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miércoles, 7 de enero de 2015

Colaboración: La viuda Couderc de Georges Simenon

Idioma original: Francés.
Título original: La Veuve Couderc
Año de publicación: 1940
Valoración: Muy recomendable.

Se dice muy frecuentemente sobre Georges Simenon que si en vez de haber dado a luz 200 novelas (en realidad fueron muchas más) hubiese escrito sólo 20 habría sido el mejor narrador en lengua francesa del siglo XX. Mi experiencia lectora con él ya sobrepasa ampliamente esa última cifra y he de decir que no creo que se trate del mejor novelista en lengua francesa del siglo XX, pero desde luego me gustaría que hubiese llegado a la marca de 400. O, al menos, que gran parte del tiempo que dedicó a sus historias del comisario Maigret, algunas excelentes pero la mayoría encorsetadas en las servidumbres del problema policíaco o whodunit, lo hubiera destinado a crear más “novelas duras”, que es como usualmente se denominan las ficciones de tipo más o menos criminal no protagonizadas por el detective parisino, y que son lo mejor de su producción.

Es muy difícil recomendar novelas concretas de Simenon, tanto como lo es buscar en Google opiniones fiables acerca de cuál puede ser el “canon Simenon”, un núcleo duro a partir del cual pueda uno formarse una opinión sobre su valía real como escritor. Una razón es que todas sus novelas son imperfectas, alejadas de la precisión que se suele exigir a un relato negro o criminal. Otra es que realmente no hay una gran diferencia de calidad entre unas y otras: Simenon es un escritor inusualmente regular, lo cual unido a su colosal promiscuidad literaria, lo convierte en un fenómeno único, sobrehumano, casi inimaginable.  De cualquier modo, dejo aquí mi particular selección: El fondo de la botella, Tres habitaciones en Manhattan, La nieve estaba sucia y La viuda Couderc. Todas, novelas duras; todas sin Maigret. Obras como Pedigree, El gato, Luces rojas o El tren las tengo aún pendientes.

La trama de La viuda Couderc, novela corta que plantea un triángulo pasional comprimido en el espacio claustrofóbico de una modesta granja regentada por la viuda que le da título, es algo así como el reverso de El cartero siempre llama dos veces. En un contexto humano que exuda sordidez, surge Simenon en estado puro: la vida está dominada por una inercia que acaba derivando hacia una suerte de resignada degradación (la resignación ante la catástrofe, un concepto “muy Simenon”) y ni siquiera hay que forzar la mirada para comprenderlo, solo detenerse a observar el tiempo suficiente.

El “misterio Simenon”, que ha atraído a escritores tan dispares como García Márquez o John Banville y ahora por fin parece que se ha extendido a España, se basa en el talento para la creación de atmósferas moralmente insalubres y la facilidad hipnótica para presentar con naturalidad el enigma del ser humano en pasajes aparentemente triviales, como el principio de La viuda Couderc:
“Caminaba. Estaba solo en por lo menos tres kilómetros de carretera, cortada cada diez metros por la sombra del tronco de un árbol y, a grandes zancadas, pero sin apresurarse, iba alcanzando una sombra tras otra. Como era casi mediodía y el sol se acercaba a su cenit, ante él se deslizaba una sombra corta, ridículamente encogida: la suya.”

La clave es la naturalidad, incluso cierto desaliño, posiblemente un punto de improvisación. Al describirnos con detalle no el aspecto sino el movimiento de un personaje del que aún no sabemos nada, cada información que nos da se vuelve misteriosamente significativa. Ahí está el inicio lacónico ("caminaba"), seguido del uso de términos de precisión para mostrar la determinación del individuo en su absoluta soledad ("tres kilómetros…diez metros…una sombra tras otra") cuyo recorrido extrañamente no tiene un fin concreto ("pero sin apresurarse"), y rematado por una alusión al superior movimiento del sol que convierte su voluntad de avanzar en insignificante.

¿Se trata de una original y nada pedante metáfora acerca de la inutilidad del esfuerzo humano por controlar su destino o tan sólo una leve introducción psicológica del protagonista a partir de la descripción de su comportamiento? ¿Se trata de esa pequeña gran escritura cuya lectura proporciona agradecidas sorpresas o estamos directamente en presencia de Gran Literatura? A riesgo de ser pretencioso me guardo mi opinión, que puede resultar demasiado solemne, pero les diré algo seguro: leer las novelas duras es siempre un descubrimiento, tanto para los que se aprestan a cazar su primera pieza en este inabarcable territorio que es el universo Simenon como para los que ya han superado la veintena de trofeos.

