lunes, 17 de agosto de 2026
Doris Lessing: El cuaderno dorado
jueves, 4 de septiembre de 2025
Madres de libro: Heridas abiertas de Gillian Flynn

Título original: Sharp Objects
Año de publicación: 2006
Traducción: Ana Alcaina
Valoración: ¿está bien?
Vaya tela la de está novela, amig... estoo, quiero decir Resumen resumido: Camille Preaker es una reportera de un periódico de Chicago (el cuarto en importancia, que no está mal, pero tampoco es para tanto) que es enviada por su jefe a su pueblo natal, Wind Gap, en el culo de talón de la bota de Missouri, casi en el Profundo Sur de EE.UU., para escribir un reportaje sobre un posible asesino en serie; una niña apareció estrangulada -y con los dientes arrancados... detallitos del libro- nueve meses atrás y ahora -esto es, cuando se sitúa la acción, hace unos veinte años- ha desaparecido otra, con pinta de haber sufrido el mismo destino. A Camille, como es de suponer, no le hace ninguna gracia el encargo. Nin-gu-na... Porque, además de lo desagradable de husmear en un asunto como ése, si se dio el piro a Chicago fue para dejar atrás su ciudad natal, su incómodo pasado y, sobre todo, a su familia. Es decir, a su madre, la mujer más rica del pueb... quiero decir, ciudad (en EE.UU. parecen tener un concepto distinto que aquí de a lo que podemos considerar como tal), una dama que no sólo parece un dechado de perfección, sino que tampoco admite otra cosa a su alrededor. O sea, lo contrario de lo que es su hija Camille, que carga con un saco de adicciones y traumas que harían las delicias de cualquier psicólogo que estuviera preparando su tesis doctoral. Menos mal que tiene a la hermanastra de Camille, Amma, de trece años, que esa sí que es perfectita en todo su joven naturaleza, a pesar de (o quizás debido a) ser un bicho de cuidado. Aún así, a la madre, Adora, le sirve de consuelo para olvidar a Marian, otra hija que murió tiempo atrás...
Con estos ingredientes se puede preparar un sabroso pero algo indigesto melodrama como los que amenizan los domingos por la tarde en telefilmes idóneos para echar la siesta, a falta de Tour de Francia... Pero claro, Gillian Flynn, como sabe cualquiera que hay leído su megaéxito Perdida (yo no lo he hecho, aunque he visto la peli) no se anda con chiquitas y esta su primera novela armó todo un thriller psicológico en el que explorar los turbios recovecos del alma humana. Las investigación periodística/policial no tiene demasiado interés, más allá de unos cuantos tópicos del género -poli joven y guaperas con el que fol... tontea la protagonista, los secretos mal guardados que pululan en cualquier pueblo más o menos pequeño, el consabidos sospechoso que todos sabemos que no va a ser culpable-, pero le sirve a la trama para avanzar hasta una resolución que la autora, en su bisoñez como tal , supongo que pretendía fuera sorprendente pero que se ve venir a kilómetros (perdón si alguien considera esto un spoiler).
En todo caso, esto no es lo importante ni lo interesante de la novela. Lo importante es la recreación que nos ofrece de una(s) maternidad(es) absorbente, morbosa, enfermiza a fuer de pretender ser abnegada, pero que no deja de ser un epítome o, más aún, una exageración casi caricaturesca de los valores que se supone ha de mostrar la maternidad. Lo que no deja de ocurrir también con respecto a la sociedad femenina que encontramos en Wind Gap -en la que se mueve Camille, en todo caso- estructurada cual colmena, con una abeja reina, las aspirantes a serlo y un ejército de obreras a su servicio -los hombres, aunque aparecen en la novela, no tienen un papel trascendental en la misma o, al menos determinante; bien podemos considerarlos como a los zánganos, únicamente útiles para la fecundación, si acaso-; desde luego, no se puede decir que Flynn sea clemente con sus congéneres, a excepción de su protagonista Camille, claro, a la que, por otra parte, se las hace pasar canutas siempre que puede...
Si el retrato del universo femenino y de la maternidad que nos brinda la autora es lo importante de la novela, lo más interesante es que no se corta un pelo en llevar los conflictos, las aristas y la turbiedad hasta un extremo poco habitual en una novela con ambición comercial o incluso de convertirse en best-seller (que no sé si ésta lo logró). No sólo eso: también podemos encontrar un toque de casi gótico sureño, y de casi novela de fantasmas, con una mansión casi encantada. O casi un cuento de los hermanos Grimm, si se quiere... Un cuento bien narrado, porque está claro de Gillian Flynn tiene dotes más que suficientes para ello, pero en el que por momentos, la célebre y necesaria suspensión de la incredulidad se diluye e incluso , en algún momento, entra en un cierto dislate. Lo que no significa que no se pueda leer con gusto, también morboso, para qué engañarnos, pero es lo que hay. Placer culpable, que se dice...
