Mostrando las entradas para la consulta cartarescu ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta cartarescu ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

martes, 21 de noviembre de 2017

Mircea Cărtărescu: Solenoide

Título original: Solenoid
Idioma original: Rumano
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Año de publicación: 2015
Valoración: (Casi) imprescindible

Dice la crítica seria y especializada que esta es la obra cumbre de Cartarescu. A ver. Igual es algo aventurado, sobre todo si tenemos en cuenta que Cartarescu tiene unos 60 años y aún le quedan unos cuantos libros por delante, ¿no? Lo que sí que puedo decir es que se trata de su obra más ambiciosa hasta el momento (o, al menos, de lo que yo he leído), un compendio de todo su universo literario en versión extendida. 

Es un libro que no me atrevería a recomendar a nadie como punto de partida para adentrarse en la obra del rumano. Sus casi 800 páginas y su peculiar mundo hacen aconsejable acercarse a "Solenoide" tras alguna que otra experiencia en el mundo cartaresquiano. 

Pero vayamos al grano. Creo que estamos ante uno de los libros del año. Sin más. Por su originalidad, por su atrevimiento y por llevar casi al límite aquella frase de Pío Baroja, extraída de sus "Páginas de autocrítica", en la que decía que la novela es un saco donde cabe todo. 

A grandes rasgos, podríamos decir que "Solenoide" es una novela sobre el extrañamiento de uno mismo y del mundo que le rodea, una novela dual, realista y onírica a partes iguales. Y es que su protagonista es, así mismo, un ser dual; de día es un gris profesor de Lengua Rumana es un no menos gris colegio del extrarradio de la ya de por sí gris Bucarest, ciudad museo de la melancolía y de la ruina, y de noche es "simplemente" un hombre asediado por miedos, sueños y alucinaciones.

El libro son los cuadernos que va escribiendo su protagonista a lo largo del tiempo, en los que hace un repaso a toda su vida, determinada siempre por decisiones (propias o de terceros) conscientes e inconscientes, desde la infancia a la madurez, pasando por una adolescencia marcada por su estancia en un terrible sanatorio para tuberculosos, por su compulsiva afición a la lectura y por un doloroso rechazo a su primera obra literaria. Tal y como dice el propio escritor-lector-personaje de los cuadernos, estos son informes sobre sus propias anomalías escritos con el único objetivo de intentar comprender.

Como comentaba anteriormente, los cuadernos tienen dos vertientes. Una de ellas es diurna y correspondería a su monótona vida como profesor en un colegio de primaria, lleno de piojos y liendres; bichos reales y presentes en las primeras páginas del libro, metafóricos y terribles más adelante. El retrato de la Rumanía de los años 60-70 y 80 es devastador. Es el retrato de una soledad sin esperanza, de una vida con miedo, de una realidad que se ha convertido en la más abrumadora de las prisiones, en la que "todos somos ácaros ciegos pululando en nuestra mota de polvo en un infinito desconocido". Esta parte más realista me parece, sencillamente, brutal. Las páginas que reflejan la soledad, el dolor, el absurdo y el vacío son de lo mejor de la obra de Cartarescu.

La otra vertiente, llamémosla nocturna, es fruto de los miedos, sueños y alucinaciones de su protagonista. Pese a estar íntimamente relacionada con la parte realista, ya que procede del dolor "del día", podría leerse como una novela diferente. Sería, en este caso, una novela onírica, con una potente carga alegórica y metafórica, en la que los sueños del protagonista no constituyen otra cosa que planes de huída de la realidad. Esta parte es más compleja para el lector. Los extraños y terribles sueños están narrados con gran detalle, sobre todo en su aspecto más "técnico", y, en mi opinión, entorpecen un tanto la agilidad de la lectura.

En cualquier caso, se trata de un grandísimo libro, que trae a la mente, además de obras anteriores de Cartarescu (Lulú, Nostalgia...), a Kafka, con millones de insectos y parásitos como metáfora del mundo, a Borges o al Sábato de "Sobre héroes y tumbas". Palabras mayores, oigan.

P.S.: No quisiera acabar la reseña sin destacar el trabajo de Marian Ochoa de Eribe, traductora habitual de Cartarescu. El texto, sobre todo en su parte más onírica, está plagado de tecnicismos y de detalles e imagino que el esfuerzo debe haber sido ímprobo.

Otras obras de Cartarescu en ULAD AQUÍ

jueves, 2 de abril de 2020

Mircea Cărtărescu: El cuerpo. Cegador, II

Idioma original: Rumano
Título original: Orbitor, Corpul
Año de publicación: 2002
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Valoración: Muy recomendable

Decíamos en la reseña de El ala izquierda, primera parte de la trilogía Cegador, que “el pasado lo es todo, el futuro no es nada". No existe otro sentido del tiempo”. Tiempo, memoria, recuerdos y sueños son también el centro de El cuerpo, ligados (cómo no!) al cambio, ya sea individual o colectivo, y representados por la omnipresente mariposa, clara metáfora del mismo.

Tiempo, memoria, recuerdos y sueños que nos unen a otros seres (conocidos o desconocidos), a otros lugares (Nueva Orleans, Amsterdam, Tántava…), a otros tiempos (cien años atrás, quince años atrás, ayer, hoy…) y que forman, de manera a veces incomprensible para nuestro entendimiento, las sucesivas capas de nácar que nos componen a través de sueños ya soñados, de vidas ya vividas.

Así como en El ala izquierda el viaje nos trasladaba (en términos generales, eso sí) a la prehistoria de Mircea, autor de este libro ilegible (o, en palabras del narrador, un embrión engendrado en el útero triste de mi cráneo y de mi habitación y de mi mundo), y se centraba en la figura materna, en Cegador el viaje nos traslada principalmente a la infancia de Mircisor, a finales de la década de los 50 y principios de los 60 (aunque también con un pie en los años 80) en Bucarest, la ciudad más triste del mundo.