Firmado: Talibán

También de George Simenon en ULAD: El ahorcado de la iglesia, La muerte de Belle

lunes, 13 de julio de 2020

Georges Simenon: La nieve estaba sucia

Idioma original: francés
Título original: La neige était sale
Año de publicación: 1948
Traducción: Núria Petit
Valoración: recomendable

En un siglo como fue el XX, tan prolífico en grandísimos escritores, uno de los más destacados fue, sin duda, el belga Georges Simenon, cuando menos si tenemos en cuenta la relación entre la calidad de sus libros y la enorme cantidad de los mismos: casi doscientas novelas firmadas con su nombre (más otro montón con pseudónimo, recopilaciones de cuentos y volúmenes con sus memorias); muchas de ellas protagonizadas por el emblemático comisario Maigret, aunque también escribió un número importante de historias con otros personajes y ambiente, como Los Pitard o Los hermanos Rico. O como esta La nieve estaba sucia, que como bien se señalaba en la reseña de La viuda Couderc, pertenece a las "novelas duras" de Simenon, aquellas sin el protagonismo de Maigret y un trasfondo más oscuro aún que en las del comisario francés.

Esta novela, que se desarrolla en una ciudad alemana ocupada por un ejército extranjero tras la guerra (*) -no se especifica por cual, aunque cabe suponerlo- tiene por protagonista a Frank Friedmaier, un joven que vive con su madre en el burdel clandestino que regenta ella y que reparte su tiempo entre la holganza en el burdel y una no menos fácil vida canallesca, bebiendo en el local de Timo y haciendo chanchulletes con su amigo Kromer. Una noche de invierno, Frank decide matar a un oficial del ejército ocupante que frecuenta el bar, para hacese con su pistola, pero luego teme haber sido visto por su vecino y conductor de tranvía Gerhard Holst. Frank se obsesiona con éste y con su hija adolescente, Sissy, a la que empieza a cortejar, con un desenlace que no pienso desvelar, tranquilos... (aunque quien piense mal, acertará).

La novela pertenece claramente al género noir,  pero un tanto atípico, si se quiere... en este caso, no se trata de averiguar quien es el criminal o desvelar la trama tras un asesinato: ya sabemos quién es el asesino desde la primera página y el resto del libro podemos considerarlo más como una indagación o exploración psicológica del protagonista. Al estilo, para entendernos y salvando algunas distancias, de muchas novelas de Patricia Highsmith, como la serie de Ripley (aunque en verdad deberíamos decirlo al revés, porque Highsmith comenzó a publicar sus novelas en 1950 y ésta de Simenon es de dos años antes); al igual que a Ripley, podemos considerar a Frank Friedmaier como un psicópata (pese a que no sé si el término se utilizaba ya en aquellos años), alguien que busca su propio beneficio sin sentir empatía por nadie y sin parar mientes en los medios para conseguirlo; pero, bien es cierto,  sin poseer tampoco el encanto de aquél. La diferencia, sobre todo, reside en que, mientras que los personajes de Highsmith, por ambiguos o incluso inmorales que sean, tratan en algún momento de salir aderlante, de resolver sus problemas, y en todo caso acaban, contra su voluntad, siendo arrollados por éstos, sin embargo Frank Friedmaier decide no sólo envilecerse y envilecer cuanto le rodea, a propósito, sino dejarse caer por una pendiente autodestructiva, nihilista, si se quiere, que acepta y busca con total estoicismo... y hasta ahí puedo o debo contar.

En cualquier caso, se trata ésta de una novela de una calidad literaria que supera con mucho las expectativas que pudieran tenerse acerca de un escritor tan prolífico y encasillado como "de género"; una novela osacura como pocas, muy turbia y que puede que deje un regusto amargo, pero nunca indiferente a quien la lea, eso seguro.

(*) Curiosamente (o no tanto), casi todas las reseñas de La nieve estaba sucia que he encontrado en la Red, incluyendo la sinopsis de la propia editorial (e incluso alguna sinopsis en francés), dicen que la historia se desarrolla "durante la ocupación nazi" o "alemana", cuando lo que resulta evidente al leerla es que la ciudad ocupada está en ALEMANIA, porque los nombres y apellidos de todos los personajes son ALEMANES (en cambio, no se revela el de ninguno de los ocupantes).

