Mostrando las entradas para la consulta Joyce ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Joyce ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de abril de 2026

Joyce Carol Oates:A media luz

Idioma original: Inglés

Título original: Middle Age: A Romance

Traducción: Carme Camps Monfa

Año de publicación: 2001

Valoración: Recomendable

Desde la posición privilegiada del hombre del futuro, me resulta fácil mirar con cierta condescendencia los conflictos que desgarraban a los adultos al entrar en la mediana edad a finales del siglo XX. Hoy, muchas de aquellas crisis sentimentales: los adulterios, los divorcios, la devastación doméstica, la sensación de fracaso asociada a la ruptura matrimonial; parecen menos tragedias excepcionales que estaciones previsibles dentro de la vida familiar. En una sociedad como la nuestra, donde el divorcio ha dejado de ser un estigma para convertirse casi en una etapa más del recorrido conyugal, cuesta comprender del todo la intensidad moral, social e incluso metafísica que estos hechos tuvieron para generaciones anteriores. Hasta el trauma de los hijos de padres separados, otrora presentado como una herida irreparable, parece haberse normalizado al grado de perder su antiguo carácter de catástrofe.

De ese mundo de Boomers y GenXes trata A media luz: del amor y del desgaste del amor; de hombres y mujeres que se acercan no solo a la vejez, sino también a la dolorosa conciencia de que gran parte de su vida ya ha sido decidida. Joyce Carol Oates se interna en ese territorio de matrimonios erosionados, lealtades agotadas, deseos tardíos y rencores sedimentados para retratar una sociedad puritana e hipócrita, sí, pero también profundamente vulnerable. Sus personajes, aun atrapados en códigos morales asfixiantes y en una teatralidad sentimental a veces exasperante, a pesar de comportarse por momentos como simples caricaturas del autoengaño burgués, también son seres que, aferrados a los pocos restos de felicidad que todavía creen posibles, conservan de vez en cuando un destello de bondad, una lucidez fugaz, una forma menor pero genuina de compasión.

Una de las virtudes de la novela es que Oates no se limita a exhibir las miserias de ese mundo: las comprende. No absuelve a sus criaturas, pero tampoco las condena del todo. Las observa con una mezcla muy particular de ironía, distancia clínica y piedad. En sus manos, la mediana edad no aparece como una etapa de madurez serena, sino como una zona de descomposición silenciosa. Los personajes descubren que no han llegado a ser quienes imaginaron; que el amor, lejos de redimir, suele humillar; y que el paso del tiempo no necesariamente trae sabiduría, sino más bien una forma refinada de desencanto.

En ese sentido, A media luz pertenece a una tradición muy reconocible de la novela norteamericana interesada en las fracturas de la vida privada, en el tedio de la prosperidad y en la violencia sorda que habita bajo la respetabilidad de la clase media (un libro perfecto para un club de lectura de señoras). Pero Oates aporta algo más: una sensibilidad casi cruel para registrar la humillación íntima. Sus personajes no solo sufren; se observan sufrir, se justifican, se mienten, se espían a sí mismos con un narcisismo doloroso.

También hay algo profundamente revelador en la forma en que la novela muestra el matrimonio no como culminación romántica, sino como una estructura social fatigada, una institución sostenida muchas veces por la costumbre, el miedo, la conveniencia o la incapacidad de imaginar otra vida. Leída hoy, cuando muchas de esas certezas ya han sido erosionadas, la novela adquiere incluso un interés histórico: permite asomarse a un momento en que la descomposición del ideal conyugal todavía conservaba la gravedad de un derrumbe moral. Lo que en nuestro presente puede parecer un conflicto ordinario, ahí se vive como una crisis del sentido mismo de la existencia.

Sin embargo, reducir la novela a un documento sociológico sería injusto. Su fuerza está menos en lo que dice sobre el matrimonio estadounidense de una época que en la manera en que capta un malestar persistente y difícil de erradicar: el miedo a haber desperdiciado la vida, a haber amado mal, a llegar demasiado tarde a uno mismo. Pero no se preocupen, aunque no lo crean, el libro tiene un final feliz, conmovedor, dejando atrás todo rastro de cinismo. Oates es compasiva con sus criaturas.

Otras obras de Joyce Carol Oates en ULAD aquí

domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.

domingo, 25 de enero de 2026

Joyce Carol Oates: Fox

Idioma original: Inglés
Título original: Fox
Año de publicación: 2025
Traducción (al catalán): Núria Busquet Molist
Valoración: Recomendable (con matices)

Soy un gran admirador de la obra de Joyce Carol Oates. No ha habido un solo libro suyo que no me haya parecido, cuanto menos, solvente. Fox, novela de la autora con la friolera de setecientas páginas, también es solvente (incluso es, en momentos puntuales, brillante). Sin embargo, aunque he apreciado sus cualidades literarias y admito que es sumamente entretenida, me ha parecido excesivamente larga y, en ocasiones, algo reiterativa.

Pero vayamos por partes: Fox es una novela de suspense con un gran énfasis en la narrativa coral y la psicología de los personajes. Trata sobre un atractivo, encantador y carismático profesor de lengua que, recién llegado a la prestigiosa Academia Langhorne, logra cautivar a la mayoría de alumnos, padres y docentes. Lo que las personas de la comunidad de Wieland ignoran es que, además de ser un experto manipulador capaz de condicionar una opinión favorable en los demás, siente atracción por las prepubescentes y no titubea a la hora de abusar de su poder para satisfacer sus fantasías.

Desde el inicio de la novela sabemos que el coche de Fox está medio hundido en un torrente y que el cadáver de un varón todavía sin identificar ha sido esparcido por el bosque por los animales salvajes. A medida que el argumento avanza, ya sea saltando de un personaje a otro, ya sea plantándose en el pasado o regresando al presente, debemos descubir si ese cuerpo pertenece realmente al profesor y si su muerte se debe a un accidente, un suicidio o un homicidio. La tensión y el suspense se espesan, los habitantes de Wieland se van relacionando los unos con los otros, la ausencia del desaparecido profesor afecta a sus allegados y los papeles de víctima y victimario se desdibujan.

Oates dota de una gran personalidad a todo el elenco de Fox, aunque es el protagonista indiscutible de la novela quien se roba el protagonismo. Y es que la caracterización del profesor pedófilo es magnética: nos asomamos tras su fachada afable, educada y pulcra y vemos sus contradicciones y defectos (que con tanta habilidad oculta a los demás), así como su retorcido imaginario erótico.

Resulta pertinente analizar dicho imaginario erótico. Y es que si bien Oates lo nutre de referentes algo previsibles (el matrimonio de Poe con su prima de trece años, las novelas Lolita y La casa de las bellas durmientes, la mención al personaje de Alicia en el país de las maravillas, las pinturas de Balthus...), consigue relacionarlo estrechamente con el pensamiento y modus operandi (enamorar a sus víctimas y, una vez en su despacho, drogarlas y abusar de ellas) de Fox. 

Y es que al profesor pedófilo, por ejemplo, le asquea la vulgaridad pornográfica e inverosímil de Lolita (¡aparentemente, las relaciones sexuales entre un hombre de cuarenta años y una niña de once son anatómicamente imposibles!). En cambio, le obesiona la (según él hermosa) relación de Poe con su prima y le fascina el erotismo de las pinturas de Balthus o de La casa de las bellas durmientes.

