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martes, 6 de junio de 2017

Fiódor Dostoyevski: Los hermanos Karamazov

Idioma original: ruso
Título original: Братья Карамазовы (Brát'ya Karamázovy)
Traducción: Rafael Cansinos Assens
Año de publicación: 1.880
Valoración: Muy recomendable


Poniéndonos un poco solemnes, podríamos preguntarnos qué es una obra maestra, y las opiniones podrían multiplicarse sin fin: libros que trascienden fronteras y épocas, exposición de inquietudes y valores del ser humano, personajes intensos y poliédricos, dosis afortunadas de humor inteligente, talento a la hora de elaborar y estructurar una historia. Y así, sin medida, con los matices que cada lector aporta desde su experiencia o sus gustos. Visto así, ‘Los hermanos Karamázov’ reúne muchos de esos elementos, tal vez todos los citados y algunos más, así que veamos por qué (o por qué no) es una obra maestra, y que cada uno valore.

La última obra de Dostoyevski (lo de la grafía ya lo dejamos para otro momento) responde al arquetipo de la gran novela decimonónica rusa: muchísimas páginas (casi 1.200 en mi vetusta y venerable edición de Aguilar), personajes atormentados, el alcohol y la postración moral de la Rusia profunda, pasiones, crímenes y enfermedades, aspectos algunos de ellos muy relacionados con la propia vida del autor. El elenco lo encabeza Fiódor Pavlovich, el padre, un tipo egoísta y despreciable, histriónico y vicioso, uno de esos villanos absolutos que hubiera merecido estar en aquella semana que ULAD dedicó a estos pérfidos personajes hace ya unos años.  Y sus hijos, claro, que forman una especie de trinidad con vértices en aspectos clave de la condición humana: el desenfreno y la violencia (Mitia), el intelecto (Iván), la espiritualidad (Aliosha).

La primera parte de la obra (como un cuarto) se dedica a caracterizar a la familia Karamázov y a un buen número de personajes satélites. Aquí entran monjes, amantes, funcionarios o criados que no me detendré a enumerar, y que irán encontrando acomodo en el desarrollo de la acción. La presentación es siempre dialogada, con larguísimas parrafadas (aquí todo es larguísimo) que no oculto que pueden llegar a agotar al lector. Pero no nos rindamos tan pronto, porque el dibujo es perfecto y además muy necesario para entender con quién nos estamos manejando. Situados los actores, pasamos sin mucho preámbulo al ámbito de la reflexión filosófica y teológica, introducida mediante un estremecedor monólogo de Iván, que se prolonga otro centenar de páginas a través de la historia y muerte del stárets Zosima (una especie de santón), a quien Aliosha tiene como maestro. El texto adquiere una densidad considerable en torno a la culpa y al libre albedrío, dejando claro que estamos ante un libro profundo que toca cuestiones capitales.

Pero de repente tenemos un nuevo cambio de ritmo. Como se iba barruntando, las turbulentas relaciones entre los Karamázov sólo podían desembocar en una noche de locura. Nos encontramos de golpe ante una trama criminal en la que los acontecimientos se suceden sin pausa, desarrollándose la intriga de forma impecable, ágil, sobrecogedora. El lector sólo ve lo que Dostoyevski quiere que vea, y el viejo ruso coloca justo en el núcleo de la acción una pequeña elipsis, un breve apagón que por sí solo mantiene la tensión durante el resto del libro. En el torbellino de miedos y emociones, aquellos personajes tan lenguaraces del principio se van resituando, creciendo y ganando potencia y matices, lo mismo que los hermanos, en quienes descubrimos rasgos que sirven de contrapunto al retrato inicial. De tal forma que tanto protagonistas como secundarios son, cada vez más, personajes ricos y extraordinariamente definidos.

Los macabros episodios culminan en una bárbara juerga, y constituyen el tronco de la novela, que no desvelaré aunque resulta bastante conocido. Pero al mismo tiempo se nos presentan otras varias subtramas que se entrecruzan con la principal y sirven para plantear cuestiones laterales, desarrollar algunos personajes o jugar con ese ritmo irregular con el que tanto parece disfrutar Dostoyevski. Así que, tras la intensidad de las páginas anteriores, encontramos otro pequeño receso (lo de 'pequeño' es un decir, claro), en el que descubrimos por ejemplo algunos de los personajes infantiles/adolescentes más inquietantes que uno puede recordar, e incursiones en el mundo del delirio y los sueños, hasta con trazos de literatura fantástica.

En un nuevo cambio de registro, el desenlace se construye en una soberbia escena de literatura forense, llena de vaivenes, en la que, sin perder un segundo la tensión, las piezas van encajando, incluso algunas que parecían olvidadas desde el principio del relato, lo que dice mucho sobre la perfecta construcción de este enorme edificio literario. Según nos aproximamos al final, la capacidad del autor para sumergirse en la psicología de cada uno de los personajes adquiere dimensiones colosales, cualidad que por lo visto deslumbró al mismísimo Dr. Freud. 

Tampoco voy a ocultar que no es nada fácil comentar en unos pocos párrafos un libro de semejante intensidad y extensión, y menos sin incurrir en spoiler. No sé si ´Los hermanos Karamazov' es una obra maestra, pero seguro que se le acerca mucho. Y ¿por qué entonces le he birlado la etiqueta de Imprescindible? Pues, aparte de la posible racanería del reseñista, porque me parecería injusto para el lector, incluso con un componente casi de reproche, decirle que es imprescindible que se trague este enorme volumen de páginas, sumergido durante horas y más horas en los horrores y dilemas que propone Dostoyevski. Y, bueno, tampoco nos engañemos, quizá todas esas páginas son demasiadas, quizá don Fiódor debería haber sido capaz de contenerse un tanto. Y tal vez queda algún personaje que a mi modo de ver podría haber dado algo más de sí (sí, todavía más). Bueno, cuestiones secundarias, opinables, que aunque me hayan inducido a no darle nuestra máxima valoración, no impiden que el libro resulte inolvidable.

P.S. No creo que sea necesario conocer el idioma original para distinguir una buena o mala traducción, y en este caso no recomiendo para nada la del atronador Cansinos Assens, que no parece tener claro hasta qué punto ser o no literal, y tiende a quebrar el ritmo hasta el punto de obligarnos a releer muchas frases. Seguro que hay versiones mucho más atinadas.

Otras obras de Fiódor Dostoyevski en ULADAquí

viernes, 16 de julio de 2010

J. M. Coetzee: El maestro de Petersburgo

Título original: The master of Petersburg
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1994
Valoración: recomendable

El maestro de Petersburgo no es un libro fácil de leer. La habitual economía expresiva de Coetzee, que en otras novelas me ha fascinado por su precisión, aquí se me ha hecho frustrante por momentos, cuando el autor se resiste a hacer comprensibles las acciones que describe. A fuerza de parquedad narrativa, los personajes parecen moverse en una atmósfera como de ensueño, en la que actúan sin saber por qué. Esto podría volverlos irreales, si no fuera porque sólo los personajes literarios actúan siempre sabiendo por qué.

Coetzee recrea literariamente parte de la vida de Dostoyevski: cuando el escritor viaja a San Petersburgo en 1869 para averiguar las circunstancias que rodean la muerte de su hijastro Pavel. Sólo que Dostoyevski no viajó en esa fecha a San Petersburgo, y su verdadero hijastro le sobrevivió. Coetzee, por tanto, sólo toma esta excusa pretendidamente biográfica para contar lo que a él le interesa, que es el proceso de búsqueda del hijo perdido. Dostoyevski se instala en la habitación donde vivía su hijastro, viste su ropa, frecuenta sus amigos, lo busca, en fin, hasta la identificación.