Pese a que en la primera de las tres partes de este El cuerpo reconocemos a Vasile Badislav, protagonista de la semibíblica huida de El ala izquierda o a Maria, también miembro de la tribu “primigenia” y protagonista de una bella y feérica historia, el núcleo central de El cuerpo reside en un Bucarest gris, absurdo y brutal, que es al mismo tiempo la puerta hacia otros posibles mundos, reales o imaginarios. Jugaremos aquí con la imagen de las alfombras tejidas por Maria, madre de Mircea, cuya capacidad de penetración le llevarán a un incidente descabellado con la Securitate. Y es que El cuerpo es una de esas alfombras capaces de contener todos los mundos y todos los cuentos y de ser para quien las teje una vía de escape de una realidad gris y deprimente. Encontramos en el una serie de historias, costumbristas y/o oníricas, y de personajes unidos por hilos tan tenues como los de las telarañas que pueblan las páginas del libro. Historias a medio camino entre lo costumbrista y lo onírico como la del fascinante e incongruente Herman, vecino vagabundo y clarividente de Mircea, o la de la artista de circo rusa llamada Katarina; historias puramente oníricas como la de Soile, niña delicada y carente de voluntad que nació con una tarántula por corazón, o la del también circense Vanaprashta Sannyasa; historias costumbristas, y por ello a medio camino entre el absurdo, la tristeza y el deslumbramiento / descubrimiento, como la de la Maria tejedora de alfombras, la del Mircisor pionero o la del securista Stanila.

Se cierra El Cuerpo con la que será una historia clave para la comprensión de El ala izquierda y El cuerpo (y supongo que para El ala derecha), una historia en la que vuelven a unirse lo costumbrista y lo onírico (con mayor peso de esto último). No doy más pistas.

Dicho todo esto, creo que quien no consiguiera entrar en su momento por el aro de Solenoide o de El ala izquierda tampoco lo hará con El cuerpo. Se trata de un libro con muchísimos elementos comunes a los dos anteriores, con buena parte de sus virtudes y con alguno de sus posibles “defectos” acentuados.

En cuanto a las virtudes, destacaría por encima de todos las siguientes:
  • El ritmo. Pese a la densidad de la escritura de Cartarescu, la narración fluye a un ritmo vertiginoso. Creo que Cartarescu es un magnífico contador de historias. Pero el mérito también ha de recaer, al menos en parte, en Marian Ochoa de Eribe, traductora habitual del bucarestino .
  • La parte “costumbrista”, historias magníficamente narradas que reflejan de forma al mismo nostálgica y desmitificadora el mundo perdido de la infancia.
  • La parte “filosófica”, esa en la que Cartarescu indaga sobre lo humano y lo divino
Y en cuanto a sus defectos, esta vez me ha dado la impresión de que alguna de las historias puramente oníricas estaban demasiado estiradas, que pecaban en cierto modo de reiterativas y que no aportaban demasiado al conjunto. Quizá esto último sea producto de la situación en la que nos encontramos, que le impide a uno concentrarse como es debido; quizá sea que he cometido la temeridad de releer antes El ala izquierda y casi 1000 páginas de Cartarescu “del tirón” sean “demasiado”. No lo sé, pero quizá no le hubiera sentado mal una pequeña poda a esa parte.

Pese a esto, las virtudes superan con creces a los posibles defectos y El cuerpo no decepcionará a los seguidores de Mircea, quien para mi es el mejor escritor vivo del mundo. He dicho.

lunes, 17 de diciembre de 2018

LO MEJOR DEL 2018, SEGÚN ULAD, MODESTIA APARTE

Juan G. B. dice: 

Oriol Vigil dice:

Koldo CF dice:
Ha sido, para mi, el año de los autores latinoamericanos. Aquí la lista:

Francesc Bon opina:
No ha sido un buen año. Mis preferencias siguen inamovibles y nadie les hace sombra y alguno ya debería. Y un desastre solo recordar leer autores españoles o estadounidenses. 
  • Mi mejor lectura del año: El viaje vertical, de Vila-Matas 
  • Novedades que salvo, y mucho: Las posesiones, de Llucia Ramis 
  • Te gustará si votaste o piensas votar a Vox: Ordesa de Manuel Vilas. (Esto es una broma muy del momento, ni siquiera comprendería que le gustara a alguien, y los que votan a Vox ni leen libros ni leen blogs literarios, seguro) 
  • Hartito de darles más oportunidades: Trueba, Amat, y otros involucrados en el socavón que se abre bajo lo que fue antes Anagrama. 
  • Propósitos de año nuevo que caerán seguro: Barth, Gaddis, Vollmann. Y ya que otros toman gustosos el relevo de la actualidad, re-lecturas a manta. 

Carlos Andia sentencia:
  • Lo mejor del año: las relecturas de Lorca (Bodas de Sangre / Yerma) y Carpentier (El siglo de las luces)
  • Narrativa: quizá Lectura insólita de 'El capital', de Raúl Guerra Garrido, porque el nivel, la verdad, no ha sido muy espectacular 
  • Descubrimientos: Antonio Di Benedetto (Zama), y la faceta literaria de Henri Michaux (Un bárbaro en Asia)
  • Reconciliación con, y por lo tanto reapertura de puertas a: Michel Houellebecq (gracias a El mapa y el territorio)
  • Ensayo: entre bastante igualdad, finalmente me decanto por Jean-Yves Jouannais (El uso de las ruinas, reseña dentro de poco) 
  • Clásico: Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne 
  • Experimento: Me acuerdo, de Georges Perec (reseña también en unos días) 
  • Decepciones: varias, moderadas, quizá la más fastidiosa, por los elogios que arrastraba, Velocidad de los jardines, de Eloy Tizón 
  • Intenciones: un hipertocho que llegará pronto, volver a Di Benedetto, quizá a Sabato, cosas interesantes... y, sí Koldo, Cartarescu también. 

Montuenga contribuye: 

Marc Peig opina:

Carlos Ciprés añade:
Y que en los próximos meses Ustedes gocen de sus lecturas. 

Beatriz Garza estima:
  • Autor descubrimiento del año: Margaret Atwood 
  • Novela(ZA) descubrimiento del año injustamente olvidada: Primera sangre de David Morrell 
  • Clásico del año: Marianela de Benito Pérez Galdós 
  • Novela (que como no podía ser de otra manera, supera a la película) del año: Tomates Verdes Fritos de Fannie Flagg 
  • Relectura provechosa del año: Las hermanas Grimes de Richard Yates 
  • Lectura LGTBI del año: La chica danesa de David Eberhoff 
  • Objetivos cumplidos del año: Lectura y reseña de novela gráfica 
  • Conceptos aprendidos del año: La diferencia entre "literatura" y "producto literario". El género del ciclo cuentístico
  • Objetivos para el año que viene: me abstengo, que luego me siento fatal. 

