Idioma original: rusoTítulo original: Братья Карамазовы (Brát'ya Karamázovy)
Traducción: Rafael Cansinos Assens
Año de publicación: 1.880
Valoración: Muy recomendable
Otras obras de Fiódor Dostoyevski en ULAD: Aquí
Idioma original: ruso
Título original: The master of Petersburg
Idioma original: Ruso
Idioma original: ruso
Idioma original: rusoLa "contra" de este libro me recordó a La pesquisa de Juan José Saer. Terminada la novela, creo que hay algo de ese Saer, pero los principales nombres que me vienen a la cabeza son Kafka y Dostoyevski. ¡Toma ya!
Porque La jaula parece ser inicialmente una novela negra / policíaca, pero acaba convirtiéndose en un alegato en favor de la libertad individual en un mundo "estandarizado". O, mejor dicho, en un mundo en el que caminamos por senderos marcados, creyendo gozar de una libertad que solo abarca el perímetro de la jaula invisible que nos rodea. Por un lado, la jaula como metáfora, como aquel insecto, aquel castillo o aquel proceso del genio checo; por otro lado, la culpa, los dilemas morales, los propios actos como prisión autoimpuesta del genio ruso.
Estamos en 1972, en la RSS de Letonia y hay que pasar la censura como sea. De ahí, quizá, la opción del autor por un comienzo al más puro estilo "novela de misterio". Porque habemus desaparición de Edmunds Berzs, arquitecto de éxito, habemus investigación al mando del inspector Struga y habemus también misterio resuelto. Y habemus unos primeros capítulos centrados en la descripción física y psicológica de Berzs, de Edite (esposa de Berzs) y de Struga, pesquisas, pistas, sospechas, indicios, etc.
Pero algo nos hace ver que la novela tomará otro rumbo: ciertas similitudes, jugueteos con la figura del doppelganger, etc. Es lo que ocurre a mitad de la novela. Hay un giro, un instante en el que el autor pega un volantazo a partir de cual lo que ha podido ocurrir con Berzs (¿con su cadáver?) pierde importancia.
La novela gira de lo policial a lo puramente psicológico, se vuelve mucho más opresiva y asfixiante. Victimario, investigador y víctima ocupan el centro de la novela y sus reflexiones, disquisiciones, dilemas, decisiones acerca de la sociedad, del papel e influencia de esta en la individualidad se convierten en el quid de la cuestión.
Todos somos hijos de una sociedad, como las nueces de un nogal. El gusano entra en algunas y devora nuez, dejando un vacío. El viento derriba algunas antes de que maduren. (...) Todos somos tan parecidos y , sin embargo, tan diferentes en nuestro ser.
Toda novela es algo tramposa. La jaula también lo es. Juega con nosotros y con los censores (a veces dudo si leyeron la novela al completo) y convierte lo que parecía una buena novela policial, pese a cierta sensación de algo ya leído, en una muy buena novela filosófico-existencial.
Idioma original: EspañolNos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos.
Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.
Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo.
Se trata de un sencillo ejercicio que nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.
Os pedimos:
Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.
Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)
Más un placer culpable.
Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).
Alain:
Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.
Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista.
Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.
Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.
Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.
José Miguel:
En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:
- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).
- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).
- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).
- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).
- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).
- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).
Félix:
Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía
* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos
* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor
* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante
* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta
* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura
Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace
Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)
Juan G.B.:
-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).
-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.
-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.
Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.
Mi placer culpable: Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.
Francesc:
-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19
-David Foster Wallace (ídem) 18
-Michel Houellebecq (otro ídem) 11
-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10
Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así
Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.
Koldo:
Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:
- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).
-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.
-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.
-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...
Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)
Mi placer culpable: Los libros de viajes polares.
Carlos
Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:
- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán
- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan
- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo
Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.
¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.
Título original: Отцы и дети / Ottsý i deti
Traducción: Rafael Cañete Fuillerat
Año de publicación: 1862
Valoración: Está bien
Dicen los que saben de estas cosas que Ivan Turguénev fue uno de los máximos exponentes de la literatura rusa en ese Siglo de Oro que fue por aquellas tierras el XIX. Con mis muy limitados conocimientos, imagino que se le puede colocar algo por detrás de Tolstói o Dostoyevski, quizá en un grupo donde cabrían Pushkin, Chéjov, Gorki o gente de ese estilo. Resulta que además de enterarme de esto, veo que en nuestro ilustre blog tiene algunas reseñas con buenas valoraciones y, aunque leyéndolas después parecen menos entusiastas de lo previsto, me decido a estrenarme con Padres e hijos, por lo visto una de las obras más importantes de este autor.