El telón de fondo de la trama es una Rusia bastante revuelta. Como en otras novelas de Coetzee, el violento ambiente social sirve en realidad para poner de manifiesto las luchas internas de los personajes. Aquí las turbulencias sociales se interpretan también en términos de lucha generacional: los hijos se rebelan contra el orden de los padres, que se aferran a los hijos para tratar de agarrarse a la vida a través de una fuerza que no es la suya. Dostoyevski se aferra a Pavel a través de las mujeres que lo rodearon y, quizá, lo amaron. Su casera, Ana, responde a un tipo de mujer que también está presente en Hombre lento y, más lejanamente, en Esperando a los bárbaros: un ser sólido, atado a la vida y cargado de una intensa sexualidad, que sabe siempre cómo actuar por una especie de sabiduría instintiva. A su lado los hombres son meras marionetas de fuerzas que intentan dominar, en vano, sin comprenderlas.

Sé que pongo una valoración baja para una novela que suele reconocerse como una de las mejores de Coetzee. A mí no ha conseguido convencerme del todo. Como siempre el lenguaje es exacto, no sobra nada, y los personajes son complejos e interesantes. Pero creo que echo en falta una orientación más clara de todo el texto: muchas veces he tenido la sensación de estar totalmente perdido, y no saber hacia dónde estaba evolucionando el protagonista. No dudo de que esta fuera la intención del autor, pero a mí me ha resultado bastante desconcertante, la verdad. Supongo que ayuda también no haber leído nada de Dostoyevski y perderse los muchos homenajes intertextuales que aseguran que contiene.

Todas las obras de J.M. Coetzee reseñadas en ULAD: Aquí

viernes, 11 de marzo de 2016

Colaboración: El Idiota, de Fiódor Dostoyevski

Idioma original: Ruso
Título original: Идиот, Idiot
Año de publicación: en serie, entre 1868 y 1869
Valoración: Imprescindible

Imaginaos un bólido de extrema pureza colisionar de lleno ante las puertas del mismísimo infierno y ahí tendréis El Idiota. ¡Qué cosas no sucederán!

Dostoyevski junta en su protagonista todo lo que es noble en este mundo y cual muñequito anaranjado de Google Maps, le arroja sin dilaciones al vacío haciéndolo estrellarse en el San Petersburgo de mediados de siglo XIX, donde la perfidia, el vicio y los matrimonios de interés son pasto de todos los días.

La historia amanece cuando nuestro querido príncipe Myshki , último en su linaje, sin un kópec en el bolsillo y con un hatillo cargado al hombro, retorna a la Madre Rusia tras cuatro años de tratamiento a su idiocia en las montañas suizas. Su enfermedad de idiota, no obstante, remite parcialmente a lo que hoy en día calificaríamos de cuadro epiléptico de severidad media. La acepción moral del epíteto que titula la obra es sin duda lo que la convierte en imperecedera y en un clásico de la literatura universal.

¿Es un alma pura un idiota por antonomasia? ¿Es el destino irremediable de un Jesucristo que camina por la Tierra y fraterniza con la sociedad de su época, terminar clavado en la cruz?

El autor le dedica casi un tercio de este ladrillo literario (lectores de playa abstenerse, los rusos son raza misteriosa y escriben para ser efectivamente leídos) a las primeras veinticuatro horas de contacto de Myshkin con la humanidad. Luego, hecho el mundo, Fiodor se arremanga. Y es que Dostoyevski no es solamente el dueño del escalpelo más brillante en el arte de la disección del alma humana. Es además un carnicero.

Sin apremio por meros triángulos amorosos el autor erige colosales heptágonos desbordantes de locura, tragedia y pasión. Uno tras otro sus personajes son llevados al cadalso y encaramados al potro de la tortura emocional para luego después, palmaditas en la espalda mediante, apearlos a sus buenas suertes en el dichoso caso de supervivencia.

Los más avezados “intelectualoides literalitos” siguen insistiendo en discutir si el opus magnum de Dostoyevski es Crimen y castigo o Los hermanos Karamazov, pero yo coloco a El Idiota cuando menos a la par de estos dos gigantes. El sayo genial y hecho a medida de la omnipresencia psicológica permite que la historia fluya sin perder intensidad en ningún momento. Revolviéndose en la tormenta se intuye la pregunta fatal: ¿Somos dignos de Dios?

Otras obras de Fiódor Dostoievski en ULADAquí

Firmado: Renzo Sclavo

martes, 24 de enero de 2017

Mijail Saltykov (Schedrín): La familia Golovliov

Idioma original: Ruso
Título original: Господа Головлёвы
Traducción: María García Barris
Año de publicación: 1875-1880
Valoración: Muy recomendable

Hay que tener muy mala pata para ser ruso, dedicarte a esto de la escritura y que te toque ser coetáneo, entre otros, de Tolstoi, Dostoyevski, Gogol, Chejov o Turguenev. Porque la sombra de estos auténticos monstruos de la literatura es más que alargada. Y es posible que esa sombra haya hecho permanecer en el más absoluto de los olvidos a autores como Schedrín, cosa que, tras leer "La familia Golovliov", me parece sumamente injusta.

Es "La familia Golovliov" una novela muy rusa, muy decimonónica. Ambientada en los años anteriores y posteriores a la abolición del régimen de servidumbre (1861), se trata de una novela psicológica con aspectos de crítica social que narra el lento e irreversible deterioro y descomposición de una familia, los Golovliov, y de una clase social, la de la pequeña nobleza campesina.

En el caso de los Golovliov, la familia está marcada por tres rasgos fundamentales:  la ociosidad, la incapacidad para realizar cualquier tipo de trabajo y la excesiva afición por la bebida. Estos rasgos serán causa de la superficialidad y vacuidad que dominan los pensamientos y acciones de los personajes.

El único personaje que trata de oponerse a ese destino familiar será la madre, la avara y mezquina hasta extremos insospechados Arina Petrovna Golovliovo, verdadero motor de la familia, manejadora de los negocios y propiedades de la misma (llega a poseer hasta 4000 almas), pero incapaz de transmitir ese carácter a sus descendientes, salvo en lo referente a avaricia y mezquindad. Frente a ella, su esposo Vladimir, de carácter desordenado y escandaloso, está completamente fuera de la vidad social y familiar.

Esa descendencia está formada por cuatro hijos, dos nietas y dos nietas, ocho seres absolutamente infelices. De sus hijos, Porfiri (el sanguijuela, el Judas) será el heredero de la fortuna familiar y del carácter de Arina y será, además, el principal protagonista de la segunda parte del libro. El resto de los hermanos, necios algunos, absolutamente abúlicos otros, infelices todos, irán sucumbiendo a las vicisitudes de la vida y a su incapacidad para afrontarlas.

Otro tanto ocurre con los nietos y nietas, especie de contrapeso en la novela respecto a los protagonistas de la generación anterior, que tratan de romper el círculo en el que está envuelta la familia, de huir hacia una libretad apenas entrevista, pero a los que el peso de la educación recibida y la superficialidad y vacuidad de la que hablábamos conducirán a un destino trágico.

Por tanto, es "La familia Golovliov" es un inventario de seres en plena liquidación, una gran novela, densa, oscura y trágica, con ecos de Gogol, por las coincidencias temáticas con Almas Muertas y por la ironía con que retrata a los personajes, y de Dostoyevski, por esa naturaleza casi autodestructiva de sus atormentados protagonistas. Una novela que, pese a las inevitables comparaciones, posee por sí sola la suficiente fuerza como para ser considerada un clásico a tener en cuenta.

sábado, 14 de mayo de 2022

You-jeong Jeong: El buen hijo

Idioma original: coreano

Título original:

Año de publicación: 2016

Traducción: Luis Alfredo de los Frailes

Valoración: está bien

¿Qué haríais si, siendo epilépticos y no recordando nada después de un posible ataque, os despertarais completamente cubiertos de sangre  -que además, según parece, no es vuestra- y con huellas por todas partes de haber sido responsables de un horrible crimen? ¿Jodido, no? ¿peliaguda situación, no? Pues eso es lo que le ocurre al protagonista-narrador de esta novela, el joven coreano Yu-Jin, que vive con su dominante madre en un dúplex de una localidad costera de reciente -y aún inacabada, en verdad- edificación. Durante las horas y días que siguen a este turbulento despertar, Yu-Jin se afana por recordar y dar sentido a lo ocurrido la noche anterior, al tiempo que debe asumir el peso de la tremenda tragedia que se cierne sobre él.

