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sábado, 24 de enero de 2026

H. Leyvik: En las kátorgas del zar

Idioma original: Yiddish 
Título original: Af tsarisher katorge
Año de publicación: 1958
Traducción: Rhoda Henelde y Jacob Abecasís
Valoración: Muy (pero que muy) recomendable

Ya sea desde la ficción, la autoficción o lo autobiográfico, la literatura "soviética" (de autores nacidos, ya sea antes, durante o después de, en territorios que integraron la URSS) nos ha dejado algunos de los mejores ejemplos de literatura concentracionaria. Así, a bote pronto, me vienen a la cabeza las Memorias de la casa muerta del amigo Dosto, los Relatos de Kolima de Shalamov, Un día en la vida de Iván Denisovich y Archipiélago Gulag de Solzhenitsyn o, aunque sea de forma más tangencial, el terrible Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam.

En esa triste tradición se inserta este En las kátorgas del zar de H. Leyvik (seudónimo de Leyvik Halpern), en el que el autor narra su estancia en prisiones zaristas (1906-1912) y su destierro en Siberia (1912-1913) cuando apenas contaba con 20 años de edad. Eso sí, hay que tener en cuenta que se trata de un texto escrito en 1958, distancia temporal que resulta fundamental a la hora de analizar la estructura y el contenido del mismo.

Así, hemos de dejar claro que no estamos ante un diario o una pormenorizada relación de sucesos ocurridos en el período citado. De hecho, En las kátorgas del zar posee una estructura cercana a lo novelesco, a una novela con la que, tal y como dice en medio del delirio en prisión, mantendré despiertos mis pensamientos y mi memoria, llevaré la cuenta de mi vida y mis actos. 

La primera parte, titulada también En las kátorgas del zar, parte de la oscuridad y el frío de una mazmorra para, a través de varias analepsis, presentarnos el pasado del narrador (su condición de judío, su implicación política, la relación con sus padres, los días del juicio) y continuar, posteriormente, con su estancia en la Butyrka moscovita, con la presentación de los seres que le acompañan en la celda. Aquí entronca directamente con la gran novelística rusa del XIX, con Tolstoi y Dostoyevski, ofreciendo, a través de diálogos y personajes inolvidables, un maravilloso texto sobre la relación entre hombre y poder, la culpa, la violencia, el arrepentimiento, los dilemas morales, etc en un contexto en el que la enfermedad, el delirio o la angustia campan a sus anchas, pese a pequeños atisbos de humanidad y esperanza.

La segunda parte, titulada Por los caminos de Siberia, nos traslada a la semimítica ciudad de Irkustk (el lago Baikal, Miguel Strogoff...), punto de partida para el "reparto" de los presos por la orillas de río Lena. Y esto podría ser casi una novela de "viajes" por esos cuatro meses atravesando las estepas en el abrasador calor del mes de julio si no fuera por esa mirada profundamente humana de Leyvik hacia su propio interior y hacia sus compañeros de travesía, ya sean presos, oficiales, soldados o habitantes de la estepa. El dolor de pies, el hambre, el aislamiento, el camino entre la angustia y un deprimido mutismo aparecen, así, unidos a los lujos y miserias de la condición humana.

Ya digo que por estructura, estilo, construcción de personajes e, incluso, por ritmo, En las kátorgas del zar semeja más (aunque no lo sea realmente) una novela autobiográfica que una crónica o unas memorias. Sea como fuere, se trata de un texto profundamente ruso y profundamente judío que debería figurar, por méritos propios, en cualquier lista de "lo mejor de 2025" que se precie. Yo no lo he visto en ninguna, salvo en la nuestra. ¡Ahí lo dejo!

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Semana de la Poesía: Paisaje con grano de arena de Wisława Szymborska


Idioma original: polaco

Título original: Widok z ziarnkiem piasku

Año de publicación: en diversos volúmenes, entre 1957 y 1993. Como antología, 1995.

