversos frentes: la Iglesia católica, a través del Osservatore Romano, la criticó por relacionar a los jesuitas con las más diversas conspiraciones, mientras que otros lectores razonaron así: "esta novela incluye numerosas opiniones antisemitas; por lo tanto, el libro y su autor son antisemitas".

Claro que quienes razonan así es que no han sabido leer el texto de Umberto Eco, o no han querido entenderlo, lo que sería aún peor. Porque, sí, el texto está plagado de afirmaciones racistas y antisemitas, de apologías de la violencia y la xenofobia; pero todas estas afirmaciones salen de la boca de personajes ridículos, esperpénticos, repugnantes. El cementerio de Praga no es antisemita: es la caricatura del antisemitismo. "Ya", dicen sus críticos, "pero es que alguna gente igual no entiende la broma y piensa que habla en serio". Pues eso será culpa suya, digo yo, y no del bueno de Umberto.

Ahora bien, pasando a la parte literaria, se podría decir de esta novela lo que Oscar Wilde dijo cuando le preguntaron si un texto le parecía inmoral: "Peor que eso: está mal escrito". El cementerio de Praga no es antisemita, pero sí es una novela floja, muy por debajo del nivel de su autor en El nombre de la rosa, por ejemplo. Mezcla de novela histórica y novela de intriga psicológica, narra el proceso (basado en hechos reales, como las películas de Antena 3) de redacción de los Protocolos de los Sabios de Sión, uno de los textos inventados más influyentes de la historia, fuente y argumento básico del antisemitismo de principios del siglo XX (y hasta nuestros días, aunque de manera más residual).

El mayor problema de la novela es que se hace repetitiva: en realidad, consiste en la reiteración con ligeras variaciones de un mismo ciclo argumental: alguien contacta al narrador/protagonista, Simonini, para que espíe a alguien o redacte un texto contra alguien; Simonini lo hace, hasta que llega un punto que decide abandonar el barco y salvar el pellejo; y vuelta a empezar. Como resultado, Simonini es un personaje grotesco, traicionero y sin escrúpulos, lo que no quiere decir que sea interesante.

En fin, El cementerio de Praga me produce una impresión semejante a El sueño del celta, aunque en menor grado (porque Umberto Eco es más imaginativo y original en esta obra que Vargas Llosa en la suya): la sensación de que el material acumulado (histórico en los dos casos) ha terminado por fagocitar a la inspiración narrativa. El resultado es una novela sorprendentemente plana, con algunos momentos de intriga y meta-literatura interesantes, pero que no pasará a la historia.

También de Umberto Eco: El nombre de la rosa, Apostillas al nombre de la rosa.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Rosa Règas: La canción de Dorotea

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2001
Valoración: Se deja leer

Hace tiempo me hice una promesa a mí mismo: no iba a volver a sucumbir a la tentación de leer lo que vulgarmente se conoce por "un Planeta" por el simple hecho de leer algo probablemente muy malo para luego destrozarlo mediante atroces críticas orales o escritas. Curiosa y masoquista afición la mía, n'est pas? Pero es que la tenía, la tenía durante algunas semanas de esos veranos de sol, playa y tedio en los que uno se lee todo cuanto cae en sus manos.

Pues bien, he mantenido esa promesa, ¡bravo! No he vuelto a leer ninguna novela premiada con el célebre premio Planeta porque sé de qué va la cosa más o menos, aunqué sí, vale, dentro de este grupo de libros hay libros mejores y peores. Pero la mayoría, qué les voy a contar a los que pululan por ULAD, adolecen más o menos de los mismos vicios, ¿no?

Y bueno, a lo que vamos... La canción de Dorotea, el libro de Rosa Regàs que he decidido reseñar hoy, lo considero uno de esos "Planetas" que suben la calidad media de sus compañeros de estantería.

La novela nos cuenta una curiosa historia protagonizada por dos mujeres muy diferentes: Aurelia, una recta y seria señora de Madrid que tiene un padre anciano, solo y enfermo en una casa situada en un pueblo cercano, y Adelita, la charlatana, servicial y trabajadora mujercita (la Regàs no escatima en adjetivos y comparaciones para dejarnos claro es que es enanoide y que está muy pero que muy mal proporcionada) a la que la primera contrata para que cuide de su padre y de su casa, y cuando el hombre fallece, para que trabaje como guardesa del lugar.

Pero Adelita tiene mucho que ocultar, y las sospechas que tiene la regia y solitaria Aurelia de que en su casa del pueblo pasa algo van rápidamente en aumento, sobre todo desde que desaparece una valiosa sortija y coge por casualidad una extraña llamada de teléfono que evidentemente no era para ella. Y aunque parezca mentira, a medida que la aparentemente impecable Aurelia va conociendo la verdad sobre Adelita, lo que debería sentir por la sirvienta (desprecio, algo de repelús, condescendencia...) se va convirtiendo en una buena dosis de morbosa curiosidad y una nada sana envidia. Y hasta aquí puedo leer...