Ésta, claro, no deja de ser una circunstancia anecdótica e incluso banal, un malentendido producto, probablemente, de un error de traducción (ocupación alemana por ocupación de Alemania) o algo así. De acuerdo, pero deja entrever algo más grave: que, también con bastante probabilidad, ninguno de esos "reseñistas" ni, lo que es peor, nadie de la empresa editorial se molestó en leer la novela cuando fue publicada, conformándose con un agradecido, por rápido, trabajito de copypaste. Y si, con un poco de desconfiada imaginación, extrapolamos este modus operandi a lo que se asegura de muchos autores y autoras o libros en concreto, que los "prescriptores literarios" nos presentan como clásicos contemporáneos y que sin embargo a nosotros, humildes y perplejos lectores, nos parecen una verdadera castaña (no es difícil encontrar ejemplos desvelados en este mismo blog), entonces, digo, entenderemos muchas cosas de como funciona este negocio, amigos y amigas, y no obstante, lectores de Un Libro Al Día. Porque de eso va la cosa, me temo...


Otros títulos de Georges Simenon reseñados en Un Libro Al Día: La viuda Couderc, El ahorcado de la iglesia, La muerte de Belle

lunes, 24 de septiembre de 2012

Georges Simenon: El ahorcado de la iglesia

Idioma original: francés
Título original: Le pendu de Saint-Pholien
Año de publicación: 1931
Valoración: está bien

Hace (demasiados) años, cuando en el colegio intentaban enseñarnos a "relacionarnos de una forma saludable con el alcohol" (sic) nos hablaban de usar "espaciadores": bebidas sin alcohol intercaladas en medio de las bebidas alcohólicas, para no terminar en coma etílico. No les hacíamos ni caso, claro, pero esa no es la cuestión: a lo que iba es a que yo ahora hago algo parecido, pero con novelas. Entre una novela exigente y otra, o en medio de una novela verdaderamente exigente, me meto con algo más ligero: una novela policiaca, o de terror, o de Terry Pratchett. La novela verdaderamente exigente, en este caso, es Contraluz, de Thomas Pynchon (habrá reseña); y el "espaciador", obviamente, Simenon y su comisario Maigret.

Simenon es casi contemporáneo de Agatha Christie, y sin embargo sus novelas tienen un aire muy distinto. No hay en las novelas del comisario Maigret (por las que Simenon es justamente famoso) no encontramos esos ambientes cerrados, llenos de secretos y sospechas que caracterizan las novelas de Hércules Poirot, por ejemplo. Maigret es un detective de la gran ciudad, París (aunque también viaje en muchas de sus novelas) y Simenon es un autor mucho más costumbrista que Christie, e interesado por ambientes mucho más diversos.

Esta obra en concreto, El ahorcado de la iglesia, es una de las primeras de la serie de Maigret. Quizás de ahí nazca su sencillez narrativa, y su estructura casi lineal. Comienza la novela con un misterio, como debe ser (un joven se suicida con un disparo en la boca después de que Maigret le "robe" una maleta sospechosa), y a partir de ese momento Maigret comenzará su resolución, acumulando pistas en diversas ciudades europeas y haciéndose cada vez más enemigos.

Sin llegar a ser en absoluto un héroe de novela hardboiled, como Philip Marlowe, Maigret es sin duda mucho menos cerebral y mucho más héroe de acción que los más famosos detectives que le preceden, y está más cerca de novelas actuales de tipo procedural (que muestran los procedimientos policiales con una técnica más realista) que de la inteligencia sobrehumana de Sherlock Holmes.

Esta novela, a lo mejor como decía por ser una de las primeras de la serie Maigret, no es nada del otro mundo: es una novela entretenida, poco más. En definitiva, el "espaciador" perfecto para poder seguir luego hincándole el diente a bueno de Pynchon.

Y a ello vamos...

Puede interesarte también: La literatura policiaca

También de Georges Simenon en ULAD: La viuda Couderc, La muerte de Belle

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Georges Simenon: La muerte de Belle

Idioma original: Francés
Título original: La morte di Belle
Año de publicación: 1951
Traducción: Núria Petit
Valoración: Recomendable

La apacible vida de Spencer Ashby, maestro de escuela en una pequeña ciudad, se desmorona cuando Belle Sherman -hija de una amiga de su esposa a la que el matrimonio hospedaba desde hacía un tiempo- es asesinada en su casa. Al ser declarado sospechoso en la investigación, este hombre ingenuo, tímido y algo acomplejado conoce de primera mano la humillación de los interrogatorios policiales a la vez que es víctima del ostracismo y la hostilidad al que le somete su comunidad.