De «Las chicas soñadoras de los cuadros de Balthus» le gusta que sean «pálidas, con los párpados adormilados, incapaces de alejar a un amante ardiente y depredador». (pg. 531) Y a Kawabata le reconoce que «sabía lo que Nabókov era demasiado estúpido para entender: las quieres en coma, mudas, con los ojos cerrados y la boca en silencio, los cerebros como colmenas calientes apagadas. Bestias salvajes que hay que domesticar». (pg. 376) 

En resumen: Fox es una buena novela, como no podía ser de otro modo viniendo de una autora con la solvencia de Oates. Quizá su desenlace no sea el más sorprendente posible, y puede que sea demasiado larga y en ocasiones peque de reiterativa. No obstante, mantiene en gran medida el interés del lector. Sin duda, conviene leerla con tal de permearse de la belleza puntual de la prosa, experimentar todas las perspectivas involucradas, resolver el misterio planteado y, sobre todo, alcanzar el cameo metaliterario final de la propia escritora.


También de Joyce Carol Oates en ULAD: Aquí

domingo, 11 de enero de 2026

Alan Pauls: Fallar otra vez

Idioma original: español

Año de publicación: 2022

Valoración: está bien

Edición en formato libro de una conferencia que dio Alan Pauls en 2019, el ensayo (con un prólogo casi más largo que el mismo), trata de las dudas y desavenencias del escritor frente a la tarea de corregir un texto "ya terminado". A raíz de la cita de Beckett, "Probar otra vez. Fallar otra vez. Fallar mejor", el autor desarrolla la tesis de que el miedo del escritor a corregir el texto deriva de dos conceptos: el primero es la sensación de enfrentarnos ante lo que todavía no es, es decir, un texto más o menos pulido y presentable al mundo, la posibilidad, a la hora de retocar lo escritor, de enfrentar miles de opciones en cada frase, de decidir el ritmo, el impacto, etc, para consolidad el poder del relato. Eso por un lado. El segundo concepto es más terrenal y refiere a la pereza (¿inherente?) del que escribe; luego de dedicar ímprobos esfuerzos al texto, de construir una estructura, ya sea simple o compleja, de crear personajes, de dotarlos de interés e ideas, todo lo que ya conocemos, darse cuenta que aún hay que corregir, y que la tarea de hacerlo es infinitamente más complicada que la de crear. 

Corregir, dice Alan Pauls, "nos confronta con nuestros vicios, nuestras comodidades, nuestra pereza, y con el repertorio de coartadas grotescas que nos hemos dado para evitar que nuestros vicios nos avergüencen, y porque puede que al ponernos a corregir —es lo más probable— tropecemos con una evidencia que nos congelará la sangre de espanto: que lo que hicimos no funciona, no hechiza a nadie, no servirá". No hay mucho que agregar luego de esta frase. Yo mismo, que he escrito varias novelas, me identifico plenamente con ambos conceptos y con la certeza absoluta de que, al revisar el texto, me encontraré con errores absurdos, de esos que me prometí varias veces no volver a caer. Y lo sigo haciendo. ¿Y qué pasa cuando uno sigue cometiendo los mismos errores? ¿Qué pasa cuando, ante la odiosa tarea, uno siente que no da más, que se hartó de tener mil versiones distintas que no llegan nunca al objetivo final?

Y ahí es cuando Pauls nos señala que la corrección puede convertirse en algo que no sea la tarea de Sísifo, una condena, una espada de Damocles; puede llegar a ser una tarea igual de productiva que la creación misma. Empieza, entonces, a citar y a contar anécdotas de varios escritores con fama de corregir hasta la obsesión: Proust, Joyce (ambos llenaban de notitas sus cuadernos, haciendo imposible leer la versión original). Para ellos, según Pauls, corregir era la continuación de escribir, igual de liberador e igual de necesarios, porque para ellos era su vida, no tenía ni un ápice de vergüenza ni preocupaciones a la hora de mejorar el texto. Corregían y ya, sin un tópico de lo que Debe Ser la literatura (las mayúsculas son del autor). Pone ejemplos de contenidos audiovisuales, como Twin Peaks, y se pregunta qué hubiera pasado si Lynch se limitaba a seguir las normas clásicas de los guiones cinematográficos: arcos de personajes, momentos clímax, revelaciones, etc. 

En fin, que luego de más ejemplos, resume en que cada uno de ellos fallaba en lo mismo y varias veces, y fallar siempre en un determinado punto es indicio de un síntoma, no de una falla de carácter: es la demostración del particular punto de vista del autor, de que no concibe la vida de otra manera, y que el error en el que vuelve a caer en realidad es su expresión creativa. Lo que se debe hacer, entonces, no es solucionar el problema, sino profundizarlo (y lo equipara al problema de las drogas, lo cual no creo que sea una buena analogía...), y cita a Knausgård (KOK para los amigos y enemigos de ULAD) como alguien que no corrige y que no se preocupa por las críticas, porque tiene algo más importante que contar, y lo que cuenta (en este caso los tomos de Mi Lucha) es perfectamente coherente con la falta de corrección (otro argumento que no me convence nada de nada; por más que sea su propia vida, al momento de ponerlo en un papel, ya está ficcionalizado, y por lo tanto parte de vos lo puede ver de manera crítica).

He contado casi todo lo del libro. La verdad, más allá del prólogo, que es larguísimo y no aporta mucho de interés, es que es un ensayo que peca de obviedad y redundancia. Es una racionalización de lo que ocurre en el momento de la corrección y nada más. Lo único que ofrece es una solución al hecho de la pereza o fastidio de la corrección, pero dudo mucho que a un escritor, al menos uno que se tome en serio la tarea de la escritura, se sienta aliviado solo porque a Joyce le pasaba. El hecho es que igual se tendrá que enfrentar con las letras impresas o digitales y seguir leyendo los mismos errores y seguir frustrándose porque siente que no mejora en nada. 

La edición de Gris Tormenta también es algo discutible: si bien se lee con agrado, publicar esta conferencia con un prólogo es casi que innecesario, porque el texto no llega a las ochenta páginas, y mucho más cuando los párrafos están alineados a la izquierda y no justificados.

jueves, 25 de diciembre de 2025

LO MEJOR DE 2025

Un año más llega a las pantallas de los lectores ULADianos la lista que importa, la que todos estaban esperando, la lista para acabar con todas las demás listas: lo mejor del año para nuestros reseñistas. ¡Deseamos a todos los que nos acompañan unas Felices Fiestas, y un 2026 cargado de buenas lecturas!
 
Oriol:

Resumen del año: No he leído ningún libro imprescindible (salvo, quizá, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt). Aun así, he descubierto novelas, antologías y cómics notables, y he entrevistado a mi admirado Jared Roberts.

Libros que parecen escritos específicamente para mí: The Machine Stories, de Jared Roberts, With Teeth, de Christian Wallis, Yongüein’s Massacre, de Myke Babylon, La pianista, de Elfriede Jelinek, La bestia entre las sombras, de Edogawa Rampo, La estancia oscura, de Leonard Cline, y Paperbacks from hell, de Grady Hendrix.
Novelas destacables: Gente adinerada, de Joyce Carol Oates, y Posesión, de A. S. Byatt.
Novelas que logran dar una visión panorámica de su mundo: El gusano, de Luis Carlos Barragán, y La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek.
Antología destacada: Ni una palabra, de Caroline Blackwood.
Mejor novela gráfica: La formidable invasión mongola, de Shintaro Kago (aunque Insolitus y Los reinos silenciosos, de VV.AA., están muy bien).
Mejor libro de no ficción: Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.
Mejor volumen ecléctico: Madurar hacia la infancia, de Bruno Schulz.