Rosa Regàs es una buena escritora y por eso lo que podía haber sido el perfecto argumento para un telefilme de sobremesa a protagonizar por Melissa Gilbert, por ejemplo, se transforma en un libro ameno y fácil de leer que se sigue con interés desde el primer momento y que no le deja a uno la sensación de que ha perdido el tiempo con ese "maldito Planeta" y que es un deber moral ponerlo a parir en cuanto pueda. No, qué va, La canción de Dorotea se deja leer bien y puede que muchos, de hoy en adelante, comiencen a identificar "Adelitas" de forma compulsiva...

domingo, 13 de noviembre de 2011

Silvia Herreros de Tejada: Todos crecen menos Peter

Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 2009
Valoración: recomendable

Pues lo siento, pero me vais a tener que aguantar. Resulta que estoy inmerso en una obsesión algo preocupante en torno a la figura de Peter Pan. Es, en parte, trabajo, pero también una de esas felices ocasiones en las que el trabajo te da la oportunidad de ocuparte de lo que te apasiona. El caso es que preveo unas cuantas reseñas en las que flotará la sombra rebelde del niño que nunca crece. Esta es una de ellas.

Hace más de dos años (¡por todos los garfios: dos años ya!), os hablaba de cuáles fueron mis impresiones tras la lectura de la novela original de J.M. Barrie: Peter Pan y Wendy (de 1911). Ya entonces explicaba por encima que Peter Pan y el resto de personajes tienen muy poco que ver con la versión light, plana y manipulada que nos ha vendido Disney. Ni Peter es (sólo) el niñito encantador de la película, ni el capitán Garfio es ningún risible patán. Lo curioso es que no resulta tan fácil buscar una "historia original" y echar la culpa a todas las adaptaciones que la falsearon, porque, en realidad, lo que tenemos desde el mismo principio es una sucesión de adaptaciones: la novela de la que hablé es una versión de la obra de teatro de 1904 (que, por otro lado, Barrie cambiaba cada año), y la obra de teatro tiene un antecedente en un cuento publicado en 1902, y este cuento no hace sino fijar los relatos que el propio Barrie contaba a George y Jack Llewelyn Davies en los jardines de Kensington, y estos relatos se alimentaban de las novelas feéricas y de aventuras que leía su autor...

Precisamente para orientarse en este constante círculo narrativo de cuyo centro emerge la figura mítica de Peter Pan, el libro de Silvia Herreros de Tejada resulta muy útil. La autora investiga en profundidad las sucesivas versiones del personaje, a lo largo de las cuales cambia muchísimo. Así, por ejemplo, el Peter Pan de 1902 es mitad bebé mitad pájaro, y tiene apenas unas semanas de vida. A medida que evoluciona la relación de Barrie con los niños Llewelyn Davies (de quienes acabó siendo tutor, a la muerte de sus padres) cambia también el personaje, hasta el punto de que resulta imposible ignorar el humus biográfico del que emerge la historia. Quedarnos ahí, sin embargo, nos haría incapaces de explicar la altura mítica que ha alcanzado Peter Pan con el paso del tiempo, y este es un error que Herreros de Tejada evita cuidadosamente.

Se trata, en general, de un estudio esclarecedor para los interesados en la intrahistoria de la obra de Barrie. Hay de fondo una paciente investigación de las fuentes originales, y se ofrece también una gran variedad de interpretaciones que proceden de fuentes secundarias. Es aquí, creo, donde más zozobra Herreros de Tejada, que a veces da la sensación de perderse en esa recolección de voces ajenas, sin dejar claro al lector cuál es su propia postura. En cualquier caso, es quizá el mejor estudio sobre Peter Pan accesible en castellano.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Ayn Rand: El manantial


Idioma original: inglés
Título original: The Fountainhead
Fecha de publicación: 1943
Valoración: recomendable

Ayn Rand, novelista de origen ruso nacionalizada estadounidense y firme defensora del objetivismo, consiguió con El manantial su primer éxito literario y se convirtió gracias a esta novela en una de las escritoras más importantes de su generación. Parte del mérito, sin duda, recae en que este libro, además de ser una interesante obra literaria, sienta –bajo la figura del creador– las bases del pensamiento objetivista y muestra el enfrentamiento entre el individualismo y el colectivismo.

El protagonista de esta historia (y hombre ideal para Rand), Howard Roark, es un intransigente arquitecto que roza la genialidad y defiende firmemente sus principios sin dejarse doblegar por nada o por nadie, a pesar de los problemas profesionales y personales que esto le acarrea. Peter Keating, su antagonista, es un arquitecto de segunda que ha sabido venderse y establecer los contactos necesarios para triunfar profesionalmente y conseguir aparentar ante la galería estar satisfecho consigo mismo. Acompañando a estos dos hombres, la autora nos presenta a Dominique Francon, una mujer independiente y de ideas tan firmes como las de Roark que, sin embargo, no puede desprenderse de la sociedad que odia y le alimenta; Gail Wynand, el dueño del periódico más importante de Nueva York; y Elsworth Toohey, un "pensador" socialista que hará todo lo que está en su mano para acabar con Roark y su obra.

