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jueves, 3 de junio de 2021

Esther García Llovet: Gordo de feria

Idioma: español
Año de publicación: 2021
Valoración: entre recomendable y está bien

Primero, lo importante: esta novela ya es recomendable, dejando aparte su contenido, porque en la cubierta (*) aparece y por partida doble, además. ese mítico pastelito industrial de radiactivo aspecto llamado Pantera Rosa (informo, sobre todo, a quienes puedan leer esta reseña desde países donde no exista tan suculento manjar). Repito que, sólo por eso, es un libro que merece la pena.

En cuanto a la novela en sí, el protagonista de Gordo de feria es Castor, un exitoso perpetrador de monólogos humorísticos, al que, además, le han tocado varios millones en la lotería, lo que le permite vivir en todo un pisazo en el centro de Madrid. Un día, de una forma un tanto rocambolesca, descubre la existencia de su döppelganger, un camarero que es casi su gemelo -más flaco, en todo caso, porque Castor está de buen año- y decide utilizarlo para quitarse de encima aquellos compromisos que le resultan más peñazos (como decían que hacían Franco o Fidel Castro). Esta premisa podría dar lugar a una estupenda novela de humor y yo supongo que esa era la intención de la autora, pero, salvo cuando nos acercamos al final de la misma y la cosa se suelta un poco (perdón por el spoiler, si es que lo es), en general lo que encontramos es un humor un tanto pocho, por no decir cenizo; sólo hay algún chispazo de lo que podría haber sido la historia en el contraste entre el carácter desencantado e incluso un poco malasombra del supuesto cómico Castor y la candidez del sosías que se ha encontrado.

En realidad, lo más interesante de la novela y donde brilla el talento de su autora (yo sólo he leído otro libro suyo, pero tengo entendido que es así en todos) se encuentra en las observaciones y reflexiones que nos ofrece de la ciudad de Madrid, de su idiosincrasia y la de sus habitantes -aunque aquí parece que sólo haya hipsters y chinos, muchos chinos, que se diría son una auténtica obsesión para la autora o, al menos, para sus personajes-:

"Engaña mucho, Madrid, o eso le parece a Castor. Madrid es el anuncio, pero nunca el producto, la oferta, pero no la demanda. En Madrid parece que hay de todo, que te regala mil y una cosas, pero la verdad es que Madrid no te da nada de nada, no da ni las gracias por venir, de eso te das cuenta demasiado tarde, cuando quien lo ha dado todo eres tú." 

El retrato costumbrista resulta, por otro lado, más afinado aquí que en su anterior Sánchez, pues ésta transcurría sobre todo en el extrarradio de la ciudad (que viene a ser más o menos igual en todas partes), mientras que en Gordo de feria la mayoría de la acción, aún con algún desvío por Almería, discurre dentro de la M30, en el meollo de la capital del Reino de España. Ahora bien, igual que en Sánchez la historia en sí se me ha quedado un tanto deslavazada; o incluso más aún, puesto que las carencias o desequilibrios de la otra novela se podían atribuir a una cierta sutileza, mientras que en ésta García Llovet ha tirado directamente por la senda del absurdo "mendociano", si se me permite tal adjetivo, con un resultado incierto... Que sería más incierto aún si no escribiera tan bien, porque también hay que decir que esta autora es capaz, con un par de párrafos de su prosa destellante y afilada, de compensar cualquier desajuste argumental o de tono y dejarte con la sensación de haber leído una novela cuando menos estimulante, como una lata de bebida energética o un subidón de azúcar. Eso sí, ya le puede dar las gracias a quien tuvo la idea de poner los Panteras Rosas en la cubierta...

(*) Aprovecho para señalar la feliz circunstancia de que en los últimos tiempos la editorial Anagrama tiende a mejorar el diseño de sus cubiertas, abandonando aquella horrenda tendencia de hace cinco o seis años de encasquetarlas fotos en colorinchis, a veces incluso sacadas de la versión cinematográfica del libro.