Koldo:

Novelas: Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau, Camino de sirga, de Jesús Moncada, y El siguiente en el paraíso de Marek Hlasko
Autobiografía (o similar): Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, En las kátorgas del zar, de H. Leyvik, y Triste tigre, de Neige Sinno
Cuentos: Cada lunes de aguas, de Juan Montiel, y Mentirosos enamorados, de Richard Yates
Viajes: Los viajes de Júpiter, de Ted Simon
Poesía: Mientras tanto cógeme la mano, de Kirmen Uribe
Crónica (o similar): No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulic

Juan:

Un 2025 muy prolífico en lecturas, aunque como de costumbre y curiosamente (ignoro la causa), las mejores concentradas sobre todo en la última parte del año. A saber:

Libros de miedito: HEX de Thomas Olde Heuvelt, Negro tal vez de Attila Veres y Fundido a negro de Jesús Cañadas (éste, en libertad provisional).
Noir a pleno sol: Los niños están mirando de Laird Koenig y Peter L. Dixon.
Distopía chanante: La infancia del mundo de Michel Nieva.
Distopía no tan chanante: Las indignas de Agustina Bazterrica.
Cómic Novela gráfica más divertida del año: Consumida de Alison Bechdel.
Biografía: Revelando a Vivian Maier de Ann Marks.
Ensayos del año: Quiero y no puedo de Raquel Peláez, Pornocracia de Jorge Dioni López y (quizás) Catedral de escombros de Pedro Torrijos...
Una batalla tras otra: Se acabó el recreo de Darío Ferrari, Operación Apolo de Sergi Moyano Hurtado, El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano y Ovni 78 de los Wu Ming.
Novela por la que deberían darle al autor algún premio o algo: Tango satánico de László Krasznahorkai.

 

Francesc:

Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)

Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.

Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).

Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann

Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.

Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.

  

Marc:
Año flojo en cuanto a mi elección de las lecturas pero, aun y no habiendo acertado en general, sí hay algunos libros a destacar:

Libro del año: «Animals inexpressius», de Xavier Mas Craviotto
Ensayo del año: «La passió dels estranys», de Marina Garcés
Autobiografía del año: «Dietarios», de Mircea Cărtărescu
Experimentos exitoso del año: «La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas», de Gaétan Soucy, por el estilo y lenguaje utilizados, y «El volumen del tiempo», de Solvej Balle, por planteamiento y argumento.
Reencuentros satisfactorios: Philip Roth, Jon Fosse, Henrik Ibsen
Caerán más libros de: Pol Guasch, Xavier Mas Craviotto, Siri Hustvedt, Jon Fosse
Propósitos para el 2026: aumentar el ritmo de lecturas, más poesía y recuperar algun clásico pendiente

Félix:
Resumen del año: bastante bien hasta mitad de año, leyendo un par de imprescindibles y, en general, de todo un poco. Luego decayó en frecuencia y calidad, aunque dejando, todavía, algún que otro libro muy recomendable.

Top 3 del año: 
- Bella del señor, de Albert Cohen.
- Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau.
- Middlesex, de Jeffrey Eugenides, o El quinto hijo, de Doris Lessing.
Accésit: La higuera, de Ramiro Pinilla, Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, o la serie el Cuarteto de Buru, de Pramoedya Ananta Toer.
Cuento del año: El cuento más hermoso del mundo, de Ruydard Kipling.
Ensayo del año: hago trampa porque es una relectura, pero la maravilla de Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski, no puede obviarse nunca.
Cómic del año: El Eternauta, de Oesterheld y Solano López.
Decepciones (sonadas): 
- El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (por el tema y las ínfulas que se carga el texto).
- La invención de todas las cosas, de Jorge Volpi (ni ganas de reseñarlo me dan).
- El ayudante, de Robert Walser.
Lo leí aunque casi lo tiro por la ventana: Cómo leer y por qué, de Harold Bloom.
Abandonos: Hay ríos en el cielo, de Elif Shakar (por tratarme de tonto varias veces).
Amor-odio excesivo: los dos libros de Renaissance, de J.J. Lucas.
Descubrimientos: Albert Cohen, Pramoedya Ananta Toer, Olaf Stapledon, Ramiro Pinilla.
Constatación de lo pésimo que es el marketing para la calidad de una obra: los pesos pesados de la literatura argentina contemporánea.
Esperanza del 2026: leer algo del calibre de Bella del señor o Minimosca.

Carlos:

En un año que en general ha sido de lecturas más bien flojas, esto es lo poco que he podido rescatar:

Novela: La aventura de un fotógrafo en La Plata, de Adolfo Bioy Casares; La guerra de nuestros antepasados, de Miguel Delibes; El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Al final tres clásicos, o casi.
Novela gráfica (y quizá descubrimiento del año): El color de las cosas, de Martin Panchaud
Novela corta: Relato soñado, de Arthur Schnitzler
Humor: Alacranes en su tinta, de Juan Bas
Autobiografía: Pretérito imperfecto, de Carlos Castilla del Pino
Música: Quadrophenia, de Àlex Oró
Clásico: El crimen de Lord Arthur Savile, de Oscar Wilde
Ensayo ligero (pero muy logrado): La radio puesta, de Javier Montes
Libro de relatos: Lazos de familia, de Clarice Lispector (reseña en breve)
Y por no dejarlo con apariencia tan limitada, haré mención a otros tres que se quedaron cerca del galardón, quizá un pasito por detrás: La liebre con ojos de ámbar, de Edmund De Waal; El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz; Crónica de Dalkey, del admirado Flann O´Brien

Alain:
Este año, trabajar en el blog me produjo muchas satisfacciones: poder entrevistar a escritores y artistas, enfocarme en la lectura y la escritura, trabajar en una app del blog (solo disponible por el momento en App store, esperen un poco más para usarla en Android), y lo más importante, pertenecer a una comunidad de amantes de la literatura y de la creación humana. A pesar de que las vistas del blog son mínimas comparadas con booktokers, booktubers, bookstagramers…, hemos mantenido un año más la independencia y la honestidad en las reseñas. Cuando el internet y las redes sociales exploten debido a la inteligencia artificial y a los intereses de esos billonarios hijos de puta, aquí seguiremos. ¡Qué chinguen a su madre los que usan la IA para socavar la creatividad humana, y que chingue a su madre Elon Musk!

Aquí mi resumen del año:
Texto revelador: Historia general de las drogas, Antonio Escohotado.
Noir que me regresó la esperanza en este género: El gran desierto, James Ellroy.
Descubrimiento: La obra de Shintaro Kago (por cortesía de Oriol). Pueden ver una entrevista con él aquí.
Libro contra el que tenía un prejuicio y me sorprendió: The stand, Stephen King.
Decepción por hacerle caso a las voces de las masas: Cadaver esquisito, Agustina Basterrica.
Libro con sountrack: Héroes del Blues, Jazz y Country, Robert Crumb.
Relecturas que me conmueven como la primera vez: Mañana en la batalla piensa en mi, Javier Marías; El juego de Abalorios, Hermann Hesse; Música de cañerías, Charles Bukowski.
Adaptada al cine con spice lésbico: Arenas movedizas, Junichiro Tanizaki.
Decepción del año: Retratos de jazz, Haruki Murakami y Makoto Wada

José Miguel:
Estimados seguidores de Ulad, en estas fechas tan señaladas me llena de orgullo y satisfaccion entrar en vuestros hogares para dejaros mi lista de mejores lecturas del año.