Alrededor de estos cinco personajes se desarrolla esta historia de juegos de poder y superación personal que, como la propia autora afirma en el prólogo, pretende mostrar al "hombre que utiliza su propia mente sin intermediarios y se convierte así en el manantial de la realización". Dejando a un lado las ideas de Rand (con las que se podrá estar de acuerdo o no), no podemos negar que ésta sea una de las grandes novelas del siglo XX.

Si he de decir algo malo de ella, sería, sin duda, que sus diálogos son en ocasiones un tanto teatrales. Por lo demás, no tengo ni media queja (y eso que en las casi 700 páginas que la conforman lo normal sería lo contrario). Es más, tengo que señalar el discurso final del protagonista como uno de los mejores que he leído en mucho tiempo. Claro, contundente y sin concesiones, el perfecto broche final para un libro como éste.



También de Ayn Rand: Los que vivimos e Himno.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Henry James: La bestia en la jungla

Idioma original: inglés
Título original: The Beast in the Jungle
Año de publicación: 1903
Valoración: Muy recomendable

Poco a poco, vamos reseñando un buen puñado de relatos largos o novelas cortas de Henry James, sin duda uno de los maestros del género (y todavía falta por reseñar Los papeles de Aspern, que, insisto, es por ahora mi favorita). Ya llevamos Daisy Miller, El fondo Coxon, Los amigos de los amigos, Otra vuelta de tuerca. No está mal.

En este caso, La bestia en la jungla es fundamentalmente una historia de amor, aunque de amor irrealizado y frustrado, entre John Marcher, un joven que cree estar destinado a que le ocurra algo prodigioso (esa "bestia en la jungla" que espera agazapada para saltar en cualquier momento) y May Bartram, una mujer que decide poner su vida "en pause" para esperar junto a él ese momento de apoteosis o catarsis o apocalipsis.

Como en casi todas sus obras, James es aquí sutil, detallista y meticuloso en el análisis de los sentimientos, de las personalidades y de las relaciones entre sus personajes, algo que hace que sus novelas largas (me) resulten pesadas, pero que es innegablemente una virtud en las novelas cortas. Es verdad que el desenlace resulta algo tramposo (¿tanto esperar a la "bestia" para eso?), pero el camino para llegar hasta él es espléndido: zigzagueante, melancólico, ligero.

Algunos críticos, y el propio autor, sitúan esta novelita entre las obras cumbres de su autor. A mí, aunque me ha gustado, me parece algo peor (más artificial, más forzada) que Daisy Miller o que Los papeles de Aspern. Lo que, por otro lado, no quiere decir que no sea una lectura muy recomendable.

P.D.: Hay una adaptación teatral de Marguerite Duras, que no me importaría nada ver o leer...

También de Henry James: Daisy Miller, El fondo Coxon, Los amigos de los amigos, Otra vuelta de tuerca.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Jamyang Norbu: Los años perdidos de Sherlock Holmes


Título original: Sherlock Holmes: The Missing Years
Idioma original: ingles
Año de publicación: 1999
Valoración: Está bien


¿Alguien recuerda a aquel famoso quijote con qué un tal Avellaneda continuó la primera parte de la obra original? Cervantes se enfadó tanto como se burló de él mientras escribía el auténtico segundo libro y desde luego el fraude sólo ha pasado a la historia como anécdota.

En este caso no se trata de un plagio sino de dos homenajes: uno explícito a Sir Arthur Conan Doyle a través de su personaje más conocido y otro implícito al propio Cervantes ya que, además repetir lo que hizo Avellaneda (con mucha más elegancia), utiliza el mismo recurso del manuscrito encontrado para introducir al lector en la acción así como en un ambiente exótico y misterioso en el que el omnipresente humor no altera en absoluto un respeto exquisito por las creencias ajenas.

Norbu aprovecha que el creador de Sherlock Holmes relató su muerte en uno de sus libros y que, cuando se vio obligado a resucitarlo por la presión de sus lectores, el detective, para rellenar una laguna de dos años, confesó a Watson que había estado viajando por el Tibet y había conocido al Gran Lama. Pero esta vez y a pesar de las apariencias (al principio, como no podía ser de otro modo, encuentran un cadáver y es Holmes quien consigue averiguar lo ocurrido) no se trata de un argumento policíaco. Lo que Norbu hace es tejer un entramado de aventuras en el que combina perfectamente el budismo, la reivindicación de la autonomía tibetana frente al dominio chino en la región, la recreación de la figura de Holmes, lo sublime, los enrevesados episodios, los personajes extraordinarios, lo maravilloso, la humilde heroicidad, las tradiciones tibetanas, la espiritualidad y el misticismo, la magia y el misterio, la exhibición de impresionantes escenarios naturales dónde los humanos se ven como figurillas insignificantes perdidas en esa grandeza, la parodia y la comicidad centradas en la figura del protagonista. Pero el tal Hurree Chunder Mookerjee - también presunto autor del manuscrito que un descendiente suyo encuentra en una caja descubierta por un terremoto y entrega diligentemente a Norbu - más que al doctor Watson se parece a Sancho Panza. El autor lo presenta como un indio grueso y bonachón que reverencia a Holmes y que está enamorado del Tibet. Su afición por la etnología constituye una defensa algo irónica del racionalismo, pero tanto la cercanía con que se describe lo sobrenatural como la evolución que finalmente experimenta Holmes – no sólo en sus convicciones sino en su misma naturaleza – emiten un mensaje que da qué pensar.

