Título original: Surely You're Joking, Mr. Feynman. Adventures of a Curious Character
Traducción: Luis Bou
Año de publicación: 1987
Valoración: muy recomendable.
Idioma original: español
Año de publicación: 2024.
Valoración:muy recomendable
Madre de corazón atómico, empecemos por aclarar, es el libro más asequible de Fernández Mallo. Un autor que suele ser víctima de ciertas etiquetas que nunca sabemos si son atribuidas de forma solemne o con cierta ironía corrosiva: “postmoderno” “alternativo” “atrevido”. Depende de quién emplee ciertos apelativos, de los contextos de uso, algunos de ellos pueden parecer un encendido elogio (incuestionable, para mí, que tenga el mérito de situar cuestiones literarias en clave polémica, con lo adormecida que suele ser la escena local) o, por el contrario, desprender cierta sorna (de las minorías arremolinadas en sus ámbitos exclusivos de preservación de la pureza conceptual que solo ellos entienden). Pero uno puede (debería) leerle sin posicionarse de forma clara o exclusiva en un lado u otro de esta especie de dilema existencial. Mi experiencia con él es desigual, y ello obliga a la fuerza a coquetear con el territorio de la contradicción: sus obras oscilan entre el ejercicio de banalidad escorado hacia el pop hasta la glorificación irredenta de sus ídolos literarios (Borges, Sebald) ejecutada con los ineludibles pretextos eruditos que a tantos pueden crispar, pero aunque sus resultados puedan ser heterodoxos, no tengo duda de sus intenciones. Las de Madre de corazón atómico, cuya primera coartada contemporánea es tomar su título prestado de un álbum de Pink Floyd, son las de un escritor que ya cuenta con sobrada madurez en sus planteamientos como para que, en un eventual acceso a temas clásicos, se muestre seguro y desinhibido.
Porque este libro es un homenaje a la figura de su padre. A la manera del escritor, desviándose del foco central justo para que sus devaneos sean justificados y respetuosos, la pura estructura del libro ya muestra claramente en sus títulos (Antes, Después, Absolutamente después) que la muerte es el eje de la narración. Que eluda el consabido tono llorón y esquive el panegírico debe ser algo que consolide a Fernández Mallo como un muy buen escritor, al margen de los eventuales arqueos de ceja que puedan suscitar sus obras más osadas.Otra cosa (pero a ver si escritores canónicamente venerados como Vila-Matas no lo hacen también) es que algunas de sus obras traspasen límites que ofuscan a algunos - ser demasiado experimentales, cargar con alguna pretensión trans-género (literario, aclaro) o incluso perpetren algún sacrilegio. Pero aquí, en esta crónica personal cargada de anécdotas, de apuntes, de divagaciones, a lo que nos enfrentamos es a una narración vital, meditada pero espontánea, como un flujo constante que tiene amarras locales, como la habitación 405 en la que el escritor medita al pie de la cama en que su padre está en el hospital, y también enormes, y memorables salidas al espacio, con el escritor rememorando y evocando viajes tanto propios como ajenos, situaciones tanto lejanas como cercanas en el tiempo, e implicando hasta cierto punto al lector en esa especie de inevitable comunión inter-generacional a la que la vida parece empujarnos.
Apelar a Fernández Mallo de locuaz podría parecer un arma de doble filo. Aquí, por supuesto, están presentes muchos de sus trucos como escritor, desde la pura especulación verbal hasta el uso de ciertas metáforas eruditas. Están sus iconos y cierto coqueteo con la autoficción cuando entrevera tanta experiencia personal, sin intención de despistar o confundir. Las alusiones a otros canales al margen de la palabra escrita, desde su blog personal hasta imágenes propias de sus experiencias o de su vida profesional al margen de la literatura. También cierto compromiso social y un agradable aire de bitácora personal, con una perspectiva emocional pero nada plañidera. Son demasiados puntos a su favor para mantener el escepticismo, pero no hay que olvidar lo principal para los que por aquí transitamos: que leer este libro es una experiencia placentera.
Otros libros de Fernández Mallo reseñados en ULAD aquí
Año de publicación: 2019
Valoración: entre recomendable y está bien
No he estado nunca en la ciudad de Buenos Aires, pero ya os digo que, si alguna vez tengo la suerte de caminar por sus calles, sin duda tendré muy presentes (junto con muchas otras páginas de la inagotable literatura argentina) los relatos que componen este Buenos Aires Noir; un libro en el que el título ya lo dice todo: se adscribe al género negro, en diferentes variantes, y se desarrolla en la capital porteña. La peculiaridad es que cada uno de estos cuentos, escritos por catorce autores del género diferentes -de edades variopintas y de ambos sexos por igual- y reunidos por uno de ellos, Ernesto Mallo, tiene lugar en un barrio distinto de Buenos Aires y casi todos en la época actual, componiendo entre todos un mosaico de lo más interesante para conocer la "vibra" de esa gran urbe. Además, claro está, del disfrute inherente a la lectura de muchos de ellos.