Un último apunte: no entiendo por qué razón, además de que sea una de esas decisiones editoriales un poco absurdas, se le puso este título en España, en vez del original, Objetos afilados, más adecuado puesto que tiene una relación directa con la trama y las referencias a todo tipo de chismes cortantes y/o punzantes -también metafóricos- se encuentran por toda la novela. Heridas abiertas es más bien título de telefilme de domingo por la tarde, aunque si el argumento es el de esta novela, ya os digo yo que no os quedaríais dormidos/as... (de hecho, la serie que se hizo a partir de esta novela, también con Amy Adams de protagonista, como en el caso del libro reseñado por Santi para esta semana temática, no tuvo una segunda temporada, al parecer, porque resultaba demasiado oscura incluso para la actriz).
Post-resencia: Creo que esta vez me he pasado un poco con los paréntesis. Pido disculpas (y no volverá a ocurrir).
lunes, 6 de mayo de 2024
Ottessa Moshfegh: Mc Glue
Idioma original: inglés
Título original: Mc Glue
Traducción: Inmaculada C. Pérez
Año de publicación: 2014
Valoración: está bien
He de reconocer que cierto perfil de autor tiene la cualidad de atraerme hacia sus obras. Tampoco voy a negar que el aparato promocional de las editoriales obre su cometido y, en el caso de Ottesa Moshfegh, tanto Eileen como Mi año de descanso y relajación contaron con el suficiente atractivo para captar mi humilde atención, si bien para el caso de esta última aprecié cierta unanimidad entre sus lectores que me hizo albergar la esperanza de un cierto salto y que resultó, ecuación que no suele fallar, en una cierta decepción. A pesar de eso, Moshfegh me parecía una autora a seguir, por juventud y actitud y ante la constatación de que las carreras literarias pueden tener cierta fluctuación.
Primer contratiempo: en el mundo de los fajines y la sutileza (o no tanto) promocional, esta Mc Glue publicada en castellano en 2024 es una primera novela. No queda claro (me pasó hace un año con Mairal y Asteroide) si no se accede a la solapa interior, por lo cual el equívoco es, aunque sea sibilinamente, demasiado fácil. Esta no es la novela siguiente a un año... sino el debut de su autora. ¿Un engaño? Bueno, cada uno se pronunciará, pero, a un mes de Sant Jordi, y de una escritora que ya genera cierta expectación en fin, vamos a dejarlo y no nos metamos en especulaciones.
Mc Glue, al margen de estas reticencias, es, como mínimo, una novela valiente en su planteamiento. Nick Mc Glue está encerrado en un camarote en un barco, allá por 1851. Custodiado por marineros mientras el barco en el que navega se dirige al puerto donde será entregado para ser juzgado pues, dicen, ha asesinado a su amigo Johnson. Esto, amigos, es una novela psicológica donde asistimos a toda la reflexión de Mc Glue que se encuentra aturdido y confundido sobre los hechos, y sus 140 páginas (una primera parte en el barco y una segunda ya en tierra, recibiendo visitas de madre y abogado) representan un ejemplo de lo que se diría corriente de conciencia, pues hasta los diálogos son meros asideros para evaluar la progresión del personaje, errático y meditabundo, inseguro en todo momento debido a los efectos del alcohol, los pasados y los presentes, cosa que adscribe esta ópera prima en varias corrientes a la vez: la narrativa alcohólica, la confesión personal de cierto calado, la situación claustrofóbica propia de las novelas marineras. Con lo cual uno puede referirse tanto a Melville como a Saer (efluvios muy tenues de El entenado pueden surgir aquí) e incluso a obras emblemáticas como El túnel, pero siento advertir que esas referencias son solo temáticas. Me temo que Moshfegh alarga en exceso el planteamiento y convierte el texto más en una suerte de suspense sobre los hechos que veo irresuelto y que deja el valor de esta obra en meramente testimonial de ( e insisto en la valentía de la autora en elegir este escenario) un inicio de carrera.
sábado, 29 de abril de 2023
Joanna Russ: En huelga contra Dios
viernes, 24 de marzo de 2023
Domènec Guansé: Una nit
martes, 24 de enero de 2023
Ward Thomas: Extraño en la tierra
- «Ningún hombre podía esperar escapar al castigo derivado sus placeres, y cuando las preferencias peculiares de un individuo eran calificadas arbitrariamente de "vicios" por la mayoría de sus conciudadanos, el castigo era siempre muy desproporcionado con respecto al placer. Nunca valía la pena (...) saltarse los prejuicios del rebaño y desafiar la venganza de la moral de la masa» (pg. 104).