La admiración por la obra de sir Athur Conan Doyle se manifiesta: en el conocimiento que demuestra Norbu de la trayectoria general de su gran mito literario y, en particular, de varias de las obras del Canon holmesiano – que cita expresamente a pie de página –donde Mookerjee compara conductas y frases del detective con las que aparecen en títulos concretos de Conan Doyle, en la entrega incondicional de éste a su héroe y ahora compañero de fatigas, en la recreación que hace de la psicología y hábitos de Holmes, por sacar a escena al malévolo Moriarty, su eterno rival y asesino frustrado, y por haber creado un sustituto de Watson al resultar imposible que éste le acompañara pues – según sabemos por su creador – el amigo durante esos dos años le creyó muerto.

En algún sitio he leído que se trata de un pastiche, pero esta palabra tiene una connotación despectiva; cuando una mezcla está bien elaborada podemos llamarla engranaje. Yo lo catalogaría como un entretenido libro de acción que no elimina el pensamiento, en el que se exalta tanto lo racional como lo espiritual, los valores orientales y los occidentales. Nada excluye nada es la idea que queda flotando cuando hemos acabado de leerlo.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Colaboración: La piel del zorro, de Herta Müller


Idioma original: alemán
Título original: Der Fuchs war damals schon der Jäger
Año de publicación: 1992
Valoración:Recomendable


No es Herta Müller una autora de fácil lectura. Tampoco es fácil el contexto en el que su obra se inscribe. Herta Müller nació en 1953 en el seno de la minoría germanoparlante de los suevos del Banato rumano. Esta comunidad, originalmente parte del Imperio Austrohúngaro, quedó, tras el desmembramiento de este, dentro de Rumania. Durante siete siglos, los suevos conservaron su idioma y sus costumbres del sur de Alemania en una Rumania multiétnica en la que convivían con búlgaros, gitanos, judíos y los propios rumanos. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial, la comunidad sueva se alió con el Reich, abriéndose una brecha definitiva. En 1945, con el territorio bajo control soviético, llegó la represalia y todos los hombres y mujeres de edades comprendidas entre los 17 y los 45 años fueron enviados como castigo a campos de trabajo en la Unión Soviética. La madre de Herta Müller pasó cinco años en un campo donde muchos de sus compatriotas murieron por las condiciones inhumanas a las que fueron sometidos. Volvió traumatizada y avergonzada, sin querer nunca hablar de su experiencia. Un silencio original que Herta Müller incorpora probablemente a su poética.

Finalizado el exilio, los suevos pudieron volver a su territorio pero, al haber perdido en numerosos casos sus medios de sustento, muchos decidieron emigrar, principalmente a Alemania. El régimen totalitario de Ceaucescu, cada vez más nacionalista y opuesto a las minorías étnicas, no hizo sino agravar la situación y los suevos, por lo demás como el resto de la población, quedaron sometidos a la vigilancia constante de la Securitate, obligados a ocultar sus opiniones, sentimientos o deseos. De nuevo, el silencio.

Ese extrañamiento tanto vital como lingüístico moldea probablemente la escritura de Herta Müller. Como las vidas de los suevos, su prosa es entrecortada, las frases están cuajadas de silencios. Nos encontramos en el libro personajes ensimismados, descripciones incoherentes, paisajes donde lo inanimado se anima y lo animado se descompone. En la imagen que abre La piel del zorro, una hormiga viva arrastra a una araña muerta y es precisamente la hormiga la que parece muerta mientras que la araña, al desplazarse, parece cobrar vida. La autora recrea a partir de ahí un mundo donde los términos se invierten y el individuo, habitualmente el centro de toda narración, se desdibuja frente a una acumulación de personajes minúsculos, estereotipados, autómatas que podrían ser barridos de un plumazo sin que nadie los echase de menos. Muchos de esos personajes ni siquiera tienen nombre: “la hija de la criada”, “la maestra”, “el niño”, “el oficial”, “el hombre de la corbata de lunares rojos y azules”, por ejemplo. La cosificación de los personajes resulta aún más evidente cuando precisamente los animales y objetos son personificados y encontramos la hierba ahogada en el río, las llaves que susurran ante la puerta de la casa o el corte en la barbilla que habla.