Santi concluye:

lunes, 17 de septiembre de 2018

Mircea Cărtărescu: El ala izquierda. Cegador, I

Idioma original: Rumano
Título original: Orbitor. Aripa stângă
Año de publicación: 1996 (Rumanía) - 2018 (edición de esta reseña)
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Valoración: Imprescindible


La imagen de un adolescente enfermizo y ojeroso contemplando, "como un sarcopto que excava canales en su piel de luz antigua", su propio reflejo y la ciudad de Bucarest desde la ventana de su habitación abre este primer volumen de la monumental trilogía “Cegador” y da una idea general de lo que en el encontraremos.

Porque “El ala izquierda” es un libro que parte del extrañamiento de uno mismo, una especie de autobiografía mítica, una profunda indagación en la propia identidad en la que memoria, recuerdo y nostalgia juegan un papel fundamental. Es, además, un paseo por un laberinto de espejos en un continuo realidad-alucinación-sueño separadas por membranas permeables, un libro tremendamente metafórico, plagado de imágenes y símbolos, de miedos atávicos y ritos ancestrales.

También podríamos definir “El ala izquierda” como el intento desesperado de responder a una pregunta tan sencilla y tantas veces planteada como “¿qué demonios sucede?”. Para averiguar qué sucede, quiénes somos o cómo hemos llegado hasta aquí, se hace necesario excavar en el pasado porque “el pasado lo es todo, el futuro no es nada. No existe otro sentido del tiempo”.

En esta excavación (utilizo excavación porque me recuerda a esos insectos tan recurrentes en la narrativa de Cărtărescu), el autor se remonta a los orígenes familiares casi míticos, con la huida (con tintes bíblicos) de sus antepasados desde Bulgaria a Rumanía.

Esta crónica familiar se detiene, en la segunda parte del volumen, en la figura materna. Esta parte de la narración es, digamos, la más convencional. Estamos en la sombría Bucarest de la Segunda Guerra Mundial y de posguerra y podría leerse como una novela de formación en la que asistimos a episodios clave de la juventud de la madre; episodios marcados por la guerra (bombardeos), la muerte, la devastación y el sexo. No obstante, también esta parte tiene sus momentos oníricos, como la historia del negro Cedric en Nueva Orleans o el turbador encuentro con una mujer encerrada durante años en una cabina de ascensor (y hasta aquí puedo leer).

La tercera y última parte de “El ala izquierda” parte de un recorrido por la Bucarest de los años 80, un Bucarest que se asemeja por momentos a míticos territorios literarios, y se centra en la figura del solitario y melancólico Cărtărescu, quien vuelve a sus recuerdos de infancia y adolescencia, recuerdos marcados por el descubrimiento del sexo y de mundos ocultos y desconocidos, como el de la azotea de la casa de Stefan cel Mare, en permanente metamorfosis. 

Estamos, en resumen, ante un libro crepuscular, grotesco y fascinante como el universo y como la mente humana, a medio camino entre la lucidez y la perversidad, con terribles analogías entre lo individual y lo total. Como decía al comienzo de la reseña, se trata de un libro muy metafórico (mucho),  que deja abiertas multitud de preguntas, multitud de dudas, y que, pese a todo, se lee con "relativa" facilidad. Porque si algo caracteriza la prosa de Cartarescu, además de su capacidad para reflejar los miedos y deseos más profundos e inconfesables del ser humano de cualquier época y lugar (y aquí vienen a la mente nombres como el de Kafka, Borges o Proust), es el ritmo. Creo que Cartarescu es un autor muy marcado por el fondo de sus textos y se nos olvida valorar que, pese a la complejidad de los mismos, su escritura resulta terriblemente absorbente y ágil.

Un único pero: ¡tenemos que esperar un año y medio para la segunda parte de "Cegador"!

P.S.: Lo dije en la reseña de "Solenoide" y lo vuelvo a decir: es algo totalmente subjetivo, pero el trabajo de Marian Ochoa de Eribe me parece complicadísimo e impecable.

viernes, 3 de noviembre de 2023

Severo Sarduy: Cocuyo

Idioma original: Español

Año de publicación: 1990

Valoración: Bastante recomendable

¡Qué cosas esto de las ideas preconcebidas (y de la ignorancia, para qué nos vamos a engañar)!. Uno sabía que Sarduy fue crítico de arte en París y pensaba que su narrativa sería sesuda, complicada, tirando a pesada por exceso de seriedad. Algo de eso hay, sobre todo en lo referente a la complejidad de la novela, pero me llama muchísimo la atención lo divertido, burlesco y zumbón que es Cocuyo. No nos adelantemos.

Resulta sencillo en apariencia resumir el argumento de Cocuyo. Vendría a ser una novela de (de)formación en la que se narra, de una forma tremendamente particular (¿podríamos decir novela de (de)formación alucinatoria?, el paso de la infancia a la adolescencia y edad adulta de su protagonista. Claro que hay formas y formas de enfocar lo anterior, y en el caso de Sarduy creo que tiene mucho que ver con su experiencia personal.

Ambientada en la época de Batista, que coincide en el tiempo con la infancia y adolescencia de Sarduy,  Cocuyo combina referencias clásicas y contemporáneas y hace uso de lo grotesco, lo absurdo, lo escatológico y lo mórbido para mostrarnos los espejos deformantes de la realidad de los que hablaba Valle Inclán. Entre las referencias clásicas, destaca la novela picaresca española (Cocuyo es un claro Lazarillo tropical); entre las más o menos contemporáneas, Borges (siempre), Lezama Lima + Carpentier y Oulipo, por la combinación de lo real y lo onírico, por el empleo de la sexualidad, por lo barroco de las descripciones y por el humor absurdo, escatológico, grotesco y muy vinculado al lenguaje, respectivamente. 

No sé si debería decir esto, pero los capítulos 9 y 10 (La desilusión y Azulejos, con osamenta rumbera) me traen a la cabeza ciertos pasajes de la trilogía Cegador de Cartarescu. En concreto, esos que ocurren en cierto templo de Nueva Orleans, si no recuerdo mal. Vamos, que si Cartarescu no ha leído Cocuyo...

