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sábado, 31 de octubre de 2026

Biblio-Necrophiliac Quiz 2026: Sic transit gloria mundi

Como la pelagra o las purgaciones, vuelve un año más, en tan señalada fecha, el Biblio-Necrophiliac Quiz, el examen ameno juego que busca entretener y, de paso, ayudarnos a conocer cuán bibliófilos y, sobre todo, necrófilos somos (bueno, ejem, ya me entendéis: en el buen sentido del término... si es que lo hay). En esta ocasión nos acogemos a la aquiescencia, a la mirada siempre benévola, por no decir bonachona, del señor que tenemos aquí al lado, ornado con un libro tentacular (¿quizás el Necronomicón, quizás un recetario de gastronomía gallega?), el Padre del Horror Cósmico, el Ermitaño de Providence, el Escritor Cuyos Derechos Caducaron Hace La Tira y Por Eso Se Puede Vender Merchandising Sin Pagar Ni Un Euro... ¡H.P., bendícenos en esta aventura del saber que vamos a iniciar de inmediato e inspíranos para obtener un resultado digno del letraherido más friki! Sector fantasía y terror, en este caso, así que doblemente frikis...
Invocando, pues, a Cthulhu y atándonos bien los machos, vamos allá... Preparados... listos...¡Ya!

1- Comencemos, pues, por el mismísimo señor Ermitaño, contra el mundo, contra la vida, etc. En fin, contra el mundo o no, ¿qué es lo que pone (no necesariamente en inglés) en la lápida de su "no-tumba" (porque, en realidad, sus restos descansan en el cercano panteón familiar), que tantos de sus fans visitan enfervorizados?

a) La Muerte es sólo el comienzo. Volveré.
b) Yo soy Providence.
c) Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn.
d) ¿Qué está haciendo aquí ese negro? ¡Que lo echen ahora mismo!

2- Amiguete por correspondencia de Lovecraft era el no menos incel huraño Robert E. Howard, creador de Conan el Cimerio, de Red Sonya y de Solomon Kane, entre otros personajes. Howard, a quien Lovecraft apelaba "Two-guns Bob" (se entiende que porque llevaba dos pistolas... o quizá sólo una, como "Corky" Corcoran), se suicidó a los treinta años disparándose, precisamente,  con un Colt calibre 38 cuando su madre entró en coma irreversible en 1938. Ahora bien, ¿dónde efectuó Howard ese último acto autolesivo?

a) En la habitación del hospital donde agonizaba su madre.
b) En el porche de la casa familiar de Cross Plains (Texas), después de pimplarse una botella de Jack Daniels.
c) En el asiento delantero de su Chevrolet sedan del 31.
d) Ante la tumba que había reservado para su progenitora y que, unos días después, les acogería a ambos.

3- Otro escritor que tuvo cierta relación con Lovecraft, si bien indirecta, fue el británico William Hope Hogdson, cultivador del concepto de "horror cósmico" antes que el de Providence, en quien influyó (además, tuvo una célebre confrontación con el escapista Harry Houdini, de quien Lovecraft fue "negro literario"... bueno, en su caso negro, no; mejor ghost writer). Hogdson, después de una vida digamos que versátil, pues fue marinero en su juventud, culturista y dueño de un gimnasio, para acabar escribiendo relatos de horror, murió en 1918 de una forma no menos peculiar, aunque no tanto teniendo en cuenta la época de la que hablamos.

a) Falleció por culpa del primer brote de la gripe española que llegó a Europa.
b) Le hizo fosfatina un obús en la batalla de Ypres, en Bélgica.
c) Se ahogó en el Atlántico norte, por culpa de un torpedo alemán, mientras servía como suboficial en la Armada británica.
d) Le atropelló, mientras se encontraba de permiso en París, un taxi Renault de 8CV,  sin duda uno de los que habían llevado a las tropas francesas a la batalla del Marne, cuatro años antes.

4- Por acabar ya de hablar de escritores "lovecraftianos", el autor de novelas y relatos de horror y ciencia-ficción Robert Bloch falleció en Los Ángeles en 1994 y fue enterrado en el célebre cementerio Westwood Village Memorial Park, donde descansan también los restos de multitud de actores y actrices, cantantes y directores de cine. Pero, además, se encuentra allí otro escritor de los mismos géneros que Bloch, con lo que es de esperar que sus espíritus mantendrán alguna que otra charla cuando salgan a pasear de noche. Se trata de... 

b) Peter Straub

5- De entre todas las muertes de escritores de este género quizá la más misteriosa sea la de, nada menos, Edgar Allan Poe, fallecido el 7 de octubre de 1849 en hospital de la Universidad Washington, en Baltimore, tras haber sido recogido en la calle, frente a una taberna,  cuatro días antes, delirando y vestido con unas ropas que no eran las suyas y tal vez (este punto no está claro) en un grave estado de intoxicación. Él mismo no pudo aclarar la causa de encontrarse en este estado, por lo que han surgido multitud de teorías, entre ellas la siguiente: 


a) Trabó amistad con un marinero que había traído de Sudamérica una botella con ayahuasca y Poe se la bebió pensando que era absenta.
b) Murió a causa de la maldición que le había lanzado un hechicero melanesio, molesto por la visión que el escritor daba de su pueblo en Las aventuras de Arthur Gordon Pym.
c) Puesto que apareció un día de elecciones a sheriff, fue víctima del cooping, práctica electoral estadounidense que consistía en agarrar a un pobre diablo por la calle, emborracharlo o drogarlo y luego, vestido con diferentes atuendos, hacerle votar en distintos colegios electorales.
d) Caminaba tan tranquilo el infeliz Poe cuando vio un cuervo abalanzarse sobre él. Sobresaltado, retrocedió, con tan mala suerte que se tropezó con un gato negro que pasaba por detrás y en su trastabillar fue a caer a un pozo. Cuando consiguió salir de allí, magullado y aturdido, encaminó sus pasos, sin saber lo que hacía hacía el cercano Zoo de Baltimore, donde, no sé sabe cómo, acabó junto a la jaula de un orangután de Borneo, que sacó sus enormes y peludos razos a través de los barrotes y golpeó contra ellos la cabeza del escritor, que ya se quedó turulato del todo.

6- Remitiéndonos a otra autora clásica del género, hablemos de Ann Radcliffe, pionera de la literatura gótica (la original), en el siglo XVIII. Aparte de su obra, su influencia en multitud de autores posteriores (entre ellos, el propio Poe) y de su sepultura en la londinense iglesia de St, George, ¿por qué otro motivo se recuerda hoy en día a esta dama del terror?

a) Porque su fantasma se aparece cada 7 de febrero, aniversario de su muerte, se da una vuelta por Hannover Square, donde se encuentra la iglesia citada, y se vuelve otra vez para dentro.
b) Porque cada año se celebra una representación teatral basada en su novela Los misterios de Udolfo en el castillo italiano del mismo nombre, donde han actuado grandes nombres de la escena y la cinematografía británica.
c) Porque Jane Austen la plagió descaradamente en su novela La abadía de Northanger, lo que motivó una demanda judicial por parte de los herederos de Ann Radcliffe que se prolongó hasta el fallecimiento de Austen y más allá.
d) Porque es el personaje protagonista de la muy divertida novela del folletinista francés Paul Féval La ciudad vampira, cuyo título ya lo dice todo.

