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jueves, 21 de mayo de 2026

Makenna Goodman: Helena de nada

Idioma original: Inglés 
Título original: Helen of nowhere
Año de publicación: 2025
Traducción: Ce Santiago
Valoración: Recomendable

La semana pasada reseñaba Madame Vargas Llosa, novela a cuatro voces y de cierto aire teatral con la que este Helena de Nada guarda algunas similitudes, sobre todo en lo referente a estructura, si bien difiere en su punto de partida y desarrollo.

Cuatro son también las voces y los protagonistas (Hombre, Agente Inmobiliaria, Mujer y Helena) de Helena de nada  y será Hombre quien abra el relato con una narración aparentemente realista. Su propia caída en desgracia como profesor universitario y como marido, así como su decisión de retirarse a una especie de  Walden del siglo XXI nos dejará la sensación de asistir a "otra novela universitaria".

Pero Helena de Nada no es lo que parece. El cambio de voces nos descubrirá a un narrador no del todo fiable gracias, especialmente, a un personaje clave. Será la Agente Inmobiliaria quien, además de mostrar la escasa fiabilidad del Hombre, permitirá abrir la novela a temas y horizontes diferentes a los inicialmente "previstos". Entre esos temas y horizontes cabe citar las relaciones de poder en instituciones como la familia o el trabajo, la posibilidad de una vida más sencilla o los delirios de la cancelación.

Aparte de ese factor sorpresa y de esa variedad de temas que Goodman introduce en la novela y que hacen de esta un artefacto de cierta complejidad, me parece destacable el trabajo de la autora con las voces y registros, que van desde de la novela de "tesis" a la ficción casi lisérgica. Otros aspectos que me resultan dignos de mención en la novela son la indagación en las contradicciones de los personajes y el enfoque adoptado a la hora de hablar de las dinámicas de las relaciones de pareja

Resumiendo, Helena de Nada resulta una novela arriesgada y atrevida, aunque quizá no recomendable para todo tipo de lector. Eso sí, quienes busquen textos diferentes y nuevas voces encontrarán en Makena Goodman una opción más que interesante.

lunes, 11 de mayo de 2026

Gustavo Faverón Patriau: Madame Vargas Llosa

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2026 

Valoración: Bastante recomendable

(...) un libro para la gente que ya tiene demasiado con vivir, en carne propia, todas las tragedias del mundo y que podría encontrar, en esta ficción, quién sabía, no una comedia, pero al menos una versión más pequeña de esas tragedias, para divertirse con ellas: como una favela menos furiosa dentro de la favela tremebunda.

(...) escriba un libro que sea la historia de su vida, y, como su vida está tan llena de ficciones, haga que esa novela sea también un relato acerca del poder de las historias, sobre cómo las fantasías reemplazan a la vida y nos llevan a ser otros (...)

Estos dos fragmentos extraídos de las páginas 186 y 158, respectivamente, podrían funcionar como resumen de Madame Vargas Llosa, novelita con la que Gustavo Faverón Patriau rinde homenaje, obviamente, a Mario Vargas Llosa, pero también a Borges (¿o será a Pierre Menard?, a Bolaño, a Werner Herzog, a Flaubert, etc. (*)

Vale, pero... ¿qué carajo es Madame Vargas Llosa? Pues es una bufonada grotesca y oscura, una tragicomedia a cuatro voces en la que el centro lo ocupan los diversos encuentros (o "encuentros") que Vargas Llosa mantiene con esas cuatro voces y personajes de la novela y que tiene como tema fundamental la necesidad de contar historias.

Más allá del tema principal, el uso de las citadas cuatro voces (Maria Trindade, el cineasta Ruy Guerra, el guionista Manoel Magalhaes "Fittipladi" y Rita) permite a Faverón lanzarse a juegos de espejos y desdoblamientos marca de la casa, a digresiones interesantísimas acerca de la "alta" y la "baja" cultura, del plagio o del papel que debe desempeñar la cultura con respecto a la política, a descabelladas historias trufadas de pistas que son trampas o de trampas que son pistas.

Como veis, las obsesiones y los temas de Vivir abajo o Minimosca reaparecen en Madame Vargas Llosa. Lo hacen, eso sí, de forma más "comedida" o menos "ambiciosa / totalizadora" que en las citadas. Y quizá esto haga que los ya conocedores de la obra de Faverón se queden con ganas de más, puede ser. Pero también ofrece la posibilidad de que nuevos lectores se sumen a su universo: al fin y al cabo, 200 páginas intimidan menos que 600, ¿no?

Sea como fuere, es innegable que Faveron tiene una prosa con un ritmo y un estilo propios (¿mezcla de otros, tal vez?) e inconfundible, en los que aúna entretenimiento y profundidad.  Es uno de esos autores contemporáneos (otro sería, por ejemplo, Cartarescu) de los que basta leer unas pocas páginas para saber que es él. Y Madame Vargas Llosa es una buena muestra.

(*) Repasando la reseña y repensando Madame Vargas Llosa, diría que algo hay, también, de Manuel Puig en la novela.

También de Faverón Patriau en ULAD: Vivir abajo y Minimosca

jueves, 27 de marzo de 2025

Gustavo Faverón Patriau: Mínimosca

Idioma original: Español  

Año de publicación: 2024

Valoración: Imprescindible 

¿Cómo hablar, en apenas media docena de párrafos, de lo que supone un texto como Minimosca? ¿Qué decir, que no se haya dicho ya, sobre una de las novelas de año 2024? Preguntas que surgen frente a la página (más bien hoja de Word) en blanco, dudas que atormentan a este pobre reseñista frente a una obra tan vasta, tan compleja, tan exigente, tan putaobramaestra, tan 2666 de este segundo cuarto del siglo XXI.

Vaya, ya salió Bolaño. Era inevitable pues el parentesco es innegable. También debe citarse a Borges, a Cartarescu, a Sabato, a Faulkner (why not?), a Lautreaumont (por esto y por lo otro), a Macedonio Fernández (creo que Faverón y Macedonio vienen del mismo planeta)... aunque con un puntito de humor que lo separa ligeramente de los anteriores. La lista podría ser eterna, como el Museo de la (susodicha) novela, pero ya paro.

Y es que en Minimosca hay grietas, fantasmas, fisuras, senderos que se bifurcan, cantos de sirena, paradojas temporales, desdoblamientos y sotneimalbodsed, máscaras, metempsicosis, casualidades, guiños a la realidad histórica, realismo casi sucio, realismo mágico, guiños a la ciencia ficción, novela psico(i)lógica, exploraciones sobre el dolor y la violencia... Podría seguir, pero ya paro. 

Puedo hacer un campo de concentración donde solo quepa un prisionero y que el prisionero sea el guardia (p. 309)

Hay personas que nacen dos veces y son la misma y hay personas que nacen una vez pero son dos (p.523) 

Según el momento en que la recuerde, tres imágenes me vienen a la cabeza: 

  1. La de las matrioshkas, por sus historias dentro de la historia dentro de la historia dentro de la historia y así hasta el infinito (y más allá, que diría aquel)
  2. La de un cuadro cubista, por su fragmentación de líneas y superficies para representar la totalidad de la vida en un solo plano.
  3. La de un altar barroco, recargado de figuras, pero con Arturo Valladares y Mónica Buchenwald ocupando el lugar central.
Cada una de ellas es incompleta por separado (la primera porque no refleja la interconexión de todas las historias, la segunda porque elude el detalle que sí encontramos en la novela y la tercera porque a veces no tengo claro quién está en el centro del meollo), pero si cogemos un poco de aquí y un poco de allá, nos podemos hacer una buena idea.