La vida en el campo, y en concreto en las grandes haciendas, puebla generosamente la literatura rusa de la época, con la visión desoladora de tierras improductivas, las miserables condiciones de vida de los mujiks y las diferentes posturas que respecto a ellos mantienen los terratenientes, algunos aferrados a mantener el statu quo, otros impregnados por convicciones más humanistas, que vieron claro que el sistema no podía mantenerse mucho tiempo más y comenzaron a aflojar la presión. Algo de esto hay en Padres e hijos, aunque en mi opinión muy en segundo plano (entre paréntesis diré que el prologuista del libro, que no recuerdo quién es, pone el foco en esa disyuntiva sobre la realidad agraria, lo que me hace pensar que a veces algunos escriben los prólogos sin haberse leído el libro, o bien yo sigo siendo suficientemente obtuso para no percibir lo que parece tan evidente. Seguramente será esto último lo que haya ocurrido). En segundo plano, digo, porque el nudo del libro está en lo que sigue.
Dos jóvenes, Kirsánov y Bazárov, regresan a casa tras un periodo de estudios en Petersburgo. Llegan con ideas nuevas y bastante rompedoras, imbuidos de nihilismo, descreídos e iconoclastas, con la arrogancia de quien ha descubierto cosas nuevas y desprecia los valores asumidos por sus mayores, la autoridad, el amor, la tradición. Bazárov, que parece algo mayor, ejerce de líder con su ironía amarga, es más bien despótico y muestra el desapego y la altanería de quien se cree superior. En un viaje con diversas paradas van planteándose distintas situaciones en las que la ideología urbana de los jóvenes va poniéndose de manifiesto: en casa de los Kirsánov enfrentan la bonhomía del padre, el hacendado que ha decidido liberar a sus mujiks en un gesto que a los invitados les parece insuficiente; en su visita a los Bazárov a duras penas se plegarán ante los sencillos y bienintencionados padres con actitud condescendiente; y en las jornadas compartidas con la viuda Odíntsova se pondrá a prueba el radicalismo de su desdén hacia el amor romántico.
Todo se traduce en largas conversaciones de los jóvenes con los sucesivos personajes, dando al relato un aire más bien teatral. Y descubrimos subtramas, unas con más desarrollo que otras, que sin embargo no terminan cristalizando en casi nada, al margen de ilustrar discretamente el perfil de unos y otros. Porque hay personajes que apuntan a cosas interesantes (la propia Odíntsova, con su belleza y su tenue misterio; el estirado tío que encarna el clasismo y la tradición; la doncella que ha tenido un hijo de su señor), pero quedan en poca cosa, como incapaces de salir del corsé de contención en que los tiene metidos Turguénev. Diálogos por aquí y allá, impulsos que amagan con brotar pero terminan ahogados o metabolizados por personajes que, salvo el tío al que citaba, no se permiten ni media salida del tiesto, todo tan medido que termina por dejarnos un tanto aplanados. No sé si será el europeísmo, o anglofilia, no sé bien, de este autor, quizá demasiado preocupado por mantener a su elenco dentro de una corrección no muy bien entendida o a su narrativa en un tono aceptablemente burgués, pero qué diferente de otros maestros rusos que no vacilan a la hora de meterse en el fango y mostrar con toda crudeza las aristas del ser humano.
El libro está bien escrito, sí, resulta diríamos elegante y moderadamente entretenido, plantea (más bien sugiere) algunos temas interesantes (la situación en el campo, el amor, nuevas ideas frente al inmovilismo), pero le falta claramente profundidad, peso, la fuerza que lo convierta en algo poderoso y difícil de olvidar. Por algo en ese prólogo que me he permitido criticar quizá un poco a la ligera se cuenta que Tolstói, amigo de Turguénev, venía a decir que el libro estaba escrito sin alma, y por eso no le había llegado al corazón. Y es que, o bien esa amistad había conocido tiempos mejores, o el viejo Lev puso la objetividad por encima de cualquier otra consideración. O, en definitiva, que teniendo amigos así para qué se necesitan enemigos. Pero sea como fuese, la verdad es que tenía bastante razón.
Prólogo (1977- 198X): No vamos a empezar diciendo que nací con un libro en las manos. Ni mucho menos. De hecho, el único “material” que había en casa era un puñado de ediciones del Círculo de Lectores y una enciclopedia que adornaba con dudoso gusto el salón. Para más inri, lo más parecido a una librería que teníamos (y tenemos aún) en el pueblo era la papelería donde comprábamos el material escolar o mi madre y mis abuelas comparaban el Hola y demás artefactos.