Esta es la premisa de La muerte de Belle, novela breve que funciona en tanto que atípico "thriller" judicial y logrado estudio de personaje. Digo atípico "thriller" judicial porque no le interesa resolver quién ha matado a Belle, sino describir las consecuencias que este acto tiene; digo logrado estudio de personaje porque describe la intrincada psicología de Spencer de manera minuciosa y verosímil, pero siempre dejando margen para la sorpresa.  

De La muerte de Belle destacaría: 

  • La atención al detalle de que hace gala su prosa.
  • La caracterización y evolución de su protagonista.
  • La oblicua relación que mantiene éste con su esposa.
  • El retrato de las dinámicas sociales llamémoslas provincianas.
  • La subtrama de Sheila Katz y sus implicaciones.
  • El sobrecogedor desenlace. 

Por todo lo expuesto, me atrevo a decir que La muerte de Belle es un clásico. Un clásico que recuerda al Wild de Tom Sharpe mezclado con El proceso de Franz Kafka. Un clásico que, estoy segurísimo, gustará a los amantes de la obra de Patricia Highsmith.


También de Georges Simenon en ULAD: Aquí

viernes, 17 de abril de 2009

La literatura policiaca

Una vez una amiga me preguntó: "¿por qué te gusta tanto la novela policiaca?". Bueno, me gusta por varias razones. En primer lugar, porque es fácil de leer, tanto en español como en inglés; no exige mucha concentración, así que es la lectura perfecta para viajes, vacaciones, ratos de descanso. Además, es un género con reglas claras y definidas, que se podrían resumir en: "hay un misterio -generalmente, un crimen-, y una persona debe desentrañarlo". A partir de este planteamiento común, es apasionante observar las variantes, modificaciones y reinvenciones del género, que sigue muy vivo en la actualidad (no hay más que mirar la amplitud de las secciones de novela policiaca en las librerías).

Este es un breve repaso a algunos de los nombres fundamentales del género:

Los clásicos:

1.- Edgar Allan Poe: Aunque se le conoce fundamentamente como autor de cuentos de terror, para muchos es también el inventor del relato policiaco en su forma moderna con "Los crímenes de la Rue Morgue", en que aparece un detective intelectualmente superdotado (Chevalier Auguste Dupin), una habitación cerrada, un cadáver y muchas preguntas sin resolver. Dupin sólo volvió a aparecer en otras dos historias de Poe, "El misterio de Marie Rogêt" y "La carta robada", pero estos tres relatos fueron suficientes para dejar sentadas las bases del género.

2.- Arthur Conan Doyle: Y si se trata de encontrar los modelos fundacionales de la novela policiaca, cómo no referirse a Conan Doyle y su Sherlock Holmes. Desde su primera aparición en Estudio en escarlata hasta su desaparición en 1927 con El archivo de Sherlock Holmes (muerte y resurrección de por medio), Doyle marcó la pauta que luego seguirían muchos otros -hasta llegar a nuestro querido Dr. House. Su detective, dotado de una inteligencia sobrehumana aunque social y personalmente inestable, y su inseparable compañero, el Dr. Watson, se pasearon por 4 novelas y 56 historias cortas antes de desaparecer, dejando establecido el canon del género policiaco.

3.- Agatha Christie: El otro gran nombre del género, Agatha Christie escribió unas 80 obras del género policiaco, entre novelas y libros de relatos, y dio luz a dos detectives distintos pero igualmente memorables: el petulante y sofisticado Hércules Poirot, y la adorable pero terrible anciana Miss Marple. Las novelas de Christie suelen tener un desarrollo lento, largas presentaciones de situación y personajes, antes de que se produzca el crimen en cuestión, y suelen estar llenos de pistas falsas que hacen que el lector sospeche de todos los personajes salvo del propio detective. Algunas de las obras más conocidas de esta autora han sido llevadas al cine o al teatro, como Diez negritos, Muerte en el Nilo o Tres ratones ciegos -adaptada con el título de La ratonera-.