- «Iba a matarse no por lo que él creía, sino por lo que otros hombres creían, no porque la vida le pareciera intolerable por su monstruosidad sexual, sino porque ellos se la harían intolerable. Ellos creían que la muerte era el único destino apropiado para criaturas como él, y él iba a complacer el sentido del decoro que ellos imponían. No importaba (...) que siempre hubiera tolerado las aberraciones eróticas del grupo; ellos no toleraban su especial aberración, y toda la libertad que él mantenía ante los pecados de ellos no contaba para nada. El grupo no pedía tolerancia al individuo: exigía conformidad» (pg. 201-202).
- «La felicidad no era para aquellos que vivían en oposición a los patrones aprobados de la socidad» (pg. 206).
miércoles, 22 de junio de 2022
Zuzana Kultánová: Augustin Zimmermann
Título original: Augustin Zimmermann
Año de publicación: 2016
Traducción: Patricia Gonzalo de Jesús
Valoración: Recomendable
Augustin Zimmermann es el debut narrativo de la escritora checa Zuzana Kultánová. Fue galardonado en 2016 con el premio Jiří Orten, concedido a autores menores de treinta años.
Antes que nada, aclaro algo: estamos frente a un novelón. Un novelón que derrocha factura artística, sensibilidad y subtexto. Un novelón que presenta a unos personajes muy humanos, psicológicamente complejos y con idiosincrasias particulares. Un novelón que hace un retrato de una época y lugar con una maestría inusitada.
Protagoniza dicho novelón el tal Augustin Zimmermann, un alcohólico vago, envidioso y violento. Fracasó como comerciante y es incapaz de mantener su oficio de molinero. Pega palizas a su mujer y aterroriza a sus hijos. Desdeña a sus conocidos, a quienes también mendiga dinero.
En apenas doscientas páginas seremos testigos de la debacle de Zimmermann y el resto de integrantes de su hogar. Veremos cómo transicionan de la pobreza a la miseria, de las dinámicas disfuncionales a la toxicidad absoluta.
Asimismo, esta obra nos trasladará hasta la Praga de la segunda mitad del siglo XIX. Escrutaremos los claroscuros de la revolución industrial, seremos testigos de las falsas promesas del modernismo y asistiremos al incremento de una desigualdad social y económica amparada por el progreso.
Al fin y al cabo, «este no es un mundo para individuos como Zimmermann. Por más que se hayan roto las antiguas cadenas y que todo apunte a un nuevo orden en el mundo, nada de eso incumbe a personas como él, personas que, atemporales, se arrastran por el mundo al mismo ritmo desde la noche de los tiempos. Las ideas brillantes y los grandes proyectos empresariales les son esquivos, al igual que el dinero, el respeto y la dignidad. Para Augutin el tiempo no discurre a través de formidables planes, obras literarias, joyas pictóricas, empresas u oficios, cálculos satisfactorios, sino bajo los augurios de un paulatino peregrinaje encaminado a una muerte que no conmoverá a nadie.»
En fin: insisto en que Augustin Zimmermann es un novelón. Un novelón oscuro, amargo, repleto de humanos aborrecibles y escenas grotescas, que contra todo pronóstico logra emocionarnos. Pocas veces una historia de autodestrucción, degradación y resentimiento me había parecido tan entretenida y profunda.
Por ponerle alguna pega a la obra de Kultánová, diré que, a mi juicio, tiene cierta tendencia a repetir información, a veces es demasiado enfática al ilustrar sus tesis, desaprovecha a determinados personajes y adolece de un final un tanto abrupto. En cualquier caso, repito por si todavía no ha quedado claro: estamos frente a un novelón.
sábado, 14 de mayo de 2022
You-jeong Jeong: El buen hijo
sábado, 8 de enero de 2022
Catriona Ward: La casa al final de Needless Street
Idioma original: inglés
Título original: The Last House on Needless Street
Año de publicación: 2021
Traducción: Cristina Macía
Valoración: bastante recomendable
Hay libros, sobre todo novelas, cuya apreciación a su respecto va cambiando según transcurre el tiempo desde que los hemos leído. No me refiero sólo a si nos parecen buenos o malos, si nos gustan más o menos, sino a lo que creemos que hemos leído, exactamente. En otras ocasiones este cambio de lo que opinamos (o más bien, sentimos) sobre ellos puede suceder durante el transcurso mismo de su lectura. Es normal que esto ocurra, pero generalmente de forma involuntaria por parte de su autor/a; pero cuando es algo provocado ex-profeso por quien a escrito el libro (y además nos queda claro que ha sido así) lo que leemos deviene aún más interesante y, cuando menos, merece cierto análisis o reflexión por nuestra parte.