Novelas:
Calabobos de Luis Mario. Original, delicada, poética.
Los recuerdos del porvenir de Elena Garro. Hipnótica. Cómo he podido desconocer esta maravilla? 
Cuentos:
60 relatos de Dino Buzzati. Inquietantes, desasogantes y muy bien escritos.
Cuentos de Pio Baroja. Sólo por la preciosidad de Mari Belcha, ya merece la pena volver a Baroja.
Ensayo:
Mapa de soledades de Juan Gomez Barcena. Barcena hace tiempo que dejo de ser una joven promesa. Siempre buscando nuevos temas y nuevos enfoques. Muy recomendable cualquier novela suya.
El hombre horizontal de Bruno Remaury. Cuestionando el espacio q ocupa el ser humano en este mundo enloquecido.
Clasico incontestable:
Almas muertas de Nicolai Gogol. Ahhhh, los rusos.
Decepciones (no hay que comprar a lo loco):
Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia. En la pagina 429 nos da la clave de su escritura "el tema como siempre, sin importancia y dificil de narrar". Pues, no esperes a la pagina 429 para decirnoslo, avisanos en la 1.
Adan y Eva de Aarto Paasilina. Humor finlandes, no trasladable a estas latitudes. Si ellos se rien con esto, es que somos muy, pero que muy diferentes.

Pues eso es todo. 
Felices fiestas y buenas lecturas para el proximo año.

Santi:
Un año muy irregular en cuanto a lecturas: un verano inusualmente descansado en el que por fin pude leer hasta (casi) hartarme, y un resto del año usualmente ocupado en el que casi solo he (re)leído lo que me exigía mi trabajo. A pesar de ello, ha habido unas cuantas muy buenas lecturas, y otras más decepcionantes... Aquí va mi lista: 
 
Mejores novelas: Todo empieza con la sangre de Aixa de la Cruz, Limpia de Alia Trabucco Zerán, El acontecimiento de Annie Ernaux
Mejor 2x1: Literatura infantil de Alejandro Zambra y Linea nigra de  
Mejor cuento: "El ojo en la garganta", incluido en El buen mal de Samanta Schweblin
Mejor libro de poesía: Amor y pan de Paula Melchor 
Mejor ensayo: Lo que una ama de Miren Billelabeitia
Clásico recuperado: Tea rooms de Luisa Carnés
Clásico que no me convenció: Todos los nombres de Saramago 
Decepción del año: La península de las casas vacías de David Uclés

sábado, 18 de octubre de 2025

Flann O´Brien: Crónica de Dalkey

Idioma original: inglés

Título original: The Dalkey Archive

Traducción: Mª José Chuliá García

Año de publicación: 1964

Valoración: Recomendable alto


Flann O´Brien es uno de los autores más originales que he podido leer, con una asombrosa capacidad para la digresión (inevitable buscar referencias en Laurence Stern), manejo del humor, a veces sutilísimo y a veces absurdamente grotesco, y sin límites aparentes para internarse en el disparate, rozando lo alucinatorio (El tercer policía, que me sigue pareciendo que trasciende con mucho la simple floritura imaginativa) o lo metaliterario (En Nadar-Dos-pájaros). O sea, creatividad por los cuatros costados, aunque siempre teniendo delante las peculiaridades de esa Irlanda que parece marcar de forma decisiva la literatura de la isla. 

En Crónica de Dalkey nos encontramos a aquella especie de científico-filósofo llamado De Selby, cuya desternillante bibliografía salpicaba de tanto en tanto El tercer policía. Ahora lo encontramos en persona, un tipo con economía en apariencia bien saneada (recuerda al Canterel de Roussel) que vive aislado en un caserón junto al mar y atesora importantes secretos. El tipo es capaz de gobernar de alguna manera el tiempo para, en una cueva submarina, comunicarse con personajes del pasado (cómo le hubiera gustado esto a Papini), encuentros en la práctica limitados a ciertos padres de la Iglesia católica con quienes discute bastante acaloradamente. Y dispone además De Selby de cierta sustancia con la que se plantea seriamente acabar con la Humanidad al completo. 

También filosofan o exponen ideas extravagantes otros personajes, como cierto policía que insiste en cierta transmutación entre hombres y bicicletas, e incluso los dos jóvenes que rulan entre tan peculiares personajes, todos ellos bien abastecidos de whiskey, cervezas o lo que se tercie, porque el alcohol fluye sin tregua a lo largo de todo el libro. Diálogos absurdos, o mejor dicho incrustados de todo tipo de desatinos, formulados con total seriedad, y cuajados de giros repentinos a otras digresiones (la práctica de la natación, el carácter supuestamente mendicante de los jesuitas, opiniones sobre Jonás el de la ballena), el universo infinitamente enredado y loquísimo que acostumbra a mostrarnos el gran O´Brien.

Pero no para ahí la cosa, porque un poco casualmente encontramos a un James Joyce al que se suponía muerto, que sin embargo ejerce de camarero en un pub y solo recuerda haber escrito Dublineses y un borrador del Ulises que aborrece y que, según asegura, utilizó sin consentimiento su editora Sylvia Beach (ésta es auténtica). Con lo cual ya tenemos medio completo el panteón irlandés, porque Joyce por una parte y la Iglesia católica por otra, y también ambos entremezclados y sazonados en alcohol, sostienen la estructura del libro en la que, como en otras ocasiones, el autor no se corta en absoluto a la hora de dejar cabos sueltos o subtramas abandonadas, o poco menos.

Todo es un desparrame de creatividad empapada de humor que podría extenderse sin medida si O´Brien lo quisiera así, porque se diría que el libro termina cuando el autor simplemente se cansa de sus monstruitos y le coloca un final que apenas tiene que ver (¿o sí?) con todo lo que hemos leído hasta entonces.  Y sin embargo, se le nota una tonalidad algo diferente a algunas de sus otras obras, como capas teñidas de un poco más de seriedad, quizá algo más intimista o reflexivo, como si estuviese planteando al lector, vale, te he sorprendido, te has reído y hemos puesto a prueba el ingenio, pero también te he dejado pistas sobre las que, despejando un poco el humo del sarcasmo y el malabarismo, puedes detenerte un momento. Esto no era una simple diversión, descubre tú mismo lo que está debajo: Irlanda con sus pubs, sus pequeños pueblos y su vida provinciana, impregnada por un catolicismo al que se puede poner a prueba o someter a un tercer grado, con su más ilustre personaje volteado y proletarizado. Así de complejo, sorprendente e inclasificable.

sábado, 17 de mayo de 2025

Joyce Carol Oates: Una hermosa doncella

Idioma original: Inglés
Título original: A Fair Maiden
Traducción (al catalán): Josep Franco
Año de publicación: 2010
Valoración: Está bien

Joyce Carol Oates nunca decepciona. Pese a lo prolífica que es, sus ficciones resultan siempre interesantes y destacables. Incluso aquéllas que, al igual que Una hermosa doncella, no están a la altura de sus mejores trabajos.
 
Qué novela tan desasosegante, retorcida y triste, esta Una hermosa doncella. Le deja a uno, tras volver su última página, con un nudo en la garganta, y también con la sensación de haber leído algo lamentablemente real y auténtico.

Sigue los pasos de Katya, una joven de dieciséis años proveniente de una familia desestructurada que está haciendo de niñera para una familia rica en una localidad de costa. Ahí conoce a Marcus, un viejo elegante y adinerado que parece haberse enamorado de ella. En un inicio, Katya se siente algo violenta ante la situación. Sin embargo, su afán por sacarle dinero a su adorador y su necesidad casi patológica de ser querida la impelen a frecuentar a Marcus. Incluso hay momentos en los que se pregunta si ella misma alberga sentimientos por ese hombre mayor que fácilmente podría ser su abuelo.