4.- Georges Simenon: Menos conocidos que los anteriores, pero quizás más literario que ellos en su estilo y sus intenciones, el belga Simenon es el creador del comisario Maigret, un detective parisino inteligente -pero no de una manera tan sobrehumana o abrumadora como sus predecesores- y humano, iniciando de alguna manera la tradición del "detective sufriente" que han prolongado varios escritores actuales. Las historias de Maigret suelen ser pausadas, casi estáticas, sin tantos giros sorprendentes o revelaciones cataclísmicas como las de Conan Doyle o Agatha Christie. Esto no quiere decir que sean aburridas, sino que su interés está en otra parte: en la presentación de los personajes y la sociedad que rodean al crimen.

5.- Gastón Leroux: A Leroux le corresponde, se puede decir, el honor de cerrar un subgénero que inició Poe con la Rue Morgue: el del "misterio de la habitación cerrada". El Misterio del Cuarto Amarillo está considerado por muchos como el modelo último y definitivo de este tipo de novela, en el que el crimen se ha cometido en una habitación cerrada a cal y canto, sin salidas posibles, y en la que aparentemente sólo se encontraba la víctima. Después de él se han escrito otras novelas similares -por ejemplo, El hombre vacío de John Dickson Carr-, pero no han logrado superar la complejidad o el ingenio de la de Leroux.

6.- Dashiell Hammett: Por terminar con los clásicos, citemos a Hammett, autor de novelas como Cosecha Roja o El halcón maltés, considerado como el iniciador o el maestro del subgénero del hard-boiled o "novela negra", en el que el detective no alcanza la solución del misterio necesariamente a través de la inteligencia, sino a través de la insistencia, la falta de escrúpulos y también, a veces, la violencia o la suerte. En sus novelas -como en las de Raymond Chandler, creador del detective Phillip Marlowe-, la ley y la moral no siempre van de la mano, y el resolver el crimen no siempre significa salir triunfador...


Los actuales:

1.- P.D. James: Creadora del detective-poeta Adam Dalgliesh, P.D. James podría considerarse como una continuadora de la obra de Agatha Christie, tanto por sus entornos ingleses como su detallada presentación de ambientes y personajes, aunque James quizás tenga un estilo algo más irónico que Christie, lo que hace su lectura más entretenida.

2.- Henning Mankell: El escritor sueco actual más conocido, con permiso de Stieg Larsson, es el creador de Kurt Wallander, un detective solitario, profesional pero un poco amargado. Sus novelas, generalmente muy bien escritas y planeadas (con la excepción de Firewall, que no me gustó nada), cuentan detalladamente todo el proceso policial -investigación, burocracia, interrogatorios...- desde que se produce el crimen hasta que se resuelve.

3.- Andrea Camillieri: Para muchos -entre los que me cuento-, el mejor escritor de novela policiaca contemporáneo. Basado -en el nombre y en su apetito voraz- en el inspector Carvalho de Vázquez Montalván, su inspector Salvo Montalbano, de Vigata, es un hombre inteligente, irónico, epicúreo, independiente y algo decadente, y las novelas de Camillieri están llenas de sentido del humor, de ligereza y de personajes grotescos. ¿Se casará algún día Montalbano con Livia?

4.- Michael Connelly: De los escritores actuales, y quizás por su origen estadounidense, Michael Connelly es el más cercano al género del hardboiled y a los tópicos hollywoodienses de la novela de detectives: su detective, Hieronymus 'Harry' Bosch es un tipo duro -pero con sentimientos-, enfrentado con la burocracia policial y con problemas personales y profesionales, que siempre resuelve los crímenes de una manera heroica y violenta, sin importarle las consecuencias.

5.- John Connolly
: Sus obras suponen, cada vez más a medida que avanza su carrera, la mezcla de dos géneros: el policiaco y el de terror. Comenzó siendo un escritor de novela negra especialmente irónico y atrevido con Todo lo que muere, para ir dando paso a más elementos sobrenaturales. Lo mejor de sus novelas, más que el detective Charlie Parker, torturado por su pasado, son dos personajes secundarios: Angel y Louis, una pareja de asesinos gays que ayudan a Parker cuando este lo necesita. Cuando aparecen en acción, uno sabe que se lo va a pasar bien durante unas cuantas páginas.

6.- Ian Rankin: Escritor escocés, Rankin sitúa sus novelas policiacas en Edimburgo y sus alrededores. Su detective, el Inspector Rebus, se parece un poco al Harry Bosch de Michael Connelly: está al margen de las intrigas políticas de la policía, es independiente, algo violento y tiene un alto sentido de la moral y la responsabilidad. Probablemente no es el mejor de los escritores citados, pero sí es uno de los que más vende, sobre todo en Europa.