Traducción: Jerzy Sławomirski y Ana María Moix

Valoración: muy recomendable (por no decir imprescindible)

Primera antología -de cien poemas- publicada en castellano de la poeta (lo de "poetisa" ya no se lleva, me parece) polaca Wisława Szymborska, que recibiría el premio Nobel al año siguiente, en 1996. Esto, lo del premio, no tendría demasiada importancia aparte de que, hasta donde yo sé, todo el mundo coincide en que esa vez estuvo muy bien concedido... Como cabe deducir, los libros de los que se han extraído los poemas para esta selección son anteriores a la obtención del premio y en concreto se trata de Llamando al Yeti (1957), Sal (1962), ¡Qué monada! (1967), Acaso (1972), El gran número (1976), Hombres en el puente (1986) y Fin y principio (1993). Como en este blog ya han sido reseñados otros tres libros de poemas de esta autora, posteriores a esta fecha, creo que podemos considerar que, en conjunto, estamos mostrando un panorama suficientemente completo de su obra.

Imposible innovar a estas alturas sobre la maravilla que es la poesía de esta autora (si cesta reseña consigue, en todo caso, descubrírsela a quien no la conozca, me doy por más que satisfecho); en todas las críticas, reseñas y semblanzas que leáis sobre ella se destacan ciertos aspectos de su obra que no puedo sino corroborar: la atención a las pequeñas cosas -incluso humildes-: una piedra, un escarabajo muerto, una cebolla, una gota de lluvia, el prospecto de un medicamento... a los acontecimientos colaterales de aquéllos que se suele tener más en cuenta o a aspectos insólitos de la realidad -o la irrealidad- en los que no solemos pensar; el destino final de un currículum, lo que se dice en un entierro; lo que piensa un gato cuando muere su dueño, los milagros corrientes de cada día... También, que se centra en el individuo/a como eje de la experiencia con la que apreciar el mundo, pero no con una perspectiva egoísta o egocéntrica, sino profundamente humanista, como en Fin y principio o La realidad exige -sobre quien paga las consecuencias de las guerras-, o las más metafísicas Nada es regalo, Una versión de los acontecimientos, Es una gran suerte...  Por último, el rasgo más distintivo de la obra de esta gran poeta: la ironía -y el humor en su más amplia acepción-, que impregna toda su poesía, desde los poemas donde se aprecia más claramente, como en Primera fotografía de Hitler -huelga cualquier explicación-, la superpoblación del Hades en A orillas del Estigio, el gusto de los ángeles en Gags o la sorprendente Thomas Mann hasta otros en que aparece de forma más sutil (casi todas). En fin, cualquiera de los poemas recogidos en esta antología puede ser leído bajo alguna de estos prismas y todos denotan una calidad sobresaliente, aunque yo, personalmente, prefiero los escritos a partir de 1973, los que aparecen en Acaso, El gran número, Hombres en el puente y Fin y principio.

En todo caso, no es Szymborska una poeta hermética, cuyas crípticas metáforas haga falta descifrar al cabo de un aprendizaje iniciático. Al contrario y quizás ésta sea su mayor cualidad, resulta de una tremenda cercanía, de forma que si alguna de sus imágenes o referencias no nos resulta entendible, es simplemente porque no conocemos la referencia, ya sea ésta un cuadro de Brueghel o de Hiroshige Utagawa o algún escritor polaco del que por aquí no tenemos mucha idea (pero en Polonia, obviamente, sí). Su lírica, incluso en los casos en que prima la forma sobre el contenido, que también podemos encontrar alguno, se nos presenta como algo familiar, natural, reconocible como reflejo de nuestra propia experiencia y, sobre todo, de una gracia y una belleza cautivadoras. Lo mejor, sin embargo, es que os decidáis a leerla, quien no lo hay hecho antes y lo comprobéis por vosotros/as mismas.

Para finalizar la reseña, permitidme que transcriba algunos fragmentos de un poema de doña Wisława titulado El odio, que, en verdad, no es el mejor de los suyos, pero sí parece hecho ex profeso para los tiempos que vivimos (igual que lo estaba para 1993, cuando se publicó):

                                          Ved cuán activo está

                                                    y qué bien se conserva

                                                    el odio en nuestro siglo. 

                                                    Con qué ligereza salva obstáculos,

                                                    y qué fácil le resulta saltar sobre su

                                                    presa...

                                                    No es como los otros sentimientos.

                                                    Más viejo y, a la vez, más joven.

                                                    Por sí mismo genera la causa

                                                    de su despertar a la vida.

