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domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.

sábado, 7 de junio de 2025

Sara Gallardo: La rosa en el viento

Idioma original: Español 

Año de publicación: 1979

Valoración: Recomendable

Quizá, y solo quizá, esta no sea la gran novela de Sara Gallardo. Quizá La rosa en el viento no tenga la absorbente potencia de Enero (aunque algo de Enero haya, por ejemplo, en personajes como Teresa o Eleonora), la alucinada y alucinante atmósfera de Eisejuaz (aunque algo de Eisejuaz haya, por ejemplo, en personajes como Olaf o el emperador Don Antonio) o el nivel de desarrollo de personajes y la profundidad de penetración psicológica de Los galgos, los galgos (aunque el Doctor Borg o Andrei no anden lejos), pero es una (muy) buena novela. ¡Pero es que el listón estaba tan alto!

En cualquier caso, Sara Gallardo no se baja de mi particular podium en la categoría "escritoras argentinas de los últimos 100 años", en el que se sitúan Silvina Ocampo, Mariana Enriquez y Sara Gallardo. Porque La rosa en el viento, insisto, es una (muy) buena novela, exigente y arriesgada en lo formal, fragmentaria y evanescente. Novela, sí, pero que podría hasta ser leída como una colección de relatos conectados por hilos, asociaciones o casualidades. 

Seis capítulos (o, mejor dicho, cinco capítulos y un breve epílogo) conforman La rosa en el viento. Voces, personajes y lugares diferentes ocupan el centro de cada uno de ellos. Gallardo salta sin ningún problema de la tercera a la primera persona o al género epistolar, de la novela "romántica" a lo más o menos histórico / alucinatorio o a lo "metaliterario", pero todo encaja, nada chirría. 

Así, pasamos del amor de Andrei por Eleonora, del de Lina por Andrei y por Olaf, del de Olaf por Teresa, ... o de Buenos Aires a la Patagonía (y su eterno viento), de la Patagonia a Roma... Siempre promesas de felicidad, siempre mujeres que rompen o tratan de romper con la vida que llevan porque si no... ¿qué haríamos sin los estandartes, sin las Patagonias, sin los naufragios? y siempre la imagen de los pétalospersonajes que se van volando, sin hacer ruido.

No puedo ni debo terminar la reseña sin hablar del estilo de Sara Gallardo en La rosa en el viento. Combina como pocos la frase breve, seca y árida como el paisaje patagónico que protagoniza parte del texto, con lo poético. Su capacidad para generar bellas y poderosas imagen permanece intacta. Lo mejor es que deje un par de ejemplos (de entre los muchos que tengo subrayados): 

Olaf cortó la mitad de la ristra de pájaros asados y la metió en su alforja. Después ensilló el caballo con la abstracción tranquila de un planeta que retoma sus revoluciones después de un leve tropiezo sideral.

 Emparentadas con mapas escolares subían las venas por las patas del caballo, orinocos y amazonas absorbidos en un ijar, que reaparecían como gruesas ramificaciones por la barriga de respirar pacífico.

¡Aunque solo sea por estas dos imágenes, la lectura ya merece (y mucho) la pena! Pero no debemos quedarnos solo en esto. En La rosa en el viento y en sus ecos e influencias (Antonio di Benedetto, Saer, ¿Carpentier, tal vez?) encontramos pinceladas de sus obras "mayores" y una buena muestra de la que, para mi, es una de las escritoras clave de la literatura hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XX. 

También de Sara Gallardo en ULAD: Los galgos, los galgosEnero y Eisejuaz

jueves, 12 de diciembre de 2024

Irene Reyes-Noguerol: Alcaravea

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2024

Valoración: Está muy (pero que muy) bien

Irene Reyes-Noguerol ha escrito, con apenas 27 años (putos jóvenes),  uno de los libros de relatos del año. Por sensibilidad, por manejo del lenguaje, por musicalidad y ritmo interno de los textos,  por lo poético de las partes y del todo, por el variado catálogo de sentimientos humanos que en él se muestran, por el maravilloso homenaje a sus antepasados (como decía cuando hablaba, hace unos días, de Tierracualquier historia puede ser interesante), etc.

Y aquí podría terminar la reseña y deciros "hala, corred a la librería o a la biblioteca, pedídselo a vuestros cuñados como regalo de Reyes y ya me contaréis", pero algo más habrá que explicar, ¿no?.

Habrá que contar, por ejemplo, que doce son los relatos que conforman Alcaravea y que sus protagonistas son, más o menos a partes iguales, personajes anónimos y personajes "históricos" (quizá aquí habría que utilizar como referencia las Vidas imaginarias de Marcel Schwob), pero que todos ellos se ven igualados frente a la locura, la muerte, el amor o el dolor.

También habrá que decir, y esto es algo que me parece muy interesante, que los textos tienen carácter especular. Tres muestras, aunque haya más:

  1. La locura como centro del relato en Carta a Theo, poema arrebatado y desesperado con el que Vincent Van Gogh se dirige, en un momento de lucidez, a su hermano, en Oír el mar, que sería su versión "del lado de allá" ya que es esta vez Lope de Vega quien se dirige a su amada Marta en una carta de amor (y también de confesión) maravillosa, y en  Niños perdidos, "el lado de acullá" con una niña y una madre que duele. 
  2. El dolor ante la muerte y/o la enfermedad y/o soledad, ya sea de la madre de Antonio Machado en Esos días azules, de la madre de un "yonki" en La primera piedra o el la bisabuela Paca, siendo niña, en ese estupendo Alcaravea que me trae ecos de María Luisa Bombal o de Silvina Ocampo.
  3. Las relaciones entre los hermanos gemelos de Cascarón de huevo y su revés en Bastardo.
Además, no podremos dejar de mencionar la variedad de voces y registros: el género epistolar, el monólogo interior, el narrador omnisciente, el diálogo... Todos ellos siempre con un trasfondo poético que da a los relatos un tono íntimo, personal e identificable. 

And last but not least, tendremos que comentar el apego de la autora y de los textos a los orígenes. Ya hemos hablado de algunos de los familiares que protagonizan los relatos, pero no debemos olvidar las constantes referencias a Andalucía y a diversas formas de la cultura popular de esta tierra: canciones, expresiones, nanas, etc. Referencias que podrían ser "gratuitas", sí, pero que en este caso se insertan a la perfección en los relatos.