Como ya habréis podido imaginar, Minimosca es una novela extremadamente ambiciosa en la cabe todo (desde disquisiciones filosóficas sobre arte y literatura hasta sádicos del más variado pelaje, desde "guest starrings" como la de Stephen King o Duchamp hasta Allen Gisnberg) y en la que el lector corre el riesgo de perderse con tanta referencia circular. Pero si nos dejamos llevar por el ritmo que Faverón imprime a las historias y nos sumergimos en la belleza de las metáforas que adornan el texto - formaban como una autobiografía en añicos, hecha de imágenes rotas, como son las biografías de la gente que en un momento se rompe y sus partes caen cada una en un hueco diferente -, encontraremos una novela que tendrá que formar parte, sí o sí, del canon literario del siglo XXI. ¡Lo diga Harold Bloom o no!

También de Gustavo Faverón Patriau en ULAD: Vivir abajo y Madame Vargas Llosa

martes, 17 de septiembre de 2024

Mario Vargas Llosa: Los cachorros

Idioma original: español

Año de publicación: 1967

Valoración: imprescindible

Por muy desorientada y mediática que haya sido últimamente su existencia, aquí reseñamos libros y no vida y milagros de sus autores. 
Los cachorros, novela corta, cortísima (entonces, intensísima) es una maravilla absoluta. Cuarta novela de su autor, en absoluto obra de tanteo, sino más bien obra de confirmación, totalmente consciente, por lo que todas sus intenciones son manifiestas y no nos encontramos ante un experimento de concisión, sino ante una obra premeditada.

Y qué joya: vaya por delante que el ejemplar leído alcanza las cien páginas de las que más de la mitad la constituyen (clásico en las ediciones de Cátedra) una extensa introducción incluyendo bibliografía - que leeré tras esta reseña para evitar ser condicionado - más un nutrido grupo de notas a pie de página con explicaciones tanto sobre los localismos empleados - alguna aclaración necesaria, muchas de ellas fáciles de comprender en función del contexto - por lo que el texto original, desnudo de complementos, debe estar sobre las cuarenta y cinco o cincuenta páginas. Pero vaya texto: perfecto desde todos los ángulos. Los cachorros sigue las correrías de un grupo de niños peruanos, cada uno de ellos provisto de su curioso apodo o mote, que (aquí todo es elipsis, glorioso elipsis) no siempre es explicado, aunque sí, relativamente, el del protagonista, el Pichula Cuéllar, figura que aporta el pretexto para la patada inicial del relato, pues se le da entrada en el primer párrafo, que ya aporta todo el regusto de la novela: concisión, urgencia, cambios súbitos, hasta en la misma sentencia, de sujeto y tiempo verbal, cada frase necesaria para el contexto, y apenas media docena de líneas de la novela: 
"Todavía llevaban pantalón corto ese año, aún no fumábamos, entre todos los deportes preferían el fútbol y estábamos aprendiendo a correr olas, a zambullirnos desde el segundo trampolín del Terrazas, y eran traviesos, lampiños, curiosos, muy ágilos, voraces. Ese año, cuando Cuéllar entró al Colegio Champagnat."

Lo lógico sería que muchos se lanzaran a por esta novela simplemente por lo que este resplandeciente inicio presagia, pero continúo, para los escépticos. La trama, ese recorrido vital del grupo de muchachos, de cachorros, desde sus correrías de patio de colegio hasta sus primeros escarceos con la madurez, el descubrimiento de la sexualidad, sus opciones vitales y las tentaciones en que caen, sus estudios, su futuro, sus decisiones u omisiones. Esa es, básicamente, la trama y el que pueda no tener nada de nuevo - novela coral, ejemplo no moralizante de los distintos caminos que puede ofrecer la vida - no significa que ese camino no sea placentero y fascinante. El lenguaje, vivaz, nervioso, plagado de localismos peruanos y sudamericanos, sólo hace que aportar un éxtasis adicional y se convierte en un personaje más, delicioso contemplar su evolución y deliciosa esa irrupción - espero que constante e inacabada - de términos nuevos,  de gloriosa corrupción que desafía anquilosamiento y provoca sin vergüenza a toda almidonada institución que pretenda, aún hoy, limitar y protocolizar. Los personajes, que la concisión de la novela apenas permite más que retratar en trazo grueso y precipitado, acaban resultando familiares y cercanos, modestos iconos que retratan tanto el íntimo entorno de las amistades tejidas en la convivencia escolar como el entramado social. En fin, la novela es un emblema, un modesto emblema ya que no suele relacionarse entre las obras cumbre de su autor - sitio reservado a proyectos de mayor extensión- pero un  significativo ejemplo de como en literatura el minimalismo y la concisión no son para nada sinónimos de racanería o volatilidad. 

Reseñado de Vargas Llosa en ULAD: aquí



lunes, 2 de septiembre de 2024

Happy Hour (2x1) de Reseña Interruptus: Miqui Otero: Orquesta y Sonsoles Ónega: Las hijas de la criada


Idioma original: español

Año de publicación: 2024 y 2023

Valoración: aburrido e insuficiente, respectivamente

Aclaración preliminar propia de señor que reseña un poco por inercia y acuciado por los plazos leoninos impuestos por el CEO del blog: en otro contexto hubiera pasado de largo por estos libros, se hubieran limitado a sus respectivos  (demasiado frecuentes) abandonos y la cosa no hubiera pasado de ahí, que ya hay bastantes libros malos para otorgarles más atención de la que se merecen. Pero en algún momento, y debido a la secuencia temporal de sus intentos, los he relacionado de alguna manera. Las dos son novelas ambientadas en Galicia. Las dos son escritas por escritores de origen gallego, pero nacidos en Barcelona y Madrid respectivamente, ambos en sus respectivas cuarentenas y con cierta raigambre profesional, aunque aquí empieza a establecerse cierta diferencia, donde Otero pasaría por un cierto perfil alternativo amable (de hecho publicó en Blackie Books sus novelas anteriores), Ónega es, aparte de hija de un reputado periodista, presentadora estrella de su cadena de TV, cadena, que, oh sorpresa, pertenece al mismo grupo de comunicación que le otorga su cuantioso premio literario por esta novela. Al margen de esta forzada coincidencia, centrándonos en lo literario, parece que los dos escritores hayan querido homenajear a sus orígenes manteniendo cierta fidelidad formal e incluso apelando a lo social. Y si esto no fuera una Reseña Interruptus (bueno, dos) aseveraría que ambos han fracasado por igual.

La novela de Otero es como una puesta de largo. Alfaguara ha publicado a Vargas Llosa, al póstumo Bolaño, y su pura maquetación ya impone cierto respeto. Las necesarias alusiones a la obra del autor resultan curiosas: todas refieren a Simón de forma entusiasta, como si ni siquiera una opinión previa de Orquesta pueda ser contemplada. Leí La cápsula del tiempo, que recomendé en su momento, y del que soy incapaz de recordar un detalle al margen de su trama al gusto del lector. cosa que debería matizar mi recomendación, pero no vamos a cargar más las tintas. El lastre de Orquesta es su excesiva pretensión. Desde su rocambolesco planteamiento - el narrador es la Música - hasta su inmediata puesta en escena, carente de diálogos y empeñada en algo en que coincide con Ónega: retratar una sociedad desde sus microesferas, esta la de Valdeplata, un pueblo imaginario en el que se ha producido el típico concierto de esas decadentes orquestas que desfilan por las fiestas mayores supurando voluntariosas versiones de éxitos para todos los públicos, casi siempre compuestas por músicos ajados que ni siquiera son conscientes de que su posibilidad de acceso a la gloria ha pasado hace décadas. Y Otero, o eso deduzco cerca de la página 70, en que dejo el libro por imposible, monta esas escenas , numera los capítulos (incluyendo un capítulo 0) con series numéricas paralelas, a medida que pone personajes sobre el escenario del Valle, obligando al lector, con descripciones cargadas, apelando a algún mito local, algo que podría resumir, con algo de cruel sorna, aventurándose a ser Faulkner pasado por el cedazo de un Casavella ya cansado... Página 70, lo siento de veras.