7- Hablando de vampiros y demandas sobre derechos de autor, sabido es que a la muerte de Bram Stoker, su viuda Florence se dedicó a perseguir con ahínco a todo aquel que utilizara la obra de su marido de forma ilícita (es decir, Drácula, pues no sé si alguien se aprovechó de La guarida del gusano blanco, por ejemplo), lo cual casi tuvo como resultado la pérdida para la posteridad de la película Nosferatu de F. W. Murnau. ¿Qué represalia sufrió este director, a posteriori, quizá por cuenta de algún fan del Drácula original (o de un locatis sin más, vete a saber...)?

a) Alguien robó su cráneo de su tumba en el cementerio de Stahnsdorf, cerca de Berlín, y aún no ha sido recuperado.
b) A los dos dias de ser enterrado, alguien abrió el féretro, le clavó una estaca en el corazón y le cortó los pies, como se solía hacer con los vampiros (aunque no la cabeza, puesto que, precisamente, Murnau murió decapitado en un accidente de coche).
c) Alguien le esperó a la salida del estreno de Nosferatu y le arrojó un frasco con ácido a la cara, de tal manera que, en vez de darle a Murnau, acertó en el rostro del actor Max Schreck, ya bastante feo de por sí.
d) Durante la "Noche de los Cristales Rotos" los nazis quemaron la fábrica de su familia, los Plumpe (tal era su verdadero apellido), en Bielefeld, pues tenían a Murnau por judío (no lo era) y homosexual (eso sí).



8- Otro escritor "gótico", el inglés Matthew Lewis, autor de la novela El monje, falleció en 1818, en pleno Océano Atlántico, cuando regresaba de visitar sus posesiones heredadas en la isla de Jamaica. Muy bien (o muy mal)... pero, ¿cuál fue la causa de su muerte?

a) La maldición que le echó la malhadada Annie Palmer, "La Bruja Blanca de Rose Hall", en Montego Bay, despechada porque Lewis no quiso hacerle su amante.
b) El asalto a su barco de los piratas fantasmas de la ciudad sumergida de Port Royal (igual esto os suena de alguna película), que solían asustar así a los navegantes,en plan de broma, pero que a Lewis le provocaron un ataque al corazón.
c) Un huracán de fuerza 4 ó 5 (según la escala de Saffir-Simpson) que desarboló el barco, con tan mala fortuna que la cofa del trinquete fue a caer sobre el infortunado Matthew Lewis, con fatales consecuencias.
d) Nada tan espectacular: la fiebre amarilla que contrajo en la isla.

9- Un cierto número de escritoras, también algunas cultivadoras o vinculadas al género de terror, se han quitado la vida, desgraciadamente... Sin embargo, ¿cuál de estas cuatro señoras literatas no se suicidó (o, en todo caso, a cámara lenta), pese a haber muerto a la demasiado temprana edad de 48 años? (Amigues millenials que sonreís: ya veréis cómo pronto llegáis a esa edad y también os parecerá temprana):

a) Shirley Jackson


10- El escritor (entre muchas otras cosas) Koizumi Yokumo, autor de la recopilación  de historias de fantasmas Kwaidan: Relatos y estudios de cosas extrañas está enterrado en el cementerio de Zōshigaya de Tokio, ciudad donde falleció tras una vida muy alejada de lo convencional. Ahora bien, ¿ cual era el verdadero nombre y origen de este autor?

a) Joseph Aloysius Monk, autor británico nacido en la India.
b) Guillaume (antes Guglielmo) Roma-Termini, francés de origen italiano.
c) Patrick Lafcadio Hearn, greco-irlandés afincado en EE.UU.
d) Antoine van der Brugge-La Galére, canadiense de Québec de origen belga.



PLENO AL ONCE:

11- Si habéis llegado hasta aquí y con algún convencimiento, además, de haber acertado las respuestas anteriores, tal vez os atreváis con una última pregunta que redondee vuestro resultado. Así pues, ahí va: "escritores fantasma" ha habido y hay muchos (quizás ahora, con la IA, haya bajado su número), pero también escritores que, tras su fallecimiento, se han convertido en fantasmas. ¿Quién de los siguientes se dice, se cuenta, se rumorea, que su espíritu se aparece de vez en cuando en el lugar de su muerte o su sepultura?

d) Todos ellos, además de Poe, Dickens, Virginia Woolf...









 RESPUESTAS CORRECTAS:

1- B; 2- C; 3- B; 4- D; 5- C; 6- D; 7- A; 8- D; 9- A; 10- C; 11- D; 

-Entre 0 y 3 aciertos: Bueno, mejor deja esto de la biblionecrofilia y sé feliz. Disfrázate de Donald Trump o de Milei y sal a pedir caramelos, que te irá mejor...
-Entre 4 y 7 aciertos: Bastante bien, aunque tú y yo sabemos que has acertado la mitad de chiripa, ¿a que sí? Para ponerte al día, este fin de semana te vas a leer los cuentos de El umbral de la noche de Stephen King y luego ya hablaremos.
-Entre 8 y 10 aciertos: Muy bien, eres un necrofílico/a excelente (perdón, biblionecrofílico... en que estaría yo pensando). Supongo que tendrás la casa decorada con fotos de tumbas pintorescas, carteles de películas de slasher, funkos de Drácula, Freddy Kruger, Díaz Ayuso... y demás chorradas parafernalia de terror. Pues sí que le vas a dejar buena herencia a tus hijos, la verdad....
-11 aciertos: La misma recomendación que en todos los Biblio-Necrophiliac Quiz: vete al psiquiatra, por favor. Cuanto antes...


domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Leonard Cline: La estancia oscura

Idioma original:
Inglés
Título original: The Dark Chamber 
Traducción: Santiago García
Año de publicación: 1927
Valoración: Recomendable

La estancia oscura es una novela de terror excelente, ideal para amantes del género, de la literatura psicológica y del decadentismo. Tiene una factura impecable, un tono lúgubre, una ambientación espeluznante, personajes repletos de aristas oscuras y un manejo temático tan ambicioso como nítido.

H. P. Lovecraft dijo de ella en su celebrado ensayo El horror sobrenatural en la literatura: «De gran altura artística es la novela La estancia oscura (1927), del difunto Leonard Cline. Se trata de la historia de un hombre que –con la ambición característica del héroe malvado gótico o byroniano– trata de desafiar a la naturaleza y recuperar cada uno de los momentos de su vida pasada mediante el estímulo anormal de la memoria. Para ello utiliza interminables notas, escritos, objetos evocadores y retratos, y después olores, música y drogas exóticas. Por último, su ambición va más allá de su vida y llega hasta los negros abismos de la memoria hereditaria..., alcanzando incluso los tiempos prehumanos de las ciénagas del periodo carbonífero, y las inimaginables profundidades de los tiempos y seres primordiales... hasta que su gran perro empieza a sentir miedo de él...»

En La estancia oscura, Oscar Fitzalan, un joven músico de origen humilde, es contratado por Richard Pride para llevar a cabo unos misteriosos experimentos en torno a la memoria. Fitzalan se aloja en la mansión de Pride, Mordance Hall, un lugar decadente y oscuro rodeado de montañas y bosques. Allí conoce a Miriam y Janet Pride, esposa e hija de su anfitrión respectivamente, y a Wilfred Hough, el secretario de éste. Pronto descubrirá las dinámicas tóxicas que hay entre todos ellos, y se verá inmerso en su degradación psicológica, moral y física.

Un escritor menor que dispusiera de la misma premisa que Cline hubiera fabricado una novela más convencional: una que no mantuviese con acierto el equilibrio entre lo realista y lo fantástico, dejando a opinión del lector determinar de qué pie cojea; una en la que el argumento, en vez de refinar lo folletinesco, cayera de lleno en sus peores tropos; una que se centrara en los intereantes experimentos de Richard Pride (que a todas luces influyeron a Lovecraft y Clark Ashton Smith), pero que descuidara en el proceso tantas otras vetas argumentales igual de sugerentes.