Los relatos, agrupados en tre bloques. Infidelidades, Amor y Crímenes imperfectos, son todos bastante cortos -entre 5 y 15 páginas- y están escrito en un castellano que oscila entre el estándar con los lógicos modismos argentinos y el argot porteño más o menos desatado, que quizá dificulte la comprensión para los lectores de otras latitudes, aunque entre lo que se deduce simplemente por el contexto y la ayuda de San Google (mi agradecimiento desde aquí también a Google Maps), nadie debería tener mayor problema. Debido a su disposición en diferentes barrios, encontramos aquí ambientaciones de todo tipo desde las zonas más acomodadas a las "villas miseria", pasando por los barrios más célebres y castizos de la ciudad, otros más anodinos, populares, etc. Repito que uno de los principales atractivos del libro es justamente esta especie de radiografía o escáner que hace de toda una ciudad, con sus diferencias de clase, sus tensiones raciales, los conflictos políticos, la incidencia de la droga... si olvidar el reflejo -o reflujo, más bien- de pasado reciente de la ciudad.
Al tratarse de catorce autores/as diferentes, procedo a consignarlos todos, así como el barrio en el que se desarrollan los cuentos, por si alguien los conoce (o incluso reside en uno de ellos, en el caso de quien nos lea desde aquellos pagos):
Año de publicación: 2022
Valoración: persistente
Membrana es sumamente difícil de describir en los clásicos términos literarios que optan por las dicotomías tajantes. Es una no-novela de ficción, a menudo disfrazada de ensayo bajo la guisa de presentación o catálogo, aunque una cierta corriente de trama recorre su espinazo, una trama sin diálogos, sin acción continuada, con personajes reales o virtuales, por supuesto combinando una obvia deriva decididamente apocalíptica, tejida en una no siempre sencilla premisa que se va sugiriendo a ratos: la existencia de un poder superior que la humanidad ha ido generando, casi sin querer, a base de alimentar las bases de datos que han permitido a las máquinas, o eso parece, tomar sus propias decisiones. Por supuesto en este contexto las referencias son numerosas, aunque Jorge Carrión ha conseguido hilar algo relativamente original.
Aunque "relativamente original" sea un calificativo de doble filo. Membrana es una especie de híbrido algo forzado entre los dos estilos que Carrión suele cultivar: el ensayo docto y razonado sobre los peligros de la tecnología y el mundo hiperconectado, en el que se ha ido especializando a riesgo, es mi opinión, de insistir e insistir que no todo el progreso como lo concebimos va a ayudarnos a ser más libres, que de eso debería tratarse, y, por otra parte, los intentos con la ficción en que, y también en Membrana esto sucede, se enfrenta a una algo generalizada (Fernández Mallo sería otro ejemplo) intención de capturar un totuum que explique el mundo, intención esta que entraña sumirse en mucha especulación, cosa que suele redundar, esta no es una excepción, en una exigencia hacia el lector, que ha de rellenar muchos intersticios si quiere comprender qué pretende explicar el autor. El texto se divide en capítulos precedidos por una serie de manifestaciones artísticas. El lector asiste a un museo del siglo XXI, una vez este ha acabado, y todas esas obras, junto a los textos que las presentan, nos ayudan a esbozar una trama en la que el mundo, con dos protagonismos antagónicos (Ben Grossman, Karla Espinoza) ha acabado siendo víctima de una dominación de los algoritmos, de la inteligencia artificial, el big data y los drones, y todo hace pinta de que la humanidad no ha salido muy bien parada. De ahí lo de ficción pero también lo de no ficción. Carrión no tiene interés alguno en hablar de batallas, de ciudades devastadas, de violencia física. Todo está sugerido y la trama de fondo es más o menos asimilable y comprendemos su desarrollo y su desenlace.
Pero me da la impresión de que a Carrión esa premisa se le escapa de las manos. Empeñado en mantener un tono algo ceremonioso y sostener una cadencia, el texto acumula demasiadas codas, no solo en lo estilístico sino incluso en su contenido. Se abusa de ciertas coletillas que a veces parecen forzadas, se requiebra el estilo y la insistencia en ciertos recursos acaba resultando en una carencia de naturalidad. Puede que sea premeditado y que la estructura del texto lo requiera, pero la fluidez es sacrificada y a veces la coartada intelectual acaba empantanando al lector. Algunos pasajes se extienden en teorías y surgen los fantasmas de los textos de Carrión: el dominio de las grandes corporaciones, las redes sociales, el poder oculto. No es que llegue a estropearse la premisa, si no original sí osada y (a cada año que pasa) probable, pero está claro que es difícil abarcar tanto y no resultar, a veces, algo cargante.