También reseñado de Esther García Llovet en Un Libro AL Día: Sánchez, Cómo dejar de escribir

jueves, 14 de enero de 2021

Esther García Llovet: Sánchez

Idioma: español

Año de publicación: 2019

Valoración: Entre recomendable y está bien


A todo el mundo le gusta Sánchez (ejem... me refiero a esta novela claro); comprobadlo vosotros mismos: no hay crítica o reseña en la web que no sea elogiosa. A mí, ya lo adelanto, también me ha gustado, aunque quizá un poco menos...

Resumen resumido: Sánchez es un tahúr sin suerte, un granuja de baja estofa, un buscavidas de la fauna madrileña al que, una veraniega noche de San Lorenzo, requiere su antigua novia Nikki -otra que tal- para que le ayude a dar con un ominoso niño pijo llamado Bertrán, propietario de un galgo que ella pretende vender a la italiana Filardi, organizadora de una carrera a la mañana siguiente. Esa noche Nikki y Sánchez recorrerán variopintos lugares, sobre todo de la periferia de Madrid, en busca de Bertrán y el galgo, preguntando por ellos a algunos de los personajes que pueblan su "mala vida" y mientras poniéndonos al corriente -o lo hace Nikki, que es la voz narradora- sobre sus propias desventuras (por cierto, que nunca habría pensado yo que en Madrid podías encontrar a tanta gente en agosto; como soy de provincias, pensaba que todos sus habitantes se  piraban a las playas mediterráneas o de algún otro sitio como Sanxenxo o así).

La novela o novelita, puede inscribirse, como se ve, dentro de la muy arraigada tradición picaresca hispana: hablamos de unos personajes perdedores, antes incluso de que comience el juego, y que sobreviven a base de pequeñas estafas, de pequeños hurtos, pequeños golpes de suerte con los que engañar al gafe ya sí mismos, a base del puro trile, en una palabra... Una novela picaresca, pues, pero tamizada por el filtro de alguna novela negra nosteamericana: estoy pensando en Jim Thompson y, sobre todo, en Elmore Leonard; no sólo parece beber de estas fuentes por el excelente ritmo narrativo que sabe marcar la autora -es asombroso cómo cuando, por ejemplo, cuenta alguna anécdota que al final tampoco tiene mayor trascendencia, te sabe mantener pegado a las páginas como si te hubieras pringado los dedos con Loctite-, sino también por el acertado uso de unos diálogos afilados y pulidos que demuestran, además -o posiblemente-  de un gran trabajo detrás, muy buenas lecturas. No puedo dejar de mencionar, porque en realidad constituye el intríngulis de la novela (y no quiero adelantar nada a posibles lectores, así que atención), un elegante toque sobrenatural que creo le gustaría al propio Stephen King, sin ir más lejos (pero no penséis en zombis o vampiros, tranqui todo el mundo; es mucho más sutil).

Sánchez resulta ser una novela liviana con más densidad de la que puede parecer en un primer momento y, al mismo tiempo, una novela que augura un cierto peso, pero que resulta sorprendentemente liviana. Amén de tal paradoja, esa liviandad constituye, a mi modo de ver, su mayor acierto, pero también su mayor deficiencia, o quizá sería mejor hablar de carencia: uno se queda satisfecho con lo que ha leído, con la, en principio, redondez de la trama, pero al tiempo no deja de pensar que ahí había material para un historia de una mayor entidad, con un centro de gravedad más bajo, que resulte menos proclive a acabar volando por el viento del olvido (me ha quedado un poco cursi, ésto) o desleída en la corriente de las otras (muchas, espero) lecturas que hacemos al cabo del tiempo. Cierto es que esta novela es, además, la segunda de una Trilogía instantánea de Madrid, cuyo primer título fue Cómo dejar de escribir -no sé si la que Esther García Llovet ha publicado recientísimamente, Gordo de feria, también forma parte de tal trilogía-, así que tal vez haya que leerla completa para darle más entidad a cada una de sus partes, por otro lado independientes entre sí. Ya os contaré...

Otros títulos de esta escritora en Un Libro Al Día: Cómo dejar de escribir, Gordo de feria

sábado, 15 de enero de 2022

Malditas cubiertas: Las mejores de 2021

Los seres humanos somos superficiales por naturaleza  (al menos,  yo) y nuestras elecciones ha menudo están determinadas  más por motivos estéticos que por razones más profundas. Bien que  han sabido siempre los artistas,  diseñadores y publicistas lo mucho que nos cuesta resistirnos a lo que nos entra por los ojillos,  ya se trate de comida, automóviles o modelos de Victoria's Secret libros... En este último caso, ¿ quién no se ha sentido  atraído  alguna vez por la cubierta de un libro que luego ha resultado ser un auténtico tru... más bien mediocre? O viceversa: nos hemos resistido a leer otros excelentes porque su envoltorio nos tiraba para atrás...