En fin, quienes se animen a leer La estancia oscura recuerden que no se trata de una obra de terror al uso y que éste se manifiesta de forma extremadamente sutil. 


También de Leonard Cline en ULAD: El dios de piedra

miércoles, 22 de octubre de 2025

VV.AA.: Bolsilibros Yeray 06

Idioma original: Español
Año de publicación: 2023
Valoración: Se deja leer (y a mucha honra)

La sexta entrega de la colección de bolsilibros de Yeray Ediciones está centrada, al igual que la segunda, en el género de terror. Su nivel medio me ha parecido inferior al de su predecesora; aun así, las dos novelas cortas y el relato que agrupa dan lo que prometen (es decir, literatura popular tan simple y modesta como disfrutable).

Grimorio, de Carlos Díaz Maroto, sigue los pasos de Cristina Echevarría, la dueña de una librería de viejo que se topa con un volumen que alberga conocimientos prohibidos. En general, su argumento fluye e incluso toma derroteros que, sin ser excesivamente creativos, resultan interesantes. Por otra parte, la evolución de su protagonista, aunque hubiera podido plasmarse de manera más orgánica, resulta creíble. Y dos de sus escenas son bastante divertidas (desde el punto de vista de un lector amante de la casquería, claro).

El ladrón de novelas, de Cameron Crane, describe la lucha entre un escritor y un compañero de profesión que se dedica a plagiar a otros mediante un artefacto hebreo nutrido con alquimia. Esta historia debe ser abordada como la alocada aventura "pulp" sin grandes pretensiones que es. De otro modo, pueden chirriarnos algunas de sus decisiones (el estilo un tanto pedante, teniendo en cuenta lo que está narrando, o determinadas justificaciones argumentales, que a mí me rompieron la inmersión por rocambolescas o innecesarias).

"El secreto de Angus Wheeler", de Miguel Ángel Naharro, trata sobre cómo el nuevo vigilante de un cementerio descubre la existencia de los gules. Fuertemente inspirado por H. P. Lovecraft, no aporta nada a la mitología concebida por este escritor, pero tiene algún pasaje grotesco que hará las delicias a los incondicionales del Soñador de Providence.

Por todo lo dicho, la sexta entrega de la colección Bolsilibros Yeray mantiene el loable afán de resucitar el formato bolsilibro y reivindicar la literatura popular. Lamentablemente no alcanza, al menos a mi juicio, el nivel de la segunda, la cual, pese a las limitaciones y humildad intrínsecas de esta clase de apuestas editoriales, contenía textos que exhibían mayor solvencia y arriesgaban un pelín más. 

jueves, 6 de febrero de 2025

Reseña + Entrevista: The Machine Stories, de Jared Roberts

Idioma original: Inglés
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Jared Roberts es uno de mis escritores de creepypastas favoritos. Su prosa no es la más cuidada, ni sus personajes los más complejos. Pero su obra, publicada originalmente en su mayoría en el foro nosleep de Reddit, es creativa y personal (pues mezcla elementos weird con terror y ciencia ficción), además de desconcertante y desasosegante de un modo único e inimitable. Ah, y tiene algunos planteamientos, ideas y giros extremadamente alocados. 

Así que, cuando supe que Roberts había publicado The Machine Stories, la compré sin pensarlo un segundo. Quería apoyar a tan talentoso autor, e incluso estaba dispuesto a hacerlo a pesar de que su antología la imprimiera y distribuyera Amazon, adoleciera de una cubierta horrenda hecha con IA y compilara algunos relatos que yo ya conocía, pues los había escuchado locutados en YouTube.

¡Y cuánto me alegro de haber adquirido The Machine Stories! Al fin y al cabo, es un festín para los incondicionales de Roberts; también es una toma de contacto inmejorable para todo aquel que quiera adentrarse en su universo surreal y enigmático, o una buena adquisición para los amantes de la literatura extraña que no le teman a la complejidad y la ambigüedad. 

Los doce textos compilados en The Machine Stories tienen una calidad bastante homogénea. El único que no me ha gustado, pues me ha parecido muy pobre en su simpleza y linealidad, ha sido "More Channels". "Push the Blue Botton", por su parte, tiene un planteamiento interesante, pero no lo desarrolla de forma convincente y recuerda vagamente a una parte de La ciudad de Mario Levrero mucho más lograda. "The Arkansas Sleep Experiments", la interpretación de Roberts de uno de los subgéneros fundacionales de los creepypastas, resulta efectivo, pero se queda corto en impronta autoral e intensidad argumental cuando lo comparamos con otras obras del escritor.

De los demás textos, insisto en que todos ellos muy dignos, destacaría si acaso, por su absoluta genialidad, la novela corta "The Hidden Webpage", por su protagonista, "The Trees Are Not What They Seem" y, por su atractivo formato (se concibió para ser narrado en un podcast) y sus giros, "Sunburn".

Los textos de The Machine Stories parten de la misma premisa: personas corrientes con vidas anodinas se ven súbitamente envueltas en una serie de eventos bizarros. En ellos hay también una serie de elementos recurrentes: memorias de las que no te puedes fiar o directamente alteradas, angustia existencial y universos paralelos. Además, todos desdibujan la realidad con tanto éxito (o quizá es que la percepción de los protagonistas es errónea) que, al terminarlos, resulta imposible saber qué ha sucedido realmente. 

Teniendo este contenido y estética unificadores en cuenta, uno podría pensar que, leídos de corrido, los textos de The Machine Stories se antojarían reiterativos. Sin embargo, la inagotable inventiva de su autor convierte a cada uno de ellos en una experiencia distinta.

Dejad que os hable un poco de mis favoritos: 

"The Hidden Webpage" inaugura el volumen. Es, sin duda, un clásico de los creepypastas. Uno extremadamente original, capaz de apilar detalles extraños (aparentemente interconectados pero cuya lógica interna somos incapaces de establecer) con suma facilidad, erigir una atmósfera muy lograda e incrementar la tensión paulatinamente. Uno que se apropia de una imagen tan ridícula como lo son dos hombres disfrazados de abeja y hace que ésta te provoque un escalofrío. 

"The Trees Are Not What They Seem" es creativo, intenso y atmosférico. Ciertamente, resulta menos original que "The Hidden Webpage", y su manera de amontonar detalles extraños sin dar tregua al lector o a los personajes no fluye tan orgánicamente como en esa genialidad inspirada. Aun así, me parece un relato muy recomendable, y tiene la particularidad de que su protagonista es más proactivo y tiene una personalidad más marcada de lo habitual en la obra de Roberts.

"Sunburn" cierra la antología. Y lo hace por todo lo alto, con una historia redactada a modo de guion que sabe llevar su premisa hasta límites insospechados. Roberts en estado puro, señores.

Ahora permitid que liste algunos pasajes del libro:

«If you've been on the internet long enough you learn that. There's evil out there. Not the child porn or torture videos. Something deeper. Something hidden in all the code and connections.» ("The Hidden Webpage", página 10)

«When something dies, (...) there’s just this emptiness there. I think sometimes that emptiness can get filled with something else. Maybe that might look to us like a ghost. It’s nothing we should have anything to do with.» ("An Old-Fashioned Ghost Story?", página 128)

«(...) natural selection has nothing to do with with truth and everything to do with survival. It’s as reasonable to think we survive by being constantly deceived as to belive we survive by knowing reality as it is. Maybe we were naturally selected to detect the world all wrong.» ("We Built a Machine that Told Us Everything We Wanted", página 137)

Poco más que añadir. The Machine Stories no gustará a todo el mundo. Al fin y al cabo, los textos que compila son, al igual que la mayoría de Roberts, sumamente desconcertantes (incluso diría que herméticos), y suelen cerrarse con finales abiertos que pueden frustrar a cierto tipo de lectores. 