¿Me olvido de alguno? Me lo podéis recordar en los comentarios...

lunes, 19 de diciembre de 2022

Lo mejor de 2022

Un año más nos obstinamos en ir contracorriente, en llegar de los últimos para desmentir a muchos de los medios cautivos de jamones, lotes de Navidad y transferencias a cuentas cifradas en paraísos fiscales. También aclaramos que estas son nuestras lecturas durante el año, y que si se nos cuela algún libro inencontrable de hace cuatro décadas, seamos o no conscientes de ello, no nos culpéis. Es el amor a la literatura, que nos ciega con sus fogonazos.

Dicho ello:

La lista de Juan

Año de muchas y buenas lecturas, aunque quizás pocas que hayan destacado del resto. Por eso, me vais a permitir que desgrane mis mejores lecturas a base de tríos...


La lista de Koldo

Curiosamente o no, pocas novedades de 2022 en mi lista de mejores lecturas del año:


La lista de Santi

Año de muy pocas lecturas, pero algunas que me han hecho disfrutar soberanamente:


La lista de Oriol


La lista de Marc

Un año irregular en cuanto a lecturas, que no contaría entre mis mejores. Mejor en ensayo que en ficción, en líneas generales. Aún así, hay libros y autores a destacar en todos los géneros:
Propósitos para el 2022: más poesía, (aún) más ensayo y más literatura infantil


La lista de Montuenga

Lo mejor

Lo peor


La lista de Carlos

Entre medio, algunas cosas que han quedado cerca de esta lista de destacados, y otras inevitablemente prescindibles, regulares o más o menos decepcionantes. Como siempre, vaya. Veremos lo que está por venir.


La lista de Nieves J.

Destaco dos novelas: Josefine y yo (intimista) de Hans Magnus Enzensberger y El tren de la última noche (género histórico) de Dacia Maraini

La lista de Francesc Bon

Confirmando que las situaciones personales afectan a las lecturas, no recuerdo año en que haya leído tan poco y peor. Así que mis referencias del año serán pocas y al ralentí:

Tostonazo, de Santiago Lorenzo, me confirmó en los términos que esperaba, más o menos, que sigue siendo, con su estilo naïf y pasota, de los pocos escritores locales capaces de definir una carrera. No me hagáis mencionar todos los que no, por favor.

Si digo que acusé la falta de munición de alto calibre en Aniquilación, igual soy un poco injusto, pero es que venimos de cotas muy altas (ejem, casi siempre) con Houellebecq. Sigue siendo un placer y un autor único, pero, a lo mejor, se nos está ablandando. Será como el del dicho. - ¿Cree Vd. en Dios? - Cuando estoy enfermo.

Demasiado terreno conocido: reseñar a Kapuscinski, Foster Wallace, Vila-Matas o Philip Roth (otra vez) es demasiado indicativo de que la cosa no ha ido como debía.

Como, a veces, la ficción se espesa en un cerebro algo angustiado, los ensayos o crónicas de corte investigador me han resultado (aunque acusé su extensión) muy útiles: El Imperio del Dolor o Solo la verdad obraban a distintos niveles su efecto: hay que controlar los poderes, manifiestos u ocultos, que nos rodean.
Y me han dicho que no tiene sentido comentar tanto abandono. Por este año, obedezco.



sábado, 15 de enero de 2022

Malditas cubiertas: Las mejores de 2021

Los seres humanos somos superficiales por naturaleza  (al menos,  yo) y nuestras elecciones ha menudo están determinadas  más por motivos estéticos que por razones más profundas. Bien que  han sabido siempre los artistas,  diseñadores y publicistas lo mucho que nos cuesta resistirnos a lo que nos entra por los ojillos,  ya se trate de comida, automóviles o modelos de Victoria's Secret libros... En este último caso, ¿ quién no se ha sentido  atraído  alguna vez por la cubierta de un libro que luego ha resultado ser un auténtico tru... más bien mediocre? O viceversa: nos hemos resistido a leer otros excelentes porque su envoltorio nos tiraba para atrás...

Atendiendo a estas premisas, se me ha ocurrido hacer algunas consideraciones  sobre cubiertas de libros publicados en el estado español el recién finiquitado año. He de decir, antes que nada, que, en mi opinión, el nivel del diseño gráfico en España y Europa, en general, es bastante notable (mejor, por ejemplo, que en EEUU, donde los diseñadores muchas veces echan mano al recurso facilón y sobado de los colores llamativos y el lettering que imita un trazo informal); de hecho, para el apartado de las mejores cubiertas del año he tenido que dejar fuera muchas que me gustan, para no alargar en exceso este post. De las que no me gustan, en cambio, he tenido que buscar ex profeso unas cuantas.