En fin, un libro más oscuro que luminoso, de gran belleza tanto en el continente (preciosa cubierta) como en el contenido, escrito con gran sensibilidad y mostrando una variedad de registros muy a tener en cuenta. Una joyita que nos recuerda, por si acaso se nos ha olvidado, que aún podemos enfrentarnos a las tinieblas persiguiendo la estela de una nana. 

miércoles, 6 de marzo de 2024

Mariana Enriquez: Un lugar soleado para gente sombría

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2024

Valoración: Recomendable

Me pasa con algunos de mis grupos favoritos. Un ejemplo: Teenage Fanclub. A Norman Blake y a Gerard Love (bueno, a Gerard ya no porque dejó la banda hace unos años) no les pido otra cosa que las melodías de siempre, sus armonías, sus voces. No quiero que "experimenten", que traten de innovar, de ser "modernos". Me gustan sus discos clásicos, sobre todo el Grand Prix (no, no el programa de Ramón García) y el Songs from Northern Britain, y a sus últimos discos solo les pido un eco, una reminiscencia de los días de gloria.

Pues algo parecido me pasa con Mariana Enriquez. No me parece descabellado que haya críticos (estoy pensando en cierto tipo calvo y con barba al que no parecen gustar demasiado los libros escritos por mujeres) que en sus comentarios a Un lugar soleado para gente sombría acusen a la argentina de cierto inmovilismo, de escribir una y otra vez el mismo relato, de poner demasiado a las claras sus influencias, etc.

Sinceramente, me importa un carajo. A mi me gusta que Enriquez me lleve a territorios ya conocidos, a casa u hoteles abandonados o malditos, a espectros reales o ficticios (¿qué o cuál es la realidad?), a historias de miedos y terrores personales y colectivos, etc, a esos lugares de los que no se pueden huir porque duelen, etc. Y me gusta que se noten esas influencias de Silvina Ocampo o Borges (en Mis muertos tristes y en Los pájaros de la noche), Lovecraft (en Los himnos de las hienas) o King (en Julie o ¡¡¡¡Cementerio de heladeras!!!!). 

Además, no es cierto que sean "los mismos relatos". Me parece observar en ellos una mayor carga política, sobre todo en Mis muertos tristes y La desgracia en la cara, y mayores dosis de humor, con mención especial para esa Metamorfosis tan peculiar.

De todas maneras, reconozco que no he tenido ese deslumbramiento o esa revelación inicial que tuve con Los peligros de fumar en la cama o Las cosas que perdimos en el fuego. Igual lo nuestro es ya un amor de madurez (Mariana, casate conmigo y dejá al pelotudo de Paul), qué sé yo. Aun así, confieso que he disfrutado un montón con algunos de los relatos incluidos en el volumen. Destacan, sobre todo:

  • Los pájaros de la noche, relato que parte de un supuesto mito y que se va volviendo cada vez más abierto, sombrío y turbio.
  • Un lugar soleado para gente sombría, relato de oscura belleza sobre esos lugares de los que resulta imposible escapar.
  • Diferentes colores hechos de lágrimas, texto inquietante cargado de presencias y olvidos.
  • La mujer que sufre, texto que juega con mundos paralelos y desdoblamientos
Así que Un lugar soleado para gente sombría no es el mejor libro de Mariana Enriquez, pero estoy convencido de que no va a defraudar a los fans de la argentina y de que seguro sorprende a quienes no se hayan acercado aún a los mensajes mudos que envía desde esos lugares sombríos que son sus páginas.

Otros libros de "LA REINA MARIANA" reseñados en ULAD: 
Bueno, primero pongo este pedazo de ENTREVISTA que tuve la suerte de hacerle. Y en cuanto a sus libros, aquí podéis acceder a las reseñas de El otro lado. Retratos, fetichismos, confesionesEste es el marEl año de la rataBajar es lo peorAlguien camina sobre tu tumba. Mis viajes a cementeriosNuestra parte de noche (no he vuelto a hablar a Juan desde que perpetró esta reseña), La hermana menorLos peligros de fumar en la camaLas cosas que perdimos en el fuego, Cómo desaparecer completamente

jueves, 14 de diciembre de 2023

Silvina Ocampo: Autobiografía de Irene

Idioma original: Español

Año de publicación: 1948

Valoración: Muy recomendable

Hace exactamente cinco años recordábamos a Silvina Ocampo con una (ejem, ejem) gran reseña 2x1 que podéis leer aquí. Hoy, aprovechando que se cumplen 30 años de su fallecimiento y que Lumen ha reeditado recientemente parte de su obra, la recordamos nuevamente con este Autobiografía de Irene.

Cinco textos de un alto nivel medio componen el original de 1948, al que se añaden para la ocasión el resumen argumental que escribió Silvina para la transposición al cine de El impostor por Torre Nilsson y un final escrito también por Silvina para otra adaptación cinematográfica del mismo texto.

Abre el volumen Epitafio romano, breve relato de tintes borgianos (por el contexto histórico, por alguna que otra referencia nada velada, etc) que constituye un oscurísimo cuento de hadas con final abierto en el que la obsesión por una mujer ocupa el lugar central. Para dar una idea de la atmósfera del mismo bastará su frase inicial: "Oscuros cipreses, un puente de madera al pie del monte Aventino, el cielo más azul sobre las aguas del Tíber, desconocidas casas plebeyas (sin la redención de los patios), organizaban, perfeccionaban, el atormentado secreto de un caballero romano".

Continuamos con La red, relato que se acerca más al Bioy de La invención de Morel que a Borges. Estamos ante un relato simbólico de ambientación oriental dominado por la imagen de una mariposa atravesada por un alfiler dorado. Monstruos interiores y exteriores, lo insólito y turbador se juntan en un relato gótico de atmósfera pesadillesca que podría figurar en cualquier antología de literatura fantástica.

El impostor es el más extenso de los relatos, hasta el punto de que podríamos catalogarlo como "nouvelle". Debemos distinguir dos partes bien diferenciadas en él: las anotaciones en forma de diario que ocupan el 90% del texto y el apéndice final. Aquella es un continuo juego de espejos en el que ocupan un lugar preponderante la (ir)realidad, la otredad, la frontera entre sueño y realidad, entre locura y cordura. Porque "lo verdadero es como Dios; no se muestra inmediatamente, hay que adivinarlo entre sus manifestaciones". Por desgracia, el apéndice final viene a estropear en parte lo anterior ya que lo sobreexplica y nos priva de un final abierto más acorde, creo yo, al desarrollo del texto. 

Por cierto, creo que parte del gran Los galgos, los galgos y mucho de la gran Mariana Enriquez beben de este relato.

Fragmentos del Libro Invisible es quizá el más flojo de los cinco. Con un inicio borgiano en cuanto a escenario y manejo de lo insólito y de carácter más aforístico que narrativo (sirva como ejemplo No me conozco. Conozco a los otros, a los que me conocen) este monólogo de un ¿profeta? combina memoria e imaginación, vida y muerte, para dar forma a la realidad.

Cierra el volumen Autobiografía de Irene, texto gracias al cual se podría establecer una línea de tiempo que iría desde Maria Virginia Estenssoro (El occiso) o María Teresa Bombal (La amortajada) hasta Mariana Enriquez, pasando por Silvina. Irene, niña visionaria pero incapaz de recordar, lo que implica un don y una maldición al mismo tiempo, recorre su vida en un cuento gótico de atmósfera perturbadora con un estupendo final.