Sigo. Otros aspectos aun no citados pero que serían importantes en la novela, como por ejemplo:

  • las referencias al cuerpo y al sexo, y siempre relacionados con el deseo o la aspiración de ser otro por parte de Cocuyo, quien esperaba a alguien pero sabía con certeza que nadie iba a llegar.  
  • lo pictórico. Puede parecer una obviedad, siendo Sarduy crítico de arte, pero resulta necesario mencionar la plasticidad de las descripciones, lo terriblemente visual de muchos pasajes de la novela.
  • lo sensorial: olores, colores, sabores, texturas... Mierda, semen, sudor, sangre, fachadas decrépitas, fruta podrida, el mar... 
  • el lenguaje, plagado de cubanismos que pueden condicionar la lectura y muy conectado con compatriotas de Sarduy ya citados.
En resumen, una novela aparentemente sencilla en lo argumental pero compleja en lo formal que no es posible recomendar a cualquier lector (abstenerse delicados y fans de las tramas lineales y "mascaditas"), si bien no me cabe duda de que los seguidores de autores y tendencias mencionados con anterioridad encontrarán, igual que yo, más que recomendable. 

P.S.: Si bien Severo Sarduy fue publicado por Tusquets hace ya unos cuantos años, la reseña se refiere a la nueva edición del texto (con prólogo y notas al pie) llevada a cabo por Amarillo Editora, que todo hay que decirlo, oigan.

sábado, 11 de julio de 2015

Mircea Cărtărescu: El Levante

Idioma original: rumano
Título original: Levantul
Año de publicación: 1990
Valoración: Raro

Como llevo en este blog desde el principio, y ya debo de haber publicado algunos centenares de reseñas, me puedo permitir usar valoraciones que se salen de la escala "Imprescindible - Muy recomendable - Recomendable", etc. Porque, la verdad, El Levante de Mircea Cărtărescu me ha dejado una sensación parecida a la de algunas novelas de Pynchon: la de que he asistido a una broma privada que no he terminado de entender del todo, y puedo o bien quedarme sonriendo como un tonto, como si la hubiera entendido, o bien decir: "pues no lo pillo" y arriesgarme al ridículo y la humillación.

En realidad, no es que no entienda de qué va El Levante: es una especie de recreación posmoderna de las epopeyas clásicas, de las novelas bizantinas de aventuras o de los poemas épicos románticos, aplicados a la nación rumana en un momento en el que esta estaba todavía bajo el régimen de Ceaucescu y en la que una épica de liberación nacional tenía por lo tanto un significado añadido. Así, en El Levante tenemos un héroe, Manoil, que busca regresar a su patria, y que en el camino se encuentra con piratas, ladrones, gitanos, diosas aladas, esferas mágicas y multitud de aventuras contadas en prosa y en verso (al menos en la versión ahora publicada, en traducción de Marian Ochoa de Eribe, por Impedimenta).

Mi problema es que este argumento de aventuras bizantinas no ha conseguido atraparme, me ha resultado completamente ajeno, y aunque sé reconocer lo que tiene de magnífico ejercicio de libertad creativa y de imaginación deslumbrante, no le he terminado de entender la gracia. Quizás existan juegos literarios, poéticos, históricos que a mí se me escapan; tal y como está, confieso que algunas páginas las he leído por encima, y muchos de los poemas no he sabido apreciarlos, ni siquiera como posible parodia del estilo ampuloso de las épicas nacionales.

Así, las partes del libro que más me han gustado, y con las que me he sentido más identificado, han sido las más posmodernas: aquellas en las que el autor habla al lector, muestra la tramoya del proceso de escritura (su máquina de escribir Erika en la cocina del pequeño apartamento que comparte con su mujer); aquellas partes en las que juega con las referencias anacrónicas o hace que los propios personajes sean conscientes de su carácter ficticio... Toda esa autoconsciencia del texto, que está, claro, ausente de los modelos literarios que El Levante parodia, es lo que la hacen más valiosa a mi parecer.

En fin, no sé si recomendaría este libro. Es una rareza, una de las creaciones más originales que he leído en mucho tiempo, y estoy casi seguro de que nunca habría llegado a traducirse al español si no llega a ser por el éxito del resto de las obras de Cartarescu. Sugiero que lo compren los que ya hayan leído y admirado otras obras del autor rumano (como Las bellas extranjeras o Nostalgia, por ejemplo); o aquellos que aprecien las bromas literarias ligeramente pedantes, aunque no terminen de entenderlas.

Más de Mircea Cartarescu en ULAD: Aquí

domingo, 1 de marzo de 2020

ULAD CUMPLE ONCE AÑOS. Reseña + Entrevista: Jorge Herralde: Un día en la vida de un editor


Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: imprescindible para interesados

Jorge Herralde es una leyenda. Con su experiencia vital, bromea, podrían llenarse veinticinco tomos, y prefiero no especular con los secretos que este editor, cuyo sello cumplió 50 años en 2019, guarda para sí, por su elegancia ejemplar. Para los trasnochados, una elegancia que nada tiene que ver con abrocharse la chaqueta cuando se camina. Es la elegancia innata del hombre culto que es, del icono absoluto que ha cambiado décadas de edición en español (y en catalán), que es responsable de los primeros amores literarios de tantos lectores, entre los que me incluyo sin ningún recato. Aunque el que esto escribe haya sido, digamos, poco benévolo con ciertos de los últimos lanzamientos del sello (pido disculpas por anteponer al hooligan literario a veces), todo se reduce a la expectativa que surge de haber vivido, bajo esas cubiertas amarillas o grises o bajo las multicolor de sus Compactos, auténticos episodios de apasionamiento sobre los cuales no voy a insistir.