Me ha gustado mucho cómo Oates retrata a los personajes principales. Incluso aquellos que apenas tienen participación en la historia están bien delimitados. Asimismo, todos resultan sumamente creíbles, y sus defectos, que no son ni pocos ni pequeños, no los vuelven desagradables a ojos del lector. Al contrario: hay algo trágico en, por ejemplo, el patetismo de Marcus, o en esa necesidad de Katya por sentirse querida.

Quizá le reprocharía a Una hermosa doncella que su estilo es, en comparación con el de otras obras de la autora, meramente funcional. También que su extensión resulta exagerada. Entiendo que las caracterizaciones de los protagonistas, las sutilezas de su forma de obrar y la oblicuidad de sus dinámicas, más importantes que la acción en sí, requieren de muchas páginas para establecerse de forma convincente y evolucionar orgánicamente. Sin embargo, creo que Oates podría haber condensado mejor el argumento de esta historia sin renunciar a ninguno de esos ingredientes clave que tan bien logró disponer sobre el papel.

Por último, sólo querría destacar que la madurez que exuda Una hermosa doncella es muy refrescante. Pocos autores habrían logrado, de forma tan equilibrada y convincente como Oates, abordar temas tabú como lo son la pederastia, la manipulación de una menor, la sexualización de las mujeres y la oscuridad que subyace en los jóvenes. Y todo sin demonizar a Marcus (aunque mostrándolo como el aprovechado repugnante que es, por supuesto) y victimizando acertadamente a Katya. Todo, en suma, permitiendo que el lector saque siempre sus propias conclusiones.


También de Joyce Carol Oates en ULAD: Aquí

martes, 6 de mayo de 2025

Joyce Carol Oates: Gente adinerada

Idioma original: Inglés
Título original: Expensive People
Traducción (al catalán): Núria Busquet Molist
Año de publicación: 1968
Valoración: Ambicioso y decididamente recomendable

Gente adinerada es la segunda de las cuatro novelas autoconclusivas que conforman Wonderland, la tetralogía de Joyce Carol Oates. Aunque cambia el estilo, tono y planteamiento general de Un jardín de placeres terrenales, su predecesora, mantiene el alto nivel literario y la dura crítica a Estados Unidos.

Nos sumerge en la mente de Richard Everett, un adolescente solitario, alienado y mentalmente inestable que relata su vida a través de unas memorias en primera persona con continuas apelaciones al lector. Memorias que deliberadamente carecen de una arquitectura literaria («Sólo en la ficción hay transiciones claras entre los acontecimientos», pg. 162), presentan varios personajes que no se desarrollarán jamás y se prolongan indefinidamente (pues, al terminarlas, el narrador deberá «afrontar el suicidio», pero le «da miedo morir», pg. 262).

Richard estuvo rodeado de bienes materiales cuando crecía. Pertenecía a una familia adinerada y vivía en una casa grande y cara de un barrio residencial de Detroit. Sin embargo, era hijo de un matrimonio profundamente desestructurado. Su madre, Natashya Romanov (en adelante la llamaré Nada) no les quería ni a él ni a su padre, el exitoso pero infeliz ejecutivo Elwood Everett, con quien estaba casada sólo por dinero y a quien engañaba con decenas de hombres.

Richard admite enseguida que Nada es el núcleo de Gente adinerada. Y tiene razón: alrededor de ella giran estas memorias, los acontecimientos y el resto del elenco («porque Nada siempre avanzaba (...), como cualquier constelación importante, dirigiéndose hacia aquello que ella creía que buscaba, y junto a ella avanzaban satélites y partículas de polvo, entre ellos yo», pg. 232).

Menudo personajazo logró Oates con Nada. Es una mujer atractiva, esquiva tanto para su hijo Richard como para su marido, Elwood. Es, también, una escritora menor, autora de una obra de gran calibre. Y es quien, desde el inicio, sospechamos que murió a manos de su hijo, que se confiesa asesino.

Los sentimientos del narrador hacia Nada son, por cierto, harto complejos, intensos y oblicuos. Él siente un amor desmesurado por su madre, uno que rebasa toda frontera filial. «¿Todavía la quería?», se pregunta Richard en la pg. 231. «La quería más que nunca, claro. Las madres que se arriman y suplican amor no reciben nada, y no se merecen nada, pero las madres como Nada (...) nos sorben cada gota de amor. Lo horrible es que el amor es una emoción con la cual no puedes hacer nada. No tiene valor. Quienes amamos desesperadamente somos como los nobles en el exilio, exiliados sin ningún reino para mirar hacia atrás, para recordar. Nuestra persona querida existe dentro de la perfecta aureola de su propia consciencia, egoísta y adorada, protegida de nosotros por la misma violencia del amor que sentimos. ¿No es eso el amor que siente un niño por su madre, os debéis preguntar? ¿Verdad? ¡Ay, dejad que sea cualquier cosa, cualquier tipo de amor! ¡Tenía suficiente amor de cualquier tipo! Podía perdurar más que los amantes, los maridos, los amigos...»

En cambio, Nada no corresponde a su hijo. Aunque en ocasiones se muestra afectuosa, nunca le prodiga amor genuino (al igual que hace Elwood). Incluso lo ha abandonado en alguna ocasión. Richard describe así su interacción con Nada cuando es consciente de que ésta volverá a marcharse de casa tras una discusión con su marido: «Me parece que lo supe yo antes que ella. Todo el día entraba y salía de mi habitación, se sentaba en mi cama y depositaba la mano fresca y remota sobre mi frente febril, mirándome con la sorpresa tenue y vaga de una persona que descubre que hay vida en el maniquí de una tienda o en un cadáver. ¡Nunca signifiqué nada para ella, nunca! Quizá era una extraña broma protoplásmica que padre le había deseado una noche, ya tarde, después de un coctel. Yo era carne, huesos, sangre y cerebro etiquetados como "Richard", y "Richard" debería haber evocado en su mente pensamientos mecánicos de culpa, responsabilidad y amor. Me quería cuando era feliz. Me quería cuando se daba cuenta de mi existencia. Me quería si era bueno, si padre era bueno, si la habían invitado a salir las dos noches de un fin de semana, si el mundo iba bien, si la humedad era baja y el barómetro agradable: mientras que yo la quería siempre, cuando era una puta o era una santa, encantadora o fea, con los cabellos cortos y brillantes o largos y grasientos... La quería, ¿pero de qué nos sirvió a ninguno de nosotros?», pg. 127.

Tras un breve diálogo, en el que Richard le dice a Nada que si marcha de nuevo no se moleste en volver, ella se queda «quieta y seria», mirándolo «de la misma forma en que miraba a padre o a las mujeres con rulos del vecindario, o a las cacas que hacían los perros de los vecinos en el césped de casa. Su cara era magnífica y pálida, sus ojos oscuros, algo dementes (...). ¡Ay, no lo sé! ¡No sé qué parecía! La miré y miré durante años. La observaba y la quería. (...) pasó de ser otra persona a formar parte de mí mismo. Era como si Nada, mi madre, se hubiera convertido en una especie de criatura embrionaria incrustada dentro de mi cuerpo (...)», pg. 128.

Pero no os penséis que el resto de personajes palidecen al lado de la polifacética Nada. Richard y Elwood están igualmente perfilados (su aspecto físico, sus voces, su psicología, etc...). También muchos secundarios, pese al escaso foco que reciben.

