Mostrando las entradas para la consulta Me llamo Lucy Barton ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Me llamo Lucy Barton ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de noviembre de 2016

Elizabeth Strout: Me llamo Lucy Barton

Idioma original: inglés
Título original: My Name is Lucy Barton
Año de publicación: 2016
Traducción: Flora Casas
Valoración: poco honesta y prescindible


Ya tenía yo ganas, la verdad... ¿De qué? ¡Pues de reseñar un libro malo de narices, claro! Sí, no me he vuelto loco (aún); me explico: un compañero que ya había reseñado algún que otro libro auténticamente "mierder" (como se dice ahora) aseguraba que la experiencia, lejos de frustrante, era divertida y liberadora, así que yo llevaba un tiempo esperando el título adecuado para hacer lo mismo (y que no fuera de Belén Esteban, ojo, que tampoco me va el BDSM). Al final, sin buscarlo, he leído esta exitosa novela que cumple los requisitos, Me llamo Lucy Barton, sobre todo por la curiosidad que me provocaba: por un lado, varias luminarias de las letras hispanas y la mayoría de los medios la han puesto por las nubes; por otro, leí un par de reseñas que la ponían más o menos a parir (según expresión castiza y cipotuda, como también se dice ahora).
¿Acaso ésta es una mala novela por su argumento? Veamos: la historia, en principio bastante sencilla, se desarrolla mientras la protagonista convalece en un hospital neoyorquino a comienzos de los 80, en plena eclosión del SIDA (circunstancia que parece va a tener cierta relevancia pero luego, no tanto), al que su madre, a la que no ve desde varios años atrás, acude para cuidarla. Nos vamos enterando de varias cosas: que hay mal rollo entre hija y padres y entre yerno y suegros. Que la protagonista se crió en una pobreza casi extrema, en una granja de Illinois, de donde salió para nunca más volver. La madre además, pasa el rato contando anécdotas, bastante insulsas, sobre conocidas a las que les ha ido mal en su matrimonio y la prota, Lucy, va rememorando episodios de su infancia. Poco a poco, de una manera aparentemente indirecta -pero ya se encarga la autora de remarcarlo todo-, nos vamos enterando de que en su historia, además de esa pobreza traumatizante, también se oculta un pasado de malos tratos y quizás incluso algo más turbio...
Bien, es evidente que la trama no es trepidante, que digamos, pero eso tampoco es necesario en una buena novela. ¿El problema está entonces en que estamos ante una historia que habla de sentimientos, de pérdidas, de carencias afectivas? Por supuesto que no, que uno será un machirulo heterosexual y todo eso, pero también tiene su corazoncito... ¡Ah ya, entonces lo que ocurre es que las protagonistas son mujeres y ves la novela como inequívocamente femenina! Hombre, ¿a estas alturas con eso? Por favor... No, la razón fundamental por la que ésta es una mala novela es por estar escrita con el cu... perdón, no quiero ser grosero: está escrita con el pompis. Y da lo mismo si el susodicho pompis pertenece a una escritora norteamericana ganadora del Pulitzer que al más pringado juntaletras español o chino: un libro escrito con dicha parte del cuerpo nunca puede ser bueno.
Para empezar, la estructura de la novela, aparte de irregular, resulta desganada, indolente... de forma más acentuada -y significativa- según avanza la narración: junto a capítulos con un desarrollo bien organizado, encontramos otros de apenas unas cuantas líneas en los que no se cuenta nada. NADA. Ni siquiera el consabido recurso de "historias dentro de la historia", en principio prometedor, tiene demasiado interés; los cotilleos que cuenta la madre sólo sirven para ahondar en su semblanza de una mujer amargada y afectivamente pétrea.
El estilo es aún peor: exceptuando algún aislado momento de mayor brillantez (o quizás brillen en comparación con la ganga que les rodea),el tono general es pedestre, ramplón, ahíto de conjunciones y repeticiones (este truquito, el de repetir varias veces una frase o parte de la misma, es muy útil, como con total acierto señala Olmos en su reseña, para sugerir una profundidad que no existe), buscando una naturalidad impostada, una falsa sencillez.
-Bueno, pero es lógico, si la protagonista-narradora salió de una granja misérrima del Medio Oeste...
-Sí, pero luego fue a la universidad con una beca y sobre todo, ¡se supone que se convierte en escritora! ¿No debería cuidar un poco más su prosa? (esto me pasa, por cierto, por incumplir la norma de no leer novelas protagonizadas por escritores).
-Pero es que en esta novela lo relevante no es lo que aparece escrito, sino justo lo que NO aparece...
-No, si eso ya se nota... Una excusa más para la VACUIDAD. Además, todos conocemos a personas que parecen muy inteligentes por ser silenciosas... hasta que un día abren la boca. Pues aquí ocurre algo parecido...
Con todo, lo peor no es que esta novela sea pésima; incluso tienen algunos momentos salvables -básicamente, los recuerdos de infancia de Lucy- que nos dejan ver lo que podría haber llegado a ser. Lo peor es que es una novela poco honesta. Primero, porque se utiliza con ánimo sensiblero el tema, ya algo recurrente, del maltrato infantil... ¿me tiene que gustar una novela por eso? ¿Me tengo que sentir culpable si no me gusta? Eso se llama CHANTAJE. Después, porque me parece evidente que doña Strout, tal vez acuciada por los plazos de entrega al editor, se ha limitado a pasar a limpio alguna libreta de notas o archivo de Word, lo que sea, con apuntes para una novela, hilvanar los fragmentos con ese "estilo  falsamente natural americano" y chin-pún; a pasar por caja. Que los principales medios de comunicación españoles y algunos renombrados miembros del gremio literario hayan picado el anzuelo, no deja de asombrarme. O bueno, quizá no...
En fin, ya he reseñado una novela que me parece más mala que el sebo. Y la verdad, no me he quedado para nada satisfecho; más bien todo lo contrario: me sigue dando rabia haberla leído.