Ónega, para empezar, demuestra bien a las claras que su desempeño como escritora es algo complementario. Aquí la secuencia es lineal y empezamos en 1900 con dos partos y un planteamiento que amaga con ser militante. Aquí estamos en la típica finca propiedad de familia rica, que en todo caso el narrador trata de Don y de Doña, y con los consabidos abusos por parte del hijo del terrateniente, que el dinero se encarga de ocultar debidamente, y la cuestión es tejer un culebrón de historias ocultas y venganzas, un puro folletín como excusa para poner en contexto situaciones de la época, diálogos con regusto apolillado y rancio y un incómodo intercalado de expresiones y vocablos pretendidamente cultos que alejen el tufo a best seller y lo acerquen a lo literario, que por supuesto, no. Pagina 66, platero a tus platós.


También de Miqui Otero en ULAD: Aquí

viernes, 1 de marzo de 2024

Luis Spota: Casi el paraíso

Idioma original: Español

Año de publicación: 1956

Valoración: Recomendable


Imagina esto: un aprendiz de torero se convierte, por azares del destino, en el presidente de la Comisión de Box y Lucha Libre Mexicana para luego llegar a ser el primer presidente del Consejo Mundial de Boxeo. Esta no es la vida del protagonista de esta novela, sino la de Luis Spota, una persona que hizo de todo: periodismo, radio, televisión, fotografía, cine y, lo que nos concierne, escribir libros.

Luis Spota, como sugiere su aspecto de burócrata (traje marrón, corbata con estampado cachemira y lentes de pasta), no ostenta un estilo innovador o particularmente espectacular, pero es preciso y efectivo (no sé si eso viene del periodismo o del boxeo). Era un escritor que conocía muy bien su oficio. Era más un artesano (en el buen sentido de la palabra) que un artista (en el mal sentido de la palabra). A pesar de que "Casi el paraíso" transcurre en dos líneas temporales, para nada se parece a los embrollos de Vargas Llosa. Este recurso solo se usa como pretexto para mostrarnos el pasado del protagonista.

Lo que tenemos aquí es una narración simple pero que va al grano: posterior a la salida de Lázaro Cárdenas de la presidencia de México, quien había materializado los ideales de la revolución de principios de siglo, el país fue ocupado por una burguesía nacida de las reformas revolucionarias (similar a los grandes conglomerados en EU o al zaibatsu en Japón). Una burguesía rapaz, poco ilustrada, ambiciosa, que acumuló una gran cantidad de capital al amparo del gobierno y que, como un nuevo rico rencoroso que desprecia sus orígenes, busca legitimar su riqueza adquirida sin mérito propio mediante su asociación con los intelectuales, o peor aún, con la nobleza.

Al aliarse con figuras prominentes en el ámbito cultural y aristocrático, esta burguesía busca elevar su estatus social y proyectar una imagen de refinamiento y sofisticación, así como extender sus redes de influencia y oportunidades económicas. Este fenómeno es criticado y ridiculizado por Spota, quien nos muestra un mundo donde la corrupción y el cinismo son moneda corriente (“cuando entré a la revolución odiaba a los ricos, y ya ve, Dios me castigó haciéndome uno de ellos”), donde la riqueza es perseguida a cualquier costo, sin importar a quién se deba llevar entre las patas.

Si bien "Casi el paraíso" de Luis Spota es un agudo análisis de una parte de la sociedad mexicana del siglo XX, también se pueden señalar algunos puntos negativos. Aunque la novela presenta una amplia gama de personajes, algunos de ellos pueden resultar superficiales, utilizados únicamente como contraste para los personajes principales. Además, en algunos momentos, el drama puede ser un poco denso, lo que recuerda a una telenovela mexicana. Estos puntos no necesariamente invalidan las cualidades positivas de la novela. Es sorprendente que Spota no sea tan conocido como otros escritores mexicanos, ya que, para mí, es uno de los grandes.


martes, 20 de febrero de 2024

Belisario Flores: La isla trasnochada

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2016

Valoración: Recomendable

Bolivia. Segunda década del siglo XX. Evo Morales lleva ya un tiempo en el poder y las élites más o menos tradicionales han perdido peso en el país. Por si fuera poco, la situación está jodida y un grupo de gente (Los sublimes, para más señas) de nivel económico alto decide encerrarse en un centro comercial a la espera de que lleguen los gringos para rescatarlos y llevarlos a los Estados Unidos. Esta es la premisa de una novela que no es otra cosa que una sátira despiadada de una parte de la sociedad boliviana que los autores conocen bien, un parte de la sociedad terriblemente hipócrita, racista, sexista, etc.

¿Los autores? Sí, los autores. Porque Belisario Flores es el seudónimo de Mario Murillo y Diego Loayza, así que La isla trasnochada es una novela a cuatro manos en la tradición de Bioy y Silvina, Gabo y Vargas Llosa (¿o lo de estos y las manos fue otra cosa? o Carmen Mola (quienes, por cierto, no molan una mierda, además de ser seis manos en lugar de cuatro).

Bueno, el caso es que esta es una novela en la que hay un "coach ontológico" que vendría a ser un Paulo Coelho (aún más) buenorro, expresidentes de Gobierno, militares, futbolistas, financieros, adultos y jóvenes pasados de rosca.. un texto en el que se mezclan lo divertido, lo absurdo, lo grotesco y lo trágico en lo que podríamos llamar un "esperpento a la boliviana".

Pero lo exagerado no excluye elementos más "profundos" en la novela. Ya sabéis, lo grotesco como espejo deformante de la realidad. Así que en La isla trasnochada hay sociología, hay antropología social, hay un "estudio" sobre cómo evoluciona un grupo humano reducido en una situación de tensión extrema y en un ambiente cerrado, sobre el tránsito de una sociedad perfecta a una pesadilla, sobre fantasías y deseos inconfesables en tiempos convulsos. Claro, ¡en algo se tiene que notar que los autores  son dos señores sociólogos!

Quizá lo único que se puede achacar a la novela es un exceso de personajes que hace que algunos de ellos queden escasamente perfilados. Entiendo que son arquetipos que pueden cumplir su función en la novela, pero su número se antoja excesivo.

Por último, mención de honor al lenguaje de la novela. ¡¡¡¡No os lo vais a creer pero los personajes no hablan como si fueran de Valladolid!!!!! Autores, escenarios y protagonistas son bolivianos y hablan en español de Bolivia (glosario incluido), como no podía ser de otra manera. Lo que parece lógico puede que tire al lector no boliviano un poco para atrás. No lo hagáis, tenemos un idioma común de una riqueza brutal y este libro es buena muestra de ello. 

lunes, 22 de enero de 2024

Ismail Kadaré: Tres minutos. Sobre el misterio de la llamada de Stalin a Pasternak

Idioma original: Albanés
Título original: Kur sunduesit grinden. Rreth misterit të telefonimit Stalin-Pasternak
Año de publicación: 2022
Traducción: María Roces González
Valoración: Está bien

Seamos claros. Esta no es la mejor novela de Ismail Kadaré y, probablemente, tampoco estará entre lo mejor de Kadaré el día en que el bueno de Ismail nos deje (esperemos que dentro de bastante tiempo). Pero esto no quiere decir que sea un mal libro, ¡ni mucho menos! Además, viendo las "cosas" que han escrito o escribieron gente como Vargas Llosa o García Márquez en sus últimos años (mención especial a la sonrojante Memoria de mis putas tristes), queda claro que el albanés lleva mucho mejor el paso del tiempo.

