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miércoles, 26 de agosto de 2026

2x1: El truco de los espejos y Los trabajos de Hércules de Agatha Christie

Idioma original: 
inglés
Título original: They do it with mirrors o Murder with mirrors / The labours of Hercules
Traductor: C. Peraire del Molino / A. Soler Crespo  
Año de publicación: 1952 / 1947 
Valoración: está bien / muy recomendable 
 
El verano es un momento ideal para leer, o releer (como es el caso), aquello que se podría llamar comfort literature: aquella que no cambia el mundo ni revoluciona nuestra vida, pero que, precisamente por lo que tiene de conocido y de esperado, nos proporciona horas de placer y de entretenimiento. No voy a usar la expresión "placer culpable", porque no hay ningún motivo para sentirse culpable por aprovechar los días de vacaciones para tirarse a la bartola y leer un par de libros de esa maestra de la literatura policiaca, y de la vida en general, que es Agatha Christie. 
 
En esta ocasión han caído dos libros de la bonita colección publicada por la editorial Molino que he recuperado en casa de mis padres: una novela y una colección de cuentos (aunque formando un ciclo casi novelesco) que, además, presentan a los dos detectives más emblemáticos de la escritora, Miss Marple y Hércules Poirot respectivamente. Y aunque he disfrutado con los dos, porque leer a Agatha Christie es siempre reencontrarse con una maestra del género, debo decir que el segundo libro me ha gustado más que el primero.
 
El truco de los espejos es una novela bastante convencional dentro de la producción policiaca de su autora: en ella, Miss Marple se "autoinvita" a la casa de una antigua amiga, Carrie Louise, que vive en una mansión grandiosa que sirve, al mismo tiempo, como sede de un experimento correccional de jóvenes delincuentes. Alli se reúne el habitual coro de personajes secundarios, destinados a servir como sospechosos: el marido actual de Carrie Louise, los hijos de sus anteriores maridos, su nieta y su marido americano, la asistenta, el secretario... Y, como es de esperar, hay un asesinato, y una investigación, y todos los habituales trucos y giros del género. 
 
Aunque me lo pasé tan bien como siempre leyendo esta novela, no me dejó demasiado satisfecho, en primer lugar porque, como decía antes, es bastante "formulaica": la primera mitad de la novela se dedica a presentar con morosidad a todos los personajes y sus interacciones, algo que es marca de la casa de la escritora; después tiene lugar el crimen, y en la segunda mitad tanto Miss Marple como el inspector Curry interrogan a cada uno de los sospechosos, hasta reunir todas las piezas del puzzle. Hay aún un segundo crimen, antes de la esperada y esperable resolución final, como mandan los cánones. Es cierto que en las novelas "de género" parte del placer se basa en la repetición pero, en este caso, me faltó, también, ese elemento de sorpresa u originalidad que eleva una obra por encima de su molde. 
 
El segundo motivo por el que la novela me dejó un poco frío fue que, en fin, sin querer dármelas de listo, conseguí adivinar cómo se había cometido el crimen desde bastante pronto, lo que es muy poco habitual en las novelas de Agatha Christie. "No puede ser tan obvio", pensé, esperando el sorprendente giro final, y genial, a la que nos acostumbra la autora. Así, cuando ese giro no llegó que quedé un poco "chof", por decirlo en términos técnicos.
 
En cambio Los trabajos de Hércules me pareció una pequeña joya y una genialidad de la escritora, que se basa en la homonimia de su detective Hércules Poirot con el héroe clásico para plantear doce casos que corresponden, de forma no siempre evidente, con cada uno de los doce "trabajos" originales ("El león de Nemea", "La hidra de Lerna", etc.), elegidos por el propio detective como cierre y culminación de su carrera. Es en ese sentido curioso ver a un Poirot crepuscular, famoso y respetado como una celebrity de su tiempo, que planea retirarse para dedicarse al cultivo de calabacines, ¿o quizás a una inesperada historia amorosa? Curiosamente, varios de estos casos parecen manifestar algunas preocupaciones sociales de la escritora (las drogas, los tabloides, las sectas), lo que da a algunas de estas historias un curioso aire didáctico.
 
Naturalmente, tratándose de cuentos de extensión relativamente breve no hay espacio para toda la exposición de personajes y ambientes, para los red herrings habituales o para investigaciones detalladas y minuciosas; son, más bien, chispazos de genio del detective, que en un corto espacio de tiempo tiene que abrirse paso entre apariencias y engaños, para desenmascarar a los auténticos culpables. Así, en las páginas de este volumen caben casos de chantaje, fraude, difamación, tráfico de drogas, robos y, por supuesto, asesinatos, en una secuencia de eventos entrelazados que llevarán a Poirot, como al Hércules clásico, a recorrer miles de kilómetros en busca de respuestas. Por otra parte, la continuidad narrativa de todos los casos, así como la reaparición de algún personaje secundario (y por supuesto, la analogía con el Hércules clásico), ayuda a que el volumen vaya más allá de la mera suma de cuentos independientes, para convertirse en una obra unitaria y coherente.
 
Solo puedo terminar agradeciendo a Agatha Christie por haberme proporcionado unas cuantas horas de entretenimiento, y por haberme trasladado a la época, cuando era más joven y tenía más pelo, en que leí estos libros por primera vez.
 

domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.

viernes, 14 de febrero de 2025

Agatha Christie: Asesinato en Mesopotamia

Idioma original: inglés

Título original: Murder in Mesopotamia

Traducción: Ángel Soler Crespo

Año de publicación: 1936

Valoración: Recomendable para fans

En estos tiempos en que estamos, cerca de un siglo desde sus primeras publicaciones, poco más se puede decir sobre Agatha Christie. Pocos autores habrá cuya obra sea tan conocida, tanto a través de sus libros como, sobre todo, creo yo, gracias a sus múltiples versiones cinematográficas. La autora británica es un poco el paradigma de la novela policiaca, con sus crímenes y sus misterios y, cómo no, con sus peculiares investigadores, ya sea Miss Marple o Hercule Poirot.

Asesinato en Mesopotamia es una obra bastante temprana, ambientada en Irak, una región que Christie conocía de primera mano tras su segundo matrimonio con un arqueólogo. En alguna de sus estancias en aquel país se le debió ocurrir la posibilidad de que ellos mismos, arqueólogo y novelista, pudieran ser los protagonistas de una de sus tramas. Efectivamente, el desencadenante de los hechos se localiza en unas excavaciones, donde el científico al mando y su esposa conviven con un equipo de trabajo más o menos convencional, hombres y mujeres cuyas peculiaridades iremos descubriendo a partir de un crimen.

El esquema no se aparta un milímetro del que podemos tener interiorizado: un asesinato sorprendente en un grupo humano de apariencia inocente, elucubraciones entre los presentes, aparición casual del astuto detective, en este caso Poirot, investigaciones y recopilación de datos que parecen banales, y finalmente la larga sesión de puesta en común en la que se hace la luz sobre asunto tan impenetrable, momento en el cual el criminal no tiene más remedio que admitir su culpa.

Realmente es admirable cómo Christie consigue hilvanar todos los detalles, más que la construcción de una novela es un ejercicio de ingenio puro, un trabajo de orfebrería en el que todo debe encajar exactamente en su lugar. Desde luego el objetivo lo alcanza de forma sobresaliente, y no es de extrañar que varias generaciones de lectores y espectadores hayan quedado admirados ante semejante perfección.

Encontraríamos también algunos otros elementos apreciables desde el punto de vista narrativo: el entorno, al que no se dedica mucha atención, pero resulta bien definido; el dibujo de personajes, que siempre sabe dejar una zona opaca para hacer dudar al lector; o la figura chocante del investigador, un tipo casi cómico este Poirot, que no obstante su origen belga parece el más británico de los personajes. Tampoco dejaré de comentar que hay en el texto un cierto deje de racismo, definiendo a los iraquíes como indígenas, subrayando su carácter perezoso y mostrando indignación por la suciedad, por ejemplo. En la época en que se escribe el libro a estas objeciones que hoy pueden parecer muy obvias no se les prestaba desde luego la misma atención, y esa visión un poco por encima del hombro resultaba bastante coherente en una región bajo dominio inglés.