Un par de cositas más: esta clasificación  no pretende ser un ranking de mejores o peores libros, sino que se refiere en exclusiva a la estética e idoneidad de sus cubiertas (aparte de que yo no los he leído todos y muchos ni siquiera tienen entrada en este benemérito blog). Por otra parte, los gustos y criterios expresados en esta entrada me pertenecen solamente a mí; no los he consultado con mis compañeros (a quienes he pillado a traición, de hecho), aunque, sin duda, cada uno y una tendrán las suyas propias. Ahora bien, los míos son mucho mejores, claro...; )

De lo güeno, lo mejor:

- La ciudad de la euforia, de Rodrigo Terrassa (Libros del K.O.) tiene, para mí, la mejor cubierta del 2021, pues sintetiza en una imagen divertida y comprensible al primer vistazo el tema del que trata el libro: los años de la burbuja económica, la corrupción política y el caloret en Valencia. En la mejor tradición de las míticas cubiertas de Daniel Gil para Alianza.

- Lo mismo ocurre con Gordo de feria, de Esther García Llovet, que es otro estupendo ejemplo de síntexis conceptual, aunque en este caso un poco más hermética, pues es necesario haber leído la novela para entenderla bien. Pero resulta, además de un homenaje a ciertos tóxicos pero deliciosos pastelitos, un ejemplo de la discreta pero continua mejoría en los últimos tiempos en las cubiertas de Anagrama que, sin renunciar a los emblemáticos (aunque feos ) colores de sus colecciones más populares, parece haber dejado atrás, por fortuna, la época de colocar cualquier foto más o menos random y chimpún...





- También en Anagrama, aunque en edición conjunta con Acantilado, destacan sus elegantes cubiertas para algunas novelas de Georges Simenon. Preciosas y elegantes, sobre todo la de El fondo de la botella, en mi opinión.

- No menos divertidamente conceptual (o viceversa), también este Diccionario del mentiroso, de Eley Williams (Sexto Piso). Sencilla y ocurrente, un tanto surrealista, casi se diría que es uno de los poemas visuales de Joan Brossa.

- Por seguir en la misma línea, la cubierta para La Ola, de Todd Strasser (Blackie Books) resume también a la perfección los elementos que encontramos en esta historia, como cualquiera que haya leído el libro o visto la película del mismo título podrá reconocer. de las pocas cubiertas, además en las que aparece una esvástica sin dar demasiado cringe.






- En el mismo estilo conceptual (quizás un pelín obvio), una cubierta adecuada para un libro titulado No puedo más. Cómo se convirtieron los Millenials en la generación quemada, de Anne Helen Petersen (Capitán Swing). La cosa no puede quedar más clarinete, amigos y amigas de ULAD...

- En una entrada sobre las mejores cubiertas de cualquier año no puede faltar alguna de Impedimenta. Es posible que alguno de sus libros publicados el año pasado tenga una más primorosa, pero a mí me ha caído en gracia ésta de Una libertad luminosa, de T. C. Boyle, que resulta algo diferente al estilo habitual de esta editorial, pero sin perder el aire vintage.









- Las cubiertas ilustradas con dibujos o cuadros, por lo general dependen (no siempre) de la calidad de éstos para la excelencia o mediocridad de su resultado final. Cuando la ilustración elegida es tan exquisita, a la par que llamativa (aunque también inquietante) como ésta de Sola, de Carlota Gurt, en Edicions Proa, el resultado es igualmente extraordinario.









- En principio, no quería incluir en esta selección las cubiertas de novelas gráficas o libros ilustrados, porque en ese caso, posiblemente hubieran copado la lista, pero no me he podido resistir a dos: la colorida cubierta "mexicana" de Dr. Alderete para El año de la rata (Libros del zorro rojo), un libro escrito con Mariana Enriquez y que resulta en las antípodas de las que le suelen poner a los libros de esta autora, mucho más tétricas; en segundo lugar, como ya confesé mi debilidad por las ilustraciones de Sara Morante en la reseña de ésta su última novela, la bella cubierta en collage de Flor fané (Astiberri), igual de excelente:






- Dando un último giro de 180º, acabaré con dos cubiertas de Blackie Books completamente opuestas al estilo de las anteriores: la muy sobria de El evangelio, de Elisa Victoria, con una edición cuyo diseño recuerda, precisamente, el que suelen ostentar las biblias (otra cosa es que la novela tenga algo que ver, que no sé).