Esa ausencia de narración centrada en un individuo hace, sin embargo, que el libro se nos caiga a veces de las manos. Solo al llegar a la mitad, Adina parece tomar las riendas de la narración y cobra relevancia la anécdota de la piel del zorro. Cuentan que la anécdota es real y que le ocurrió a la propia Herta Müller. En la novela, Adina tiene una piel de zorro a modo de alfombra en su apartamento hasta que un día observa que le han cortado la cola. Primero piensa que es un accidente, pero semanas después alguien corta una pata, luego otra, hasta que la piel aparece con la cabeza cortada. Esa anécdota estremecedora, que muestra la vulnerabilidad del individuo y la constante amenaza del régimen de Ceaucescu, sirve de hilo conductor para narrarnos las peripecias de una joven durante los años previos a la caída del dictador. Es curioso, sin embargo, que ese hilo conductor no aparezca hasta prácticamente la mitad de la novela, como si no fuera en realidad tan importante. Parece como si lo que quisiera retratar la autora fuera más bien el entorno y la anécdota de la piel del zorro hubiera adquirido inadvertidamente mayor relevancia de la prevista. Podría ser que Müller hubiera ido escribiendo sin un proyecto inicial, pero es probable que lo que le interese no sea tanto narrar una peripecia vital como mostrar el caldo de cultivo, el entorno de corrupción y desconfianza que impregna todo el sistema. Burócratas, empleados, policías, amigos, todos forman parte de esa realidad gangrenada. La metáfora inicial, la hormiga viva que parece muerta y la araña muerta que parece viva, cobra sentido en un mundo en el que los individuos, tan pequeños, parecen muertos, mientras la gran máquina burocrática cobra vida.

En cierto sentido, se echa de menos un mayor sentido de la narratividad, una ilación, una secuenciación lógica de las escenas, pero es a la vez esa extrañeza lo que hace de La piel del zorro un libro tan descorazonador, helador y corrosivo como la maquinaria del régimen soviético. En un sistema en el que los valores se invierten y la causalidad pierde su eficacia a la hora de explicar los hechos, es probable que las formas narrativas deban también reinventarse. Y eso es lo que hace Herta Müller, crear un lenguaje y un espacio literario acordes.

Herta Müller recibió en 2009 el Premio Nobel de Literatura, destacando el Jurado las cualidades singulares de su obra. «Si el mundo es ambiguo y opaco, la literatura debe dejar de ofrecernos una imagen engañosa».



Firma invitada: Maite


También de Herta Müller: El hombre es un gran faisán en el mundo

martes, 8 de noviembre de 2011

Miguel Noguera: Ultraviolencia

Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 2011
Valoración: muy recomendable

Hombre, muy recomendable, según. Porque vamos a ver, uno puede ponerse todo lo sofisticado que quiera y decir que Noguera ha revolucionado el humor, uniendo el gag de viñeta con el aforismo surrealista. O asegurar muy serio todo lo contrario: "El sr. Noguera no hace humor ni nada parecido. Sus ideas proceden a una deconstrucción crítica de nuestra habitualidad, sirviéndose de una micro-fenomenología de lo cotidiano." Ja. ¿Pero es que alguien puede negar que este libro está lleno de mierda? Sí, de mierda, señores lectores, de mierda y de caspa, y de cafeterías grumosas, baños de bares, genitales de ancianos, gente trastornada y rampas, muchas rampas.

Si hubiera que buscar una metáfora (en realidad, nunca hay que buscar una metáfora), Ultraviolencia sería a la cultura lo que son al interiorismo todas esas cosas repugnantes que se quedan entre los almohadones de los sofás. En sí mismas no son repugnantes (una miga, una moneda de 2 céntimos) y además tampoco tienen nada en común, pero su posición conjunta y su vecindad las contagia de un aura que repugna y atrae a la vez. Cuando uno empieza a mirar entre los almohadones se siente como haciéndole una autopsia al sofá, y no puede parar. Pues eso pasa con Noguera. No puedes parar de leer para ver cuál será la siguiente miga que instale cuidadosamente en tu hipotálamo. ¿Que la metáfora no tiene sentido? Ya, bueno, Ultraviolencia tampoco.

A ver, algunos ejemplos. Un portero vacía todos los tabiques de su edificio para escuchar si los vecinos se dan cuenta de que los espía. Se inventa un nuevo método de impresión holográfico sobre pelo. Comer en mitad de misa, caliente, con las manos. Hacer ouija en el AVE y obligar a los espíritus a perseguirte a toda velocidad. Una ancianita que pega puñetazos a su perro en la cara. Con eso es suficiente, creo. Y ahora os dejo el book-trailer del libro. En realidad, la moda esta de los book-trailers me parece bastante estúpida, pero esto no es nada parecido a nada. Ya veréis, ya.

También de Miguel Noguera: Hervir un oso.

video

lunes, 7 de noviembre de 2011

Shaun Tan: La cosa perdida



Idioma original: inglés
Título original: The Lost Thing
Fecha de publicación: 2000
Valoración: recomendable


El protagonista de este cómic es un joven cuyo nombre desconocemos que colecciona tapones de botella. Un día, mientras pasea, descubre algo extraño en la playa, algo en lo que nadie se ha fijado antes. Es una "cosa" enorme, un ¿ser? medio orgánico, medio mecánico, que se comunica con él emitiendo ruiditos que expresan cómo se siente en cada momento. El joven decide llevárselo a casa y cuidarlo, pero sus padres no ven con buenos ojos que esa cosa se quede con ellos y le ordenan deshacerse de ella.