Resulta difícil mantener el concepto de novela en relación con este tipo de relatos. Como casi todos los de esta autora hay un predominio casi absoluto del diálogo, y el libro podría sin ningún problema representarse como una obra de teatro, lo que seguramente se ha llevado a cabo en alguna ocasión. Desde este punto de vista, en tanto que obra narrativa, no puede decirse que tenga un gran valor. Su mérito reside en lo que realmente es: un entretenimiento, un juego si se quiere, construido con maestría, y que da al lector exactamente lo que va buscando, intriga, alguna sorpresa, y la invitación a cierto ejercicio intelectual en el que la autora, como es muy lógico, siempre lleva las de ganar.

También de Agatha Christie reseñado en ULAD: aquí

martes, 24 de diciembre de 2024

Agatha Christie: Navidades trágicas

Idioma original: inglés 

Título original: Hercule Poirot's Christmas

Año de publicación: 1938

Traducción: J. Mallorquí Figuerola 

Valoración: Está bien

¡Alegría, júbilo y cascabeles, amigos y amigas de ULAD, que esta noche es Nochebuena y mañana Navidad! Saca la bota, María, que me voy a emborrachar... Por fin llegaron  estas fechas tan señaladas en las que  familiares y amigos se reúnen en un ambiente de paz y amor, en las que los buenos sentimientos imperan por doquier, en las que mostramos al mundo lo mejor del ser humano... Bueno, vale, no: reconozcamos que lo más habitual es que te entren ganas de arrear un botellazo al pesao de tu cuñado o clavarle el cuchillo de trinchar el pavo a la pécora de la suegra... Es comprensible, después de todo, con el estrés que se genera en las cenas familiares, entre el tío abuelo fachorro y el primo creepy... (por no hablar de las tradicionales reuniones con los compañeros del cole, las cenas de empresa y demás eventos sacacuartos). 

¿A qué viene esta entradilla navideña, aparte de lo que me gusta soltar gilipolleces compartir mis pensamientos con vosotros/as? Pues a que, hablando de cuñados, esta novela se debe al de la señora Christie, que por lo visto se quejaba de que los asesinatos de sus libros cada vez eran más sofisticados y lo que ha él le ponía gustaba era un buen crimen violento con mucha sangre... Dicho y hecho, doña Agatha escribió está novela, de ambiente familiar  y navideño, no sé si como una indirecta a su cuñado, de nombre James, para que dejara de tocarle los... crímenes.

En fin, como digo, trama navideña expeditiva y eficaz: en la mansión de las Midlands del anciano multimillonario Simeón (así, con tilde... cosas de las traducciones de antaño) Lee, éste convoca a sus cuatro vástagos y a sus esposas para pasar juntos la Navidad. A la reunión se unen su nieta española, hija de su hija ya fallecida y el joven hijo de un antiguo socio suyo en Sudáfrica. Ahora bien, no llegan a pasar en paz y armonía tan entrañable celebración, porque la tarde anterior (o sea, en Nochebuena. O sea, hoy...) el viejo Lee es brutalmente asesinado. Ahora bien, dentro de tamaña fatalidad se da la buena suerte de que el afamado detective Hércules Poirot se encontraba pasando la velada con el jefe de policía de Middleshire y le acompaña a la escena del crimen para ayudar a atrapar al asesino/a (es decir, la buena suerte no es para éste o ésta, previsiblemente). 

(Esperad un momento... ¿un ricacho que siente simpatía por una bella joven de origen hispano y que es asesinado de forma sangrienta en su habitación durante una reunión familiar? ¿El mejor detective del mundo que interviene para desentrañar el caso? ¿Eso no lo he visto yo en alguna parte? Pues sí, hay una exitosa película de hace pocos años, protagonizada por un James Bond y una chica Bond que, mira por donde, parte de la misma premisa que esta novela...aunque, bien es cierto, luego su desarrollo va por otros derroteros... o no, habrá que leerlo para saberlo).

En fin, lógicamente, no voy a revelar quién es el asesino o asesina. Tan sólo diré que esta es una novela bastante entretenida, con muchos de los elementos típicos de las de Agatha Christie: personajes  de clase alta con secretos,  rencillas familiares, crimen aparentemente irresoluble -es verdad que no muy fino, en este caso- con cuarto cerrado incluido y el más conocido detective belga, el inefable detective Hércules Poirot. soltando aquí y allá sus observaciones, un tanto desconcertantes para la mentalidad británica... cierto es que en esta novela parece un poquito más benévolo, menos impertinente que en otras  (también debo reconocer que hace tiempo que no leía una de las suyas).  Y, por supuesto, no puede faltar la preceptiva reunión final con todos los sospechosos, deslumbrados por la brillantez deductivoa de Poirot... Como curiosidad, y dado que la historia se desarrolla a fines de los años treinta y una de las parientes del finado proviene de España, hay ciertas referencias a la Guerra Civil que supongo que en su momento sirvieron para darle un toque de actualidad atractivo para sus lectores. En todo caso, doña Agatha le dio bien en los morros una buena lección a su cuñado, que es lo importante. Tomad nota, para estas fiestas y no os dejéis avasallar... Y si el cuñado /a sois vosotros o vosotras, no le toquéis las narices a nadie, coño, que ya es -casi- Navidad...

Más novelas de doña Agatha Christie  reseñadas: aquí

miércoles, 29 de mayo de 2024

Agatha Christie: El espejo se rajó de parte a parte

Idioma original: inglés

Título original: The Mirror Crack'd from Side to Side

Año de publicación: 1956

Traducción: María Dolores Raich de Ullán

Valoración: recomendable

Como muchos otros millones de personas (sé que no soy especial), durante mi adolescencia fui un lector voraz de las novelas de Agatha Christie y seguramente a ella debo en buena medida la persistencia ente vicio afición que me ha traído hasta aquí, a perpetrar reseñas de lo que leo, con más entusiasmo que acierto... Confieso, además, que de todas sus novelas, las que más me gustaban eran las protagonizadas por Miss Marple (Poirot me resultaba un tanto fatuo...aunque supongo que esa era la intención. pero es que, además, la señorita Jane Marple , aunque se tratara de una anciana, me parecía un modelo de detective más moderno e innovador), esa amable viejecita que resolvía crímenes mientras tomaba el té en su casa de St. Mary's Mead... qué menudo pueblo, por cierto, donde el índice de asesinatos por habitante debía de ser más alto que una favela de Rio de Janeiro.

En cualquier caso, en este libro, ambientado ya en los años 50 del siglo pasado, en St. Mary's Mead se han producido algunos cambios; ya no es ese pequeño villorrio típicamente inglés, cerrado sobre sí mismo, pues han llegado nuevos habitantes que rompen el status quo social, inquietando a los vecinos de siempre (¿de qué me sonará a mí esto?): jóvenes matrimonios provenientes de la ciudad han ido a vivir al nuevo barrio del Ensanche, donde los chavales tienen pinta de gamberretes... En fin, que ha llegado el siglo XX al mundo de las tacitas, por decirlo así. Por si fuera poco, la mansión de Gossington Hall ha sido adquirida por una estrella de Hollywood, aunque de origen británico, la actriz marina Gregg junto a su marido, el productor americano Jason Rudd. Este aporte de glamour (no es difícil pensar que se trata de un trasunto de Elizabeth Taylor, que a su vez fue quien interpretó al personaje cuando la novela se llevó al cine) gusta más a los vecinos/as de St. Mary's Mead, claro, hasta que resulta que una de ellas, la señora Badcock, muere envenenada durante la recepción que los nuevos dueños ofrecen en la mansión. Aunque, según apuntan todos los indicios, el objetivo del asesino o asesina no era esta buena señora, sino la misma Marina Gregg...