De esta manera, éste thriller policiaco de la también coreana You-jeong Jeong (1) adquiere en principio la forma de un peculiar whodunit, para luego convertirse en una novela psicológica y aún en un dramón familiar y personal de no te menees... Todo , con apaenaas un puñado de `personajes: Yu-Jin, su madre, su hermano adoptivo He-Jin, su tía la doctora Hye-Won...- , en una localización más o menos limitada y en un tiempo determinado... casi dese diría que, en cierto modo, la novela tiene un aire teatral. Lo que dificultaría su posible representación sobre un escenario (no así en el cine o televisión) es la gran cantidad de analepsis, tanto en forma de flashbacks como por medio de la lectura de cierto diario, que encontramos en esta novela y que, en gran medidas son las que hacen avanzar la trama o, al menos, explicarnos y explicar a su protagonista, qué es lo que ha ocurrido. Claro que también es un recurso que, en algunos momentos, ralentiza el avance de la trama y que incluso puede llegar a despistar al lector (bueno vale, a ESTE LECTOR, que, ya lo confieso, tiene sus limitaciones...) cuando se enlazan varios flashbacks seguidos... También encontramos algunos recursos típicos de este tipo de novelas, como los giros en la trama, algún que otro cliffhanger... pero que nadie se engañe: El buen hijo tiene más que ver con, salvando todas las distancias, Dostoyevski que con, yo qué sé, Dan Brown o James Patterson, por poner algún ejemplo...  También, puede servir de partida para reflexionar sobre la maternidad, la responsabilidad individual, el libre albedrío y otros temas de mayor trascendencia...eso, si el baño de sangre le deja a alguien con ganas de hacerlo.

Como suele ser habitual, a esta autora la califican algunos como la "Stephen King de su país"... En fin, yo no diría tanto, aunque sí es cierto que esta novela, al menos tiene cierto interés. pero creo que sobre todo para los aficionados al género criminal o incluso de terror, pero veo difícil que pueda gustar o al menos llegar a todo el público lector. Algo que "el Monstruo de Maine" (2) sí que ha conseguido, en general...


(1) En la edición española de este libro y también en otros idiomas como el inglés, italiano o portugués, la autora de esta novela aparece como You-jeong Jeong, siguiendo el sistema onomástico occidental de nombre propio + apellido; sin embargo, en otras ediciones, como la francesa o la turca, se respeta el sistema coreano, y por tanto la transcripción de su nombre aparece como Jeong You-jeong (siendo el primer Jeong el apellido o nombre de familia y el segundo jeong, el nombre propio que comparten los hermanos o primos de la misma generación y que, en este caso, coincide con el apellido). lo comento, sobre todo, por si queréis leerlo en turco, para que no os liéis...

(2) Lo de "Monstruo" lo digo en el sentido taurino de la palabra, no porque sea feo, que no lo es: tiene el atractivo que nos caracteriza a los miopes simpaticones... (Bueno, por lo menos, él sí que es simpaticón).

martes, 6 de diciembre de 2016

Nikolái Gogol: Tarás Bulba

Idioma  original: ruso
Título original: Тара́с Бу́льба
Año de publicación: 1842 (versión definitiva)
Traducción: José Fernández Sánchez
Valoración: recomendable

Reconozco mis carencias como lector en lo que a literatura rusa se refiere (excepto en lo que atañe a mi admirado Chéjov); es más, durante bastante tiempo solía confundir a unos escritores con otros... no a Tolstoi o Dostoyevski, que conste, pero sí a Pushkin, Gorki, Gógol... De este último, además, sólo había leído, hace ya tiempo, un divertido cuento, La nariz, en el que un tipo peersigue a su propia nariz fugitiva por todo San Petersburgo; a pesar de esa grata lectura, no había vuelto a repetir con este autor, hasta que por fin,  impelido por mi mala conciencia, pero también por las elogiosas reseñas de otras de sus obras que han escrito mis compañeros, decidí ponerme con esta novela, que lleva el nombre de un legendario cosaco del Niéper.

¿Conocen ustedes la expresión "beber como un cosaco"? Pues a tenor de esta novela, no sólo tiene razón de ser, sino que se queda incluso corta: los cosacos de la época en que está ambientada (siglo XVIII), además de que se pasaban el tiempo más mamados que el mosquito del tonel de vino de los versos quevedianos, -excepto cuando se dedicaban al nobel arte de la guerra, hay que decir, momento en el que la embriaguez era castigada con la muerte-, parece que consideraban el de la borrachera como el estado ideal del hombre comme il faut, esto es, del cosaco (el otro momento ideal para ellos era el de estar destripando enemigos, claro). Borrachos y orgullosos, pues, aunque no fuesen seguidores del Oi! ochentero. Borrachos y exaltadores de la más indestructible fraternidad masculina, aunque no fueran una cuadrilla de txikiteros vascos. Borrachos y defensores a ultranza de la fe cristiana, sin ser una cofradía de "capillitas" ahítos de rebujito (por otro lado, hay que aclarar que para los cosacos la verdadera iglesia cristiana era la ortodoxa, considerando a los católicos como perros herejes). Borrachos y más patriotas que una caterva de neonazis hispánicos entonando el Deutschland Über Alles... Borrachos, valientes, crueles, generosos, anárquicos y libres.  Así eran los cosacos, según los pinta Gógol, además de fanáticos la virilidad más militante -de hecho, las pocas mujeres que aparecen aquí no son más que un estorbo para ellos o una fuente de problemas-; la testosterona les sale por las orejas, a esta gente...

Tampoco es que Gógol haga un panegírico, sin más, del mundo cosaco; es evidente que era demasiado inteligente y buen escritor para caer en eso. De hecho, buena parte de la novela trasluce un humor socarrón -en especial en la relación entre Tarás y el judío Yárkov-, hasta el punto de dar la impresión, a veces, de que el autor se trae una buena coña a costa de sus cosacos. Lo que no significa, por supuesto, que no admire al tiempo su valentía y su entrega. Gógol tiene la suficiente sabiduría y talento literarios para plasmar estas legendarias cualidades del alama cosaca, así como su amor por la libertad, pero también sus defectos, y dar buena cuenta de las tropelías que iban perpetrando a su paso, al igual que nos narra su sufrimiento, pero también el de sus víctimas, tanto "liajes" -o sea, polacos- como judíos. También, al parecer, en la primera versión, de 1835,  el tono de la narración exaltaba más lo ucraniano, llegando a considerarse incluso "antirruso", por lo que Gógol lo corrigió en la versión definitiva.