Por si lo comentado al comienzo de la reseña fuera poco, creo que esta es una novela para iniciados en el "mundo Kadaré". Toda la primera parte del libro está vinculada a la propia vida y a El ocaso de los dioses de la estepa, segunda novela del autor y con la que Tres minutos comparte escenarios y cierta temática, lo que juega doblemente en contra del texto: para los no iniciados, resulta complicada de seguir; para los "conocedores", no aporta nada nuevo.

Así, el punto de partida lo constituye la "reacción del pueblo soviético" (perdón por el eufemismo) por la concesión, en 1958, del Nobel de Literatura a Boris Pasternak. A estos sucesos se unen la estancia de Kadaré en Moscú y la ruptura entre la Albania de Hoxha y la Unión Soviética de Jruschev, ampliamente narrados en El ocaso de los dioses de la estepa y revisados nuevamente para la ocasión por el autor. Además de lo anterior, en esa primera parte del texto se intercala lo que luego será el "meollo" del libro: los célebres tres minutos de la llamada de Stalin a Pasternak, allá por 1934, para (¿qué exactamente: charlar, comentar, mencionar, informar?) sobre la detención del poeta Osip Mandelstam.

Superado este algo costoso tramo inicial, Kadaré recurre al tópico de la bibliografía ficticia para sugerir 13 versiones de la llamada: amantes, amigos, escritores o esposas ofrecen variaciones sobre lo que pudo ocurrir en esos tres minutos. Es aquí donde el libro coge vuelo y nos recuerda al gran Kadaré de otros momentos, ese que explora la relación entre el arte / artista y el poder, que indaga en la psicología de autores o editores en regímenes totalitarios, que habla sobre el temor, el miedo y el absurdo.

Más allá de estos temas ya tratados con profusión en la obra de Kadaré. Tres minutos resulta interesante por lo que supone también de trabajo en relación con la verdad y la memoria. Porque ¿cuál es la versión que más se acerca la realidad?, ¿qué retazos son los que más se aproximan a lo que ocurrió?, ¿cómo afecta el tiempo a nuestra visión de los hechos?, etc.

Pese a esta mejora en la parte final del texto, queda la sensación de que Kadaré es capaz de una mayor profundidad en su análisis, queda la impresión de que la novela sabe a poco. Seguramente sea que el nivel de exigencia por nuestra parte sea demasiado elevado, que Kadaré ya tiene una edad y no está ya para demasiados trotes O, simplemente, que a estas alturas hace lo que le da la gana y listo. Si es así, hace bien. ¡Qué leches!
 

domingo, 12 de noviembre de 2023

Manuel Rivas: En salvaje compañía


Idioma original:
gallego
Título original: En salvaxe compaña
Traducción: Manuel Rivas
Año de publicación: 1994
Valoración: Muy recomendable

(Aviso: He leído este libro en el gallego original, por lo que no puedo opinar sobre la traducción).

Es Manuel Rivas un autor bien conocido por el gran público: en los 90 se realizaron un par de películas basadas en relatos suyos que disfrutaron de gran éxito de crítica y público y lo llevaron a la fama más allá de las fronteras gallegas. Dato curioso es que quizá en la actualidad sea más conocido por ser el padre del actor Martiño Rivas, protagonista de una serie de televisión en la que encarna a otro conocido actor porno. La vida es así.

Al grano: En este libro, una de sus primeras novelas, Rivas hace gala y honor de poder presumir de ser el heredero legítimo de la narrativa mágica del Merlín de Álvaro Cunqueiro. Nos sumerge en una Galicia llena de realismo mágico, donde realidad y fantasía se mezclan de forma natural desembocando en un mundo onírico, hermosísimo y lleno de vida, donde las personas no desaparecen al morir sino que renacen reencarnados en animales y disfrutan de una nueva vida más primitiva (lógicamente), más salvaje, pero también disfrutable, metiendo también en la mezcla narrativa algo de mitología e historia de Galicia.

Curiosísimos personajes, mezcla también cómo no de realidad y fantasía, nos llevan por un relato doble donde los animales (anteriores moradores del pueblo de Arán, que no pueden ir al cielo ni al infierno por una admonición del párroco) nos sirven de testigos excepcionales, con el cuervo Toimil dando cuenta al Rey de las aventuras y desventuras de los aranenses (¿será este el gentilicio correcto? Me lo acabo de inventar?), interviniendo en sus destinos y dirigiendo el pueblo desde las alturas.

Una parte más tierna, donde el protagonismo recae en Simón y Misia, cada uno por su lado, seres más mágicos y ensimismados en su propio mundo, contrasta con el lado más sucio y realista de la parte de Rosa y su familia. La emigración, la resignación de lo que no pudo haber sido y no fue, así como la nostalgia, son telón de fondo de la narración. 

Debo decir que es esta crítica un resultado de una relectura: aunque ya había leído este libro hace años, no había sabido disfrutarlo apropiadamente (quizá por el momento, quizá por mi juventud) y me había quedado en el recuerdo un regusto amargo. Con el tiempo fui leyendo más de la obra de Rivas, tanto anterior como posterior a este libro, y me animé de nuevo con esta novela: ha valido mucho la pena, convirtiéndose en mi libro favorito de este escritor. Y los tiene muy buenos. Para mí gusto es en esta novela donde Manuel Rivas alcanza su mayor nivel literario: por su parte siempre podemos contar con una buena metáfora, con estilismos muy bien trabajados y oportunos, con un estilo preciosista pero efectivo: no se enquista en la floritura, sino que avanza en la entrega de información. Quizá sea este el rasgo que más me gusta de su escritura. 

Con Manuel Rivas siempre podemos contar con un nivel muy alto en general, pero es que en este libro estaba de dulce. Me corroboro en mi afirmación, es mi libro preferido de él.

Tiene una forma de escribir muy propia, con larguísimas secciones sin utilizar el punto, simplemente separando la información a base de comas, sin respiro, con un gran sentido de la estructura y el ritmo, en el estilo de Vargas Llosa en Los Cachorros, o tantos otros autores que utilizaron y utilizarán ese recurso antes y después que él, como por ejemplo estoy haciendo yo ahora mismo en este párrafo. Pero son en el caso de Rivas mucho más largos todavía, de páginas enteras. Y uno las lee sin darse cuenta, pasan como agua.

Es este un recurso arriesgado pero que el autor domina a la perfección, dando como resultado una velocidad narrativa que convierte la lectura en un fluir ligero y muy disfrutable.

En fin, muy recomendable alto.


Todos los libros de Manuel Rivas reseñados en la ULAD aquí.

lunes, 28 de agosto de 2023

2x1: Perro con poeta en la taberna y Los ermitaños de Antonio Gálvez Ronceros

Idioma original: Español
Año de publicación: 1962-2018
Valoración: Entre está bien y recomendable

Un novelita breve y un libro de relatos, de unas sesenta páginas cada uno y separados por más de cincuenta años, son la carta de presentación del recientemente fallecido Antonio Gálvez Ronceros en las librerías españolas. 

Perro con poeta en la taberna (2018) es una novelita con toques valleinclanescos en la que el autor recurre al perro que habla y algunas otras exageraciones (hombres de 3 y 5 metros de altura, hombres con cabeza de huevo) para hablarnos del "cojudismo" del mundillo literario peruano, entendiendo por "cojudismo" la soberbia, la vanidad, la petulancia, el clasismo o el racismo. Un hilarante catálogo de agravios y resentimientos que dejan con una sonrisa en la cara y a los que se les puede achacar una cierta falta de empaque. Bien como sucesión de anécdotas, no tanto como conjunto.