Para los que recuerdan, el tiempo no es demasiado largo. Para los que esperan es inexorable 

En resumen, una magnífica muestra del talento de Silvina Ocampo para la creación de imágenes de ambientes y atmósferas a la que solo se le puede achacar, además de lo ya comentado, unas referencias demasiado "visibles". Creo que con los años Silvina se alejó, en parte, de esas alargadas sombras y elevó su obra y separó su nombre de las malditas etiquetas de "esposa de", "amiga de", "hermana de", etc. De hecho, lo más flojo de todo lo que he leído hasta ahora de ella es ese Los que aman, odian que escribió a cuatro manos con Bioy. Y me juego el pescuezo a ese libro también era una maravilla pero llegó Adolfito (sí, muy guapo y todo lo que queráis peor escribía peor que Silvina) y la cagó.  Y a quien se atreva a decirme lo contrario, LE RETO A DUELO!! 

También de Silvina Ocampo en ULAD: Antología de la literatura fantásticaLas repeticiones y otros relatos inéditosLos que aman, odianLa furia y otros cuentos

jueves, 15 de septiembre de 2022

Katherine Mansfield: Sopa de ciruela

Idioma original: Inglés
Traducción (prólogo, selección y notas): Eleonora González Capria
Ilustraciones: Josefina Schargorodsky
Año de publicación (de este volumen): 2022
Año de publicación (de los textos incluidos en la selección): 1893 - 1923
Valoración: Sorpresa más que agradable

Una pequeña explicación al un tanto farragoso encabezamiento de la reseña: los textos que se incluyen en Sopa de ciruela proceden, en su gran mayoría, de los más de 50 cuadernos que Mansfield dejó tras su muerte y han permanecido inéditos en castellano hasta la publicación de esta compilación, lo que explica ese doble "año de publicación". En cuanto a la escasamente canónica valoración, esta obedece especialmente a cierto miedo inicial a una supuesta (por mi) rareza de los textos y a su carácter fragmentario.

Dicho esto, ¿qué clase de textos se recopilan en Sopa de ciruela y qué "orden" se sigue? Pues bien, podemos encontrar anotaciones de diario, estampas, viñetas, (bocetos de) cartas, (bocetos de) relatos, poemas, reseñas literarias, recetas de cocina, listas de gastos, etc que son agrupados según un no excesivamente estricto criterio "temático": el hambre, el buen beber, la escasez, en el café, en viaje, entre jardines... A primera vista, sorprende no encontrar demasiadas referencias a la escritura como proceso, como técnica. Al fin y al cabo, cabría esperar algo así de los diarios de una escritora, ¿no? Nada más lejos de la realidad. Lo que fundamentalmente hallaremos en los diversos materiales que componen Sopa de ciruela es cotidianeidad pura y dura. La vida, vaya.

Tú y yo todavía nos amamos, pero ya no me necesitas como antes y yo, por alguna razón, siempre tengo que sentirme "necesitada" para ser feliz.

Pero pese a esa aparente fragmentariedad y a ese aspecto breve o hiperbreve, "instantáneo" por momentos, sí que encontramos una cierta "continuidad narrativa", en especial en las partes 3ª y 4ª del volumen, hasta el punto de que las mismas pueden ser leídas como una novela (plagada de elipsis, eso sí).

Vivo de viejas ilusiones inventadas, pero ya no engañan a ninguno de los dos. 

Por lo tanto, ficción y no ficción se unen para conformar algo parecido a la (auto)biografía de Katherine Mansfield a través de unos textos en los que se combinan lo naif y lo oscuro, en los que angustia existencial, enfermedad y muerte comparten espacio con el humor, la ternura o el amor.

Me siento como una mosca que dejaron caer en el vaso de leche & después rescataron, pero todavía está demasiado empapada de leche & y ahogada como para empezar a a asearse.

Ojalá se pudiera distinguir el amor verdadero del falso como se distinguen los champiñones de los hongos venenosos. 

En lo referente a la parte ficcional, la literatura de Mansfield me trae a la cabeza a la gran Silvina Ocampo. Escenarios bucólicos (jardines, sobre todo, pero también cafés), niñas o mujeres jóvenes como protagonistas y algo oscuro u oculto que no acaba de encajar. Textos cargados de luces y aromas, relatos que insinúan en lugar de mostrar.

En cuanto a lo no ficcional, me quedo con la capacidad de la autora para mostrar el desgarramiento y la extrañeza que causaron en ella los sucesivos traslados a los que la obligaban sus enfermedades, con la combinación del detalle impresionista y la objetividad más fría en las descripciones y con el ejercicio de autodisección de su interioridad.

Lo dicho. Sorpresa más que agradable la de este volumen y esta autora, absoluta desconocida para mi, de quien ya tengo por casa Fiesta en el jardín y otras narraciones. Algún día hablaremos de el. O igual no. ¿Quién sabe?

domingo, 17 de abril de 2022

VV.AA.: Atlas de literatura latinoamericana (arquitectura inestable)

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Muy recomendable (y precioso)
Edición: Clara Obligado

Hay una canción del grupo valenciano La habitación roja que dice algo así como "(...) Solíamos buscar destino para nuestros viajes en el viejo atlas de tus padres. Las fronteras han cambiado tanto, mis cosas ya no te pertenecen y todos estos viejos libros ya no se acuerdan de cómo nos conocimos (...)". Por tanto, el atlas como guía (de viajes, de lecturas) y el atlas como foto estática de un momento X regido por una serie de condicionantes (geopolíticos, económicos, etc).

Lo anterior es aplicable al 100% para este "Atlas de literatura latinoamericana" en el que, a medio camino entre el homenaje y la reivindicación, una serie de escritores, profesores y críticos cartografían la parte hispanoparlante del continente (más una pequeña incursión en el Brasil) a través de breves perfiles (biográficos, reseñísticos, académicos o periodísticos) de 50 autores más o menos reconocidos y premiados, más o menos malditos, pero relativamente olvidados o ninguneados por el canon. Por citar algunos, estarían mis adoradas Silvina Ocampo, Sara Gallardo, Roberto Bolaño o Manuel Puig, malditos como Jaime Saenz, Alejandra Pizarnik o Julio Ramón Ribeyro, gigantes como Cabrera Infante o Lezama Lima, mujeres eclipsadas como Elena Garro o Camila Henríquez Ureña y absolutas desconocidas para mi (y perdón por la ignorancia) como Carmen Lyra, Lupe Rumazo, Teresa de la Parra o Marosa di Gregorio.