Idioma original: portuguésEstimandos amigos y amigas de Un Libro al Día y, sin embargo, seguidores de este blog (o viceversa): hoy traemos a vuestras pantallas una entrada un tanto especial, que se sale del formato habitual, pero que, por ello, unos lectores y lectoras ávidos como vosotras/os sabrán sin duda apreciar. Como seguramente ya sepa más de uno y una, se ha publicado recientemente en castellano este título del insigne escritor portugués José Luís Peixoto: El camino imperfecto, una interesante combinación de libro de viajes -sintetiza varias de sus visitas a Tailandia-, remembranza de su infancia en un pueblo de Portugal e incluso una pequeña investigación detectivesca que le lleva a otro de los lugares emblemáticos en su vida, la ciudad de Las Vegas.
Para hablarnos del libro y de paso que su entrevista sirva a modo de reseña, hemos conseguido entrevistar no al propio Peixoto, sino a alguien, si cabe, más importante: el traductor del libro, pues ya se sabe que el autor es contingente, pero el traductor es necesario... (bueno, vale, igual me he pasado un poco). En este caso, se trata nada menos que del afamado estudioso y literato Santiago Pérez Isasi, que domina el bello idioma luso como si se hubiera criado comiendo bacalao en el Algarve (algo de eso hay, aunque en su caso fue a la vizcaína). Y no, he de decir a los admiradoras y admiradores que pueda atraer que el de la foto de la cubierta no es Santi; sus tatuajes son mucho más molones... Agradeciéndole que nos haga un huequito entre sus muchas ocupaciones, comenzamos esta resentrevista o lo que sea:
Gracias por atendernos y responder a las preguntas de este modesto blog. ¿Nos conocías de antes? ¿Habías leído alguna de nuestras reseñas, incluso?
Pues algo me sonaba, la verdad, el nombre me era familiar… A lo mejor porque fui uno de los fundadores del blog, no sé… Puede ser por eso :-P
Desde el punto de vista de la traducción no ha supuesto un especial problema, porque el texto intenta “explicar” esas realidades lejanas para un lector portugués, que no se diferencia excesivamente del lector español que recibirá la traducción. El público de destino del texto original, de hecho, no está excesivamente marcado, se podría decir que busca llegar a un público más amplio que el estrictamente portugués, prácticamente a un lector (potencialmente) mundial… Es decir, los referentes que se emplean o bien son conocidos globalmente (como es el caso de la película The hangover – Resacón en las Vegas), o son tan exóticos que casi cualquier lector (occidental) necesita una explicación, como es el caso de los múltiples términos y conceptos tailandeses que aparecen explicados en el libro. De hecho, en algunos momentos del texto el autor menciona o se dirige explícitamente a sus (futuros) traductores, lo que demuestra que sabe que el libro va a ser leído en otros países, lenguas y culturas diferentes a la suya.
El estilo fragmentado, a base de pequeños capítulos que, en conjunto, van componiendo una imagen caleidoscópica me parece ingenioso, pero también característico de cierta literatura contemporánea. ¿Se puede considerar por tanto El camino imperfecto como un libro representativo de su tiempo?
El segundo aspecto que se podría clasificar como “posmoderno” es ese fragmentarismo de la narración, que hace que la lectura sea más ligera, con saltos en el tiempo y en el espacio, mezcla de narración y reflexión poética, y una historia casi de suspense que se abre en el primer párrafo del texto y solo se cierra (de aquella manera) en el último… En ese sentido, esta es una narrativa de viajes muy contemporánea, y que no hay duda que bebe mucho de la ficción o de la literatura en general. De hecho, me resulta muy difícil no pensar en algunas obras de Fernández Mallo (por forma y contenido) al leer El camino imperfecto…
No creo que se pueda (ni se deba) buscar una única explicación para el título, que creo que es voluntariamente ambiguo; está claro que la idea de camino remite a la del viaje, y ambas son una metáfora recurrente de la propia vida, pero también del proceso de escritura que, como recordarás, al autor se le “atasca” en cierto momento y parece que se le hace bola. Vivir, viajar, escribir, los tres términos o conceptos están unidos, como el autor recuerda varias veces, y a los tres puede referirse el título.