P.S.: Seguro que los protagonistas de las anécdotas tienen nombres y apellidos. Me gustaría conocerlos. Un poco de "marujeo" literario, vaya.

Por su parte, Los incrédulos (1962) me parece mucho más interesante. Siete relatos breves ambientados en el mundo rural constituyen el volumen. En ellos, el humor y el habla popular son los elementos fundamentales: aquel en el planteamiento y desarrollo de los textos; este en toda su extensión. El lenguaje como herramienta en manos del autor.

Lo tragicómico también recorre los siete relatos, en los que podemos encontrar algunos toques que los ligarían con el "gótico andino" y con la tradición oral de la región. Tragos, abusos de poder, violencias, muertes y espíritus variopintos que sirven como contexto para mostrar una realidad que no suele estar en el centro del "relato".

En resumen, buena carta de presentación de un autor contemporáneo de grandes de la literatura peruana como Vargas Llosa, Arguedas o Scorza, pero bastante alejado en lo formal y estilístico de unos y de otros. Si acaso, se podría acercar algo a los dos últimos en Los incrédulos, con su protagonismo a clases y hablas populares, aunque creo que desde un enfoque bien diferenciado.

sábado, 20 de agosto de 2022

Carlos Mazzanti Clerici: El círculo Yesida

Idioma original: Español

Año de publicación: 1974

Valoración: Entre está bien y recomendable

Esta reseña comienza allá por el mes de abril, cuando Gonzalo (nieto del autor) me habló de la existencia de tres novelas publicadas por su abuelo y de la posibilidad de hacerme llegar alguna de ellas para una posible reseña. El caso es que me puse a buscar y, aunque en Madrid igual no te encuentras nunca con tu ex (según Ayuso, claro) pero puedes encontrar casi cualquier libro (esto lo digo yo), vi que en una librería de viejo estaba a la venta "El círculo Yesida" y allí que me fui.

El caso es que "El círculo Yesida", publicada en 1974 por Seix Barral (ojo que por aquella época publicó a Vargas Llosa, Cabrera Infante, Benet, Donoso o Manuel Puig), es una novela más que interesante, aunque algo lastrada por algún que otro vaivén y por una excesiva "densidad".

Pese a los nombres citados, el primer nombre que me viene a la cabeza tras la lectura de la novela es el de Ernesto Sabato. Porque habemus último representante de familia bien (no de rancio abolengo pero familia bien en todo caso), habemus casa enorme pero casi "infranqueable", habemus conspiración / persecución y habemus personaje central rarito / contemplativo / poseído por oscuras abstracciones que conviven con largos periodos de inercia.

Más allá de esto, la novela tiene en su fase inicial varias "subnovelas" en su interior ya que en ella conviven la novela existencialista, la novela más o menos histórica y la más o menos tradicional saga familiar latinoamericana. Pero mediado el texto, este se vuelve paulatinamente un denso, oscuro y por momentos críptico juego dialéctico-metafísico que hace que caiga en alguna reiteración, que el ritmo se resienta y que la lectura pierda "agilidad".

Dicho esto, la novela tiene varios aspectos a destacar, como son:

- el lado crónica del auge y decadencia de la estirpe de los Gentile (será casualidad la coincidencia del origen italiano del apellido de protagonista y autor?)

- el retrato de clases sociales de la época, con sus ricos en los que se mezcla la explotación más salvaje y cierta "empatía" para con el débil y sus servidores en los que conviven temor y dependencia

- el personaje de Graciano Gentile, con sus obsesiones y abstracciones, con su lucidez y su locura, su soledad y su culpa

- el juego oscuridad de la mente del personaje y oscuridad de la casa, dos caras de la misma moneda.

Así que no me arrepiento para nada de haber "arriesgado" con un autor y un texto del que creo que muy pocos han oído hablar y al que, en estos tiempos de recuperaciones y rescates, quizá habría que dar una relectura. Con sus "peros" incluidos, el texto merece la pena.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

ULAD: Lo mejor que nos dejaron leer en 2020

Hagamos como en el popular juego de mesa: a ver si conseguimos omitir ciertas palabras que van a definir el 2020. Pero primero, una escueta explicación del título de nuestra entrada. "Nos dejaron" se refiere a las circunstancias: a las generales y a las de cada uno. Porque nos afectó de formas distintas. Algunos leyeron como nunca y a otros lo que sucedía (perdón: lo que aún está sucediendo, en un presente continuo que se transforma en futuro condicional) les impedía concentrarse, les acaparaba la atención hasta situarse en un primer plano incómodo y fascinante. Pero "nos dejaron" también puede interpretarse de otra manera: cuando se han necesitado vías de escape, se ha podido ir a cortarse el pelo, pero no a ver una obra de teatro, se ha podido adquirir tabaco, pero no trastear estantes de libros en librerías o bibliotecas. Y, sin negar lo demagógico de estas afirmaciones, sí que esos hechos son representativos de la sociedad en que vivimos y de sus prioridades. La cultura, en la cola de espera. Aquí no podemos, no debemos estar de acuerdo.

 

Beatriz Garza

Libro/ autora del año: El quinto hijo de Doris Lessing

Lectura revelación: Lectura fácil de Cristina Morales

Relectura provechosa del año: El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence

Lecturas "gallina de piel" del año: El color púrpura de Alice Walker y Las malas de Camila Sosa

Lectura sanadora del año: La ciudad de los arquitectos de Llàtzer Moix

Formato revelación: "miniensayo" o "minicrónica" como Un miércoles de enero de Bob Pop, Ofendiditos de Lucía Lijtmaer y Contarlo para no olvidar de Maruja Torres y Mónica G. Prieto

Buenos propósitos para el 2021: llegar cuerda al 2022

 

Carlos Andia

Mejor novela (2x1): Siglo XXEl gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Siglo XXICorazón giratorio, de Donal Ryan

Microrrelato: Obras completas (y otros cuentos), de Augusto Monterroso 

Clásico: Tiempos difíciles, de Charles Dickens 

Teatro (ex-aequo): Aquí no paga nadie, de Dario Fo, y Anillos para una dama, de Antonio Gala 

Ensayo histórico-político: La estirpe del camaleón, de Julio Gil Pecharromán  

Un tocho interesante, de toda la vidaLa democracia en América, de Alexis de Tocqueville

Un monstruo ingobernable (pero una lectura que nunca se olvidará): Finnegans Wake, de James Joyce

Libro de viajesEn las antípodas, de Bill Bryson

Relectura del añoEl templo del alba, de Yukio Mishima

Diario de guerra: El abrazo de los muertos, de José de Arteche (en enlace no sale bien)

Y dejamos para el final lo más flojito:

Libro de relatos: Ninguno convincente, o sea, premio desierto

Y ni con un palo: nada de David Foenkinos (pongo el enlace de Hacia la belleza por si alguien quiere saber por qué)

 

Francesc Bon

Otro año más bien desastroso: escarbando en el baúl de los grandes clásicos del siglo, tras comprobar demasiado a menudo que las grandes novedades me siguen dando disgustos y pereza a partes iguales. Es mi culpa, seguro. Bueno, casi seguro.

Propósitos de año nuevo: encontrar algún nuevo autor de ficción que me deje patidifuso (habiéndolo buscado previamente), aunque me veo probando otra vez con la obra de Philip Roth o William Faulkner, que me han dado grandes satisfacciones, de nuevo, y a lo mejor de eso se trata

Libro del año: Falso espejo, de Jia Tolentino (sin negar lo fresco y reciente de la sensación, una autora que no desperdicia palabrería en conceptos vacíos)

Tiempo desperdiciado: segundas oportunidades a quienes no lo merecen, como el plasta de Vilas o algunos que no merecen ser mencionados (Vilas sí, por prolongar su impostura)

Me lo imaginaba más grande: Exhalación, de Ted Chiang, al que encontré sobrevalorado.