El caso es que, en un movimiento que desprende cierto aroma a despedida  (no nos asustemos, pero Herralde ya tiene una edad en que ni siquiera las grandes pasiones deben impedir que uno disponga de un razonable porcentaje de tiempo libre), Herralde recopila aquí 400 páginas largas de entrevistas, artículos, semblanzas, reflexiones, crónicas, discursos, de diversas procedencias y fuentes, y con la inclusión de algún texto inédito.
En las entrevistas nos encontramos, claro, con conceptos que pueden repetirse, sobre todo porque muchos entrevistadores repiten preguntas lógicas, interpelaciones que destilan admiración y,a través de su lectura, comprendemos no solamente el devenir de la editorial, sus puntos álgidos y algunos periodos de incerteza, su portentoso camino de evolución de editorial comprometida políticamente con la lucha antifranquista (con la censura intentando ahogarla económicamente) para, sin abandonar cierta militancia, evolucionar hacia el poderoso e influyente conglomerado de hallazgo y promoción de primeras figuras literarias, que es absurdo enumerar otra vez...sino que también confirmamos el extremado amor y respeto por la literatura que Herralde desarrolló (desarrolla aún a otro ritmo menos extenuante) en su carrera, algo que se detecta en cada uno de sus pasos y en cada párrafo, respeto hacia autores, competidores, colaboradores, diríase que ese concepto de elegancia impera en el libro a toda costa, ése y la enorme lucidez que surge a cada línea: la visión del mundo editorial, su actitud hacia los voraces cambios de las últimas décadas, su paciencia con los autores, su coherencia combinada con su tesón y su determinación, él comprenderá que use el término "tozudez" como calificativo de quien no tolera el adormecimiento del ciudadadano ante lo que se le presenta sin exigir esfuerzo. Anagrama es una editorial fundamental para comprender la evolución de la lectura en español de un cierto perfil, nivel y exigencia. Sin Anagrama, las cosas simplemente no serían cómo son, y Herralde fue su máximo responsable a lo largo de décadas, y aquí nos lo explica: em trec el barret.*

 *Catalán por "me quito el sombrero".

Y, como acompañando su primer medio siglo con nuestra primera década, nos contesta unas cuantas modestas preguntas. No toco ni una coma, este texto es sagrado.