Aun así, esta antología autopublicada hará las delicias a los amantes de la literatura de lo extraño. Porque Roberts es uno de sus mejores cultivadores, y no sabéis lo afortunados que somos de que mucha de su obra se pueda leer o escuchar en internet de manera totalmente gratuita. Ojalá saque otro libro pronto para poder seguir apoyando su carrera; evidentemente, lo compraré sin pensarlo dos veces, aunque me gustaría que en esta ocasión el autor cuidara la edición (¡si hace falta hago yo la ilustración de cubierta!), no se decantara tanto por los elementos de ciencia ficción e incluyera más textos inéditos.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Roberts ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: ¡Hola, Jared! ¿Cómo estás? Soy un gran admirador de tu obra y me hace mucha ilusión poder entrevistarte. En primer lugar querría preguntarte cómo te definirías en tanto que autor. ¿A qué género te adscribes y a qué público quieres llegar?

J.R.: Definir mi obra me provoca ansiedad, pues al hacerlo corro el riesgo de gafarla. Como cuando notas que las cosas están yendo bien y luego dejan de hacerlo. O cuando descubres que eres un escritor de terror e inmediatamente no puedes escribir nada que dé miedo. Así que intento no darle muchas vueltas. 

Escribo situaciones que nacen de sentimientos, fantasías y percepeciones de experiencias propias. Quiero captar sentimientos para que podamos hablar sobre ellos. Creo que a todos nos interesa la vida interior, especialmente la oscura. Supongo que el éxito de A24 prueba que mi público no es tan de nicho como en un inicio llegué a pensar. La gente busca complejidad, honestidad y sombras.

ULAD: ¿Qué obras te inspiran? 

J.R.: Miro muchas películas. Sobre todo de terror. Y dramas lentos y sombríos, como Paterson y Manchester by the Sea. También me gusta la TV. Twin Peaks. Y esa serie de los 90 llamada Millennium.

En cuanto a literatura. Thomas Bernhard supuso una revelación la primera vez que lo leí. También me gusta mucho John Updike. Y esa novela extraña titulada A Voyage to Arcturus es una gran influencia.

El misticismo católico también me inspira. Estuve a punto de convertirme en un monje benedictino. Cuando tenía 18, leí a Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux, Juan de la Cruz, Pseudo-Dionysus, Augustine, Evagrius Ponticus, Ángela de Foligno, etc... Ahora soy ateo, pero católico al mismo tiempo.

ULAD: ¿Cuál es tu trayectoria como escritor?

J.R.: No tengo mucho bagaje como escritor. Estudié filosofía. Dirijo una PMO (Oficina de Gestión de Proyectos). Escribo porque lo necesito, porque es una pasión, un propósito.

ULAD: ¿Qué ha supuesto autopublicar The Machine Stories, tu primer libro? ¿Tienes algún otro proyecto en mente, literario o de otra índole?

J.R.: No me ha gustado publicar The Machine Stories. Supuso una capitulación, porque nunca quise autopublicar. Sin embargo, suspendieron mi cuenta de Reddit por un tiempo (ya la he recuperado) y pensé que debía preservar de alguna manera las historias que subí ahí por si acaso. 

Estoy trabjando en múltiples proyectos. Es uno de mis defectos. Estoy enfangado con tres guiones. Uno de ellos, sobre "The Hidden Webpage". Un talent manager de Hollywood me lo pidió hace ocho años, pero la cagué. Por entonces no estaba preparado. También estoy escribiendo una novela, que ya tengo a medias. Y otra antología. ¡Eres el primero en saberlo, sin contar a mi mujer! Asimismo, querría montar un podcast con las últimas historias que he escrito. Y tengo listo un ensayo monstruoso basado la historia y cultura de una de mis pasiones, los estudios de internet.

ULAD: He visto que, entre tus referentes, citas a Robert Aickman, John Carpenter y David Lynch. ¿Puede que, en tu literatura, también haya algo de Philip K. Dick, y de escritores de terror contemporáneo (ya sea de otros cultivadores de nosleep y creepypastas o de autores como Thomas Ligotti o Michael Wehunt)?

J.R.: Realmente sólo he leído una novela de Philip K. Dick, Valis. Fue hace años, y me gustó mucho. En esa novela, Dick retrata eventos e ideas cósmicos al hacer que afecten la vida de un tipo corriente. Eso me impresionó sobremanera, aunque no lo consideraría una influencia. Pero corrígeme si me equivoco, ¡no dejes que me autoengañe! 

Sobre los otros autores. No he leído a Thomas Ligotti, y no conocía a Michael Wehunt. ¿Te suena el concepto alemán del zeitgeist? Quizá nuestras similitudes se deban a ello. Distintas personas llegarán a los mismos sentimientos e ideas, y acabarán reflejándolos en obras similares, pues la época y el contexto geográfico lo propician.

ULAD: Tus ficciones dejan entrever una visión del mundo y del hombre muy específicas. Hablan de universos incognoscibles y hostiles, llenos de eventos y conexiones que tus protagonistas apenas pueden asimilar o comprender, en los que gobiernan fuerzas aterradoramente poderosas. ¿Esta aproximación existencial es meramente literaria o, al igual que la de H. P. Lovecraft se nutría del materialismo y miedo a lo desconocido del autor, la tuya tiene raíces en creencias personales?

J.R.: Bueno, en la mayoría de mis historias abordo la memoria. A grandes rasgos, la memoria construye nuestro mundo. Si recuerdas a tus padres como abusivos, incluso si no lo eran, esto tendrá consecuencias en tu vida. Yo mismo he tenido memorias de cosas raras que otra gente niega que hayan sucedido. No sé. Todo esto se coló en mis historias. Algunas están más interesadas en plasmar la extrañeza y la liminalidad. Nada de lo que he escrito es puramente litetario.

ULAD: Ya que he mencionado a Lovecraft, me gustaría saber si te sientes influenciado por él de algún modo. Superficialmente, creo que vuestra obra no tiene nada que ver la una con la otra. Sin embargo, al menos en mi opinión, compartís temas y recursos narrativos. Uno de dichos temas sería la representación de un universo hostil hacia el ser humano repleto de fuerzas que escapan a nuestra comprensión. Y un recurso narrativo, el usar protagonistas con poca personalidad y proactividad para acentuar su universalidad e indefensión.

J.R.: Hmm, bueno, ciertamente disfruto sus historias. Me gusta bastante, por ejemplo, Dreams in the Witch House, donde los ángulos de la habitación no tienen sentido matemáticamente. ¿Qué es más inherente al orden del universo que las matemáticas? El protagonista atraviesa un mal ángulo o algo así, y luego se concatenan una serie de imágenes delirantes que te obligan a forcejear para darles sentido. Así que supongo que Lovecraft me influye en cierto modo. 

Me gusta cómo rompe las reglas. No le importa la narrativa convencional. Exploraba, ante todo, sus sentimientos. Antes de él, la gente ya sentía el horror cósmico. Más inmigrantes de lo habitual llegaban a ciudades históricamente insulares. Einstein nos descubría cosas nuevas sobre el universo. El universo devino enorme y complicado y abrumador. Las historias de Lovecraft transmutan los sentimientos de su mundo provinciano y de sus intereses siendo opacados por la inmensidad del universo. 