Un poco hartito: de la literatura queer et al hacinándose en un rincón, refractaria a ser evaluada objetivamente.


Juan G. B.

Ensayo del año: El infinito en un junco, de Irene Vallejo.

Mejor novela histórica de Ciencia-Ficción: Proletkult, de Wu Ming.

Novela negra de fantasmas: La apariencia de las cosas, de Elizabeth Brundage.

Latinas Power: Ladrilleros, de Selva Almada; Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor; Las voladoras, de Mónica Ojeda.

Agradables sorpresas: La voz y la espada, de Vic Echegoyen y Matèria de Bretanya de Carmelina Sánchez-Cutillas.

Cierta decepción: El olor del bosque, de Hélène Gestern.

Aún no lo tengo claro: Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, Desierto sonoro, de Valeria Luiselli; Noche y océano, de Raquel Taranilla.

Libro que no me atreví a reseñar: Apocalipsis, de Stephen King.

Leeré en 2021: Algo de José Luís Peixoto, si encuentro una buena traducción, que es difícil...


Koldo CF

RelecturasLos pasos perdidosLa marcha Radetzky o Nieve de primavera (3 libros imprescindibles).

Autoras rescatadas, ya sea para el público en general, como Sara Gallardo y sus magníficas Eisejuaz o Enero, o para mi en particular, como Svetlana Alexievich (no la había leído hasta este 2020) y el terrible Voces de Chernóbil

Novedades del año: Un debut, el de Ce Santiago con El mar indemostrable, y una novela "autobiográfica", el Porque ya no queda tiempo de Rafa Cervera

Año balcánico: Destacan Ismail Kadaré como "autor más leído este año" y la lectura de Un puente sobre el Drina de Ivo Andric.

Decepciones:  Tan malos que no merecieron ni reseña destroyer han sido "Sueños de trenes" de Denis Johnson y "Los cuadernos de Don Rigoberto" del amigo Vargas Llosa.


Marc Peig

Libro del año: «No digas nada», de Patrick Radden Keefe.

Ensayo políticosocial del año: «Como ser antirracista», de Ibram X. Kendi.

Librodenuncia del año:  «Sin más amigos que las montañas», de Behrouz Boochani.

Grandes debuts en narrativa: Xavier Mas Craviotto por «La mort lenta» y Carlota Gurt por «Cabalgar toda la noche».

Descubrimientos del año (autores): Saša Stanišić por «Los orígenes», Eduardo Lalo por «Simone»,  Claudia Rankine por «Ciudadana» e Ignacy Karpowicz por «Sońka».

Consagraciones del año: Eva Baltasar con «Boulder» y Han Kang con «Blanco».

Experimento exitoso del año: «El càstig», de Guillem Sala.

Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Stefan Zweig, Rebecca Solnit y Per Petterson.

Propósitos para el 2021: intentar evadirme de tanta novedad y volver a los clásicos (segundo intento). También hacer reseñas más breves ;-)


Montuenga

LO +

Ficción:

·       Una joya olvidada: La vagabunda de Sidonie-Gabrielle Colette.

·       Un clásico indiscutible: El color púrpura de Alice Walker.

·       Una maravilla más en la extensa obra de una autora excepcional (y cuyo premio Nobel la humanidad se va a perder por culpa de esos suecos imprevisibles): Qué fue de los Mulvaney de Joyce Carol Oates.

·    Un clásico revisitado (y convertido en thriller por obra de un maestro del género negro): Macbeth de Jo Nesbo.

·        La mejor novela histórica leída (y publicada) este año: Ni siquiera los muertos de Juan Gómez Bárcena.

·     La mejor primera novela que he leído en muchísimo tiempo: La vida verdadera de Adeline Dieudonné. (Aunque se trate de un texto intimista se lee como si fuera un thriller).

                                                                                                                                                No Ficción:

·       El mejor ensayo filosófico leído este año, riguroso, documentado y repleto de humanidad: La mujer molesta de Rosa María Rodríguez Magda. (Y con entrevista añadida).

·     Un ensayo científico muy adecuado para reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí: El cisne negro de Nassim Nicholas Taleb. (Hay sucesos que la ciencia puede prever y al ciudadano medio ni se nos pasa por la cabeza).

·     Un texto didáctico, elemental para según quién pero muy instructivo y necesario en los tiempos que corren: Querida Ijeawele de Chimamanda Ngozi Adichie. (Aunque dedicado a las jóvenes, lo deberían leer muchos/as adultos/as).

LO –

Ficción:

·       Sin comentarios: La hija de la española de Karina Sainz Borgo

·     El testamento, poco afortunado, de un clásico indiscutible del género negro (pero a él se le perdona todo): Km 123 de Andrea Camilleri

·       Una novela que aburre a las ovejas (en mi opinión, naturalmente): El verano sin hombres de Siri Hustvedt.


Oriol Vigil

-Mejor novela: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

-Otras novelas destacables (por citar sólo unas cuantas): Personajes desesperados, de Paula Fox, Tennessee, de Luis Gusmán, El quimérico inquilino, de Roland Topor, El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Le Guin, Bubu de Montparnasse, de Charles-Louis Phillipe, Ethan Frome, de Edith Wharton

-Mejores antologías: La condena, de Franz Kafka, El séptimo caballo, de Leonora Carrington, Acostarse con la reina y otras delicias, de Roland Topor

-Lo mejor en no ficción: La canción de las máquinas, de Sherwood Anderson, El mercado y la globalización, de José Luis Sampedro 

-Tochazos: Sexual Personae, de Camille Paglia, Los mandarines, de Simone de Beauvoir 

-Libros decepcionantes: El lado de la sombra, de Adolfo Bioy Casares, Barbazul, de Kurt Vonnegut, The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson, Reinas del abismo, de varias autoras

-Autores descubiertos: Isaac Asimov, Roland Topor, Mijaíl Bulgákov, Ursula K. Le Guin

-Empacho de: Literatura decimonónica, narrativa juvenil y fatalismo

 

Santi 

Dentro de lo poco que he conseguido leer este año, por falta de tiempo y de ánimo, afortunadamente ha habido algunas grandes lecturas que me han salvado el año:

  • Panza de burro de Andrea Abreu: creo que es para mí la lectura del año, por sorprendente y rompedor, este relato canario (muy canario) del proceso de crecimiento de dos niñas;
  • Basilisco de Jon Bilbao: esta no es una sorpresa, porque Jon Bilbao es un escritor consolidado, pero esta es probablemente su mejor obra. Y ni siquiera sé en qué género se clasifica;
  • Casas vacías de Brenda Navarro: una dura aproximación a la (no) maternidad, algo tremendista pero muy poderosa también.
  • La cresta de Ilión: un acierto más de la editorial Tránsito, esta reedición o revisión de un texto de la mexicana Cristina Rivera Garza sobre la identidad, los desaparecidos, el lenguaje....
  • El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Ţîbuleac, una historia cruda y poética, otra aproximación diferente a la relación entre un hijo y su madre;
  • Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan: la madre francesa de la autoficción (el padre francés sería Carrére) ofrece un relato autobiográfico centrado en la relación de la autora con su madre

Otras lecturas interesantes (ya digo que este año no han sido muchas) incluyen géneros como la crónica (El peón de Paco Cerdá), la ciencia ficción nacional e internacional (36 de Nieves Delgado, Bionautas de Cristina Jurado o El apagón de Connie Willis, aunque esta última la dejé a medias), el cómic (Los puentes de Moscú de Zapico), y cómo no, algo de literatura portuguesa, como El retorno de Dulce Maria Cardoso o De la naturaleza de los dioses, del "inevitable" Lobo Antunes. También di mi opinión sobre el "fenómeno Sally Rooney", y me hizo especial ilusión reseñar la primera novela de una buena amiga, Penínsulas rotas de Magdalena López.

