Título original: La guerre des pauvres
Año de publicación: 2019
Traducción: Javier Albiñana Serain
Título original: La guerre des pauvres
Año de publicación: 2019
Traducción: Javier Albiñana Serain
Título original: Une sortie honorable
Año de publicación: 2022
Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona
Valoración:Muy recomendable
Como escritor Éric Vuillard se ha especializado en tomar algún acontecimiento histórico más o menos célebre y desarrollarlo narrativamente, a medio camino entre la novelización del mismo y la divulgación, también con mayor o menor fortuna, aunque, sin duda, con notable éxito de crítica y público. En este caso el escogido es un momento quizá no especialmente conocido fuera de Francia, pero determinante en su Historia reciente y que marcó, sin duda, un punto de no retorno en la pérdida de su otrora pujante Imperio colonial (pérdida según la modalidad imperial clásica, por decirlo así, porque la influencia francesa sobre muchas de sus ex-colonias ha seguido siendo muy importante, por otras vías).
El acontecimiento elegido por Vuillard es la batalla de Dien Bien Phu, en 1954, una derrota del ejército francés que supuso la puntilla para el dominio galo sobre Indochina. Derrota doblemente dolorosa para este ejército porque no sólo tuvo lugar a manos de un enemigo que consideraban inferior, el Viet Minh, sino que, adema´s, se prodijo por una concepción equivocada de la situación y un grave error táctico por parte del alto mando francés, personalizado, en este caso, por el general Navarre, aunque quien en realidad las pasó bien putas canutas en el campamento fortificado de Dien Bien Phu fue el coronel Christian Marie Ferdinand de la Croix de Castries (ahí es ná), el caballero que aparece en la cubierta del libro. Y, sobre todo, los miles de soldados, la mayoría norteafricanos, encerrados en esa ratonera.
Aunque, claro, como suele hacer este autor, no se centra únicamente en este hecho histórico puntual -es más, la batalla en sí es casi lo que menos toca-, sino en los acontecimientos que lo preceden y precipitan, así como los que lo clausuran (si eso es posible en el devenir histórico), ya fueran públicos, como fue la sesión en la Asamble Nacional del 19 de octubre de 1950, en la que el diputado Mendès France mencionó por primera vez la posibilidad de rendirse en esa guerra, o restringidos, como la reunión del consejo de administración del boyante Banco de Indochina posterior a la derrota. Aunque, en verdad, Éric Vuillard va más allá: tomando como punto de referencia o ancla este acontecimiento, lo que nos ofrece es una disección del colonialismo, no ya sólo francés, sino europeo y americano -con cierto desvío hacia las injerencias estadounidenses en distintos países, durante aquellos años de la Guerra Fría, así como el asesinato de Patrice Lumumba, presidente de la República del Congo-, así como y sobre todo, de lo que había detrás, más allá de la retórica patriotera y marcial; nada más de la avaricia, el poder del dinero, si se prefiere, en forma de dividendos bancaros o beneficios de quienes se dedicaban a explotar las riquezas de esas colonias y a sus habitantes, desde la minería a las plantaciones de caucho.
Sin embargo, aun siendo este análisis bastante revelador, el punto fuerte de este libro, además de su excelente prosa -esa prosa francesa con oraciones interminables llenas de subordinadas que, no obstante cualquier previsión, se mantienen en pie como sobre un monociclo-, llena de ironía y aún de retranca, esw el retrato, no exactamente despiadado, pero sí inmisericorde, que hace de los protagonistas y secundarios, desde esos políticos que llevan toda la vida aferrados a la poltrona -Frédèric-Dupont, Édouard Herriot, Viollette-, los militares pagados de sí mismos, los hombres de negocios capaces de sacar beneficio de una guerra que dan por perdida... Todos ellos unidos por redes no sólo de favores mutuos, de clientelas y componendas, sino también familiares, endogámicas, casi incestuosas y que tejen la élite dirigente del país que representa a la burguesía, esa clase social que ha determinado el devenir de Francia y del mundo occidental desde hace más de doscientos años y a la que Vuillard parece hacer responsable (expresándolo más a través de los hechos que de las diatribas), de los crímenes cometidos durante ese largo oprobio histórico que fue el Imperialismo (y sigue siendo el neocolonialismo, en mi opinión).