Atendiendo a estas premisas, se me ha ocurrido hacer algunas consideraciones  sobre cubiertas de libros publicados en el estado español el recién finiquitado año. He de decir, antes que nada, que, en mi opinión, el nivel del diseño gráfico en España y Europa, en general, es bastante notable (mejor, por ejemplo, que en EEUU, donde los diseñadores muchas veces echan mano al recurso facilón y sobado de los colores llamativos y el lettering que imita un trazo informal); de hecho, para el apartado de las mejores cubiertas del año he tenido que dejar fuera muchas que me gustan, para no alargar en exceso este post. De las que no me gustan, en cambio, he tenido que buscar ex profeso unas cuantas.

Un par de cositas más: esta clasificación  no pretende ser un ranking de mejores o peores libros, sino que se refiere en exclusiva a la estética e idoneidad de sus cubiertas (aparte de que yo no los he leído todos y muchos ni siquiera tienen entrada en este benemérito blog). Por otra parte, los gustos y criterios expresados en esta entrada me pertenecen solamente a mí; no los he consultado con mis compañeros (a quienes he pillado a traición, de hecho), aunque, sin duda, cada uno y una tendrán las suyas propias. Ahora bien, los míos son mucho mejores, claro...; )

De lo güeno, lo mejor:

- La ciudad de la euforia, de Rodrigo Terrassa (Libros del K.O.) tiene, para mí, la mejor cubierta del 2021, pues sintetiza en una imagen divertida y comprensible al primer vistazo el tema del que trata el libro: los años de la burbuja económica, la corrupción política y el caloret en Valencia. En la mejor tradición de las míticas cubiertas de Daniel Gil para Alianza.

- Lo mismo ocurre con Gordo de feria, de Esther García Llovet, que es otro estupendo ejemplo de síntexis conceptual, aunque en este caso un poco más hermética, pues es necesario haber leído la novela para entenderla bien. Pero resulta, además de un homenaje a ciertos tóxicos pero deliciosos pastelitos, un ejemplo de la discreta pero continua mejoría en los últimos tiempos en las cubiertas de Anagrama que, sin renunciar a los emblemáticos (aunque feos ) colores de sus colecciones más populares, parece haber dejado atrás, por fortuna, la época de colocar cualquier foto más o menos random y chimpún...





- También en Anagrama, aunque en edición conjunta con Acantilado, destacan sus elegantes cubiertas para algunas novelas de Georges Simenon. Preciosas y elegantes, sobre todo la de El fondo de la botella, en mi opinión.

- No menos divertidamente conceptual (o viceversa), también este Diccionario del mentiroso, de Eley Williams (Sexto Piso). Sencilla y ocurrente, un tanto surrealista, casi se diría que es uno de los poemas visuales de Joan Brossa.

- Por seguir en la misma línea, la cubierta para La Ola, de Todd Strasser (Blackie Books) resume también a la perfección los elementos que encontramos en esta historia, como cualquiera que haya leído el libro o visto la película del mismo título podrá reconocer. de las pocas cubiertas, además en las que aparece una esvástica sin dar demasiado cringe.






- En el mismo estilo conceptual (quizás un pelín obvio), una cubierta adecuada para un libro titulado No puedo más. Cómo se convirtieron los Millenials en la generación quemada, de Anne Helen Petersen (Capitán Swing). La cosa no puede quedar más clarinete, amigos y amigas de ULAD...

- En una entrada sobre las mejores cubiertas de cualquier año no puede faltar alguna de Impedimenta. Es posible que alguno de sus libros publicados el año pasado tenga una más primorosa, pero a mí me ha caído en gracia ésta de Una libertad luminosa, de T. C. Boyle, que resulta algo diferente al estilo habitual de esta editorial, pero sin perder el aire vintage.