Pero todo atlas es, por definición, incompleto y este no podía ser menos. Factores internos y externos al propio atlas condicionan y determinan la elección de los autores incluidos. En el lado de los factores internos cabe citar la deliberada (y afortunada) exclusión de las vacas sagradas del boom, que aunque no están directamente sí que sobrevuelan muchos de los textos, o la también deliberada (y no tan afortunada) exclusión de autores en lenguas "originarias". En el lado de los factores externos, las dinámicas del mercado editorial hacen que los grandes centros del continente (Argentina, México) tengan una presencia infinitamente mayor que literaturas más marginales, que la narrativa ocupe mucho mayor espacio que la poesía o que la inmensa mayoría de los reseñados desarrollaran la totalidad de su obra en el siglo XX y, más concretamente en su segunda mitad.

Además de lo anterior, llaman la atención algunas ausencias: Saer (sobre todo Saer), Arguedas, Ramos Sucre, Piglia, Scorza, Rosario Ferré... Pero ya hemos dicho que los atlas son fotos estáticas y al igual que las fronteras, especialmente las europeas, han cambiado una barbaridad en los últimos 120 años, también este atlas es susceptible de altas y bajas en un futuro no muy lejano.

Condicionantes y ausencias aparte, y más allá del valor de los textos como guía para posibles futuras lecturas, este "Atlas de literatura latinoamericana" admite diversas lecturas que lo hacen muy recomendable. Así, estos textos pueden y deben ser leídos como puente entre el pasado y el presente, como pequeño tratado histórico -literario, como ensayo sobre el carácter híbrido de la literatura latinoamericana, como testimonio del efecto que la convulsa historia política del continente ha tenido sobre autores y obras, etc.

No puedo terminar la reseña sin mencionar el magnífico trabajo de Agustín Comotto en la parte gráfica, con ilustraciones que no solo acompañan sino complementan los textos, y la preciosa edición de Nórdica (tapa dura, papel "gordo", letra para miopes como yo...)

En resumen, un libro de obligada lectura, pese a los condicionantes de que hablaba, para cualquier persona interesada en la literatura latinoamericana de los últimos 100 años. Con que lo disfrute la mitad de lo que yo lo he hecho será más que suficiente.

miércoles, 20 de octubre de 2021

José Antonio Ramos Sucre: Insomnio

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021 (recopilación de textos publicados originalmente entre 1925 y 1929)
Valoración: Muy recomendable

Pese a la brevedad de su obra, José Antonio Ramos Sucre (1890 – 1930) es, junto a Rómulo Gallegos, Julio Garmendia o Arturo Úslar Pietri, uno de los clásicos del siglo XX de las letras venezolanas. Apenas cinco libros - Trizas de papel (1921), Sobre las huellas de Humboldt (1923), La torre de timón (1925), El cielo de esmalte (1929) y Las formas del fuego (1929) - conforman la totalidad de la obra del cumanés, pero son más que suficientes para justificar tan alta consideración del autor.

Pero si son cinco los libros de Ramos Sucre y ninguno se titula "Insomnio", ¿ante qué carajo estamos?. Bien, pues es la recopilación de una serie de textos recogidos en sus tres obras finales y vinculados de forma más o menos directa con el insomnio que padeció el autor y que llevó a su suicidio. Abreviando, se trata de textos situados a medio camino entre la vigilia y el sueño, entre lo autobiográfico y lo onírico, pero siempre dotados de una oscura belleza amplificada por las imágenes y atmósferas creadas por el autor.

Ya la primera frase de Preludio, texto que abre la antología, da el tono general que encontraremos el “Insomnio”, que posteriormente se puede corroborar, por ejemplo, en los siguientes extractos de La nave de las almas o El desesperado:

Yo quisiera estar entre vacías tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras

Recuerdo apenas el lugar de mi ausencia. Una columna de fuego iluminaba el clima boreal. Yo me había perdido en un desierto de nieve.

He sentido el estupor y la felicidad de la muerte. Un aura deliciosa, viajera de otros mundos, solazaba mi frente e invitaba al canto de los cisnes del alba.

Por lo tanto, la escritura de Ramos Sucre nace de la experiencia personal y adopta un tono entre confesional y exorcizador que se va volviendo más angustioso, oscuro y críptico conforme avanza el tiempo. Así, en algunos de los poemas en prosa / microrrelatos / apuntes de diario / estampas (la frontera es difusa)  de La torre de Timón se puede apreciar una leve esperanza o un ligero toque de humor que desaparecen en El cielo de esmalte y Las formas de fuego.  

En cuanto a posibles referencias, pese a que en lo espaciotemporal la obra de Ramos Sucre podría ligarse a corrientes de vanguardia de la época, a mi me vienen a la cabeza un Isidore Ducasse (conde de Lautreamont) menos "bestia" o poetas románticos del siglo XIX. El tono tenue e irreal de sus textos, sus atmósferas cargadas de niebla, jinetes en la oscuridad, muerte y ensoñaciones que lo acercan a los "cuentos góticos", la infancia como momento clave, las referencias clásicas, etc sitúan a Ramos Sucre por encima de modas y experimentos más o menos efímeros y confieren a su obra una atemporalidad de la que es muestra evidente la influencia que puede observarse en autores de décadas posteriores. Igual es cosa mía, pero algo de Ramos Sucre hay en Silvina Ocampo, en Mariana Enríquez, etc.

Resumiendo: interesantísima y arriesgada (en los términos a los que me refería en la reciente reseña de Una novela que comienza de Macedonio Fernández) recuperación de un autor capital en las letras venezolanas que espero tenga los lectores y el reconocimiento que debería a este lado del charco. Sus textos lo merecen.

sábado, 29 de agosto de 2020

Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares: Los que aman, odian

Idioma original: Español
Año de publicación: 1946
Valoración: Entre está bien y recomendable

"Los que aman, odian" es el título del único libro escrito a cuatro manos (o por lo menos el único que fue publicado) por ese "extraño" matrimonio compuesto por Adolfo Bioy Casares (AKA el amigo guapo y menos talentoso del genio) y Silvina Ocampo (AKA la hermana pequeña y feucha de Victoria Ocampo). Se trata de una novela policial de marcado tono british, un divertimento o pequeña y, por momentos, encantadora broma privada que, pese a cierto tono paródico - ¿Cuándo renunciaremos a la novela policial, a la novela fantástica y a todo ese fecundo, variado y ambicioso campo de la literatura que se alimenta de irrealidades? ¿Cuándo volveremos nuestros pasos a la picaresca saludable y al ameno cuadro de costumbres? -, no logra escapar de algunos de los clichés del género.

Así, habemus asesinato en un balneario de la costa, médico homeópata con ínfulas de literato y de detective privado, personajes variopintos y que quizá no son lo que parecen (comisario de policía también aficionado a la literatura, niño "rarito", etc), enredos sentimentales, morfinómanos, joyas, sucesión de pistas falsas, sospechas más o menos infundadas y sorpresa final relativa. Nada excesivamente sorprendente, ¿verdad? Este no poder escapar de buena parte de los clichés del género, junto a un final un tanto abrupto y que, en cierta forma, desentona con el resto de la narración son sus dos principales puntos débiles. 