Y... hasta aquí puedo leer. Una vez más, Tan nos presenta una historia sencilla (aunque no tanto como pueda parecer a simple vista) cuyo punto fuerte, a pesar de que en esta ocasión nos ofrece bastante más texto para leer, siguen siendo las ilustraciones. Más cercanas a la clásica ilustración de cómic que en, por ejemplo, El árbol rojo, las imágenes de este autor australiano siguen siendo impresionantes y se salen de lo que estamos acostumbrados a ver en obras de este tipo.

Cada una de las viñetas es un mundo en sí misma, una explosión de detalles plasmada sobre un fondo también increíblemente lleno de información que, sin embargo, ni cansa ni agobia (y cuya observación detallada nos aportará nueva información que hará que leamos esta obra de una forma diferente). Una nueva muestra del talento de este autor que, sin duda, merece la pena tener y remirar de vez en cuando.



También de Shaun Tan: Emigrantes, El árbol rojo

domingo, 6 de noviembre de 2011

Carmen Martín Gaite: Nubosidad variable

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1992
Valoración: Recomendable

Hace poco hablaba yo con una persona sobre el uso tan descuidado y frecuente que se da a la palabra "amistad" en estos tiempos que corren. Porque uno puede tener cuatrocientos amigos en Facebook y pasarse una semana o más sin tener ninguna clase de relación social más allá del entorno laboral y familiar (si se tiene trabajo y familia), o peor aún: relacionarse únicamente por Internet con personas que viven a unos cuantos kilómetros. ¿Seguro que son las apretadísimas agendas de cada uno lo que impide tener encuentros "físicos"? ¿O es que los seres humanos nos estamos haciendo cada vez más fríos, perezosos e individualistas y sólo cuando estamos verdaderamente mal echamos en falta la calidez de una mano de carne y hueso, no el puñito con el dedo gordo en alto del célebre "Caralibro"?

En fin... No sé cómo sería hace medio siglo, pero me da a mí que llamar "amigo" a una persona con la que realmente no se tiene un lazo de amistad sólido es algo que lleva sucediendo toda la vida para dar la impresión de ser una persona querida y reclamada por cuantos más seres humanos mejor. Pero sí puedo decir que en la época que me está tocando vivir el concepto de "amigo" se está desdibujando cada vez más. Y si no, probad a mirar a vuestro alrededor en la próxima reunión "física" que tengáis con vuestros amigos: el que no esté mirando su móvil (¡incluso comunicándose con otra persona!), lo hará en breves momentos. Y si levantáis un poco más la vista, veréis que buena parte de los clientes del bar o del restaurante donde estéis, estará haciendo lo mismo...

Y bueno, ¿que a qué viene esto? ¿Que qué tiene que ver toda esta parrafada con la Nubosidad variable de Carmen Martín Gaite? Bueno, pues es que resulta que el libro que hoy reseño es uno de los más hermosos que he leído sobre la amistad. La amistad entre dos mujeres, en este caso.

Sofía Montalvo y Mariana León. Durante su infancia y adolescencia, Sofía y Mariana son eso que se llama "uña y carne". Pese a tener unas personalidades en principio muy diferentes (Sofía es soñadora, romántica y juega a inventarse historias y palabras; Mariana es más enérgica y pragmática), ambas disfrutan mucho de la compañía de la otra porque se comprenden, se complementan, se quieren, se admiran, pasan juntas las horas de la mejor forma posible y sueñan juntas con un futuro lleno de proyectos. Sin embargo, esta bonita amistad se romperá finalmente por algo aún más poderoso que su cariño: ambas se enamorarán del mismo chico.

Rota y enterrada esta amistad de infancia y juventud, el destino hará esperar a las dos mujeres nada más ni nada menos que treinta años hasta volver a juntarlas en una fiesta. Entonces, Sofía será una ama de casa insatisfecha; Mariana, una psiquiatra de éxito con una caótica vida sentimental, y ambas comenzarán a escribirse cartas la una a la otra que no terminarán de echar al buzón y que más que ser redactadas para ser leídas por otra persona, serán verdaderamente un "strip-tease" emocional. Y página a página, el lector irá comprobando al mismo tiempo que Sofía y Mariana lo tontas que fueron al dejar que su amistad naufragara, porque ambas son donatarias de la misma esencia melancólica, soñadora, romántica y tendente a la desilusión cuando las cosas no ocurren como ellas habían imaginado.

Recomiendo pues este libro de la admirada Carmen Martín Gaite que pese a que sea extenso y que esté escrito en forma epistolar, lleno de reflexiones y elucubraciones de las protagonistas, se lee con gusto de principio a fin gracias a su lenguaje intimista pero efectivo y sencillo.