Otro aspecto destacable de Gente adinerada es su estructura y su estilo. Ya he mencionado que elude el formato literario en sus memorias. A ese enfoque tan interesante hay que añadir otros dos aspectos que dotan al texto de un carisma excepcional: el grado de suspense que alcanza y la narración no fiable de Richard.

Por último, querría mencionar que la crítica a Estados Unidos efectuada en estas páginas es muy acertada. Se enfoca a la clase medio alta, su educación, su pleitesía por el dinero, su pretenciosidad intelectual, su hipocresía, etc...


También de Joyce Carol Oates en ULAD: Aquí

sábado, 11 de enero de 2025

Joyce Carol Oates: Bestias

Idioma original: Inglés
Título original: Beasts 
Traducción: Pepa Linares
Año de publicación: 2002
Valoración: Recomendable e inquietante 

Gillian, alumna de una universidad femenina, se enamora de Andre, el profesor que le imparte un elitista taller de poesía, y cae en las redes de éste y de su mujer, la artista Dorcas. 

Esta es la premisa de Bestias, novela de la prolífica Joyce Carol Oates que se lee de una sentada gracias a su extensión de apenas 150 páginas, la brevedad de sus capítulos y lo adictivo de su argumento. Probablemente no se encuentre entre las mejores obras concebidas por su autora, pero eso se debe a que el listón está altísimo, y no a carencia alguna. Porque carencias, lo que se dice carencias, hay muy pocas en Bestias. 

Quizá su argumento no sea extremadamente original o imprevisible, es cierto, pero Oates prioriza el desarrollo del mismo a los golpes de efecto que hubiera podido entregar. De hecho, la autora guía al lector en todo momento con mano experta a través del argumento, sin por ello pecar de intrusiva u obvia; siembra hábilmente la duda sobre si la narradora es fiable, sugiere el desenlace en las primeras páginas y despliega el subtexto ovidiano sutilmente.

Además, sorprende la densidad de la novela. Pese a su limitada extensión, da la oportunidad a que Oates profundice en lo planteado, perfile a un amplio elenco de personajes tanto principales como secundarios y espese una atmósfera tan asfixiante como malsana.

La prosa es una delicia. Derrocha expresividad y está salpicada por multitud de recursos estilísticos, pero no por ello deja de mimetizarse con la voz de la narradora, ni entorpece la inmersión en la trama.

La protagonista alrededor de la cual gira la historia también está muy conseguida. Oates plasma acertadamente su falta de fiabilidad, así como la oblicuidad de sus interacciones con sus padres, sus amigas, Andre y Dorcas.

Otros autores hubieran tomado el camino fácil y aprovechado la ocasión para victimizar abiertamente a Gillian, o para meter con calzador un alegato a la sororidad en el clímax. Pero Oates, más madura y realista, apuesta por personajes complejos, un manejo temático gris y una catarsis nada tranquilizadora.

Resumiendo: Bestias no está entre las mejores obras de Oates. Aun así, es una novela inspirada, muy bien escrita y que sabe sacar provecho a todos sus elementos. Sin lugar a dudas, hará que paséis una tarde magnífica leyéndola, y demostrará que, en la literatura, la calidad y el entretenimiento no están reñidos.


También de Joyce Carol Oates en ULAD: Aquí

lunes, 23 de diciembre de 2024

Frédéric Beigbeder: Último inventario antes de liquidación

Idioma original: francés

Título original: Dernier inventaire avant liquidation

Traducción: Sergi Pàmies

Año de publicación: 2001

Valoración: Entre recomendable y Está bien

 

Se podría decir que hoy inauguramos una nueva especie para las entradas de este blog: podemos llamarlo metarreseña, es decir, reseña de un libro de reseñas de libros. Puede que en adelante no haya muchas de estas, y muy probablemente esta vaya a ser la única metarreseña que presentemos, pero confieso que me ha gustado la palabreja. Ese libro de reseñas al que me refiero lo firma Frédéric Beigbeder, uno de esos malotes que tanto gustan al norte de los Pirineos, ya saben, el enfant terrible, sarcástico, encantado de conocerse, y a ser posible con melena rebelde. Este señor, aparte de otras cosas diversas, es también escritor, con varias reseñas en ULAD que pueden ustedes ver ahí abajo. Por lo visto, con el inicio del siglo y milenio Le Monde y la FNAC realizaron una encuesta preguntando por el libro clave del siglo XX, como si se tratase del Balón de Oro. El resultado fue una lista de los cincuenta títulos más votados, cada uno de los cuales tiene en nuestro libro de hoy su reseña firmada por Beigbeder.

Las reseñas, de tres o cuatro páginas máximo, son apenas un esbozo, un par de pinceladas y, sintonizando con la imagen del personaje,  tienen siempre un aire iconoclasta e irónico, como un ‘intento de superar el efecto intimidatorio que producen las grandes obras de arte’, con la loable intención de ‘leer esos libros famosos como si fuera la primera vez’. Están muy bien estas intenciones, pero el problema es hacerlas realidad cincuenta veces seguidas. Eso no es ni mucho menos fácil, y Beigbeder decide tirar de sarcasmo para unificar los resultados, sin que falte tampoco un puntito narcisista al que parece no poder resistirse.

Con todo, hay que reconocer que el trabajo es en conjunto bastante bueno. Con tantos libros por comentar y una extensión disponible tan limitada, recurre el multirreseñista Beigbeder a un recurso bastante obvio pero también eficaz: ir variando el centro de atención, que a veces se localiza en el autor de la obra, otras en su época, movimiento con el que se identifica, público al que se dirige o anécdotas relacionadas con el libro. La ironía y la desinhibición le permiten cosas como poner en cuestión que los votantes hayan leído realmente las obras que han votado, algo que se antoja un dardo muy bien lanzado, o reflexionar sobre ciertas imposturas en el mundo literario:

‘No todo el mundo es Faulkner […], el problema surge con los cretinos seguidores a quienes ha inspirado. Por culpa de Proust, un montón de autores franceses se creen obligados a escribir largas frases sobre sus madres para parecer inteligentes; por culpa de Joyce, cualquier impostor se cree poeta cuando, en realidad, solo consigue ser ilegible’.

Es lo que tiene este tipo de personajes aficionados a escandalizar o fustigar sin miramientos: aunque lo que buscan sea sobre todo la notoriedad, a veces dan en el clavo. 

En todo caso creo que Beigbeder sale airoso de la prueba, el conjunto queda equilibrado y se lee con agrado, a veces nos saca una sonrisa y otras hace luz sobre algunas obras que podemos tener olvidadas o postergadas. Y, como apuntaba antes, no se puede negar el mérito de escribir cincuenta reseñas sobre una lista tan variada. 

Ah, bueno, y la lista, que supongo que a alguien le tendrá un poco intrigado. Se puede encontrar en esta entrada de la Wiki. Como cualquiera se podrá imaginar sin mirarla siquiera, más o menos la mitad de los seleccionados son autores en lengua francesa, lo que esta vez no se debería atribuir solo al tradicional chauvinismo de nuestros vecinos. Supongo que si planteásemos la encuesta aquí o en cualquier otro lugar los votantes también se inclinarían por buen número de autores locales. Por cierto, el único escritor en castellano que entra en la lista es, casi obviamente, García Márquez con Cien años de soledad (no he dicho que solo se admitía un título por autor).

También llama la atención, y Beigbeder lo subraya creo que con cierto desdén, que hay un buen número de premios Nobel, no sé quizá quince o por ahí. Y en lo alto del ranking se destaca El extranjero de Camus, justo por encima de En busca del tiempo perdido de Proust. Por mirarnos un poquillo al ombligo, también diré que aproximadamente la mitad de esos 50 principales ya tiene su reseña en ULAD y, dicho sea con la natural objetividad, son al menos tan buenas como las de Beigbeder. O mejores.