Lo anterior no quita que la novela posea una serie de virtudes que hemos de reconocer. La primera de ellas sería su ambientación, ese situar a los personajes en el escenario cerrado y un tanto claustrofóbico de un caserón que semeja un barco varado en medio de la arena o un submarino que ha ido a pique. La segunda sería que Ocampo y Bioy se centran, a mi modo de ver, más en los personajes que en la acción. La tercera, el exquisito lenguaje que manejan los autores. Y la cuarta y última, y quizá la más importante, es que la novela entretiene y divierte, que es de lo que se trata.

Además, y esto ya no es ni defecto ni virtud, los seguidores de la literatura de Ocampo y/o de Bioy pueden encontrar en estas páginas algunos elementos muy asociados a la obra de uno y de otro. Por ejemplo, el niño Miguel podría ser perfectamente el personaje central de alguno de los relatos de Ocampo y ciertas imágenes que se producen por efecto de una brutal tormenta de arena podrían aparecer en algún que otro texto de Bioy. Aunque, bien pensado, quizá esto sea parte del problema: esperar de este libro algo que realmente no es.


También de Adolfo Bioy Casares: aquí

También de Bioy & un tal Borges: Crónica de Bustos Domecq

También de Ocampo & Bioy & un tal Borges: Antología de la literatura fantástica

lunes, 16 de diciembre de 2019

ULAD adoctrina sobre el 2019: nuestros libros del año

Mirad: si este blog pretendiera ser solo leído por familiares de colaboradores ávidos de localizar ideas para regalar a la prima que lee, no nos veríamos obligados a esto. Pero hace tiempo que esto no es así. Es una verdad como un puño que la comunidad lectora global espera ver hacia dónde señalan nuestros dedos, cada año, por estas fechas. Aunque pueda darse el caso que los que aquí escribimos no acabemos de ponernos de acuerdo.

Palabra de Juan G. B. :
- Novela acojonante del año (en todos los sentidos): Mandíbula, de Mónica Ojeda.
- Novela pasmante del año: Vivir abajo de Gustavo Faverón Patriau.
- Novela chanante del año: El aliado, de Iván Repila.
- Novela gráfica más turbadora del año: Bezimena, de Nina Bunjevac
- Libro de no ficción (o sí ficción, según se mire): Thomas Quick. Cómo se hace un asesino en serie de Hannes Råstam.
- Autovivisecciones en canal: Mientras escribo, de Stephen King y Mis rincones oscuros, de James Ellroy.
- Ligeras decepciones: Traición, de Walter Mosley y La Señora Caliban, de Rachel Ingalls.
- Sorpresa agradable del año: La novela del buscador de libros, de Juan Bonilla.
- Libro que no me atreví a reseñar: Tsunami. Miradas feministas (V.V.A.A. con edición y prólogo de Marta Sanz)
- Descubrimientos del año: Mónica OjedaImogen Hermes Gowar, Gustavo Faverón.

Palabra de Koldo CF:
- No ficción (hispanoamericana): Distraídos venceremos, de Andrea Valdés
- No ficción (resto de mundo): Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam
- Novela (hispanoamericana): El desierto y su semilla, de Jorge Baron Biza
- Novela (resto del mundo): La suerte de Omensetter, de William H. Gass
- Relatos (hispanoamericana): La furia y otros cuentos, de Silvina Ocampo
- Relatos (resto del año): Historias tardías, de Stephen Dixon
- Tocho del año: Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo
- Relectura del año: Los siete locos, de Roberto Arlt (habrá reseña en breve)
- Peor libro con diferencia: Vox, de Nicholson Baker

Palabra de Oriol Vigil:
- Mejor novela: El lugar, de Mario Levrero
- Otras novelas destacables: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, La mujer de la arena, de Kôbô Abe, El gusano máximo de la vida misma, de Alberto Laiseca, El proceso, de Franz Kafka, Tango Satánico, de László Krasznahorkai
- Mejor antología: Bestiario, de Julio Cortázar
- Lo mejor en género negro: La promesa, de Friedrich Dürrenmatt
- Lo mejor en terror: Los sauces, de Algernon Blackwood, Uzumaki, de Junji Ito
- Mejor cómic: Vinland Saga, de Makoto Yukimura (aunque se desinfla un poco)
- Vicio literario del año: Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin (aunque también se desinfla un poco)
- Lo mejor en no ficción: La conspiración contra la especie humana, de Thomas Ligotti, El discurso vacío, de Mario Levrero, ¡Escríbelo, Kisch!, de Egon Erwin Kisch
- Libros decepcionantes: Cartero, de Charles Bukowski, Buick 8, un coche perverso, de Stephen King
- Libros aburridos: El vestido azul, de Michèle Desbordes, En el jardín del ogro, de Leila Slimani
- Autores descubiertos: Mario Levrero, Alberto Laiseca, Kôbô Abe, László Krasznahorkai
- Empacho de: Literatura nipona, fatalismo, "bildungsroman" y "pulp"

Palabra de Marc Peig:
- Libro del año: «Cárdeno adorno», de Katharina Winkler.
- Lo mejor del año (autores): Elizabeth Hardwick, Siri HustvedtIrene Solà, Tatiana Ţîbuleac
- Mejor libro de relatos del año: «No importa», de Agota Kristof
- Tochonovela del año: «Fin», de Karl Ove Knausgard
- Ensayo políticosocial del año: «Ante el dolor de los demás», de Susan Sontag, y «El ojo y la navaja», de Ingrid Guardiola
- Librodenuncia del año:  «Tú, ¡cállate!», de Laura Huerga y Blanca Busquets.
 -Autobiografía del año: «Noches insomnes», de Elizabeth Hardwick y «Los años», de Annie Ernaux
- Experimento metaliterario del año: «Novel·la», de Pol Beckmann
- Decepción del año: «Devastación», de Tom Kristensen
- Autores clásicos que ya debería haber leído y que no tardaré en ponerme a ello: Henrik Ibsen
- Autores que debo recuperar porque llevan tiempo olvidados (injustamente): Ngũgĩ wa Thiong'o, Paul Auster
- Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Olga Tokarczuk, Agota Kristof
- Propósitos para el 2020: más teatro, más ensayo e intentar evadirme de novedades y volver a los clásicos (veremos si lo consigo)

Palabra de Montuenga:
- Mejor clásico leído este año: Bel Ami, de Guy de Maupassant
- Mejor novela española: El novio del mundo, de Felipe Benitez Reyes
- Mejor novela extranjera: Los colores del incendio, de Pierre Lemaître
- Obra maestra polémica donde las haya: El desembarco, de Jean Raspail
- Mejor novela negra: El último barco, de Domingo Villar
- Relectura que nunca defrauda: La saga fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester
- Mejor western: Warlock, de Oakley Hall
- Mejor ensayo: La edad de la ira, de Pankaj Mishra.
- Distopía más esperada aunque algo fallida: Los testamentos, de Margaret Atwood.
- Peor novela con diferencia: Juego de mentiras, de Ruth Ware.