Ahora bien, aparte del retrato entre guasón y descarnado de la beodez y la brutalidad que se lee en la novela, ésta tiene un trasfondo de más enjundia: Tarás Bulba, en realidad, es una historia sobre la paternidad, sus obligaciones, cuitas y, sobre todo, sus limitaciones -la novela, olvidaba decirlo, comienza cuando los dos hijos de Tarás vuelven a casa después de haber estudiado en Kiev-; los problemas vienen a ser los mismos que han tenido todos los padres a los largo de la Historia con sus hijos, desde el pobre Adán, que ya sabemos la que liaron sus vástagos. Claro, que no es lo mismo que tu retoño se pegue con otro niño por un columpio en el parque y tengas que poner orden, que te salga díscolo en mitad de una guerra contra el reino de Polonia. Aquí Tarás, que aunque taimado no dejaba de ser más bien bruto, tiene una reacción algo desaforada y la cosa acaba como el rosario de la aurora... Pero no quiero adelantar nada y destriparle la novela a alguien: lo que hay que hacer es leerla; como mínimo, pasarán ustedes un buen rato, porque Gógol sabía escribir de maravilla, de eso no cabe la menor duda. y en el mejor de los casos, se quedarán prendados de una historia que transcurre en el tiempo en que las guerras se hacían a caballo y a golpe de espada, en que los hombres se dejaban arrastrar por sus pasiones y sus principios, y el mundo resultaba mucho más grande y hermoso de lo que al final ha resultado ser. Que aquello tampoco fuese sino una ilusión, no nos debe de importar demasiado, que al fin y al cabo -y por suerte- nosotros somos lectores.

Nota: no he podido encontrar la cubierta de la edición del libro que yo he leído (bastante sosa, además), así que he colocado la de una de la editorial Alianza. En compensación, pongo aquí  el cartel de una de las películas basadas en la novela, con Yul Brinner y Tony Curtis dándose mutuamente estopa. Canelita en rama.




Otras obras de Nikolái Gógol reseñadas en Un Libro al Día: El capoteAlmas muertasEl inspector

domingo, 11 de marzo de 2018

Serguéi Dovlátov: Retiro

Idioma original: ruso
Título original: Zapovednik
Año de publicación: 1983
Traducción: Tania Mikhelson  y Alfonso Martínez Galilea
Valoración: más que recomendable

Ya sé lo que parece: que mi ambición consiste en convertir este blog en Un Dovlátov Al Mes... ¡Pues eso es exactamente lo que ocurre! Lástima, sin embargo, que no vaya a poder hacerlo: antes o después se me acabarán los Dovlátovs y como el bueno de Serguéi pasó a mejor vida en 1990, difícil va  a estar el reabastecimiento... (aprovecho para brindar una idea a los muchos emprendedores del sector del MDMA: ¿por qué no ponerle a sus pastillitas el nombre de "dovlátovs", en vez de "teslas" o, como antaño, "mitsubishis"? Yo les aseguro que como adictivos, estos libros también tienen los suyo...

Y eso que la trama de esta novela no es que pueda calificarse de trepidante: el protagonista, Boris -no demasiado diferente del propio Dovlátov, por lo visto- es un periodista que ha fracasado como tal, como escritor y en su matrimonio, más los previsibles problemas con el alcohol, que acude para trabajar como guía al llamado Parque o Reserva Nacional Pushkin, un complejo turístico-cultural soviético en la finca familiar del gran escritor decimonónivo en la loclidad de Mijailovskoye, en Pskov (sea donde sea que esté eso). De ahí viene el título de Retiro, ya que el escritor decide tomar su estancia allí como una oportunidad para superar el desastre de vida que ha llevado hasta entonces. Hasta que esa vida de la que trata de retirarse va a buscarlo de nuevo...

Así contado quizás no lo parezca, pero este es un libro lleno de humor, descacharrante incluso en algunos momentos, como las descripciones de personajes insólitos: ¡ese Mitrofánov, que parece sacado de un Borges pasado de vueltas! ¡Ese inepto y fatuo Pototsky, que pretende compararse con Chéjov! ¡Ese casero del protagonista, tan... inenarrable! Ahora bien, como ocurre con el resto de la obra de Dovlátov (incluso cuando se trata de un libro con un carácter más ominoso, como es La zona, hay momentos para ello) el humor lo impregna todo con un sabor agridulce, aunque, por otra parte,, sin pretender arrogar ninguna superioridad moral al narrador, que sabe perfectamente que cualquier retrato que se hiciera de él daría un  resultado no menos (tragi-) cómico.

Porque, en realidad, esta no es una novelita tan ligera como puede parecer a primera vista, sino, aunque a la manera guasona y melancólica de Dovlátov (tan rusa, diría uno sin saber muy si no es un tópico), se trata el relato de un fracaso,  la disección anatómíca de cómo se puede echar todo a perder, sin siquiera ser consciente de lo que se había ganado, de la desesperación que el ansia de vivir puede producir cuando no se tiene la suficiente paciencia o talento para ello... Dovlátov, aunque quizás él no estuviese seguro de ello, sí que lo tenía, sin embargo.

Una última observación, a partir de un diálogo que mantiene el protagonista de la novela:

"- ¿Los objetos personales de Pushkin? El museo fue inaugurado decenas de años después de su muerte...
- Así es -dije- como se hacen siempre estas cosas. Primero lo liquidan a uno, y luego se ponen a rebuscar entre sus objetos personales. Ocurrió con Dostoyevski, con Yesenin... Ocurrirá con Pasternak. Y en cuanto caigan en la cuenta, se pondrán a buscar entre los objetos personales de Solzhenitsyn."

No sé si a Dovlátov le habría hecho gracia la ironía (sospecho que sí), pero su misma figura parece estar siendo objeto de este proceso: de momento, en el pasado festival de Berlín se presentó una película titulada, precisamente Dovlátov -y existen planes para llevar al cine también Retiro-; en su ciudad natal, San Petersburgo, el escritor ya tiene una estatua muy resultona y en Queens le han puesto su nombre a la calle donde vivió después... No sé si acabaremos viendo algo así como un "Parque Dovlátov"... pero por si es así  yo (que, he de confesar, también tengo alguna experiencia en la "gestión del patrimonio cultural" , por utilizar un eufemismo), me ofrezco para mi propio "retiro" en él. Incluso en Pskov, donde diablos esté eso...


Otros títulos de Serguéi Dovlátov reseñados en Un Libro Al Día: La maleta, El compromiso, La zona, La extranjera

domingo, 21 de abril de 2024

Alberts Bels: La Jaula

Idioma original: Letón
Título original: Büris
Año de publicación: 1972
Traducción: Rafael Martín Calvo
Valoración: Bastante recomendable

La "contra" de este libro me recordó a La pesquisa de Juan José Saer. Terminada la novela, creo que hay algo de ese Saer, pero los principales nombres que me vienen a la cabeza son Kafka y Dostoyevski. ¡Toma ya!

Porque La jaula parece ser inicialmente una novela negra / policíaca, pero acaba convirtiéndose en un alegato en favor de la libertad individual en un mundo "estandarizado". O, mejor dicho, en un mundo en el que caminamos por senderos marcados, creyendo gozar de una libertad que solo abarca el perímetro de la jaula invisible que nos rodea. Por un lado, la jaula como metáfora, como aquel insecto, aquel castillo o aquel proceso del genio checo; por otro lado, la culpa, los dilemas morales, los propios actos como prisión autoimpuesta del genio ruso.

Estamos en 1972, en la RSS de Letonia y hay que pasar la censura como sea. De ahí, quizá, la opción del autor por un comienzo al más puro estilo "novela de misterio". Porque habemus desaparición de Edmunds Berzs, arquitecto de éxito, habemus investigación al mando del inspector Struga y habemus también misterio resuelto. Y habemus unos primeros capítulos centrados en la descripción física y psicológica de Berzs, de Edite (esposa de Berzs) y de Struga, pesquisas, pistas, sospechas, indicios, etc. 

Pero algo nos hace ver que la novela tomará otro rumbo: ciertas similitudes, jugueteos con la figura del doppelganger, etc. Es lo que ocurre a mitad de la novela. Hay un giro, un instante en el que el autor pega un volantazo a partir de cual lo que ha podido ocurrir con Berzs (¿con su cadáver?) pierde importancia. 

La novela gira de lo policial a lo puramente psicológico, se vuelve mucho más opresiva y asfixiante. Victimario, investigador y víctima ocupan el centro de la novela y sus reflexiones, disquisiciones, dilemas, decisiones acerca de la sociedad, del papel e influencia de esta en la individualidad se convierten en el quid de la cuestión.