- Las cubiertas ilustradas con dibujos o cuadros, por lo general dependen (no siempre) de la calidad de éstos para la excelencia o mediocridad de su resultado final. Cuando la ilustración elegida es tan exquisita, a la par que llamativa (aunque también inquietante) como ésta de Sola, de Carlota Gurt, en Edicions Proa, el resultado es igualmente extraordinario.









- En principio, no quería incluir en esta selección las cubiertas de novelas gráficas o libros ilustrados, porque en ese caso, posiblemente hubieran copado la lista, pero no me he podido resistir a dos: la colorida cubierta "mexicana" de Dr. Alderete para El año de la rata (Libros del zorro rojo), un libro escrito con Mariana Enriquez y que resulta en las antípodas de las que le suelen poner a los libros de esta autora, mucho más tétricas; en segundo lugar, como ya confesé mi debilidad por las ilustraciones de Sara Morante en la reseña de ésta su última novela, la bella cubierta en collage de Flor fané (Astiberri), igual de excelente:






- Dando un último giro de 180º, acabaré con dos cubiertas de Blackie Books completamente opuestas al estilo de las anteriores: la muy sobria de El evangelio, de Elisa Victoria, con una edición cuyo diseño recuerda, precisamente, el que suelen ostentar las biblias (otra cosa es que la novela tenga algo que ver, que no sé).

- Y siguiendo el mismo concepto minimalista, pero, en este caso, luciendo un color vibrante (aunque no menos elegante), encontramos Simon, de Miqui Otero. Dos distinguidos ejemplos de una editorial que suele acertar con sus cubiertas, aunque también tiene algún que otra más cuestionable, como ya veremos...

No me quiero extender más, pero sí aconsejar a quien esté interesado en el diseño de cubiertas de libros o simplemente quiera recrear un poco la mirada, que le eche un vistazo a los catálogos de éstas y otras editoriales que también publican libros de un aspecto atractivo y original, como Ático de los Libros, La Felguera, La Navaja Suiza, Errata Naturae... entre otras muchas. Por lo general, se trata de editoriales independientes, cuya labor de edición, al menos en el caso español, alcanza frecuentemente niveles de excelencia.

Mañana, vamos con las peores... No os lo perdáis.



miércoles, 17 de enero de 2018

Esther García Llovet: Cómo dejar de escribir


Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: se deja leer

Reconozco que me acerco de vez en cuando a las novedades de Anagrama. Lo hago con la ingenuidad esperanzada del adolescente que pasea cerca del portal donde vive el objeto de su deseo, lo hago esperando el encuentro casual que vaya a más, lo hago confiando que algún día se acaben los chascos y las decepciones.

Lo hago porque Jorge Herralde estuvo al mando de una editorial que me presentó a Bolaño, a Houellebecq, a Kapuscinski y al Hornby de los mejores tiempos y a algunos Auster, a Sebald y a Richard Ford. Demasiado bagaje para olvidar y demasiado bagaje para que me retraiga de hacer sangre.

Porque luego, tiempos más recientes, se unieron a esa selecta fiesta invitados no deseados. Nothomb, Trueba, algunos ya directamente deleznables, aguafiestas que les llaman, como Pablo Rivero o, el colmo de la vacuidad y la insustancialidad, el esperpento llamado También esto pasará, colofón de la infumabilidad y, en la apuesta de la editorial por atribuirle miles de cualidades, la terrorífica conquista de la sima de lo admisible, el momento en que la duda ha manchado lo que era una enseña casi inapelable.