También de Carmen Martín Gaite: Entre visillos

sábado, 5 de noviembre de 2011

José Cardoso Pires: De profundis. Vals lento

Idioma original: portugués
Título original: De profundis. Valsa lenta.
Año de publicación: 1997
Valoración: Muy recomendable

Soy un firme defensor de José Cardoso Pires: esta es ya la tercera obra suya que reseño (las otras fueron El delfín y La república de los cuervos) y probablemente no sea la última. Me parece un narrador brutal, irónico, divertido, lúcido, y que merece mejor suerte crítica que la que ha tenido fuera de Portugal -no en Portugal, donde es ya un clásico contemporáneo a la altura de los más grandes-.

Esta obra es peculiar, muy peculiar, no solo en la trayectoria de su autor sino en la literatura universal (hasta donde yo conozco): es la reconstrucción, lo más fidedigna que se puede exigir, de lo que el escritor sintió, pensó y vivió después de sufrir una crisis vascular en el cerebro (un coágulo que impidió el riego y lo dejó sin habla, sin capacidad de comunicación, sin conciencia de sí mismo, sin capacidad para reaccionar emocionalmente ante sus seres más próximos.

El librito (menos de 100 páginas) hace honor a uno de los propósitos que el autor acrecienta en las notas finales: intentar describir, sin añadir nada a posteriori las sensaciones que tuvo durante esas horas en las que perdió la memoria, el habla y casi la vida (los periódicos llegaron a hablar de "muerte cerebral"); en que dejó de ser él para transformarse en Otro: un Otro que hablaba distinto, que no se reconocía en el espejo, ni reconocía las cosas que se le mostraban, que no recordaba a las personas, los objetos, los afectos.

Cualquiera que tenga un mínimo de empatía se sentirá sobrecogido por esa sensación de verse atrapado en un cuerpo que nos traiciona; de verse privado de la propia personalidad de un día para otro. Cardoso Pires nos lo muestra sin angustia, sin melodramas, con una fría objetividad que corresponde muy bien con su tema, y nos hace partícipes de una realidad terrible que esperemos no tener que vivir de otra manera.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Hannah Arendt: Eichmann en Jerusalén (Un informe sobre la banalidad del mal)

Título original: Eichmann in Jerusalem
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1963
Valoración: Muy Recomendable

El 11 de mayo de 1960 Adolf Eichmann, el comandante de las SS encargado del traslado masivo de judíos en tiempos de Hitler para su deportación en los primeros años y con destino a su exterminio más tarde, fue capturado ilegalmente en Argentina (donde vivía desde el fin de la guerra bajo la identidad de Ricardo Klement) por agentes israelíes, secuestrado y, tras obligarle a firmar un documento declarando que viajaba por voluntad propia, trasladado a Jerusalén donde en 1961 tiene lugar un sonado juicio que culmina ratificando la acusación de crímenes contra la Humanidad y condenándole a morir en la horca. Sentencia que sería ejecutada en la prisión de Ramla la madrugada del 31 de mayo de 1962.

En 1996 se estrenó The man who captured Eichmann película estadounidense rodada en Argentina para consumo televisivo. Más reciente es Eichmann, la coproducción húngaro-británica rodada en 2007 y dirigida por Robert Young que se basa en las confesiones de éste al capitán Avner Less durante el juicio.

Entre el público que presenció aquel juicio se encontraba Hannah Arendt, filósofa, periodista y analista política, que unos meses después redactaría este completísimo informe. Aparte de su excelente documentación, organización de datos y agudeza psicológica, lo más destacable de él es su sólida argumentación y, sobre todo, el sorprendente enfoque que elige. ¿La maldad generalizada no es más que la vulgar consecuencia de la desidia y la estupidez de una gran mayoría que se convierte así en cómplice de unas pocas mentes ambiciosas? Arendt presenta a Eichmann como un hombre nada brillante, un fracasado en esa época, que anhelaba triunfar como fuese y que obtiene un puesto de responsabilidad en la jerarquía nazi al demostrar su capacidad para organizar el traslado de enormes contingentes de personas. Lo escalofriante del caso es que el acusado, admitiendo estar informado de que el destino de toda aquella multitud era una muerte segura, se muestra convencido de haber realizado un trabajo bien hecho, concienzudo y perfectamente legítimo. La sensata clarividencia de Arendt lo intrepreta así: los jueces “quizá estaban demasiado convencidos de los conceptos que forman la base de su ministerio para admitir que una persona «normal», que no era un débil mental, ni un cínico, ni un doctrinario, fuese totalmente incapaz de distinguir el bien del mal. (…) Sin embargo, en las circunstancias imperantes en el Tercer Reich, tan solo los seres «excepcionales» podían reaccionar «normalmente»”. No obstante, aclara que Eichmann (como muchísima gente, pienso yo) carecía prácticamente de pensamiento autónomo y que lo sustituía, en un 80% como mínimo, por clichés ya elaborados, estando imposibilitado “particularmente para pensar desde el punto de vista de otra persona”. Y la seguridad que le daba haber cumplido con lo encomendado, según ordenaban las leyes de la época y sus propios superiores de acuerdo con toda la sociedad alemana – nada menos que ocho millones de personas “resguardadas de la realidad por el mismo autoengaño, mentiras y estupidez” (pag. 82) – le impulsaba a defender con aplomo su inocencia sin necesidad de negar los hechos, incluso en varios momentos a hacer declaraciones que su abogado desaprobaba abiertamente. Arendt considera de gran importancia política (que no jurídica) conocer cuánto tiempo necesitan las personas normales “para vencer la innata repugnancia hacia el delito, y qué le ocurre exactamente a tal persona cuando se encuentra en este caso” Ya que, si la población se desentendía de eso que estaba ocurriendo, “lo que se grababa en las mentes de aquellos hombres que se habían convertido en asesinos era la simple idea de estar dedicados a una tarea histórica, grandiosa, única que, en consecuencia, constituía una pesada carga” (pag. 156). Hay que tener en cuenta que los jefes eliminaban sistemáticamente de sus filas a aquellos que tenían de antemano tendencias homicidas y sádicas. El lavado de cerebro colectivo que se hace patente al leer estos datos es probablemente lo que más impresiona del informe.