Todos somos hijos de una sociedad, como las nueces de un nogal. El gusano entra en algunas y devora nuez, dejando un vacío. El viento derriba algunas antes de que maduren. (...) Todos somos tan parecidos y , sin embargo, tan diferentes en nuestro ser.

Toda novela es algo tramposa. La jaula también lo es. Juega con nosotros y con los censores (a veces dudo si leyeron la novela al completo) y convierte lo que parecía una buena novela policial, pese a cierta sensación de algo ya leído, en una muy buena novela filosófico-existencial. 

domingo, 19 de abril de 2020

Roberto Arlt: Los lanzallamas

Idioma original: Español
Año de publicación: 1931
Valoración: Muy recomendable

Dice la tercera parte del Plan General de Contabilidad español que “la memoria completa, amplía y comenta la información contenida en los otros documentos que integran las cuentas anuales”. No se me ocurre una mejor definición para “Los lanzallamas”, novela que completa, amplía y comenta la información sobre sucesos y personajes incluidos en  “Los siete locos”. De hecho, creo que la lectura previa de esta última es más que necesaria para poder comprender en su totalidad “Los lanzallamas”.

Digo que completa, amplia y comenta la información porque, pese a la innegable continuidad cronológica y temática, se observan algunos elementos de ruptura.

Así, aunque Arlt hace arrancar la novela en el punto en el que lo dejó en “Los siete locos” y continúa  con el recorrido iniciado por Erdosain y con los planes de ese gran cínico que es el Astrólogo, en “Los lanzallamas” cobran relevancia ciertos flashbacks en los que se nos ofrece información clave acerca del pasado de algunos de los personajes. Gracias a estos hechos, entenderemos mejor a esos seres que transitan entre la humillación y las lágrimas, entre la angustia y la locura, y su búsqueda de una vía de redención a través del dolor. Por otra parte, a pesar de que Erdosain continúa siendo personaje central de la novela, Arlt profundiza en esta ocasión en los personajes secundarios. 

En cuanto al género, continúa siendo fundamental el componente filosófico-existencialista de “Los siete locos” – de hecho, buena parte de “Los lanzallamas” ahonda en las causas de la angustia individual y colectiva y en las formas elegidas por los protagonistas para huir de ella a través de diversas formas de pertenencia -, pero el aspecto distópico pierde peso a medida que avanza la acción y deja paso a formas que se acercan a la novela negra, policial o de misterio.

Otro aspecto significativo es que muchas de las escenas de “Los lanzallamas” se mueven entre la picaresca y la mística, entre lo teatral y lo onírico, lo que confiere a la novela un más que interesante matiz expresionista.  Así, se observan influencias que van desde el Lazarillo de Tormes (los hermanos Espila dando vueltas por la ciudad) hasta los momentos oníricos de Cartarescu, pasando por el omnipresente Dostoyevski.

Todo lo anterior hace que “Los lanzallamas”, individualmente considerada, sea una novela más variada, completa y compleja que “Los siete locos”, lo que no es óbice, sin embargo, para que su valoración sea ligeramente inferior. Creo que le perjudican una serie de páginas en las que Arlt se explaya sobre aspectos “técnico-organizativos” de la revolución social que predica el Astrólogo. Pecan de una excesiva reiteración y ralentizan el desarrollo de la novela sin ninguna necesidad.

Pese a lo anterior, “Los lanzallamas” es por sí sola una magnífica novela (imprescindible si consideramos el conjunto “Los siete locos” + “Los lanzallamas”) de un autor que creo que en España es, por desgracia, bastante desconocido).

También de Roberto Arlt: El juguete rabiosoLos siete locos

sábado, 24 de enero de 2026

H. Leyvik: En las kátorgas del zar

Idioma original: Yiddish 
Título original: Af tsarisher katorge
Año de publicación: 1958
Traducción: Rhoda Henelde y Jacob Abecasís
Valoración: Muy (pero que muy) recomendable

Ya sea desde la ficción, la autoficción o lo autobiográfico, la literatura "soviética" (de autores nacidos, ya sea antes, durante o después de, en territorios que integraron la URSS) nos ha dejado algunos de los mejores ejemplos de literatura concentracionaria. Así, a bote pronto, me vienen a la cabeza las Memorias de la casa muerta del amigo Dosto, los Relatos de Kolima de Shalamov, Un día en la vida de Iván Denisovich y Archipiélago Gulag de Solzhenitsyn o, aunque sea de forma más tangencial, el terrible Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam.

En esa triste tradición se inserta este En las kátorgas del zar de H. Leyvik (seudónimo de Leyvik Halpern), en el que el autor narra su estancia en prisiones zaristas (1906-1912) y su destierro en Siberia (1912-1913) cuando apenas contaba con 20 años de edad. Eso sí, hay que tener en cuenta que se trata de un texto escrito en 1958, distancia temporal que resulta fundamental a la hora de analizar la estructura y el contenido del mismo.

Así, hemos de dejar claro que no estamos ante un diario o una pormenorizada relación de sucesos ocurridos en el período citado. De hecho, En las kátorgas del zar posee una estructura cercana a lo novelesco, a una novela con la que, tal y como dice en medio del delirio en prisión, mantendré despiertos mis pensamientos y mi memoria, llevaré la cuenta de mi vida y mis actos. 

La primera parte, titulada también En las kátorgas del zar, parte de la oscuridad y el frío de una mazmorra para, a través de varias analepsis, presentarnos el pasado del narrador (su condición de judío, su implicación política, la relación con sus padres, los días del juicio) y continuar, posteriormente, con su estancia en la Butyrka moscovita, con la presentación de los seres que le acompañan en la celda. Aquí entronca directamente con la gran novelística rusa del XIX, con Tolstoi y Dostoyevski, ofreciendo, a través de diálogos y personajes inolvidables, un maravilloso texto sobre la relación entre hombre y poder, la culpa, la violencia, el arrepentimiento, los dilemas morales, etc en un contexto en el que la enfermedad, el delirio o la angustia campan a sus anchas, pese a pequeños atisbos de humanidad y esperanza.

La segunda parte, titulada Por los caminos de Siberia, nos traslada a la semimítica ciudad de Irkustk (el lago Baikal, Miguel Strogoff...), punto de partida para el "reparto" de los presos por la orillas de río Lena. Y esto podría ser casi una novela de "viajes" por esos cuatro meses atravesando las estepas en el abrasador calor del mes de julio si no fuera por esa mirada profundamente humana de Leyvik hacia su propio interior y hacia sus compañeros de travesía, ya sean presos, oficiales, soldados o habitantes de la estepa. El dolor de pies, el hambre, el aislamiento, el camino entre la angustia y un deprimido mutismo aparecen, así, unidos a los lujos y miserias de la condición humana.