Otros títulos de Elizabeth Strout reseñados en Un Libro Al Día: Olive Kitteridge

lunes, 19 de diciembre de 2016

ULAD: Lo mejor del 2016

Francesc Bon:
  • Libro del año: Pues para mí el libro del año ha sido Breve historia de siete asesinatos de Marlon James. No sé decir exactamente el motivo, pero al final me recuerdo acarreándolo, con su presencia imponente y su lomo amarillo, siguiendo andanzas de rastafaris y es una sensación demasiado imborrable. Quizás sea un libro cautivo de su componente visual, pero desde cuándo va a ser malo que una novela contemporánea te recuerde a una nueva temporada de The Wire. Con dos muy dignos contendientes: Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin y Satin Island de Tom McCarthy, cuya importancia aún no soy capaz de calibrar.
  • Sorpresón postrero: el festín de Xavi Ayén en La vuelta al mundo en 80 autores.
  • Porquerías: En un año globalmente positivo: el incomprensible apoyo a algo tan vacuo como Érase una vez el fin, de Pablo Rivero, o la esperada constatación del timo de La chica del tren 
  • Caerá en 2017: Cualquier Saer que se ponga en medio.
  • No tocar ni con un palo: Zanón, Pérez Andújar, y todos aquellos que quieren apropiarse de la literatura de barrio. Por mediocres y por cansinos.
  • Los comentarios me han hecho salivar para el 2017: Vollmann y, dicen, el Ray Pollock que viene.

Juan G. B.:

Carlos Andia:
  • Volumen imponente del añoEl capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty -algunas claves que deberíamos conocer.
  • La relectura del añoCoronación, de José Donoso -buenas sensaciones después de muchos años
  • Libro de Historia del añoContinente salvaje, de Keith Lowe -una etapa muy especial de la Historia de Europa
  • Una joya a la que tenía muchas ganasLocus Solus, de Raymond Roussel -atrévase usted.
  • Clásico rescatadoReivindicación del conde don Julián, de Juan Goytisolo -imprescindible con mayúsculas.
  • Obra de teatro del año: Calígula, de Albert Camus -todo intensidad
Y, si se me permite, porque obviamente es algo muy poco uladiano, pero muy especial para mi: 'Análisis de los fenómenos monetarios en España', de Florencio Salcedo -¡qué tío!