========================================================================

ENTREVISTA UN LIBRO AL DÍA 18/02/2020

1 Me gusta mucho un concepto del que habla en una de las entrevistas del libro: la captación del tiempo libre que efectúan, por ejemplo, las plataformas de TV en streaming. Y hace poco Jorge Carrión polemizaba en Twitter sobre la opción del gasto de 20 euros en un libro frente a una cena o un par de copas. Con este panorama, ¿pondría en marcha hoy en día un proyecto como el de Anagrama?
En otoño de 1967, cuando empecé a preparar Anagrama, el panorama tampoco era precisamente halagüeño, por otras razones. Repasando nuestro Catálogo general de 2018, en la programación en la primera década de los 70 abundan propuestas singulares, bien distintas en sus registros de lo habitual en las librerías españolas. Quizá demasiado aventurado económicamente: Anagrama estuvo a punto de cerrar en el 1980 y fallecieron no pocas editoriales de las más peleonas.
2 Alude también a los inicios de la editorial como emblema de lucha antifranquista y, por tanto, asediada y castigada por la censura. Se me ocurren casos como el de Libros del KO o Capitán Swing, pero, en este mundo convulso, ¿ve posible una recuperación de cierta literatura militante?
Tanto Libros del KO como Capitán Swing me parecen editoriales audaces y estupendas, sin duda mis preferidas en el ámbito de la literatura militante, tantos años después. Y también la Anagrama actual tiene una vena militante, a veces en “Argumentos” o en “Crónicas” y, sobre todo, en sus “Nuevos Cuadernos Anagrama” (digamos una versión aggiornata de una de nuestras colecciones más significativas de los años 70). Por otra parte, en muchos países ha habido un resurgimiento interesante de editoriales militantes. Un ejemplo es la siempre combativa editorial Wagenbach, que ha recuperado una colección muy combativa de textos breves.
En el último capítulo de mi libro Opiniones mohicanas (primera publicación en el año 2000), lo titulo “Los nuevos insumisos”, en el que daba la bienvenida a las nuevas editoriales que habían aparecido en los años 70, 80 y 90.
“Las «anomalías» editoriales antes aludidas, en este inventario que no pretende ser exhaustivo, podrían verse como guerrillas culturales, síntoma también de un malestar profundo, a veces explícitamente políticas, o bien en pos de otros horizontes intelectuales y literarios, un Gran Rechazo también al vigente modelo cultural, o más precisamente acultural, papillas pre-digeridas bajas en calorías, una escritura light, un menú único, que nuestros nuevos héroes, quizá un tanto ilusos pero con ilusión, se niegan a consumir. Mi más cordial bienvenida a los nuevos insumisos.”
De las dieciocho que menciono en el texto, veinte años después, solo persisten algunas: Acantilado, Salamandra, Minúscula, Lengua de Trapo, Trea, Áltera, Octaedro, Páginas de Espuma, Sequitur... Otras de menor calado, no mencionadas, ya habían desaparecido.
3 Más menciones a ciertas lecturas recientes, y dados los orígenes y la propia ubicación de la editorial en un barrio acomodado de Barcelona, ¿cree que Anagrama franqueó con sus elecciones y su serie de bolsillo ese estigma del lector voraz como persona de un cierto perfil social?
No acabo de entender tal “estigma”.Y la cualificación de una editorial la define, sin lugar a dudas, como es bien sabido, su catálogo y su coherencia a lo largo de las épocas. Se puede estar de acuerdo o no con el catálogo, pero este es el que dice la verdad de una editorial más verosímil que los complacidos gorgoritos de los editores.
4 ¿Son conscientes de la repercusión que sus obras tuvieron en un país que salía de una dictadura mojigata?
Sí, en efecto. A menudo eran apuestas arriesgadas comercialmente pero que nos parecían especialmente pertinentes en nuestro catálogo. Por ejemplo, a numerosos autores excelentes, pero minoritarios, también les publicamos sus primeros libros de cuentos.
Con demasiada frecuencia, sobre todo en la primera década, fueron tiempos difíciles, pero nuestras elecciones coincidían con el ADN de Anagrama (sea ello lo que fuere). Y resultó extremadamente gratificante la repercusión en América Latina, donde realicé tantísimos viajes, tuvimos una excelente relación con los libreros, la prensa, las Ferias. Incorporamos, por ejemplo, algunos de los primeros libros de autores como Guadalupe Nettel, Zambra o Villalobos y también publicamos a grandísimos autores (de Pitol a Piglia) que ahora tienen el rango de clásicos.  Creo que una de las funciones fundamentales de un editor es estar atento a los nuevos autores, aquellos que, con el tiempo, pueden convertirse en los clásicos del futuro. Ninguna otra brújula.
5 Por el motivo que sea, se detecta una cierta pérdida del peso de Barcelona como centro editorial. ¿Cómo ve la escena editorial barcelonesa, al margen de la apoteosis anual de Sant Jordi?
Desde hace años, en el siglo XXI, han surgido centenares de nuevas editoriales, en muy distintos países, marcadas por la búsqueda de la excelencia y muchas de ellas han logrado asentarse. En épocas anteriores, el índice de “mortalidad” era mucho más elevado. Este es un hecho innegable y muy positivo.
Pero, sin ningún afán patriótico-barcelonés, resulta innegable que en nuestra ciudad tienen su sede dos de los sellos editoriales más poderosos del mundo: Planeta y Penguin Random House (Bertelsmann) y siguen en activo muchos excelentes de los sellos literarios independientes. Véase como ejemplos Acantilado, Minúscula o la propia Anagrama, que opera como sello independiente, aunque ha cambiado de propietario: la italiana Feltrinelli. Y también han surgido, en el siglo XXI, excelentes nuevas editoriales.
6 Otro mantra reciente: "Más autores que lectores", y yo creo que el editor es necesario para parar los pies a tanto talento en ciernes que eclipsa al talento real. ¿Llegó a sentirse tentado a hacer como dicen que hacía el editor de Carver?
En cuanto al editor de Carver, Gordon Lish, es una figura muy polémica, al margen de su talento. Es sabido que realizó una extrema cirugía en los cuentos de un Carver entonces autor desconocido e inseguro, sin recursos económicos y con graves problemas con el alcohol. Sus cuentos tuvieron mucho éxito, pero al final dejaron muy traumatizado al autor, que se sentía como un impostor involuntario, y al cabo de unos años empezó a reescribirlos tal como fueron concebidos. El primero fue Principiantes. Por desdicha, Carver murió antes de poder completar la revisión de los restantes. Como dato curioso: Carver falleció en agosto de 1988, un mes antes de la que hubiera podido ser su primera visita a Barcelona, invitado por Anagrama. No llegué, pues, a conocerlo, pero su gran amigo Richard Ford me habló a menudo de él, eran como hermanos.
He intervenido a menudo como editor en textos de los autores de la casa, pero siempre ha sido “cirugía menor” y pactada con el autor, a veces (pocas) con un cierto forcejeo. Por poner un ejemplo, bastante conocido, Bolaño pensó en Tormenta de mierda como título de un libro que, finalmente, se llamó, creo que afortunadamente, Nocturno de Chile.
Por cierto, para mí cambiar títulos ha sido un hobby frecuente. En varios casos, autores indecisos al respecto me pidieron que lo intentara yo.
7 Aunque me consta por la lectura del libro que ya cerró alguna de esas heridas, ¿se quedó con las ganas de publicar como Anagrama algún autor u obra en particular, en especial los llamados clásicos?
He citado a menudo el caso de Borges, pero ya estaba editado con contratos férreos en Argentina y en España. También me hubiera gustado publicar Teniente Bravo de Juan Marsé, pero Carmen Balcells, su agente, lo desvió a una editorial con mucho más poderío. Y también he deseado publicar a Mendoza, pero este tiene un férreo vínculo personal con Pere Gimferrer, hasta que la muerte los separe.En cualquier caso, con tantísimos grandes autores publicados, sería muy descortés con ellos ejercer de plañidera.
8 Y hoy, ¿qué lee por placer, con pura desconexión profesional, si ello le es posible?
Desde enero de 2017, elegí a Silvia Sesé como directora editorial (muy sabiamente, como es sabido). Al revés que antes, ya no leo a todos los autores que publicamos sino una lista restringida y diría que de lectura gozosamente inevitable.
Y, desde luego, leo y releo por placer memorias y diarios de escritores y editores muy escogidos con gran gratificación y sosiego. Entre otros ejemplos recientes figuran Barral, Castellet, Esther Tusquets, Salinas… y autores más recientes como Iñaki Uriarte o Marcos Ordoñez. Y suma y sigue. 
9 Sin necesidad de entrar en detalles, ¿puede mencionarme algunos autores por los que ha apostado y le frustre particularmente que no hayan tenido el éxito que cree que merecen?
No entraré en detalles para no entristeceros ni entristecerme y, por supuesto, para no recordarlo públicamente. Solo mencionaré a un extranjero, mi admiradísimo y muy minoritario Giorgio Manganelli: le publiqué cuatro joyas, creo haber cumplido con mi auto-impuesto “cometido histórico” con tan singular autor. Hace años, para mi alegría (y la de sus escasos pero muy agradecidos lectores), lo recuperó Siruela y creo que después ha habido algún otro intrépido colega.

Un pequeño test rápido (y si cree que debe añadir algún comentario, le ruego que lo haga), le paso una breve y heterogénea lista de autores y dígame si los hubiera encajado en Anagrama:

David Foster Wallace
William Gaddis
Isabel Allende
Mircea Cartarescu
Camilo José Cela
Primo Levi