Ya digo que por estructura, estilo, construcción de personajes e, incluso, por ritmo, En las kátorgas del zar semeja más (aunque no lo sea realmente) una novela autobiográfica que una crónica o unas memorias. Sea como fuere, se trata de un texto profundamente ruso y profundamente judío que debería figurar, por méritos propios, en cualquier lista de "lo mejor de 2025" que se precie. Yo no lo he visto en ninguna, salvo en la nuestra. ¡Ahí lo dejo!

domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.

lunes, 18 de abril de 2022

Maxim Ósipov: Piedra, papel, tijera

Idioma original: ruso

Título original: КаменЬ, ножuцЫ, бумаƨа

Año de publicación: 2019

Traducción: Ricardo San Vicente

Valoración: está bastante bien

Puede que no corran los mejores tiempos para ser sospechosos de rusofilia, siquiera por publicar una modesta reseña de un libro escrito en la lengua de Pushkin y compañía,  pero, en fin, a estas alturas, cuando ya hemos reseñado a un trillón de autores rusos, desde el propio Pushkin, Tolstoi o Dostoyevski, hasta mi querido Dovlátov,pasando por Ajmátova o Ilf y , creo que ya no tenemos remedio... De todos modos, para tranquilidad de los detractores de Putin (y rabiña, espero,  de sus admiradores), comentaré  que Maxim Ósipov, el autor del libro que nos ocupa hoy, no se cuenta, precisamente, entre los defensores del autócrata del Kremlin de tan acertado nombre y, de hecho, cuando comenzó la invasión de Ucrania tuvo la precaución de darse el piro de Rusia, suponiendo, seguramente con acierto, que su posición crítica a ese y otros  respectos le acarrearía problemas (por cierto el que uno de los cuentos del libro parece ser una crítica, bastante evidente, de su régimen).
Vayamos al turrón: este libro, de tan lúdico título (aunque ya aviso de que no van por ahí los tiros) está compuesto por varios relatos, aunque alguno tan extenso y complejo que podría considerarse eso que llaman una nouvelle. Casi todos los relatos transcurren o tienen su origen en la Rusia y aledaños de la época post-soviética o, mejor dicho, los protagonistas son todos ciudadanos ex-soviéticos, obligados a adaptarse, con mayor o menor fortuna, a una nueva realidad capitalista, individualista, en la que la religión ha cobrado una inusitada importancia y que, eso sí, sigue dominada por una "élite" política y económica, de forma más o menos (sobre todo, menos) democrática. Así, encontramos a una serie de personajes  variopintos: desde la cacique de una ciudad de provincias y su empleada tayika a un geógrafo metido a pope; de un exitoso financiero que trata de ampliar sus horizontes  a unos emigrantes que han prosperado en EEUU. También una prestigiosa violinista, algo fantasiosa, una actriz con demencia senil o las hijas de un antiguo miembro de la  KGB...

Casi todos los personajes son individuos más perdidos que el proverbial pulpo en un garaje o que pensaban tener claro su camino hasta que alguna circunstancia les obliga a asumir que para nada... En cualquier caso e incluso cuando se trata de personajes más secundarios, Ósipov demuestra gran perspicacia para entender el corazón de las personas y una enorme humanidad para explicar y aceptar sus errores. En algún momento se podría colegir que esta comprensión y bonhomía -incluso compasión- del autor hacia sus criaturas se deben a la influencia de algún tipo de espíritu religioso; ya digo que es un tema que aparece en más de uno de los relatos... Ahora bien, en el que lo hace de forma más clara, Cual ola del mar, protagonizado por el geólogo metido a sacerdote ortodoxo, el padre Sergui, tampoco se diría que Ósipov parece muy convencido de que el tipo ha tomado la decisión correcta. Y en Piedra, papel, tijera, que da título a la recopilación, se explica, de forma respetuosa y se diría que ecuánime, los pormenores esenciales de la doctrina islámica,  que tampoco es que entusiasme  demasiado al escritor. Es más, en general, se diría que los personajes asisten con cierta perplejidad el renacer religioso tras la implosión de la URSS. 

Más bien, creo yo, esta actitud comprensiva y conmiserativa se debe a que la narrativa deeste autor se inscribe y continúa (salvando todas las distancias, claro) cierta corriente literaria rusa cuyos máximos exponentes serían Gógol o, sobre todo, Chéjov; al igual que ellos, Ósipov no puede dejar de empatizar con su prójimo incluso en sus momentos de estulticia y desconcierto. Cierto que, pese a esa influencia -también es verdad que me lo puede haber parecido a mí ante la profusión de patronímico y de escenas costumbristas-, aún cuando la calidad de su prosa es innegable, carece de la maestría de esos grandes maestros del relato. Algunos de los cuentos de Ósipov, pese a que comienzan de manera interesante, a partir de un momento dado pierden el brío y discurren de una forma lenta y melancólica, incluso, en algún caso, a trompicones. Otros, sin embargo no pierden el nervio narrativo y por eso (o por lo que sea), son los que me han gustado más: la historia de una joven y desventurada pareja en El Complejo, la de la joven triunfadora que se encuentra con su hermanastra alemana de En el Spree  o Buena gente, sobre una veterana actriz aquejada de Alzheimer. Los demás relatos, sin carecer, en absoluto, de una calidad para nada desdeñable, no me parecen a la altura de éstos o quizá, simplemente, su intención se diluye entre los meandros de las muchas explicaciones que nos da Ósipov sobre sus, sin duda, apreciados personajes.

domingo, 8 de enero de 2023

Ivan Turguenev: Padres e hijos

Idioma original: ruso

Título original: Отцы и дети / Ottsý i deti

Traducción: Rafael Cañete Fuillerat

Año de publicación: 1862

Valoración: Está bien


Dicen los que saben de estas cosas que Ivan Turguénev fue uno de los máximos exponentes de la literatura rusa en ese Siglo de Oro que fue por aquellas tierras el XIX. Con mis muy limitados conocimientos, imagino que se le puede colocar algo por detrás de Tolstói o Dostoyevski, quizá en un grupo donde cabrían Pushkin, Chéjov, Gorki o gente de ese estilo. Resulta que además de enterarme de esto, veo que en nuestro ilustre blog tiene algunas reseñas con buenas valoraciones y, aunque leyéndolas después parecen menos entusiastas de lo previsto, me decido a estrenarme con Padres e hijos, por lo visto una de las obras más importantes de este autor.

La vida en el campo, y en concreto en las grandes haciendas, puebla generosamente la literatura rusa de la época, con la visión desoladora de tierras improductivas, las miserables condiciones de vida de los mujiks y las diferentes posturas que respecto a ellos mantienen los terratenientes, algunos aferrados a mantener el statu quo, otros impregnados por convicciones más humanistas, que vieron claro que el sistema no podía mantenerse mucho tiempo más y comenzaron a aflojar la presión. Algo de esto hay en Padres e hijos, aunque en mi opinión muy en segundo plano (entre paréntesis diré que el prologuista del libro, que no recuerdo quién es, pone el foco en esa disyuntiva sobre la realidad agraria, lo que me hace pensar que a veces algunos escriben los prólogos sin haberse leído el libro, o bien yo sigo siendo suficientemente obtuso para no percibir lo que parece tan evidente. Seguramente será esto último lo que haya ocurrido). En segundo plano, digo, porque el nudo del libro está en lo que sigue.

Dos jóvenes, Kirsánov y Bazárov, regresan a casa tras un periodo de estudios en Petersburgo. Llegan con ideas nuevas y bastante rompedoras, imbuidos de nihilismo, descreídos e iconoclastas, con la arrogancia de quien ha descubierto cosas nuevas y desprecia los valores asumidos por sus mayores, la autoridad, el amor, la tradición. Bazárov, que parece algo mayor, ejerce de líder con su ironía amarga, es más bien despótico y muestra el desapego y la altanería de quien se cree superior. En un viaje con diversas paradas van planteándose distintas situaciones en las que la ideología urbana de los jóvenes va poniéndose de manifiesto: en casa de los Kirsánov enfrentan la bonhomía del padre, el hacendado que ha decidido liberar a sus mujiks en un gesto que a los invitados les parece insuficiente; en su visita a los Bazárov a duras penas se plegarán ante los sencillos y bienintencionados padres con actitud condescendiente; y en las jornadas compartidas con la viuda Odíntsova se pondrá a prueba el radicalismo de su desdén hacia el amor romántico.