                                                    Duerme a veces, pero jamás con un

                                                    sueño eterno.

                                                    Y el insomnio no le resta fuerzas, se las

                                                    da.

                                                    (...)

                                                    ¡Qué anemia y apatía 

                                                    la de los otros sentimientos!

                                                    ¿Desde cuándo la fraternidad 

                                                    arrastra multitudes?

                                                    ¿Ha llegado alguna vez la compasión

                                                     primera a la meta?

                                                    ¿A cuántos voluntarios seduce la duda?

                                                    El odio sí seduce, ¡y cómo!, es perro

                                                    viejo.

                                                    (...)

                                                    Siempre dispuesto a nuevas tareas.

                                                    Si es necesario esperar, espera.

                                                    Dicen que es ciego. ¿Ciego?

                                                    Tiene los ojos de lince del francotirador

                                                    y mira el futuro con denuedo.

                                                    Él, sólo él.


Más libros de la gran Wisława Szymborska reseñados en este incomparable blog: Dos puntosAquíHasta aquíCorreo literario

lunes, 8 de septiembre de 2025

Jesús Moncada: Camino de sirga

Idioma original: Catalán
Título original: Camí de sirga
Año de publicación: 1988
Traducción: Joaquín Jordá
Valoración: Casi imprescindible 

La lectura de las primeras página de Camino de sirga podría llevarnos a influencias tales como Bearn o la sala de muñecas y El Gatopardo. Ya sabéis, aquello de un mundo y una clase social en descomposición, etc. 

Pero a medida que avanzamos en la lectura vemos que la novela tiene un componente social o político (o socioeconómico) que aquellas no poseían y es así como las referencias más cercanas  pasan a ser García Márquez, mi adorado Ramiro Pinilla o Faulkner. Macondo, Getxo, Yoknapathawpha (y Mequinenza), lugares literarios reales o ficcionados alrededor de los cuales representar el mundo y su Historia.

En el caso que hoy nos ocupa, Camino de sirga es una crónica novelada (también podríamos, hasta cierto punto, etiquetarla como novela histórica) de la localidad de Mequinenza, sepultada bajo las aguas por la construcción de unos pantanos allá por 1971. 

Es precisamente el comienzo de la demolición de los edificios de la localidad el punto de partida de un desfile de fantasmas que, gracias a la arquitectura espectral y confusa de la memoria, nos llevará por todo el siglo XX (Primera Guerra Mundial, guerra civil, posguerra). 

Dos ríos, el Ebro y el Segre, y dos minerales, el carbón y el lignito, organizan la vida económica y social de la cuidad. Así, burgueses y trabajadores, navegantes y mineros, señorones, criadas, proletarios... completan un fresco completísimo del siglo XX en España (una vez más, aquello tan barojiano de hablar de tu aldea para hablar del mundo) pintado a través de decenas de historias y personajes en las que predominan la tragedia y el humor. Es este ultimo punto otra de las diferencias que encontramos entre Jesús Moncada de autores y obras ya citadas.

Pero si por algo destaca Camino de sirga es por ambición, estilo y ritmo: ambición por resumir en 350 páginas los últimos 100 años de una localidad a través de multitud de historias individuales, estilo por utilizar una prosa en la que combina, con igual acierto, la novela "de época" con la novela social y ritmo por mezclar todos estos ingredientes y hacer que la novela se disfrute y se lea en un suspiro.

Quizá, y solo quizá, habrá quien pueda acusar a Moncada de posicionarse ideológicamente, de tomar claro partido, etc. Bueno, puede que no sea su libro y punto, pero yo tengo bien claro que la de Moncada es literatura de altísima calidad, literatura contra la muerte y el olvido, literatura de la "periferia de la periferia" (sí, tetes, en la Franja de Poniente se habla y se escribe en catalán), pero sobre todo profundamente universal.

lunes, 12 de agosto de 2024

José Lezama Lima: Paradiso

Idioma original: Español

Año de publicación: 1966

Valoración: Fuera de concurso 

16 días han pasado entre el comienzo y el final de mi lectura de Paradiso. Podría contar cualquier milonga, sí, pero he de confesar que, junto a momentos de verdadero goce lector, ha habido ocasiones en las que he estado muy cerca de abandonar. Veremos después los motivos.