A pesar de que mucha gente a día de hoy la disfruta superficialmente, su obra nos permitió crear un vocabulario para un sentimiento concreto, el del horror cósmico. Y estoy seguro de que muchos de sus lectores identificarán sus propios sentimientos gracias a su obra. Esto es lo que pretendo lograr yo. Querría enriquecer el entendimiento de nuestra vida interior al imbuirlo en mis historias.

Y es cierto que mis protagonistas son poco proactivos (exceptuando el de "The Trees Are Not What They Seem", que tiene mucha personalidad). Quizá esto es algo en lo que emulo a Lovecraft. 

ULAD: He notado que muchas de tus historias están contextualizadas por una mitología propia y comparten elementos, aunque de una manera tan críptica que al lector le cuesta hacerse una visión panorámica nítida. ¿Tienes muy trabajado ese universo englobador, o te limitas a interconectar superficialmente tus ficciones?

J.R.: En la mayoría de casos, establezco esas conexiones según me parece. A veces tengo una noción más clara de cómo conectan las cosas, como en "The Trees Are Not What They Seem". Pero, al contrario que J. R. R. Tolkien, no dibujo mapas ni establezco genealogías antes de empezar a escribir. ¡Eso me volvería loco!

ULAD: Se puede extraer una lectura simbólica a tus textos. A "The Hidden Webpage", por ejemplo, el cómo internet puede absorver nuestra vida por completo; a "Remember that David Lynch movie, Dune? About that", "How to Lose Friends and Terrify People" o "Three Visits to a Hidden Tribe", el cómo familiares o amigos devienen irreconocibles. ¿Sueles tener en cuenta un núcleo temático alrededor del cual desarrollar tus historias?

J.R.: Yo forcejeo más bien con impresiones y sentimientos, que supongo que son similares a un tema. Pero señalar ese tema, o mejor dicho, buscar la palabra que lo defina, es trabajo de los críticos literarios. A ellos se les da bien. 

Mis temas provienen de la sección de mi paisaje interior que en ese momento quiera explorar. Me gusta pensar que otras personas tienen pensamientos y sentimientos similares a los míos, porque si no, todo es en vano. Todos tenemos pensamos y sentimos cosas que no sabemos cómo definir o expresar. 

O sea, ¿sabes lo que es el ASMR? Yo sentí eso toda mi vida, pero hasta que se popularizó en YouTube no fui capaz de ponerle un nombre. Durante dos décadas estuve intentando transmitir a otros ese cosquilleo placentero sin éxito alguno.

ULAD: Me ha parecido que tu antología The Machine Stories, aunque adscrita como la mayoría de tu obra dentro del género de terror, se decanta bastante hacia la ciencia ficción. En ella no hay solamente otras dimensiones y entidades cósmicas, sino que también tecnología futuristas y experimentos imposibles. ¿Fue el toque de ciencia ficción un criterio a la hora de seleccionar varios de los relatos que la compondrían? ¿Cómo decidiste qué historias la conformarían y en qué orden las situarías?

J.R.: No me gusta recurrir a lo sobrenatural en mis historias, quizá porque no creo en ello. Pero sí que creo que el mundo natural es inmensamente más complejo de lo que suponemos, y que el poder de la tecnología será cada vez más aterrador. Así que la tecnología misteriosa sustituye a demonios y fantasmas para mí. The Machine Stories agrupa historias con máquinas que distorsionan la realidad, nunca para bien. A veces de forma maliciosa, y otras no tanto, aunque siempre como las entidades amorales del Gran Colisionador de Hadrones de Lovecraft.

ULAD: Hay personas a las que tu literatura no les atrae. La consideran demasiado hermética. Tampoco les gusta que les obligue a estar atentos a múltiples pistas y detalles, ni que tenga finales abiertos y ambiguos. ¿Por qué decidiste abanderar este tipo de ficción? ¿Cómo la reivindicarías ante gente reticente?

J.R.: ¡Hermética! Me encanta esta palabra. 

A ver, ninguna obra de arte gustará a todo el mundo. Scorsese odia el cine de Marvel. A mí me encanta Deadpool y en cambio jamás miraré The Irishman. Mi película favorita del año pasado fue Hundreds of Beavers, pero poca gente se tragará  una comedia de dos horas grabada como una película muda.

Por mucho que disfruto las historias bien atadas y con un desenlace definido, no me siento cómodo escribiéndolas, porque al hacerlo siento como si estuviera jugando con figuras de acción. Movamos este juguete de plástico aquí y este otro allá y hagamos que peleen y fin. Cuando yo escribo historias misteriosas y ambiguas, me siento confiado en lo que hago. Estoy hablando de la realidad en toda su escurridiza gloria. No de plástico. Aunque entiendo que, a veces, demasiada vaguedad puede ser frustrante y pretenciosa. Yo mismo fui incapaz de terminar Skinamarink.


También de Jared Roberts en ULAD: Aquí

sábado, 1 de febrero de 2025

William Hope Hodgson: La casa en el confín de la Tierra

Idioma original: Inglés
Título original: The House on the Borderland
Traducción (al catalán): Jordi Llavoré
Año de publicación: 1908
Valoración: Decepcionante

Hace años, cuando devoraba todo lo relacionado con H. P. Lovecraft en particular y el género de terror en general, me topé con una antología de cuentos sobrenaturales con ambientación naval titulada Un horror tropical y otros relatos, de un tal William Hope Hodgson. Como me gustó mucho, empecé a investigar a su autor (quien, según descubrí enseguida, tuvo una gran influencia en Lovecraft). Una de sus obras más reivindicadas es la novela La casa en el confín de la Tierra. 

Ahora que por fin la he leído, debo decir que entiendo la importancia que ha tenido a la hora de configurar el horror cósmico. Sin embargo, como ficción al uso me parece deficiente, lenta y aburrida. Al fin y al cabo, a sus partes les falta unidad. Asimismo, el conjunto carece de ritmo y fluidez, y abunda en pasajes tediosos. Para colmo, las largas descripciones que contiene no logran erigir una atmósfera convincente (cosa que sí consiguen autores como Algernon Blackwood), e incluso atentan contra la vocación incognoscible de los acontecimientos.

En definitiva, uno termina La casa en el confín de la Tierra pensando que ya ha visto los elementos que la componen en otras ocasiones pero mucho mejor resueltos. Los viajes del espíritu del narrador por el espacio-tiempo que hay en estas páginas son menos interesantes que los de, por ejemplo, el Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter, de Lovecraft. Y el asedio de las criaturas de otro mundo palidece, dada su escasa intensidad, al de La piel fría, de Albert Sánchez Piñol. Menuda decepción.

martes, 24 de septiembre de 2024

Claire Dederer: Monstruos

Idioma original: inglés 

Título original: Monsters. A Fan's Dilemma

Año de publicación: 2023

Traducción: Ana Camallonga

Valoración: entre recomendable y está bien

Como resulta obvio, este ensayo que nos ocupa hoy no va de Godzilla ni de la Cosa del Pantano, sino de artistas -entiéndase en su sentido más amplio; también escritores- que se comportan o han comportado alguna vez de forma reprobable; de hecho, la cubierta ya nos indica por donde van los tiros, porque el caballero que está haciendo el canelo con una máscara de toro (es decir, convertido en un monstruo clásico, el Minotauro) es uno de los más conspicuos, nada menos que el ínclito Pablo Ruiz Picasso. El subtítulo del libro ya nos lo deja claro, por otra parte: ¿Se puede separar al artista de su obra?, el no tan viejo como pueda creerse, pero siempre espinoso dilema que la escritora estadounidense Claire Dederer trata de dilucidar aquí. Veamos si lo ha conseguido... Ahora bien, como hay mucha tela que cortar, me voy a permitir utilizar el Método Patentado Oriol para reseñar libros. Primero, los aciertos de este ensayo, a mi entender:

  • La autora sigue el sistema de ir analizando uno por uno los diferentes elementos o actores del asunto, con el objetivo (o eso parece) de ir conduciéndonos poco a poco a una conclusión: el fan, la crítica, el genio, el "antimonstruo" -éste es Nabokov, a quien dedica uno de los mejores capítulos del libro- las "madres abandonadoras", etc.
  • Aborda el tema no desde una posición supuestamente ecuánime, elevada o académica, sino desde el reconocimiento de su propia subjetividad, que Dederer considera imprescindible para ejercer la crítica. De hecho, su interés por el tema viene de su devoción por el cine de Roman Polanski y Woody Allen, pese a los, como poco, censurables comportamientos de ambos con chicas menores de edad.
  • El análisis que hace de los diferentes aspectos de la cuestión a menudo está lleno de sutileza, a lo que contribuye, sin duda y en buena medida, no poco sentido del humor  y la empatía que le otorga ese punto de vista subjetiva que ya he mencionado.

Ahora bien, en cuanto a los puntos desfavorables del libro (que, en cierto modo, son los mismos que los favorables), también se pueden mencionar:

  • Justamente, esa subjetividad de la que hablo. Mejor dicho, el personalismo, la necesidad constante que muestra Dederer de ilustrar todas sus observaciones con anécdotas personales, por triviales que sean. Esto tiene su sentido e interés cuando, por ejemplo, nos habla de su experiencia como crítica de cine, pues resulta pertinente, pero, ¿qué más nos da lo que le dijera la camarera del local de crepes o una amiga mientras tomaban una copa de vino en el jardín de su casa? Porque tampoco es que estuviese charlando con Noam Chomsky, precisamente... Comprendo que la autora ha escrito antes libros memorialísticos (sic) y, además, existe esa costumbre norteamericana de tener que ejemplificar cualquier aserto con anécdotas propias, pero llega un momento que ya resulta excesivo e incluso ridículo.
  • Esa subjetividad -que tiene su cara positiva, repito- se plasma también en el claro sesgo ideológico y cultural  presente en el libro. Lo cual, en principio, tampoco tiene nada de malo, menos aún porque Dederer no lo oculta, pero ocurre lo mismo que con las referencias personales, que resultan un tanto excesivas. En este caso, Dederer deja bien claro su impronta liberal (ojo, liberal en el sentido norteamericano, es decir "progre", no "liberal de extremo centro" como se entiende aquí); lo mismo ocurre con el feminismo, algo que le alejan del asunto central del libro, esto es, si debemos separar o no la vida y la obra de determinados creadores debido a su comportamiento indigno y hasta criminal. Es lo que ocurre con el capítulo dedicado a la artista Ana Mendieta y su presunto asesino, su marido y también artista Carl Andre (en el caso de Ana Mendieta, también denota Dederer la sonrojante obsesión estadounidense por la clasificación racial, pues la califica como "artista de color" porque, claro,  era de origen cubano...). También, y aunque quizás no le corresponda por la edad, Dederer se deja llevar por la ola woke y le dedica un capítulo a la figura de J.K. Rowling; bien es cierto que además de aportar una interesante explicación de la animadversión de los fans hacia ella, no se ensaña demasiado con la autora de Harry Potter, tal vez porque piense que sus "pecados" no son comparables con los de los violadores de niñas o los maltratadores de mujeres, como Picasso (*).
  • Sin embargo, lo menos entendible del ensayo, en mi opinión, es que todo ese sistema de análisis que he mencionado y que nos las prometía muy felices acaba, a partir de cierto momento diluyéndose en ese aluvión de personalismo y derivaciones varias, quedando, en última instancia, la respuesta al Fan's Dilemma que menciona el título en inglés, cuando menos bastante difusa. Lo que viene a decir es que debemos asumir e incluso reivindicar nuestro amor por las obras creadas por personas que despreciamos, sin olvidar el motivo por el que son despreciables, pero asumiendo nuestra propia contradicción ("...el amor no depende del criterio, sino de la decisión de dejar el criterio de lado"). Lo cual podría parecer una respuesta muy madura y reflexiva al problema, si no cupiera cierta sospecha de que Dederer ha llegado a ella simplemente por ser incapaz  -o no tener ganas- de llegar a otra... Es decir, ¿se puede separar al autor de su obra? Pues ni sí ni no, sino todo lo contrario...

En todo caso, estemos o no de acuerdo con sus conclusiones, el asunto aquí es valorar este libro. Pues bien, siguiendo las premisas de Alessandro Manzoni, nada menos, para hacer una crítica y de las que propia Dederer extrajo el método que utilizaba cuando era crítica de cine, debemos preguntarnos cual era la intención de la autora, si esa intención es razonable y, sobre todo, si la autora ha logrado lo que pretendía. La respuesta a la primera cuestión parece clara, establecer un criterio para saber si podemos o no disfrutar de las obras artísticas realizadas por personas de comportamientos dudosos, deplorables o incluso claramente condenables. En segundo lugar, la intención, sin duda, parece razonable... Ahora bien, en cuanto a la tercera cuestión, ya digo que no creo que llegue a ofrecernos una conclusión nítida y categórica, sino que más bien, y siguiendo el tono subjetivo de todo el ensayo, lo deja al criterio personal de cada cual. Lo que no me parece tampoco mal, salvo que no sé si esa era la intención de su autora, desde un principio, o el resultado final de un proceso algo (bastante) divagante. Si en verdad era lo que pretendía, ella sabrá...

(*) Sé que me meto en un jardín bien frondoso, pero quiero aprovechar para expresar mi perplejidad sobre el hecho de que, al mismo tiempo (y en ocasiones por parte de las mismas personas) que se ha creado un consenso casi general en descalificar a J.K. Rowling a cuenta de sus opiniones sobre cierto tema (que no entraré a valorar aquí) asistamos a un reconocimiento también casi general de la figura de otro escritor cuyas ideas extraliterarias resultan no menos cuestionables (cierto es que quizás cada vez menos, por desgracia), como es H.P. Lovecraft, convertido ya casi en un icono pop... Yo me pregunto: ¿Se debe esta diferencia a que una está viva y el otro muerto? ¿A que una se haya hecho multimillonaria y el otro fuera pobre como las ratas? ¿O, siendo más suspicaz, a que una mantiene un control férreo sobre sus derechos de autor y la explotación de sus personajes, mientras los del otro son de dominio público, sus obras pueden ser reeditadas por cualquiera, monetarizada la fan-fiction y vendido el merchandising de sus criaturas? Que Cthulhu guarde a quien encuentre la respuesta...

domingo, 19 de mayo de 2024

Re-reseña: El regreso, de Walter de la Mare

Idioma original: Inglés
Título original: The Return
Traducción: Jorge Salvetti
Año de publicación: 1910
Valoración: Recomendable

Arthur Lawford, un «ser más bien aburrido y sin gracia» (página 10), «alguien medio muerto, apenas consciente, sin un solo pensamiento o deseo realmente vivo en su cabeza o en su corazón» (página 175), de «vida monótona y angustiosa» (página 13), se duerme sobre una lápida. Al despertar tiene un rostro ajeno, «delgado y aventurero» (página 28).