Todo se traduce en largas conversaciones de los jóvenes con los sucesivos personajes, dando al relato un aire más bien teatral. Y descubrimos subtramas, unas con más desarrollo que otras, que sin embargo no terminan cristalizando en casi nada, al margen de ilustrar discretamente el perfil de unos y otros. Porque hay personajes que apuntan a cosas interesantes (la propia Odíntsova, con su belleza y su tenue misterio; el estirado tío que encarna el clasismo y la tradición; la doncella que ha tenido un hijo de su señor), pero quedan en poca cosa, como incapaces de salir del corsé de contención en que los tiene metidos Turguénev. Diálogos por aquí y allá, impulsos que amagan con brotar pero terminan ahogados o metabolizados por personajes que, salvo el tío al que citaba, no se permiten ni media salida del tiesto, todo tan medido que termina por dejarnos un tanto aplanados. No sé si será el europeísmo, o anglofilia, no sé bien, de este autor, quizá demasiado preocupado por mantener a su elenco dentro de una corrección no muy bien entendida o a su narrativa en un tono aceptablemente burgués, pero qué diferente de otros maestros rusos que no vacilan a la hora de meterse en el fango y mostrar con toda crudeza las aristas del ser humano.

El libro está bien escrito, sí, resulta diríamos elegante y moderadamente entretenido, plantea (más bien sugiere) algunos temas interesantes (la situación en el campo, el amor, nuevas ideas frente al inmovilismo), pero le falta claramente profundidad, peso, la fuerza que lo convierta en algo poderoso y difícil de olvidar. Por algo en ese prólogo que me he permitido criticar quizá un poco a la ligera se cuenta que Tolstói, amigo de Turguénev, venía a decir que el libro estaba escrito sin alma, y por eso no le había llegado al corazón. Y es que, o bien esa amistad había conocido tiempos mejores, o el viejo Lev puso la objetividad por encima de cualquier otra consideración. O, en definitiva, que teniendo amigos así para qué se necesitan enemigos. Pero sea como fuese, la verdad es que tenía bastante razón. 


Otras obras de Iván Turguénev en ULADPrimer amorNido de noblesDiario de un hombre superfluo

sábado, 7 de septiembre de 2019

Pavel Mielnikov: En los bosques (Tomo I)

Idioma original: Ruso
Traducción: Natalia Varamsina y Consuelo Berges
Año de publicación: 1871 - 1874
Valoración: Bastante recomendable

Creo haber dicho ya en varias ocasiones que el siglo XIX  me parece un verdadero siglo de oro de las letras rusas. A los archiconocidos nombres de Dostoyevski, Tolstoi, Gogol, Turguenev, etc y a otros menos conocidos pero que ya han aparecido por este blog, como Schedrin, hemos de añadir el nombre de un autor absolutamente desconocido para mi hasta hace bien poco: el de Pavel Mielnikov. A tal punto este autor está olvidado que el libro que hoy reseñamos solo ha sido publicado en España (y creo que en castellano) en una edición del año 1961, encontrada de causalidad en una de esas cosas que a la señora esposa de uno no le hacen ni puñetera gracia.

Bueno, antes de hablar de la novela hemos de mencionar la reforma de Nikon, clave para situar la historia narrada por Mielnikov. Tirando de Wikipedia, "la Reforma de Nikon fue la nueva redacción de libros de cánones y litúrgicos ordenada en 1654 por el patriarca Nikon, a fin de acercar a la Iglesia ortodoxa rusa la Iglesia ortodoxa griega, primando el papel intervencionista del Estado en los asuntos eclesiásticos. La orden de quemar libros viejos provocó una fuerte resistencia entre los creyentes y parte del clero, iniciándose así el cisma de los viejos creyentes (o raskólniki, del ruso raskol o cisma), acaudillados por el protopapa Avvakum"

Cuento esto porque la obra se sitúa en una comunidad de raskólniki situada en la orilla izquierda del Volga (eso sí, ya en el siglo XIX, no en tiempos del cisma) , lo que es clave para entender el desarrollo de una novela en la que se entrelazan varios planos:
  • Vida de la comunidad en lo que a su organización familiar, social y económica respecta.
  • Vida eclesiástica, en la que se narran desde los pasados dilemas teológicos que provocaron los citados cismas hasta los presentes problemas ligados al mantenimiento delas costumbres y tradiciones de la comunidad, pasando por la forma de vida en los eremitorios.
  • Vidas individuales, marcadas por los dramas humanos típicos de la narrativa rusa del XIX: lo viejo y lo nuevo, tradición y modernidad, sentimientos exacerbado, dudas, remordimientos y un claro ansia de redención.
Para poder entrelazar estos tres planos el autor se sirve de un amplísimo elenco de personajes que se mueven alrededor de la figura del próspero comerciante Patap Máximich. Su esposa Axinia Sajarovna, su hija Nastia o su hermana la "Madre Manefa" serán algunos de los personajes clave que pasarán por las páginas de "En los bosques" formando un cuadro de lo más completo de la sociedad de la época.

Me gustaría destacar, por encima de todo, dos aspectos de esta novela: el manejo de los tiempos y los ritmos por parte del autor y la construcción de los personajes. Mielnikov intercala los planos que mencionaba con anterioridad y es capaz de construir en las casi 700 páginas de la novela múltiples historias que se entrelazan sin que nada sobre ni falte. En cuanto a los personajes, estamos ante seres complejos con toda su carga de contradicciones a cuestas, nada de estereotipos ni de seres planos que no evolucionan a lo largo de la historia. 

Por contra, un par de apuntes que hacen que la valoración de la novela no sea un pelín más alta. El primero está vinculado al lado  litúrgico / eclesiástico del libro y es que un lector del siglo XXI ignorante de estos aspectos (como es mi caso) se encontrará algo perdido. El segundo, y esto es algo que alguna que otra vez encontramos en autores rusos de la época, es un cierto toque folletinesco. 

Ninguno de estos dos últimos apuntes es suficiente para evitar que "En los bosques" sea una novela instructiva y entretenida a partes iguales, además de sumamente representativa de un período histórico muy concreto.

P.S. 1: El libro reseñado es el tomo I de la novela. 677 páginas que habrán de completarse con las 610 del tomo II (si es que lo encuentro y me dejo la pasta en el mismo). Pese a esto, se puede considerar por sí sola una novela cerrada, aunque queden algunos cabos sueltos, obviamente.

P.S. 2: Este libro no se encuentra "clasificado" en Goodreads, así que ULAD rules!!

P.S. 3: Editores atrevidos de Hispanoamérica: ¡Este libro merece una reedición. Hacednos caso!

martes, 3 de marzo de 2020

Biografías lectoras II: La Vuelta al Libro en 7 etapas (y un prólogo) y dos metas volantes

Prólogo (1977- 198X): No vamos a empezar diciendo que nací con un libro en las manos. Ni mucho menos. De hecho, el único “material” que había en casa era un puñado de ediciones del Círculo de Lectores y una enciclopedia que adornaba con dudoso gusto el salón. Para más inri, lo más parecido a una librería que teníamos (y tenemos aún) en el pueblo era la papelería donde comprábamos el material escolar o mi madre y mis abuelas comparaban el Hola y demás artefactos.

1ª etapa (198X-1991): Salimos a fuego desde el km. 0, aunque condicionados por lo comentado en el punto anterior. La propia enciclopedia y sus mapas fueron, así, mi principal lectura y el más que probable origen de mi fascinación por tierras lejanas, exploraciones polares y demás familia. En cuanto a ficción se refiere (aunque quizá hablar ahora de la URSS, Checoslovaquia o Yugoslavia sea más ficción que cualquier otra cosa), nada que pueda sorprender a los nacidos a mediados o finales de los 70: la colección de El Barco de Vapor, Los Cinco, Los Hollister (qué horror), tebeos, Elige tu propia aventura, Michael Ende, etc

2ª etapa (1991-1995): Etapa rara en la que quizá se acusa el cansancio de la etapa anterior. Hago "la goma" desde los primeros kilómetros. Acercamientos a Baroja (el primer autor que leí de forma casi compulsiva), a Luis Martín Santos, a Unamuno, a la poesía de Blas de Otero. Alejamientos literarios y también extraliterarios. Los literarios me llevan ahora a preguntarme, y a no hallar una respuesta clara, hasta qué punto es necesario forzar a chavales de 15-16 años a leer a Lope, Calderón, Lorca, Unamuno, Cervantes, etc. Los extraliterarios tienen dos componentes: las experiencias propias de la edad y la bicicleta, parte fundamental de mi vida. A más kilómetros, menos libros. Por suerte, con la edad he alcanzado una sabia combinación de kilómetros y libros.