El misterio está servido. Y la señorita Marple acabará por resolverlo desde su casita, informada por los cotilleos que les cuentan las visitas y su joven asistenta Cherry. Con sus habilidades deductivas y, sobre todo, con su conocimiento de la naturaleza humana, sorteará pistas falsas e increíbles casualidades 8ay, doña Agatha...) hasta dar con la terrible verdad, como no podía ser de otra manera. También, no debo olvidarlo, con la inestimable ayuda de Alfred Tennyson, cuyos versos sobrevuelan toda la novela: 

                                    "Voló la telaraña y flotó lejos

                                                El espejo se rajó de parte a parte;

                                                -La maldición ha caído sobre mí- exclamó

                                                La dama de Shalott" 

(Una vez más, no me puedo resistir a poner una de las magníficas cubiertas de la editorial Molino para los libros de esta autora)

Más novelas de doña Agatha reseñadas: aquí


miércoles, 21 de febrero de 2024

Colaboración: La sombra del kasha de Miyuki Miyabe

Idioma original: japonés

Título original: Kasha (火車)

Traducción: Purificación Meseguer Cutillas

Año de publicación: 1992

Valoración: recomendable


Ya que está tan de moda el city pop japonés, qué mejor oportunidad para usarlo de soundtrack que disfrutar de un thriller ambientado en el Tokio de los 90s. Luces de neón, rascacielos, oficinistas, yakuzas, colegialas con uniforme de marinero, ¿qué más quieres?

Novela escrita por la Agatha Christie japonesa, la Henning Mankell nipona, la Stephen King del lejano oriente... bueno, me entienden. Miyuki Miyabe es toda una celebridad del mundo literario en Japón, aunque su trayectoria literaria tuvo un inicio curioso. Después de graduarse de una escuela técnica, Miyabe-san trabajó en un bufete de abogados como mecanógrafa, muy útil para escribir novelas policíacas. Ya bien entrados sus veintes, entró a un taller de escritura donde profesionalizaría su afición a la escritura. Hasta la fecha, no ha parado de escribir de manera compulsiva.

La novela aborda directamente el problema del sobreendeudamiento, que se volvió especialmente problemático durante la década perdida. El fácil acceso al crédito en los años previos al estallido de la burbuja económica llevó a muchos japoneses a acumular deudas insostenibles. “Kasha”, la carreta en llamas que lleva a las almas al infierno, me parece una buena metáfora para el espiral de endeudamiento y descenso hacia ese bajo mundo de vicios, juego y deudas. La novela también nos presenta una visión crítica del sistema de crédito japonés y su impacto en la identidad individual. A través de la historia, Miyabe sugiere que el valor de una persona se ha reducido a su solvencia financiera o historial de crédito. La trama pone de relieve cómo la crisis económica y el sistema de crédito afectaron profundamente la percepción de la identidad y el valor personal, llevando a algunos a adoptar medidas extremas para escapar de sus deudas (el seppuku ya no es exclusivo de los samuráis).

Miyabe ya era toda una experta en el oficio de escribir novelas de género cuando escribió "Kasha". Una novela policíaca de manual, en el buen sentido de la palabra. Miyabe desarrolla la trama a un muy buen ritmo, aunque tarda un poco en arrancar. Los giros de trama no son abruptos ni del todo inesperados, pero todo el conjunto da una sensación de coherencia y de redondez, donde no se dejan cabos sueltos. Los personajes principales están bien desarrollados, aunque algunos de los personajes secundarios carecen de profundidad y se cae en los estereotipos. Esto podría deberse al enfoque en el desarrollo de la trama y los temas sociales más que en la exploración profunda de cada personaje. Fuera de eso, es sin duda un libro recomendado para aquellos que añoran el fax y los directorios telefónicos.

Nota: La portada de esta edición es horrenda y no tiene nada que ver con la trama, si pueden, arránquenla.

Firmado: Alain Ríos

miércoles, 9 de agosto de 2023

Posy Simmonds: Tamara Drewe

Idioma original: inglés

Título original: Tamara Drewe

Año de publicación: 2007

Traducción: Lorenzo F. Díaz

Valoración: entre recomendable y está bien

Se me ha ocurrido que, como esta novela gráfica se desarrolla en el siempre pintoresco ambiente de la campiña inglesa, sería buena idea comenzar esta reseña con una lista de dramatismo personae, a la manera de los libros de Agatha Christie (aunque ésta no sea una novela policíaca... o quizá sí). Así pues...

DRAMATIS PERSONAE

(Por orden alfabético)

  • Casey: adolescente, amiga de Jody, que se aburre como una ostra en el pueblo de Ewedown.
  • Cobb, Andy: joven jardinero de la granja Stonefield, en Ewedown.
  • Drewe, Tamara: seductora y rinoplastizada joven, que escribe una columna semanal sobre su propia vida y hereda la granja Winnards, vecina de Stonfield, adonde se muda.
  • Hardiman, Beth: dueña de la granja Stonefield, en donde regenta el refugio para escritores que hay en la misma.
  • Hardiman, Nicholas: maduro y exitoso escritor, bastante picaflor. Esposo de Beth.
  • Jody: adolescente de Ewerdown que se aburre como una ostra. Obsesionada con Ben Sergeant. Amiga de Casey.
  • Larson, Glen: orondo escritor norteamericano que, en el retiro de la granja Stonefield, escribe una novela sobre Verlaine.
  • Sergeant, Ben: ex-batería del grupo Stowe. Novio de Tamara Drewe.
Resumen resumido: en la granja Stonefield  el matrimonio Hardiman regenta un retiro literario donde otros escritores o aspirantes a serlo acuden en busca de pazy tranquilidad.  Todo transcurre en apacible (y aparente) armonía hasta que se muda a la granja vecina su heredera, la bella y seductora Tamara Drewe, que lo pone todo un poco patas arriba, más aún cuando comienza una relación con Ben Sergeant, famoso ex-batería de una banda de rock. Tanto ajetreo no puede sino resultar fascinante para dos chicas del pueblo, Jody y Casey, que no tienen nada mejor que hacer en todo el día que vigilar a toda esa gente famosa... y liarlo todo aún más.


Con estos materiales -y algún otro más sabroso, como adulterio y muerte- Posy Simmonds construye una narración bastante entretenida pero que no deja de ser, pese a lo que se dice, de forma un tanto campanuda, la contratapa del libro y repiten algunas críticas que he leído -"un retrato satírico de la Inglaterra de hoy en día, deliciosamente satírico y cruel"-, una tragicomedia con líos de cama, malentendidos y cotilleos varios. Cierto es que se mencionan las diferencias de clase existentes en la campiña inglesa -los lugareños por un lado y los burgueses de ciudad que residen en el campo los fines de semana, por otro- y que doña Posy echa mano de los recursos aprendidos en las viñetas que publicó en The Guardian -y luego en El mundillo literario- para soltar más de una pullita y de dos a sus queridos escritores/as... pero de una forma bastante suave (o sutil, si se prefiere9; en este cómic o novela gráfica predomina, en todo caso, el salseo sobre la sátira, algo que, según tengo entendido, también ocurre en su versión cinematográfica de 2010 (dirigida, nada menos, que por Stephen Frears).

No obstante, algo que, sin duda, no recogerá la película es la excelencia y agilidad de trazo de las ilustraciones de Posy Simmonds, así como la cuidada composición de muchas de sus páginas, con la que resuelve con habilidad -también utilizando una gama cromática distinta- la plasmación de numerosos flashbacks o los pensamientos de los personajes. Ya sólo por esta vertiente gráfica merece la pena echarle un ojo ,al menos, a este libro.