Koldo CF

Montuenga:
Santi:

Marc Peig:
  • Libro del año: El bar de las grandes esperanzas, de J.R. Moehringer
  • Autobiografía del año: Instrumental, de James Rhodes
  • Tocholibrohistórico del año: Las benévolas, de Jonathan Littell
  • Tochonovela del año: La broma infinita, de David Foster Wallace
  • Ensayo del año: Esto es agua, de David Foster Wallace
  • Clásico que debería haber leído antes: La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig
  • Libro del que no debería ni haber pasado de la portada: En manos de las furias, de Lauren Groff
  • Decepción del año: Sueños de trenes, de Denis Johnson
  • No pasará un año más sin leer: La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe
  • Autor que debo recuperar porque lleva tiempo olvidado (injustamente): Haruki Murakami
  • Caerán más libros de: Stefan Zweig
  • Ganas de que llegue el 2017 para lo nuevo de: Siri Hustvedt, Paul Auster y  Karl Ove Knausgaard


domingo, 5 de marzo de 2017

Semana del ULADiano pródigo: Olive Kitteridge de Elizabeth Strout

Nota explicativa: para conmemorar los ocho años de existencia del blog, hemos invitado a los antiguos miembros del equipo a colaborar de nuevo con nosotros con una reseña. Esta semana publicamos las contribuciones de los que han aceptado nuestra invitación.  

Idioma original: inglés
Traductora: Rosa Pérez Pérez
Fecha de publicación: 2008
Valoración: muy recomendable

Oliver Kitteridge es una novela compuesta por trece relatos, de entre veinte y treinta páginas cada uno. Todos ellos son autónomos y autoconclusivos y vienen encabezados por un subtítulo independiente. No se trata, por tanto, de una novela coral, sino de un ciclo o secuencia de relatos.

Olive Kitteridge, profesora de matemáticas en el colegio de un pueblecito de Maine, Nueva Inglaterra, está presente en todos los relatos, ya sea de manera protagónica, secundaria o incluso tangencial (una pequeña mención, un breve intercambio de palabras…). Gracias a esa miríada de perspectivas —incluida la de la propia Olive, que va evolucionando a medida que avanzan los relatos—, nos familiarizamos con la personalidad compleja y contradictoria de un personaje que genera sentimientos encontrados en el lector. Hacia el final del libro (que coincide con el final de su vida), Olive se siente atormentada por sus errores y lamenta cada una de sus pérdidas, pero encuentra la forma de reconciliarse con su dolor.

El estilo de Elizabeth Strout es pausado y elegante. Aunque las historias están narradas en tercera persona, la autora se adentra en la mente de cada uno de los personajes y nos describe el mundo a través de sus ojos. Un ejemplo de «La pianista»: «Sonrió mirando al árbol de Navidad. Las luces de colores eran demasiado brillantes y, por un momento, la desconcertó pensar que la gente hiciera eso a los árboles, decorarlos con tanto brillo. Había quien se pasaba todo el año deseando que llegara aquel momento. La asaltó otro sofoco al pensar que dentro de apenas unas semanas desnudarían al árbol y lo llevarían a rastras hasta la acera, todavía con restos de espumillón; pensó en el aspecto tan desmañado que tendría aquel árbol, ladeado sobre la nieve, con el tronco cortado sobresaliendo oblicuo en el aire» (traducción propia y apresurada).

Elizabeth Strout teje la compleja red de las relaciones que se forjan en una comunidad pequeña en la que todo el mundo se conoce —aunque sea de vista—, y las historias se desarrollan con pocos sobresaltos (no hay giros de la trama espectaculares, a excepción del secuestro de un hospital). Sin embargo, la novela consigue atrapar con su forma particular de intriga, porque en Olive Kitteridge somos testigos de un descubrimiento, el de quién es la propia protagonista, y, más aún, participamos de su proceso epifánico de autoconocimiento.


Firmado: Paula


Otros libros de Elizabeth Strout reseñados en Un Libro Al Día:  Me llamo Lucy Barton