Palabra de Francesc Bon
- Propósitos para 2020: Conseguir que el tsundoku rebaje sus proporciones amenazadoras, o se fusione con el cajón de los cables. Salir de la zona de confort. Y plantear, quizás, si la próxima ya debería ser la última oportunidad para Pynchon.
- Mejor novela leída en el año: Por el regusto tras los meses, cualquiera de las tres de Zuckerman desencadenado, de Philip Roth
- Novedad tolerada: El colgajo, de Philippe Lançon, por cruda y por ver cómo nos transforma experimentar la violencia
- Me lo imaginaba más grande: Todos los hermosos caballos, de Cormac Mc Carthy
- Satisfyer literario: Walt Whitman ya no vive aquí de Eduardo Lago
- Toque de atención: a Michel Houellebecq, por los momentos autoparódicos en Serotonina

Palabra de Carlos Andia:
- Mejor novela en castellano: El silenciero, de Antonio Di Benedetto, y Prins, de César Aira (próxima reseña)
- Mejor novela en otros idiomas: Mapa de una ausencia, de Andrea Bajani, , y Vértigo, de W.G. Sebald
- Tocho anual (para no perder músculo, pero nada más): La muerte de Arturo, de Thomas Malory
- Una incursión en el microrrelato: Ojos de aguja (recopilación)
- Relectura del año: El unicornio, de Manuel Mujica Laínez
- Mejor ensayo: El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki
- Ensayo científico: El jinete pálido, de Laura Spinney
- Mejor libro de relatos: El ídolo caído, de Graham Greene
- Mejor obra de teatro (aunque tampoco había mucho donde elegir): El cementerio de automóviles, de Fernando Arrabal
- Peligro de agotamiento inminente: Enrique Vila-Matas (Esta bruma insensata, y quizá no más)
- Decepciones: varias, puede que más de lo normal, pero para qué les vamos a dar más cancha.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Silvina Ocampo: La furia y otros cuentos

Idioma original: Español
Año de publicación: 1959
Valoración: Muy recomendable

“La furia y otros cuentos” es el segundo libro de Silvina Ocampo que leo y viene a confirmar la impresión que la lectura de “Las repeticiones y otros relatos inéditos” me produjo: que Silvina Ocampo fue una cuentista más que notable cuya figura se eleva, por sí sola, por encima de su círculo más cercano. Algunas de las razones que sustentan esta afirmación son, por ejemplo, su capacidad para crear un mundo absolutamente personal e identificable para el lector, su ambición por moverse, tanto en el fondo como en la forma, en la difusa frontera entre la literatura "convencional" y la literatura "de vanguardia" (signifique esto lo que signifique) o su plena vigencia, de la que es muestra la innegable influencia ejercida sobre algunas de las autoras de relatos más en boga en la actualidad.

“La furia y otros cuentos” se compone de treinta y cuatro relatos, con una longitud que oscila entre las dos y las ocho páginas, lo que obliga a este reseñista a ofrecer unas breves pinceladas acerca del libro.

Una: el magnífico nivel medio del conjunto. Resulta muy complicado no encontrar altibajos en colecciones de relatos tan extensas, pero en este caso no hay relatos prescindibles. Obviamente, uno tiene sus favoritos (“La casa de azúcar”, “Mimoso”, “Carta perdida en un cajón” o “El goce y la penitencia”), pero no hay ningún relato que desmerezca el conjunto.

Otra: la deliberada ambigüedad de los textos. Son historias sujetas a interpretaciones varias, relatos que suelen partir de hechos cotidianos en los que se esconden elementos fantásticos o misteriosos, casi siempre turbadores.

Ya ves de qué complicadas confabulaciones, de qué ínfimos detalles dependen los descubrimientos; de qué casualidades las desdichas, las costumbres que van adoptando los seres humanos.

Otra: la permanente inversión y subversión de la “normalidad”, ya sea de roles, de género o de edad (entre otros) que se producen en los relatos. Asistimos en ellos a desdoblamientos, transferencias de sueños, premoniciones, transmutaciones, etc. En este sentido, muchos de los cuentos recogidos en este volumen tienen un componente gótico “encantador”. Vinculado a este aspecto gótico está la simbología que se repite a lo largo de varios relatos: espejos, fuego, arañas, peces rojos, etc.

Otra, ligada a la anterior: entre las diferentes inversiones y subversiones de roles, mención especial merece el tratamiento otorgado a la infancia y su relación con el sexo, la muerte y la violencia. Niños puros y/o perversos, ingenuos y/o crueles, víctimas y/o victimarios que son (¿o parecen  ser?), en su gran mayoría, incapaces de aprehender los hechos en su totalidad, lo que nos lleva a plantearnos acerca de la fiabilidad de los mismos como narradores.

Vale, ya paro. Creo que es más que suficiente para que os hagáis una idea de lo que puede encontrarse en “La furia y otros cuentos”. Si no lo fuese, también podéis leer alguno de los relatos mencionados en este invento llamado Internet. Que logréis salir de ellos ya es otra cosa…

También de Silvina Ocampo en ULAD: Las repeticiones y otros relatos inéditosLa promesaAntología de la literatura fantásticaLos que aman, odian

lunes, 28 de enero de 2019

Reseña + Entrevista. Liliana Colanzi: Nuestro mundo muerto

 Idioma original: Español
Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable

Llevo un tiempo diciendo que el "relato escrito por mujer joven latinoamericana" goza de muy buena salud. En este blog encontraréis algunos ejemplos: Mariana Enríquez, Vera Giaconi, Magela Baudoin, Andrea Jeftanovic, María Fernanda Ampuero o la boliviana Liliana Colanzi.

En el caso de Colanzi y "Nuestro mundo muerto" nos encontramos con ocho contundentes relatos, de unas 15 páginas de extensión, dominados por presencias casi sobrenaturales y por amenazas exteriores, ya sean reales o ficticias, que ponen en evidencia amenazas interiores infinitamente más peligrosas.

El contexto utilizado por Colanzi para presentarnos sus historias se acerca en muchas ocasiones a la ciencia-ficción: ojos que parecen sacados de películas de serie B o de 1984, poseídos y aparecidos que se asemejan a los chicos del maíz de Stephen King, meteoritos que provocan reacciones en cadena como si de la Melancolía de Lars von Trier se tratara, exploraciones marcianas, etc. Pero estas referencias casi "pop" aparecen unidas a creencias (o supersticiones) tradicionales vinculadas a culturas andinas, creando una curiosa mezcla entre tradición y modernidad

En cualquier caso, esto no es más que el contexto, ya que lo que de verdad esconden estos decorados son problemas reales como la incomunicación, el extrañamiento, el miedo a la muerte o, como podemos leer en "La ola", la soledad infinita de un mundo desquiciado y sin propósito.

