lunes, 10 de agosto de 2015

Fernando Pessoa: Quaresma, descifrador. Relatos policiacos

Idioma original: portugués
Título original: Quaresma, descifrador. As novelas policiárias
Traductor: Roser Vilagrassa
Año de publicación: 2014
Valoración: interesante, no sé si recomendable

De Pessoa (si ya he dicho esto alguna otra vez en una reseña, pido perdón por adelantado), de Pessoa, digo, tenemos una visión algo limitada o deformada: nos hemos quedado con "el poeta es un fingidor" y nos hemos olvidado de casi todo lo demás. Y sin embargo Pessoa es un autor mucho más plural de lo que imaginamos, y no solo plural en el sentido de "ser una antología", sino desde el punto de vista de los géneros, los estilos y los temas que trató. Su obra incluye prosa y poesía, heterónimos y ortónimos (obras firmadas con el nombre de Fernando Pessoa); ensayos políticos, literarios, estéticos; es el autor de ese libro magnífico e inclasificable que es el Libro del desasosiego; fue un vanguardista furibundo como Álvaro de Campos, y un clasicista irredento como Ricardo Reis... Y sí, también escribió novelas policiacas.

O mejor dicho, habría que decir, intentó escribirlas. Porque de los trece relatos que componen el volumen, ninguno está terminado, y algunos no pasan de ser un boceto muy breve y algunas escenas sueltas. De ahí que la lectura de este Quaresma, descifrador resulte por momentos algo frustrante, sobre todo para quien se había hecho a la idea de leer novelas policiacas completas del maestro Pessoa.

Lo que sí que queda claro es cuál era la intención general de Pessoa con la creación de Abílio Quaresma, el descifrador: llevar al extremo el racionalismo de los detectives de estirpe británica, creando un personaje que ni siquiera necesita ver el lugar del crimen o recoger pruebas, porque con la sola fuerza de su raciocionio consigue resolver crímenes que al resto de los mortales les parecen no solo indescifrables, sino incomprensibles. Es, por decirlo así, un Sherlock Holmes destilado e depurado de cualquier rastro de empirismo.

(La referencia a Sherlock Holmes no es casual, y no solo porque Pessoa fuese un autor bilingüe, en inglés y portugués, sino porque el propio Pessoa lo menciona como una de sus lecturas de cabecera, y en el texto de Quaresma, descifrador pueden de hecho encontrarse algunas pruebas de ello, como la famosa cita que empieza "si eliminamos lo imposible", o el que uno de los casos se resuelva porque "los perros no ladraron", como en "Estrella de plata" de Conan Doyle).

Y sin embargo, tener un detective tan "puramente racional" es también un problema (y quizás por eso Pessoa no terminó nunca sus novelas). Veamos el primer relato, el más extenso y el más acabado del volumen -pero no el más interesante, advierto-: un hombre, Vargas, aparece muerto, aparentemente suicidado, en un callejón de Lisboa; tenía en su poder unos planos de un prototipo de submarino, que entre tanto han desaparecido. La policía no consigue descubrir si ha sido un suicidio o un asesinato; entonces entra en escena Quaresma, que tras un discurso de sesenta páginas (tal cual: sesenta páginas) sobre el método de razonamiento empleado, termina por anunciar quién es el asesino.

El resto de las novelas siguen un esquema semejante, aunque mucho menos exagerado; por eso, las que más me han gustado han sido las que aparecen a continuación en el volumen ("El pergamino robado", "La muerte de don João", "La carta mágica"), que están relativamente completos, y en las que Quaresma se muestra igual de perspicaz pero mucho menos prolijo. Claro, algunas de las soluciones son absolutamente inverosímiles, porque los problemas planteados son de lo más rebuscados, pero aun así no dejan de tener cierta originalidad e interés. Los últimos relatos del libro están tan incompletos, que casi resultan incompresibles.