También de Posy Simmonds y reseñado en Un Libro AL Día: El mundillo literario

miércoles, 1 de marzo de 2023

Agatha Christie: La casa torcida

Idioma original: inglés

Título original: Crooked House

Año de publicación: 1949

Traducción: Stella de Cal

Valoración: Recomendable

Agatha Christie vuelve a estar de moda, si es que alguna vez dejó de estarlo. Quizá se deba a que en los últimos años se han vuelto a adaptar varias de sus novelas al cine -como la que ocupa esta reseña de hoy-. pero también han tenido éxito otras películas de whodunit como Puñales por la espalda (que, por otra parte, tiene bastante que ver con la novela reseñada hoy). Además, existe cierta fascinación por la desaparición voluntaria de esta escritora en 1926 y, por último, en esta época de justa reivindicación de las mujeres escritoras, su figura literaria ha cobrado nueva relevancia, más allá del favor popular, que nunca ha abandonado a sus libros.

Lo mismo ocurre con respecto a sus personajes habituales, como el peculiar Hercule Poirot o la entrañable, pero siempre certera, Miss Marple; aunque en el caso de esta novela el detective protagonista es otro: el joven diplomático Charles Hayward, hijo de un comisionado de Scotland Yard y novio de Sophia Leonides, la nieta del acaudalado y excéntrico Aristide Leonides. Cuando éste muere en circunstancias sospechosas, Charles acude junto a ella a la mansión familiar, Three Gables -la "casa torcida", literalmente, aunque el título también es una metáfora de la idiosincrasia de esa familia y la personalidad del patriarca-; allí conocerá al resto de la parentela y tratará de encontrar al culpable del asesinato de Leonides.

En fin, no voy a desvelar más de la trama, que justamente es la gracia principal de las novelas de Agatha Christie. también lo es el retrato, más o menos certero, pero siempre fascinante, de las clases alta y media británicas, con sus virtudes y, sobre todo, defectos; en este caso, su proverbial desconfianza e incluso desprecio hacia los extranjeros, por más que hayan demostrado su talento y valía. otro punto fuerte de sus novelas, y de ésta en particular, es la creación de personajes, un tanto acartonados, si se quiere, pero, sin duda, originales e interesantes, desde los rencorosos hijos de magnate difunto a la nueva y joven esposa Brenda, ex-cigarrera de cabaret o, sobre todo, su nieta pequeña, hermana de Sophia, la repelente Josephine.

Según las propias palabras de doña Agatha en el prólogo de alguna edición de esta novela, éste era uno de los libros de los que más orgullosa se sentía. También es una de mis favoritas de esta autora. Tal vez no tenga el renombre de Asesinato en Orient Express o El asesinato de Rogelio Ackroyd (no voy a decir Diez negritos... es decir Y no quedó ninguno, porque resulta un tema peliagudo), pero, sin duda, es de sus novelas más fascinantes, tanto por revelar los entresijos de la familia Leonides como por el escenario donde se desarrolla la historia, esa "casa torcida" tan expresiva y turbadora.


Más cosas de doña Agatha reseñadas: aquí

miércoles, 20 de abril de 2022

Georges Simenon: La prometida del señor Hire


Idioma original: francés

Título original: Les fiançailles de Monsieur Hire

Año de publicación: 1933

Traducción: Mercedes Abad

Valoración: se deja leer


"Si le hubiera preguntado a mis clientes, me hubieran pedido caballos más rápidos". Sirva la paradigmática frase pronunciada por uno de los pioneros de la industria automovilística como ejemplo de que, también en literatura, incluyamos el género negro o policiaco, el simple avance producto del progreso de la masa lectora, relega con crueldad aquellos textos anclados en situaciones que ya suenan, diría, añejas o hasta superadas. Me permito un pequeño inciso: mi valoración alternativa para esta novela hubiera sido bisoña o ingenua o incluso (aunque odio la palabra) entrañable. De hecho, mi decisión de lectura viene de su condición de ejemplo de narración en línea recta en el sentido de coherente, secuencial, sin flash back, sin evocación, y desde luego lo es absolutamente, pero desde luego considero esto muy lejos de tratarse de una virtud, quizás lo fuera en su momento, pero a estas alturas me ha parecido algo cercano a lo exasperante, por su obviedad y previsibilidad.

Esta novela, al margen de las correrías del comisario Maigret que hicieron famoso a su autor, dispone de un argumento sencillo y asequible. La policía investiga el salvaje asesinato de una joven en un barrio de París. El sospechoso principal es el tal señor Hire, un hombre de aspecto levemente caricaturesco que lleva una existencia anodina entre su extraño trabajo captando a incautos a los que promete un sobresueldo y sus actividades más inhabituales: cuando llega la noche observa desde su ventana a una mujer, una criada que se despoja de su ropa en su habitación, consciente de estar siendo observada. Los inspectores de policía siguen indisimuladamente a Hire a la espera del mínimo error que permita incriminarlo, interrogan a la portera de su casa, en fin, llevan a cabo una investigación bastante tosca ubicada en esos distritos de los primeros años 30, sin más implicación en el uso de los escenarios que encontrar una ubicación: ni un conato de crítica social en esa vida, esas relaciones de pareja algo perversas, los prostíbulos, la vida en la calle dominada por la curiosidad y la inquietud entre la gente que quiere que se detenga al autor del crimen.

Y eso sería todo, avanzar más en la trama sería desnudar a la novela en todo su simple esquema, con una solución algo ingeniosa aunque binaria. Un ejercicio que cualquier lector promedio de hoy en día resolvería en minutos. No creo que sea un sacrilegio proclamar que esta, por ejemplo, o muchas novelas de Agatha Christie, son meros artilugios literarios solo unos centímetros por encima de los folletines, con una loable intención de entretenimiento pero, décadas después, sin el mínimo logro literario o ya no digamos el menor conato de innovación, y aunque la falta de pretensiones puede despertar algún tipo de condescendencia por parte del lector comprensivo o con buena actitud, pero a poco que uno exija un mínimo de estímulo (y no hace falta correr a leer el Finnegan's Wake) debo inclinarme por no recomendar en absoluto, ni por mera curiosidad, perder el tiempo con este tipo de novelas a las que el tiempo (nueve décadas son una absoluta eternidad para el caso) ha pasado factura de forma cruel e implacable.

martes, 18 de mayo de 2021

Olga Tokarczuk: Sobre los huesos de los muertos

 Idioma original: polaco

Título original: Prowadź swój pług przez kości umarłych

Año de publicación: 2009

Valoración: Recomendable



Como saben, sobre Olga Tokarczuk recayó el premio Nobel de 2018 que no recibió hasta el año siguiente junto a Peter Handke, el galardonado del momento –ambos reseñados aquí–, ya que la Academia Sueca decidió hacer una pausa por entonces para resolver sus propios asuntos.

He disfrutado con esta novelita, que quizá merecería otro formato, más reducido, como el relato o la novela corta, para brillar como se merece. Primero descubrimos un personaje femenino con entidad propia que promete dar mucho juego; asimismo, el escenario en el que se mueve está lleno de posibilidades, pero hacia la segunda mitad parece que el argumento se agota, que se enrosca sobre sí mismo, que ya no da más de sí. Una impresión completamente errónea, pues poco después volvemos a sorprendernos y emocionarnos con un giro de guión que no ha sido ideado para hacer un alarde virtuoso, al contrario, sirve para completar el significado más profundo de la trama y conlleva unos cuantos interrogantes éticos. Por eso, si la autora hubiera insistido algo menos en esa vida cotidiana que ya conocíamos, ese anticlímax tan marcado no hubiera llegado a producirse.