Entrando más en detalle en cada uno de los relatos, encontramos en "El ojo", "Alfredito" y "Chaco" la influencia de Silvina Ocampo en la visión desde la infancia / adolescencia de un mundo al mismo tiempo mágico, extraño y hostil. En ellos se mezclan leyenda y "realidad", alucinaciones y hechos absolutamente ciertos.

En "La Ola", uno de los mejores relatos del libro, la protagonista pasa a ser una joven a la que persigue una rara vibración, mezcla de extrañeza, abulia y tristeza. Es este un relato circular, de ida y vuelta, que nos habla de lo difícil que resulta escapar del pasado. Esta imposibilidad aparece nuevamente en "Nuestro mundo muerto", otro de los grandes relatos del libro gracias a su ambiente cerrado y opresivo. En esta ocasión, el telón de fondo es Marte, lugar al que su protagonista huye, aunque siempre esté como un satélite girando alrededor de lo perdido. También en "Cuento con pájaro" asistimos a una nueva huida imposible. Esta vez, Colanzi maneja un registro más "terrenal", más "social" incluso, ya que en el aparecen de forma más perceptible las "dos Bolivias" (la blanca y la "india").

Finalmente, y volviendo a lo ya citado acerca de las amenazas exteriores que sirven como resorte para sacar a la luz amenazas o miedos interiores, tenemos "Meteorito" y "Caníbal". En aquel, la caída de un meteoro es el detonante del oscuro y trágico final de una pareja de "perdedores"; en este, un caníbal que vaga por las calles de París y una extraña relación serán la "excusa" para hablar de la soledad y de relaciones absorbentes.

Por último, un breve comentario acerca de los finales de los relatos, ese aspecto tan crucial. Colanzi nos ofrece finales generalmente abierto, muy sujetos a la interpretación del lector, algo que va en consonancia con el desarrollo de los mismos. Se agradece ese tratar de evitar sorpresas finales y giros inesperados, la verdad. En definitiva, muy buen libro este "Nuestro mundo muerto", compuesto por ocho relatos sin desperdicio, contundentes y originales de una autora aún joven que seguro que da mucho que hablar.

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ULAD: Tres cosas me llaman especialmente la atención en "Nuestro mundo muerto". La primera, que supongo sorprende más a un lector europeo, es la mezcla de modernidad y tradición: referencias "pop" ("El ojo" me recuerda por igual a los monstruos de serie B y a 1984, "Meteorito" a "Melancolía" de Lars Von Trier, por poner un par de ejemplos) y leyendas o tradiciones "indígenas" van de la mano. Esto también creo que sucede, en mayor o menor medida, en obras de Edmundo Paz Soldán o de Maxi Barrientos. ¿Puede ser esta mezcla el reflejo de la Bolivia actual?

L.C.: Cuando escribo no estoy pensando en reflejar la Bolivia actual; la literatura siempre está desfasada con respecto de la realidad. Lo que sí me interesa es recoger elementos que están flotando en la cultura, pero a los que nadie presta mucha atención porque provienen de las tradiciones indígenas o de la cultura popular o de géneros como la ciencia ficción, que son considerados saberes menores o descartables, y ver cómo se puede construir una poética desde ese lugar. Me gusta mucho lo que dice Herta Müller: “La superstición es la poesía de los pobres”.

ULAD: La segunda es que en los relatos de "Nuestro mundo muerto" siempre parece estar presente una amenaza exterior que pone en marcha una amenaza interior más peligrosa. ¿Llevamos dentro a nuestro peor enemigo?

L.C.: Es que en muchas ocasiones aquello que vemos como una amenaza externa, en realidad se trata de un rechazo a algo que sospechamos que está dentro de nosotros. El miedo al bárbaro, por ejemplo, revela el terror hacia el animal que somos; el machismo es la negación de la potencia femenina que hay en el hombre y de la potencia masculina que hay en la mujer.

ULAD: La tercera es la sensación de un pasado que nos persigue. ¿Podemos verdaderamente escapar de el? ¿Cómo?


L.C.: El pasado al que me refiero en mis cuentos está muy presente, porque se trata de un pasado colonial que configura hasta el día de hoy la forma en que pensamos, deseamos, soñamos y nos vemos a nosotros mismos y a los demás. Nuestra tragedia es no haber encontrado la forma de desactivar ese legado.

ULAD: Además de la influencia de clásicos como Silvina Ocampo (esa visión de la infancia de mundos mágicos y extraños), creo que la presencia de ese "terror cotidiano", por llamarlo de alguna forma, te emparenta con autoras latinoamericanas recientes como Mariana Enríquez, Vera Giaconi o Andrea Jeftanovic. ¿Pura casualidad o puede haber un punto de vista generacional (o error de apreciación mío)?

L.C.: Justo estoy escribiendo algo que es una especie de homenaje a “El vestido de terciopelo”, de Silvina Ocampo. Cada época tiene su modo de canalizar sus ansiedades y horrores, y por supuesto que encuentro puntos de contacto con muchas autoras y autores de mi tiempo. “Reunión” de Vera Giaconi es un cuento hermoso y raro que muestra a la familia desde una óptica monstruosa; Andrea Jeftanovic también presenta a la familia desde un lugar peligroso y perturbador. Me interesa mucho el cruce que hace Mariana Enríquez entre el horror, la política y la cultura popular, y la manera en que ha renovado el imaginario del horror latinoamericano.


ULAD: Sabemos que te has lanzado al mundo de la edición con Dum Dum Editores. Tres preguntas relacionadas con esto: ¿No es un poco locura en los tiempos que corren? ¿Qué le lleva a tomar la decisión de publicar su obra en otras editoriales? ¿Veremos los libros de Dum Dum en España?


L.C.: Tenía la impresión de que montar una editorial era difícil, pero vivir un tiempo en Buenos Aires, donde todo el mundo tiene una editorial independiente, me convenció de que no era así. Trabajo con una diseñadora excelente y la editorial Nuevo Milenio se encarga de la distribución de los libros de Dum Dum, así que con eso tengo más de la mitad del trabajo resuelto. Y disfruto mucho de la aventura y del desafío de proponer a un autor nuevo en el medio. No me autopublico porque después de pasar mucho tiempo escribiendo mi propio libro, lo último que quiero es seguir trabajando para él, ¡lo que deseo más bien es deshacerme de él!

ULAD: Sea o no con Dum Dum, ¿tendremos en breve alguna novedad de Liliana Colanzi?