Esto es lo que ocurre con esta novela de Catriona Ward. Uno comienza a leerla y piensa que se halla ante un thriller policíaco sobre la desaparición de una niña. Después, que estamos ante una historia con tintes sobrenaturales, quizás de fantasmas... Por último, parece claro que se trata de una novela psicológica -o psiquiátrica-... más o menos. Al acabar, la sensación es haber leído una combinación de todas las variantes anteriores y, sobre todo, que la señora Ward nos ha llevado por donde le ha dado la gana.
Para entendernos, resumen muy resumido (si es posible tal cosa): en un lago del estado de Washington frecuentado por los turistas, un día de verano desaparece una niña pequeña. Se sospecha de Ted Bannerman, un tipo harto peculiar que vive cerca del lago, pero tras un registro de su casa la policía lo descarta como sospechoso. Once años después, asistimos a la narración que hace Ted de su día a día, sus problemas con su hija preadolescente, sus visitas al "hombre bicho" -esto es, su psiquiatra-, su relación con los vecinos, su búsqueda de amistades femeninas, etc. Pero Ted no es el único que nos cuenta su historia: también lo hace Olivia, su gata (sí, amigas y amigos, habéis leído GATA), su hija Lauren -también bastante peculiar- y, por último, Dee, la hermana de la niña desaparecida, cuya vida se trastocó a partir de ese suceso y que no ha dejado nunca en la búsqueda.
Entre todas estas voces van componiendo un puzzle cambiante que, como ya he dicho, nos obliga a reconsiderar lo que estamos leyendo en varias ocasiones. Hay que destacar, sin duda, la pericia de la escritora a la hora de que todas esas voces parezcan naturales y creíbles -sí, incluso la de la gata Olivia-; bien es cierto que a partir de un momento nos olemos que ahí hay gato encerrado... es decir, aparte de Olivia... bueno, ya me entendéis. Pero eso no conlleva un demérito narrativo; simplemente, las reglas del juego cambian... y aún lo hacen más veces antes del final. No puedo resistirme a añadir (aunque espero no "spoilear" nada) que la última parte de la novela, a partir de cierto acontecimiento que no mencionaré, en la que ya nos queda claro que es lo que ha sucedido y cómo encaja en ello cada personaje, me ha resultado innecesaria o, al menos, innecesariamente extendida. De todas formas, me ocurre bastante en los últimos tiempos que las novelas o relatos me gustan más cuando no las entiendo con exactitud, al comienzo de las mismas, que cuando todo queda explicado con total certidumbre... pero ni caso, son cosas mías...
Una novela, por otro lado, con un indudable aire "kingneano", incluso en esa última parte que no me convence del todo... De hecho, es un libro que ha adquirido cierta notoriedad a partir de un elogio que le hizo el mismo Stephen King en Twitter ( cierto es que el Rey suele ser muy generoso al opinar de las obras ajenas); es indudable que tiene buen ojo, aunque no digo que haya que considerar a Ward como heredera de King, ni nada parecido... Pero de que su novela puede interesar y gustar a mucha gente, no tengo dudas; menos aún, de que a nadie dejará indiferente.
domingo, 24 de enero de 2021
Italo Svevo: La conciencia de Zeno
Título original: La coscienza di Zeno
Año de publicación: 1923
Valoración: Obra maestra
Puede
que hayan escuchado alguna vez la anécdota y no sepan a quién se refiere. Allá
por los años 90 del siglo XIX, Ettore Smichtz, un comerciante italiano amante
de la cultura, de familia acomodada, ascendencia austríaca y cuya lengua
materna era el dialecto triestino, autopublicó dos novelas con seudónimo que
no llamaron la atención de nadie. Se diría que había desistido de su intento,
pero casi tres décadas después, escribe una tercera y se la enseña a su antaño
profesor de inglés y amigo, un irlandés que anduvo algún tiempo exiliado en
Trieste llamado James Joyce. A partir de ahí cambió todo. Desde luego, lo suyo
era vocación. El sobrenombre que adoptó y por el que se le conoce en el mundo
literario es Italo Svevo.