En el encabezamiento digo que no sé si es un libro recomendable o no: es más bien una curiosidad, tanto para los amantes de Pessoa, como para los amantes de la novela policiaca. Para un lector común, puede resultar frustrante, como decía, por la exageración de la capacidad razonadora del personaje principal, y porque, textualmente, al lector se le escamotean fragmentos a veces muy importantes del relato. La editora, Ana María Freitas, ha hecho sin duda un trabajo ejemplar de reconstrucción a partir de originales a veces muy dispersos, pero lo que realmente haría falta sería un nuevo Pessoa que llenase los huecos y completase por lo menos una de las novelas del volumen.

Otros títulos de Fernando Pessoa en Un Libro Al Día: Libro del desasosiego, El banquero anarquista, El mendigo y otros cuentos

domingo, 9 de agosto de 2015

Colaboración: Pulp de Charles Bukowski

Idioma original: inglés
Título original: Pulp
Traductoras: Cecilia Ceriani y Txaro Santoro
Año de publicación: 1994
Valoración: Decepcionante


Mi experiencia con Bukowski ha sido muy grata. Me enorgullece decir que gracias a él he vivido momentos increíblemente intensos. En un periodo en que no encontraba una literatura que no que me hastiara o me dejara indiferente, apareció él. Desde entonces, no nos hemos separado, y dudo que jamás lo hagamos (aunque con ello le daría una alegría a mi novia, que es una feminista convencida).

Debo decir que siempre me entrego a la obra de este autor, sobre todo si hablamos de su vertiente narrativa (la poesía en general, no sólo la suya, no me atrae demasiado), con gran entusiasmo. Cuando llevaba leídas unas pocas páginas de Pulp, sin embargo, ya percibí que el libro no iba a gustarme. Y no porque sea precisamente malo, sino porque, dentro de lo que el talento de Bukowski puede llegar a engendrar, se queda corto.

Use retazos autobiográficos o escriba ficción pura y dura, Bukowski es capaz de deleitarnos siempre con dos cosas: en primer lugar, nos entrega una media de veinte carcajadas (de las que te hacen parecer un perturbado mental si te encuentras en el metro y el resto de pasajeros te escuchan reír) con cada libro. Su genial humor acompaña cada uno de sus textos de narrativa (e incluso en varios de sus poemas), tiñe cada uno de sus párrafos con sus hilarantes y a veces también corrosivas sentencias.

No obstante, hay otro elemento en el trabajo de Bukowski por el que yo me siento sumamente interesado. Además de su sentido del humor, este escritor posee una capacidad inigualable para machacarnos, para humillarnos. O, al menos, eso es lo que creo yo. Cuando lo leo, siento que me desprecia, que su ponzoñoso desdén va aflorando de cada una de sus palabras y cala en mí. Su crudeza al retratarnos a nosotros, los seres humanos, es algo fantástico que, a mi forma de ver, convierte en verosímiles a todos sus personajes. Es un misántropo (y sí, un misógino, ¿estás contenta, cariño?) y nos odia tanto como se odia a sí mismo.

En los personajes de Pulp, sin embargo, no existe este realismo. Entiendo que, al ser una novela que parodia la literatura de consumo popular, no haga demasiado hincapié en la profundidad psicológica de los personajes, pero, al estar escrita por Bukowski, esa característica no hace más que desacreditarla un poco. 

Así que sí, es cierto, Pulp es una novela que expone (o desnuda, palabra que considero muy acorde al hablar de la obra de Bukowski) los excesos del género de la novela policíaca o fantástica de las publicaciones “pulp”. Sí, no lo voy a negar, Pulp es tan tremendamente divertida como cualquier otro libro de Bukowski. Sin embargo, si tu relación con este autor es igual que la mía, notarás que él mismo se ha extirpado parte de su esencia al escribir Pulp. Es decir, que si lo quieres leer por separado, Pulp es un libro recomendable. No obstante, si lo haces para continuar un largo viaje con Bukowski, pronto comprenderás que te decepciona bastante.

