Idioma original: inglésTítulo original: My Name is Lucy Barton
Año de publicación: 2016
Traducción: Flora Casas
Valoración: poco honesta y prescindible
Ya tenía yo ganas, la verdad... ¿De qué? ¡Pues de reseñar un libro malo de narices, claro! Sí, no me he vuelto loco (aún); me explico: un compañero que ya había reseñado algún que otro libro auténticamente "mierder" (como se dice ahora) aseguraba que la experiencia, lejos de frustrante, era divertida y liberadora, así que yo llevaba un tiempo esperando el título adecuado para hacer lo mismo (y que no fuera de Belén Esteban, ojo, que tampoco me va el BDSM). Al final, sin buscarlo, he leído esta exitosa novela que cumple los requisitos, Me llamo Lucy Barton, sobre todo por la curiosidad que me provocaba: por un lado, varias luminarias de las letras hispanas y la mayoría de los medios la han puesto por las nubes; por otro, leí un par de reseñas que la ponían más o menos a parir (según expresión castiza y cipotuda, como también se dice ahora).
¿Acaso ésta es una mala novela por su argumento? Veamos: la historia, en principio bastante sencilla, se desarrolla mientras la protagonista convalece en un hospital neoyorquino a comienzos de los 80, en plena eclosión del SIDA (circunstancia que parece va a tener cierta relevancia pero luego, no tanto), al que su madre, a la que no ve desde varios años atrás, acude para cuidarla. Nos vamos enterando de varias cosas: que hay mal rollo entre hija y padres y entre yerno y suegros. Que la protagonista se crió en una pobreza casi extrema, en una granja de Illinois, de donde salió para nunca más volver. La madre además, pasa el rato contando anécdotas, bastante insulsas, sobre conocidas a las que les ha ido mal en su matrimonio y la prota, Lucy, va rememorando episodios de su infancia. Poco a poco, de una manera aparentemente indirecta -pero ya se encarga la autora de remarcarlo todo-, nos vamos enterando de que en su historia, además de esa pobreza traumatizante, también se oculta un pasado de malos tratos y quizás incluso algo más turbio...
Bien, es evidente que la trama no es trepidante, que digamos, pero eso tampoco es necesario en una buena novela. ¿El problema está entonces en que estamos ante una historia que habla de sentimientos, de pérdidas, de carencias afectivas? Por supuesto que no, que uno será un machirulo heterosexual y todo eso, pero también tiene su corazoncito... ¡Ah ya, entonces lo que ocurre es que las protagonistas son mujeres y ves la novela como inequívocamente femenina! Hombre, ¿a estas alturas con eso? Por favor... No, la razón fundamental por la que ésta es una mala novela es por estar escrita con el cu... perdón, no quiero ser grosero: está escrita con el pompis. Y da lo mismo si el susodicho pompis pertenece a una escritora norteamericana ganadora del Pulitzer que al más pringado juntaletras español o chino: un libro escrito con dicha parte del cuerpo nunca puede ser bueno.
Para empezar, la estructura de la novela, aparte de irregular, resulta desganada, indolente... de forma más acentuada -y significativa- según avanza la narración: junto a capítulos con un desarrollo bien organizado, encontramos otros de apenas unas cuantas líneas en los que no se cuenta nada. NADA. Ni siquiera el consabido recurso de "historias dentro de la historia", en principio prometedor, tiene demasiado interés; los cotilleos que cuenta la madre sólo sirven para ahondar en su semblanza de una mujer amargada y afectivamente pétrea.
El estilo es aún peor: exceptuando algún aislado momento de mayor brillantez (o quizás brillen en comparación con la ganga que les rodea),el tono general es pedestre, ramplón, ahíto de conjunciones y repeticiones (este truquito, el de repetir varias veces una frase o parte de la misma, es muy útil, como con total acierto señala Olmos en su reseña, para sugerir una profundidad que no existe), buscando una naturalidad impostada, una falsa sencillez.
-Bueno, pero es lógico, si la protagonista-narradora salió de una granja misérrima del Medio Oeste...
-Sí, pero luego fue a la universidad con una beca y sobre todo, ¡se supone que se convierte en escritora! ¿No debería cuidar un poco más su prosa? (esto me pasa, por cierto, por incumplir la norma de no leer novelas protagonizadas por escritores).
-Pero es que en esta novela lo relevante no es lo que aparece escrito, sino justo lo que NO aparece...