Pero vayamos por partes. Los elementos que la componen proceden de una larga tradición, desarrollada en cualquier literatura, aunque hábilmente modificados por Tokarczuk para llevarlos a su propio terreno. En primer lugar, la protagonista constituye un hallazgo destacable. Una ingeniera, de cuyos servicios se prescindió por resultar incómoda, no sabemos por qué, y que ahora vive retirada en un territorio despoblado e inhóspito viviendo de unas clases de inglés a tiempo parcial y de alguna labor de mantenimiento. Este personaje, por lo que luego veremos, recuerda más o menos de refilón a la Miss Marple de Agatha Christie o a la Jessica Fletcher de la vieja serie Se ha escrito un crimen, que quizá alguien recuerde todavía. Con la diferencia de que esta señora tiene entidad propia, incluso muchas capas, y no es un mero instrumento para guiar las investigaciones. Si ha fijado allí su residencia, no fue por casualidad, ya que es una persona reflexiva, con una personalidad muy marcada y pensamientos dignos de atención, que se encuentra unida estrechamente a ese lugar concreto, con su fauna y su flora específicas, y sus opiniones, así como su modo de vida, en comunión con la naturaleza y dedicada obsesivamente al estudio de los astros y su repercusión en lo que ocurre acá abajo, difiere por completo del de sus vecinos, que la consideran, por decirlo suavemente, una excéntrica.

“Al mismo tiempo, deseo exhortar a la Honorable Policía a que no se cierre ante la idea de que los autores de los trágicos acontecimientos arriba mencionados puedan ser los mismos animales. (…) San Bernardo excomulgó a un enjambre de abejas que le impedía hacer un trabajo con su zumbido. Las abejas serían también las responsables de la muerte de un hombre en Worms en el año 846, por lo que el Concilio de Worms decretó la muerte de estas por asfixia. (…) En 1639, en Francia, en Dijon, un jurado condenó a un caballo por haber matado a un hombre. (…) El más famoso de los procesos se celebró en Francia, en 1521 y fue el proceso de unas ratas que causaron grandes daños en las cosechas. Fueron demandadas y citadas a juicio por los vecinos, y les fue designado un abogado de oficio que resultó ser el hábil jurista Bartholomew Chassenée. (…) Finalmente, tras un encendido alegato de su defensor, las ratas fueron declaradas inocentes. (…) Atentamente, Duszejko."

Contra lo que pueda parecer, y aunque escribe varias cartas a la policía de las cuales esta es con diferencia la más estrambótica, nuestra heroína ni es tonta ni está tan desequilibrada como dan a entender estas líneas. Es más, puedo asegurarles que sabe distinguir perfectamente entre las buenas y las malas acciones. Es verdad que, en más de una ocasión, defiende que los animales actúan movidos por propósitos concretos, pero eso, por mucho que les mueva el instinto, nadie puede negarlo. Quede claro, pues, que lo que se narra aquí es algo muy serio, nada que ver con una fábula infantil.

El territorio, desolado y cubierto de nieve durante muchos meses al año, integrado por un puñado de casas dispersas y separadas del pueblo más cercano por unos cuantos kilómetros, es el elemento típicamente novelesco que nos mantendrá en tensión al menor movimiento extraño que se produzca. También aquí, tanto literatura como cine, han encontrado un filón para desarrollar historias inquietantes. Recuerdo ahora el caserón de Otra vuelta de tuerca o el resentido pueblucho llamado Dogville. En este caso las escenas dantescas son escasas y no están descritas con detalle, pero el hecho de que vayan apareciendo cadáveres de vez en cuando, en su propia casa o a la vuelta de cualquier curva, y que la policía demuestre no tener ninguna pista no parece irrelevante en absoluto. Lo malo es que carecemos de sospechosos: los personajes que van apareciendo, siempre en relación con la señora Duszejko, son seres pacíficos, simples aficionados a la caza o a la búsqueda de setas que se ocupan de sus asuntos sin meterse con nadie. Aunque se habla insistentemente de un mafioso local con quien el comandante de la policía –también asesinado– parece haber compartido negocios.

A pesar de lo dicho, no podemos encuadrar esta novela en los géneros negro, policíaco ni nada parecido. Si tuviera que ponerle una etiqueta, la calificaría de ecologista con ciertas dosis de misterio. La propia autora milita en el partido Los Verdes desde hace más de una década. Su transcurso es tan sereno como la protagonista y sus amigos: todos ellos de costumbres pacíficas, carentes de grandes pasiones pero con afectos arraigados y algún gran ideal, causante, quizá, de cierto comportamiento fanático.


Otros libros de la autora: Un lugar llamado Antaño, Los errantes

jueves, 10 de diciembre de 2020

John Verdon: El ángel negro


Idioma original: inglés

Título original: On Harrow Hill

Año de publicación: 2020

Traducción: Santiago del Rey 

Valoración: recomendable, sobre todo para fans del género



Hace algunos años leí las primeras novelas protagonizadas por el ex-policía Dave Gurney y escritas por John Verdon, un director creativo de publicidad en Manhattan (sí, amigos: un verdadero Don Draper ochentero; si os fijáis en la foto de la contracuebierta veréis que aún conserva la prestancia y, sobre todo, el PELAZO) que comenzó su carrera literaria tras retirarse al norte del estado de Nueva York. Lo mismo que su personaje, que tras una exitosa carrera como detective de homicidios en la gran ciudad, se retira a una casita con jardín y gallinas en las montañas Catskills. Aun así, el gusanillo de los crímenes (quiero decir de resolverlos, claro) no deja de picarle y se ve metido como asesor en varios casos de lo más enrevesados, incluso aparentemente fuera de toda lógica, hasta que él consigue desentrañarlos. 

Eso es lo que pasa en esta novela, cuando Gurney se presta a ayudar a un antiguo compañero del NYPD, que ahora ejerce como jefe de policía en Larchfield, una bucólica localidad cercana a su casa, también en el norte del estado. Allí ha sido asesinado en su mansión el hombre más rico, y casi amo y señor del pueblo, algo que desconcierta sobremanera a las fuerzas del orden porque el principal sospechoso del crimen, según todos los indicios, llevaba, cuando se cometió, más de un día metido en un féretro, en la funeraria local, tras haber muerto alcanzado por un rayo , previo a su ceída desde el tejado de una iglesia... Hay que señalar que el punto fuerte de las novelas de Verdon, o almenos las que yo he leído, es su carácter de whodunit o "novelas problema"; casi se podría decir que son una versión contemporánea de las de Conan Doyle o Agatha Christie...de hecho, incluso, o al menos en un principio, en El ángel negro tanto el escenario como los personajes se dirían sacados del subgénero cozy, con un pueblecito pintoresco con sus característicos habitantes... pero que nadie espere un St. Mary's Mead, o, en todo caso, uno al estilo norteamericano de la era Trump: encontramos aquí desde medios de comunicación sensacionalistas a fanáticos religiosos ultraderechistas o adoradores de Satán. Y sobre todo, armas, muchas armas y de todo tipo... 

Gurney tampoco es un detective más o menos excéntrico, tipo Holmes o Poirot, sino un investigador concienzudo y racional hasta el extremo, incluso -o más aún- cuando parece enfrentarse a lo irracional; como persona, resulta un tanto lacónico y hasta aburrido,en cualquier caso nada proclive a la extravagancia, aunque sin dua sería un vecino ideal. Ni siquiera aparece en esta un rasgo que sí lo hacía en sus primeras novelas, que era cierta tensión doméstica con su, por lo demás, adorable esposa Madeleine y que agobiaba baastante a Gurney (y también a este lector que ahora escribe o, cuando menos, resultaba un poco irritante, según recuerdo). Nada que estorbe aquí el seguimiento de la trama, que fluye sin problemas, aunque a través de muchos meandros y zonas pantanosas, hasta la resolución final del misterio, algo en lo que ayuda mucho también la excelente corrección de la escritura de este autor: aun sin andarse con florituras innecesarias, la novela está escrita con una prosa más elaborada que otros best-sellers de este género y no produce en absoluto el sonrojo que provoca el estilo ramplón de algunas de ellas. Verdon, además, es un escritor policíaco sumamente honesto, que proporciona los mismos datos al lector que al detective protagonista, para que podamos "competir con él", por así decirlo... con mayor o menor éxito, claro está.