Respecto al test rápido de autores de imaginaria publicación, desde luego editaríamos con gran orgullo a Primo Levi. También a David Foster Wallace, William Gaddis y Mircea Cartarescu. En cuanto a Isabel Allende, preferiría no ofrecer a los lectores de Anagrama una incorporación poco congruente.
El caso de Cela es especial: en mi juventud fui leyendo casi todos sus textos de los años 60, que me gustaron mucho, obviamente. Así, La familia de Pascual Duarte, La colmena, Viaje a la AlcarriaCuentos carpetovetónicos. Y en una ocasión estuve a punto de publicar una nueva edición de La colmena gracias a la singular decisión de su agente Carmen Balcells, quien, durante unos años, decidió que los libros que se vendían muy bien podrían seguir vendiéndose todavía mejor publicados por varias editoriales.  Gracias a ello, pude publicar los extraordinarios títulos de Juan Rulfo: Pedro Páramo y El llano en llamas. Y también mi novela preferida de García Márquez: El coronel no tiene quien le escriba. Quizá una preferencia inhabitual. Sin embargo, Gabo afirmó, unos años más tarde, que había escrito Cien años de soledad con el único propósito de lograr que El coronel tuviera más lectores. Di un respingo de júbilo, pero casi al instante recordé la merecida fama de gran mentiroso, más o menos juguetón, de Gabo, según decían sus íntimos amigos.
Volvamos a Cela. Cuando ya había acordado con Carmen Balcells la publicación de La colmena, se produjo un hecho muy desagradable. Habían empezado a triunfar visiblemente varios escritores de la llamada Nueva Narrativa Española y Cela los atacó en varios artículos (creo recordar que en El País) de una vileza moral que me parecía incompatible con dicha publicación en Anagrama. Fin de la historia.
Unos pocos años más tarde, los “auténticos” editores de Rulfo, García Márquez y otros autores le comunicaron a Balcells que se había acabado la fiesta y que ellos serían los únicos en publicar tales obras. Punto y aparte.
Curioso, Leo Messi ya ha pronunciado, hace poco, la palabra retirada. Y a Vd. no se la he leído en 460 páginas. Sin ponernos terribles, ¿se ve capaz de dejar de ser editor (profesión, dice, hecha a su medida) en algún momento?
La profesión de editor sigue siendo lo que más me gusta hacer. Sigo en ello, con menos intensidad, claro, mientras Silvia Sesé ha tomado las riendas de la dirección editorial con gran acierto y con mucha sintonía personal entre nosotros. Así que mientras crea que puedo seguir siendo útil y me sienta a gusto, seguiré en ello hasta que haya alguna interrupción drástica: auto-despido, mi despacho tapiado de pronto, la guadaña…

Jorge Herralde
Barcelona, 18 de febrero 2020


martes, 11 de junio de 2024

Tamara Tenenbaum: Todas nuestras maldiciones se cumplieron


Idioma original:
español
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable

Espero, aunque la realidad se empeña en decepcionar de forma constante esa esperanza, que una de las enseñanzas que tengan clara las generaciones posteriores a la mía tenga que ver con la conveniencia de mantener las creencias religiosas (quien las tenga) dentro del ámbito de la privacidad y el desarrollo de la propia existencia. Porque, aún sabiendo de donde venimos, insistimos (peor aún, lo hacen muchos de nuestros gobernantes) en contaminar con el fanatismo religioso una parte demasiado relevante de nuestro devenir, de nuestras decisiones, quizás a algunos les resulte exagerada esta reflexión, pero basta ver cuáles han sido los conflictos más relevantes en los últimos cincuenta años para ver que el integrismo religioso es el germen tras ellos. 

Tamara Tenenbaum es una joven argentina cuyo padre falleció en al atentado que en 1994 Hezbollah, seguramente dirigida por el gobierno iraní, ejecutó contra la AMIA, una asociación de amistad argentino-israelí que fue objeto de un atentado en el que fue una de las ochenta y cinco víctimas mortales. Esa cuestión es un tema recurrente en el libro por cuanto se rememora esa ausencia e incluso hechos capitales son consecuencia de esa tragedia. La autora va a convertirse en propietaria de un apartamento para cuya adquisición fue importante el cobro de la indemnización por el atentado. Aunque no acabo de percibir que toda la novela tenga esa cuestión como foco central. 

De hecho, la narración pasaría por ser un texto directo, reflexivo, con un lenguaje exento de prejuicios y alejado del recato propio de pudor, sin reparos. Desde Cartarescu no recordaba un párrafo inicial mencionando a los piojos. El valor fundamental aquí es ese testimonio generacional, esa voluntad de ruptura ejercida sin rencor ni acritud, pero sin un ápice de arrepentimiento, sin intención alguna de excusarse por sus actos. Tampoco creo que haya que interpretar el texto en términos de reivindicación de género, y eso es algo muy apreciable, porque la clave de este libro, breve, sin una apertura y un colofón muy definidos, es su naturalidad, aunque a veces podamos pensar (ese título) que nos asomemos al precipicio, Tenenbaum siempre es clara y franca.


También de Tamara Tenenbaum en ULAD: El fin del amor

miércoles, 13 de agosto de 2025

Béla Braun: El cuerpo anterior

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2025
Valoración: Entre está bien y recomendable

Béla Braun tiene nombre de director de cine húngaro, de escritor centroeuropeo del período de entreguerras o, incluso, de criminal de guerra nazi. Nada más lejos de la realidad porque Béla Braun es un escritor y periodista mexicano nacido en 1977 (¡como para fiarse de los nombres!) y este El cuerpo anterior es su tercera novela.

Y no si es esto es casual o no, o si estas asociaciones son más fáciles de hacer cuando se conocen estos datos, pero el caso es que en El cuerpo anterior veo influencias centroeuropeas y ecos de autores mexicanos, así como de algún otro autor imprescindible del siglo XX. Y es que 

El cuerpo anterior = (Gótico romántico + (0,4*Ibargüengotia) + (0,1*Cartarescu) +(0,3*Borges))/2

¿Cómo se come esto? Pues mirad, con una mujer de belleza deslumbrante y espectral que irrumpe en la vida de un joven universitario de suburbios, un maestro de artes marciales, dislocaciones y desdoblamientos de la realidad, puertas a otros mundos, etc. ¿Entendéis algo?

A ver. ¿Y si digo que, a fin de cuentas, El cuerpo anterior es una novela de formación? ¿Mejor, no?  ¿Y si digo que es una novela de formación que roza de alguna forma el género fantástico? Nos vamos acercando. ¿Y si digo novela de formación que de alguna forma roza el género fantástico pero sin dejar de estar anclada a la realidad mexicana? ¡Ahora sí!

Porque El cuerpo anterior es la historia de una búsqueda y una huida (sigue adelante, cambia tu vida, sal con otras personas, deja el pasado atrás, dicen) narrada en primera persona y en la que pasado y presente se mezclan en el recuerdo demostrando, una vez más, que el tiempo no es una dimensión lineal que avanza siempre en el mismo sentido.

Creo que tres son los aspectos más conseguidos de la novela: la atmósfera espectral que las apariciones de Ishtar generan, la ambientación que acompaña a esa atmósfera (hablo en particular de los espacios físicos) y la parte más cercana a Ibargüengoitia, con su realismo trágico-grotesco. Pero estos tres aspectos funcionan bien (y muy bien, por momentos) como elementos aislados; en cambio, diría que su encaje en el conjunto no acaba de estar del todo logrado. Vaya, el clásico "el todo es inferior a la suma de las partes".