3ª etapa (1995-2000): Pájara lectora casi total, sobre todo en su primera parte. Mucha bicicleta, mucha música y nada de lectura, más allá del Plan General Contable (¿qué hostias me llevaría a mi a la Facultad de Económicas (lo sé, pero prefiero no recordarlo)). Por suerte, ese mismo motivo (aunque con otro nombre) y algún pequeño percance ciclista me llevaron de vuelta a los libros. Etapa iniciática en lo que a literatura latinoamericana se refiere: Isabel Allende (¡!), Gioconda Belli, García Márquez, etc. ¡Había que estar a la altura!.

4ª etapa (2001 – 2003): Recupero las buenas sensaciones. Madrid o el deslumbramiento. Librerías modernas, librerías de viejo, grandes superficies… Autores que llevan a otros autores. De García Márquez a Cortázar, a Rulfo, a Tolstoi, a Faulkner… Primeras lecturas de los grandes clásicos del siglo XX.

5ª etapa (2003 – 2004): La etapa reina. Puerto de los gordos en forma de bicho extraño que se ha metido en mi cuerpo. Meses y meses del hospital a casa y de casa al hospital. Meses en los que los libros, el cine y la música (también la medicación y algún que otro intangible) me salvaron. Meses en los que la lectura era una huida, una forma de engañar al miedo, de vivir otras vidas (a lo mejor lo fue desde el principio). No llevé la cuenta pero la lista es interminable: Dostoyevski, Mishima, Kundera, Sabato, Borges… Parecía que la vida se iba y había que apurarla.

6ª etapa (2005): La etapa transoceánica. Apenas dos meses en Buenos Aires son más que suficientes para dejarme marcado para siempre. Las librerías de la Avenida Corrientes (aún guardo algún marcapáginas de la Librería Hernández – Av. Corrientes 1436), Palermo… Fui con una maleta y volví algo más cargado: Saer, Piglia, Mujica, Pauls, Arlt, Silvina… Ojalá pueda volver algún día, ojalá.

7ª etapa (2005 – 2020): Lecturas más variadas, más arriesgadas, más completas creo yo (y más desde que formo parte de esta maravillosa locura que es ULAD), aunque la novela y el relato sigan siendo predominantes. Autores clásicos (Proust, los rusos del XIX, Víctor Hugo...) aunque prestando atención a "novedades" (Bolaño, Cartarescu, Mariana Enríquez y todas las nuevas narradoras latinoamericanas, Carrere, el amigo Houellebecq …) y también aproximaciones a una literatura situada un poco en el margen (Sara Gallardo, Danilo Kis, William Gass, José María Arguedas...). Me dejo a muchos autores en el tintero y espero dejarme a muchos que vendrán en futuro más o menos lejano. 

Las metas volantes (2008 y 2013): Un par de personas nuevas aparecen por casa y nos convierten en "respetables padres de familia" y nos hacen comenzar un círculo nuevo cuando aún estamos a medio camino del nuestro. Y aunque contamos con mejores medios y con más oportunidades que nuestros padres, tenemos las mismas ganas de hacerlo bien y el mismo miedo de hacerlo mal. En esas estamos.

P.S.: Espero no haber sido demasiado pesado ni haberme puesto demasiado ñoño.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Colaboración: Almas muertas de Nikolái Gógol

Idioma original: Ruso
Título original: Мёртвые души
Año publicación: 1842
Valoración: Imprescndible

Nos sentamos esta vez ante la que está considerada como “Primera Gran Novela Rusa”, una obra polémica en el momento de su publicación (1842), no solo por su argumento principal (la compra de “almas muertas” por parte del protagonista, cuando la emancipación de los siervos en Rusia no tuvo lugar hasta 1861), sino también por la feroz crítica a todos los estamentos de la sociedad rusa de la época.

Se trata de una obra inacabada que, al parecer, iba a constar de tres partes de las cuales, desgraciadamente, solo se conservan íntegramente la primera y escasos fragmentos o borradores de la segunda y la tercera. Lo peor de todo es que fue el propio Gógol quien, en un rapto de misticismo después de un viaje a Jerusalén, quemó íntegramente la segunda parte.

A pesar de tratarse de una obra inacabada, solo la lectura de la primera parte de la misma es una auténtica delicia. En esta primera parte, Pavel Ivanovich Chichikov, hombre de mediana edad y condición social recorre Rusia con la intención de comprar a pequeños terratenientes y señores rurales “almas muertas”, campesinos ya fallecidos que aún figuran en los registros oficiales como vivos y por los cuales sus propietarios continúan pagando sus correspondientes impuestos. La idea del protagonista es acreditar que posee un cierto número de almas con el fin de que el gobierno le conceda tierras para colonizar y un préstamo que le haga escalar socialmente. Vaya, un trepa de tomo y lomo.

Por desgracia para él, esos mismos propietarios empiezan a desconfiar de las intenciones de Chichikov, dando al traste con el negocio.

A lo largo de la obra, la trama se ve interrumpida en numerosas ocasiones por las reflexiones y comentarios del propio Gógol. Destaca, por ejemplo, el capítulo XI, en el que el Gógol narrador lanza una diatriba contra la sociedad rusa de su tiempo que no deja títere con cabeza. Aunque, como ya hemos dicho, está considerada como la “Primera Gran Novela Rusa”, no esperemos encontrar unos personajes atormentados o angustiados como los que todos conocemos de grandes novelones rusos del XIX: Raskolnikov, los hermanos Karamazov, Andrei Bolkonsky o Pierre Bezujov. Aquí los personajes y las situaciones son caricaturizados (a veces incluso grotescamente), sacando a relucir Gógol lo peor de la condición humana en cada uno de ellos: el egoísta e insensible Chichikov, el fanfarrón y jugador Nozdriov, el avaro y desconfiado Sobakevich, la chismosa Korobochka, el detestable Pliuschkin, los nobles más preocupados por aparentar que por cualquier otra cosa, los propietarios al tanto de las últimas modas y bagatelas que llegan de Paris, Moscú o San Petersburgo pero que tienen a sus fincas y campesinos semiabandonados y semiesclavizados, la burocracia corrupta, etc.

En cualquier caso nos encontramos ante una novela (poema épico en prosa, según su autor) maravillosa. Ágil, con una representación de la célebre “alma rusa”, una descripción de los diferentes ambientes en que se mueve el protagonista y una caracterización de los personajes espectacular, y que, pese a tener casi 175 años desde su publicación, sigue siendo plenamente disfrutable en la actualidad, como ocurre con los grandes clásicos.

¿Qué más se puede pedir?

Bueno sí. Podríamos pedir que estuviera terminada. Porque, si las otras dos partes que estaban inicialmente proyectadas hubieran tenido el nivel de la primera, probablemente estaríamos hablando de LA GRAN NOVELA RUSA. En cualquier caso, disfrútenla, devórenla, porque estamos ante un clásico imprescindible. No por nada comenta por ahí la crítica “profesional” que esta obra llega a prefigurar a Dostoyevski, Joyce, Kafka, Borges, etc. Palabras mayores, oigan. ¡Esto sí que es un clásico, y no el Madrid – Barcelona!

Otras obras de Nikolai Gógol en ULAD: El inspectorEl capoteTarás Bulba

Firmado: Kim Jong Nam