En fin, que se trata de una lectura bastante entretenida e incluso absorbente para quien le gusten las novelas de misterio. Muy adecuada, además, ya que tampoco exige una atención agotadora, para pasar el rato en estas próximas fiestas navideñas y evitar así de paso, con la excusa de estar enganchado a su trama, tener demasiado trato con suegros, cuñados y demás parentela que solemos tener que ver por estas fechas. Aunque igual este año nos libramos de los cuñados y todo... no hay mal que por bien no venga ;  )

También de John Verdon y reseñado en Un Libro Al Día: Sé lo que estás pensando

martes, 9 de junio de 2020

Lisa Thompson: El imprevisto caso del chico en la pecera

Idioma original: inglés
Título original: The Goldfish Boy
Año de publicación: 2017
Traducción: Isabel Murillo Fort
Valoración: está bien

Matthew Corbin, el protagonista de esta novela vive en una situación, que, si no fuera porque sabemos que es ficción, no dudaríamos de considerar como absurda e increíble: se ve obligado a permanecer encerrado en su casa por miedo a los microbios causantes de enfermedad que proliferan en el exterior, a extremar la higiene lavándose las manos varias veces al día, llegando a usar guantes de látex y vigilando sobremanera la asepsia de cualquier alimento u objeto que le llegue de fuera... vamos, que ya digo que no hay quien se lo crea, como si alguien pudiese vivir así...

Aunque lo que le pasa a Matthew no es, claro está, que viva en medio de una epidemia por coronavirus (el libro es de 2017, sino que es un chaval de 12 años con un Transtorno Obsesivo Compulsivo y una acusada misofobia o germofobia, que es la que le impulsa a quedarse en casa lavándose una y otra vez con agua caliente y jabón -no sólo las manos, pero sobre todo- y contemplando el mundo exterior a través de la relativa seguridad de la ventana de su habitación; mundo exterior que, en su caso, se limita a Chestnut Close, una de esasa calles de chalecitos, típicas de los suburbios británicos de clase media. de esta forma, por aburrimiento y también obsesión, tiene controlados hasta el último movimiento de sus vecinos, aunque no tanto como para percibir lo que le ha pasado a Teddy, el nieto pequeño del señor Charles, que se aloja junto a su hermana en casa de su abuelo mientras su muy ocupada madre viaja a Nueva York y que una tarde, desaparece del jardín. Matthew no puede evitar verse implicado en la búsqueda -entre otras cosas porque es el último testigo que vio al chiquillo antes de desaparecer- e inicia su propia investigación, con la ayuda de otra vecina y compañera del cole, Melody (también un poco rarita, para qué lo vamos a negar). Y con la improbable coñaboración de su ex-amigo Jake Bishop, que completa el trío de pre-adolescentes marginados...

Cono es fácil de suponer, historia y personaje remiten a ese éxito que fue, hace algunos años El curioso incidente del perro a medianoche; incluso se diría que su editorial en España haya querido resaltar esa similitud con la traducción, algo fantasiosa, del título. Pero el parecido es menor de lo que cabría esperar; por de pronto, Matthew Corbin padecerá un TOC, pero es bastante más soportable como protagonista que el del otro libro (sí, lo sé, soy una mala persona, pero aquel chaval me ponía de los nervios...). Una influencia para mí más evidente, aunque no de manera directa (y salvando todas las distancias , en todos los sentidos) sería la de las novelas de Agatha Christie, al menos las que tenían como investigadora a la señorita Marple en las que, además de resolver un misterio, se hacía toda una disección costumbrista de la sociedad de una pequeña localidad del sur de Inglaterra. Y como referencia cinematográfica, mucho más evidente, está la estupenda película de Hitchcock La ventana indiscreta, aunque aquí el protagonista no tiene a una glamurosa Grace Kelly para ayudarle en sus pesquisas, sino a una niña de doce años con verrugas en el pie y aficionada a pasear por el cementerio (y aunque esta novela juvenil no tenga mucho que v)er, yo no he podido dejar de acordarme de otra que yo leí cuando tenía esa edad: El diario secreto de Adrian Mole... ¡Madre, que jartá de reir!).

En todo caso, y sin necesidad de irnos por las ramas, es este libro una lectura entretenida e incluso recomendable para lectores (y lectoras, se entiende) de la edad de los protagonistas. Más adelante, quizás sea preferible algo de un poco más enjundia, pero entretanto, me parece que está perfectamente bien. Incluso más que bien...

martes, 11 de febrero de 2020

Elena Favilli y Francesca Cavallo: Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes (1 y 2)

Idioma original: inglés (creo)
Título original: Good Night Stories for Rebel Girls (1 & 2)
Año de publicación: 2016 (1) y 2017 (2)
Traducción: Ariadna Molinari (1) y Graciela Moreno (2)
Valoración: sin duda, recomendables


Para fortuna de todos, en los últimos tiempos se está produciendo, al menos en buena parte del mundo, una reivindicación del papel de las mujers más allá del espacio doméstico y de sus derechos como iguales a los hombres; al mismo tiempo, hay una justa revalorización de la aportaciónque muchas de ellas han hecho en diversos ámbitos tanto profesionales como políticos, científicos o artísticos. En este sentido, vivmos un auge de la publicación de libros dedicados a las mujeres, sus circunstancias y sus logros,a sí como al feminismo, y a ello contribuyen tanto la industria editorial como las propias librerías, muchas de las cuales ya reservan espacios para libros de esta temática. Dentro de este movimiento o tendencia (pues no parece pertinente considerarlo una mera moda) encontramos también amenos libros,destinados, en principio, al público infantil -no necesariamente en exclusiva. y, en principio también -aunque tampoco tiene por qué-, femenino, titulados Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, que ya van por el segundo volumen, y no sería de extrañar que no fuera el último. Escritos y editados, por cierto, por dos italianas que viven en Venice... pero de California.

¿En qué consisten estos "cuentos"? Pues en realidad se trata de pequeñas biografías -100 en cada libro, nada menos- de mujeres que, a lo largo de la Historia y en la actualidad, han conseguido grandes o pequeños logros en campos que, en la mayoría de los casos, parecía reservados en exclusiva a los hombres; encontramos así desde guerreras y gobernantes -como Boadicea o la inevitable Margaret Thatcher- a artistas variopintas: pintoras -Georgia O'Keefe-, arquitectas -Zaha Hadid-, bailarinas -Alicia Alonso-, cantantes - Nina Simone-...; deportistas y aventureras (Nadia Comaneci, Jeanne Baret), activistas de causas varias: Rosa Parks, Rigoberta Menchú, Wangari Maathaienchú... juezas, músicas, pensadoras, innovadoras en distintos campos, e incluso piratas y espías (Anne Bonny, claro, y Mata Hari, pero también unas cuantas más)...

Estas pequeñas biografías están, en efcto, contadas con un airre de cuento: suelen empezar "Había una vez una niña que..." y el lenguaje utilizado es claro y accesible para las y los más jóvenes. Además, cada una viene acompañada de un retrato de la biografiada, realizada por diferentes artistas en estilos muy variados y coloristas, que van desde los ejecutados con más realismo y detalle, hasta los que parecen sacados de algún cómic underground o algún grafitti.

Puesto que hoy, 11 de febrero, es el día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, os daré la lista de científicas de diferentes modalidades que aparecen en estos dos libros, para que veáis que no son pocas. Hay matemáticas como Hypatia, Ada Lovelace y Maryam Mirzakhani; científicas computacionales como Grace Hopper, Margaret Hamilton, Katherine Johns, Dorothy Vaughan y Mary Jackson; astrónomas y astrofísicas. Jill Tarter, Marguerita Hack, Wang Zhenyi, Valerie Thomas y Sara Seagar. Físicas: Marie Curie y Merrit Moore; químicas: Alice Ball, Ameenah Gurib-Fakim, Gery Cori y Rosaline Franklyn. Inventoras: Hedy Lamarr y Ann Makosinski.