La obra
de Svevo es introspectiva, profunda, filosófica a veces y, a partir de cierto
momento, bastante influida por el psicoanálisis. Sin embargo, y a pesar de su
excepcional calidad, habría pasado desapercibida por no pertenecer él al mundillo
literario, y más en un momento de enormes turbulencias políticas. También porque,
a pesar de que lo que cuenta es sencillo, requiere una lectura atenta. Svevo
encontró la horma de su zapato en Joyce, un escritor que escribía para escritores
y, si no el más, uno de los más enrevesados de todos los tiempos. ¿Qué lector
más atento que él?
La conciencia de Zeno narra la vida de Zeno Cosini, un triestino
con tan pocos problemas vitales que tiene que buscarlos dentro de sí mismo y,
por si fuera poco, se empeña en complicarse la vida. Inconvenientes de tener la vida resuelta gracias al próspero
negocio paterno, cuyo administrador se las arregla mucho mejor sin su ayuda.
Nos adentramos pues en las desventuras internas de Zeno y en unas aventuras que
no tienen nada de extraordinario, lo destacable es su forma de vivirlas y de
interpretar las reacciones de los otros.
Un tipo
hipocondríaco, maniático hasta decir basta y con alguna patología más que no se nombra. A través de unas memorias, encargadas por su psicoanalista como terapia, redactadas con bastante ironía y un humor más bien ácido, se nos muestran sus
complicados entresijos mentales junto a la mentalidad y forma de vida de la buena
sociedad de principios del siglo XX. Reconozco que al principio no me entusiasmó
tanto, pero algo más de quinientas páginas dan para mucho, y según avanzaba me iba dando cuenta de la densidad de la narración y
tomando cariño a un personaje con el que, por otra parte, no me gustaría
cruzarme nunca.
Svevo incluyó en la novela algunos de sus rasgos personales. Fue un gran fumador, por ejemplo, también le interesó mucho el psicoanálisis y él mismo hizo terapia, De ahí que la aparente excentricidad del protagonista, sus rarezas, sean las del ser humano de entonces y de siempre, aunque llevadas al límite. Nuestra evolución a lo largo de la vida, la soberbia, un egoísmo que puede transformarse en empatía solo cuando alguien más desvalido que el resto consigue tocarnos la fibra, esa necesidad de tener obligaciones sin las cuales nos sentimos vacíos e inútiles, el desconocimiento de quiénes somos realmente y la tendencia a idealizarnos, a ser demasiado benevolentes con nosotros etc., es lo que todos tenemos en común. Lo queramos o no, estamos hechos de esa forma. No creo exagerar si digo que Svevo intenta psicoanalizar a la humanidad y, de paso, a la época que le toco en suerte.
Esto en
cuanto al contenido. De los aspectos formales destaco una prosa que, aunque sea
a través de la traducción, recuerda a los grandes narradores europeos de la época. Presenta, además, una estructura
interesante: sin abandonar el estricto orden cronológico, está dividida en
asuntos. Esto es así porque a cada época de su vida corresponde una obsesión:
en primer lugar nos sitúa en el marco que ha condicionado su conducta,
obsesiones y enfermedades (tan sentidas como inexistentes), que no es otro que
la adicción al tabaco, sus efectos y la constante lucha por deshacerse de ella,
y su propósito de resolver el conflicto con ayuda del psicoanálisis. Para
cerrar el círculo, el último capítulo aborda otra vez el análisis para renegar
de él y del profesional que le ha estado tratando. De esta forma, consigue un efecto
circular pues, a la vez que se deshace del tratamiento lo hace de todos sus
problemas, gracias tanto a su proceso personal de conocimiento y cambio de
hábitos como a la dureza repentina de sus condiciones de vida. Demasiado
holgada era la que había vivido hasta entonces para una personalidad tan
neurótica, parece afirmar el autor.
Entre
estos dos capítulos se desarrolla toda una vida, dividida como he dicho en
fases: la relación con el padre, su repentina necesidad de estar casado, las dificultades
de tener una amante y, por último, su entrada en el mundo de los negocios
(ajenos, naturalmente).
No es una novela que vaya a gustar a cualquier lector, al contrario, pero me atrevería a predecir que quien se sienta cómodo al inicio de este universo caduco y estrecho se va a divertir de verdad. Y el final… el final es in-con-men-su-ra-ble.