Así empieza El regreso, exquisita novela de horror psicológico del escritor británico Walter de la Mare. La obra narra cómo un hombre propicio a la enfermedad experimenta una metamorfosis. Su cara es sustituida por la de un desconocido; asimismo, su cuerpo, voz y letra se parecen a los de una persona distinta. Incluso sus pensamientos y forma de actuar cambian, sutilmente al principio y acentuadamente después. 

Dicho cambio afecta a Lawford de distintas maneras; según transcurre la historia, le produce un pavor indescriptible, aflicción existencial, vergüenza resignada o cierto encanto seductor. También otros personajes se ven salpicados, en mayor o menor medida, por el extraño fenómeno: Sheila, la esposa del protagonista; Alice, su hija; Bethany, su amigo el párroco; Herbert y Grisel, unos hermanos excéntricos que viven junto al río, etc...

La premisa de El regreso es, pues, harto interesante. Además, hay que remarcar que Walter de la Mare dota a su fórmula terrorífica de un trasfondo extremadamente sugerente. Y es que el autor emplea una posible posesión como excusa para reflexionar sobre cómo nuestra identidad, aparentemente estable, puede variar súbitamente, y cómo aquéllos que nos rodean pueden reaccionar ante ello. Otro tema explorado subrepticiamente en la novela sería la imposibilidad de comunicarse eficazmente con los demás. 

Asimismo,Walter de la Mare cavila en torno a las diferencias culturales y sociales. No en balde el protagonista, un británico acomodado, parece haber sido invadido por el espíritu de un tal Sabathier, un francés libertino que se suicidó siglos atrás.  

El primer aspecto formal a resaltar de El regreso es su prosa. Aunque algo recargado para los estándares actuales, la elegancia, precisición y minuciosidad del estilo de Walter de la Mare resultan extremadamente agradables para los sibaritas de las letras.

Por su parte, los diálogos de la obra están muy bien escritos, pues varían en función del personaje o estado de ánimo al que representan y saben mimetizarse adecuadamente con el tono oral. Sin embargo, acusan cierta afectación y redundan en demasía sobre los mismos asuntos, por lo que pueden llegar a hacerse pesados.

Otro apartado sumamente conseguido de El regreso es su potente atmósfera. Como sucede en otras ficciones de Walter de la Mare, ésta envuelve a la historia con una neblina vagamente asfixiante y tenuemente espectral. 

Por último destacaría la ambigüedad del conjunto. Walter de la Mare desdibuja lo narrado (contra todo pronóstico, la precisión y minuciosidad de la prosa del autor no desentonan en absoluto con la mentada narración desdibujada), sugiere un elemento sobrenatural y cierra con un final abierto; todos estos detalles se confabulan para que las certezas del lector se desmoronen. ¿Los sucesos tienen una base psicosomática o sobrenatural? ¿Cuál de las muchas teorías contradictorias de Herbert es cierta? ¿Cuando el libro termina, es Lawford realmente el mismo que en un inicio? 

Veo a mucha gente comparando El regreso, por obvias razones, con La metamorfosis de Franz Kafka. Aunque, personalmente, creo que la obra de Walter de la Mare tiene muchas más similitudes con El Castillo del esritor checo. Y es que en ambas aparecen, por ejemplo, una atmósfera onírica, interminables diálogos plagados de redundancias y un personaje femenino en el que el protagonista deposita vanamente todas sus esperanzas.

El regreso es, en suma, una novela recomendable, sobre todo para amantes de la literatura extraña y ambigua; una que evidencia el talento de un escritor único que deslumbró a autores de la talla de H.P. Lovecraft, Dylan Thomas o Robert Aickman. Inédita hasta ahora en español, la editorial Adriana Hidalgo la trae a nuestro idioma con una impecable traducción de Jorge Salvetti.


Reseña original: Aquí

miércoles, 17 de enero de 2024

Robert H. Barlow: La noche del océano y otros cuentos de lo extraño

Idioma original: Inglés
Título original: Eyes of the God. The Weird Fiction and Poetry of R. H. Barlow 
Año de publicación del volumen recopilatorio: 2002
Traducción: Aurora Jiménez
Valoración: Está bien (recomendable para interesados)

Robert H. Barlow conoció personalmente, cuando tenía dieciséis años, a su admirado H. P. Lovecraft, que por entonces contaba cuarenta y tres. Ambos llevaban un tiempo intercambiando correspondencia, y trabaron una amistad de la que surgieron charlas estimulantes y colaboraciones artísticas; dicha amistad fue tan intensa que el Soñador de Providence convirtió a Barlow en su albacea literario. Por desgracia, tras la muerte del primero, algunos de los seguidores del creador intelectual del horror cósmico (entre ellos August Derleth, sistematizador, para bien y para mal, de los Mitos de Cthulhu) obligaron a Barlow a cederles la gestión del legado lovecraftiano. 

La noche del océano y otros cuentos de lo extraño compila varios de los textos (algunos de ellos revisados, corregidos o incluso coescritos por Lovecraft) que Barlow produjo en su juventud.

Sorprende positivamente lo eclécticas que son las narraciones de Barlow. De las quince compiladas en esta antología hay, es cierto, algunas tirando a formulaicas, excesivamente condicionadas por la literatura pulp de la época o la influencia de Lovecraft. Sin embargo, también encontramos piezas más sui generis, como "La batalla que acabó con el siglo" o "El interrogador". Casualmente, las que más me han gustado se inclinan por el fantástico menos terrorífico, pese a que soy un devoto de este último género.

La mentada "La batalla que acabó con el siglo" es mi pieza favorita del conjunto. Breve, imaginativa, hilarante y absurda, me ha cautivado por lo descabellado de su premisa, la atención al detalle que exhibe y las múltiples referencias con que nos obsequia. En ella, dos púgiles se enfrentan en un combate extremadamente surrealista y violento.

También valoro la vocación abstracta de "La muerte del monstruo", "El interrogador" o "La recompensa del artesano", aunque la factura de los tres cuentos deje bastante que desear. Otra historia reivindicable, pese a su estilo algo desangelado, sería "Hasta que los mares", un apocalipsis medioambiental que narra con crudeza la extinción de la humanidad y el agostamiento del planeta Tierra.

Por último, destacaría "La noche del océano". En vez de plegarse a los esquemas más obvios del horror cósmico lovecraftiano, se adueña de ellos para ofrecer un relato de terror atmosférico y ominoso en el que la indefinición inquieta muchísimo más que lo explícito. ¿De qué va? Pues de las sensaciones que experimenta un artista que se retira a descansar a la costa ante el vasto océano. «Algo de la oscuridad y desasosiego del mar había penetrado en mi corazón, de modo que vivía en un tormento irracional e ilógico....», confiesa el narrador de esta joyita que recuerda al formidable Los sauces de Algernon Blackwood.
 
Vayamos ahora a los versos de Barlow. Quizá por mis limitaciones como lector no he sabido apreciarlos adecuadamente; en cualquier caso, admiro que toquen el erotismo (aunque Barlow, que era homosexual, apenas aprovecha la ocasión para sublimar su deseo) o la mitología prehispánica (de mayor, Barlow se convirtió en un reconocido experto en la materia).