Biólogas, zoólogas, ecólogas: Jane Goodall, Maria Sybilla Merian, Silvia Earle, Joan Beauchamp Procter, Temple Gardin; médicas, cirujanas y neurólogas: Mary Edwards Walker, Matilde Montoya, Sofía Ionescu Brenda Minor, Rita Levi Montalcini... Genetista: Netti Stevens. Paleontóloga: Mary Aming y como geóloga, Mary Tharp.

Y puesto que, también, esto es un blog de reseñas de libros, y eso es lo que nos gusta, a nosotros y a vosotros que nos léis, aquí va también la lista de las escritoras que aparecen (aclaro que no se trata de un ranking de "mejores escritoras de la Historia de la literatura", ni nada parecido, sino simplemente las que a las autoras de estos libros, por las razones que sean, les ha parecido conveniente incluir): Astrid Lindgren, las hermanas Brontë, Cora Coralina, Isabel Allende, Jane Austen, Maya Angelou, Virginia Woolf, Agatha Christie, Beatrix Potter, Chimamanda Ngozi Adichie, J. K. Rowling, Mary Shelley, Nadine Gordimer, Safo de Lesbos, y la sin par Wisława Szymborska.

jueves, 16 de mayo de 2019

Truman Capote: Música para camaleones

Idioma original: inglés
Título original: Music for Chameleons
Año de publicación: 1980
Traducción: Benito Gómez Ibáñez
Valoración: muy recomendable

Hace ya seis años que publiqué un Zoom sobre uno de los relatos de este libro. Releer esa entrada, más que nada por evitar mi tendencia a repetirme en ciertos conceptos, me ha recordado (aparte de la terrible y clásica sensación de que la vida va a toda leche) esa sensación de confortable familiaridad que aportan ciertos clásicos. Aclarando que soy alérgico a la carga nostálgica, me resulta chocante verificar el contraste entre mi última lectura y aportación a este blog (un DeLillo espeso como una columna de hormigón) y estos refrescantes relatos, ligeros en su lectura y en una primera apreciación. Pero igualmente, y por filtración, descriptivos de una sociedad, de una realidad, de esos crueles muros que (al margen de los que quiera elevar Trump) son las clases sociales, las minorías marginales, las preconcepciones. Capote, desaparecido hace décadas y quizás relegado demasiado a menudo por la omnipresencia de sus dos obras más populares, A sangre fría y Desayuno en Tiffanys, parece constituirse como una especie de referencia, no siempre en primera plana, de tantos narradores modernos de generaciones posteriores, y creo que revisar su obra y restablecerla al lugar que se merece es una labor necesaria.
A la par que placentera.
Música para camaleones fue publicado en 1980, cuando Capote ya era una celebridad en la cultura americana y no deja de desprender un cierto aire a menú degustación. La estructura del libro así lo delata: un primer tercio dedicado a relatos situacionales, con ciertos aromas a Carver o incluso un aire naturalista muy lejanamente emparentado con el gótico sureño más asequible. Después, un relato, Ataúdes tallados a mano, acapara la parte central del libro. Ochenta páginas brillantes en su concepción pero algo irregulares en su desarrollo, apelando al Capote más periodístico pero con un aire policíaco algo confuso que a veces podría referir incluso a Agatha Christie. Y en su parte final, indudablemente la parte más brillante, recuperamos al escritor en su salsa, más reflexivo, más tendente a esa atractiva mezcla entre lo trascendente y lo frívolo, capaz de penetrar en la mente de uno de los componentes del clan Manson en el corredor de la muerte y, unos relatos más allá, mantener un diálogo ligero y casi inconexo, entre visitas al baño e ingestión de sustancias, con Marilyn Monroe, el icono americano por antonomasia, de la cual Capote, en su condición de incontestable celebridad, era amigo de aquellos con los que quedas y te tomas un café con leche que dura tres horas. En esa tercera parte Capote se abre de esa manera permeable y subliminal en que se abren los escritores confiados y confidentes. Y suelta esas cuatro frases que Beatriz Garza suele tuitear y se muestra - moriría solo cuatro años más tarde - desinhibido, cercano, como si su prosa fuera a la vez pregunta y respuesta. Capote escritor que ha entrado en cárceles y se ha quedado a solas con asesinos crueles y despiadados parece tener miedo a lo que ve frente a sí en el espejo. Atrás hemos dejado visitas a ancianas, amigos con tendencias malsanas, personajes casi casuales como los propietarios de las casas que limpia la protagonista de Un día de trabajo. 
Quizás no un libro redondo, pero indudablemente contenedor de muchas partes que sí lo son de forma contundente.
Y tenía razón en esa cuarta frase escueta.
"Soy un genio"

domingo, 5 de mayo de 2019

Ricardo Piglia: Los casos del comisario Croce


Idioma:
 español
Año de publicación: 2018
Valoración: está bien


Sin más referencia de la obra de Ricardo Piglia que la proteica y excelente Plata quemada, me dispuse a leer éste su último libro; de hecho, publicado de forma póstuma. No se trata de una novela, sino de una serie de relatos policiales protagonizados por el comisario Croce (personaje que ya aparecía, por lo visto, en Blanco nocturno), un pesquisa rural de la provincia de Buenos Aires, especialmente atinado a la hora de resolver misterios gracias a métodos que aúnan la deducción y lo intuitivo. Hay que señalar que estos casos no siguen un hilo temporal, sino que saltan de la época en la que el policía se encontraba en el mejor momento de su carrera, a la de su jubilación o cuando tuvo que pasar a la clandestinidad por motivos políticos  (Croce estaba vinculado, aunque no queda claro si de forma muy entusiasta, con el régimen peronista).

Tampoco es que los casos de estos cuentos o, la mayoría de ellos, guarden mucho parecido con los consabidos de la "novela problema", como ocurre con los de Sherlock Holmes o los libros de Agatha Christie, Gaston Leroux y tantos otros... Alguno sí que transita, aun de forma más modesta,  por ese terreno, como La resolución, que el autor además aprovecha para explicar el "método" del comisario Croce o uno de los mejores, La señora X, supuestamente basado en un caso real que llegó a conocimiento de Piglia, en el que Croce investiga una "no violación". Son varios, por otra parte, los relatos que parecen basados en sucesos reales o anécdotas que le contaron a Piglia, en personajes y rumores más o menos legendarios de la cultura popular argentina -El astrólogo o La película-, aunque no sean tan conocidos fuera de ese país. También están representadas, y de forma no menor, las tramas de raigambre borgeana: así sucede con esa especie de Wakefield que aparece en El impenetrable y, sobre todo, con el estupendo relato La excepción, donde toda la investigación se lleva a cabo a través de unos versos. El propio Borges o un trasunto suyo protagoniza La conferencia, donde se diserta acerca del relato policíaco y el crimen perfecto.

El último de los relatos (y me he dejado alguno), El método, es más bien un compendio de reflexiones, apuntes y recuerdos de o sobre el comisario Croce, así como un rápido repaso a varios casos que quizás no tenían la entidad para merecer un cuento propio. Tal método de Croce que además de en la observación se basa en su humanidad e incluso empatía con el criminal, recuerda un tanto a los de otros famosos comisarios de los libros, como el Maigret, de Simenon, por su bonhomía,  o el Adamsberg de Fred Vargas, aun con menos tendencia que éste a "palear nubes". Croce es más circunspecto, más melancólico, más "tanguero", si se quiere, aunque también , sin duda, está armado con un estoicismo imbatible.