-No, si eso ya se nota... Una excusa más para la VACUIDAD. Además, todos conocemos a personas que parecen muy inteligentes por ser silenciosas... hasta que un día abren la boca. Pues aquí ocurre algo parecido...
Con todo, lo peor no es que esta novela sea pésima; incluso tienen algunos momentos salvables -básicamente, los recuerdos de infancia de Lucy- que nos dejan ver lo que podría haber llegado a ser. Lo peor es que es una novela poco honesta. Primero, porque se utiliza con ánimo sensiblero el tema, ya algo recurrente, del maltrato infantil... ¿me tiene que gustar una novela por eso? ¿Me tengo que sentir culpable si no me gusta? Eso se llama CHANTAJE. Después, porque me parece evidente que doña Strout, tal vez acuciada por los plazos de entrega al editor, se ha limitado a pasar a limpio alguna libreta de notas o archivo de Word, lo que sea, con apuntes para una novela, hilvanar los fragmentos con ese "estilo falsamente natural americano" y chin-pún; a pasar por caja. Que los principales medios de comunicación españoles y algunos renombrados miembros del gremio literario hayan picado el anzuelo, no deja de asombrarme. O bueno, quizá no...
En fin, ya he reseñado una novela que me parece más mala que el sebo. Y la verdad, no me he quedado para nada satisfecho; más bien todo lo contrario: me sigue dando rabia haberla leído.
Otros títulos de Elizabeth Strout reseñados en Un Libro Al Día: Olive Kitteridge
Para empezar, la estructura de la novela, aparte de irregular, resulta desganada, indolente... de forma más acentuada -y significativa- según avanza la narración: junto a capítulos con un desarrollo bien organizado, encontramos otros de apenas unas cuantas líneas en los que no se cuenta nada. NADA. Ni siquiera el consabido recurso de "historias dentro de la historia", en principio prometedor, tiene demasiado interés; los cotilleos que cuenta la madre sólo sirven para ahondar en su semblanza de una mujer amargada y afectivamente pétrea.
El estilo es aún peor: exceptuando algún aislado momento de mayor brillantez (o quizás brillen en comparación con la ganga que les rodea),el tono general es pedestre, ramplón, ahíto de conjunciones y repeticiones (este truquito, el de repetir varias veces una frase o parte de la misma, es muy útil, como con total acierto señala Olmos en su reseña, para sugerir una profundidad que no existe), buscando una naturalidad impostada, una falsa sencillez.
-Bueno, pero es lógico, si la protagonista-narradora salió de una granja misérrima del Medio Oeste...
-Sí, pero luego fue a la universidad con una beca y sobre todo, ¡se supone que se convierte en escritora! ¿No debería cuidar un poco más su prosa? (esto me pasa, por cierto, por incumplir la norma de no leer novelas protagonizadas por escritores).
-Pero es que en esta novela lo relevante no es lo que aparece escrito, sino justo lo que NO aparece...
-No, si eso ya se nota... Una excusa más para la VACUIDAD. Además, todos conocemos a personas que parecen muy inteligentes por ser silenciosas... hasta que un día abren la boca. Pues aquí ocurre algo parecido...
Con todo, lo peor no es que esta novela sea pésima; incluso tienen algunos momentos salvables -básicamente, los recuerdos de infancia de Lucy- que nos dejan ver lo que podría haber llegado a ser. Lo peor es que es una novela poco honesta. Primero, porque se utiliza con ánimo sensiblero el tema, ya algo recurrente, del maltrato infantil... ¿me tiene que gustar una novela por eso? ¿Me tengo que sentir culpable si no me gusta? Eso se llama CHANTAJE. Después, porque me parece evidente que doña Strout, tal vez acuciada por los plazos de entrega al editor, se ha limitado a pasar a limpio alguna libreta de notas o archivo de Word, lo que sea, con apuntes para una novela, hilvanar los fragmentos con ese "estilo falsamente natural americano" y chin-pún; a pasar por caja. Que los principales medios de comunicación españoles y algunos renombrados miembros del gremio literario hayan picado el anzuelo, no deja de asombrarme. O bueno, quizá no...
En fin, ya he reseñado una novela que me parece más mala que el sebo. Y la verdad, no me he quedado para nada satisfecho; más bien todo lo contrario: me sigue dando rabia haberla leído.
Otros títulos de Elizabeth Strout reseñados en Un Libro Al Día: Olive Kitteridge