- Y siguiendo el mismo concepto minimalista, pero, en este caso, luciendo un color vibrante (aunque no menos elegante), encontramos Simon, de Miqui Otero. Dos distinguidos ejemplos de una editorial que suele acertar con sus cubiertas, aunque también tiene algún que otra más cuestionable, como ya veremos...

No me quiero extender más, pero sí aconsejar a quien esté interesado en el diseño de cubiertas de libros o simplemente quiera recrear un poco la mirada, que le eche un vistazo a los catálogos de éstas y otras editoriales que también publican libros de un aspecto atractivo y original, como Ático de los Libros, La Felguera, La Navaja Suiza, Errata Naturae... entre otras muchas. Por lo general, se trata de editoriales independientes, cuya labor de edición, al menos en el caso español, alcanza frecuentemente niveles de excelencia.

Mañana, vamos con las peores... No os lo perdáis.



miércoles, 20 de abril de 2022

Georges Simenon: La prometida del señor Hire


Idioma original: francés

Título original: Les fiançailles de Monsieur Hire

Año de publicación: 1933

Traducción: Mercedes Abad

Valoración: se deja leer


"Si le hubiera preguntado a mis clientes, me hubieran pedido caballos más rápidos". Sirva la paradigmática frase pronunciada por uno de los pioneros de la industria automovilística como ejemplo de que, también en literatura, incluyamos el género negro o policiaco, el simple avance producto del progreso de la masa lectora, relega con crueldad aquellos textos anclados en situaciones que ya suenan, diría, añejas o hasta superadas. Me permito un pequeño inciso: mi valoración alternativa para esta novela hubiera sido bisoña o ingenua o incluso (aunque odio la palabra) entrañable. De hecho, mi decisión de lectura viene de su condición de ejemplo de narración en línea recta en el sentido de coherente, secuencial, sin flash back, sin evocación, y desde luego lo es absolutamente, pero desde luego considero esto muy lejos de tratarse de una virtud, quizás lo fuera en su momento, pero a estas alturas me ha parecido algo cercano a lo exasperante, por su obviedad y previsibilidad.

Esta novela, al margen de las correrías del comisario Maigret que hicieron famoso a su autor, dispone de un argumento sencillo y asequible. La policía investiga el salvaje asesinato de una joven en un barrio de París. El sospechoso principal es el tal señor Hire, un hombre de aspecto levemente caricaturesco que lleva una existencia anodina entre su extraño trabajo captando a incautos a los que promete un sobresueldo y sus actividades más inhabituales: cuando llega la noche observa desde su ventana a una mujer, una criada que se despoja de su ropa en su habitación, consciente de estar siendo observada. Los inspectores de policía siguen indisimuladamente a Hire a la espera del mínimo error que permita incriminarlo, interrogan a la portera de su casa, en fin, llevan a cabo una investigación bastante tosca ubicada en esos distritos de los primeros años 30, sin más implicación en el uso de los escenarios que encontrar una ubicación: ni un conato de crítica social en esa vida, esas relaciones de pareja algo perversas, los prostíbulos, la vida en la calle dominada por la curiosidad y la inquietud entre la gente que quiere que se detenga al autor del crimen.

Y eso sería todo, avanzar más en la trama sería desnudar a la novela en todo su simple esquema, con una solución algo ingeniosa aunque binaria. Un ejercicio que cualquier lector promedio de hoy en día resolvería en minutos. No creo que sea un sacrilegio proclamar que esta, por ejemplo, o muchas novelas de Agatha Christie, son meros artilugios literarios solo unos centímetros por encima de los folletines, con una loable intención de entretenimiento pero, décadas después, sin el mínimo logro literario o ya no digamos el menor conato de innovación, y aunque la falta de pretensiones puede despertar algún tipo de condescendencia por parte del lector comprensivo o con buena actitud, pero a poco que uno exija un mínimo de estímulo (y no hace falta correr a leer el Finnegan's Wake) debo inclinarme por no recomendar en absoluto, ni por mera curiosidad, perder el tiempo con este tipo de novelas a las que el tiempo (nueve décadas son una absoluta eternidad para el caso) ha pasado factura de forma cruel e implacable.