También de Charles Bukowski en ULAD: Cartero, El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, La máquina de follar, Hollywood

Firmado: Oriol Vigil

sábado, 8 de agosto de 2015

Ivica Djikić: Soñé con elefantes

Idioma original: serbocroata
Título original: Sanjao sam slonove
Año de publicación: 2011
Traducción: Maja Drnda y Christian Martí
Valoración: muy recomendable

Primera acotación: cuando acabo de leer Soñé con elefantes y empiezo a confeccionar la reseña que estáis leyendo he de acudir a internet para averiguar cuál es el idioma en que ha sido originalmente escrita. Así estamos, en lo concerniente a estos nuevos países. Dubitativos, anclados inconscientemente en ciertas preconcepciones, en llamar a todo eso antigua Yugoslavia, en empaquetar todos esos países como si nos fuera imposible efectuar distinción alguna entre ellos.
Segunda acotación: simultáneamente a su lectura, vuelvo a oír, de labios de un torpe político que no merece ni ser mentado, el término balcanización aplicado a ciertas tensiones territoriales de la actualidad. Curioso: término que parece ser siempre blandido de forma amenazadora. Quien advierte sobre la balcanización suele coincidir con el más dispuesto a asestar el primer golpe.
Soñé con elefantes se sitúa en Zagreb, Croacia, en distintos momentos del proceso por el cual Croacia dejó de formar parte de Yugoslavia. Un proceso tan cercano en el tiempo, apenas un par de décadas atrás, como, parece, alejado de las preocupaciones en aquella época de la Europa más apoltronada. La que miró hacia otro lado cuando lo de Srebrenica, la que hacía poco aún recibía con brazos abiertos a los Karadzic y Milosevic. Ivica Djikić, su autor, es periodista desde los 19 años y vivió todo el cúmulo de conflictos en primera persona. Y en base a su experiencia orquesta esta trama donde crimen y estado se confunden con tanta facilidad. Bosko, investigador del Servicio de Seguridad Nacional, se decide a indagar sobre el asesinato de su padre, Andrea Sucic, antiguo militar y miembro de la escolta del presidente de Croacia. Muy poca gente conoce su relación con él, simplemente que los vinculen entre sí ya es muy arriesgado. Pero Bosko intuye que debe cumplir con su deber y saldar cuentas con su pasado. Escarbar no le resultará fácil: es una narración a dos voces, la de Bosko, viva, curiosa, algo expectante, y la de Sucic, ajado, aguerrido, de vuelta de todo y en proceso de clara y osada enajenación. Y todo el mundo parece tener algo que ocultar o algo que más le vale ocultar. Dos historias que parecen confluir, que lo harían si esto se limitara a ser una novela de intriga, cuando Soñé con elefantes va mucho más allá. Con sutileza, con esos resortes que apelan a cierto tipo de lectores que no se conforman con acabar el libro, cerrarlo, e ir a por otro. La historia de los elefantes obra ese pequeño milagro, añade ese extraño e incómodo plus que induce a eso tan manido de la reflexión sobre la condición humana.
En la propiedad del presidente al que custodia Sucic hay dos elefantes. La típica excentricidad de cierta clase de personajes. De noche, los militares que cuidan del presidente acuden a la alejada estancia donde los animales pernoctan, y allí les propinan palizas. Un acto injustificable que el autor deja abierto: rabia, violencia, desahogo con el débil. Quién sabe. Cuando Sucic abandona el servicio, solicita hacerse cargo de Lanka, la hembra. La lleva a su casa y la instala allí. Se desvela por alimentarla y mantenerla con vida, apelando a las ayudas del poder y las instituciones, locales y extranjeros. Convierte a la elefanta en una especie de llamada de atención sobre su existencia, a medida que decide, a través de una periodista, explicar las atrocidades que ha visto y él mismo ha perpetrado. Se vuelve alguien incómodo para un poder que necesita consolidarse sin sombras acechadoras.
Esa historia, casi surrealista, cuajada de simbolismo e interpretaciones, es el contrapunto que aleja a esta novela de las necesarias pero a veces repetitivas historias de conflictos bélicos. Aquellas que hacen hincapié en crueldad y estadísticas. En actos violentos, represalias y venganzas sin límite. Aquí es donde Djikić aporta el valor adicional al de la mera crónica dramatizada, y donde se manifiesta como un soberbio narrador de historias.

viernes, 7 de agosto de 2015

Robert Löhr: La máquina de ajedrez

Idioma original: alemán
Título original: Der Schachautomat
Año de publicación: 2005
Traductor: Lluís Miralles de Imperial
Valoración: entre recomendable y está bien