Dicho esto, resulta imposible condensar Paradiso en las aproximadamente 500 palabras de nuestras reseñas. Tocará, por tanto, ir al grano y centrarnos solo en algunos aspectos del libro. 

Clasificación:

¿Es Paradiso una novela o un poema en prosa? Pues aunque tenga largas partes que podrían ser leídas, a su manera, como novela histórica (la parte referente a la emigración) o como novela de formación (los años de adolescencia de Cemí), creo que es más correcto referirse a Paradiso como poema en prosa. En cualquier caso, se trata de un texto con una altísima carga autobiográfica (y homoerótica) que podríamos definir como híbrido entre Marcel Proust, James Joyce, un Alejo Carpentier pasado de vueltas y un Cortázar absorbido por el espíritu de Morelli.

Argumento:

En líneas generales, el texto recorre la vida de José Cemí, incluyendo fragmentos anteriores a su nacimiento (porque la vida de uno no comienza con su nacimiento). Pero es una generalización muy burda. Hay líneas secundarias, personajes que entran y salen, digresiones poetico-filosóficas que rompen la lectura convencional, etc.

Personajes:

Ya hemos dicho que Paradiso es más un poema en prosa que una novela y eso se observa en unos personajes que son más arquetipos que otra cosa. No hay un desarrollo o una evolución de los personajes propiamente dicha. Fronesis, Foción, el padre de Cemí, Oppiano Licario y demás familia, todos ellos son representación de determinados valores y pasan por la vida de un Cemí que es aprendiz, testigo, amigo, compañero, etc

Estilo:

La clave de Paradiso. Una fiesta del lenguaje (más surrealista que barroco, en mi opinión), un texto de un plasticidad desbordante, plagado de símiles y metáforas demasiado crípticas en ocasiones. Pero, además, intercalan el texto digresiones de carácter filosófico (morelianas?) que hacen que la cosa se ponga más cuesta arriba que el Stelvio para aquellos que la formación en la materia es más bien escasa. 

Conclusion:

Sería estúpido recomendar Paradiso a cualquier lector. De hecho, creo que es un libro inaprehensible en su conjunto. Pero sí que es un libro al que en algún momento hay que acercarse e intentarlo, más dejándose llevar por las sensaciones e imágenes que Lezama entrega que tratando de sumergirse en una trama más bien difusa.

La anécdota:

Cuenta la leyenda que Cortázar le dijo a Lezama que el texto tenía demasiadas comas (correctores, absteneos de leer a Lezama), a lo que este contestó que el era asmático y que buscaba que el texto respirara como un asmático. 

P.S. 1:

Si tuviera que elegir alguna parte del texto, me quedaría con el extraño y magnético capítulo XII, con la narración de la estancia de la familia Cemí en Florida y con un personaje tan llamativo como Alberto Olaya (tío de Cemí)

P.S. 2: 

Sirva como ejemplo un pasaje del texto, que además ofrece algunas de las claves del mismo:

Sabían que el conformismo en la expresión y en las ideas tomaban el mundo contemporáneo innumerables variantes y disfraces, pues exigía del intelectual la servidumbre, el mecanismo de un absoluto causal, para que abandona su suposición verdaderamente heroica de ser, como en las grandes épocas, creador de valores, de formas, el saludador de lo viviente creador y acusador de lo amortajado en bloques de hielo, que todavía osa fluir en el río de lo temporal.

viernes, 11 de agosto de 2023

Steven Pinker: En defensa de la Ilustración


Idioma original:
inglés
Título original: Enlightenment now
Traducción: Pablo Hermida Lazcano
Año de publicación: 2018 
Valoración: Entre muy recomendable e imprescindible

Steven Pinker es una figura sobradamente conocida, autor de numerosos superventas en el ámbito de las ciencias sociales (La tabla rasa, Los ángeles que llevamos dentro), ganador del Pulitzer, colaborador en el New York Times y profesor de psicología en la Universidad de Harvard.

Este libro en particular viene con altas expectativas: en la contraportada una cita de Bill Gates dice: “El mejor libro que he leído nunca”. Bueno, veamos.