Lo que es innegable es que El cuerpo anterior es una novela original, ambiciosa y arriesgada y ese es un mérito que no podemos quitarle a Braun. Como tampoco podemos negar que se trata de un libro disfrutable y aprovechable, aunque no consigo alcanzar del todo las cotas que prometía. 

jueves, 2 de diciembre de 2021

Tochoweek V #4 William T. Vollmann: La familia real

Idioma original: Inglés
Título original: The Royal Family
Traducción: José Luis Amores
Año de publicación: 2000
Valoración: Muy recomendable (pero no para todos los públicos)

"...Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos... Barrilete cósmico... ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2 - Inglaterra 0..." narraba un enloquecido Víctor Hugo Morales en aquel lejano 1986 en el Estadio Azteca.

Algo así me viene a la cabeza tras la lectura de las 1052 páginas de "La familia real": ¿de qué planeta viniste, señor Vollmann, para escribir una novela tan brutal, tan enorme, tan excesiva en lo bueno y en lo malo, para descender a los infiernos y mostrarnos esa doble cara del sueño americano, para juntar en una sola novela lo que otro hubiera separado en 6 o 7 libros y que el conjunto no descarrile?

Porque "La familia real" y sus 1052 páginas es un texto que puede ser leído como novela negra, novela existencialista, crónica social, ensayo (sí, ensayo)..., una historia más o menos circular protagonizada por seres marcados por soledades en busca de alguna forma de redención, ya sea a través del amor, de la degradación o del martirio, una novela plagada de referencias bíblicas y dantescas (Caín y Abel, cielo, purgatorio e infierno, etc), una obra que remite, y no solo en su monumentalidad, a los clásicos rusos del XIX, al Solenoide o al Cegador de Cartarescu o a ciertas partes del 2666 de Bolaño.

Todo lo anterior para hablar de temas tan diversos como la soledad, la autoridad, el poder, la justicia, la violencia, el éxito y el fracaso, las relaciones familiares, etc. a través de personajes brutales y memorables (especialmente, los hermanos Brady) que malviven / sobreviven en el Tenderloin (los bajos fondos) de San Francisco o en su área de influencia. 

En cuanto al estilo de Vollmann, 1052 páginas dan para mucho y el autor opta por combinar también una narración más directa y cruda con una narración más elusiva y poética. Puestos a elegir, prefiero esa narración directa, sórdida y casi visceral tan próxima al realismo sucio que esa otra parte poética que se ve lastrada por el abuso por parte del autor de ciertas metáforas no demasiado logradas.

También merece la pena llamar la atención sobre la acertada conjunción de narrador omnisciente y narrador autoconsciente, lo que sirve para "cambiar un poco el paso" y aligerar una narración por momentos algo repetitiva.

Llegados a este punto os preguntaréis de qué carajo va "La familia real". Bueno, sería demasiado largo de contar y creo que las reseñas no deben prestar especial atención al argumento en sí. Lo contado debería ser suficiente para dar una idea general de las virtudes y defectos de la novela. Que os animéis o no a leerla debería depender más de esto. ¿O no? 

También de William T. Vollmann en ULAD: Historias del Arco IrisLa camisa de hielo, El Atlas 

domingo, 5 de noviembre de 2017

Revista Altaïr: Los desiertos de Sonora

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: muy recomendable

Ya sé. Este blog se llama Un Libro Al Día. Pero no es la primera vez que reseñamos una publicación que validamos por su valor literario. Este es un caso, como lo era Orsai (ahora renacida, por cierto) en su momento.
Ya sé, también. Me pongo muy pesado con Bolaño. Podría ser peor: de hecho, esta ha sido, muy oportunamente en cuanto a su publicación, mi elección entre una terna de productos literarios dedicados a su obra, sin descartar que futuros acontecimientos me apremien a recurrir a cualquiera de los otros dos. Bolaño ha representado, incluso lustros tras su desaparición, el estímulo más poderoso, la patada en el culo más eficaz para refrescar la narrativa que el final del boom había dejado en un estado semi-letárgico. Que sí, que hubo autores destacables en ese período, que si, pero ya sabemos, Bolaño volvió a encender los focos, y ese sótano pasó a ser una cava.
Los desiertos de Sonora es un especial dedicado por Altaïr, aguerrida revista en ese territorio colindante en el reportaje de viajes y la crónica, a esos desiertos que constituyen presencia central en Los detectives salvajes y sombra amenazadora en 2666. Esos en los que se ubica Santa Teresa y esos en que los detectives buscan entre anécdotas a Cesárea Tinajero. Pero no es una revista homenaje ni pretende serlo. No es un complemento sino un artefacto literario que se sustenta por sí solo. Quede claro que la reacción normal sea echarse sobre las páginas de la obra maestra del chileno nada más acabarlo, pero no se trata solamente de eso. Se trata de ese concepto empresarial tan aborrecible de la sinergia. Revistas como la que tengo entre manos se convierten instantáneamente en objeto de deseo al que se busca ubicación preferente en los estantes, porque su vocación es esa, la del viaje constante donde su simple hojeo resulta excitante. El objeto es un puro fetiche. 
Hay artículos inspirados en la lectura de la obra del chileno y hay abundante material gráfico. Hay un desplegable del Atlas de los Desiertos, de Montané, que sirvió (Bolaño no pisó JAMÁS esas tierras) de inspiración para el desarrollo de los fragmentos que se ubicaban allí. Hay textos (muchos de ellos inéditos) del séquito bolañiano en términos reales o mentales (Fresán, Villoro, Carrión - echo de menos a Vila-Matas o a Cercas o a Pron, pero eso sería ya demasiado), de escritores obviamente admiradores, más escorados a la crónica o más hacia la tonalidad poética. No hay pega posible cuando el texto, encima, se complementa con unos códigos QPR que remiten a material gráfico adicional (vídeos de entrevistas con los colaboradores), y que convierten este colosal y ejemplar trabajo en una tentación a la que resulta imposible resistirse.
Ya sé: esto no es un libro y la reseña me ha salido que parece un publireportaje. Pero haced la prueba. Tanta revista literaria que trata por igual a Dan Brown y a Cartarescu. Probad con esta. Tenedla en las manos. A ver cómo os lo montáis para dejarla ahí.