jueves, 12 de marzo de 2026

Roberto Saviano: Grita

Idioma original: italiano
Título original: Gridalo
Año de publicación: 2020
Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona
Valoración: necesario

Este tipo de libros tocan, inevitablemente, mi idealismo. Valorarlo de esa manera, como necesario, es pura y exclusivamente porque me inclino hacia las obras que, de alguna forma, contengan ciertos preceptos morales (nada tan dogmático como un libro oficial, por supuesto, pero sí como para indicar un camino claro entre tanta niebla) que estén en consonancia con el espíritu de la esperanza.

Dicha esta declaración tan de los sesenta, me sumerjo en el libro. Saviano deja de lado (pero no tan de lado) las historias e investigaciones sobre la mafia y nos ofrece una colección de historias cuyo recorrido no es necesariamente cronológico y sí ocupa varias líneas históricas y filosóficas. Por ejemplo, utiliza a Carl Schmitt y su amigo/enemigo para explicar la necesidad de que alguien tome las decisiones por nosotros, que alguien señale a nuestros conocidos y a nuestros desconocidos; inventa una conversación entre dos empresarios que trabajan de generar una imagen corrupta o, cuanto menos, lo suficientemente dudosa y sin ningún tipo de escrúpulos éticos y legales, para manchar al objetivo señalado; se pone en la piel de aquellas víctimas que sufrieron, de cerca, lo que significa enfrentarse al poder, entre otros recursos literarios, todo ello aderezado de la bibliografía leída para escribir la historia, por lo que cualquiera puede acceder a las fuentes originales (el mismo Saviano nos insta a hacerlo) y sacar nuestras propias conclusiones.

Todas estas historias, que arrancan con un detonante como pregunta (¿sabes que tienes que defender tu privacidad, sabes que, cuantas más palabras conozcas, más libre serás?), entran en paralelo con un principio: qué es lo que sucede cuando alguien se atreve a gritar la verdad, a desenmascarar la prenda del emperador para revelar la desnudez abyecta, a señalar con puntos y comas lo que sucede realmente, por más que alrededor todos parezcan llevar el velo de la distorsión. Y el punto en común, y esto se entronca con el tono del libro, es un mensaje hacia un supuesto Saviano joven (colocado al inicio de libro, establece la trama y se sostiene a lo largo de las páginas, ya que el autor las va trufando de anécdotas personales), uno que hubiese agradecido todas las enseñanzas del futuro antes de embarcarse en una misión prácticamente suicida y que lo tiene huyendo de una muerte que lo persigue casi con GPS. 

Es verdad que, depende del tipo de lector, la calidez que trasmite, bordeando el paternalismo en varias ocasiones (y por eso creo que este libro funciona mejor entre los quince y los veinticinco años, como en mi caso, y aunque sea paradójico por el mismo rango etario), puede resultar cargante, como un mayor que nos advierte de los peligros y no queremos escucharlo para no agobiarnos más, porque muchas veces cuestiona lo que nos parece cómodo y otras veces deja pasar situaciones que a nosotros mismos no nos cierran por ningún lado. Quizás es una forma de decirnos que no puede hacer todo el trabajo, que nosotros no podemos ser un ente pasivo a la hora de buscar y recibir la información, pero eso ya es una posible interpretación. 

Una de las cosas que más me ha gustado es que reconoce que cae en la necesidad de educar al joven y a la vez de no tenerlas toda consigo a la hora de seguir su camino, y termina admitiendo que es lo máximo que puede hacer y que espera que sea suficiente para despertar a quien lo lea. También cuenta con un elevado ritmo literario; cada historia tiene su inicio, su nudo y desenlace, como un cuento breve o largo bien contado. Da placer (estético) leerlas y genera una desolación difícil de asimilar.

Como digo, la elección de algunas palabras (gritar, confrontar, despertar) resulta incisiva, redundante en ciertos puntos, y se hubiera agradecido no sentir al autor, todo el tiempo, con la guardia alta (aunque qué menos, siendo la persona que es), con el miedo a que la historia que narra pierda su significado, su tragedia, su horror, casi como si sostuviera el celular y nos pidiera ver un vídeo sin sacarle los ojos de encima y luego preguntándonos si captamos los mil simbolismos implícitos. Conmigo, al menos, y considerando que una colección de historias desgarradoras hacen que termine inmunizado, logró que siguiera leyendo y estremeciéndome ante los hechos, ante la crueldad manifiesta y ante ese residuo de esperanza que revienta cualquier plan.

Cada capítulo cierra con un precepto que encierra la idea de gritar. Pongo mis favoritos:
  • Grita que nunca han sido solo palabras
  • Grita que no quieres ser transformado en miliciano de ninguna guerra
  • Grita cuando veas que usan tecnicismos eruditos para ocultar la verdad
  • Grita que, para combatir, no tienes que por qué ser asceta
  • Grita que no es verdad que el mal siempre sea auténtico y el bien nunca lo sea
Bueno, se puede ver por dónde va la mano, ¿no? Es una buena forma de recordar aquellos que lucharon por levantar su voz. El mensaje es el mismo de hace mil años, simplemente se va renovando. Varios de los casos no son estrictamente famosos, lo cual le da un matiz de cercanía y verosimilitud, de compasión ante una persona cualquiera. Para cerrar la reseña, a mí, y con esto no me voy a comparar a Saviano, también me gustaría dejar una suerte de máxima, la de gritar que mañana es mejor cuando todo parezca perdido.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No acabo de entender si esto es ficción o no ficción, pero yo empecé a leer Gomorra y lo dejé a medio camino, porque me parece que Saviano, que en su momento tenía una fantástica historia que contar, no es buen escritor. Y esto es algo que, a mi juicio, desgraciadamente cada vez es más fácil de encontrar, en una época el que nos estamos quedando sin ficción y cada vez hay más literatura del yo, o la publicación de todo tipo de memorias, trayectorias vitales, traumas de la infancia, etc... Otro ejemplo reciente, de la misma editorial, es Libre, de Lea Ypi: a priori, nada más seductor que una visión del fin del comunismo visto desde Albania. Pero es muy distinto si te lo cuentan bien (en lenguaje fílmico tenemos Lamerica, de Gianni Amelio), o con pocos recursos narrativos y estilísticos, como es el caso de Ypi. Y con Saviano me ocurrió un poco lo mismo... Dicho esto, gracias por la reseña. Le daremos a Saviano una nueva oportunidad.

Anónimo dijo...

Se me ha olvidado añadir, como corolario, que tener algo interesante que contar no te convierte automáticamente en buen escritor. Decía Galdós en Fortunata y Jacinta que, doquiera que va, lleva el hombre encima su novela. Lo difícil es saber escribirla bien. A veces creo que a muchos editores se les olvida algo tan simple.