También de Frédéric Beigbeder reseñado en ULAD: 13,99 euros, Una novela francesa, Oona y Salinger

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Reseña(s) Interruptus: 7 x 1

Aunque justamente hoy no lo parezca, no soy yo muy partidario de esta modalidad de "reseña interruptus"; ahora bien, en los últimos tiempos me he encontrado con varios libros cuya lectura, por una causa u otra, he abandonado, y que, puesto que no están reseñados en este sacrosanto blog, mis compañeros ni siquiera han tenido en cuenta para leer. Con buen criterio, visto lo visto... Como se acerca el Año Nuevo y antes de los consabidos buenos propósitos resulta conveniente hacer limpieza y tirar lo viejo o inútil por la ventana (de forma metafórica, se entiende... tened cuidado con lo que hacéis, plis), aquí va un pack de minireseñas que se han quedado en meros esbozos, abortos de las que pudieron ser y ya no serán. Al menos, por mi parte...


1- El silencio de la ciudad blanca de Eva García Sáenz de Urturi

Idioma original: español

Año de publicación: 2016

Valoración: No eres tú, soy yo...

Resumen resumido: en la siempre primorosa ciudad de Vitoria-Gasteiz aparecen una serie de cadáveres, en monumentos emblemáticos de la misma, que recuerdan indefectiblemente a unos asesinatos que tuvieron lugar un par de décadas antes pero cuyo autor, vaya por Dios, resulta que está ya en la cárcel. Así que el inspector que se encarga del caso, apodado Kraken (!) por sus compañeros y amigos, se ve en la tesitura de tener que resolver los nuevos y desconcertantes asesinatos antes de que se multipliquen.

Es posible que se deba a que conozco un poco los escenarios donde se desarrolla esta historia y por tanto hay cosas -bastantes- que me resultan de lo más inverosímil. Es posible también que, a pesar de mi debilidad por los thrillers policiacos con asesinos en serie, mi nivel de exigencia sea más alto del que yo mismo pienso. O también puede que experimentara una reacción adversa al entusiasmo que esta novela ha producido en miles de lectores y lectoras, que incluso ha llevado a que se hagan tours literario-turísticos por la capital alavesa, algo realmente desusado en la misma (por la parte turística más que la literaria, aunque también). Pero el caso es que, según iba avanzando en la lectura del libro, me iba invadiendo una vergüenza ajena tal que tuve que dejarlo y no he osado volver a intentarlo, desde hace ya años. Que seguro que es culpa mía, no lo niego, pero mirad, más vale ponerse rojo una vez que amarillo un ciento...


2- El olor del bosque de Hélène Gestern

Idioma original: francés

Título original: L'Odeur de la fôret

Año de publicación: 2016

Traducción: Laura Salas Rodríguez

Valoración: zzzzZzz...

Resumen resumido: Élisabeth Bathori (no dire nada sobre el nombre) es una historiadora que trabaja en el Instituto de la Memoria Fotográfica del Siglo, que recibe de la anciana Alix de Chalendar, para su preservación, una serie de fotografías y cartas de su tío Alban de Willecot, desde el frente de la I Guerra Mundial con su amigo, el insigne poeta Anatole Massis. Además, la anciana -porque sí o por joder a sus parientes-le lega en su testamento una casa en un pueblo del Borbonesado (región que con ese nombre parece mentira que no haya sido expoliada del todo por cierta familia), donde Élizabeth continua indagando en los secretos de los Willecot, mientras pasa el duelo por su reciente viudedad.

Compré esta novela en aquel proceloso año de la pandemia, impelido por la recomendación de una conocida prescriptora literaria, que la consideraba una de las mejores novelas editadas ese año. Me pareció una buena opción lectora para pasar el confinamiento y mirad, ni aún con tantas horas por delante logré avanzar mucho, porque en seguida me quedaba zzzzZz... como un cepo. Lo intenté con posterioridad al menos un par de veces más, pero siempre acababa como un ladrillo en brazos de Morfeo. Ahora bien, cierto es que, poco a poco y siesta a siesta podía haber ido avanzando en el libro (aunque ojo cuidao que son casi 800 páginas); tampoco es que esté mal escrito, ni mucho menos y, desde luego, parece bien documentado y demás condiciones que se le pueden pedir a una buena novela. Pero no acabó de engancharme y cuando vi que tomaba un giro romántico (romántico en plan editorial Harlequin, me refiero, no a la narrativa de principios del XIX) fui consciente de la finitud de la vida y de que aún me quedaba por leer toda la saga de Mundodisco, por ejemplo. Conservo el libro, eso sí, para las noches de insomnio.


3- La señal de Maxime Chattam

Idioma original: francés

Título original: Le signal

Año de publicación: 2020

Traducción: José Antonio Soriano Marco

Valoración: Rechace imitaciones

Resumen resumido: la familia Spencer (nada que ver con Lady Di) se traslada desde Nueva York al idílico y hasta pintoresco pueblo de Mahingan Falls, en Nueva Inglaterra, huyendo del mundanal ruido y de sus altos precios  Pueblo, ya digo que muy cuqui, pero embebido de rumores sobre un pasado de brujería y horror (estamos en Nueva Inglaterra, ¿qué os esperábais?), en el que les comienzan a ocurrir cosas harto extrañas... aunque nada comparable a los horrendos crímenes que se suceden en la zona.

Maxime Chattam es el penúltimo joven escritor de best-sellers (bueno, ya no tan joven, en realidad) al que se ha calificado como "heredero de Stephen King". En este caso, o al menos por lo que respecta a esta novela, el calificativo tiene alguna base, porque, en efecto, el libro apesta (sí, no me he equivocado de verbo) a King, pero a un King de imitación, un King de bazar oriental, si se me permite el prejuicio barato... Es decir, esta novela es lo que se conoce como un PASTICHE, término que creo deberíamos emplear más a menudo. Que sí, un pastiche puede ser muy divertido y lo cierto es que esta novela, quizás por cierto desaforamiento o exageracíón, podía incluso resultarme entretenida... El caso es que, cuando ya llevaba leídas bastantes páginas, pero habida cuenta que el libro consta de más de 600, me pregunté: ¿pero qué cojones haces leyendo una mala imitación de Stephen King, cuando podrías estar empleando ese tiempo en leer, sin ir más lejos, una novela del propio King? Lo dejé y hasta ahora...

(Por cierto, que si alguien está interesado en una premisa similar a la de esta novela, pero que discurre por derroteros mucho más inquietantes, que le hará perder muchísimo menos tiempo y, sobre todo, cagarse por la pata abajo, conocer una interesante propuesta del género de terror contemporáneo, que vea la película La autopsia de Jane Doe. Hora y media de peli e insomnio garantizado toda la noche).


4- La señora Potter no es exactamente Santa Claus de Laura Fernández

Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: No gano para aspirinas

Resumen resumido: en Kimberly Clark Weymouth, desabrida ciudad de algún lugar de la Norteamerica profunda, la escritora Louise Cassidy Feldman ambientó su clásico de la literatura infantil La señora Potter no es exactamente Santa Claus, lo que proporcionó cierta celebridad y visitas turísticas a la localidad. Ahora bien, un buen día Billy Bane Peltzer decide cerrar la tiendas de recuerdos abierta por su padre, Randal, lo cual provoca toda una serie de consecuencias imprevistas en el ecosistema formado por los entrañables habitantes de Kimberly Clark Weymouth. Consecuencias que no os puedo relatar porque abandoné la lectura de la novela, aquejado de un dolor de cabeza galopante.