En cualquier caso y para quien quiera una conclusión, éste es un libro estupendo e ilustrativo, lo mejor que he leído hasta ahora de este autor. Yo que vosotros/as no me lo perdería.
Otros títulos de este escritor reseñados en Un Libro Al Día: El orden del día, La guerra de los pobres
Tiempos convulsos: los conflictos en Gaza, en Ucrania, no acaban de solucionarse. Trump irrumpe en ellos con voluntad de negocio y de relevancia personal, pero sus intenciones (las aparentes, seguro que las ocultas darían para manuales de psicología y para epílogos maquiavélicos) no acaban de concretarse en la clase de acuerdos que acapararían portadas en el primer mundo: alto el fuego, cese de hostilidades, acuerdos de mínimos, etc. Así que nos vemos obligados a vivir con la espada de Damocles de un conflicto global, ese otro concepto tan apreciado por los media. Escalada bélica. Uh. El coco con el que convive el planeta desde 1945, aquél que parecía alejado definitivamente con la caída del Muro, una especie de pesadilla recurrente que captura nuestra atención de manera inmediata y que genera tanto debate en el que la adscripción a un bando u otro parece una posición ineludible. La tertulia televisiva como gulliverización de los parlamentos.
Por eso no acabo de entender que, en un ejercicio que compararé inadecuadamente con lo de sacar flores del estiércol, la fascinación, aunque sea alejada en el tiempo y con una obvia intención estética, por los conflictos globales (en este caso, la Primera Guerra Mundial) se canalice en algo que, aunque seguro que sea mi apreciación, acaba otorgándeles una especie de pátina poética. Como una relativización, un poco al servicio de sus resultados estrictamente formales. Curiosamente, mis experiencias más recurrentes con la temática son con dos autores también franceses: Echenoz (poco se sabe de él) y Lemaitre (más activo y con una obra más variada) pero esta obra de Vuillard, -que por lo que veo ha hecho de este tipo de adaptaciones una marca personal - aunque creo que desde un sentido puro de lo literario (lenguaje cuidado y una cierta querencia por sacrificar la crudeza propia de estas narraciones por ciertas metáforas que podrían sonar a esteticistas), e incluso en su trasfondo más meramente intelectual, podría recomendarse hasta con cierto entusiasmo (que me he ahorrado), he de insistir en que, como lector, me descoloca que enmascare tanta sordidez. La de los jóvenes ciudadadanos movilizados, la de los cadáveres, los heridos, el frío y la suciedad de las trincheras, el enorme sacrificio humano al servicio de los grandes intereses, de las fronteras, de la dominación global, de la imposición de los totalitarismos, todo ello aprovechado en este tono, que no es frívolo ni banal, ni irrespetuoso, pero que tampoco me parece provocador ni irreverente.
De Vuillard en ULAD: aquí
No podemos dar paso a la lista sin antes recordar lo que para nosotros ha sido la peor noticia que nos ha podido dejar este 2023: el fallecimiento, en el mes de agosto, de nuestro compañero Emilio. Las reseñas que dejó programadas y que hemos ido publicando estos últimos meses dan idea de lo que para Emilio fueron sus mejores lecturas del año.