L.C.: No sé si en breve, porque soy una escritora un poco lenta, pero vengo escribiendo cuentos y espero terminar este año.

viernes, 14 de diciembre de 2018

2x1: La hermana menor (Mariana Enríquez) y Las repeticiones y otros relatos inéditos (Silvina Ocampo)

Se cumple hoy el vigésimoquinto aniversario del fallecimiento de Silvina Ocampo, una autora clara e injustamente  olvidada "gracias", en buena parte, a ser "hermana de", "esposa de" y "amiga de".  En ULAD la homenajeamos hoy, y lo hacemos con una doble reseña: la de "La hermana menor", biografía de Silvina recientemente publicada, y la de "Las repeticiones y otros relatos inéditos", libro póstumo de la menor de las Ocampo.

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LA HERMANA MENOR

Idioma original: Español
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable

Este libro tenía, para mi, un doble interés: el de leer a la gran Mariana Enríquez fuera de su registro habitual y el de adentrarme en la vida de una de las grandes escritoras argentinas del siglo XX, injustamente olvidada. Ahora bien, después de la lectura de este libro, no tengo tan claro si ese "segundo plano" en el que permaneció Silvina no fue algo premeditadamente buscado por ella para conservar un cierto grado de libertad, tanto personal como creativa.

Bueno, lo fundamental es que, días después de haber terminado el libro y tras su conveniente "período de asentamiento en mi cerebro", he de decir que las expectativas creadas se han cubierto con creces. Y esto a pesar de que Enríquez había puesto el listón muy alto con sus dos anteriores libros de relatos: "Los peligros de fumar en la cama" y "Las cosas que perdimos en el fuego". En este "La hermana menor" Enríquez logra construir un retrato complejo, poliédrico, ágil y muy entretenido de una autora con una vida de lo más novelesca.

Retrato complejo y poliédrico porque lo personal y lo literario van íntimamente unidos. Es complicado acceder a las claves de la obra de Ocampo sin conocer sus orígenes familiares (la menor de las seis hijas de una de las familias más ricas de la Argentina), su período formativo, la relación amor / odio que mantuvo con su hermana mayor Victoria, su matrimonio con un "guapísimo, riquísimo y mujerieguísmo (perdón por la palabra)" Adolfo Bioy Casares, la amistad de este con Borges, las polémicas literarias en el seno del grupo Sur (del que todos ellos formaban parte), etc.  Estos hechos (y algún otro también, obviamente) marcan la obra narrativa y poética de Silvina y le confieren el carácter tan personal que la caracterizó, especialmente en esos cuentos llenos de guerras niños-adultos, de infancias crueles y fantásticas, etc.

Retrato complejo y poliédrico también porque conocemos aspectos que se suelen dejar de lado a la hora de hablar de Silvina: Silvina y la maternidad, Silvina y su antiperonismo no militante, Silvina y sus miedos (a volar, a perder a Bioy...), Silvina y el feminismo, Silvina y sus visiones, Silvina y la enfermedad, Silvina y su rabia por la falta de éxito en su país, Silvina y su amor por el campo y los perros, etc.

Y retrato complejo y poliédrico, por último, porque no se sustenta en verdades indiscutibles. Silvina no llevaba diario personal ni literario, por lo que Enríquez ha debido recurrir a testimonios de terceros (amigos, empleados de la familia, los propios diarios de Bioy, etc.) que llegan a ser, en ocasiones, tan opuestos que llevan a uno a preguntarse acerca de sus propios miedos y contradicciones, de la imagen que, voluntaria o involuntariamente, proyectamos en los demás y hasta qué punto nos conocen nuestros más cercanos.

Ya digo que Enríquez aúna los más variados aspectos de la personalidad de Silvina y construye un texto tremendamente ágil y entretenido. Las apenas doscientas páginas de "La hermana menor" se leen con suma facilidad, sin que el interés decaiga en ningún momento, y constituyen un magnífico testimonio no solo de la vida de Silvina Ocampo sino de una generación de autores que marcó profundamente la literatura de décadas posteriores.

También de Mariana Enríquez en ULAD: Los peligros de fumar en la camaLas cosas que perdimos en el fuegoAlguien camina sobre tu tumbaNuestra parte de nocheEste es el marBajar es lo peor, Cómo desaparecer completamente


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LAS REPETICIONES Y OTROS RELATOS INÉDITOS

Idioma original: Español
Año de publicación: 2006

Valoración: Bastante recomendable (o más)

Pues bien, tras la lectura de “Las repeticiones y otros relatos inéditos”, hay que decir que Silvina Ocampo fue una cuentista verdaderamente notable, además de una autora con un universo muy personal.

Como su propio título indica, “Las repeticiones…” está compuesto por textos escritos entre 1936-37 y 1988-89 y que permanecieron inéditos en vida de la autora (con la excepción del magnífico relato “La mujer inmóvil”, publicado en la revista Destiempo en 1937). Pese a que su carácter inédito y el amplio arco temporal que cubren pudieran hacer dudar acerca de la calidad de los textos incluidos en el volumen, debo decir que los 24 relatos y dos novelas breves que se incluyen tienen un alto nivel medio y que algunos de ellos son verdaderas maravillas.

Como comprenderéis, resulta difícil ofrecer en un breve espacio una valoración o explicación detallada de cada uno de los textos, pero una serie de pinceladas generales debería bastar para ofrecer una imagen aproximada del conjunto.

Algunos rasgos que, en líneas generales, comparten los textos de “Las repeticiones…” serían:
  • La mirada infantil (o quizá debería decir la mirada desde la infancia): La mirada de Silvina Ocampo es desmitificadora y revela la existencia de mundos extraños y desconcertantes, además de una cierta fascinación por lo extraño, cruel y repulsivo.
  • La fantasía: Se trata de una fantasía que entronca en muchas ocasiones con la cotidianeidad, lo que acerca a algunos relatos de Silvina Ocampo al realismo mágico.
  • La poesía: Silvina Ocampo también abarcó la poesía dentro de su obra y eso es algo que se trasluce en sus relatos, con un alto componente visual, simbólico e imaginativo.
  • Los temas, algunos de ellos recurrentes a lo largo de los textos. Así, por ejemplo, la incomprensión y la soledad (“El estereoscopio”, “Las repeticiones”, etc), la identidad, ya sea o no sexual (“La cara adversa”, “La Santa”, “Teodora”, “Las metamorfosis”, etc), la pérdida de la inocencia en sus múltiples formas (“El zorro”), las obsesiones irracionales (“Albo Zoinak”, “La voz”…)
Todos estos aspectos hacen de Silvina Ocampo una autora sumamente personal, aunque indisolublemente unida a su tiempo y a las corrientes literarias de la época, a la que sería conveniente rescatar de un injusto olvido. En ello estamos, desde luego.

P.S.: Decía al comienzo de la reseña que algunos de los textos me parecen verdaderamente magníficos. Destacaría, además de "La mujer inmóvil", “Las repeticiones”, “Las metamorfosis”, “La calesita” y la novela breve “El vidente”). En este enlace podéis leer alguno:
https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/2964-485-2006-04-30.html

También de Silvina Ocampo en ULAD: La promesaAntología de la literatura fantásticaLos que aman, odianLa furia y otros cuentos