¿Y a cuento de qué este dolor de cabeza, preguntaréis (O NO)? Pues porque la novela, toda la novela  y no es corta, está repleta de (PALABRAS) escritas en cursiva o mayúsculas entre (PARÉNTESIS), de una forma absolutamente (RANDOM) o que, al menos, yo no he sido capaz de dilucidar según qué (PAUTA). Que esta peculiaridad del estilo parece que acrecenta la (IRONÍA) postmo-metaficcional que recorre la novela y ha entusiasmado a crítica y público mayormente gafapástico o, en todo caso, a (PERSONAS) con un criterio literario más exquisito que el mío pero que (A MÍ) me produce migraña, jaqueca, cefalea en racimo, neuralgia o dolor de (LA CHOLA), yo qué sé... Así que tuve que dejar su lectura porque mirad, en la vida hay que (SABER) elegir y la (SALUD) es lo primero... Aparte de que me estaba pareciendo una puta santa chorrada, claro.


5- La camarera de Nita Prose

Idioma original: inglés

Título original: The Maid

Año de publicación: 2022

Traducción: Ángela Esteller

Valoración: Mátame, camión, pero rapidito...

Resumen resumido: la joven Molly es una camarera del hotel de lujo Regency, extremadamente minuciosa y hasta perfeccionista en su trabajo, tal vez -o casi seguro- porque padece algún tipo de trastorno del espectro autista... Necesitando como el comer la rutina y hasta monotonía en su vida, ésta se verá trastocada cuando en una de las suites que debe limpiar, donde se aloja un matrimonio millonario, encuentra un cadáver sobre la cama. Y hasta aquí puedo contar, no porque tema estropearos la lectura con algún spoiler, sino porque yo la abandoné en este punto y os aseguro que no lo he lamentado...

Aquí he de confesar que tengo un problema, no con las personas de la vida real que son autistas, padecen Aspergen o algún tipo de trastorno similar... (incluso todo lo contrario, que tampoco soy un monstruo), aunque, por alguna razón, sí con las novelas protagonizadas por este tipo de personajes, generalmente niños o jóvenes. Curiosamente, no me pasa con las películas, pero en los libros enseguida pierdo la paciencia (de hecho, no sé como llegué a acabar el célebre El curioso incidente del perro a medianoche sin estamparlo contra la pared... en fin, era más joven y perseverante que ahora). Ahora bien, reflexionando sobre ello (brevemente, que tampoco merece comerse mucho el tarro) he llegado a la conclusión de que si abandoné La camarera una vez aparecido el crimen, que al fin y al cabo es lo que mola en este tipo de libros, no fue sólo por lo exasperante que me parecía su protagonista sino porque el misterio en sí me daba una perezaca que no veas. Me daba igual quien había matado a la víctima, la verdad, y sólo podía desear que el/la/los asesino/a/s se hubieran esmerado un poco más, disolviendo el cadáver en ácido o enterrándolo en un maizal, con lo que la buena de Molly no se hubiera coscao de nada. Hubiera salido ganando, creo.


6- Mi esposa y yo compramos un rancho de Matt y Harrison Query

Idioma original: inglés

Título original: Old Country

Año de publicación: 2022

Traducción: Alejandra Tapia Silva

Valoración: Dame veneno, me quiero morir, dame veneenooo...

Resumen resumido: El ex-marine y veterano de Afganistán Harry Blakemore y su mujer Sasha, publicista, deciden abandonar la ciudad de Denver para trasladarse a un rancho de las montañas de Idaho donde poder llevar una vida más tranquila y satisfactoria, en comunión con la naturaleza. El sueño americano, vaya... Ahora, bien, cuando llegan al idílico rancho, sus por otra parte muy amables vecinos les advierten que el valle donde está situado recibe con frecuencia la visita de un espíritu o ente sobrenatural que adopta una manifestación diferente en cada estación -menos en invierno, cuando por lo visto se va a dormir como los osos-, a cada cual también más extravagante. El espíritu o lo que sea se puede combatir tomando una serie de medidas que los Blakemore se resisten a adoptar, pero que acaban haciéndolo pues parece ser la única manera de poder vivir en el lugar.

Como se ve, la premisa de la novela, resulta bastante increíble y hasta absurda. No pasa nada, porque ocurre lo mismo con muchas de las del género de terror, la cuestión es hasta que punto el o la autora de las mismas logra convencernos para que nos la creamos y, sobre todo, mantener nuestro interés en una historia, para lo que la suspensión de la incredulidad suele ser condición sine qua non. Algo que no ocurre en esta novela, sobre todo, creo yo, por lo rutinaria y hasta cansina que resulta la trama, más ocupada en glosar las maravillas de la naturaleza norteamericana y la "guayotez" de los protagonistas que en darnos el necesario canguelo, que es de lo que se trata. Yo aguanté algo más de la mitad del libro, con lo que me perdí el final, que debe ser, por lo que tengo entendido, ya directamente hilarante. No obstante, si alguien está interesado en conocer más de esta novela, aquí dejo el enlace de la reseña que hizo en el videoblog Gafas y ojeras el gran David Calpa, que sí que tuvo los redaños de leerla entera (reseña con la que estoy totalmente de acuerdo, por supuesto).

Por último, parece ser que uno de los hermanos Query, autores del libro, tiene muchos contactos con la industria audiovisual, así que no os extrañéis si pronto veis esta historia en alguna plataforma en forma de película o, más aún, de serie. De hecho, casi se diría, teniendo en cuenta los tempos de la trama, que ya la escribieron pensando en ello. También que, al parecer la historia surgió como un hilo en Reddit que fueron alargando según la respuesta de sus seguidores. Así ha salido, claro...


7- El carnicero y el pájaro de Alaina Urquhart

Idioma original: inglés

Título original: The Butcher and the Wren

Año de publicación: 2022

Traducción: Pilar de la Peña Minguell

Valoración: No es por no ir, pero ir pa ná es tontería...

Resumen resumido: un asesino en serie conocido como "el Asesino del Pantano" se dedica a secuestrar a sus víctimas en Nueva Orleans, torturarlas un poquito antes de matarlas y luego abandonar sus cadáveres en los socorridos pantanos de Luisiana. La patóloga forense Wren Muller y el inspector Louis Leroux se embarcarán en una investigación sin tregua para tratar de detenerlo.

Hasta ahí la cosa pintaba bien, dentro de los parámetros habituales de los thrillers con asesino en serie, por los que ya digo que tengo cierta debilidad. Y lo cierto es que la novela resulta correcta, lo que, unido a que no es demasiado larga, bien podría haberme animado a terminarla (leí la mitad). Pero, precisamente porque transita por senderos perfectamente establecidos: escenarios tópicos, situaciones previsibles, asesino locatis pero muy inteligentes, policías voluntariosos a la hora de seguir la gymkana de pistas que les va dejando el psicópata, etc., en fin, que fui perdiendo el interés, ni siquiera alentado porque la autora fuera técnica de autopsias (tampoco es que se note mucho, por lo menos para quien haya visto al menos un par de episodios de C.S.I.) y creadora del podcast de true crime más seguido del mundo o eso dicen (yo reconozco que lo que más llamó mi atención es el apellido molón que tiene, que era el mismo de la protagonista de una novela de Joyce Carol Oates que acababa de leer).
Dicho lo cual, tampoco me extrañaría que hiciesen una peli basada en esta novela. De las que ponen los domingos por la tarde en Antena 3, quiero decir...