La historia es bastante conocida, creo: en la segunda mitad del siglo XVIII, un constructor austriaco de autómatas -artilugios muy de moda en las cortes europeas de ese momento- fabricó un "turco" capaz de jugar -y además ganar- al ajedrez, ingenio éste que le hizo famoso y le granjeó el favor de la emperatriz María Teresa. Llegó a jugar, además, contra Benjamin Franklin y Napoleón Bonaparte.  La máquina, por supuesto, era falsa: en su interior se ocultaba un enano, diestro en el susodicho juego, que movía las piezas mediante un pantógrafo.

Esta novela recrea la historia de aquel fraude, perpetrado por el consejero de Su Majestad la Emperatriz de Austria y Hungría, el caballero Wolfganag Von Kempelen, un ambicioso funcionario -y noble, además, por la vía conyugal-, deseoso de escalar posiciones en el palacio de Schönbrunn.Al parecer, hubo varios operarios encargados de que la supuesta "máquina" funcionase, pero el que aquí aparece es Tibor Scardanelli, un enano italiano, excelente jugador de ajedrez, que se convierte en el verdadero protagonista de la novela. Tibor es además un personaje complejo, temeroso y audaz a un tiempo, estafador aunque prisionero de la misma estafa en la que participa; orgulloso de su habilidad pero, como devoto católico, lleno de remordimientos... aparte de la culpa que provocan en su alma las tentaciones de la carne... A su lado, Von Kempelen resulta más plano y mucho más frío e incluso despiadado, movido tan sólo por su ambición, su soberbia y las maquinaciones que va elaborando. Aún así, los dos hombres acaban por acoplarse en una simbiosis perversa, unidos por el fraude y hasta por el crimen...

La recreación histórica, casi huelga decirlo, es exquisita, lo mismo al retratar los ambientes palaciegos y las fiestas cortesanas, que la cotidianeidad de Presburgo (Bratislava), donde residía Von Kempelen, así como las diferencias de clase entre unos personajes y otros. Ayuda, claro, la inclusión de celebridades de la época, como Mesmer , el escultor Messerschmidt o la propia emperatriz maría Teresa. La prosa, por su parte, fluye con la solvencia y eficacia que es de desear. Y sin embargo...

Y sin embargo, ésa es la mayor pega que se le puede poner a esta novela: que resulta de lo más solvente, sólida, eficaz... parece más debida a la gubia y el cepillo de un artesano que a la audacia del cincel de un artista. No era mi intención caer en el tópico sobre la idiosincrasia germana (y sospecho que me lloverán comentarios de protesta por hacerlo), pero el resultado resulta propio de una fábrica bávara de automóviles, no de un pequeño taller de soñadores en la campiña italiana: es un producto sólido, eficaz y fiable; sin duda, con todas las garantías y los controles de calidad... pero uno no puede dejar de preguntarse, al leer esta novela -sé que las comparaciones son odiosas, y probablemente ésta más que ninguna- qué habría hecho con una historia tan golosa como la del turco autómata y el enano que moraba dentro el Ítalo Calvino que escribió la serie de Nuestros antepasados, por ejemplo...

En fin, elucubraciones vanas... y tampoco quiero ser injusto ni desagradecido con La máquina de ajedrez; al fin y al cabo se trata de una novela bien escrita, bien documentada y bastante entretenida, ideal para pasar las infinitas tardes estivales, con la sensación de que se está leyendo algo de más sustancia que el best-seller de turno. Mejor aún si se sabe jugar al ajedrez, claro.

jueves, 6 de agosto de 2015

Enrique Vila-Matas: Y Pasavento ya no estaba

Idioma original: español
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable

Si ULAD dispusiera de una sección llamada "El rincón del completista" este libro hubiera ido de cabeza a ella. Cosa de la que, lamento informar, me he dado cuenta una vez lo he leído y esta reseña tomaba forma. Porque "completista" se ha de ser para hacerse con este tipo de libros: publicado en Argentina, corta tirada, recopilación de artículos. Una especie de jugueteo del autor, algo que se me antoja muy propio de Vila-Matas, uno de esos escritores de oficio, un tipo inquieto, un señor con aspecto serio y reservado que, ante el teclado, no conoce contención alguna.
Y Pasavento ya no estaba ya contiene un guiño en su título. Tras publicar una de sus principales novelas, Vila-Matas concede el bis de una serie de artículos posteriores, que mantienen un cierto aire de continuidad, dentro de un ligero aire irreverente, a mitad de camino entre la sorna y un hastío amable, como de escritor encumbrado a su pesar. Como si se tratara de provocar a todos los que le recriminan su talante auto-meta-literario, los artículos contenidos en Y Pasavento ya no estaba son un festín de referencias donde tienen cabida desde títulos de artículos completamente vilamatianos: (Plan para el más allá, Se escribe para mirar cómo muere una mosca, Ventanas de la alta madrugada) hasta el desfile habitual de conocidos y no tanto (Scott Fitzgerald, Melville, Doctorow, Duras, Pérec, Kafka, Steiner) que son, entre muchos otros, la innegable influencia del escritor barcelonés y, a la sazón, la demostración empírica de la máxima de que, salvo excepciones, el buen escritor surge del buen lector. Vila-Matas es un depredador del papel impreso (y de los blogs, y de las conferencias...).
¿Más de lo mismo? Quizás: pero debo insistir en ideas que corroboré con la magnífica recopilación que es Dietario voluble. Vila-Matas es responsable tanto de sus baches en ficción como de su extraordinaria brillantez como ensayista. Dotado de una agudeza de análisis que su prosa transcribe a la perfección, es imposible que su escritura nos defraude en cualquiera de sus formas. Idóneo para las re-lecturas, ideal para aquellos dados a apuntar frases una tras otra, esta recopilación es (cómo odio estos símiles, pero adelante) como la comida que hay que degustar recreándose en cada bocado.
Y claro, con un postre excelso que le sirve de colofón: Un plato fuerte de la China destruída, colosal artículo escrito tras la muerte de su amigo Roberto Bolaño, sensacional epitafio que elude magistralmente la excitación de los lacrimales, colosal celebración del hecho de la literatura y, claro, cómo no, punto débil, baza segura para ganarse el favor del que esto escribe.

Mucho Vila-Matas ya en UnLibroAlDía: aquí

miércoles, 5 de agosto de 2015

Flann O'Brien: En Nadar-Dos-Pájaros

Idioma original: inglés
Título original: At Swim-Two-Birds
Año de publicación: 1939
Valoración: Muy recomendable
Traductor: José Manuel Álvarez Flórez

Hace cosa de un mes reseñaba por aquí El Levante de Mircea Cărtărescu, y decía que era "una de las creaciones más originales que he leído en mucho tiempo". Bueno, pues casi podría decir lo mismo de esta En Nadar-Dos-Pájaros, que es, como El Levante, una elaboradísima broma literaria, heredera del Tristam Shandy en sus complicadísimos juegos metanarrativos, y de las obras de otros satíricos irlandeses, como Swift o, por supuesto, James Joyce, en su descarnada crítica a las costumbres y los defectos de su país.

No es nada fácil intentar resumir el argumento de En Nadar-Dos-Pájaros: tenemos, por un lado, al narrador-protagonista, un estudiante dublinés que se pasa la vida bebiendo, vagueando en la cama y discutiendo con su tío; fruto de su pluma son, si creemos en su palabra, el resto de personajes de la novela, tanto los que pertenecen al mundo mítico irlandés (como Finn Mac Cool o el Rey Sweeney), como los que conviven en la taberna "El Cisne Rojo", regentada por Dermot Trellis, quien a su vez es también el autor de una narración en la que participan todos los demás pesonajes... hasta que estos personajes se rebelan contra él y empiezan a escribir una contra-novela en la que el autor (Trellis) es llevado a juicio por maltratar a sus propias criaturas...

Este resumen es solo una pequeña parte de la gracia de la novela: O'Brien no deja de jugar con las intervenciones del narrador, las interpolaciones de textos ajenos (de un manua de buen comportamiento, por ejemplo) o introduciendo elementos absurdos, como los nacimientos de los personajes, descritos como partos en los que el nacido es un adulto de treinta años, o el hecho de que una vaca sea llamada a declarar en el juicio contra Trellis. Cualquier recurso humorístico sirve, incluidas las bromas escatológicas o sexuales (que en su momento le valieron algunas críticas al autor, claro).