Otra refinada maniobra que manipuló las mentes de los ciudadanos alemanes (y de muchos europeos) y facilitó el avance progresivo y sin obstáculos hacia el objetivo final fue establecer categorías entre los propios judíos (alemanes/polacos, excombatientes-condecorados/ciudadanos recientes, dirigentes/gente de la calle), categorías tan efectivas como ficticias ya que para los nazis “un judío siempre era un judío”. Aunque lo que simplificó definitivamente el trabajo fue la estrecha colaboración de las autoridades judías que seleccionaban y entregaban a los que habían caído en desgracia creyendo que la colaboración conseguiría salvar a algunos. Lógicamente, cuando no quedan más que unos pocos es mucho más sencillo capturarlos, y eso fue lo que ocurrió. Pero, de entre todas las estratagemas, quizá la que más contribuyó a que la orden de la Solución Final implantada por Hitler se llevara a cabo tan fácilmente es que, además de ser elevada a la categoría de ley, “fue seguida por un diluvio de reglamentos y ordenanzas, documentos todos redactados por expertos juristas que cumplieron muy eficazmente la función de dar externa apariencia de legalidad a la situación existente”. Al creer que dicha situación legal podría alargarse indefinidamente (y que el futuro probablemente carecería de competencia para juzgarles) estaban convencidos de su eterna impunidad. Ése fue su gran error de cálculo.

En realidad, no sólo era posible que las poblaciones rechazasen frontalmente la masacre sino que cuando lo hicieron el régimen nazi no hizo mayor esfuerzo por llevarla a cabo, simplemente lo dejó estar. Este es el caso de Dinamarca, el único en el que sociedad y autoridades se opusieron abiertamente saboteando sin concesiones las órdenes recibidas de Berlín. Sorprendentemente, cuando los nazis “se enfrentaron con una resistencia basada en razones de principio, su dureza se derritió como mantequilla puesta al fuego”. Después de Dinamarca, Grecia fue el país que más resistencia opuso. En el otro extremo, los que más colaboraron fueron Hungría y Rumanía.

Uno de los grandes quebraderos de cabeza de los jueces fue la forma en que se ejecutaban los crímenes: a la manera de una cadena de producción, lo que condujo a una responsabilidad diluida. Arendt considera que, a pesar de lograr su objetivo fundamental: ejecutar a Eichmann, el tribunal de Jerusalén fracasó ética y jurídicamente al no abordar: “1) el problema de la parcialidad propia de un tribunal formado por los vencedores", (sin olvidar la dudosa legalidad del arresto y la falta de competencia de un tribunal nacional en crímenes que, en caso de que se encontraran fundamentos para establecer alguna competencia, corresponderían únicamente a un tribunal internacional) "2) el de una justa definición de «delito contra la humanidad»". La autora sostiene firmemente que las conductas que se juzgan no son, en absoluto, delitos ya tipificados en los que concurren circunstancias diferentes, sino un nuevo tipo de delito radicalmente distinto a todo lo conocido hasta entonces y por tanto no contemplado en ningún código penal y "3) el de establecer claramente el perfil del nuevo tipo de delincuente que comete este tipo de delito”. Ya que “la premisa común a todos los ordenamientos jurídicos es que, para la comisión de un delito, es imprescindible que concurra el ánimo de causar daño. Cuando, por las razones que sean, el sujeto activo no puede distinguir claramente entre el bien y el mal consideramos que no puede haber delito”. Sin embargo en esta circunstancia excepcional habría que modificar parcialmente ese criterio, pues no libera de su responsabilidad a los causantes, así como aquél que presupone que “cuando todos, o casi todos, son culpables, nadie lo es”. La consecuencia jurídica en este caso, al contrario que la mayoría de los hechos delictivos considerados hasta ese momento, es que “el grado de responsabilidad aumenta a medida que nos alejamos del hombre que sostiene en sus manos el instrumento fatal”.

Por todo ello, hubiera sido imprescindible una revisión completa de los hechos y un tratamiento distinto y novedoso que tendría que haberse incluido en la legislación penal tanto internacional como de cada país en concreto antes de 1960.