Resumiendo: La noche del océano y otros cuentos de lo extraño es una antología valiosa, sobre todo en tanto que homenaje a uno de los autores más olvidados del Círculo de Lovecraft. El único reporche que le haría es que los dos textos introductorios se antojan redundantes. Por lo demás, lo recomiendo encarecidamente a quienes pueda interesar; pese a la irregularidad de las piezas que la componen, gustará especialmente a los amantes del fantástico y el horror cósmico.

sábado, 19 de agosto de 2023

H. P. Lovecraft: Cuaderno de ideas

Idioma original: Inglés
Título original: Commonplace Book
Año de publicación: 1938
Traducción: Juan Andrés García Román / Carmen Ibáñez Berganza
Valoración: Curioso (aunque recomendable, lo que se dice recomendable, sólo para fans, estudiosos y completistas de Lovecraft)

La figura de H. P. Lovecraft suscita, a día de hoy, muchísimo interés. Prueba de ello son su popularidad creciente entre el gran público, los homenajes, guiños, referencias e incluso parodias que le dedican otros creadores, las adaptaciones de su literatura a distintos formatos, las constantes reediciones de su narrativa o la publicación de sus libros menos comerciales de ensayos, cartas y notas. 

Cuaderno de ideas vendría a ser uno de estos libros menos comerciales de Lovecraft que, no obstante, se publican en la actualidad. Su autor lo definió como un compilatorio de «ideas, imágenes y citas anotadas a vuelapluma para su posible uso futuro en ficciones de misterio.» Inmediatamente añadía que, de dichas ideas, «Solamente unas pocas son (…) tramas desarrolladas; la mayor parte consiste en meras sugerencias o en impresiones arbitrarias destinadas a mantener en activo la memoria o la imaginación. Sus fuentes son diversas: sueños, lecturas, encuentros casuales, divagaciones, etcétera.»

Huelga advertir que semejante volumen tiene un interés muy acotado. Sólo le sacarán provecho los fans incondicionales de Lovecraft o los académicos que le estudian. Dejará algo fríos al resto de lectores, pues en estas páginas no hay reflexiones profundas o pasajes estilísticamente memorables. Sea como fuere, insisto en que Cuaderno de ideas hará las delicias a aquellos que amamos la obra de Lovecraft. Aunque es una lástima que la edición de Periférica no esté anotada, porque eso nos hubiera regalado un contexto impagable. 

Pero volvamos al meollo: buena parte del contenido de Cuaderno de ideas son premisas para narraciones fantásticas, de terror o de ciencia ficción. Entre estas premisas, que por lo general son apenas un boceto espontáneo, hay historias de corte onírico, góticas, sobrenaturales, de horror cósmico o de extraterrestres; hay mundos pretéritos, monstruos indescriptibles, linajes ancestrales, poblaciones abandonadas, castillos ruinosos, ciénagas y mares tiznados por la luz de la luna, sueños increíbles o libros prohibidos.   

Algunas de estas premisas son demasiado esquemáticas como para que podamos valorar en qué clase de relatos o novelas acabarían germinando. Otras son insípidas o carecen de originalidad; sin embargo, unas pocas apuntan maneras y, ejecutadas correctamente, podrían transformarse en ficciones reivindicables. Para muestra, un botón: «Un hombre reta a su peor enemigo. Muere. Su cuerpo asiste al duelo.» ¿Verdad que de aquí saldría un delicioso relato de fantasmas canónico? ¿Qué hay de esta: «Una criatura de alas negras entra en tu casa por la noche. No consigues encontrarlo ni saber lo que es. Se producirán cambios sutiles.»? Mola para un texto tenuemente inquietante o abiertamente bizarro, ¿verdad? 

Además de premisas, Cuaderno de ideas alberga también ocurrencias varias, imágenes proclives a un terror enfáticamente adjetivado, pinceladas atmosféricas y citas que dan cuenta de la erudición de Lovecraft. Y no olvidemos esos pasajes inclasificables, casi impresionistas; pongo uno de ejemplo: «Un día perdido de invierno. Quedarse dormido. Veinte años después. Dormirse en una silla una noche de verano. Falso amanecer. Paisaje y sensaciones antiguas. Frío. Personas de antes hoy y muertas. Horror. ¿Congelación?»


También de H. P. Lovecraft en ULAD: Aquí

lunes, 19 de junio de 2023

Zoom: El color que cayó del espacio de H. P. Lovecraft

Idioma original: inglés

Título original: The Colour Out of Space

Año de publicación: 1927

Traducción: Colectivo Lovecraft BdL

Valoración: recomendable

Debo decir que no soy demasiado "lovecraftiano"; me dejan frío tanto el llamado "horror cósmico" como la cosmogonía derivada de la obra de este autor (aunque reconozco que la deriva como icono pop que ha vivido el célebre Cthulhu me resulta bastante divertida). Eso, por no ahondar en que la figura del "soñador/caminante/arquitecto de Providence (todos son títulos de libros sobre él) no me resulta precisamente simpática. Pero lo cortés no quita lo valiente, ni viceversa: el tipo sabía escribir o al menos sabía escribir la clase de narraciones por las que ha pasado a la Historia de la literatura y su influencia posterior en multitud de escritores es más que notable. Así que, ¿por qué no echarle un ojo de vez en cuando a las cosillas del amigo H.P.? La elegida ha sido  (también porque no la habíamos reseñado aún) esta novelette o relato largo, por dos motivos en especial: primero, porque, al parecer, el propio Lovecraft consideraba a ésta su mejor obra. Y, en segundo lugar, por la primorosa (como de costumbre) edición de Nørdica, ilustrada convincentemente por Albert Asensio.

La trama de El color... se sitúa en una zona rural cercana al ficticio Arkham (el típico pueblo lovecraftiano, no el manicomio), hacia 1880; o, mejor dicho, un granjero que vivió los hechos, llamado Ammi Pierce, le cuenta, más de 40 años después, lo que ocurrió entonces a un ingeniero encargado de construir un embalse que va a anegar toda esa zona y que se interesa por un extraño paraje en ella que llaman "el yermo desolado", alrededor de las ruinas de una antigua granja... de la que se relatan no menos extrañas historias. Pierce le explica que en junio de aquel año cayó un meteorito junto a la granja de los Gardner, que acudieron unos profesores de la Universidad para estudiar el insólito material que lo compone y que luego...

A partir de aquí la narración se va deslizando por una espiral degenerativa (podría poner "entrópica", que es un término más à la mode, pero me resulta demasiado suave, aquí) de la que no coy a explicar mucho, pero parece claro -ya desde el título, por otra parte-, que con el meteorito ha venido a nuestro planeta algún ente alienígena responsable de los que ocurre (y que no sí si incluso inaugura, quizás la tradición literaria y cinematográfica de seres venidos del espacio exterior para hacer maldades en la Tierra); lo original de este ente es un carácter difuso, incluso inasible, poco menos que gaseoso: una fosforescencia o un color captado por el espectroscopio en franjas que difieren de cualquier otro conocido.

Desde luego, Lovecraft sabe mantener de forma admirable la tensión creciente. ya desde un primer momento y la administra con maestría hasta el desenlace del relato, así como crear una atmósfera siniestra y aun ominosa que cristaliza el trasfondo adecuado para ese terror alienígena, en el más amplio sentido del término, porque nos resulta ajeno no ya en lo que se refiere a su procedencia, sino a la propia naturaleza del mismo, e incluso a su concepción como idea. No sé si se tratará o no de la mejor obra de este singular autor, pero sin duda ésta es un lectura de lo más recomendable, incluso para quien no sea fan del género.



Más libros de H.P. Lovecraft reseñados en Un Libro Al Día: Los mitos de Cthulhu, El caso de Charles Dexter Ward, Aire frío y Celefais, Dagón y otros cuentos macabros, La dulce Ermergarde o el corazón de una campesina, El abismo en el tiempo, En las montañas de la locura, Cuaderno de ideas, El Necronomicón (que no...es broma ; )