Hubo otras lecturas incompletas o que me gustaron menos, pero bastantes cosas malas ha tenido ya 2020 como para terminarlo recordando lecturas decepcionantes...

 


viernes, 7 de agosto de 2020

Dulce Maria Cardoso: El retorno

Idioma original: portugués
Título original: O retorno
Traductor: Jerónimo Pizarro
Año de publicación: 2011
Valoración: Muy recomendable


La Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974 no solo puso fin a 41 años de Estado Novo; también terminó con la Guerra Colonial, que era uno de los motivos que había llevado a la rebelión de los capitanes de Abril. Así, entre finales de 1974 y 1975 se produjo un proceso de descolonización del Imperio portugués precipitado y caótico, que dio origen a lo que después se llamarían retornados: los portugueses o luso-descendientes que vivían en las antiguas colonias, sobre todo en Angola y Mozambique, y que salieron huyendo, poco antes o poco después de la independencia, en dirección a la metrópoli. Algunos consiguieron sacar algunas pertenencias en cajas o en maletas que se acumularon durante mucho tiempo en los muelles de Lisboa, pero muchos lo perdieron prácticamente todo; algunos tenían familiares que los acogieron, otros tuvieron que ser alojados y apoyados por el Estado. Su llegada a Portugal provocó un terremoto social, económico y político: eran casi medio millón de personas en un país de nueve millones, con hábitos, lenguajes, ideas diferentes; de hecho fueron generalmente mal recibidos, y el término "retornado" tiene todavía hoy una carga peyorativa que hace que sea rechazada por muchos de ellos.

Sobre este tema, que tiene algo de traumático, como sobre la Guerra Colonial, casi no se hablaba en Portugal hasta hace relativamente poco. Hasta que algunas obras, películas, series de televisión o exposiciones han empezado a romper el tabú y recuperar este tema para la memoria colectiva portuguesa. Y dentro de esta ola de recuperación, El retorno de Dulce Maria Cardoso (2011) ocupa un lugar particularmente relevante y simbólico, por su repercusión y su difusión, quizás comparable al Caderno de Memorias Coloniais de Isabela Figueiredo (2009). Naturalmente había obras anteriores, por ejemplo de Antonio Lobo Antunes (Esplendor de Portugal, Las naves...) pero no tuvieron la capacidad de generar debate y opinión que sí tuvo en cambio la obra de Dulce María Cardoso, sea por la dificultad propia de las obras de Lobo Antunes, o porque la sociedad portuguesa no estaba todavía preparada para afrontar el tema.

La historia de El retorno comienza precisamente en la última noche que la familia del narrador y protagonista pasa en Angola, antes de viajar hacia Lisboa: Rui, el hijo mayor de la familia, reflexiona frente a aquella "última cena" sobre su vida en Angola, la enfermedad de su madre, la Guerra, la revolución que les rodea y que ha hecho que muchos portugueses hayan salido ya en dirección a Portugal. Esa misma noche, el padre y patriarca de la familia es detenido por soldados angoleños, dejando a Rui en el papel de cabeza de familia, con la obligación de cuidar de su madre enferma y de su hermana menor. A la llegada a Lisboa, alojados por el gobierno portugués en un hacinado hotel de Estoril junto con otros retornados, deberá aprender a convivir con su nueva realidad, con la incertidumbre sobre el destino de su padre y del país, y con las turbulencias propias de un adolescente "en tiempos turbios", como siempre dice la directora del hotel.

Dulce Maria Cardoso se enfrenta a un equilibrio delicado, que creo que consigue sostener con éxito: por una parte, introducir todo el complejísimo contexto histórico, tanto de Angola como de Portugal, introduciendo datos, nombres, conceptos y expresiones propias de aquellos lugares y aquellos tiempos, y reproduciendo el ambiente de una época llena de posibilidades, sueños y miedos, en lo individual y en lo colectivo; por otra parte, crear unos personajes y una trama que se sostengan por sí solos y que atrapen al lector, sin que la documentación y la ambientación, como tantas veces ocurre, se coma a la narrativa. (Véase, por ejemplo, El sueño del celta de Vargas Llosa como ejemplo de fracaso en este equilibrio).

Como digo, la escritora consigue mantener esta tensión, sobre todo con la construcción de una voz narrativa que atraviesa el texto, la del joven Rui, ansioso e inseguro en un nuevo mundo desconcertante, desde un punto de vista histórico pero también vital. Quizás la primera sección, más breve, dedicada a los últimos días de vida en Angola, sea la más potente, mientras que la segunda, ya en Lisboa, llega a perderse en algunos episodios secundarios menos originales o interesantes. Pero es en efecto la voz de la memoria de Rui, un stream of consciousness que hace pensar, cómo no, otra vez en Lobo Antunes (aunque sin llegar a su nivel de barroquismo narrativo), la que da unidad y coherencia tanto a la trama narrativa como al conjunto de eventos y momentos históricos que se nos presentan.

La novela, por otra parte, consigue huir también de otro gran peligro en este tema: el saudosismo de una época pasada, la memoria idealizante y lusotropicalista del "buen imperialismo" portugués. El retorno muestra a la familia de Rui de forma simpática (o si se quiere, empática), y hasta cierto punto se los retrata como "buenos colonos", que no maltratan ni explotan [demasiado] a los angoleños. Pero no por ello se esconde la realidad de dominación, violencia y racismo que suponía el imperio colonial portugués, algo que todavía hoy muchos portugueses tienen cierta dificultad en reconocer. No es, en este sentido, una novela tan cruda como el Caderno de memórias coloniais, o como algunas de las obras de Lobo Antunes que han narrado esta época y estas cuestiones, pero tampoco es una visión edulcorada (I had a farm in Africa) de la relación entre países, clases e individuos en un contexto de dominación colonial.

El retorno, por cierto, está publicado en la editorial "La Umbría y la Solana", que está haciendo una labor encomiable por publicar obras clásicas y actuales de la literatura portuguesa en España. Dentro de poco #HabráReseña de Todo son historias de amor, también de Dulce María Cardoso, publicado por la misma editorial...

lunes, 25 de mayo de 2020

Michelle Roche Rodríguez: Malasangre

Idioma: español
Año de publicación: 2020
Valoración: recomendable si no esperas una historia de terror

Historias de vampiros, al menos desde el siglo XVIII, ha habido infinidad y con toda clase de variantes, que van desde lo sublime a lo chusco, pasando por la hormona adolescente, lo cómico, lo distópico o lo algodonosamente infantil... En esta Malasangre nos encontramos con una propuesta bastante original, al menos hasta donde yo conozco: una novela de vampirismo tropical, latinoamericana y, para más detalle, totalmente enraizada en la Historia de Venezuela, donde se desarrolla. para más concreción, la novela transcurre en la Caracas de 1921, en plena dictadura del general Juan Vicnte Gómez, cuando el país -o al menos sus dirigentes y la red familiar y clientelar tejida a su alrededor- comienza a enriquecerse gracias a la explotación , aun por parte de compañíaas extranjeras, de los fabulosos yacimientos de petróleo que se iban descubriendo en su geografía. En ese contexto, la adolescente Diana Gutiérrez, hija de un arribista llegado a la capital trass participar en la "Revolución Liberal Restauradora" (sic) que había llevado al poder al general Castro, y luego a Gómez, y de una joven de buena familia caraqueña venida a menos, descubre que ha heredado de su padre la hematofagia, una terrible sed de sangre, aunque aún no evolucionada hasta el vampirismo... de momento.