Antes he mencionado Plata quemada, pero he de reconocer que toda comparación con esta novela es injusta. Porque aquella crónica anfetamínica y fascinante de un atraco la escribió un Piglia en la plenitud de su vida y su oficio literario y estos cuentos del comisario Croce, un autor enfermo, en cada vez peor estado físico, que incluso debió utilizar un sistema de escritura a través de la mirada para poder acabarlos. El resultado, claro, es más calmo, relajado, incluso algo desfondado, lejos de la tensión adictiva de aquella otra novela. Pero, eso sí, en ambos libros pervive el interés de Piglia por desvelar y entender, por asumir la complejidad desconcertante del ser humano.


Otras obras de Ricardo Piglia reseñadas en Un Libro Al Día: Plata quemada, Blanco nocturno, Los diarios de Emilio Renzi, Las tres vanguardias: Saer, Puig, Walsh

viernes, 5 de abril de 2019

Sergio del Molino: Lugares fuera de sitio

Idioma: español
Año de publicación: 2018
Valoración: recomendable

He leído en algún sitio que este ensayo de Sergio del Molino es una especie de spin-off de su anterior y exitoso La España vacía. Como lo que no he leído este libro, me fío de esta observación y supongo que al menos en cierto modo así es, puesto que el anterior se refería a un movimiento centrípeto que ha dejado casi desiertas amplias zonas de la Península Ibérica, mientras que éste trata sobre aquellas fronteras que en su formación como estado ha ido trazando España, dejando en más de un caso "flecos" o, como dice el autor "dobleces del mapa", y en los cuales, con sus peculiaridades y contradicciones, el propio país-nación-Estado -el autor utiliza indistintamente estos términos, como es habitual en España- se explica mejor que en su centro (creo que le leí a Juan José Millás que los procesos más interesantes siempre ocurrían en los bordes de las cosas, o algo así). O quizás el centrípeto sea este movimiento y centrífugo el otro, según se mire...

Dobleces de los mapas cuya pertenencia a la patria española es, si no ya discutible, sí bastante aleatoria y, en algún caso, de pura chiripa; tras una introducción sobre la naturaleza de las fronteras y cómo han cambiado desde tiempos pretéritos -es decir pre-Zweig, que es a quien sigue- hasta los tiempos actuales, con el punto de inflexión en la época de entreguerras, el autor se dedica a analizar algunos lugares donde la Historia dejó sus grumitos, cual Cola-Cao old fashioned. en ambos lados del Estrecho, Gibraltar, Melilla y Ceuta. En la raya con Portugal, Olivenza y Rihonor de Castilla/Rio de Onor (el capítulo que me ha parecido más conmovedor, por cierto); en el Pirineo, Llívia y Andorra y como bonus-track, lo que él llama "fronteras fósiles", es decir, enclaves de una provincia dentro de otra, que sobrevivieron a la reforma de Javier de Burgos de 1833; los más significativos, por su tamaño o peculiaridades históricas son el condado de Treviño, Villaverde de Trucíos, el rincón de Ademuz y Petilla de Aragón.

En general, el autor del libro se muestra como un observador curioso, abierto y tolerante, de lo más dispuesto a corregir sus prejuicios cuando haga falta. Echando mano de una bibliografía escogida y de charlas -no muchas- con personajes interesantes y buenos conocedores de sus terruños, va urdiendo en cada caso un entramado de explicaciones históricas, sociológicas, periodísticas y literarias que, junto a su apreciación subjetiva, resulta cuando menos convincente y, desde luego, didáctica y entretenida. porque además hay que contar con la excelente prosa de este escritor, con su humanidad y bonhomía, que convierten la lectura de gran parte de este libro en una verdadera delicia; yo, al menos, me lo he pasado pipa, vaya...

Bueno, hasta aquí los parabienes, que no todo va a ser almíbar. La lectura de Lugares fuera de sitio . Viaje por las fronteras insólitas de España-(así reza el título completo, antes de que se me olvide mencionarlo- también me ha deparado algún momento más estupefaciente; por lo menos, la sensación de que uno  comienza leyendo un libro y acaba leyendo otro, hasta cierto punto, diferente. Me permito reproducir un fragmento del comienzo y de la conclusión, para que se entienda (y perdón si alguien lo considera un spoiler... pero, vaya, esto es un ensayo, no una novela de Agatha Christie):

"Sorprende que quienes han dedicado tanto tiempo y esfuerzo a pensar sobre las singularidades de estos territorios-frontera ignoren un aspecto elemental: que en ellos vive gente. Las cuestiones jurídicas y jurisdiccionales, así como las sutilezas de la diplomacia y la política exterior no deberían imponerse nunca ni a la voluntad ni a las condiciones de vida de los ciudadanos afectados (...)".

Qué ecuménico, ¿verdad? Pero más bonico aún es el final del libro:

"Quienes creemos que a los nacionalismos disgregadores y etnicistas como el vasco y el catalán se puede oponer una idea de nación abierta y fuerte fundada en el principio liberal de igualdad, debemos esforzarnos por eliminar cualquier forma de marginalidad y cualquier sentimiento de exclusión. Sólo así lograremos convencer de que una España dentro de Europa es la mejor forma de reconciliarnos con una historia ingrata y cruel -como la de todas las naciones- y enfrentar un futuro libre y democrático".

¿Coño, dónde se han quedado "la voluntad y las condiciones de vida de los ciudadanos afectados"? Pues quizás en el capítulo dedicado a Llívia, enclave español en Francia (por más que el 96'12% de sus habitantes lo vean más bien como catalán en Cataluña. O, para ser precisos, de la Cerdanya... en la propia Cerdanya). Aquí la mirada comprensiva y casi cómplice hacia, por ejemplo, los llanitos gibraltareños que viven de montar sociedades-pantalla, los andorranos que se lucran gracias a la discreción de su sistema bancario o los musulmanes ceutíes que reivindican su españolidad por ser descendiente de los regulares marroquíes que lucharon en el bando faccioso durante la Guerra Civil (éstos, en cambio, son pobres, hay que señalar... bueno, menos los narcotraficantes); esta mirada amable que digo se torna en displicencia, cuando no abierto desdén, hacia esos arteros catalanes mimados por el franquismo y que ahora, sin embargo, han devenido ingratos indepes... Bueno, y ni tan mal, que el capítulo dedicado al condado de Treviño -perteneciente a Burgos, pero situado en el corazón de Álava- adquiere por momentos un tono tan dramático que el lector ya cree oír el ominoso y sempiterno golpeteo de la txalaparta, imprescindible fondo sonoro de cualquier reportaje sobre "La Cosa" vasca, que diría Iban Zaldua... (ya no sé si mencionar la asimilación que hace entre los mapas del tiempo de "la Gran Cataluña" y "la Gran Euskadi" con el anhelo de la Gran Alemania de Hitler. A punto he estado de gritar: "¡Chupito!").

Espero que se me entienda, antes de que petéis la reseña de comentarios indignados: ni soy ni lo pretendo un defensor de los "nacionalismos periféricos" (significativo este adjetivo, de todos modos), pero tampoco del "patriotismo constitucional" habermasiano del que hace gala el autor del ensayo. Es más, unos y otro me la traen al fresco, si se me permite tan simpática expresión. Pero además de percibir en el libro una curiosa, por selectiva, falta de empatía, no acabo de entender cómo se puede empezar éste contando cómo al pobre Goethe casi le empuran por dibujar unas ruinas que marcaban la frontera entre la República de Venecia y el Imperio Austríaco y acabar reivindicando el estado-nación y su integridad territorial como garante de los derechos y libertades de los ciudadanos (al margen de lo que opinen estos ciudadanos que viven en él y sobre todo en sus fronteras, además). Será que yo soy muy suspicaz o don Sergio muy confiado, no lo sé...


Otros títulos de este autor reseñados en Un Libro Al Día: La hora violeta, Lo que a nadie le importa, La España vacía