Cómo dejar de escribir, título que parece hacer la competencia a los clickbaits, no os va a aclarar gran cosa. Novela corta que se lee en apenas una hora (curioso tanta concisión cuando la contratapa define a la autora como una admiradora de Bolaño o Foster Wallace) y en la que suceden pocas cositas. Renfo, curioso nombre para hijo y nieto de celebridades de origen latinoamericano, a la búsqueda de un manuscrito de su padre escritor, mientras se encuentra y desencuentra con personajes a la medida de la noche madrileña y de la volatilidad de los niños bien que gustan de paseos por el lado salvaje. Claudia, novia o algo así de vaivén, amigos de no menos curiosos nombres, va por aquí, va por allá, un coche viejo, poca cosita que pasa en una novela que parece un ejercicio de estilo por cuanto no hay una frase fuera de sitio, nada malo sucede en términos literarios, se va leyendo, se nota alguna hechura de influencias, se nota cierta seguridad de ser aplaudida por los de siempre por alguna ocurrencia, que para eso el mundo literario es pequeño y entre bueyes no hay cornadas.
Sin ánimo de ofender, leo que en el último Premio Herralde (el ganado por la entretenida novela de Juan Pablo Villalobos) el jurado decidió, sin premiarla, recomendar la publicación de esta obra. Que no resulta ni ofensiva ni inofensiva. que se lee tan fácil como si fuera un relato alargado publicado en una recopilación entre unos cuantos. Un viaje de autobús entre provincias, una espera que se alarga en alguna sala por una urgencia leve.
Y ahora me pregunto si he hallado en ella una sola razón para recomendar, yo, ya no publicarla, sino meramente leerla.

domingo, 4 de septiembre de 2022

Valentín Roma . El capitalista simbólico

Idioma original: español

Año de publicación: 2022

Valoración: está bien (o sea, no está mal)

Podría haber sido peor. Quiero decir, se me ocurre leer a Valentín Roma ya que forma parte (junto a Esther García Llovet y Carlos Zanón) de un grupo de escritores a los que Kiko Amat agradecía la ayuda - sin comentarios - en la publicación de Los enemigos. Sorprendente, al menos, necesitar tantos ambages para un resultado tan pobre. Pero vamos, la curiosidad opera en ciertos resortes y, cuanto menos, me sorprendo de que Roma haya publicado en una editorial independiente y de que este El capitalista simbólico sea el cierre de una trilogía de tintes autobiográficos y de títulos con ciertos guiños (otro de sus libros se titula Retrato del futbolista adolescente) lo cual, aunque el postureo pese lo suyo, lo eleva a un nivel algo más respetable. 

El caso es que ésta es una novela correctamente escrita, con una obvia vocación de contemporaneidad, con sus referencias culturales algo minoritarias pero hábilmente insertadas, una novela sobre un joven que obtiene un curioso trabajo de evaluador para las guías Michelin, muy bien remunerado, reconoce, y cuya existencia la novela toma en ese punto, relatando experiencias laborales, relaciones de pareja, avatares vitales, todo ello con una tonalidad muy moderna en lo que concierne a evitar estructuras convencionales, más bien escogiendo - la portada habla de novelas de aprendizaje - un intervalo determinado de su existencia, esa primera fase de la edad adulta tan propia de esa generación que extiende su formación hasta que esta se desborda y que está abocada a matrimonios y paternidades tardías, pisos compartidos y ya ser algo mayores cuando son padres pero es que cuesta establecerse. Correcto: no solo tratado en literatura local y global, sino representado en productos audiovisuales no siempre inspirados. No llegamos a saber el nombre del protagonista, como si se tratara de un recurso para enmascarar los mencionados tintes autobiográficos y amagar con la auto-ficción, y me ha puesto algo nervioso el recurrir a las iniciales - ni en Bolaño suele gustarme ese recurso - para ir mencionando a amigos, parejas que se cruzan en su existencia vital.

Problema: leído hace apenas una semana, en circunstancias tranquilas y relajadas, apenas soy capaz de recordar una simple escena de la novela. Para bien o para mal, tan ligera y carente de ambición - la ambición no es un pecado en la literatura, lo son las pretensiones - que su lectura es ligera y digerible como el café con leche que te tomas cada mañana para meter algo en el cuerpo. Una corriente que seguramente surja de la secuencia me gustan ciertos libros que están escritos de forma sencilla ---> luego escribir uno parecido no puede ser tan difícil ---> y sobre qué escribo ---> se lleva la auto-ficción ----> pues escribo sobre mí mismo, pero cambio las partes de mi vida que no encuentro suficientemente dramatizables por otras que a) forman parte de mis fantasías o b) tomo prestadas de las vidas de otros bajo la coartada creativa. 

Un mal que aqueja la literatura que rellena los fondos de armario editoriales, la costumbre (o la premura) de publicar textos que apenas dejan huella, porque no veo que esto sea mucho más que un artefacto para pasar el rato, y a algunos esto no nos parece suficiente.