Podemos decir que la novela discurre en diferentes niveles, que se entrecuzan: por una parte, la trama o peripecia en sí misma, la historia de la joven Diana, que al dejar la niñez se ve impelida por las ambiciones familiares y las convenciones sociales a buscar marido, comportándose como una recatada señorita casadera, al tiempo que debe asumir -y controlar- su condición de hematófaga, de mujer aviesa y rendida a los instintos animales... una "malasangre", que dice su madre. Mientras que la aaspiración de Diana es abrirse a las posibilidades que ofrece a las mujeres un mundo en proceso de cambio hacia la modernidad (posibilidades entonces bastante relativas, ya lo sabemos, pero al menos diferentes del tradicional papel que tenían reservado como esposas, madres y objeto de cambio para los intereses masculinos).

Por otro lado, encontramos la trama histórico-política en la que se ve envuelta nuestra protagonista, de ella, junto con una ambientación que cabe suponer apropiada, me parece destacable la claridad con que la autora explica las coyunturas política, social y económica de la época, algo a lo que, en un principio, supongo ajena a la mayoría de lectores no venezolanos. Cierto es que quizás la atención que le presta a esta faceta de la novela haga decaer un tanto el aspecto  más "gótico" de la narración (no olvidemos que, después de todo, se trata de una historia de vampiros... perdón, de hematófagos), pero ello también le permite entroncar Malasangre, o eso creo yo, con el ya clásico subgénero latinoamericano de "novelas de dictadores", con cierta conexión, puesto que la protagonista es también una mujer que cuenta las vicisitudes de su juventud, con La fiesta del chivo, de Vargas Llosa.

A un nivel más simbólico, hay una evidente analogía, reiterada a lo largo de la novela, entre el ansia por la sangre y el deseo (llegando al desenfreno) sexual, más aún cuando el descubrimiento de ambas circunstancias le sobreviene a Diana al poco de comenzar su pubertad. Ahora bien, el vampirismo supondría un paso más allá: la asunción de su naturaleza lúbrica, incluso bestial, por parte de la persona afectada; en el caso de las mujeres, la elección de una vida "indecente", "torcida", "viciosa"... es decir, convertirse en una malasangre. De un modo más general, también se vería como tales a las mujeres que querían liberarse de las ataduras de la sociedad tradicional: las sufragistas, feministas, contestatarias... Con otro sentido simbólico, aunque de una forma menos evidente, el vampirismo también se podría considerar aquí una alusión a la extracción de la riqueza petrolífera del país por parte de los extranjeros, y de la riqueza en general por la oligarquía política y financiera, tanto la de toda la vida, el "dinero viejo", como la de los "chácharos" que medraban con los gobiernos de Castro y Gómez.

En suma, la novela toca y trata varios temas, quizá hasta en demasía para su no excesiva extensión; tal vez también, y como ya he señalado, eso vaya en detrimento de la vertiente más gótica, más propia de una historia de terror; pero aunque no sea tal, sensu stricto, sí que se puede considerar una variación interesante del género, refrescante, incluso (si es que se puede utilizar tal adjetivo, en este caso). Sobre todo, y de cualquier manera, se trata de una novela no sólo apreciable, sino recomendable, que, presumo, es además de las que dejan poso en la memoria lectora. Y que espero no sea la última de esta apreciable escritora venezolana, aunque el listón se lo ha puesto ella misma bastante alto. Aguardaremos a ver si lo supera...

martes, 5 de mayo de 2020

Mario Vargas Llosa: Tiempos recios

Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Entre está bien y recomendable

Tengo sensaciones contradictorias tras la lectura de "Tiempos recios". Por una parte, una relativa "alegría" tras comprobar que Vargas Llosa sigue siendo capaz de escribir novelas disfrutables; por otra, cierta tristeza tras comprobar que los tiempos de las grandes novelas de Don Mario no volverán (o eso creo). Porque "Tiempos recios" es una novela ágil. solvente y entretenida en las que Vargas Llosa utiliza algunos de los recursos que le dieron fama, aunque sin acercarse a cotas alcanzadas en obras como "La ciudad y los perros" o "La fiesta del chivo".

Precisamente con esta última guarda cierto parentesco, tanto en temática como en personajes. En esta ocasión, nos trasladamos a la Guatemala de la segunda mitad de los 40 y primera mitad de los 50, época de intentos democratizadores por parte de los gobiernos de Arévalo y Árbenz que se vieron torpedeados por los intereses y maniobras de la United Fruit, bananera que hacía y deshacía a su antojo en Centroamérica, y la CIA.

Quizá el punto de partida sea uno de los aspectos más destacados de la novela: el proceso de creación, a partir de una serie de mentiras repetidas de forma machacona y de jugar con los miedos de la población (o como dijo Goebbels, ese demócrata de toda la vida,  «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad») de un estado de opinión contrario a Arévalo y Árbenz, que acabaría con la obligada renuncia de este a la presidencia de la República y la instauración de una serie de juntas militares, a cual más sanguinaria. O como escribió en el año 1928 Edward Bernays, uno de los ideólogos de la campaña anti-Árbenz (es decir, antidemocratización de Guatemala):
La consciente e inteligente manipulación de los hábitos organizados y las opiniones de las masas es un elemento importante de la sociedad democrática. Quienes manipulan este desconocido mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder en nuestro país...La inteligente minoría necesita hacer un uso continuo y sistemático de la propaganda.
Una posterior "puesta en situación" acerca de la política guatemaltelca de la época da paso a la novelización de los hechos históricos, los cuales, por otra parte, fueron de lo más novelesco, con conspiraciones internacionales, asesinatos, traiciones, pronunciamientos militares, "líos de faldas", agentes secretos, mentiras.... Vargas Llosa consigue en "Tiempos recios" que la frontera entre realidad y ficción se difumine y lo hace, en buena medida, gracias al manejo de diferentes voces y saltos temporales que tanto éxito le dieran en el pasado. Estos recursos, además, permiten que el texto no sufra apenas altibajos en cuanto a ritmo, tensión e interés y que se lea con cierta facilidad aunque uno no tenga mucha idea de historia guatemalteca y centroamericana.

En el lado menos positivo, diría que esa lectura fácil juega en contra de "Tiempos recios". No es una cuestión de "elitismos" ni nada por el estilo, sino que uno sabe de lo que Vargas Llosa ha sido capaz y tiende a situar ahí, de manera injusta tal vez, el nivel de exigencia. Así, "Tiempos recios" parece demasiado para todos los públicos. Por ejemplo, en su vocabulario, demasiado "monocorde" y lejos de la variedad y riqueza de otras obras, en el tratamiento de los personajes, también excesivamente "planos" si exceptuamos el personaje (clave, por otro lado) de Marta Borrero, o en ciertas reiteraciones y sobreexplicaciones en la parte central del texto. 

Resumiendo, una novela que deja en el aire más preguntas que respuestas, centrada en los destinos particulares y su inserción en el curso de la Historia, entretenida y amena, con un buen manejo de los tiempos y la tensión, pero que podría haber sido mejor si Vargas Llosa se hubiera atrevido a asumir más riesgos y hubiese dado una vuelta de tuerca más a los recursos empleados.

Tambiénn de Mario Vargas Llosa en ULAD: La guerra del fin del mundoCinco esquinasLa ciudad y los perrosPantaleón y las visitadorasConversación en la CatedralEl sueño del celtaLa fiesta del chivo