Otro tema interesante también es el de la distinción -o no- entre turista y viajero que se hace en el libro. ¿Cuál crees que es la posición de Peixoto sobre este tema?
Pero al mismo tiempo, en otras ocasiones el propio Peixoto parece ser algo irónico en relación con esa oposición entre viajeros (selectos, reflexivos, críticos) y turistas (masivos, aborregados, destructivos), que en realidad tiene algo de artificial o incluso clasista, como cuando sucumbe a la tentación y asiste a un espectáculo “erótico-festivo” en Bangkok, en que una chica lanza bolas de ping-pong con la vagina: una típica trampa para turistas. Al fin y al cabo, un viajero que critica a los turistas que ve a su alrededor es como sea gente que se queja de que los centros comerciales están abarrotados en Navidad… como si él con su presencia no contribuyese a abarrotarlos.
Hay muchos más puntos que se tocan en el libro, pero un leit motiv que se repite desde el principio, incluso desde la propia cubierta, es el de los tatuajes -para empezar, el principal viaje que se narra lo hace con su amigo el tatuador e ilustrador Makarov-. ¿A qué consideras que se refiere Peixoto con esta idea recurrente?
El interés de Peixoto por los tatuajes viene de antiguo, de mucho antes de escribir y publicar este libro, de ahí que conociera a Makarov, quien lo acompaña en su viaje, y quien por cierto también contribuye con tres ilustraciones en el libro. Se podría pensar que los tatuajes son otra forma más de escritura, y una que está íntimamente ligada al cuerpo (ya no tan definitivamente como hace unos años, porque ahora es más fácil borrar tatuajes…). Hay un momento curioso en que Peixoto promete dejar que Makarov le haga un tatuaje cuando vuelvan a Lisboa, y promete también mostrar -y dejar tocar- ese tatuaje a cualquier persona que haya leído el libro y se lo pida. Cuando le conozca personalmente, no sé si me atreveré a hacerlo.
Esperemos que se lo haya hecho en algún lugar, ejem... accesible. Éste es el primer libro de José Luís Peixoto que reseñamos en Un libro al día. Tú, que eres un avezado lector de literatura portuguesa, ¿cómo sitúas a este autor dentro del panorama general y actual, en concreto? ¿Y este libro dentro del conjunto de su obra?
Es verdad que no hemos reseñado ningún libro de Peixoto todavía; yo estuve a punto, hace años, de hacer la reseña de Te me moriste, quizás su libro más conocido, pero finalmente no me animé… En todo caso, Peixoto es uno de los novelistas más conocidos de su generación; entre otros muchos premios y reconocimientos, recibió el Premio José Saramago en 2001, por su obra Nenhum Olhar. En España y en otros países europeos también tiene un cierto reconocimiento y seguimiento...
En cuanto a este libro, se sitúa en una de las líneas desarrolladas por Peixoto en su obra y en su trayectoria vital: la literatura de viajes, género a la que también pertenece Dentro do segredo (sobre Corea del Norte), además de muchas otras contribuciones en revistas sobre viajes. Tiene también una página web llamada “Viagens para ler” (o “José Luís Peixoto em viagem”, no lo tengo claro) en la que se recogen algunos de estos textos. Vamos, que la escritura sobre el viaje es una constante de este autor. Incluso ha llegado a ejercer como “guía de viajes” (lo que vuelve a plantear hasta qué punto se distingue el viajero del turista…).
Por último, ¿qué tal ha sido la experiencia traductora? ¿Dispuesto a repetirla?
La verdad es que traducir es una actividad que me gusta mucho, aunque no sea mi trabajo habitual ni mucho menos. Tiene una parte mecánica o de "picar piedra", pero también mucho de creativo, y de reflexión sobre la propia lengua, sobre sus particularidades, sus usos en diferentes contextos, sus connotaciones… Es como hacer un puzzle sin estar seguro de si las piezas van a encajar, o de si de hecho existen todas las piezas.
En el caso de El camino imperfecto, la traducción fue relativamente fácil, porque es un libro escrito en un registro muy neutro, con un estilo muy directo, quizás por ese intento de llegar a un público amplio que mencionaba antes. La mayor dificultad fue probablemente no dejarme ningún “portuguesismo” en el texto, porque al vivir en inmersión en otra lengua, tan similar además al castellano, uno pierde un poco la perspectiva.
Y sí, estoy más que dispuesto a repetir la experiencia, de hecho ya estoy haciendo otra traducción de una novela portuguesa (de una autora, esta vez), que también saldrá en La Umbría y la Solana – pero no creo que pueda decir cuál es, todavía…

Idioma original: castellano
Idioma original: alemán
Idioma original: castellano
Idioma original: castellano