Comencemos por el subtítulo, puesto que, en contra de lo que suele suceder en este tipo de libros de ensayo dirigidos a venderse por millones, no es en absoluto sensacionalista (ya saben, “la partícula de Dios”, “el origen de todo”, “los secretos del universo”...) y se ajusta al contenido: Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. El bueno de Pinker ya nos explica desde el principio la estructura de su obra: dividida en tres partes, la primera se titula simplemente “Ilustración”, la segunda “Progreso” y la última “Razón, ciencia y humanismo”.

Pinker utiliza la primera parte de su obra para darnos contexto sobre la Ilustración, explicarnos qué es, y porqué es tan importante: a su juicio, los principios de la Ilustración son los que han llevado a la humanidad al crecimiento vertiginoso de bienestar y progreso experimentado en el siglo XX por casi todos sus miembros, y son los que nos deben llevar a un futuro todavía más prometedor. Consta esta primera parte de tres capítulos en los que el autor establece su tesis: dedica la segunda parte, el verdadero ensayo en sí, a demostrarla.

Esta segunda parte es, sin duda, donde radica el meollo de la cuestión: Pinker se ha dedicado a recopilar muchísima información que nos muestra en forma de datos y gráficos, con la que nos apabulla y nos ilusiona. El mismo autor reconoce que, para la mayoría de nosotros, nos resulta especialmente confuso discernir entre millones, miles de millones o millones de millones, por lo que se esfuerza en mostrar un contenido claro y de fácil comprensión.

Divide la información en distintas categorías y profundiza en cada una de ellas en cada capítulo; por lo variado y exhaustivo del análisis, merece la pena mencionarlos aquí: Progresofobia, Vida, Salud, Sustento, Riqueza, Desigualdad, Medio Ambiente, Paz, Seguridad, Terrorismo, Democracia, Igualdad de derechos, Conocimiento, Calidad de vida, Felicidad, Amenazas existenciales y El futuro del progreso. En cada uno de estos episodios aquí listados hay un estudio comparativo entre épocas y países según el tema a tratar: todos ellos nos indican que, como conjunto, nunca hemos estado tan bien.

Su parte final está dedicada a defender las tres bases de la Ilustración que, en opinión de Pinker, deberán ser las bases del futuro: Razón, Ciencia y Humanismo, dedicando otro capítulo a cada una de ellas.

¿Cuál es el mensaje de este libro? El optimismo. Un principio que defiende a lo largo del ensayo es la lugubridad y pesimismo de muchísimos autollamados intelectuales que se dedican a profetizar una y otra vez el fin del mundo, así como añorar pretendidos pretéritos tiempos gloriosos: Pinker derrota una y otra vez la tesis de “aquellos buenos viejos tiempos”, mostrando datos que demuestran que no todo tiempo pasado fue mejor.

Como nota curiosa, en el proceso de escritura de este ensayo se produjeron las elecciones de EEUU de 2016, en las que salió elegido Donald Trump como nuevo presidente. Para curarse en salud y evitar que cundiera el pánico, Pinker nos decía en el libro que, a pesar de los presumibles retrocesos futuros llevados a cabo por el nuevo gobierno republicano en materia de libertades sociales y medioambientales, debemos mirar al futuro con un objetivo más amplio y no centrarnos en el momento presente para analizar la historia. A pesar de la visión de color de rosa que nos vende Pinker a lo largo de todo el libro, se deja trasver que le había visto las orejas al lobo: Optimismo sí, pero con matices.

Teniendo en cuenta que es un buen mamotreto, de esos que hace cansar la muñeca al cabo de un rato, surge la pregunta: ¿es una buena lectura? Mi opinión es que sí, no necesariamente lineal (a pesar de que yo lo he hecho así y no me arrepiento), funciona tan bien como obra de consulta (y, porque no decirlo, argumentario para debates).

Algo que me hubiera gustado es que Pinker hubiese insistido más en la necesidad de mantener (seguir manteniendo) hábitos responsables de consumo y de vida: la sensación, al ir leyendo, es que como humanidad vamos sobrados, que ya está todo hecho, y sabemos de sobra que lamentablemente no es así; vamos por buen camino, pero hay que seguir trabajando. El apuro que pasó Pinker con la elección de Trump nos demuestra que un cambio de rumbo de un gobierno poderoso puede dar al traste con muchos de los avances conseguidos.