No todo el libro se lee con el mismo placer: hay momentos en los que los personajes se pasan páginas y páginas parloteando o recitando poesías; las parodias de antiguos poemas irlandeses son menos divertidas sin conocer los originales. Así que llega un punto, alrededor de la página 150, en que uno empieza a cansarse de algunas de las líneas argumentales y a odiar (cariñosamente) a alguno de los personajes. Por suerte, la novela remonta de nuevo en las últimas páginas, con el juicio contra Trellis organizado por sus propios personajes, y el final abrupto, pero al mismo tiempo conclusivo.

No sorprende en Flann O'Brien el humor, la crítica ácida o la representación satírica de Irlanda: esas son las constancias de sus obras, varias de las cuales ya las hemos ido reseñando por aquí. Pero no cabe duda de que esta es su obra más ambiciosa, en la que lleva sus recursos y sus capacidades hasta el extremo. Probablemente pierde por el camino a algunos lectores, que preferirían una narrativa más tradicional; pero a cambio se gana la admiración de los apreciadores de una buena ida de olla metanarrativa, entre los que me cuento.

Otros libros de Flann O'Brien reseñados en Un Libro Al Día: La boca pobre, El tercer policía, La vida dura, La saga del sagú de Slattery, La saga del sagú de Slattery (Re-reseña), Crónica de Dalkey

martes, 4 de agosto de 2015

Colaboración: La mujer loca de Juan José Millás

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: Imprescindible

Antes de que me roben los derechos de autor o la patente quiero  adelantar aquí que, dentro de unos años, se hablará de  la cotidianeidad desconcertante  como la aportación impagable de Millás a la Literatura. Seguramente el valenciano deba ese enfoque  a Cortázar pero nadie como el autor de El mundo contempla los hechos más triviales desde perspectivas tan insólitas. Esa es la estrategia que sigue el escritor, incluso cuando su trabajo se acerca al reportaje, a la realidad más inmediata: recordemos Hay algo que no es como me dicen, en torno al caso de Nevenka Fernández.  Para que le -nos- entendamos, se trata de contemplar, de mirar, de observar, con unas décimas de fiebre.

Y éste vuelve a ser el modus operandi en La mujer loca. En ese sentido –valga la paradoja- no hay mayores sorpresas. Si este volumen resulta imprescindible es por su fascinante reflexión sobre el lenguaje: la protagonista, Julia, trabaja en una pescadería aunque dedica la mayor parte de su tiempo y de sus neuronas a estudiar gramática porque está enamorada de su jefe, un filólogo. Sí, por supuesto que éste es un tópico más de Millás (en sus relatos y hasta en sus columnas aparecen personajes que extravían un adjetivo o a los que se les cae un adverbio) pero en estas páginas está llevado al extremo. Asistimos a alucinaciones y espejismos verbales.

El continuo desdoblamiento al que somete al texto, a los personajes y a él mismo; su aparición (en este caso como narrador testigo) con continuas interferencias de su día a día que se cuelan en la ficción; incluso la historia paralela de Emérita, la enferma terminal que le sirve de bisagra, de enlace… son recursos a los que ya nos tiene acostumbrados o -a mí personalmente- enganchados. Tampoco falta su secundario de lujo, la psicoanalista…

Y lo peor –quizás lo mejor- es que las cábalas sobre la palabra, lejos de alcanzar un objetivo, dejan al lector desorientado, desamparado, y con la íntima sospecha, con la certidumbre, de que es el lenguaje quien se sirve de nosotros y no al revés.

Por lo demás, La mujer loca es Millás en estado puro. Parte de una idea, la Idea, que en esta ocasión formula explícitamente y lleva aún más allá: la ficción es la metadona de la realidad. El volumen es, como siempre, una encendida defensa de esa tesis, de la que cada día estoy más convencido. 

Firmado: Aster Navas

También de Juan José Millás en ULAD: aquí