Sin más, aquí tenéis nuestro dictamen
El veredicto de Koldo (por ahora):
Año de publicación: 2022
Valoración: recomendable
Dentro del calendario laico (incluso impío) y republicano español la fecha quizá más destacada es la del 14 de abril, aniversario de la proclamación de la II República, en 1931. Un acontecimiento celebrado e incluso idealizado por todo aquel ciudadano que reniega de la monarquía (y de la dictadura, como es obvio), más aún por que se trató de una proclamación popular y hasta cierto punto espontánea, como resultado no de un acuerdo entre las altas dignidades del estado o los próceres del país, y ni siquiera de un referéndum al respecto, como fue más tarde el caso de los actuales regímenes vigentes en Italia y Grecia, sino a raíz de unas elecciones municipales en las que los partidos republicanos vencieron en las ciudades con abrumadora mayoría. Eso sucedió el domingo 12 de abril del 31 y el martes 14 se proclamó la República, primero en Eibar y luego en multitud de localidades, por supuesto, también en Madrid, donde el rey Alfonso XIII hubo de renunciar al trono y partió hacia Cartagena, para abandonar España en barco.
Es esa histórica jornada -una jornada alargada, en realidad, porque se extiende desde las 6 de la mañana hasta las primeras horas del día siguiente- la que nos cuenta Paco Cerdà en esta ¿novela? de no ficción o Historia novelizada, que resulta una narración vibrante, emocionante y hasta adrenalítica, por momentos. Cerdà nos lleva por diferentes escenarios en los que se desarrollaron los hechos: por supuesto, Eibar, Madrid y Barcelona, pero también Huelva, Granada, Salamanca, Jaca y Huesca (recordemos que había habido un levantamiento republicano en el diciembre anterior), Tarragona, Palma, Cartagena... En ellos encontramos a personajes célebres, como el ya entonces general Franco, Unamuno, Santiago Carrillo, Josep Pla, la actriz Margarita Xirgú... o, por supuesto, el rey Alfonso XIII, pero también personas en absoluto conocidas para el gran público y, en ocasiones, ni siquiera para los especialistas en el tema, simples notas a pie de página en los libros de Historia, gente que vivó esa jornada excepcional o que murió en ella, como el Emilio con quien se abre y cierra el libro: Emilio Arauzo Honorio, un encuadernador muerto en Madrid a causa de las cargas de la Guardia Civil contra los manifestantes en la noche del 13 al 14, "la última víctima de la monarquía", se le llamó... aunque en el propio libro ya vemos que no fue el último; otras personas también cayeron en sucesos similares, antes de que el cambio de régimen político deviniera inevitable y el rey abandonara su reino al convertirse éste en república.
Paco Cerdá aborda esta ficcionalización (horroroso palabro, lo siento) de tal acontecimiento histórico centrándose, al a manera de Éric Vuillard en 14 de julio o ese otro escritor español tan patriotero sobre el 2 de mayo de 1808, en las vivencias individuales, luego parciales, del hecho, pero que dan una atinado panorama del conjunto, con pericia y talento más que suficiente para salir airoso del cometido. Sobre todo, de la difícil tarea de encontrar el punto justo entre el rigor histórico, la diferenciación de los personajes y su devenir, la amplitud de miras y el tono trascendente -incluso épico, aunque se trate más de una epicidad civil o popular, más que guerrera-; Tampoco olvida las puntadas líricas que encontramos en más de una ocasión... aunque aquí he de decir que tal vez se le vaya un poco la mano con lo lorquiano, en mi opinión. No es ésta, sin embargo, la única referencia poética que encontramos, tanto en castellano como en catalán o valenciano y resulta un placer ir descubriéndolas.
En conclusión, estamos ante una estupenda narración sobre un retazo de Historia, el nacimiento de la Segunda República española, que quizás haya quien juzgue como un momento ya trasnochado o apolillado, pero otros muchos consideramos perfectamente pertinente hoy en día. Porque, si se me permite expresar una aspiración política (que no tiene por qué coincidir con las del autor del libro ni, mucho menos, de mis compañeros de blog), en mi opinión la Tercera ya está tardando...
También de Paco Cerdà en Un Libro Al Día: El peón